Asesinato de Martin Luther King Magnicidios de Lideres Mundiales





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Asesinato de Martin Luther King: Magnicidios de Lideres Mundiales

El 4 de abril de 1968, el pastor Martin Luther King se encontraba en Memphis, Tennessee, para preparar una marcha de los pobres hacia Washington y apoyar una huelga de los basureros, en su mayoría negros. Hacia fines de la tarde, salió a tomar aire al balcón que daba al estacionamiento de su motel. Sonaron varios disparos. Eran las 18 horas con 1 minuto. Gravemente herido, el pastor fue internado en el hospital Saint-Joseph, donde falleció una hora después. Casi cuatro años más tarde del asesinato del presidente Kennedy, la desaparición del defensor de los derechos civiles de los afroamericanos causó una fuerte conmoción.

Asesinato de Martin Luther KingKing, Martin Luther Dirigente del movimiento de los negros de Estados Unidos contra la discriminación racial (Atlanta, Georgia, 1929 – Memphis, Tennessee, 1968). Al igual que su padre, era pastor de la Iglesia baptista, labor que desempeñaba en Montgomery (Alabama).

En 1955-56 instigó una primera campaña de protesta contra la discriminación que sufrían los de su raza en los Estados del Sur; dicha campaña consistió en boicotear los transportes públicos de su ciudad, en los que los negros estaban obligados legalmente a ceder los asientos a los blancos.

A partir de entonces lanzó un movimiento de mayor alcance, empleando su carisma y su oratoria para reunir en 1957 una conferencia de líderes religiosos cristianos de todo el sur de los Estados Unidos para luchar contra la segregación racial; aquel movimiento se inspiró en los métodos no violentos preconizados por Gandhi. Bajo el liderazgo de King, las masas afroamericanas realizaron marchas de protesta, manifestaciones, sentadas y actos simbólicos contra la discriminación en los transportes y en las escuelas.

Por Qué y Cómo Lo Mataron?

James Earl Ray asesino de Luther KingNacido en Alton, Illinois, en una familia pobre, muy temprano en su vida James Earl Ray (imagen) se convirtió en un delincuente de poca monta. Pasó largas temporadas en reformatorios y cárceles.

En 1959 fue condenado a veinte años de cárcel en la prisión estatal de Misuri por un asalto a un almacén. Durante los siete años que pasó allí, en varias ocasiones intentó escapar hasta que, finalmente, el 23 de abril de 1967 se escondió debajo de un cargamento de pan que salía de la cocina de la prisión y logró fugarse.

Una vez libre hizo una serle de trabajos, tomó un curso de barman y dejó, a la vez que bebía en exceso, una estela sorprendente y contradictoria desde Misuri hasta Memphis. En algunos lugares fue conocido como un hombre tranquilo, conservador y abstemio. En otros se hizo conocer como un racista bebedor y ruidoso.

El 10 de abril se dirigió a Memphis en un Mustang blanco. Al pasar por Birmingham se detuvo en una gran tienda donde compró un rifle y municiones. Al día siguiente regresó y cambio el arma adquirida por un rifle Remington y una mira telescópica.

Por la tarde del 4 de abril de 1968, según posteriores investigaciones de la policía y del FBI, Ray, que ya estaba instalado en un cuarto de la pensión de Bessie Brewer, se ubicó en el baño de uso general en el piso superior a su habitación. Los fondos de la pensión enfrentaban a los baleones de la parte posterior del motel Lorraine. Desde allí, según la versión oficial, tenía una buena vista del balcón de las habitaciones 305 y 306, que ocupaban King y los suyos en el motel.

La espera fue larga. El doctor King pasó toda la tarde en la habitación 306, la que ocupaba su colega, el doctor Ralph Abernathy. Finalmente, a las seis de la tarde, apareció el líder, de los derechos civiles, vestido de negro, listo para presentarse en una concentración esa misma noche. Se inclinó sobre la baranda de hierro verde del balcón del motel para conversar con su ayudante, Jesse Jackson, quien estaba parado en el patio de abajo.

El doctor King le llamó la atención a Jackson al verlo con ropa informal, y le sugirió que fuera a cambiarse para la cena. Jackson, desoyendo momentáneamente la sugerencia de su jefe, le presentó a Ben Branch, de Chicago, un músico que iba a tocar esa noche en la concentración.

—Conoce a Ben? —le preguntó a King.

—Sí. ¡Ése es mi hombre! —le respondió. Luego le pidió a Branch que tocara el spiritual “Valioso Señor, toma mi mano”—. Realmente quiero que toques eso esta noche —insistió con entusiasmo.



