Biografia de Lopez Jordan Caudillo Federal Muerte de Urquiza






Ricardo López Jordán: Heredero del amor a la patria

Con una fuerte y profunda herencia militar y nacionalista, Ricardo López Jordán (hijo) fue sin lugar a dudas uno de los principales caudillos federalistas que se alzó en reiteradas oportunidades contra el grupo unitario que buscaba centrar el poder del país en Buenos Aires. Su inagotable lucha hizo que en definitiva toda su existencia se viera abocada a un objetivo puntual, dando siempre su vida por la patria.

Hijo del caudillo federal uruguayo Ricardo López Jordán, que también fue un importante representante de dicha corriente desde la provincia de Entre Ríos, y sobrino del caudillo entrerriano Francisco Ramírez, Ricardo López Jordán (hijo) nació el 4 de julio de 1824 en la ciudad de Paysandú, Uruguay, pero fue criado en Argentina, educado bajo los principios del federalismo nacional.

Debido a los ideales políticos de su padre, tuvo una infancia dura y difícil, ya que en muchas oportunidades debía abandonar su querida provincia de Entre Ríos para refugiarse en Uruguay. Fue en el año 1830 cuando su padre decidió que debía darle una educación estable al pequeño Ricardo, por lo que lo envío a Buenos Aires para llevar a cabo sus estudios en el prestigioso Colegio San Ignacio.

No obstante, su herencia militar y sus profundas convicciones políticas basadas en el federalismo, hicieron que a los 17 años Ricardo decidiera el destino que tendría su vida, incorporándose al ejército comandado por el Gobernador Justo José de Urquiza, en tiempos en que se llevaba a cabo la defensa de Entre Ríos ante la invasión ocurrida en Corrientes.

Un año después demostró su valentía en el campo de batalla, cuando participó de la ofensiva de Arroyo Grande. Al mismo tiempo, entabló amistad con Juan Manuel de Rosas, con el fin de lograr que liberaran a su padre, y gracias a su intervención, finalmente fue puesto en libertad.

En los años que siguieron, Ricardo López Jordán (hijo) fue uno de los caudillos más destacados del ejército de Urquiza, por lo cual en 1849 fue ascendido a Comandante en Uruguay.

Mientras tanto en Argentina, desenvolviéndose como Jefe de uno de los cuerpos de Caballería del Ejército Grande, participó en la batalla de Caseros, a través de la cual se logró derrocar a Juan Manuel de Rosas.

Uno de los hechos anecdóticos de la vida de López Jordán está relacionado a la invasión a Entre Ríos que se produjo en 1852, cuando el ejército a cargo del General Manuel Hornos, logró derrocar al Coronel federalista Galarza. Lo cierto es que el imbatible ejército comandado por Hornos fue finalmente derrotado por el grupo dirigido por López Jordán, el cual estaba compuesto por estudiantes de un conocido colegio de Gualeguaychú.

Posteriormente, fue designado para dirigir la Guardia Nacional de Santa Fe, en la batalla de Cepeda, donde mostró su heroísmo y total convicción hacia los ideales federalistas, como así su fuerte creencia en Urquiza.

Pero lo cierto es que para esa época comenzaron a surgir en López Jordán profundas dudas acerca de la lealtad de su principal jefe, sobre todo por el Pacto de San José de Flores en el que participó Urquiza.

Si bien en el momento en que Urquiza pasó a ocupar la gobernación de Entre Ríos, llevó consigo al caudillo López Jordán para que ejerciera como ministro, lo cierto es que la amistad entre ambos duraría poco tiempo más.

En realidad su enemistad con Urquiza tiene como origen la Batalla de Pavón, en la que López Jordán participó dirigiendo las columnas de caballería que lograron derrotar a la caballería porteña. Lo cierto es que durante la violenta ofensiva, Urquiza decidió no brindar apoyo a los caudillos, y por el contrario ordenó el retiro del cuerpo de infantería, la artillería y todas las fuerzas de reserva.

Así la sospecha de López Jordán y la mayoría de los caudillos que respondían a las órdenes de Urquiza fueron confirmadas, ya que el hasta entonces máximo líder había firmado un acuerdo a través del cual mantendría su absoluto poder en Entre Ríos, siempre y cuando abandonara por completo la Confederación Argentina. Inmediatamente difundida la noticia, López Jordán renunció a su cargo público, mientras la Confederación Argentina se disolvía.

