Biografia Abraham Lincoln Magnicidio Porque Lo Asesinaron? Vida y Obra





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Biografía Abraham Lincoln: Magnicidio ¿Por qué lo Asesinaron? Vida y Obra

Lincoln AbrahamLincoln, Abraham 16.º presidente de los Estados Unidos de América (Hodgenville, Kentucky, 12-2-1809 – Washington, 15-4-1865). Abraham Lincoln es un verdadero héroe de la historia estadounidense. Sus orígenes humildes de pionero, su ascenso, su desempeño en la abolición de la esclavitud y en la preservación de la Unión lo convirtieron en una figura emblemática de los Estados Unidos de América.

Hijo de un pionero del Oeste, leñador y carpintero. Siendo muy niño, murió su madre de malaria y su padre casó en segundas nupcias. Lincoln fue a la escuela apenas lo suficiente para aprender a leer y escribir, pero sintió gran afición por la lectura y desarrolló una gran actividad autodidacta.

Le caracterizó siempre su sensibilidad con respecto a la problemática social. Su padre era abolicionista y él decidió hacerse abogado como medio para reparar las injusticias sociales. Leyó códigos legislativos y compaginaba sus faenas de leñador con sus escritos y lecturas. En sus ensayos aparecía siempre cierta ironía y mucha claridad.

A los veintiún años de edad, cuando la familia emprendió una segunda migración hacia el estado vecino de Illinois, la cultura de Lincoln era aún muy  rudimentaria. Abraham era poco aficionado a la vida de granjero y se dedicaba a otras múltiples ocupaciones. Como barquero realizó la ruta por el Mississippi hasta Nueva Orleans y conoció los problemas de la esclavitud que le inspiraron una profunda hostilidad.

Al remontar el río, se estableció en New Salem, a orillas del Sangamon. Ejerció allí los oficios de tendero, empleado de correos y vigilante, estudiando al mismo tiempo derecho. En 1836 aprobó el examen de abogacía y el año siguiente ejercía como abogado en Springfield, capital de Illinois.

Inició su carrera política e ingresó en el Ejército en la campaña contra los indios, alcanzando la graduación de capitán. Trabajó en la administración de Correos y aprendió agrimensura en Springfield.

Se estableció en Springfield (Illinois) y casado con una mujer de clase alta, pronto adquirió prestigio e influencia en el ámbito local. Sus ideas conservadoras le llevaron a participar en política, haciéndose elegir diputado de la Asamblea estatal de Illinois (1834-42) y más tarde congresista en la Cámara de Representantes federal (1847-49); pero rompió con sus colegas conservadores y abandonó el Congreso cuando se opuso a la guerra contra México (1846-48).

Una constante de su vida la constituye su problemática con el sexo opuesto. Era tímido y le aterraba el matrimonio. Su primer amor murió prematuramente, la segunda mujer de su vida no le inspiró jamás ningún afecto, se comprometió con Mary Todd, una mujer atractiva y astuta, y no asistió a la ceremonia de la boda en el último momento. Lincoln escribió por aquellas fechas un ensayo sobre el suicidio. Finalmente, contrajo matrimonio.

En 1858 Lincoln fue derrotado en una campaña para ocupar la banca de senador, pero le permitió sin embargo erigirse en portavoz de la actitud contraria a la esclavitud que sostenía el Partido Republicano, partido que el había fundado. Lincoln se convirtió en líder de los abolicionistas, esgrimiendo su oposición moral a la pervivencia de una institución que consideraba radicalmente injusta, pero propugnó la vía moderada de limitarse a prohibir su extensión a nuevos territorios, convencido de que el progreso humano haría por sí solo declinar la esclavitud en los Estados del Sur donde ya existía.

El conflicto que, desde 1818, se venía desarrollando entre los Estados del Norte (liberales, industriales, de moral puritana y abolicionistas) y los del Sur (conservadores, agrícolas -algodoneros- , de moral menos rígida y esclavistas) se definía en términos muy duros por ese tiempo: la aparición de nuevos Estados y la situación en Texas creada por la guerra con México agudizó los enfrentamientos. Esta situación provocó diferencias en el partido Whigs -al que pertenecía Lincoln- . Se declaró inequívocamente a favor del abolicionismo y fue una de las personalidades claves del Partido Republicano, que apareció como escisión en 1856. Fue su representante en las elecciones presidenciales y las ganó.

