Civilizaciones del Rio Indo Primeros Pueblos de la India Vida y Costumbres






Civilizaciones del Rio Indo
Vida de los Primeros Pueblos de la India

En todas las épocas los hombres se han sentido impulsados a cruzar mares, a construir imperios, a extender sus civilizaciones. Hace casi cinco mil años los pueblos del Indo actuaron de este modo.

En la India se desarrolló una civilización compleja en una época temprana. El legado de los imperios sucesivos sigue influyendo en aspectos de la vida actual en el subcontinente. De no ser por el ferrocarril del valle del Indo, ignoraríamos tal vez todavía la existencia de esta cultura, una de las mayores de la antigüedad. Pero al trazar los ingenieros, en los años veinte de este siglo, el tendido de la vía, tuvieron que apartar cerca de Sahival (Montgomery) tal cantidad de viejos ladrillos cocidos, que acabaron llamando a los arqueólogos.

Y con un trabajo sistemático, dirigido por los ingleses sir John Marshall y sir Mortimer Wheeler, salieron a la luz en los años veinte y cuarenta los restos de una extensa ciudad, Harapa, de trazado y construcción nunca vistos. Muy poco después le llamó la atención a uno de los arqueólogos, 700 km al sur, junto a Larkana, que los ladrillos de un monasterio budista situado a orillas del Indo eran muchísimo más antiguos que el monasterio en cuestión. Resultado: exhumaron los cimientos de Mohenjo-Daro (*), ciudad mucho más importante todavía. (*)también:Mohenjodaro.

HISTORIA DE ESTOS PUEBLOS:

En el valle del Indo, como en otros lugares, se han encontrado vestigios de edades prehistóricas que, al parecer, muestran ciertas conexiones entre las culturas india, africana y del sudeste asiático. Nuestros conocimientos de estos remotos pueblos son demasiado escasos e imprecisos para que puedan pasar a formar parte de la historia. Sin embargo, sabemos que antes de la conquista de los arios existió allí una civilización emparentada con la egipcia y la sumeria de los milenios IV y III a. de J. C. y que podemos calificar de muy avanzada. ¿Quiénes eran estos hombres que vivían con tantos adelantos en épocas tan remotas?.

Su civilización fue un producto esencialmente indio que se desarrolló con mayor o menor contacto con la de Mesopotamia, más antigua, y que contaba con una cultura individual y lenguaje propio. Hasta 1922 no dio comienzo la sistemática excavación de lo que ahora llamamos civilización del Indo, pero desde entonces se han ido descubriendo más y más lugares. En la actualidad pasan de sesenta, que cubren más de un millón de kilómetros cuadrados del valle del Indo y de las regiones vecinas de Pakistán e India.

Lo verdaderamente asombroso de esta civilización es, en primer lugar, su extensión; segundo, su completa uniformidad; tercero, nuestro total desconocimiento de la misma hasta hace menos de cincuenta años, y cuarto, la casi completa ausencia del menor indicio de crecimiento.

mohenjo daro en la India

Mohenjo-Daro, muros de ladrillo del llamado “Gran baño”. En esta ciudad, planificada sistemáticamente, hasta los más pobres podían utilizar los pozos de los ricos.

mapa del indo en la india civilizaciones

Como el resto de civilizaciones del planeta, la primera civilización de la India floreció junto a unas llanuras de inundación fértiles, en este caso las del río Indo, en las cuales al menos dos grandes ciudades constituyeron centros administrativos: Harappa al norte y Mohenjo-Daro al sur. Se hallaban separadas por una distancia de unos 650 km, y en las tierras que las conectaban había una serie de pequeños poblados y poblaciones que constituían lo que se conoce como la civilización del río Indo, del valle del Indo o de Harappa.

Desde entonces se han descubierto más de 70 lugares, que pertenecen sin duda a un solo reino — tal vez de muy poca cohesión—, que floreció alrededor de 2200-1700 a. C. y que, desbordando con mucho el valle del Indo, fue más extenso que ninguna otra cultura conocida hasta ahora de la edad del bronce.

Con la ciudad portuaria de Lothal, descubierta entre 1955 y 1962 en el golfo de Cambay, tuvieron el primer puerto artificial del mundo, en cuyos muelles podían atracar a la vez hasta 55 barcos. Navegaron desde allí, entre otros rumbos, por el golfo Pérsico hasta la isla de Bahrain y llevaron sus piedras preciosas, telas de algodón, especias y colmillos de elefante hasta Mesopotamia, cuyas culturas urbanas protosuméricas constituyeron probablemente el ejemplo de las del período de Harapa, en el valle del Indo.