Con el cambio de política y acción tomado por Urquiza, Bartolomé Mitre fue electo Presidente, y durante algunos años los ejércitos de federales de Entre Ríos y Corrientes fueron derrotados en todas las batallas llevadas a cabo. Mientras tanto, Urquiza se mantenía al margen de todo aquello.

En 1864 estalló una guerra en el territorio uruguayo que rápidamente generó la reacción del ejército paraguayo, lo cual dio lugar a la llamada Guerra de la Triple Alianza. Fue entonces que Urquiza convocó al pueblo entrerriano a sumarse a la lucha contra el Paraguay, recibiendo la negativa rotunda de parte de López Jordán, quien se negó a combatir contra quienes consideraba sus amigos, y sostenía que la lucha debía ser contra el inminente enemigo unitario y el ejército brasileño, que apoyaba dicho movimiento político.

Las fuerzas entrerrianas que debían acatar las ordenes de Urquiza, al conocer que debían luchar contra las fuerzas paraguayas, abandonaron la batalla antes de iniciarla, y aquella deserción dio lugar a que López Jordán fuera considerado el ideólogo que instigó a se produjera.

Un pequeño ejército de sólo 800 hombres a cargo de Urquiza participó de la Guerra del Paraguay, que al finalizar en el año 1869, les costó la vida a más de 30.000 argentinos. Mientras tanto, los rumores indicaban que se preparaba una rebelión, comandada por López Jordán.

Aquellos rumores se convirtieron en un hecho real cuando el caudillo se enteró de que Urquiza había estrechado vínculos con el entonces presidente Domingo Faustino Sarmiento, que en definitiva fue uno de los más profundos enemigos de los federales.

Finalmente el 11 de abril de 1870 se produjo la revolución en contra de Urquiza, que dio como resultado su inminente muerte. Días más tarde, Ricardo López Jordán fue designado Gobernador provisorio.

No obstante, aquellas rebeliones jordanistas dieron lugar a la contraofensiva enviada por Sarmiento, por lo que en abril de 1870 un Ejército integrado por veteranos de la Guerra del Paraguay tomó por la fuerza en Gualeguaychú, Paraná y Corrientes. Después de ocurridos una serie de combates, finalmente López Jordán fue derrotado en la Batalla de Ñaembé en Corrientes, y de allí en más debió permanecer en el exilio.

A partir de allí, los federales estaban prohibidos en Entre Ríos por orden el Presidente Sarmiento. En medio de dicho escenario, López Jordán regresó a Entre Ríos con el fin de llevar a cabo una nueva rebelión, por lo que Sarmiento emitió un proyecto de ley a través del cual se ofrecía una recompensa por la cabeza del caudillo.

Nuevamente en el exilio, desde el Uruguay López Jordán contemplaba la orilla del Río de La Plata planificando una nueva revolución a nivel nacional, sin embargo no halló el apoyo necesario para concretarla, lo que en cierto modo marcó la culminación de la rebelión jordanista.

Por último, el 22 de junio de 1889 Ricardo López Jordán fue asesinado por Aurelio Casas, quien argumentó que llevó a cabo el homicidio con el objetivo de vengar el fusilamiento de su padre Zenón Casas, ocurrido durante la segunda rebelión jordanista.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
El Bicentenario Periódo 1870-1889 Fasc. N° 4Nota del Historiador Hernán Pose -Asesinato de Urquiza –

El 11 de abril Justo José de Urquiza fue ultimado en su palacio de San José. El crimen fue perpetrado por una montonera al mando del caudillo cordobés Simón Luengo y al grito de “¡Muera el traidor de Urquiza!”. Se supone que Luengo actuó bajo las órdenes de López Jordán, que ese mismo día ocupó la ciudad de Paraná para hacerse nombrar gobernador en lugar del difunto. El conflicto que se planteó a partir de la muerte de Urquiza entre el gobierno nacional y la facción federal que comanda López Jordán actualiza la nunca acabada guerra civil en la que nos hallamos inmersos hace más de cincuenta años.

Después del retiro imprevisto de las tropas a su mando en la Batalla de Pavón, Urquiza, a los ojos de muchos federales, se convirtió en un símbolo de la traición con que Buenos Aires logró imponer su hegemonía. Luego de Pavón, Urquiza mantuvo la autonomía de su gobierno en su provincia y conservó el cargo de gobernador. No parece haber habido un acuerdo explícito con Mitre, pero sí uno tácito, por el cual éste nunca amenazó a Urquiza.

