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Pueblos de la Mesopotamia: Sumeria, Babilonia, Caldea

Pueblos de la Mesopotamia: Sumeria, Babilonia, Caldea

Las primeras civilizaciones de la Historia se desarrollaron en Mesopotamia, Egipto, India y China hace unos 5,000 años. Todas reciben el nombre de civilizaciones fluviales porque se desarrollaron a la orilla de grandes ríos: el Tigris y el Eufrates en Mesopotamia; el Nilo en Egipto; el Indo en la civilización india; y el río Amarillo en China.

Las orillas de estos ríos estaban ocupadas por tierras muy fértiles y fáciles de regar, lo que provocó un gran desarrollo de la agricultura. El crecimiento económico produjo grandes cambios; la población aumentó y las hasta entonces pequeñas aldeas crecieron hasta convertirse en grandes ciudades con varios miles de habitantes.”

Los seres humanos primitivos formaron pequeños grupos que desarrollaron una cultura sencilla que les permitió sobrevivir. Conforme las sociedades humanas crecieron y adquirieron mayor complejidad, surgió una nueva forma de existencia, llamada civilización.

Una civilización es una cultura compleja en la que un gran numero de personas comparte diversos elementos comunes. Los historiadores han identificado algunas características básicas de la civilización, la mayor parte de las cuales es evidente en las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto.

Éstas incluyen:

1) revolución urbana (las ciudades se convierten en los puntos focales del desarrollo político, económico, social, cultural y religioso;

2) estructura religiosa característica (los dioses se consideran cruciales para el éxito de la comunidad, y las clases sacerdotales profesionales —como administradoras de la propiedad de los dioses— regulan las relaciones con los dioses;

3) nuevas estructuras políticas y militares (surge una burocracia gubernamental organizada para satisfacer las demandas administrativas de la creciente población, en tanto que los ejércitos se organizan para adquirir dominios y poder);

4) una nueva estructura social basada en el poder económico (al lado de los reyes y la clase superior de los sacerdotes, de los líderes políticos y militares —que ejercen el dominio—, existe también un gran contingente de hombres libres —agricultores y artesanos— y de esclavos ubicados en la última escala social);

5) el desarrollo de la escritura (reyes, sacerdotes, mercaderes y artesanos utilizan la escritura para llevar registros); y

6) nuevas formas de significativa actividad artística e intelectual (las estructuras arquitectónicas monumentales —a menudo religiosas— ocupan un lugar prominente en los ambientes urbanos.

El
Fuego

La Agricultura



Los
Carros

El
Caballo

El
Hierro

El
Alfabeto

Las
Monedas

La
Cerámica

PARA SABER MSA…
La Vida Cotidiana en los Primeros Pueblos en Sumeria

La Mesopotamia, esto es, país entre ríos (del griego mesos, medio, y potamos, río), se ha formado con los aluviones del Tigris y del Eufrates; su delta termina en el Golfo Pérsico. Las crecidas, más brutales que las del Nilo y frecuentemente catastróficas, explicarían los diversos relatos del diluvio.

El norte, cuna del futuro imperio asirio, es un país templado, con montañas y colinas; el sur es una llanura pantanosa, de clima tórrido. Esta región no está aislada, como Egipto, sino que comunica con las estepas y las mesetas vecinas; de aquí, la frecuencia de las invasiones.

La piedra es muy rara; a esto se debe que las construcciones de ladrillos no hayan perdurado como los bloques gigantescos de las pirámides y se hayan transformado en masas de arcilla, los tell. Al “destripar” estos montículos, los arqueólogos del siglo XIX (como Botta, en 1843) descubrieron los cimientos de las construcciones y millares de tablillas de arcilla cocida, con escritura cuneiforme (cu-neus: cuña, en latín), que el alemán Grote-fend comenzó a descifrar, a partir de 1802, sobre las inscripciones de Persépolis.

En los milenios VI y V, hombres de los que no sabemos realmente riada, establecieron comunidades urbanas a lo largo de los valles, a cubierto de las inundaciones. Los habitantes de Tell-Halaf practicaban la cestería, sabían tejer y utilizaban una bella cerámica con motivos geométricos.

