Colonialismo o Imperialismo Alemán Otto Bismark Reparto de África






Colonialismo o Imperialismo Alemán

La unificación de Alemania y las políticas impulsadas por su primer ministro Otto von Bismarck dieron lugar a un equilibrio armado entre las potencias europeas. Otto von Bismarck y la unidad alemana Otto von Bismarck fue el estadista que mejor representó la ideología autoritaria en la política europea entre 1860 y 1890.

En 1862, el rey Guillermo I de Prusia lo designó canciller (función equivalente a la de primer ministro). Al asumir, Bismarck comunicó al Parlamento prusiano: “Las grandes cuestiones de la época no se resuelven con discursos y mayoría en las votaciones -ese fue el error de 1848 y 1849- sino con sangre y hierro”.

Colonialismo o Imperialismo Aleman Otto BismarkEl gobierno presidido por Bismarck (foto) tardó en ser consciente de la importancia económica de las colonias, y sólo a partir de 1882 se fundaron las primeras sociedades alemanas para el comercio con África.

Aprovechando la hegemonía militar que tenía el segundo imperio en Europa, Bismarck convocó en Berlín, en 1884, una conferencia de naciones europeas para proceder al reparto de los territorios africanos.

Se trataba de justificar el reparto por una supuesta “misión civilizadora” de los europeos. No obstante, prueba de las motivaciones económicas que lo impulsaban sería que la mayoría de los asistentes representaban a las naciones que carecían de colonias y que tenían menor desarrollo económico, para garantizar la comercialización de sus productos en África.

En esta conferencia se acordó la concesión del Congo —hoy Zaire— a Leopoldo II de Bélgica, quien administraría este territorio de más de dos millones de kilómetros cuadrados como una finca privada.

Alemania, gracias a diferentes tratados diplomáticos, estableció durante 1884 y 1885 protectorados en África del suroeste —Namibia—, Camerún, Togo, diversas islas del Pacífico y la llamada África oriental alemana —Tanzania—, que constituirían su imperio colonial, el cual completó en 1899 con la compra a España de algunas islas del Pacífico —Marianas, Carolinas y Paláu—, además de ocupar por la fuerza la ciudad china de Tsingtao, que le permitió estar presente en el gran mercado de este país.

Las aspiraciones alemanas sobre Marruecos fracasaron en la conferencia de Algeciras, porque los británicos, recelosos del rearme alemán, prestaron su apoyo a Francia. Una nueva tentativa de incidir en Marruecos en 1 911 se solucionó al comprarles los franceses sus derechos sobre ese país, a cambio de la ampliación de la colonia del Camerún sobre el África ecuatorial francesa.

EL REPARTO DE ÁFRICA: África, un continente nuevo y lleno de riquezas, se ofrecía a la colonización europea. En Berlín se reunió la conferencia mundial que sancionó su situación colonial; comenta los términos y las ideas-fuerza que determinan la colonización y que se reflejan en el acta.

Capítulo I: Declaración relativa a la libertad de comercio en la cuenca del Congo, sus desembocaduras y países circunvecinos.

Art. 1: El comercio de todas las naciones gozará de una completa libertad: 1) En todos los territorios que integran la cuenca del Congo y de sus afluentes (…). Comprende, en consecuencia, todos los territorios drenados por el Congo y por sus afluentes, incluidos el lago Tanganica y sus tributarios orientales. 2) En la zona que se extiende al este de la cuenca del Congo, tal y como ésta queda delimitada más arriba, hasta el Océano índico (…) hasta la desembocadura del Zambeze.

Art. 2: Todos los pabellones, sin distinción de nacionalidad, tendrán libre acceso a todo el litoral de los territorios arriba enumerados, a los ríos que tengan su desembocadura sobre el mismo, a todas las aguas del Congo y de sus afluentes incluyendo los lagos, a todos los puertos situados a orillas de estas aguas (…). Todos los pabellones, sin distinción, podrán llevar a cabo toda clase de transportes y ejercer el cabotaje marítimo y fluvial, así como el barcaje.

Capítulo II: Disposiciones relativas a la protección de los indígenas, de los misioneros y de los viajeros, y la libertad religiosa.

Art. 6: Toda las potencias que ejerzan derechos de soberanía o influencia en los mencionados territorios se comprometen a velar por la conservación de las poblaciones indígenas y por la mejora de sus condiciones morales y materiales de existencia, así como a contribuir a la supresión de la esclavitud y sobre todo a la de la trata de negros.

Las potencias indicadas protegerán y favorecerán, sin distinción de nacionalidades ni de cultos, todas las instituciones y empresas religiosas, científicas o de caridad, creadas y organizadas para estos fines o encaminadas a instruir a los indígenas y a hacerles comprender y apreciar las ventajas de la civilización. Los misioneros cristianos, los sabios y los explotadores, así como sus escoltas, bienes y colecciones serán igualmente objeto de una protección especial. La libertad de conciencia y tolerancia religiosa quedan expresamente garantizadas, tanto a los indígenas como a los nacionales y a los extranjeros.

