Enfermedades Transmisibles Vías de Contagio Hongos, Virus y Bacterias





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Enfermedades Transmisibles y Vías de Contagio

INTRODUCCIÓN: La existencia de seres microscópicos y su probable intervención en la destrucción del organismo vivo se sospechaban desde la antigüedad. Sin embargo, veinte siglos separan esta intuición de los experimentos de Pasteur y de las experiencias de Davaine que demuestran el papel infeccioso de los microorganismos.

Desde entonces, quedó abierto un inmenso campo de investigación a los estudiosos y la humanidad tuvo una nueva esperanza en su lucha contra la enfermedad. Al mismo tiempo se puso de manifiesto una prueba suplementaria de la organización contradictoria de la materia. En efecto, todo en la naturaleza lleva consigo elementos positivos y negativos. Así sucede con los microbios, a los que se designa con el término genérico de gérmenes, sin especificar el sentido de sus funciones.

Estos infinitamente pequeños del mundo vivo se presentan, en efecto, bajo dos aspectos opuestos: son, a la vez, dispensadores de vida y de muerte.

Algunos de ellos, los más numerosos, llevan una vida libre en el aire, el suelo o el agua; son inofensivos e incluso desempeñan un papel precioso en el seno de la naturaleza.

Estas especies, llamadas saprofitas (del griego sapros: podredumbre), realizan en efecto un trabajo de descomposición de los desechos, de fermentación, de fertilización de los suelos en el curso del cual se procuran las sustancias nutritivas que necesitan y aseguran el mantenimiento de las condiciones indispensables para la supervivencia de los hombres y de los animales.

Otras especies de microbios, llamados patógenos (del griego pathos: enfermedad) atacan a los tejidos vivos, bien intoxicándolos con materias nocivas, bien privándolos de los elementos que rigen su buen funcionamiento. Sucede que contaminan a bacterias (nombre que se da a los microbios de forma alargada o esférica) saprofitas, que se tornan entonces peligrosas.

ENFERMEDADES TRANSMISIBLES: Para la Organización Mundial de la Salud, una enfermedad se considera transmisible cuando la misma se puede transmitir de un ser humano a otro, de una especie animal al hombres y como vía de transmisión pueden ser los insectos, el sexo, el aire que respiramos , el agua que bebemos o el suelo en donde vivimos.

Las enfermedades infecciosas se producen cuando un organismo vivo habita y se multiplica sobre o dentro de otro, perjudicándolo a través de la producción de sustancias tóxicas o bien lesionando, digiriendo o destruyendo una parte o la totalidad de su estructura celular. Estos organismos dañinos suelen ser microscópicos —virus, bacterias y protozoos— pero también existen organismos mayores, como los hongos, las lombrices y los artrópodos.

Mosquito que transmite el Dengue, Malaria

Mosquito que transmite el Dengue, Malaria

Una famosa enfermedad por los estragos humanos que ha hecho a través de la historia fue en la edad media, la peste bubónica o peste negra que diezmo a la población de Europa en el siglo XIV y posteriores. Esta enfermedad era transmitida por la pulga de las ratas, que habitaban en el pelo de las mismas y al picar al hombre le transmitía el parásito infeccioso. También debemos recordar la viruela, que durante muchos años fue la causante de miles y miles de muertes o en el mejor de los casos cuando el paciente se sobreponía quedaba con la piel de la cara totalmente lastimada y con las cicatrices para toda la vida. Esta enfermedad ha sido erradicada totalmente del planeta, gracias a un notable esfuerzo entre varios países del mundo.

Actualmente están presentes la gripe, el resfriado común , la varicela , sarampión y otras conocidas, pero que con un tratamiento pueden ser controladas y curadas sin mayores inconvenientes.

La transmisión de estos tipos de enfermedades es favorecida por las malas condiciones de saneamiento, la debilidad por falta de alimentación en algunas sociedades pobres, la falta de políticas desde el gobierno para informar y educar a la población sobre los cuidados y prevenciones hogareñas para evitar el contagio.

