Agresiones Sexuales y Violaciones en Adultos e Infantiles Psicologia





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Agresiones Sexuales y Violaciones en Adultos e Infantiles

Las víctimas de los crímenes sexuales: Una agresión sexual produce consecuencias traumáticas. Es necesario elaborarlas y superarlas. No entendemos por “crímenes sexuales” solamente aquellos que terminan con la muerte del agredido, sino también otros comportamientos que violan los límites de la conducta sexual aceptada en determinada sociedad.

victimas de agresiones sexuales

Estos crímenes suelen provocar reacciones universales de horror. Hemos hablado parcialmente de ellos en nuestra nota “Agresiones sexuales a los niños”, que recomendamos releer. Hoy queremos insistir en algunos aspectos que atañen no sólo al sujeto infantil, sino también a sujetos de otra edad. Porque el crimen sexual puede llevarse a cabo contra hombres y mujeres, niños y ancianos sin discriminación.

El sentimiento popular que rodea a este tipo de delitos es de rechazo y repugnancia, aunque para tranquilidad de todos es bueno decir que se trata de atentados bastante raros y que su número crece en proporción menor que otros crímenes.

De todos modos, el crimen sexual es severamente sancionado por la ley, que refleja la opinión pública y que, a menudo, no tiene en cuenta la naturaleza del crimen en sí.

El psiquiatra inglés L. Burton, al describir los efectos de atentados sexuales contra niños, afirmó que en muchos de los casos la ofensa no implica violencia física y el niño no alcanza a comprenderla.

Por eso no tiene mayores consecuencias ni ocasiona disturbios psicológicos, salvo que los padres de la criatura adopten una actitud que mueva al chico a sentirse realmente mal. Es lo que explicábamos ya en la nota mencionada más arriba. Muchas veces la reacción de horror del adulto frente al problema, es lo que traumatiza a la pequeña víctima.

¿POR QUÉ RECHAZAMOS EL INCESTO?
¿Por qué cuando hay una relación sexual entre un padre de cuarenta años y una hija de veinte reaccionamos con horror? Pensándolo bien, se trata de dos personas con uso de razón y posible madurez como para saber lo que hacen. Pero sucede que en el incesto se combina la idea del atentado sexual con la amenaza a la estructura familiar tradicional, lo que nos lleva naturalmente a rechazarlo.

Pero el rechazo legal y social no lo evita. En los países subdesarrollados y aún en los sectores pobres de los países desarrollados, donde reina la promiscuidad, el incesto es bastante común. Una psicóloga de Irlanda del Norte concluyó en un estudio que el 4% de sus pacientes tenían algún caso de relación incestuosa para contar.

¡La duración promedio de esos casos… era de ocho años, nada menos! Las víctimas pertenecían a familias de trabajadores, que vivían en piezas pequeñas. Casi siempre el padre mantenía relacio nes con la madre y la hija o las hijas, con las lógicas consecuencias traumáticas para las pequeñas.

El número total de víctimas del incesto es desconocido y los casos puestos en claro son, probablemente, una minoría. Por eso es difícil llegar a conclusiones generalizadoras acerca del mismo.

LA VIOLACIÓN
Se entiende por violación la reía ción sexual realizada contra la voluntad de la compañera (o del compañero), haciendo uso de la fuerza. En su “Diccionario de Información Sexual“, Bertrand, Lapie y Pelle distinguen las violaciones en grupo y las individuales.

Las violaciones en grupo son de dos clases:

—En tiempo de guerra: los invasores o los vencedores, así como las tropas del país en retirada (hubo muchos ejemplos en el conflicto 1939-1945) las cometen generalmente contra mujeres de cualquier edad, incluso niñas. Hay factores psicológicos importantes que favorecen la liberación de instintos primitivos: derechos del conquistador de pronto liberado de reglas morales y de leyes de la vida habitual; impunidad real o esperada, sea a raíz de la imposibilidad de emprender procesos judiciales contra el culpable, sea por la complicidad oficial o tácita de la autoridad superior.



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— En tiempo de paz: esta forma de delincuencia (a menudo juvenil) es bien conocida. Un grupo de muchachos obliga a una chica a soportar relaciones con todos. (…) En realidad, pocos asuntos de este tipo llegan a conocimiento de las autoridades judiciales: la interesada rara vez formula la denuncia y, si se resuelve, las retractaciones son frecuentes por miedo al escándalo o a la venganza.

Las violaciones individuales. Generalmente, si son cometidas por adultos contra niños, se trata de desequilibrados o enfermos mentales; a veces son seguidas de asesinato, sea para silenciar a la víctima, sea por accidente durante la lucha entre agresor y agredido.