La jungla de Harappa: Al igual que Sumer y Accad, las ciudades del Indo se hallaban en un país que en la actualidad es terriblemente yermo e inhóspito: un árido desierto de sal con sus árboles y arbustos achaparrados cubiertos con lo que Piggot llamó «satánica imitación de nieve» y cuya temperatura alcanza casi los cincuenta grados en verano. La erosión del Indo ha formado otro cauce y ahora fluye a varios kilómetros de distancia.

Y sin embargo, este país debió ser una tierra floreciente y cubierta por la jungla en la época de las grandes ciudades de Mohenjo-daro y Harappa (desconocemos sus antiguos nombres; éstos son los de dos pueblos modernos cercanos a los lugares de su emplazamiento).

Ambas, en efecto, de cerca de tres kilómetros cuadrados de superficie cada una, fueron construidascon ladrillos cocidos, y ello supone una disponibilidad ilimitada de madera para combustible. Además, sabemos por los dibujos de sus sellos que los habitantes de Harappa conocían el carabao, el rinoceronte, el oso, el mono, la ardilla, el loro y el ciervo, aparte de diversos peces y cocodrilos.


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Este problema del endurecimiento del clima se le plantea al geógrafo en muchos lugares, desde Arizona al Sahara y desde Egipto al Turkestán. No se ha hallado ninguna respuesta   satisfactoria:   en  el  valle  del   Indo, por ejemplo, existen pruebas de que la región del monzón se ha retirado ligeramente, pero la negligencia de los hombres y la denudación de los bosques deben haber sido un factor importante. En todo caso, el contraste entre el pasado y el presente es más sorprendente aquí que casi en ningún otro lugar del mundo.

La influencia de otras culturas
La prehistoria de la India poca o ninguna luz puede decirse que arroje sobre la repentina madurez e inmensa burocracia de la civilización del Indo. Existen muy pocos restos humanos en la península y el único recuerdo del hombre lo constituyen una infinidad de piedras, que oscilan de las grandes y rudimentarias piedras «pre-Soan» del Punjab, a las diminutas piececillas laminadas de la India central.

De las hachas de mano y otros utensilios encontrados podemos deducir que en los tiempos prehistóricos ya se conocían algunas de las grandes rutas comerciales en torno al océano Indico, y el cráneo mogoloide encontrado en Harappa constituye una prueba del contacto con China, que pudo tener lugar a través de los pasos birmanos hacia Yunnan y el Yang-Tsé; pero ello no supone una gran ayuda en nuestro estudio de las ciudades del Indo.

Tampoco  descubrimos  gran  cosa  al  examinar las culturas rurales del Beluchistán y la llanura adyacente que florecieron alrededor del año 3.000 a. de J. C, y que eran precursoras inmediatas de la civilización del Indo. Estos pueblos vivían en los valles entre cordilleras descomunales, aislados como las ciudades-estado griegas primitivas, cada una en su fortaleza de la montaña. En la actualidad, estas culturas son objeto de multitud de investigaciones arqueológicas, y se distinguen unas de otras principalmente por su alfarería.

La de los distritos de Nal y Amri es avanzada y colorista, con representaciones realistas de animales,   mientras   que   la   de   Kulli-Mehi parece influenciada por el pánico a los espacios vacíos que asociamos a algunas ánforas griegas primitivas y su tema principal es el carabao. De Zhob proceden varias figurillas femeninas con aspecto de calavera, que nos conducen al mundo sobrenatural de la magia y la superstición, que suponemos impregna las culturas de la India, así como las de Sumer, EgiptoCreta y América.

La religión de los harappas: Se desconocen por completo las prácticas religiosas de los harappas, ya que no parecen existir templos u otros edificios sagrados relacionados con sus ciudades. Se ha especulado con que la casa privada pudiera ser el lugar principal para la expresión de la devoción religiosa. Sin embargo, la arquitectura y los objetos hallados nos permiten atisbar algunas pistas sobre sus cultos.

Los grandes baños comunes y las condiciones de salubridad públicas reveladas por los yacimientos de Harappa, Mohenjo-Daro y otros apuntan a prácticas basadas en ritos de limpieza y purificación, un tema común en el sistema religioso posterior del hinduismo.

