LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS Gobierno Ongania




LA NOCHE DE LOS BASTONES LARGOS 

REVOLUCIÓN ARGENTINA:
Caída del Gobierno de Arturo Illia Y El Golpe Militar de Juan Carlos Onganía

Ver: Gobiernos Post Peronista

Durante el Gobierno de Onganía el episodio más dramático a que dio lugar esta política fue la “noche de los bastones largos”: cientos de profesores y estudiantes de la Universidad de Buenos Aires fueron apaleados delante de la prensa mientras se los desalojaba de las facultades que habían tomado en protesta por la intervención de la universidad.

Muchos de los docentes involucrados fueron despedidos o renunciaron a sus cargos y emigraron para seguir desarrollando sus actividades en los Estados Unidos y Europa. Por su parte, muchos estudiantes se convencieron de que sólo una acción igualmente violenta, de signo inverso, modificaría la situación.

El efecto inmediato de estas demostraciones de fuerza fue el silenciamiento de las voces opositoras. Pero el costo fue muy alto para la relación del régimen con la sociedad, que se mostraría cada vez menos dispuesta a acatar el consenso pasivo que se le imponía.

Para colmo de males, el gobierno de facto continuó tomando medidas represivas de ribetes ofensivos y hasta ridículos contra la publicación de libros y revistas, la proyección de películas y la representación de obras de teatro. Los policías recibieron instrucciones de detener a jóvenes con pelo largo, minifalda o cualquier otra señal de rebeldía y liberalidad.

Los censores oficiales ni siquiera se detuvieron frente a la prensa moderada o la que era francamente- favorable a las metas económicas del régimen: los editores y directores recibían presiones de toda índole para abstenerse de publicar imágenes que reflejaran “la alarmante evolución de las costumbres” o de informar sobre las tensiones internas en las Fuerzas Armadas.

Clausura de la universidad autónoma e inicio de la “fuga de cerebros”
La “noche de los bastones largos” fue el comienzo de una serie de persecuciones y purgas que se prolongaría por más de tres lustros. Fue también el fin de Eudeba, el proyecto cultural más ambicioso emprendido por la Universidad de Buenos Aires.

Como consecuencia, su impulsor Boris Spivacow fundaría en esa misma primavera de 1966 el Centro Editor de América Latina, que se transformaría en una fenomenal usina de difusión cultural y científica en los años siguientes. Mientras tanto, las editoriales de Buenos Aires se convirtieron en plataforma de lanzamiento de la nueva literatura latinoamericana (autores como Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa publicaron en ellas algunas de sus primeras obras).

La represión en los ámbitos públicos contrastó así con la explosión de la actividad editorial privada, atenta a una demanda que era producto de los mismos esfuerzos modernizadores que Onganía decía continuar.

Las universidades públicas no recuperaron la calidad académica ni la gravitación social que habían alcanzado en la década anterior, debido en parte a cómo se saldó en este contexto el debate entre “politizados” y “cientiflcistas”: los profesores y estudiantes más activos tendieron cada vez más a relegar los intereses académicos con el objetivo de transformar la universidad en una trinchera más de la lucha revolucionaria, considerando reaccionarlo todo lo que no sirviera a esos fines.

(…) Para la clase media, el golpe de Onganía supuso más que una pérdida de representación política. Significó un violento ataque a lo que sus componentes habían considerado tradicionalmente como su coto privado, incluso durante la década infame de los años treinta: las universidades y el mundo de la cultura en general. (…) las ocho universidades nacionales fueron ‘intervenidas”, al tiempo que se anulaba su autonomía.

El violento ataque de Onganía —en teoría, una redada contra la “infiltración comunista y, en la práctica, un asalto a la libertad académica y un intento de reformar la educación superior en interés de los grupos económicos dominantes— contribuyó muchísimo a empujar a la juventud de la clase media hacia el campo de la oposición nacional-popular.

Se prohibió la actividad política de los estudiantes y se anuló su derecho a participar, junto con los académicos y los graduados, en el tradicional sistema tripartito de la administración universitaria.



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Carecían incluso de la representación simbólica de que habían gozado al principio del período peronista. Unos tres mil académicos, entre ellos algunos de los estudiosos más eminentes de la Argentina, dimitieron y abandonaron el país en tropel; los estudiantes protestaron y fueron reprimidos sin contemplaciones.