La esclavitud como modelo económico, fue lo que decidió a Lincoln a regresar a la política activa y le proporcionó un papel protagonista en la fundación de una nueva formación: el Partido Republicano; éste nacía para oponerse a la extensión de la esclavitud a nuevos territorios de la Unión, autorizada por la Ley de Kansas-Nebraska (1854).

El acceso de Lincoln a la presidencia en 1861 desencadenó la secesión de once Estados del sur del país, encabezados por Carolina del Sur, que temían que su política condujera a la abolición de la esclavitud, sobre la cual descansaba su economía agrícola. Éstos formaron una Confederación presidida por Jefferson Davis, alegando su derecho constitucional a separarse de la Unión en la que un día entraron como Estados soberanos.

Lincoln defendió enérgicamente la ilegitimidad de esta separación y dirigió una larga guerra civil para restaurar la unidad de la federación (la «Guerra de Secesión», que enfrentó al Norte contra el Sur de los Estados Unidos entre 1861 y 1865). La guerra le forzó a radicalizar su postura decretando la total abolición de la esclavitud (1862), con lo que reforzó la situación militar y diplomática del Norte, ganándose el apoyo de la mayor parte de los gobiernos europeos y permitiendo, al mismo tiempo, que sus ejércitos reclutaran soldados negros.

A pesar del reforzamiento del poder presidencial, Lincoln mantuvo vigentes durante la guerra todos los principios democráticos, incluida la supremacía del poder civil sobre los militares. A partir de la decisiva victoria de Gettysburg (1863), donde Lincoln pronunció un vibrante discurso en defensa de la libertad y la democracia, se sucedieron los éxitos militares obtenidos por los generales nordistas Grant y Sherman, que facilitaron la reelección de Lincoln en 1864.



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En 1863, el curso de la contienda varió a favor de los nordistas, y en marzo de 1865 se firmaba la paz: la victoria era del Norte, ganaba Lincoln. Durante el transcurso de la guerra había procedido a la abolición de los esclavos y a la liberación de los negros. Un mes antes de firmarse la paz fue reelegido presidente y procedió a la reconciliación con el Sur y a la ayuda de su resurgimiento.

Frente a la tendencia de los demócratas a buscar una paz negociada con el Sur, Lincoln demostró una gran firmeza de principios, al defender hasta el final la unidad nacional y la abolición de la esclavitud. La capitulación de los ejércitos sudistas del general Lee en Appomatox (1865) completó el éxito de Lincoln y de sus ideas, asegurando en lo sucesivo la unidad de los Estados Unidos y la hegemonía en su seno de los Estados del Norte.

Aunque elegido sólo por los votantes de las zonas controladas por los ejércitos nordistas durante la guerra, Lincoln siguió ejerciendo tras la paz como presidente constitucional de los Estados Unidos de América. Inmediatamente lanzó un plan de reconstrucción destinado a recomponer la vida económica, social y política de los Estados del Sur, gravemente alterada por la liberación de los esclavos negros y por el distanciamiento de sus clases dirigentes respecto a la Unión y la Constitución.

Pero no pudo hacer realidad sus generosas intenciones de integración, ya que murió asesinado en aquel mismo año por un fanático sudista llamado Booth. Le sucedió el vicepresidente Andrew Johnson, un demócrata del Sur a quien Lincoln había escogido por representar a los escasos sureños leales a la Unión; aislado políticamente, el nuevo presidente (1865-69) no conseguiría hacer realidad las directrices heredadas de Lincoln: un Congreso dominado por republicanos radicales impuso una política revanchista hacia los Estados vencidos, que fueron ocupados militarmente, castigados con dureza y controlados por políticos corruptos venidos del Norte. La fosa que separaba al Norte del Sur acabó así de ahondarse mientras se enquistaba en ellos un grave conflicto racial.

Porque Lo Asesinaron?

La coexistencia de dos sistemas económicos –uno sustentado en la producción industrial, otro en la explotación esclavista en latifundios– estaba garantizada por una ley que reglamentaba las zonas geográficas donde cada uno ejercía su hegemonía. Hacia mediados del siglo XIX, la economía norteamericana estaba en desarrollo (en comparación con la británica). En este sentido, el poder financiero real estaba situado en Londres, aunque en suelo norteamericano existían familias banqueras acaudaladas acompañadas por terratenientes e industriales.