Como se Transmiten las infecciones
El aire: Se transmite en gotitas infectadas en el aire a través de la nariz, la garganta/pulmones o la saliva, o bien a través de partículas de polvo procedentes de escamas desprendidas de la piel.

La contaminación: La contaminación de los alimentos y del agua, que suele proceder de heces u orina infectada.

El contacto directo (contagio): La enfermedad se contrae por contacto estrecho con una persona infectada.



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La transmisión sexual: Se transmite por coito vaginal o anal, o a través del sexo oral. El uso de preservativos puede reducir el riesgo de transmisión.

La sangre: Se transmite por la inyección de sangre o productos sanguíneos contaminados, o por instrumentos mal esterilizados. Es frecuente entre hemofílicos y consumidores de droga por vía intravenosa. En ocasiones, al efectuar tatuajes o en fa acupuntura.

Portador animal (vector): inyección de saliva contaminada, como en la malaria. Picaduras de pulgas, como en la peste bubónica.

La rápida expansión de las ciudades, el auge de los viajes, los movimientos de las poblaciones y el aumento nacional e internacional del comercio de alimentos humanos y para animales son factores que han aumentado el riesgo deque las enfermedades se transmitan rápidamente entre los países o las regiones.

En los países en desarrollo hay enfermedades como el cólera y otras que generan diarreas en los afectados son causas del principal  motivo de mortalidad en niños. Otra gran parte de niños fallecidos es por enfermedades respiratorias agudas, como neumonía.

La tuberculosis y la lepra siguen planteando problemas de salud pública considerables y en muchos países las fiebres hemorrágicas víricas siguen teniendo consecuencias importantes, sobre todo durante los brotes epidémicos.

Respecto a las enfermedades de transmisión sexual, los afectados aumentan día a día en casi todo el mundo. Los países de África subsahariana son los mas comprometidos con el SIDA y hay una gran desplazamiento de dicha enfermedad hacia los sectores mas jóvenes de la población.

Todas estas enfermedades siempre se tratan con medicamentos, pero se ha notado que con el uso continuo aparece una notable resistencia de los microbios a estos medicamentos y retrasan la curación de los pacientes, incluso algunos no tiene efectos curativos. Por otro lado esta situación obliga a los laboratorios a investigan nuevas drogas y fármacos con el consiguiente costo de acceso por parte de los gobiernos y de la población.

La carga de muchas enfermedades transmisibles podría reducirse sin duda mediante el ordenamiento del medio: proporcionando un abastecimiento de agua potable y la eliminación en buenas condiciones sanitarias de desechos, aguas residuales y materias fecales, garantizando un alojamiento adecuado, protegiendo el entorno de la contaminación química y otros medios técnicos de lucha. Pero la implantación de estas medidas de lucha es forzosamente un proceso lento.

En las grandes ciudades exige cuantiosas inversiones, mientras que en las extensas áreas rurales del Tercer Mundo el ordenamiento del medio sólo tiene cabida como parte integrante de un desarrollo social y económico global. Por lo tanto, se seguirán dedicando los mayores esfuerzos a los métodos tradicionales de prevención y lucha contra las enfermedades transmisibles.

Entre éstos figuran el establecimiento y mantenimiento de sistemas de vigilancia que permitan enumerar y evaluar los casos aparecidos, primer paso importante para determinar la distribución,-los factores causales, la gravedad y la extensión de cada enfermedad transmisible. Así se obtiene la información de base necesaria para determinar las prioridades adecuadas en la aplicación de estrategias de lucha contra la enfermedad.

Otras actividades de lucha son la formación de recursos humanos mediante programas docentes en materias administrativas y técnicas, el aumento del número de personas aptas para las actividades de lucha contra las enfermedades transmisibles, y la obtención de sencillas técnicas de diagnóstico y métodos de tratamiento poco costosos que los agentes primarios de salud puedan aplicar incluso en las aldeas más remotas.

Además, en la actualidad existe un renovado interés por la “promoción de la salud” con vistas a mostrar a la gente cómo evitar la enfermedad, cómo procurar activamente la salud y cómo llevar hábitos de vida saludables, todo lo cual contribuirá directamente a la prevención o al tratamiento temprano de muchas enfermedades transmisibles.

