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Biografía de Epicteto Máximas e Ideas

(Nació en Hierápolis, c. 50 – Falleció en Nicópolis, aprox. c. 125) Filósofo estoico. En Roma fue esclavo de Epafrodito, liberto de Nerón, y siguió las lecciones del estoico Musonio Rufo; una vez emancipado, se dedicó a la filosofía, en especial a la moral. Su palabra fue tan vigorosa, espontánea y sincera que ha permanecido viva en las notas redactadas con fidelidad taquigráfica por un amoroso discípulo, Flavio Arriano de Nicomedia. A él y a su fiel entusiasmo debemos las Disertaciones y el Enquiridión. Se conservan además algunos fragmentos procedentes de Marco Aurelio, Aulo Gelio, Arnobio y Stobeo.

Biografia de Epicteto Maximas PensamientoEl duradero interés y la amplia influencia de Epicteto se deben en parte a que expresó su mensaje claramente y con entusiasmo a cuantos tuvieran interés en llevar una vida moralmente despierta.

Sin embargo, Epicteto creía firmemente en la necesidad de ejercitarse para refinar gradualmente el carácter y el comportamiento personales. El progreso moral no es competencia natural de los vástagos de alta alcurnia, como tampoco se alcanza por accidente o mediante un golpe de suerte, sino trabajando en uno mismo a diario.

Epicteto comprendía sobradamente la elocuencia de la acción. Exhortaba a sus estudiantes a rehuir la mera teorización ingeniosa en favor de una aplicación activa de sus enseñanzas en las circunstancias concretas de la vida cotidiana.

Epicteto, fue un esclavo liberto en Roma, junto con Séneca y Marco Aurelio integran el llamado Estoicismo Nuevo o Estoicismo Romano. Para Epicteto en cada uno de nosotros está la simiente de la virtud, virtud que sólo alcanzaremos viviendo conforme a la naturaleza, es decir, conforme a la razón. Dominar las pasiones para conseguir la imperturbabilidad (apatía) y llegar a ser señor de sí mismo (autarquía) es la meta del sabio estoico. El sabio estoico no pide que suceda lo que desea; se acomoda a los acontecimientos y quiere lo que sucede.

EL ESPÍRITU DE EPICTETO: ¿Cómo tener una vida plena y feliz? ¿Cómo puedo ser una buena persona?. Contestar a estas dos preguntas fue la resuelta pasión de Epicteto, el influyente filósofo estoico que nació esclavo hacia el año 55 d.C. en Hierápolis, Frigia, en el extremo oriental del Imperio Romano.

Sus enseñanzas, una vez liberadas de sus antiguos atavíos culturales, tienen una misteriosa y absoluta vigencia. En algunos momentos su filosofía se asemeja a lo mejor de la psicología contemporánea. Una cosa como la Plegaria de la Serenidad, la cual compendia el movimiento de la recuperación —«Concededme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las que sí puedo y la sabiduría para establecer esta diferencia»—, representa la actitud y pensamiento de este filósofo.

De hecho, el pensamiento de Epicteto se puede considerar como una de las raíces primarias de la moderna psicología del autocontrol, dado que sus enseñanzas han tenido una enorme influencia en los principales pensadores que se han dedicado al arte de vivir durante casi dos milenios (a pesar de que el pensamiento de Epicteto se conozca menos en la actualidad debido al declive de la educación clásica).

En otros aspectos igualmente importantes, Epicteto es muy tradicional y está muy alejado de la mentalidad contemporánea. Mientras que la sociedad, en la práctica cuando no explícitamente, considera el éxito profesional, la riqueza, el poder y la fama como algo deseable y admirable, Epicteto contempla estas cosas como insignificantes e irrelevantes para la felicidad auténtica. Lo más importante es en qué clase de persona nos convertimos, qué clase de vida llevamos.

Para Epicteto una vida feliz y una vida virtuosa son lo mismo. La felicidad y la plenitud personal son las consecuencias naturales de hacer lo que es correcto. A diferencia de muchos filósofos de hoy en día, Epicteto estaba menos preocupado por lograr comprender el mundo que por identificar los pasos específicos que había que dar en la persecución de la excelencia moral. Parte de su genialidad radica en el énfasis puesto en el progreso moral más que en la búsqueda de la perfección moral.

Con una aguda comprensión de la tremenda facilidad con que los seres humanos se olvidan de vivir según sus más elevados principios, exhorta a sus alumnos a considerar la vida filosófica como una progresión de pasos que se aproximan gradualmente a nuestros más caros ideales personales.

