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Historia de Espartaco – La Esclavitud en Roma Antigua

El nombre de Espartaco ha pasado  a la historia por su rebelión contra el mayor imperio del mundo antiguo: El Imperio Romano. Nacido en Tracia, fue puesto al servicio del ejército romano, pero mas tarde por desertor fue vendido como esclavo para una escuela de gladiadores. Siendo un indiscutido luchador en la arena, organizó una revuelta en el año 73 a.C. Los motivos por los que se revelaron fueron las crueles condiciones de vida que sufrían, y posiblemente todo habría terminado en unas semanas de no ser por la habilidad como luchador y su ideal de libertad de  Espartaco.

La economía de la Roma republicana y de comienzos del imperio se basaba en la esclavitud. No se sabe con exactitud cuántos esclavo; había, pero se cree que constituían la tercera parte de una población seis millones de habitantes. La principal forma de obtener esclavos era a través de la captura en la guerra, aunque los comerciantes y los piratas también desempeñaban su papel.

La reproducción natural también contribuía a sostener la cantidad de esclavos: el bebé de una esclava en inmediatamente considerado como uno, sin importar quién fuera su padre. La esclavitud no conocía fronteras raciales o nacionales: cualquier: podía ser convertido en esclavo.

Los mercados de estos pululaban en los pueblos del mundo romano, allí iban a buscarlos quienes necesitaban mano de obra para sus hogares o para sus terrenos de cultivo. Los que realizaban trabajos pesados casi nunca eran liberados: ese era un privilegio reservado para aquellos que tenían mejor educación y realizaban labores de oficina o educativas. En ningún momento se cuestionó o se criticó este sistema de trabajo forzado. Las cosas no cambiaron con k llegada del cristianismo. La esclavitud había sido heredada por los romanos de los griegos y la usaron como parte esencial de su estructura organizacional hasta los últimos días del imperio.

LA ESCUELA DE GLADIADORES DE ESPARTACO: La escuela de gladiadores de Léntulo Batíatos, en Capua, se hallaba en movimiento desde temprano. Un tambor resonaba en el patio central. Las esclavas se dirigían a la cocina para preparar el pan y la sopa de la primera comida. Los capataces recorrían las celdas abriendo los cerrojos externos.

Eran pequeñas celdas individuales, con un lecho, un nicho que albergaba la estatuilla de un dios, una pequeña ventana, y la pared cubierta de inscripciones hechas por antiguos ocupantes. Los hombres eran encerrados allí al anochecer. Cuando se los castigaba eran encarcelados en un cubículo minúsculo, donde no podían permanecer de pie ni sentarse.

Algunos gladiadores no respondían esa mañana al llamado del tambor. Se hallaban en la enfermería agonizando o convaleciendo de las heridas recibidas en los combates.

Esta era la mejor escuela de gladiadores del sur de Italia. Y la ciudad de Capua, resurgida de los horrores de la guerra civil entre los populares de Mario y los nobles de Sila, era una de las más florecientes de la región de Campania. Por toda esa rica provincia se extendían enormes propiedades agrícolas pertenecientes a la oligarquía victoriosa, en las que trabajaban inmensas legiones de esclavos. Marcados con hierros al rojo, a la noche eran encerrados en miserables barracas (ergástula), y durante el día trabajaban sin descanso y apenas nutridos.

Entre los bosques de olivos que ellos cuidaban, y en medio de los campos de trigo y los viñedos, se levantaban las suntuosas villas en las que los ricos pasaban sus vacaciones. Estos eran quienes, por diversión y para ganar el favor de los votantes de las ciudades, pagaban a los “lanistas” (empresarios de gladiadores) los espectáculos de combate que costaban ríos de dinero. Porque los gladiadores, y sin tomar en cuenta las fieras traídas de África, constituían una inversión costosísima. No cualquier esclavo podía ser convertido en gladiador.

Era necesario seleccionarlo, comprarlo, entrenarlo, alimentarlo durante años (por eso los gladiadores formaban un grupo privilegiado entre los esclavos). Y todo ese esfuerzo quizá se perdía al morir el luchador en su primer combate, o aun en el transcurso de su adiestramiento.

