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EJERCICIOS PARA LA MEMORIA, LOS CUADRADOS MAGICOS

El proceso de recibir información y luego recordar lo que está guardado en la memoria es una operación mental compleja. La recepción, codificación, fijación y consolidación de la información constituyen etapas esenciales de ese proceso. Comprender el funcionamiento de este maravilloso instrumento, la memoria, nos servirá para aprovechar al máximo todo su potencial.

LA MEMORIA COMO FUNCIÓN
La memoria es una función en la que participa todo el cuerpo, incluidas las áreas sensoriales, cognitivas y emocionales. Por eso las sensaciones y los sentimientos tienen para la memoria tanta importancia como la razón y la reflexión.

Así como la caja negra de un avión graba y guarda las conversaciones entre los pilotos y los controladores aéreos para que, de hacer falta, esta información esté disponible, la memorización consiste en recibir datos, guardarlos intactos y recuperarlos a voluntad. Sin embargo, no siempre se dan las condiciones para que estas tres etapas se cumplan sin dificultades.

LOS FACTORES NECESARIOS PARA UNA BUENA RECEPCIÓN
El buen funcionamiento de los sentidos (vista, oído, olfato, tacto y gusto) es la primera condición para recibir la información de manera adecuada. A menudo las dificultades para recordar se basan en el ingreso de la información en nuestra “caja negra”. Resulta difícil recordar algo que no vimos u oímos con claridad. Si nuestros sentidos no están alerta nada puede quedar grabado en la memoria. Por lo tanto, en lugar de culpar a nuestra falta de memoria deberíamos entrenar nuestro sistema sensorial.

No sólo nuestros sentidos son importantes sino también la concentración, que depende del interés, la curiosidad
y la tranquilidad emocional. Se requiere de un estado de ánimo adecuado y de no interrumpir el proceso de recepción.

LA CODIFICACIÓN Y FIJACIÓN DE LA INFORMACIÓN
Como Hansel y Gretel al dejar las piedritas en el camino, nuestro cerebro va dejando muchas pistas. Toda información recibida se transforma en primer lugar en “lenguaje cerebral”. Este proceso biológico llamado codificación, transmite la información al sistema de la memoria. Durante la codificación, la nueva información se relaciona con la ya almacenada en la memoria.

A un dato nuevo se le asocia o asigna un código específico, que puede ser un olor, una imagen, una melodía o una palabra: cualquier elemento significativo o indicador que luego permita recordarlo. Si la palabra “limón” fue codificada en relación con “fruta”, “olor ácido”, “ovalado”, o “amarillo”, uno de esos indicadores permitirá encontrarla si no se la pudiera recordar en forma espontánea.

Al aparecer un elemento nuevo, el cerebro crea nuevos códigos para ubicarlo en relación con datos ya almacenados. La eficiencia para recuperar o recordar un dato dependerá del grado de minuciosidad con que se lo haya codificado, así como de su organización y su asociación libre.

Puesto que este mecanismo usa el terreno rico y fértil de nuestro pasado (una especie de abono vegetal), es diferente en cada individuo y único en su forma de funcionar. El potencial de codificación, se encuentra limitado por la capacidad de absorción del cerebro, que tiene un tope de entre cinco y siete datos por vez. La información, entonces, deja de ser una imagen sensorial recibida del exterior para convertirse en una imagen mental, transformada por el cerebro. Esta información se fija con diversos grados de fuerza y permanencia.

• La retención de corto plazo comprende la información de datos de la vida diaria, que sólo deben retenerse mientras dure la tarea que se tiene entre manos: las compras, una llamada telefónica, etc.

• La retención normal o de mediano plazo se activa como información que supone cierto grado de concentración, captura nuestra atención y, posiblemente, querremos transmitir. Varía de acuerdo con la capacidad individual, la hora del día, nuestro entrenamiento y también el contenido emocional de la información. La retención normal es la que usamos con más frecuencia. Su potencial varía, y nadie conoce sus límites precisos.

• La retención de largo plazo graba con fuerza cierto tipo de conocimientos sin que registremos estar haciendo algo que contribuye a que esto ocurra. Los sucesos o situaciones muy emotivos suelen dar origen a un recuerdo indeleble. Su carga emocional nos lleva a contárselos a otras personas, lo cual los consolida aún más. No tenemos control alguno sobre este tipo de memoria. Ciertos recuerdos enterrados y olvidados por largo tiempo pueden reaparecer en cualquier momento, en un sueño, o ser revividos por un olor específico.

LA FIJACIÓN VOLUNTARIA O CONSOLIDACIÓN
“Ordeno en mi cabeza fragmentos de información y los repito mentalmente.” A veces, una imagen mental ocupa un lugar indeleble en la memoria por su fuerte carga emocional. En otros casos, si uno desea retener la información por un período prolongado, deberá buscar un modo de consolidarla.



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El proceso de consolidación implica ubicar el dato en el caudal de conocimientos previos. El nuevo dato debe
clasificarse en un sitio apropiado, romo si lo archiváramos en un fichero.

El lugar en que lo guardemos dependerá de la categoría en la que clasifiquemos la información ^significado, forma, etc.), de las asociaciones que evoca, o de si forma I >arte de un plan o un relato. La palabra “rosa”, por ejemplo, podría incluirse en la categoría “flor”, pero también en colores, aromas, ilustraciones, etc. Puede clasificarse de otras maneras, ya que no hay dos personas que almacenen la misma información de igual modo. Al archivar un documento o un papel, casi siempre lo hacemos delante de los otros papeles que ya están en el fichero. Del mismo modo, la memoria apila nueva información delante de la anterior.

Llega a acumularse en tal medida que el fichero correspondiente a “rosa” queda sepultado debajo de otros datos, y esa información volverá al frente sólo si volvemos a usarla. Si no, quedará relegada al fondo, como cualquier objeto olvidado. Por eso, para asegurarnos de que la consolidación sea efectiva, no basta con organizar los datos. Si no queremos olvidarla, debemos repetir la información cuatro o cinco veces en las primeras 24 horas de recibida, y, en lo sucesivo, con cierta regularidad. Si realizamos de manera correcta esta tarea de repetición, podremos recordar con facilidad las imágenes consolidadas cada vez que las solicitemos a nuestra memoria.

CÓMO RECUPERAR INFORMACIÓN
¿Se olvidó de un nombre? No se haga problema, póngase a buscar pistas. La recuperación de información implica buscar datos guardados en la memoria. En esta instancia del proceso de recordar pueden surgir problemas que provocan esa sensación irritante de tener una palabra en la punta de la lengua y que no nos salga. En estas situaciones, la información se halla en la memoria pero no podemos acceder a ella, aun cuando sabemos lo que queremos decir. La experiencia demuestra que lo mejor es abandonar el intento. Lo que suele suceder es que la información deseada se recupera gracias a algún otro elemento asociado a ella.

Cuando deseamos recordar un dato y lo logramos de inmediato, se habla de un recuerdo espontáneo (por ejemplo, recitar de corrido los títulos de tres fábulas de Esopo). Pero si se nos pide que mencionemos las fábulas en las que intervienen una liebre, ratas y un zorro, el proceso que se pondría en funcionamiento sería el de un recuerdo sugerido. Estos animales, que sirvieron como vehículos de asociación durante el proceso de codificación, pasan luego a ser disparadores o estímulos durante el proceso de rememoración.

Cuanto mayor carga emocional tengan los recuerdos, más detalles quedarán asociados a ellos, y mayor será también la cantidad de disparadores para recordarlos. Podemos rememorar más detalles de momentos significativos en nuestra vida (nuestra graduación, el nacimiento de un hijo, etc.) que de aquellos en los que no participamos personalmente. Estos detalles hacen que la llamada memoria episódica sea tan rica.

Por otra parte, cuando elegimos la respuesta correcta frente a varias posibilidades se pone en marcha el proceso de reconocimiento. Por ejemplo, ¿cuál de los siguientes es el título de una conocida fábula de Esopo? ¿La liebre y la cigüeña, El perro y el lobo. La zorra y el cuervo? El recuerdo sugerido y el reconocimiento son los tipos de recuerdo que producen mejores resultados: se recuerdan más datos, y estos resultan más vividos y precisos. Cuando luchamos por recordar algo, es inútil preguntarnos por qué no lo logramos.

En cambio, pensemos en el método que usamos para registrarlo: ¿la información recibió un procesamiento adecuado (de asociación, organización y estructuración) para asegurarnos de que quedara fijada en la memoria? Si no fue así, los indicios que sirven como disparadores serán inadecuados para lograr recuperarlo fácilmente a nivel consciente.




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