Grandes Asesinos de la Historia Sumergia sus victimas en acido





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Grandes Asesinos de la Historia: Sumergía a sus Vctimas en Ácido

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“Mrs. Durand-Deacon ya no existe. He destruido su cuerpo con ácido… No podrán probar mi culpabilidad sin encontrar su cadáver.” El que en media de una crisis nerviosa así ‘barbotaba en el puesto de policía de Chelsea respondía al’ nombre de John George Haigh, delincuente habituó! de 39 años de edad, detenido en Londres el 28 de febrero de 1949 por fundadas presunciones de que era el responsable de la desaparición de una viuda de cierta fortuna.

John George Haigh asesinoCRIMEN, ARRESTO Y CONFESIÓN John George Haigh, hijo del capataz de una mina de carbón, había nacido en Yorkshire en 1909, desempañándose primeramente como organista de la catedral de aquella ciudad, oficio que más tarde había cambiado por la más lucrativa actividad del delito. Sus robos, fraudes y estafas le habían significado dos condenas a prisión: quince meses en 1934 y seis años en 1937.

Finalmente, al quedar en libertad, en 1943, se instaló en un elegante hotel de South Kensington, el “Oinslow Court”, frecuentado por gente de la mejor sociedad de Londres, granjeándose les simpatías de las allí residentes merced a su carácter agradable y sus maneras educadas.

Mientras tanto, continuaba ganándose la vida mediante diversas formas de fraude que planeaba en su cuartel general ubicado en el N.°79 de Glbucester Road, Kensington, donde había instalado un taller en el que trabajaba en sus “invenciones”. En febrero de 1949 la viuda Mrs. Olivia Durand-Deacon, huésped del hotel “Onslow Court”, participó a Haigh sus planes para la fabricación dé un nuevo esmalte de uñas.

Como consecuencia de ello, el’ experimentado delincuente no -tardó en invitarla a visitar “su fábrica” de Crawl-wey (Sussex), en realidad un almacén que pertenecía a la firma “Productos Hurst’lea” y del cual Haigh poseía una llave. En la tarde del 18 de febrero Haigh condujo a la dama hasta aquel local, donde la ultimó de un tiro en la nuca. Después de despojarla de sus joyas y objetos de valor, sumergió el cadáver en una cuba de ácido sulfúrico preparada al efecto con antelación, disolviéndolo completamente.

Hecho esto, se retiró con toda tranquilidad, como si nada hubiese sucedido. Dos días más tarde, mientras desayunaba en el comedor del “Onslow Court”, exteriorizó cínicamente su preocupación por el desaparecimiento de Mrs. Durand-Deacon, explicando que había quedado citado con ella el día anterior en un almacén cercano a la estación Victoria y que la dama no había acudido. Luego, ante la sugerencia de otra huésped del’ hotel, Mrs. Constance Lañe, ‘ se presentó en el cuartel de policía de Lucan Place pana informar del hecho. Pero una sargento de apellido Lambome, de vasta experiencia en casos criminales, desconfió inmediatamente de Haigh, más aún cuando averiguó su nutrido prontuario.

La policía londinense se dedicó a vigilar los pasos de John George Haigh, hasta que finalmente descubrió el almacén de Leopold Road y en su interior un revólver Webley de calibre 38 oculto en una sombrerera, amén de huellas de sangre en una pared. A ello siguió el hallazgo de la venta de las joyas de Mrs. Du-rand-Deacon, efectuada por Haigh en un establecimiento de Horshatn. Arrestado el 28 de febrero de 1949, el ex organista trató de permanecer sereno ante los interrogatorios, pero los nervios lo traicionaron e hizo la dramática confesión de su crimen.

VEREDICTO EN 15 MINUTOS Bajo la acusación de asesinato en la persona de Mrs. Durand-Deacon, comenzó el 18 de julio de 1949 el proceso a John George Haigh. Durante su transcurso el acusado confesó haber dado muerte a otras siete personas, deshaciéndose de sus cadáveres en la misma forma que en el caso de la viuda. Y agregó que en aquellas ocasiones había sentido un deseo vehemente e irrefrenable de matar y beber la sangre de sus víctimas.

A todas luces, Haigh intentaba convencer al jurado de su anormalidad mental, recalcando ad máximo su conducta sádica. A la vez, confiaba en que no podría condenársele al no ser encontrado resto alguno de Mrs. Durand-Deacom, ya que había vaciado la cuba de ácido sobre la tierra del patio trasero del local, confundiéndolo con ella. Pero se equivocaba: un peritaje sobre aquel lodo ya seco permitió detectar quince kilos de grasa ‘humana, parte de un ‘hueso del talón, una pelvis un tobillo, una horquilla femenina, cálculos de riñón y una bolsita de plástico rojo que había pertenecido a la dama desaparecida.

Con estas pruebas y sin dejarse impresionar por lo que consideraba un simulacro de locura de parte del acusado, el jurado tardó solo un cuarto de hora en decidir el veredicto de culpabilidad. Y así fue como John George Haigh fue ejecutado en la prisión de Wandsworth el’ 6 de agosto de 1949.




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