Cuando se trata de niñas púberes o jovencitas, suele suceder que consciente o inconscientemente ellas mismas han excitado el deseo de alguien que por lo general es de su ambiente: un amigo de la familia, empleador, pariente.

Entonces pueden ser objetos de requerimientos que no saben rechazar por simple ignorancia, como también por miedo al escándalo o a raíz de la autoridad que ejerce sobre ellas su iniciador, cuando éste no trata de comprarlas con promesas, regalos o dinero.

También en este caso la violación puede ser discutible, pero es imposible hablar de consentimiento y libertad a raíz de la sujeción en que se encuentra la víctima: por eso,  cuando el culpable ostenta un poder ilegal sobre ella la ley de numerosos países prevé una agravación de las penas.

En estas situaciones hay que actuar con prudencia, puesto que a menudo aparecen las mujeres fabuladoras de cualquier edad, que no vacilan en acusar falsamente, sea para atraer la atención sobre ellas, sea por perversidad o sea para vengarse. Un ejemplo es el caso de la mujer de Putifar, en la Biblia, que acusó a José pues éste se había negado a tener relaciones con ella.

Bertrand, Lapie y Pelle coinciden con lo que afirmábamos en “Agresiones sexuales a los niños”. Pero agregan que, ante la acusación que un chico hace, hay que actuar con delicadeza y circunspección.

En particular —dicen— evitarán dramatizar el incidente ante la criatura, incluso y sobre todo si se revela real y grave; si procedieran de otro modo no harían más que contribuir a causar un daño adicional, pues las consecuencias psíquicas pueden ser más perjudiciales que la lesión física o el intento de consumarla.

LAS CONSECUENCIAS EN LA VÍCTIMA
La víctima de un crimen sexual sufre, naturalmente, consecuencias conflictivas y traumatizantes. El psiquiatra norteamericano J.M. MacDonald dice que, ante todo, dichas consecuencias dependen de la personalidad de la víctima. Si esa personalidad es equilibrada, será más fácil superar el shock. Pero si no, la confianza que tenía en los demás se verá afectada y aparecerán serias dificultades para entablar futuras relaciones.

Es posible que tienda a un período de promiscuidad o de total rechazo al sexo. Las consecuencias pueden ser la frigidez, la depresión y otras anomalías psicosexuales.

Por eso es importante, repetimos, si esa víctima es una criatura, que los padres no magnifiquen el suceso, que busquen el asesoramiento médico y psicológico indispensable, que no incrementen con su actitud el posible trauma que ha quedado en la niña o el niño.

Las consecuencias de las violaciones dependen de  varios  factores:  la  gravedad  del  hecho  en  sí mismo;  la  edad,  características  y  experiencias previas de la víctima, las respuestas del entorno, la posibilidad de encontrar ayudas adecuadas, los factores  de  autoafirmación  y  resistencia  que haya  ejercido.  Por  tanto  no  existe  un  único patrón  para  evaluar  las  posibles  consecuencias mediatas   o   inmediatas   de   las   violaciones, aunque, más allá de las diferencias individuales, la violación es siempre una experiencia de fuerte  impacto en la vida de una persona.

FABULACIÓN SEXUAL
Hablábamos más arriba de las falsas víctimas de supuestas agresiones sexuales. Son los casos de fabulación sexual sobre los cuales es conveniente añadir algo más.

Siempre según Bertrand, Lapie y Pelle, existen personas de ambos sexos que, a partir de un detalle sin ninguna importancia y aún sin ningún punto de apoyo, son capaces de imaginar completamente agresiones sexuales de las que se suponen víctimas y que pretenden hacer pasar como reales y verdaderas.

Hablan de ellas a compañeros y conocidos, repiten la historia a su modo. Si se trata de niños se les suele creer, puesto que hay quienes se apoyan en el proverbio que dice “la verdad sale de la boca de los niños”. Esto hace que la opinión pública se conmocione y que, muchas veces, resulte castigado un inocente. Por que lo cierto, lo real, es que los niños también suelen mentir.

En algunos casos los fabuladores —de cualquier sexo o edad—, son mitómanos, es decir mentirosos de buena fe. Creen en su propio invento. Pero es más común que se trate de personas que disfrazan los hechos para atraer la atención.

No está de más, pues, recomendar prudencia en estas situaciones. Libros, progrmas de TV y películas han mostrado lo peligrosas que pueden ser y lo injustas que suelen resultar sus consecuencias.

Para terminar: cualquier persona puede ser víctima de un atentado sexual, desde la violación hasta el hecho de enfrentarse con un exhibicionista. Pero las víctimas, claro, tienen personalidades distintas, por lo cual reaccionan de maneras diferentes.

