Los Asesinatos Mas Resonantes de la Historia Asesinato del Canciller Aleman






ASESINATO DEL CANCILLER ALEMÁN

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De muy distintas características que el “Vampiro de Düssrfdorf , el otro alemán alcanzó también notoria celebridad en los anales del crimen, a pesar de que solo cometió un asesinato y a miles de kilómetros de distancia de su patria. Su nombre fue Guillermo Becker quien en vez de prontuario policial exhibía nada menos que el cargo de Canciller de la Legación alemana en Santiago de Chile.

Los Asesinatos Mas Resonantes de la Historia Asesinato del Canciller AlemanEl 5 de febrero de 1909 Becker estuvo a punto de dar cuna a un crimen perfecto. En aquella fecha un incendio consumió el edificio de la sede diplomática, en circunstancias que en su interior permanecían a la hora del siniestro sólo dos personas: el canciller Becker y un mozo llamado Exequiel Tapia.

Entre los escombros fueron encontrados los restos carbonizados de sólo un cuerpo, que la policía identificó como el del canciller, quien a todas luces había sido víctima de una siniestra maquinación criminal. La caja de fondos de la Legación fue encontrada abierta entre las ruinas, despojada de todos los documentos de valor y de una gruesa suma en dinero efectivo que había sido depositada en ella días antes, 27 mil pesos de la época, según el Ministro de Alemania en Chile, barón Hans Bodmann.

Cabe hacer notar que por aquellos tiempos una mansión en Santiago valía no más de 15 mil pesos, por lo que la cantidad substraída podía considerarse como una verdadera fortuna. La conclusión policial fue categórica, pues los hechos se presentaban, al parecer, bastante claros: el canciller asesinado, la caja de caudales saqueada y un incendio para encubrir el delito, cuyo autor, obviamente, no podía ser otro que el mozo Exequiel Tapia.

Los restos calcinados del canciller fueron sepultados en un imponente funeral, en que el barón Hans Bodmann pronunció un encendido discurso en que se decía que la patria alemana recordaría con tierna gratitud “a quien murió víctima del puñal traidor de un cobarde asesino, en el ejercicio de sus deberes”.

Mientras tanto, eran remitidos a todos los rincones del país cientos de circulares telegráficas en  las que se daba la filiación y se encargaba la captura del asesino prófugo Exequiel Tapia“, del cual no se tenían rastros, a pesar de que comenzaban a pasar los días. Pero un hecho vino a conmover a la opinión pública y a conmocionar las esferas policiales.

Uno de los propietarios de la joyería Imperial, que estaba situada en calle Estado 336, Otto Izacovich, se presentó excitadísimo en el despacho del juez instructor del sumario, Juan Bianchi, dando un testimonio realmente fantástico: “He visto a Becker… Becker vive… Estoy seguro”. Y relató cómo había encontrado a su amigo el Canciller en el antiguo Portal Edwards, en la Alameda Bernardo O’Higgins, y como éste había rehusado contestarle a su llamado en alemán, escabullándose nerviosamente.

El testimonio del joyero, en un principio no creído, motivó en definitiva que fuera efectuado un nuevo examen del cadáver de la Legación, estableciéndose mediante un peritaje —notable para la época— del doctor Germán Valenzuela Basterrica, director de la Escuela de Dentística, que la dentadura del occiso no correspondía a la de Becker, sino que a la de Tapia. Así fue como el caso tomó un giro sensacional e inesperado: el canciller Becker, acosado por deudas, había ideado esta maquinación, apoderándose de los caudales, asesinando a Tapia e incendiando la Legación, en la seguridad de que el cuerpo calcinado de su víctima sería fácilmente confundido con el suyo.

El “crimen perfecto” de Guillermo Becker había fallado sólo por aquel intempestivo encuentro con el joyero. Poco tiempo después, Becker fue capturado por la policía cuando intentaba cruzar la Cordillera y pasar a la Argentina por el paso del Rahué, en el sur, cerca de Lonquimay.

Tras un movido proceso en que su abogado defensor, Pablo Ramírez, apeló a todos los recursos imaginables para salvar su vida, el canciller asesino fue fusilado el 5 de julio de 1910. Las piernas se negaron a sostener lo en el momento decisivo, y temblando de pavor el asesino germano tuvo que ser llevado en vilo los últimos metros que lo separaban del patíbulo.





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