Principios Morales Para Enseñar a Nuestros Hijos Enseñar Valores Morales


 ¿Qué le enseñarías a tus hijos para el nuevo milenio?

padre e hijo en la playa

Que aprendan que lo más valioso no es lo que tienen en sus vidas, sino a quien tienen en sus vidas.

Que aprendan que no es bueno compararse con los demás porque siempre habrá alguien mejor o peor que ellos.

Que aprendan que no pueden hacer que alguien los ame, lo que pueden hacer es dejarse amar.

Que aprendan que “rico” no es el que más tiene, sino el que menos necesita.

Que aprendan que deben controlar sus actitudes o sus actitudes los controlarán.

Que aprendan que hay gente que los quiere mucho, pero que simplemente no saben cómo demostrarlo.

Que aprendan que los grandes sueños no requieren de grandes alas sino de un tren de aterrizaje para lograrlos.

Que aprendan que no siempre es suficiente ser perdonados por otros, algunas veces deben perdonarse a sí mismos.

Que aprendan que la felicidad no es cuestión de suerte sino producto de decisiones.

Que aprendan que dos personas pueden mirar una misma cosa y ver algo totalmente diferente.

Que aprendan que, al retener a la fuerza a las personas que aman, las alejan más rápidamente de ellos y, al dejarlas ir, las tienen para siempre a su lado.

Que aprendan que amar y querer no son sinónimos sino antónimos: el quererlo exige todo, el amar lo entrega todo.

Que aprendan que toma años construir la confianza y sólo segundos destruirla.

ALGO MAS…                                                                                                                       (clic para ampliar)

“Los buenos padres dan regalos, mientras que los padres brillantes dan todo su ser
Los buenos padres, dentro de sus recursos, se encargan de satisfacer los deseos de sus hijos. Les hacen fiestas de cumpleaños, les compran zapatos, ropa, productos electrónicos, e incluso les proporcionan viajes. Los padres brillantes dan a sus hijos algo incomparablemente más valioso, algo que todo el dinero del mundo no puede comprar: su ser, su historia, sus experiencias, sus lágrimas y su tiempo.

“Los buenos Padres alimentan el cuerpo, mientras que los padres brillantes
alimentan la personalidad

Los buenos padres cuidan la alimentación física de sus hijos y los estimulan a llevar una dieta saludable; los padres brillantes van más allá. Saben que la personalidad necesita una excelente nutrición psíquica, de modo que se preocupan por el alimento que enriquece la inteligencia y las emociones.

“Los buenos padres corrigen los errores, mientras que los padres brillantes enseñan a pensar
Los buenos padres corrigen las fallas; los padres brillantes enseñan a sus hijos a pensar. Hay mucho más de fondo en corregir errores y enseñar a pensar de lo que podría soñarse en nuestra psicología.
No sea un experto en criticar una conducta inadecuada, sino más bien en hacer que sus hijos reflexionen. El regaño y la reprimenda, definitivamente, no funcionan, solo causan fricciones en la relación.

“Los buenos padres preparan a sus hijos para el aplauso, mientras que los padres brillantes los preparan para el fracaso
Los buenos padres preparan a sus hijos para recibir aplausos; los padres brillantes los preparan para afrontar sus derrotas. Los buenos padres educan la inteligencia lógica de sus hijos; los padres brillantes educan su sensibilidad.

Estimule a sus hijos a tener metas, a tener éxito en la escuela, en el trabajo y en sus relaciones sociales, pero no se detenga ahí. Ayúdelos a no tener miedo de sus fracasos. No hay podio sin derrota. Mucha gente no llega al podio no porque no sea capaz, sino porque no ha aprendido a superar sus fracasos a lo largo del camino. Mucha gente no puede brillar en el trabajo porque se rinde al primer obstáculo.

“Los Buenos padres hablan, mientras que los padres brillantes dialogan como amigos.
Hemos visto que el primer hábito de los padres brillantes es permitir que sus hijos los conozcan; el segundo es alimentar su personalidad; el tercero es enseñarlos a pensar; el cuarto es prepararlos para las derrotas y las dificultades de la vida. Ahora debemos entender que la mejor forma de desarrollar estos hábitos es adquirir el quinto hábito: dialogar.

“Los buenos padres dan información, mientras que los padres brillantes cuentan historias
Los buenos padres son enciclopedias de información; los padres brillantes son agradables contadores de historias. Son creativos, astutos y capaces de extraer hermosas lecciones de vida de las cosas más simples.
¿Quiere ser un padre brillante? Adquiera el hábito tanto de dialogar como de contar historias. Cautive, a sus hijos con su inteligencia y afecto, no con su autoridad, dinero o poder. Sea agradable. Influencie su entorno.

“Los buenos padres dan oportunidades, mientras que los padres brillantes nunca se rinden
Los buenos padres toleran algunos errores de sus hijos; los padres brillantes nunca se rinden para combatirlos, incluso si sus hijos los desilusionan, cometen errores, no los valoran y se sumergen en los valles de los trastornos emocionales.

Enseñar Valores Patrióticos a Nuestros Hijos

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