Historia de los Aerosoles Spray Funcionamiento Primeros Usos y Gases Utilizados





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 Historia de los Aerosoles – Funcionamiento – Primeros Usos 

LOS AEROSOLES O LA UNIDAD AEROSOL
Hoy día, las aplicaciones de productos en forma de aerosol se ha generalizado espectacularmente. Es una técnica moderna, limpia, práctica, sencilla y eficaz, muy en consonancia con los tiempos actuales; basta apretar ligeramente con el dedo una válvula, para que se proyecte, adecuadamente pulverizado, un insecticida, un perfume, una pintura, un medicamento, etc.

Su historia es breve. En 1923, aparece la primer” patente de aerosoles: la Societé Chimique des Usines du Rhóne registra “un recipiente metálico para conservar y proyectar, a presión, líquidos perfumados, que contiene cloruro de etilo u otro líquido propulsor mezclado con los perfumes”.

En 1927, un noruego, M. Eric Rotheim, patenta un dispositivo para aerosol de concepción idéntica a la actual, que se ajusta a los siguientes principios: 1) el propulsor debe ser, simultáneamente, disolvente y generador de presión, y 2) la pulverización debe conseguirse por la simple presión del dedo sobre el dispositivo, quedando éste, luego, herméticamente cerrado para sucesivas operaciones.

En 1931, Rotheim cede sus patentes a los industriales estadounidenses Goodhu y Sullivan, qué, sin embargo, hasta 1942 no lanzaron comercialmente el invento. La primera unidad aerosol consistía en un recipiente con insecticida líquido; suministrada la presión por un gas licuado, el biclorobifluormetano, y fue extraordinariamente útil a las tropas americanas del lejano Oriente. Así nace la industria del aerosol en su forma actual.

Desde entonces, hasta hoy, su desarrollo ha sido asombroso, pues su empleo no se limita sólo a los insecticidas, sino que comprende cualquier producto finamente pulverizado. Ya la producción mundial en 1962 alcanzó unos 1.500 millones de unidades, de los cuales 900′ se fabricaron en Estados Unidos, y unos 400 en Europa. La producción aumenta a un ritmo del 15-18 % anual.

Uno unidad aerosol consiste en un recipiente (ver figura adjunta) que encierra en su interior un líquido a presión; en su parte superior dispone de una válvula que, al ser presionada, abre camino al líquido, y éste se pulveriza finamente en la boquilla de la válvula, a medida que se proyecta al exterior.

El agente propulsor suele ser un gas licuado que actúa, de forma simultánea, como co-disolvente del producto; es decir, el producto activo, por ejemplo, el insecticida DDT, está disuelto parcialmente en un disolvente orgánico, y parcialmente en el gas licuado. Por ello, al ponerse en contacto con la atmósfera, el. co-disolvente se evapora al instante, y queda, en definitiva, una nube de pequeñísimas partículas “que no empaña los espejos”.

El tamaño de partícula que se consigue con los aerosoles es tan reducido (0,1 – 50 micrones), que la niebla permanece suspendida en el ambiente durante bastante tiempo y penetra por cualquier rincón inaccesible a otras aplicaciones.

La composición de un aerosol está dada, aproximadamente, por un 80-85 % de gas propulsor, comprimido y licuado, y de un 15-20 % de disolución concentrada del principio activo que se desea pulverizar.

Como gases propulsores se utilizan: triclorofluormetano, biclorobifluormetano, etano, propano, butano, bióxido de carbono, nitrógeno, etc.; los de uso más frecuente son los dos primeros, por su inocuidad y su nula inflamabilidad. Respecto a las válvulas, en ‘la actualidad se dispone de una gran variedad para los más diversos tipos de opten cienes, es decir, para una gama completa de productos y tamaño de partículas de cada producto.

Una ¡innovación muy importante en su época  consistió en las válvulas dosificadoras, cuya importancia es fácilmente previsible en medicina; en efecto, al adelanto que ya suponía disponer de una niebla de partículas pequeñísimas capaz de introducirse, por ejemplo, en los más recónditos bronquiolos, para el tratamiento de ataques agudos dé asma, se une ahora el poder dosificar justamente la cantidad adecuada de ciertos fármacos, un exceso de los cuales acarrearía desagradables efectos secundarios, y su defecto, un tratamiento insuficiente.

interior de un aerosol

En la actualidad la técnica de aerosol se utiliza para aplicar los siguientes productos:

1ª) insecticidas, germicidas y desodorantes;



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2°) productos cosméticos y de perfumería;

3°) productos farmacéuticos;

4°) pinturas y barnices;

5ª) productos industriales diversos (limpiadores de motores, lubricantes, etc.);

6°) productos alimenticios (especias, aromatizantes, colorantes, etc.);

7°) productos de droguería (limpia metales, pomadas para zapatos, abrillantadores de cueros y muebles, etc.). Pero ya no sólo se aplican líquidos; el progreso en esta técnica ha sido tal, que existen aerosoles para polvos (propulsores de polvos de talco, de polvos medicinales, etc.) y para cremas (jabón de afeitar, cremas de belleza, etc.).

Las ventajas del aerosol, pese a sus precios algo elevados, son claras: comodidad, economía, en el sentido de aprovechamiento y conservación del producto, rapidez, limpieza y una distribución más eficaz.

Fuente Consultada: Revista TECNIRAMA Nª 78




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