El imperio británico estaba en su apogeo, había liderado dos guerras contra el Imperio Chino, a fin de que el emperador dejara ingresar el opio que los británicos producían en la India (merced al trabajo casi esclavista de millones de indios). El comercio, se había realizado bajo el sistema regulado estrictamente por el Imperio Chino, luego dada la adicción del pueblo a esa droga, el comercio se cuadriplicó y ello reportó en una ventaja para la economía inglesa. Los británicos querían un comercio libre sin restricciones, y China paulatinamente se convertiría, en un imperio fácil de controlar y dominar con un ejército adicto al opio.

A su vez, los británicos buscaban equilibrar la deficitaria balanza comercial que poseían contra China, que exportaba productos a Gran Bretaña, pero no le compraban prácticamente nada. La producción de opio en la India, controlada por los ingleses de la British East India Company, en la cual eran socias la corona británica y las más ricas familias de la elite financiera, cumplía entonces varios propósitos: impedir la pérdida de reservas británicas de oro expoliando las chinas, mantener a Londres como centro financiero y comercial a nivel mundial, y debilitar al Imperio Chino.

Estas tensiones se originaron en el marco del surgimiento de las teorías de “libre comercio”, en la primera mitad del siglo XIX, que prontamente se convirtieron en armas ideológicas que legitimaban las acciones de Gran Bretaña, tendientes a lograr la anulación de los aranceles y la restricción que China imponía al comercio de opio.

Dentro de este cuadro en el que Londres era la metrópolis mundial, su esquema de dominio se completaba con el comercio de esclavos y la compra de materias primas muy baratas, a fin de mantener la solidez que la industria británica venía experimentando desde la revolución industrial de mediados del siglo XVIII.

Ahora bien, las manufacturas no podían ser vendidas en China, Europa y EEUU eran un mercado incondicional para esos bienes. A su vez, el cuadro comercial y financiero británico se completaba con el tráfico de esclavos desde África a los Estados Unidos, la compra de materias primas norteamericanas y provenientes de sus propias colonias —las cuales resultaban muy baratas al ser producidas con mano de obra esclava—, la transformación de esas materias primas en Gran Bretaña, y la venta de sus productos industriales tanto en Europa como en los Estados Unidos, a cambio de oro metálico.

El esclavismo norteamericano representaba uno de los ejes a partir de los cuales se articulaba la hegemonia británica. En este sentido, la derogación de la esclavitud que Abraham Lincoln proponia desde el inicio de su mandato, provocaria un incremento de los costos de las materias primas que Gran Bretaña compraba en los EEUU, consolidando a ese pais como un importante competidor a nivel comercial e industrial.

Entonces, esta situación constituía una de las causas que llevaron a la elite inglesa a financiar a los estados esclavistas y agrícolas sureños, para que se independizasen de los estados del norte (industriales). Ello provocó una guerra civil, denominada la Guerra de Secesión Americana.

Cerca de treinta años antes de la Guerra Civil, Inglaterra veía como principal enemigo al Sur y no al Norte, dado que el algodón sureño competía en el mundo con éxito frente al que los ingleses cosechaban con mano de obra no menos esclava en India.

En 1865, Lincoln había sido reelecto, conjuntamente con ello se producía la derrota del Sur hacia mediados de 1864, lo que incrementaba su impopularidad. Incluso, se enfrentaba a los intereses de la industria londinense (pretendía algodón barato del Sur y exportar trabas sus productos industriales a los Estados Unidos), y con la banca británica, que también se arraigaban en suelo norteamericano, es decir, los intereses de su satélite, Wall Street.

Su victoria en las elecciones de 1864 significaría también su fin. Dentro de los estrechos márgenes en los que se movía, Lincoln sólo pudo seleccionar como vicepresidente a Andrew Johnson, un demócrata sureño, dentro de un partido muy conectado con los intereses ingleses. La elite se puso muy contenta entonces, dado que bien podía aprovechar su victoria y a la vez preparar su pronto entierro sin poner en jaque el “sistema republicano democrático” de los Estados Unidos.

Su asesinato se perpetuó días después del fin de la guerra, en el teatro Ford. Un actor, John Wilkes Booth, le disparo por la espalda, se lanzo al escenario y exclamó: “Así mueren los tiranos. El Sur ha sido vengado”, tras lo cual huyó. Esta conspiración, que nadie puso en duda, también produjo el ajusticiamiento de un grupo de personas cómplices de Booth. Sin embargo, esto represento una pista falsa..