Capítulo III: Declaración relativa a la neutralidad de los territorios comprendidos en la cuenca convencional del Congo.


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Art. 12: En caso de que surgiera un disentimiento grave entre las potencias firmantes de la presente acta o potencias que en lo sucesivo prestasen su adhesión a la misma, con motivo o dentro de los límites de los territorios mencionados en el art. 1 y colocados en régimen de libertad comercial, tales potencias se comprometen a recurrir a la mediación de una o varias potencias amigas antes de recurrir a las armas. Las mismas potencias se reservan, en el caso apuntado, la facultad de recurrir al procedimiento del arbitraje.

Capítulo IV: Acta de Navegación del Congo

Art. 13: La navegación del Congo, sin exceptuar ninguna de sus ramificaciones ni salidas, es y permanecerá enteramente libre para los buques mercantes cargados o en lastre de todas las naciones, tanto para el transporte de mercancías como para el de viajeros. Dicha navegación deberá conformarse a las disposiciones de la presente acta de navegación así como a los reglamentos que se establezcan en ejecución de la misma. En el ejercicio de esta navegación, los súbditos y los pabellones de todas las naciones serán tratados a todos los respecto, en pie de absoluta igualdad (…) Estas disposiciones son reconocidas por las potencias firmantes como parte , para lo sucesivo , del derecho público internacional.

La “Paz Armada”
Durante casi veinte años el equilibrio europeo descansó en la amenaza que significaba el poderoso ejército alemán. Inglaterra -concentrada en el desarrollo de su prosperidad económica, en la expansión imperial y en una concertación política entre liberales y conservadores- optó por aislarse de los problemas europeos. A la inversa, para Bismarck era prioritario el desarrollo industrial de Alemania antes que la disputa por territorios coloniales en Asia y África. Por lo tanto, se mantuvo al margen de la disputa que mantenían las potencias europeas por ampliar sus colonias y su influencia en el mercado mundial.

Hacia fines de siglo, quedaron planteados tres problemas que llevarían al estallido de la Primera Guerra Mundial:
• Desde la guerra franco-prusiana (1870), el nacionalismo francés reivindicó sus derechos sobre los territorios de Alsacia y Lorena anexados por Alemania.

• El equilibrio basado en el ejército obligó a todas las potencias europeas a ingresar en una “carrera de los armamentos” que garantizara tanto su defensa interna como su expansión imperialista.

• La llegada al trono de un nuevo Kaiser, Guillermo n, modificó la política exterior de Alemania, que se lanzó a disputar su participación en el mercado mundial y su presencia en territorios coloniales. Esta estrategia provocó la caída de Bismarck en 1890.

Otro Autores:

“La Constitución de la Alemania imperial de la década de 1870 incluía una asamblea representativa elegida por sufragio universal masculino, voto secreto, igualdad civil, un código legal uniforme, un sistema monetario único, educación secular y un comercio interior completamente libre.[…] El cuerpo de oficiales [del ejército prusiano], que naturalmente constituía el núcleo fundamental del aparato militar del imperio, no era responsable ante el canciller, sino que juraba lealtad directamente al emperador, que lo controlaba personalmente a través de su casa militar. Los rangos superiores de su burocracia (prusiana) […] se convirtieron en las décadas posteriores a 1870 en un santuario aristocrático […]. El canciller imperial no era responsable ante el Reichstag […] aunque los presupuestos y las leyes tenían que ser aprobados por el Reichstag.”

Perry Anderson.
El Estado absolutista.
Madrid, Siglo XXI, 1979.

“Hacia 1890 Europa vivía en la incertidumbre. La guerra, aunque improbable, parecía posible,  todos los Estados tenían en cuenta en sus cálculos esta eventualidad. Bismarck había dejado gravitar esa amenaza porque servía a sus fines. Además, existían en potencia innumerables conflictos. Francia y Alemania no podían reconciliarse a causa de Alsacia-Lorena. Francia e Italia se habían ensarzado en una verdadera guerra aduanera. Francia e Inglaterra, implicadas en la gran política colonial, parecían dispuestas a entenderse y firmaban en 1890 un importante acuerdo para repartirse el valle del Níger. Pero eran de temer nuevas fricciones. En 1887, Rusia e Inglaterra estuvieron al borde de la guerra a causa del Asia Central y de las fronteras de la India. Finalmente, se vislumbraba en el horizonte el nacimiento de una nueva potencia: Japón.”

Jean Baptiste Duroselle.
Europa de 1815 a nuestros días. Vida política y
relaciones Internacionales.
Barcelona, Labor, 1974.





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