Algunos objetos también demuestran la existencia de precursores de deidades hindúes como Shiva, los cuales aparecen en sellos que describen un figura cornuda sentada en una posición de yoga, mientras que en otros se retrata a animales y criaturas míticas. También es posible que las estatuillas de mujeres aparentemente embarazadas tuvieran algún significado religioso.

sellos de la india antigua

Por los numerosos sellos encontrados en las ruinas de las ciudades sabemos que hubo un tiempo en que las áridas llanuras saladas estaban llenas de vida. Entre sus dibujos se advierten osos, tigres, antílopes y rinocerontes, 5, y, sobre todo, un extraño buey de un solo cuerno (7, 2 y 4). Algunos, como el número 3, representan «monstruos fabulosos». El 6 es especialmente interesante: muestra una figura sentada con las piernas cruzadas que, aún en fechas tan remotas, podría ser Siva, el dios creador y destructor de los hindúes. Las inscripciones de los sellos, escritas en un idioma que todavía desafía los intentos de los eruditos por descifrarlos, parecen ser nombres de personas.

Los tipos humanos y su habitat
¿Cómo eran las gentes en aquellas remotas ciudades? El tipo predominante era el mediterráneo, de mediana estatura y complexión aceitunada, cabeza y cara largas, nariz larga y afilada y ojos y cabello oscuro; un tipo común en la India de hoy. Probablemente, el tipo protoaustraloide, con facciones negroides y cabello rizado y crespo, se encontraba en un estrato más bajo de la escala social.

Existe una sorprendente representación de este grupo racial en el más bello de todos los objetos encontrados en Mohenjo-daro: una estatuilla de bronce de una muchacha danzante, con la cabeza inclinada provocativamente y el brazo derecho sobre la cadera, como si fuera a empezar a mover el cuerpo en una danza sugestiva.

Un tercer tipo, el armenio, está al parecer representado por la cabeza de un hombre barbudo luciendo un traje adornado de tréboles. El simbolismo religioso del trébol puede indicar que se trata de un sacerdote o hasta un dios, pero su frente baja y hundida, las estrechas aberturas de sus ojos, su labio inferior prominente, su recto labio superior y la forma estilizada de su barba hacen de él el tipo de hombre que a nadie le gustaría encontrarse en una noche oscura, y resulta difícil situarle en cualquier categoría racial.

El tiempo nos ha gastado algunas extrañas bromas de supervivencia en las ciudades del Indo. No existe el menor indicio de enterramientos apropiados, probablemente porque los primeros estratos quedan por debajo del nivel del agua y hasta ahora ha sido imposible excavarlos.

Sin embargo, han subsistido algunos objetos diminutos: restos de tela de algodón, por ejemplo, en Mohenjodaro, revelados por la formación de sales metálicas. Ello constituye, con mucho, el vestigio de algodón más antiguo que se conoce.

También se han encontrado juguetes infantiles, algunos de ellos en los desagües, como si hubieran sido arrastrados con el agua del baño, y también modelos de animales y carros móviles, y hasta un pito y un mono diseñado para subir por un palo.

Hay restos del roce cotidiano en la esquina de ún edificio por donde pasaban los animales de carga, una huella humana junto a un manantial, conservada gracias a las sales minerales, y hasta las huellas de un gato y un perro marcadas en un ladrillo puesto a secar en Chanhudaro.

Sabemos que el perro estaba persiguiendo al gato porque las marcas de este último aparecen esparcidas, como si se tratara de una huida precipitada. Y sin embargo, seguimos sin saber nada de lo que estas gentes escribieron o dijeron, pensaban o creían.

Algo sabemos de sus vestiduras ceremoniales. Las mujeres parecen lucir peinados enormes y hasta grotescos, en forma de cesta, y los hombres llevaban largas túnicas, pero no sabemos casi nada de sus atuendos diarios. Se encuentran varias clases de peinados: castañas, colas de caballo y hasta un ondulado permanente. Se han hallado varias navajas de afeitar y tarros de maquillaje.

Las casas eran en general bastante grandes, con un patio central y pocas o ninguna ventana a la calle, pero con garitas para los guardianes, parecidas a las chaukidars de la India moderna. Todo lo referente al mobiliario o decoración interior es pura conjetura. Podemos suponer que los habitantes de Harappa se sentaban a comer con las piernas cruzadas, ya que hay suficientes muestras de esta postura. Lo más importante de las ciudades del Indo es su espléndido sistema de alcantarillado, el mejor que se ha encontrado en la India anterior a la llegada de la civilización occidental.

Los desagües desembocaban en alcantarillas colocadas a lo largo de las calles y bien cubiertas. Es curioso que, a pesar de los numerosos cuartos de baño, existan escasos indicios de retretes, lo que constituye un ejemplo más de las extrañas desigualdades de esta civilización.