Al parecer, a cambio, Urquiza se mantuvo neutral durante las rebeliones federales de esta década. Ésa fue su postura en la rebelión que Ángel Vicente Peñaloza mantuvo hasta que fue asesinado en 1863, y cuatro años más tarde, cuando Felipe Várela y Juan Saá dirigieron otra rebelión en Cuyo y La Rioja, aplastadas por las tropas del gobierno nacional. Estas y otras revoluciones federales se hicieron en nombre de Urquiza, y sus dirigentes pidieron ayuda y órdenes al jefe natural del Partido Federal; pero Urquiza los desoyó.

Aunque fue con la campaña contra Paraguay, muy impopular entre los federales, cuando cayó el prestigio de Urquiza. Pero fue quizá el abrazo en su palacio a principios de año, en los festejos por el triunfo de la Triple Alianza, con el principal enemigo de los federales y ultimador de Peñaloza, el presidente Domingo Sarmiento, lo que convenció a los insurrectos de que Urquiza era el principal obstáculo para la causa federal.

Vivimos en una época en que las luces del progreso irradian por todas partes, pero cuidado, también las sombras aumentan a medida que ellas aparecen. Paradoja rara que allí donde se promete un progreso en ilustración y riquezas, la promesa se construya sobre millares de seres humanos que, cual esqueletos ambulantes, deambulan por las provincias interiores muertos de hambre.

CRÓNICA II: Cayó La Última Montonera, La Derrota de López Jordán
Las disputas al interior del federalismo entrerriano no eran nuevas. Desde la caída de Rosas, Urquiza venía llevando una política de conciliación con Buenos Aires que no fue bien vista por muchos de sus partidarios. La aceptación de la reforma de la Constitución del 53, que para muchos entrerrianos había sido según los intereses del “puerto”, fue la primera grieta al interior del edificio urquicista.

A ella siguieron la sospechosa retirada de las tropas confederadas de la Batalla de Pavón y el entusiasta apoyo que el caudillo entrerriano prestó a la impopular guerra de la Triple Alianza. Pero fue la visita de Sarmiento al Palacio de San José, hacia principios de 1870, lo que produjo la fractura dentro del Partido Federal.

Para quienes criticaban el nuevo rumbo de la política entrerriana, este encuentro no había sido casual: Urquiza renunciaba a las históricas banderas federales y abrazaba la causa del Partido Liberal. La mirada de los antiguos unitarios era la contraria: el hombre fuerte de Entre Ríos dejaba de representar la barbarie y se convertía en un hombre potable para la construcción de un orden civilizado.

Casi de inmediato, la idea de derrocar al gobierno de Urquiza tomó impulso. El líder del movimiento era Francisco López Jordán, cuyas credenciales federales estaban a la vista. En la Batalla de Pavón había mostrado un coraje a prueba de balas y en dos ocasiones había enfrentado a Urquiza en la disputa por la gobernación de Entre Ríos.

El movimiento tuvo su bautismo el 11 de abril de 1870. Las tropas rebeldes ingresaron al Palacio San José para capturar a Urquiza, aunque su resistencia precipitó su muerte. Tres días después, ante la acefalía de la primera magistratura provincial, la legislatura eligió a López Jordán como gobernador provisorio. Ese mismo día, el presidente Sarmiento dispuso una intervención armada a la provincia rebelde.

La guerra había comenzado. Las tropas de López Jordán ganaban en número y por la destreza de sus jinetes, pero los cañones del ejército nacional no dejaban inclinar la balanza a favor de los federales. Para romper el empate, López Jordán se convenció de la necesidad de trasladar buena parte de sus tropas a Corrientes con el fin de alentar una reacción antiliberal que fortalecería su posición en Entre Ríos. Pero fue un error.

El ejército nacional había desandado un proceso de profesionalización que no fue percibido por López Jordán en toda su dimensión. El 26 de enero de este año, en Ñaembé, cerca de Goya, se libró la batalla decisiva. Las tropas nacionales derrotaron a las huestes federales. López Jordán se replegaría hacia Entre Ríos, en Salto, donde fue recibido calurosamente.

Esta amable recepción demostraba algo que lentamente se volvería un crudo dato de la realidad para los federales: el consenso dentro de la población no era suficiente para vencer a un Estado nacional que estaba construyendo sus cimientos.

El Bicentenario Fasc. N° 4 Período 1870-1889 Por JOAQUÍN PERREN, Historiador




OTROS TEMAS EN ESTE SITIO



Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *