La Cordillera de los Andes Geografía Clima Ubicación Montañas




Montañas de la Cordillera de los Andes
Características Geográficas

La cordillera de los Andes, en América del Sur, es la prolongación de las montañas Rocosas de América del Norte. Es una montaña reciente con picos muy altos y nevados. Debido a la altitud y la sequedad, el país es muy árido. La población, que conoce una vida bastante primitiva, se dedica a la agricultura y la ganadería. En algunos lugares la existencia de minerales ha dado lugar al nacimiento de la industria moderna.

Las cadenas montañosas del occidente de América del Norte se prolongan a través de América central hasta el sur del continente. Estas montañas se denominan cordillera de los Andes o, más simplemente, los Andes. De norte a sur, los Andes bordean la costa occidental de América del Sur, dejando solamente un espacio muy estrecho de zona costera. Existen incluso lugares que carecen de playa y en los que la montaña se yergue sobre el mismo borde del mar en el que se transforma en una serie de archipiélagos.

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La cordillera de los Andes es sensiblemente más estrecha que las montañas Rocosas. Su anchura máxima, más o menos a la altura del trópico de Capricornio, es de 600 km. Sin embargo, los Andes son mucho más altos; varias de sus cimas se elevan a más de seis mil metros.

El Aconcagua, por ejemplo, tiene una altura de 7.039 m, y el Illimani, 6.410. Prácticamente todos los picos elevados son volcanes. Los más altos, incluso los situados en los trópicos, están cubiertos de nieves perpetuas. En las zonas templadas la nieve forma glaciares que en algunos lugares descienden hasta el mar.

Los Andes son muy escarpados y de acceso muy difícil; los puertos están a gran altura; el de Cumbu, por ejemplo, que asegura el paso entre Chile y Argentina, se encuentra a una altura de 3.700 metros.

La aridez del paisaje es una característica de estas montañas; la gran altitud y la sequedad afecta el desarrollo de la vegetación, y además el clima es muy riguroso en los Andes meridionales. Esta sequedad se explica por el hecho de que las más altas cimas interceptan los vientos lluviosos del oeste.

Por otra parte, las inmensas extensiones de nieve alimentan regularmente los cursos de los ríos. Gracias a. las enormes cantidades de agua de fusión, el Amazonas, el Orinoco y otros ríos reciben copiosísimos caudales de agua.

Las pronunciadas pendientes hacen que el agua que discurre excave profundamente el lecho; también los ríos arrastran grandes cantidades de materiales de aluvión que dejarán en sus cursos inferiores, cuando se deslice, por el llano y en sus estuarios. De esta manera se construyen grandes deltas, y las zonas aluviales han dado lugar a algunas regiones muy fértiles de América del Sur.

Los Andes están formados de rocas muy duras, generalmente de granito. Es de gran importancia la riqueza mineral de estas zonas. Los Andes constituyen un macizo terciario y, como las otras cadenas del sistema alpino, no están aún estabilizadas. La prueba de esta inestabilidad viene suministrada por los numerosos seísmos que sacuden frecuentemente a los países andinos, provocando terribles cataclismos y causando cada vez numerosas víctimas.

Otra prueba de esta situación es la existencia de las fosas abisales que se extienden a lo largo de la costa occidental de América del Sur. Delante de la costa de Perú y de Chile el fondo del océano se hunde bruscamente en una fuerte pendiente. Entre distancias muy cortas se registran diferencias de nivel asombrosas. Desde una gran altura el terreno desciende de repente profundamente bajo el mar. La diferencia de nivel puede llegar incluso hasta los 14.000 metros.

Los lugares donde los Andes alcanzan su máxima anchura están fundamentalmente constituidos por dos cadenas de montañas paralelas, exactamente como ocurre en las montañas Rocosas de América del Norte. Entre estas dos cadenas montañosas se encuentran mesetas de 3.000 a 4.000 m, por ejemplo en Bolivia y Perú. A lo largo de la costa occidental, igual que en las montañas Rocosas, se alza una cadena costera de menor altura. Entre ésta y los Andes se extiende el valle longitudinal de  Chile.

cuadro altura de las montañas de los alpes

En realidad, la cordillera de los Andes no es más que un sector de un sistema que rodea al océano Pacífico. Sabemos ya que los Andes se prolongan hacia el norte a través de América central hasta las montañas Rocosas. Por Alaska alcanzan finalmente Japón, para terminar en una serie de islas ecuatoriales del Pacífico occidental. En dirección sur, los Andes terminan en la Antártida en una serie de islas. Entonces el sistema se eleva nuevamente en dirección a Nueva Zelanda e Indonesia.