El 29 de julio de 1966, un mes después del golpe derechista, la “Noche de los Bastones Largos” causó una profunda impresión en los ánimos estudiantiles. Los Policías Montados Federales irrumpieron a caballo en la Universidad de Buenos Aires, ordenaron a los estudiantes y a los docentes que la desalojaran, usaron sus porras con indiscriminada ferocidad contra los desobedientes y, finalmente, hicieron centenares de detenciones.

Sesenta estudiantes tuvieron que ser hospitalizados. Vistas las cosas retrospectivamente, el acontecimiento, comparado con la represión sufrida bajo el régimen de Videla. no fue particularmente terrible, pero los estudiantes implicados conservaron un vivo recuerdo de la noche en que fueron “víctimas” de un brutal ataque.

Dos meses después, la policía de Córdoba proporcionó a las fuerzas de protesta su primer mártir al herir mortalmente a Santiago Pampillón durante una manifestación estudiantil; pero dos años más tarde los más tenaces de los descontentos, apoyados por la intelectualidad radical, hacían ya decididos esfuerzos para superar la impotencia de su estrategia, estableciendo lazos de solidaridad con las organizaciones obreras militantes.

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 8 período 1950-1969 a cargo de María Seoane, Periodista y Escritora.

La noche del 29 de julio se inició la represión sobre la UBA. que la voz popular ya bautizó la Noche de los Bastones Largos. Fue ideada por los generales Mario Adolfo Fonseca y Eduardo Señorans, el jefe de la policía federal titular de la Secretaría de Informaciones del Estado, y ordenada por el gobierno militar de Onganía.

El operativo se inició en las facultades de Filosofía y Letras, Ingeniería y Arquitectura y Urbanismo, donde hubo alrededor de 130 detenidos. Pero fue en Exactas donde se desató la más violenta represión y donde hubo la mayor cantidad de detenidos. Allí la policía ingresó cerca de las 23.

Los estudiantes, autoridades y docentes decidieron resistir pacíficamente en el edificio de la calle Perú 222. Sin embargo, el grupo de Infantería ingresó luego a arrojar gran cantidad de gases y armado con bastones largos.

Todos fueron brutalmente golpeados, incluso el vicedecano Manuel Sadosky y el profesor norteamericano Warren Arthur Ambrose, que escribió una carta a las agencias internacionales para dar a conocer el suceso. Hubo alrededor de 150 detenidos, más 50 docentes que fueron liberados esa madrugada y no figuraron en la lista de detenidos.

La UBA tuvo su ”primavera1′ entre 1956 y esta noche del 29 de julio. Bajo el rectorado de Risieri Frondizi, a partir de 1957, desde varias cátedras destacados científicos propendían al desarrollo de la alta calidad de la ciencia aplicada para el beneficio nacional e independiente.

Así nacieron las carreras de Psicología y Sociología, y se crearon el Conicet y Eudeba. Se incorporó la primera computadora latinoamericana para el Instituto de Cálculo de Ciencias Exactas, y se crearon el Departamento de Orientación Vocacional y de Extensión Universitaria.

En ese marco, muchos estudiantes desarrollaron una conciencia política. Instalado el gobierno de Onganía, el 29 de julio se promulgó el decreto-ley 16.912: se intervinieron las universidades nacionales, se anuló el gobierno tripartito universitario de docentes, estudiantes y graduados, subordinándose las autoridades de las ocho universidades nacionales al Ministerio de Educación que, a su vez, fue convertido en una secretaría dependiente del Ministerio del Interior.

El rector de la UBA, Hilario Fernández Long, y las autoridades de Exactas, Rolando García y Sadosky, se opusieron. En exactas, los estudiantes y docentes tomaron los edificios. Lo mismo sucedió en Filosofía y Letras, Ingeniería y Arquitectura y Urbanismo. Pero una orden no escrita planteó que desde ese momento no se tolerarían protestas o acciones de movimiento universitario. (Fuente:El Bicentenario Fasc. N° 8 período 1950-1969 a cargo de María Seoane, Periodista y Escritora.)

Fuente Consultada:
Richard Gillespie Soldados de Perón. Los Montoneros
Historia de la Argentina (1955-2010) Marcos Novaro




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