El problema es que nunca se descubrió quien fue el ideólogo de su asesinato y los verdaderos motivos de la conspiración, los ejecutados sólo fueron “perejiles”. Además, tanto la prensa norteamericana como los historiadores oficiales contribuyeron a obstaculizar el proceso de investigación.

Todo indica que sólo se cortaron los escalones más bajos de la misma, si es que fueron en sí mismos escalones. Se sabía que los servicios secretos de los estados sureños -organizados a imagen y semejanza de los británicos- hacía tiempo estaban planeando matar a Lincoln, con arreglo a esos fines se habría utilizado una sociedad secreta llamada Caballeros del Circulo Dorado.

PARA SABER MAS…
ANTECEDENTES DE LA GUERRA DE SECESIÓN AMERICANA

A diferencia de los Estados europeos, las colonias inglesas de América del Norte nunca vivieron una época bajo instituciones feudales. Los puritanos que iniciaron la colonización eran gentes de los estratos medios, creyentes en el valor del trabajo, y veían con malos ojos a la nobleza improductiva. Así, los Estados Unidos nacieron como un país sin nobles. Se formaron, sin duda, grandes propiedades, pero en ellas no había relaciones feudales. Apenas apuntó, en los comienzos, un régimen de servidumbre de la gleba.

Nadie poseía derechos hereditarios a cobrar impuestos sobre el comercio o la producción artesanal o agrícola ajena. No existían tasas aduaneras para las mercaderías o personas que cruzasen la propiedad de alguien. Los individuos no nacían nobles o plebeyos. Nacían colonos, que podían enriquecerse o no, comerciando o trabajando. Todos los derechos por los cuales, en esos mismos años, luchaban los burgueses de la Revolución Francesa, eran derechos normales en las colonias británicas de la costa oriental de América del Norte.

En la época en que esas colonias declaraban su independencia y lanzaban al mundo el famoso documento sobre sus derechos, se iniciaba en Inglaterra lo que se convino en llamar revoluciones agrícola e industrial. El campo cultivado por métodos más modernos necesitaba cada vez de menor cantidad de mano de obra, y hubo una corriente importante de compra a bajo precio o cercamiento de campos.

Contemporáneamente, grandes capitales acumulados eran invertidos en la industria, en la que comenzaban a aplicarse los métodos de producción en masa. Como resultado de esas dos revoluciones combinadas, multitudes abandonaron los campos, donde se hacían inútiles y escaseaban los empleos, y fueron a vender su trabajo a las nacientes manufacturas.

La Revolución Industrial, gracias a la utilización de esa mano de obra, de las máquinas a vapor y del constante progreso técnico, aumentó el volumen de la producción como nunca antes había ocurrido en la historia. Cuando esos métodos, recientemente creados, fueron introducidos en los Estados Unidos, su éxito fue rapidísimo. Mientras las clases medias europeas hacían revoluciones, intentaban reformas jurídicas o iniciaban agotadoras luchas, los burgueses norteamericanos colonizaban y comerciaban, protegidos por sus derechos, teniendo como adversarios principales no a los nobles, sino a la naturaleza y a los indios.

El comercio y la producción libres evolucionaron con rapidez y permitieron acumular riquezas como en ningún otro pueblo de la época. Paradójicamente, sin embargo, fue la misma Revolución Industrial la que provocó la división del país, llevándolo a una catastrófica guerra civil.

ESTÁN SURGIENDO DOS PAÍSES. UNO DE ELLOS SERÁ ELIMINADO

En los años de la Guerra de la Tu dependencia contra Gran Bretaña, la esclavitud de los negros se estaba extinguiendo en las colonias rebeldes. La mayoría de los pensadores norteamericanos la consideraban una reliquia ignominiosa del pasado, destinada a desaparecer gradualmente. Pero, en 1793 —a quince años del nacimiento de Lincoln, y en los mismos momentos en que el Terror alcanzaba su apogeo en París—, la Revolución Industrial produjo una pequeña máquina. Un telar mecánico, capaz de trabajar con la variedad norteamericana de algodón, llamada de “hilo corto”.

De ese modo, el desvalorizado algodón de los Estados Unidos se convirtió en un bien de consumo con enorme futuro económico, y, en pocas décadas, la economía de los Estados del Sur se especializó en la producción de algodón. Este era cultivado según el sistema de plantations, grandes propiedades que utilizaban el trabajo esclavo. Se convirtieron en un gran negocio, los capitales fueron invertidos masivamente, y la esclavitud —que había entrado en decadencia mientras era empleada en los pequeños negocios, donde el trabajo asalariado rendía más por tener mayor estímulo— floreció como nunca.