Al comienzo del IV milenio, el torno de alfarero y el molino de ladrillos constituyen nuevos descubrimientos. El delta inculto es colonizado, poco a poco; se establecen emigrantes sobre los islotes, entre los pantanos, y levantan aldeas y construcciones. Hacia el año 3500 a. de J. C. se establecen en el delta invasores procedentes del nordeste, que traen consigo la metalurgia del cobre y que, mezclándose con los semitas, forman el pueblo sumerio. Progresa el regadío y crecen aldeas en torno a templos edificados sobre terrazas.

primer plano de sumeria

El plano de ciudad más antigua del mundo: Nippur, en el Eúfrates, representado sobre una tableta de arcilla fechada en el 1500 a.C, aproximadamente. El río discurre a la izquierda de la ciudad; a la derecha hay un edificio cuadrado, el templo del principal dios de la localidad.

SUMERIA: Aproximadamente durante los primeros novecientos años de la historia de Sumer, sus pobladores vivieron en ciudades gobernadas por reyes. Algunas de ellas tenían raíces muy antiguas: en muchos casos se trataba de viejos centros ceremoniales que en tiempos prehistóricos habían albergado santuarios o templos a los que acudían gentes de los poblados vecinos. En opinión de los investigadores, uno de ellos, Eridu, se remonta al 5000 a.C, aproximadamente, y según la tradición sumeria, fue la primera ciudad fundada por los dioses.

Hacia el 3500 a.C, Eridu era una pequeña ciudad de unos cuatrocientos habitantes, que ocupaba una extensión de unas diez hectáreas. En el milenio siguiente, el tamaño de las ciudades aumentó considerablemente, y en el 3000 a.C. Ur contaba con unos 24.000 habitantes y ocupaba casi 120 hectáreas.

Otras ciudades adquirieron unas dimensiones aún mayores. Casi todos los sumerios eran agricultores, circunstancia que también podía aplicarse a las cuatro quintas partes de la población de Ur, si bien con el paso del tiempo empezaron a depender cada vez más de los servicios de los especialistas para ciertas actividades que ellos no realizaban. Cada ciudad constituía el centro de una zona de cultivos, e incluso los más pobres poseían pequeños huertos. Lo sabemos porque las primitivas leyes sumerias contemplaban la posibilidad de que los ricos intentaran apoderarse de estas parcelas.

Los huertos, las casas diseminadas por los campos de cultivo y los terrenos en que se acumulaban los desperdicios debían conferir a las ciudades sumerias un aspecto descuidado, pero contribuyeron a que pudieran autoabastecerse durante un largo período de su historia. Casi todas se alzaban a orillas del Eufrates o de los canales que cruzaban Sumer, dotándolas de líneas internas de comunicación. Entre ellas se extendían zonas pantanosas que nadie reclamaba, pues difícilmente podían cultivarse.

Los primeros habitantes de Mesopotamia vivían en chozas de cañas, que en épocas posteriores se recubrían de barro. La piedra escaseaba y había que buscar otros materiales para construir viviendas más permanentes. Encontraron la solución en el barro, que constituía la auténtica base de la vida sumeria, pero el barro en forma de adobes.

Al principio, los adobes se dejaban secar al ardiente sol mesopotámico. El templo más antiguo que se ha descubierto en Eridu —muy pequeño, de sólo tres metros cuadrados— fue construido con este material, pero aunque el hallazgo pueda sugerirnos que los adobes duraban mucho tiempo, las casas edificadas con ellos corrían el riesgo de desmoronarse (tema del que también se ocupaban las leyes sumerias).

No obstante, era un material barato, y sólo los ricos podían permitirse el lujo de adquirir ladrillos, pues el combustible para los hornos resultaba muy caro. La mayoría de los sumerios vivía en casitas de adobes, con gruesos muros para protegerse del calor, puertas bajas y pocas ventanas con rejillas de arcilla o madera.

