Libro de Copernico Sobre Las Revoluciones de las Órbitas Celestes






Libro de Copernico Sobre Las Revoluciones de las Órbitas Celestes

Copernico NicolasNicolás Copérnico inició una revolución en la astronomía al afirmar que no era la Tierra, sino el Sol el que estaba en el centro del universo. Esperando controversia y burla, Copérnico vacilaba en publicar la obra en la que proponía su teoría heliocéntrica.

Sin embargo, finalmente cedió y logró ver un ejemplar de su obra justo antes de morir.

Nicolás Copérnico, Sobre las revoluciones de las órbitas celestes:
“Largo tiempo, pues, reflexioné sobre esta confusión en las tradiciones astronómicas concernientes a la derivación de los movimientos de las esferas del universo. Empezó a molestarme que los movimientos de la máquina del mundo, creada para nosotros por el mejor y más sistemático artesano de todos, no fueran entendidos con certeza por los filósofos, que —de otra suerte— examinaban con tanto vigor las más insignificantes naderías de este mundo.

Por esta razón emprendí la tarea de releer las obras de todos tos filósofos que pude obtener, para saber si alguien había propuesto alguna vez otros movimientos de las esferas del universo que tos expuestos por los profesores de astronomía de las escuelas. Y, en efecto, hallé primero en Cicerón que Hicetas suponía que la Tierra se movía. Más tarde descubrí también en Plutarco que otros eran de esta opinión. He decidido poner sus palabras aquí, para que puedan ser accesibles a cualquiera:

Algunos piensan que la Tierra se mantiene en reposo; pero Filolao el Pitagórico cree que, como el Sol y la Luna, gira alrededor del fuego en un círculo oblicuo. Heráclides del Ponto y Ecfanto el Pitagórico hacen a la Tierra moverse, no en movimiento progresivo, sino como una rueda en rotación del poniente . oriente alrededor de su propio centro.

Por consiguiente, habiendo obtenido la oportunidad de e?:. fuentes, yo también empecé a considerar la movilidad de la Tierra. Y aunque la idea parecía absurda, no obstante, yo s: que a otros antes que a mí se les había concedido la libertad de imaginar cualesquiera círculos para el propósito de explicar los fenómenos celestes. De aquí pensé que a mí también se me permitiría discernir si hubiera explicaciones más correctas que las de mis predecesores para la revolución de las esferas celestes,: a supuesto de algún movimiento de la Tierra.

Habiendo supuesto así los movimientos que atribuyo : Tierra más adelante en este volumen, merced a largo e intenso estudio, descubro finalmente que si los movimientos de lo; planetas se correlacionan con la órbita de la Tierra, y se calculan  para la revolución de cada planeta, no sólo se siguen de ello sus fenómenos, sino el orden y el tamaño de todos los planetas y esferas, y el cielo mismo está tan unido, que ninguna porción del mismo puede cambiarse en nada sin alterar las restantes partes y el universo como un todo…

Por esto no me avergüenza afirmar que esta entera región circundada por la Luna, y el centro de la Tierra, atraviesan es gran círculo en medio del resto de los planetas en una revolución anual alrededor del Sol. Cerca del Sol está el centro del universo.

Más aún, puesto que el Sol permanece estacionario, cualquier movimiento que parezca ser del Sol se debe realmente al movimiento de la Tierra.





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