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La cadena de los Andes atraviesa diversos Estados de América del Sur: Colombia, Ecuador, Perú y Chile. Venezuela, Brasil y Argentina alcanzan este macizo por sus fronteras occidentales. El Estado andino situado más al norte es Colombia; aquí el macizo se abre en forma de abanico de tres ramas. Una de éstas penetra hasta Venezuela, dominando con sus elevaciones escarpadas y sus numerosos cabos y bahías el mar del Caribe. Desde el océano Atlántico se pueden apreciar los picos nevados de este contrafuerte, que pasan de 5.000 metros.

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Desde allí el macizo prosigue, cruza el Ecuador, Perú y Chile en un largo reguero de varios millares de kilómetros con abundantes volcanes, algunos de los cuales están todavía en actividad. Las ciudades de Valparaíso y de Concepción de Chile tienen aún las cicatrices de las destrucciones provocadas por los movimientos tectónicos, es decir, los movimientos de la corteza terrestre.

Para prevenir al menos estos movimientos, cada Estado sudamericano tiene establecido su Instituto de Sismología, donde las sacudidas terrestres son registradas y estudiadas. Argentina posee un centro de este tipo en San Juan; Perú lo tiene en Cuzco; el del Ecuador está en Ambato, y el de Venezuela, en Caracas.

Nos resta dar algunos datos sobre la población andina. Son probablemente de origen asiático, pero en este terreno debemos limitarnos a la mera conjetura. En otros capítulos trataremos más detenidamente la historia y las culturas que se han desarrollado en estas salvajes regiones montañosas. Digamos, sin embargo, que los pueblos más civilizados de América del Sur han habitado en las altas tierras de los Andes. Al hacer esta aseveración pensamos en los chibchas de Colombia, en los incas de Perú y en los araucanos de Chile.

Sin embargo, actualmente apenas subsisten más que las ruinas de estas civilizaciones de las regiones altas. En la actualidad los pueblos andinos viven de nuevo en condiciones más bien primitivas y precarias.

En Bolivia, calificada a veces de «techo del mundo», la mayor parte de los habitantes viven a más de tres mil metros de altura. La mayoría de la población es de raza india. Sus instituciones son aún muy primitivas y tienen costumbres muy curiosas. Las poblaciones autóctonas, especialmente las que viven en los parajes del lago Titicaca, llevan vestidos de vivos colores.

Se cubren con el poncho, y tanto las mujeres como los hombres llevan un sombrero de cuero o de fieltro. Se dedican a la agricultura y a la cría de animales domésticos de modo muy primitivo. Construyen con paja trenzada sus pequeñas embarcaciones, a bordo de las cuales navegan por el lago Titicaca para ir a vender sus productos en las poblaciones vecinas.

Sobre este lago —el lago navegable más alto del mundo— se narran muchas leyendas. Así, la primera pareja incaica habría sido creada en la península de Copacabana por el dios Sol, para que mostrase el camino de la civilización a la población inculta que habitaba esta región.

Pero el mundo ha penetrado hasta los Andes. Los minerales encontrados en estas montañas han dado lugar al nacimiento de una potente industria minera. Esto ha obligado a establecer buenas vías de comunicación.

Los deportes de invierno han conquistado también los Andes, aunque la mayor parte de estos centros son tan elevados que muchos extranjeros los evitan por razones de salud. El aire en estos lugares está tan rarificado que a veces provoca el «mal de las montañas».

Aparte de la explotación minera, estos macizos montañosos poco más ofrecen como fuente de riqueza. Una agricultura muy rudimentaria y una escasa ganadería procuran el abastecimiento, que es, para gran parte de la población, extremadamente reducido. En las pendientes de los profundos valles, sobre todo en Perú, pastan las llamas y las alpacas.

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