Durante la niñez de Lincoln, una nueva aristocracia se generó en los Estados del Sur del país, productores de algodón: la de los propietarios de rebaños humanos. Se originó asimismo una subcultura dentro de la cultura norteamericana: aquella que sus beneficiarios denominaron “southern way of life“, esto es, el modo de vida sureño. Perfectamente idealizado, mostraba al aristocrático y benevolente propietario de esclavos gobernando a sus negros sumisos, desprovistos de derechos y –Dios sabe por qué— muy felices con ello. La realidad era muy otra. Los lucros de la venta del algodón en los mercados ingleses y norteños resultaban tan grandes que la vida de los negros poco valía. Un joven que comenzase a trabajar en las plantaciones podía contar, como promedio, con una reducida cantidad de años de vida.

Después moriría abandonado, y otro infeliz tomaría su lugar, para perder la piel de las manos trabajando el algodón, recibir golpes para que acelerara el ritmo de la tarea, dormir en chozas malolientes y ser separado de su mujer y de sus hijos en el momento en que el dueño quisiese. A pesar de hallarse sumergidos en la más extrema miseria, impedidos de comunicarse, reunirse y leer, los esclavos se rebelaban con la fuerza de la desesperación. Revueltas espontáneas y explosivas eran sangrientamente castigadas. Pocas, como la que comandó Nat Turner en Virginia, en el año 1831, estuvieron organizadas.

La Revolución Industrial creó una paradoja en la vida social estadounidense. Fue la posibilidad de aprovechar el algodón sureño en la industria textil del Norte lo que hizo subir su precio e impulsó el nuevo desarrollo de la moribunda institución de la esclavitud. Pero como el buen negocio del Sur era el algodón, allí la industria no se desarrolló. Todo el dinero se reinvertía en plantations. La tierra fértil permitió que el cultivo del algodón se extendiese, siempre hacia el Oeste, quitando tierras a los indios e implantando allí el trabajo esclavo. Al mismo tiempo que esto ocurría en el Sur, la industria del Norte crecía vertiginosamente.

En las tejedurías que empleaban el algodón sureño, cuatro años antes de nacer Lincoln, en 1805, no había ni siquiera 5.000 husos operando. En 1861, cuando, ya presidente de los Estados Unidos, Lincoln se ve envuelto en la guerra civil, existen mucho más de 5 millones de husos, que invaden el mundo cíe telas norteamericanas buenas y baratas.

El mundo, pero no los Estados del Sur, donde el mercado consumidor es reducido. ¿Y cómo podría ser de otro modo? Los esclavos no reciben salario, por lo tanto no pueden gastar. Los mismos aristócratas constituyen un mercado pequeño. En cuanto al resto de los blancos, son mucho más pobres que el pueblo del Norte.

Como no existen industrias, hay pocos empleos y todo gira en torno del algodón y de la tierra. En 1860, en el Norte, por cada persona que trabaja en la industria, ocho trabajan en el campo. ¡Y en el Sur, ochenta y dos! Se produce muy poco en esta parte del país. La explotación de la esclavitud, que al comienzo del desarrollo industrial permitió a algunos acumular grandes lucros, se convierte en una traba para el crecimiento económico y hasta para la misma industrialización.

Los intereses de la oligarquía sureña condenaban a gran parte del país a producir poco, comprar poco y ganar poco. Surge también en esa generación, la conciencia de poseer ventajas que deben ser defendidas contra el Norte industrial. Están, de hecho, naciendo dos países. La situación se habría, tal vez, prolongado por más tiempo, si los Estados esclavistas y los abolicionistas no hubieran estado disputándose entre sí los territorios aún por colonizar.

En 1854, cuando el corresponsal del diario neoyorquino mencionado al principio testimonió las disputas que se verificaban en el nuevo territorio de Kansas, Sur y Norte luchaban para decidir si el mismo sería integrado a la poderosa industria del Norte o al Sur esclavista. Por ese entonces, Lincoln, a los 45 años, se consideraba un político fracasado. Nadie, y mucho menos él, podría imaginar que en los próximos siete años sería llamado a representar el papel principal de una de las mayores tragedias del siglo XIX.

Fuente Consultada:
Nadie Vio Matrix de Walter Graziano
Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo IV




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