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MUERTE DEL BENITO MUSSOLINI

Benito Mussolini: El castigo aún después de la muerte

La Plaza Loreto de Milán fue el escenario elegido para exhibir el cuerpo ya sin vida de Benito Mussolini, fundador del fascismo y dictador de Italia en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. La idea de aquella inusual exhibición fue demostrar al pueblo italiano y al mundo la veracidad de la notica de la muerte del dictador, por lo que en repudio a su figura fue colgado boca abajo en el centro de la plaza, junto a su amante Clara Petacci, y sus subordinados.

La gente se agolpaba alrededor de los cuerpos y con una furia sin límites lanzaba piedras y diversos elementos contundentes, que iban a dar contra los cuerpos colgados. La venganza del pueblo pudo vislumbrase en el rostro del llamado Duce, que había sido desfigurado a golpes volviéndolo casi irreconocible.

No obstante, el inevitable desenlace del fascista italiano comenzó en la madrugada del 27 de abril de 1945, cuando al parecer fue capturado durante una operación realizada por el servicio policial.

Pero lo cierto es que existen diversas versiones de aquel suceso, entre las que se especula con la posibilidad de que sus custodios alemanes decidieron entregarlo a los partisanos, y que fue un sicario quien en realidad acabó con su vida y la de su amante, luego de descargar su pistola contra ellos utilizando varios disparos.

Por otra parte, también se especula que había sido capturado por las milicias antifascistas durante la huida que Mussolini y Petacci protagonizaban a Alemania.

Otra de las versiones se basa en el rumor que asegura que Mussolini había sido asesinado por un grupo de militares ingleses, en una misión especial que tenía como objetivo evitar que el Duce diera a conocer una serie de documentos que revelaban vínculos entre Wiston Churchill y él.

Las dudas en torno a la muerte del dictador y su amante han sido siempre tema de debate en la opinión pública, ya que incluso algunos expertos llegaron a asegurar que los disparos en los cuerpos de ambos fueron realizados una vez que éstos habían fallecido, y que en realidad murieron a causa de estrangulamiento previo.

Hoy a más de sesenta años del histórico linchamiento de los cuerpos sin vida del líder fascista y de su amante en la emblemática Plaza Loreto, aún no han podido resolverse los enigmas que rodearon a su muerte.

El 27 de abril de 1945, a las diez de la mañana, los guerrilleros comunistas dejaron paso a la gente para que presenciara lo que habían hecho con Benito Mussolini, su compañera Clara Petacci y otros cuatro dirigentes facistas capturados. Los cuerpos habían sido colgados por los pies, cabeza abajo, del techo de una estación gasolinera. Mussolini y Clara estaban al centro. El vestía su camisa de militar, pantalones de montar negros y botas. Su rostro era casi irreconocible, cubierto de sangre y mostrando las huellas de puntapiés y taconazos que recibió antes y después del ametrallamiento. La figura de Clara resultaba patética. Parecía una jovencita de colegio; con el cabello rizado, muy corto, incluso en la muerte se veía graciosa. Calzaba zapatos azules, de taco alto, y una blusita de encaje bajo el elegante traje gris. Con ese peculiar pudor de los marxistas, le habían amarrado la falda con una cuerda que le pasaba entre las piernas.

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