Otro componente importante de las actividades de prevención y lucha contra las enfermedades es la investigación y, gracias a la moderna biotecnología, se están buscando vacunas, sustancias de diagnóstico y fármacos nuevos y de bajo costo. Reviste especial importancia la producción de nuevos medicamentos que permitan hacer frente a los cada vez más numerosos gérmenes patógenos resistentes a los antibióticos actuales.

 Las vacunas, por lo contrario, han demostrado en años recientes ser uno de los métodos más rentables para proteger la salud humana. El programa intensivo de inmunización preparado por la OMS fue la clave de la erradicación mundial de la viruela en 1977.

Salud Mundial —Julio 1988—

Según el grado más o menos elevado de complejidad alcanzado por su organización biológica, los microbios se dividen en dos grupos principales: los virus y las bacterias . Otros microorganismos, de estructura intermediaria, constituyen especies distintas.

Los virus
Los virus son organismos muy pequeños, que enferman al ser humano y que solo pueden vivir adentro del núcleo de una célula. Una vez que han logrado introducirse, toman el control de los mecanismos naturales de la célula para la cual está programada y comienza a reproducirse. Este proceso de multiplicación destruye a la célula.

La médula ósea cuando nota este impedimento celular comienza una “guerra” creando anticuerpos naturales y esa es la única forma que tiene nuestro cuerpo para evitar el ataque viral. Hay algunos fármacos creados en laboratorios pero solo para algunos tipos de virus y el costo es muy elevado.

El tratamiento, por el momento, se efectúa a través de la prevención en forma de inmunización, que produce los anticuerpos en nuestro sistema antes de que ataque el virus. En los últimos tiempos abundan las investigaciones sobre los virus encógemeos (que producen cáncer) que, al parecer, estimulan las células para que sean malignas. Es muy probable que en un futuro próximo puedan verse progresos significativos en este campo.

A los virus se les llama “filtrables” porque son capaces de atravesar los poros muy finos de los filtros de porcelana; se les llama también “ultravirus” porque no se pueden descubrir al microscopio ordinario. Pero se distinguen de las bacterias por otras características diferentes de las de sus dimensiones extremadamente reducidas (del orden de la milésima de miera). En efecto, procedimientos de laboratorio han permitido aislar algunos de ellos y precisar algunas de sus particularidades. La principal es su incapacidad de desarrollarse fuera de la materia viva, mientras que las bacterias se pueden cultivar en medios apropiados. Las alteraciones y modificaciones que producen en aquella permiten generalmente identificar al virus a su familia.

Las bacterias:
Una de las particularidades de las bacterias es la de ser visibles al microscopio ordinario, pues son muchas mas grandes que los virus.. Su tamaño varía desde unas décimas de miera (una miera = una milésima de milímetro) a unas mieras, pero la mayor parte son de dimensiones suficientes para quedar retenidas por los filtros de porcelana. Están formadas por una célula única, comparable a la célula humana, que tiene un núcleo y se presentan generalmente en forma de bastoncillos o esferas.

Algunas están dotadas de cilios vibrátiles que les permiten moverse, otras tienen la facultad de producir corpúsculos resistentes, las esporas, gracias a las cuales pueden vivir a marcha lenta en condiciones desfavorables: es el caso del bacilo del tétanos.

Su poder destructor se ejerce tanto a nivel de un tejido privilegiado (como en la difteria por ejemplo), puesto que el microbio se instala electivamente en la retrofaringe) en el que liberan sustancias químicas tóxicas que acarrea la sangre, tanto a nivel del organismo en su conjunto cuyo equilibrio comprometen con su proliferación.

Se dice entonces que hay septicemia, es decir infección generalizada. Pero muy a menudo unen la toxicidad a una gran capacidad de multiplicación, con el peligro de una invasión masiva del organismo.

Existen dos grupos de fármacos que sirven para tratar la infección bacteriana. El primer grupo, los bacteriostáticos, impiden la multiplicación de las bacterias. El segundo grupo, los antibióticos, destruyen las membranas celulares o canales metabólicos de las bacterias, o bien actúan como venenos directos.