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El doctor Abernathy había terminado su trabajo en la habitación y se disponía a salir del balcón, cuando una tremenda explosión lo detuvo. King se tomó la garganta y luego se desplomó en el piso de cemento del balcón. Sangraba por el lado derecho de la mandíbula y el cuello. La corbata había sido arrancada por el disparo.

Momentos más tarde, apareció la policía que estaba apostada en el motel para evitar precisamente lo que acababa de ocurrir. King había estado fuera de la habitación apenas tres minutos, el tiempo suficiente para que Ray hiciera el disparo que le quitaría la vida al carismático líder.

Sus ayudantes corrieron para socorrerlo. Uno apretaba una toalla sobre la herida para detener la hemorragia, otro lo cubría con una frazada. Pasarían diez minutos antes de que llegara la ambulancia de los bomberos para llevar a la víctima, mortalmente herida, al hospital St. Joseph, donde en la sala de emergencias iba a morir a las siete y cinco de la tarde.

James Earl Ray, siempre según la versión oficial, ya había escapado después de dejar prolijamente un envoltorio en la puerta de un local de juegos que funcionaba junto a la pensión. El bulto contenía el arma, una caja de proyectiles, crema de afeitar, binoculares, latas de cerveza, un alicate para uñas y una radio con la identificación de prisión de Ray. Todos los artículos tenían sus huellas digitales.

Esa misma noche se desataron en todo el país manifestaciones violentas. Se saquearon negocios y se incendiaron edificios en los barrios negros de Chicago, Detroit, Boston, Washington D.C. y Nueva York. En Chicago fue necesario hacer intervenir a 6.000 efectivos de la Guardia Nacional. En las dos noches posteriores al asesinato murieron siete negros y 350 fueron arrestados.

Washington quedó paralizada mientras se incendiaban edificios y los revoltosos se apoderaban de las calles. Miles de oficinistas abandonaron temprano sus lugares de trabajo la tarde del 5 de abril para escapar de las bandas sueltas de saqueadores. En un intento por detener la violencia, la viuda de King, Coretta Scott, hizo declaraciones en las que imploraba a los revoltosos que detuvieran su accionar para “unirse a nosotros para hacer realidad su sueño de poder luchar de una manera creativa, no destructiva”.

Para el domingo 7 de abril, una precaria paz se estableció en los más importantes centros urbanos del país. Más de 9.000 efectivos patrullaban Washington, y se estableció el toque de queda a partir de las cuatro de la tarde. Sólo en la capital del país se realizaron 3.263 arrestos, se produjeron 620 incendios, quedaron 705 heridos, entre ellos 23 policías, 17 bomberos y 2 soldados. Murieron 8 negros.

En todo el mundo se realizaron servicios religiosos y marchas silenciosas en memoria de Martin Luther King, y el martes 9 de abril se realizó en Atlanta el funeral al que asistieron miles de personas. Para simbolizar su identificación con los pobres del país, su cuerpo, en un brillante ataúd de caoba, fue colocado sobre las tablas verdes de un rústico carro de granja arrastrado por dos mulas de Georgia. La marcha comenzó en la Iglesia Bautista Ebenezer para recorrer luego seis kilómetros por las calles de Atlanta y finalmente terminar en un servicio religioso al aire libre en Morehouse College.

Detrás del cortejo marchaban algunas de las más notables figuras de las finanzas, la política, la religión y el gobierno, y más de 100.000 personas en un clima con casi cuarenta grados de calor. Jacqueline Kennedy, viuda del presidente asesinado, llegó a la iglesia y estuvo cinco minutos con la viuda de King consolándola, después se detuvo un momento para hablar con los hijos del líder negro para luego ocupar su lugar en la nave central. Muchos negocios cerraron en todo el país, el partido inaugural de la Liga Nacional de Béisbol de esa temporada se suspendió y toda la nación estuvo de duelo.

Pero los barrios blancos de Atlanta, ciudad donde King había nacido y estaba siendo enterrado, no se mostraron particularmente afectados en su mayoría y los negocios abrieron normalmente sus puertas. El reverendo John B. Morrls, de la Sociedad Episcopal para la Unidad Racial y Cultural, le dijo a un periodista del New York Times: “Fue más famoso en todo el mundo que en Atlanta. Podría decir que, lamentablemente, nunca fue poderoso en esta ciudad”.

Una semana más tarde, el presidente Johnson promulgó la ley de Derechos Civiles. Con ella se aseguraba la Igualdad racial, sexual y étnica en todos los Estados Unidos, y se establecían los mecanismos federales para su cumplimiento. La ley estaría en vigencia durante catorce años, hasta que esos mecanismos federales fueron prácticamente desmantelados por la administración de Ronald Reagan.

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