El Arca de la Alianza El Pacto de Moisés con Dios Historia Biblica





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HISTORIA BÍBLICA DEL ARCA DE LA ALIANZA

Las Tablas de la Ley, arrojadas por Moisés contra el becerro de oro, quedaron hechas pedazos. Entonces, éste debió subir nuevamente a la montaña para rogar a Dios que se las volviera a dictar. Cuando descendió, después de cuarenta días, ordenó que fuera construida el Arca de la Alianza.

Todos los hijos de Israel ofrecieron voluntariamente su obra y sus propios bienes para la construcción del Arca, tal como había ordenado el Señor a Moisés, para que albergara las tablas de piedra en las que Él había escrito los Diez Mandamientos. Fueron usados oro, plata, cobre, purpurártelas finas, óleos y maderas preciosas.

moises con los mandamientos

Era el año segundo, el segundo mes y el vigésimo día (después del éxodo de Egipto) cuando el pueblo reanudó su camino. Una nube envolvió el Arca de la Alianza como signo de la presencia divina. De noche asumía el aspecto de una llama y guiaba al pueblo de Israel en su largo viaje. Cuando la nube se detenía, también las tribus de los hebreos hacían un alto en su marcha, porque interpretaban que tal era la voluntad de Dios.

Moisés y su pueblo se hallaban en el desierto de Paran cuando el Señor ordenó mandar a los hombres más influyentes de cada tribu a explorar la tierra de Canaán que El había asignado a los israelíes. “Id a ver qué pueblos viven en ella, si son fuertes o débiles y si sus ciudades están bien defendidas. Tened coraje y traed algunos productos de la tierra.”

Ejecutando la orden de Moisés, los exploradores partieron y, al regreso, después de cuarenta días, refirieron lo que habían visto; es decir, frutos abundantes y muy dulces, de los que llevaban algunos, como también ciudades ricas y pueblos agüerridos contra los cuales habría sido imposible luchar.

El arca del pacto o alianza era un icono donde la presencia de Dios mismo residía. Los antiguos hebreos le tenían tal reverencia al arca que su morada era el lugar Santísimo del tabernáculo de Dios, a donde nadie podía entrar sino el Sumo Sacerdote una vez al año portando incienso, sangre de cordero sobre sí y sobre todo estando libre de pecado, para no perecer a causa de la Presencia de Dios.

El pueblo lloró y gritó por el miedo que se apoderó de él, diciendo que hubiera sido mejor volver esclavos a Egipto que afrontar a enemigos tan poderosos. Pero Josué y Caleb, que eran dos de los exploradores, levantaron el ánimo del pueblo diciéndole: “No os rebeléis ante la voluntad del Señor. Él está con nosotros. No temáis.”

Pero sólo la aparición de la gloria de Dios sobre el Arca impidió que el pueblo en tumulto lapidasen a Josué y Caleb. El Señor, ofendido por esta rebelión, quiso exterminarlos, y sólo ante las súplicas de Moisés aplacó en parte su cólera. Empero con voz terrible predijo: “Solamente vuestros hijos verán y tendrán la Tierra Prometida. Vosotros, que habéis dudado, moriréis en este desierto durante los cuarenta años que os condeno a recorrerlo errando por toda su extensión.”

La predicción del Señor empezó a realizarse, y la generación de los hebreos que habían dudado del Señor se extinguió. Después de treinta y ocho años de marcha, el pueblo se halló en Cades, donde se quejó a Moisés porque faltaba agua. Ante el fervoroso ruego que todo el pueblo elevó, el Señor anunció que de la piedra surgiría agua, después que Moisés le hablase.

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El arcón tenía una dimensión de 1,15 m de largo, y 0,69 m de ancho y alto; estaba hecha de madera de acacia, revestida por dentro y por fuera con el oro más puro y tenía a su alrededor una moldura o reborde de oro. podía transportarse por medio de listones largos dispuestos a los lados. El arca se colocaba en el sancta sanctorum, sacrosanto recinto del tabernáculo y del Templo de Jerusalén. Según diversas fuentes, el arca contenía la vara de Aarón, un cuenco de maná y las tablas de piedra del Decálogo, los Diez Mandamientos.

Pero la confianza de Moisés en el poder del Señor no fue total, pues temió que el prodigio no se realizara; por eso golpeó dos veces con fuerza la roca con la vara, diciendo al pueblo: “¿Qué pretendéis, que salga agua de la piedra?”. El milagro se produjo, contrariamente a los temores de Moisés, a quien el Señor castigó por su falta de fe, condenándolo a no entrar jamás en la Tierra Prometida.

El viaje fue reanudado. El pueblo, cansado y sin esperanza, se rebeló de tal modo contra Dios y Moisés que el Señor envió a los israelíes terribles serpientes que producían heridas dolorosas de las que murieron muchos hombres. Ante castigo tan grande, el pueblo se arrepintió nuevamente y rogó al Señor quien, en señal de perdón, ordenó a Moisés construir una serpiente de bronce que con sólo mirarla curaba las heridas causadas por las serpientes vivas.



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Reanudada la marcha hacia el mar Muerto, los hebreos debieron combatir contra numerosas tribus que vivían en aquellos lugares, siendo siempre ayudados por el Señor. En efecto, un ángel de Dios impidió que Balaam, falso profeta, enviado por el rey de los moabitas para maldecir a los israelíes, tuviera éxito en su intento. Mientras el pueblo de Israel se hallaba en Sittim, parte de él cayó en la idolatría por influencia de las mujeres moabitas y, por ello, el Señor ordenó u castigo que exterminase a los culpables.

La lucha más dura y decisiva fue llevada a cabo contra los madianitas, que fueron aniquilados con la ayuda del Señor. Entonces los hijos de Rubén y de Gad rogaron a Moisés que les asignase aquellas fértiles tierras, para que pudiesen habitarlas definitivamente. Pero no era justo jque aquellas dos tribus renunciasen a seguir combatiendo por la conquista de la Tierra Prometida.

Moisés hizo pues jurar a aquellos israelíes que ayudarían a los otros en la lucha por la conquista de la Cananea. Así quedó establecido, y los descendientes de Rubén y de Gad juraron y reconocieron solemnemente haber recibido su parte de tierra en las orillas del río Jordán.

Mientras los hijos de Israel vagaron en el desierto durante 40 años, el Arca fue llevada delante de ellos en postes dorados por los sacerdotes, siguiendo “la nube de Jehová” con el fin de “buscarles un lugar de descanso” . El Arca fue llevada a Canaán cuando los israelitas cruzaron el Jordán, y fue decisiva en su victoria sobre Jericó. Durante el periodo de 400 años de los Jueces, el Arca estuvo alojada en el Lugar Santísimo del Tabernáculo, que fue erigido en el centro religioso de Shiloh.

Fuente Consultada
LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX – La Biblia: El Arca de la Alianza –




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