Para encontrar el fármaco antibacteriano adecuado a la bacteria infecciosa hay que cultivar la bacteria en un recipiente y agregarle láminas impregnadas de antibióticos. Con un antibiótico eficaz, la lámina presentará un espacio yermo a su alrededor donde no puede crecer el organismo. En este caso, se dice que es “sensible” al antibiótico.

Los hongos
Los hongos constituyen, con toda probabilidad, el grupo de organismos más extendido, pues residen en prácticamente todas las especies animales y vegetales así como en su habitat. Por consiguiente, apenas hay diferencias entre determinados anillos en el césped y la tina en la piel. La característica forma de anillo en crecimiento indica que hay hongos en ambos medios.

Son muy pocos los hongos que infectan a los seres humanos, y la mayoría de éstos colonizan sobre todo la superficie (piel, uñas y pelo). Si embargo, hay diferencias geográficas. En América del Norte, por ejemplo, hay muchos hongo invasores, que producen enfermedades como la pulmonía. Estos hongos no se encuentran en Europa.

Las esporas de los hongos, llevadas por el viento, pueden causar asma y muchas alergias en lo: seres humanos, pero no son infecciosas en si sentido más estricto.

Staphylococcus , bateria

Staphylococcus , bacteria

Estreptococos

Estreptococos, bacteria

tripanosoma

Tripanosoma, protozoos

ameba

Ameba, protozoos

protozoo

Toxoplasma, protozoos

VÍAS DE CONTAGIO: Todo lo que nos rodea —el aire, la tierra, el agua— y todo aquello de lo que vivimos está contaminado por organismos microbianos y puede contagiarnos una enfermedad. Todo nos amenaza y, en primer término, el aire que respiramos que no solo contiene elementos que favorecen la difusión de los microorganismos, sino también impurezas, en especial polvos microbianos desecados, desprendidos de los residuos de la vida cotidiana (barrido de los locales habitados, curas, escamas, expectoraciones).

Sin embargo, son mucho más peligrosas las gotas de agua en suspensión en la atmósfera, porque los microbios que en ellas buscan refugio se benefician allí de mejores condiciones de supervivencia: humedad y gases pútridos.

Pero el aire no está contaminado uniformemente. Se admite, por ejemplo, que su contenido microbiano es prácticamente nulo encima del mar, débil en el campo, en los parques y en los jardines, y que se eleva progresivamente en la ciudad para culminar durante las horas de afluencia o en los lugares superpoblados.

La contaminación del suelo se efectúa, en gran medida, a través de la acumulación de restos diversos (materias fecales, orina de los roedores, huevos, larvas, etc.). Sin embargo, si en este suelo viven gran número de microbios, principalmente los espiroquetas causantes de la ictericia hemorrágica y el bacilo del carbunco, su virulencia (es decir, su poder de multiplicación) queda atenuada, a excepción de los bacilos esporulados del tétanos y de la gangrena.

El tercer elemento natural, el agua, o mejor dicho, las aguas continentales (ríos y arroyos), son la residencia privilegiada de numerosas especies microbianas, que encuentran en ellas un medio nutritivo abundante y sus huéspedes de elección (larvas, insectos chupadores, etc.).

Por necesidad, el hombre contribuye ampliamente a enriquecer dicha fauna. Por ejemplo, el vertido de las alcantarillas, que se acumula en los fondos fangosos, favorece el desarrollo del bacilo de la fiebre tifoidea y del virus de la poliomielitis, y proporciona todo tipo de desechos de los que se alimentan las ratas. Tampoco son inofensivos los baños, ya que, al nadar, absorbemos agua que puede haber sido contaminada por otro bañista enfermo o portador de microbios.

Por último recordemos otros dos tipos de contaminación en la vida cotidiana: los animales domésticos, por sus contactos frecuentes con materias de desecho o por los parásitos que albergan, y los alimentos, que, a pesar de los controles a que se hallan sometidos, no siempre tienen una garantía de absoluta inocuidad. Así, por ejemplo, las toxinas elaboradas por los estafilococos que hay en la leche resisten a la pasteurización.