Podemos imaginarnos parte de la vida diaria de los hombres de Harappa, ya que hay muchos detalles que subsisten en la actualidad. Encontramos pozos en los patios donde se reunían los criados a murmurar e incluso un piso que podría haber sido el restaurante.

Seguramente los hombres saldrían en botes como los de ahora a cazar y pescar y existiría una vasta administración pública para organizar los inmensos ejércitos de obreros necesarios para construir y conservar las ciudades.

arcillas de mohenjodaro y harrapa
Figuras modeladas en arcilla como este carro de bueyes, muy bien estudiado, con sus ruedas de disco, nos pintan la vida cotidiana de Mohenjo Daro y también la diosa madre, claro testimonio de un culto a la fecundidad.

Más de mil sellos
Una contribución única de esta cultura al arte es el gran número de sellos de esteatita. Sólo en Mohenjo-daro se han encontrado más de mil doscientos. En su mayor parte son cuadrados de unos tres centímetros de lado. Tienen una lustrosa superficie blanca con toda una gama de animales pintados que se asocian con los signos de una escritura pictográfica.

El animal más común es una especie de buey que, al parecer, sólo tiene un cuerno, delante de un curioso objeto que ha sido identificado como un candelero, una jaula para pájaros y un pesebre sagrado.

Los artistas se esmeraron en la realización de los sellos, observando al mundo animal. Encontramos búfalos, tigres y rinocerontes, todos ellos representados con asombrosa viveza y realismo.

Independientemente de la idea de una civilización urbana, en la que Mesopotamia disfruta de prioridad mundial y de donde probablemente la sacarían los planificadores del Indo, existen algunos indicios muy definidos de un posible contacto entre Ur y las ciudades del Indo, anterior a los tiempos de Sargón de Accad (2400 a. de J.C.).

Tales vestigios consisten en sellos del Indo encontrados en Ur y fragmentos de alfarería sumeria en estratos bajos de Mohenjodaro. Son posteriores otros cuchillos de bronce o cobre del Indo hallados en Hissar y broches y objetos de lapislázuli en Ur. Pero de ningún modo existen todas las pruebas que podría esperarse.

El declive de lá sociedad harappa: Parece que la civilización del valle del Indo desapareció de forma repentina y casi sin dejar rastro en torno al 1750 a. C. Se han formulado diversas hipótesis en torno a esta desaparición, como el cambio climático, la existencia de inundaciones devastadoras (algo habitual en la zona) y el agotamiento de la tierra, que bien podría haber exacerbado los problemas acarreados por las inundaciones. Pero la explicación esgrimida con más frecuencia sostiene que los harappas fueron conquistados por los arios, término con el que se designaba a los guerreros nómadas que irrumpieron en India y Asia

Muerte en las calles: El fin de las ciudades fue violento y repentino, aunque durante algún tiempo anterior se aprecia su declinar. Las calles se ven invadidas por casas más pequeñas y hasta hornos de alfarero y por todas partes se encuentran signos de superpoblación y decadencia.

Aparentemente, sin embargo, Mohenjodaro fue saqueada y quemada en un decisivo ataque final. Hombres, mujeres y niños sucumbieron en las calles y sus cadáveres quedaron allí tendidos, lo que constituye un indicio bastante seguro de que la ciudad fue abandonada, al menos temporalmente.

En una senda hay nueve esqueletos, entre ellos cinco niños, y en otro lugar, al parecer, varias personas estaban subiendo las escaleras de un pozo en dirección a la calle cuando fueron derribados de espaldas y cayeron muertos al pie de los escalones. Lo más probable es que estos invasores fueran la primera oleada de arios, cuyos asaltos a las ciudades de los aborígenes se cantan en los Vedas.

De ser así, el apogeo de la civilización de Harappa podría situarse entre los años 2500 y 1500 a. de J. C, y su destrucción alrededor del 1500. Esperamos que un día se descifre su escritura, lo que nos permitiría saber más de esta enigmática civilización.

Ver: La India desde la Conquista Aria (2000 a.C.)

Fuentes Consultadas:
Atlas de Historia del Mundo Edit. Parragon – Historia de la India
Tras Las Huellas de Nuestro Pasado La Aventura Arqueologica – Edit. Círculo de Lectores – La Cultura Indo
La LLave del Saber Tomo I Ediones Cisplatina S.A. – El Hombre y El Gran Río Indo
50 Cosas que hay que saber sobre la Historia del Mundo Edit. Ariel – Ian Crofton –





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