En las casas particulares no había desagües, pero a mediados del tercer milenio a.C. se instalaban cañerías, y se construían pozos negros con ladrillos en los edificios públicos. Fueron las primeras construcciones con auténticos arcos —que debieron inventar los sumerios—; en algunos casos se decoraban con tiras de conos de arcilla coloreadas que sobresalían de las paredes y arrojaban sombras que formaban dibujos; y algunos se apoyaban sobre grandes columnas de ladrillos.

Los edificios de mayor tamaño y más profusamente decorados eran los templos. En Uruk hay un templo del 3500 a.C. erigido en una terraza con fachada de ladrillos, de unos doce metros de altura. Según cálculos de los investigadores, se necesitaron para su construcción 1.500 hombres durante cinco años. El trabajo a semejante escala —similar a la que se necesitaba para las obras de irrigación y para la construcción de canales— demuestra que los monarcas sumerios disponían de grandes recursos y que este pueblo no escatimaba esfuerzos a la hora de honrar a sus dioses.

DESPLOME SUMERIO: El resquebrajamiento de la civilización sumeria tuvo lugar a raíz de la competencia entre los monarcas y el clero. Los sacerdotes, que abusaron de su poder e influencia, dieron lugar a una reforma social impulsada por el rey Urukagina. Ante las presiones del vecino estado de Urania, los súmenos iniciaron una vasta campaña militar que extendió sus dominios hasta el golfo Pérsico, pero poco duraría este “canto de cisne”.

Los semitas orientales, ansiosos por ocupar las ricas tierras mesopotámicas, arrasaron con el entonces monarca sumerio Lugalzaggisi. El semita Sargón, al frente de su poderoso ejército, conquistó las ciudades del valle fundando el imperio de Accad.

Sargón, quien antes había conspirado contra su propio príncipe, inició una campaña de expansión que fue coronada por el éxito. Fue así como pudo adueñarse de Asiría, Elam, Siria y Asia Menor, adquiriendo gran prestigio como guerrero y estadista.

Durante su reinado, el Imperio Acadio construyó templos, un palacio y un puente marítimo.

Un grandioso ejército de más de 5.000 hombres servía a Sargón, con lo que se pudo lograr uno de los más altos ideales de poder: la unificación total de los pueblos de la Mesopotamia. Pero aún no estaban echadas todas las cartas de triunfo para los acadios. Al morir Sargón, su nieto, llamado Naramsín, llevó aún más lejos las fronteras. Por el este anexó los montes Zagros por medio de cruentos combates, registrados en bajo relieves de la época.

Hacia el noroeste, Naramsín llegó con sus ejércitos al Mediterráneo. Al morir este monarca, muchos gobernadores controlaban las distintas provincias del gran imperio, pero poco duraría esta gloria. Se habían terminado los líderes capaces de mantener el gran patrimonio dejado por los dos colosos, abuelo y nieto.

Las hordas de los salvajes guti terminaron con este imperio cuy a grandeza, no obstante, duró lo que un lirio. A pesar de la supremacía de los acadios, la influencia cultural de los súmenos había permanecido en estado latente. Es así como después de un siglo de invasión guti, volvió a renacer la civilización de Sumer en la localidad de Lagasch.

Surge aquí Gudea, un príncipe que se destacó por ser el reconstructor de los viejos templos súmenos. Junto a Lagasch florecieron Uruk y Ur, formándose así un triángulo del que brotó un nuevo imperio, la tercera dinastía de Ur, que fue el crisol donde se fundieron las culturas sumeria y acadia. Una vez más fueron los semitas los encargados de llevar a estos pueblos a la hecatombe. Una de sus innumerables ramas, los amontas, penetraron en la M e s o p o t a m i a f u n -dando rápidamente varias ciudades fortificadas.

Así transformaron el sistema político que mantenía unida a toda la región. En cambio surgieron grupos antagónicos que, durante dos siglos (a partir del 1950 a.C.) agitaron al valle en una permanente lucha intestina. Esta “turbulencia histórica” fue hundiendo poco a poco la gran fama de Sumer y Accad, aunque los adelantos logrados en ese período no pudieron borrarse y sirvieron como ejemplo para el progreso de otros pueblos.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Sargón y los Acadios
Historia Universal Ilustrada Tomo I La Segunda Época de Sumer John M Roberts Edit. Debate


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