LAS DEFENSAS CONTRA LA INFECCIÓN
Una vez que el agente infeccioso ha penetrado en el organismo, éste no permanece inactivo, sino que defiende, mejor o peor, a través de procedimientos biológicos y químicos que están en función de cierto número de factores, principalmente la raza, la edad y el sexo. Para que se declare una enfermedad más o menos grave no basta, evidentemente, con que el microbio entre en contacto con los tejidos vivos, sino que es además preciso que encuentre un terreno receptivo.

Se habla de inmunidad natural cuando el organismo opone inmediatamente resistencia a la invasión microbiana. Esta inmunidad varía según los sujetos. Por ejemplo, se ha podido observar que depende en gran medida de la “raza”; así, los anglosajones parecen especialmente sensibles al virus de la escarlatina, mientras que los africanos lo son al bacilo de la tuberculosis (y refractarios, por el contrario, a la fiebre amarilla) y los árabes presentan una gran resistencia ante el tifus.

Sin embargo, éstas son simples indicaciones, de las que no se pueden sacar conclusiones científicas. Por el contrario, es seguro que la edad del sujeto desempeña un papel preciso. Si los recién nacidos gozan de una especie de inmunidad, que se atribuye al hecho de que la madre está inmunizada contra ciertas enfermedades infecciosas, durante la primera infancia, por el contrario los niños son presa favorita de las fiebres eruptivas. Influye asimismo el sexo: estadísticamente, los hombres parecen más sensibles que las mujeres a las enfermedades infecciosas.

Asimismo se reconoce una marcada predisposición en los individuos con taras congénitas y en los casos de carencia alimenticia. Algunas enfermedades no infecciosas, como la diabetes, determinan una gran fragilidad ante la infección. Por último, se considera que la fatiga, el agotamiento, las emociones y, naturalmente, una mala higiene son factores favorables a la infección.

Los temibles y asombrosos fagocitos
Cuando el organismo no dispone de defensas naturales, llama en su auxilio a otros agentes de protección, auténticos policías del cuerpo humano. Los fagocitos son, literalmente, células que comen bacterias y virus. Algunos desempeñan una función de “aduaneros” en el interior de un tejido determinado; otros son libres y se mueven mediante la deformación de sus cuerpos, análogamente a lo que hacen las serpientes: éstos son los glóbulos blancos, también llamados leucocitos.

En el momento en que un microbio invade el organismo, los fagocitos se movilizan y acuden al punto de la invasión. Algunos mueren inmediatamente bajo el efecto de las toxinas liberadas por los atacantes (el pus está formado, en gran parte, por sus cadáveres), mientras que los demás absorben y digieren a sus enemigos. Sin embargo, no todas las especies microbianas son tan frágiles, y existen algunas capaces de rodearse de una cápsula protectora que anula la acción de los fagocitos.

Es entonces cuando intervienen unos nuevos defensores, los anticuerpos. Estas sustancias desempeñan un papel de primera importancia en el curso de la infección propiamente dicha, aunque son capaces de defender al organismo posteriormente, y a veces de manera definitiva, de cualquier posible invasión del mismo agente microbiano.

Para que aparezcan los anticuerpos es necesario que el organismo haya entrado en contacto con otra sustancia, el antígeno. En una enfermedad infecciosa, el antígeno es de origen microbiano. Cada anticuerpo es específico del antígeno que lo ha producido y, en consecuencia, sólo es activo sobre el microbio en cuestión. El anticuerpo puede actuar simultáneamente de dos maneras: por un lado, reacciona directamente contra las toxinas, fabricando antitoxinas; por otro lado, forma una pantalla sobre la superficie del microbio y lo entrega, casi sin defensas, a los fagocitos.

De esta implacable lucha entre los fagocitos, los anticuerpos y los microbios, el organismo puede salir airoso, sin que tenga lugar ninguna intervención exterior. En algunos casos se constata una curiosa y nueva propiedad del sujeto infectado: se ha hecho insensible a una nueva infección por el mismo microbio.

Esto es lo que se denomina inmunidad adquirida, debida a la acción persistente de los anticuerpos; sin embargo, dicha inmunidad puede no ser duradera, como en ciertas infecciones víricas, como la gripe.




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