Ahora bien: cualquiera sea esa reacción, el deber de familiares y amigos es intentar devolverles la confianza perdida —si se trata de un adolescente o un adulto—, y no crear traumas innecesarios —si se trata de un niño—. Lo importante es que el afectado pueda capacitarse para resolver sin conflictos su vida sexual, sin sentirse inferiorizado y superando un incidente que, aunque detestable, debe relegarse para dar lugar a una actitud sana y constructiva.

LA DENUNCIA: En la Argentina, la violación es un delito de instancia privada. Esto significa que a partir de los 18 años la decisión de instar la acción penal tiene que partir de la víctima. Los funcionarios y profesionales que toman contacto con un caso de violación de una persona mayor de edad, sólo están obligados a efectuar la denuncia en los casos señalados en el punto anterior. En los demás casos, no están obligados a realizar la denuncia. Es más, no  corresponde que lo hagan.

AGRESIONES SEXUALES A LOS NIÑOS
Cuando un niño es víctima de la agresión sexual de un adulto, la actitud de los padres debe tener algún sentido de la perspectiva en relación al impacto que el niño ha recibido. Si algún hecho de la crónica policial conmueve particularmente a la opinión pública, es el que relata —a veces con detalles innecesarios— las agresiones sexuales de adultos a niños, muchas veces con el sangriento corolario de un crimen con una víctima inocente.

Pero de poco valen la indignación y el escándalo.

Lo importante es analizar por qué se producen estos hechos realmente sórdidos y lamentables, y tratar de preverlos de la mejor manera posible para que no sucedan.

TRES VÍCTIMAS
Claro que el niño es la primera víctima inocente de una agresión sexual. Pero también podemos considerar víctimas al agresor y a la sociedad.

La indignación social radica en que se violan los tabúes más arraigados: es decir el de la preservación de la inocencia sexual infantil, la convicción de que los contactos sexuales lícitos en nuestra cultura son muy limitados, y el sentimiento de impotencia e ineptitud que se produce en los padres, tutores o maestros del niño.

Suele suceder que el adulto, inclusive, proyecte sus propios sentimientos, viéndose en el lugar de la víctima y dejando que su propio sentimiento suplante al de la criatura. Como vemos, también los adultos son víctimas y, con ellos, la sociedad entera.

Lo importante, según el consejo de Sex Information and Education Council of the United States, es tener en cuenta lo siguiente: “Un enfoque irracional del sexo desencadenó el delito originario, y es importante que los padres y otros adultos eviten que sus propias irracionalidades sexuales causen aún más daño a la criatura”.

¿DE QUÉ SE TRATA?
Sin llegar al caso límite del crimen sexual cometido contra un niño, se observa que la gama de contactos sexuales entre adultos y criaturas es bastante extensa.

Entendemos por niños los individuos que aún no han entrado en la pubertad, y por adultos los que están al fin de la adolescencia o son ya mayores. Pero estos puntos de vista son elásticos: un niño de.cuatro años puede ver a uno de once como “un grande”, en tanto que el contacto entre una persona de trece años y otra de quince puede considerarse como una experiencia natural en la adolescencia.

También es importante distinguir entre contactos heterosexuales y contactos homosexuales, ya que la naturaleza de los mismos es muy diferente. Y es necesario tener en cuenta que la mayoría de los autores de estas agresiones son hombres. Veamos entonces cuáles serían esas agresiones de un individuo adulto del sexo masculino contra niños de ambos sexos:

1     — Exhibicionismo: como su nombre lo indica, se trata de la exhibición genital ante personas (en este caso niños o niñas), sin que esas personas hayan provocado la situación.

2   — Contactos genitales: tentativas aparentemente casuales, y a veces sin disimulo, para tocar a la criatura, llegando en algunos casos a estimular el orgasmo de la misma y a pretender una retribución.

3  —Experiencias masturbatorias, bucogenitales y coito: son las menos, así como también los contactos en los que interviene la coacción o la violencia.

CONSECUENCIAS
Dejemos aquí de lado el problema del trasgresor, pues su descripción fenomenológica y psicológica sería demasiado extensa. Creemos que es mejor preocuparnos de las consecuencias que estas agresiones pueden tener en el niño.

Siempre según el informe del SIECUS, estas consecuencias pueden dividirse en:

1 — De corto plazo: son reacciones negativas, de miedo y hasta de terror, ante la actitud insólita de un desconocido o de un conocido. Casi nunca el niño afectado recuerda sensaciones de excitación sexual, y el fenómeno del orgasmo sólo se descubre en contactos prolongados.

La actitud de los padres debe ser muy prudente.  Porque la indignación, la furia y la rabia (comprensibles) que demuestran suelen impresionar y asustar más a la criatura que el hecho en sí. Y peor aún si el progenitor se desahoga en el niño, canalizando así su aparente incapacidad de protegerlo. Una agresión violenta e irracional de los padres puede ser vivida por el niño como un ataque contra él mismo, exacerbando así su reacción de corto plazo, que podía haber sido de mera curiosidad.

2 — De largo plazo: estas consecuencias parecen ser menos terribles de los que muchos creen. Si la experiencia fue única o esporádica y se registró con un extraño, en general casi no hay efectos de largo alcance. Pero si  se tratase de un vejamen
acompañado de violencia, pueden darse a posteriori efectos profundos, reflejados en conflictos que aparecen en la madurez.

¿CÓMO ACTUAR?
Claro que la indignación de los padres se comprende. Pero, como dijimos, la misma puede llegar a exacerbar el problema en el niño. Por tanto debe tenerse en cuenta que si el hecho ya se ha producido, es irreversible.

Lo importante, entonces, es que los padres consideren cuidadosamente su conducta posterior:
a)  Cómo tratar a la criatura agredida.
b)  Cómo impedir que el hecho se repita.

Cómo tratar a la criatura agredida: con prudencia, con suavidad, sin que en ella repercutan nuestras propias irracionalidades sexuales. Quizá para el niño haya sido un episodio trivial y olvidable, y la angustia de los padres puede incrementar la del chico. Este, en un diálogo lleno de ansiedad, suele incluso deformar la historia para mitigar o incrementar aquella angustia paterna.

Hay que tratar de obtener del niño una información objetiva y serena, que permita establecer realmente la naturaleza de lo ocurrido. Para ello es imprescindible contar con la tranquilidad del niño, que si está muy asustado mal podrá referir los hechos.

Si los padres no se sienten capacitados para consolar y controlar las emociones de sus hijos, deberán recurrir a un profesional dentro de la psicoterapia más adecuada.

También conviene evitar, en lo posible, que el niño sea sucesivamente interrogado sobre el mismo tema, que podría volverse para él obsesivo e ir adquiriendo sólo entonces un carácter traumático.

Cómo impedir que el hecho se repita: lógicamente, hay que tratar de proteger al niño de otros vejámenes. Y no es tan fácil. Si el niño debe salir a la calle para ir a la escuela o para relacionarse con sus amigos, en el necesario aprendizaje de su papel futuro, ¿cómo impedir que vea a un exhibicionista?

Es saludable aconsejar a los niños que no se relacionen con extraños.. Pero también es saludable pensar —aunque no nos guste demasiado— que muchas veces la agresión sexual no proviene de un extraño.

Por un lado, exagerar el peligro de lo desconocido y los riesgos del mundo en que vive, puede ser negativo para el niño. Hasta el punto de crear también problemas de adaptación sexual en el futuro.

También es irracional tratar de explicar a un niño de seis o siete años la patología de los adultos.

Lo que puede resultar efectivo es rodear al niño, en todo momento, de un clima de confianza y de ternura que le permita comprender el mundo que lo rodea. De esta manera, un hecho sexual anómalo como la agresión de un adulto, no definirá a todos los adultos como monstruos peligrosos, ni hará sentir al niño culpable y deshonrado cuando fue víctima de una de esas agresiones.

Para terminar, conviene transcribir   los   conceptos   del   SIECUS:

“El contacto sexual entre adultos y niños es un motivo de preocupación. Todos los protagonistas del drama pueden quedar marcados, pero excepto los pocos casos en que interviene la violencia, lo’ más probable es que las marcas sean más bien el producto de las diversas reacciones de los adultos antes que el hecho mismo.

Generalmente dichas reacciones son a su vez el producto de conflictos sexuales latentes y explican la actitud de los padres y de la sociedad, así como explican, de distinto modo, la actitud inicial del vejador. Sin embargo, a quien hay que prestar mayor atención es al niño, y si todos los adultos implicados son capaces de mantener algún sentido de la perspectiva en relación con el impacto que recibe la víctima, se reducirá al mínimo la probabilidad de que sufra un trauma perdurable”.

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Para Ampliar: Atención A Las Víctimas de Agresiones Sexuales

victimas de agresiones sexuales

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Características de los Agresores Sexuales
Ver También: Folleto Gráfico Explicativo Sobre Este Tema

Ver: Los Derechos Sexuales y Reproductivos en Argentina

Ver: El Aborto, Consecuencias

Fuente Consultada:
HOMBRE Y MUJER Para Vivir en Pareja – Tomo III – Capítulo: Las Agresiones Sexuales
Editorial SALMO S.R.L.




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