El concepto que Epicteto tiene de la buena vida no consiste en seguir una lista de preceptos, sino en poner de manifiesto acciones y deseos en armonía con la naturaleza. No es cuestión de llevar a cabo buenas obras para granjearse el favor de los dioses o la admiración de los demás, sino de alcanzar la serenidad interior y con ella una libertad personal perdurable. La bondad es una empresa con igualdad de oportunidades, al alcance de cualquiera en todo momento: rico o pobre, cultivado o simple. No es competencia exclusiva de «profesionales del espíritu» como monjes, santos o ascetas.

Epicteto propuso una concepción de la virtud que era sencilla, corriente y cotidiana en su expresión. Abogó por una vida en consonancia con la voluntad divina más que por las demostraciones de bondad extraordinarias, llamativas y heroicas.

La receta de Epicteto para la buena vida se centraba en tres asuntos principales: dominar el deseo, cumplir con el deber y aprender a pensar con claridad sobre uno mismo y sus relaciones dentro de la gran comunidad de los seres humanos.



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A pesar de ser un brillante maestro en lógica y controversia, Epicteto nunca hizo alarde de su excepcional habilidad retórica. Su conducta era la del maestro humilde y despreocupado que exhorta a sus pupilos a tomarse muy en serio la empresa de vivir sabiamente. Epicteto predicó con el ejemplo. Vivió modestamente en una pequeña cabana y evitó todo interés en la fama, la fortuna y el poder.

Cuando Epicteto era joven, su amo, Epafrodito, secretario administrativo de Nerón, llevó al prometedor filósofo a Roma. Desde muy temprana edad demostró Epicteto un talento intelectual superior que tanto impresionó a Epafrodito, que éste envió al muchacho a estudiar con el famoso maestro estoico Musonius Rufus. Epicteto se convirtió en el más aclamado estudiante de Musonius Rufus y con el tiempo llegó a ser libertado.

Epicteto enseñó en Roma hasta el año 94 d.C., cuando el emperador Domiciano, amenazado por la creciente influencia de los filósofos, lo desterró de Roma. Pasó el resto de su vida en el exilio en Nicópolis, en la costa noroeste de Grecia. Allí estableció un colegio de filosofía y dedicó sus días a pronunciar conferencias sobre cómo vivir con más dignidad y tranquilidad.

Entre sus estudiantes más distinguidos se contaba el joven Marco Aurelio Antonio, que con el tiempo fue soberano del Imperio Romano. También fue autor de las famosas Meditaciones, cuyas raíces estoicas se hallan en la doctrina moral de Epicteto. Epicteto murió hacia el año 135 d.C. en Nicópolis.

Ideas de Epicteto:

El Enquiridión o Manual de Epicteto, obra también de Flavio Arriano, es una colección de máximas y de enseñanzas morales expuestas en clara forma discursiva, orgánica y de lograda brevedad, generalmente conocida gracias a la hermosa versión que Leopardi hizo en 1825.

– Los hombres se ven perturbados no por las cosas sino por las opiniones sobre las cosas.

– No pretendas que los sucesos sucedan como quieres sino quiere los sucesos como suceden y vivirás sereno.

– El que pretenda ser libre que ni quiera ni rehuya nada de lo que depende de otros, si no por fuerza será esclavo.

– Hay ciertas cosas que dependen de nosotros mismos, como la opinión, la inclinación, los deseos, la aversión, y en una palabra, todas nuestras operaciones. Otras hay también que no dependen, como el cuerpo, las riquezas, la reputación, los imperios, y finalmente, todo aquello que no es de nuestra operación.

– Lo que depende de nosotros es libre por su naturaleza, y no puede ser impedido ni forzado de ningún hombre; y al contrario, lo que no depende de nosotros es servil, despreciable y sujeto al ajeno poder.

– De ignorante y brutal es el culpar a otros de las propias miserias. Aquel que a sí mismo se culpa de su infortunio, comienza a entrar en el camino de la sabiduría.

– El verdadero medio de no estar sujeto a turbación es considerar las cosas que son de nuestro gusto o de nuestra utilidad, o aquellas que amamos, como ellas son en sí mismas. Hace de comenzar el examen por las que importan menos. Por ejemplo, cuando manejas una olla de barro, piensa que es una olla de tierra la que manejas, y que puede quebrarse fácilmente. Porque, habiendo hecho esta reflexión, si acaso se quebrare, no te causara alteración. Asimismo, si amas a tu hijo o tu mujer, acuérdate que es mortal lo que amas, y por este medio te librarás del impensado sobresalto cuando la muerte los arrebate.

– La enfermedad es un impedimento del cuerpo, no de la voluntad. Por ejemplo: el ser cojo impide los pies de andar, mas no embaraza la voluntad de hacer lo que ella quiere.

VER:  LAS MÁXIMAS DE EPICTETO




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