Todo patricio que necesitara conquistar votos para lograr un cargo público, estaba obligado a organizar espectáculos que, a veces, lo conducían a la ruina. Esto, sin embargo, no tenía mayor importancia, porque una vez logrado el cargo, era posible reembolsarse generosamente las deudas contraídas.

En aquel día de principios del año 73 a.C., los gladiadores se encontraban irritados. Había corrido la voz de que el patrón estaba por vender a un centenar de ellos para un espectáculo. La venta, al contrario del alquiler era lo corriente—, significaba la muerte cierta para la mayoría. Cuando el lanista arrendaba a sus hombres, hacía lo posible para recuperarlos y salvar  su inversión. Después del combate vencido, aun cuando estuviese herí: era retirado de la arena y tenía cha: de sobrevivir.

Aun cuando la multitud reclamase su muerte, el lanista no permitía que lo ultimasen si el gladiador se había mostrado muy torpe y  cobarde en la lucha, por disminuir su prestigio como organizador de buenos espectáculos. Pero cuando un noble quería divertir a la masa electorral y compraba a los hombres, lo que pretendía obtener era una masacre real.

LA HISTORIA DE ESPARTACO: Espartaco era originario de Tracia, un área que cubre las actuales regiones del sur de Bulgaria, norte de Grecia y norte de Turquía. Según el historiador griego Plutarco, que escribiría mucho después de la rebelión de los esclavos, Espartaco era fuerte y valiente, y bastante más inteligente que sus compañeros gladiadores. Había prestado servicio militar en el ejército romano, luego fue vendido como prisionero y terminó en una escuela de gladiadores en la próspera ciudad de Capua, no muy lejos de Nápoles.

Los gladiadores eran unos de los símbolos sexuales de la antigua Roma. Vivían como prisioneros en cuarteles comunales, en ocasiones con sus esposas —Espartaco era casado—, y los obligaban a participar en espectáculos violentos que disfrutaban los romanos. Vivían en un mundo de constante incertidumbre y los ponían a vivir con otros esclavos a quienes no conocían y cuyas lenguas ignoraban. Sus vidas no tenían los relatos de suicidio de los gladiadores, que buscaban así liberarse de su vida reducida a sangrienta servidumbre.

Un hombre se degolló en un baño, poco antes del momento en que debía salir a luchar; otro se hizo el dormido en una carreta que lo llevaba a la arena del coliseo, Y se rompió el cuello metiendo la cabeza entre los radios de las ruedas. En el año 73 a. de C., Espartaco y unos setenta gladiadores más se escaparon de su escuela y establecieron un campamento en las faldas del Monte Vesubio, a unos treinta y dos kilómetros de distancia de Capua. Desde este lugar comenzaron a organizar ataques a propiedades cercanas.


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Poco a poco se empezó a tener noticia de sus actividades de otros esclavos fugitivos engrosaron las filas de rebeldes. Así, lo que en un principio parecía ser un improvisado golpe libertario se fue convirtiendo en una significativa insurrección. Desde Roma se envió un contingente militar de unos 3000 soldados para sofocar el levantamiento, con lo cual cabe suponer que el número de esclavos congregados bajo el mando de Espartaco debía ser alto. El comandante romano, Cayo Claudio Glaber, sitió la fortaleza de los esclavos, pero estos lograron escaparse por las montañas usando cuerdas elaboradas con lianas.

Con la ayuda de armas improvisadas, luego atacaron a los romanos por la espalda y los derrotaron. Otros esclavos se unieron a la causa de Espartaco y sus hombres. Muchos de ellos eran trabajadores agrícolas y pastores sanos y fuertes, que vivían en espacios abiertos. Los esclavos adquirieron mejores armas y caballos, que tal vez les proporcionaban los recién llegados. Al cabo de algunos meses formaron un ejército poderoso y bien organizado, capaz de poner a tambalear el poder de Roma.

Al año siguiente, 72 a. de C., los esclavos podían desplazarse por amplios territorios del sur de Italia, donde perpetraban ataques y recogían adeptos. El ejército romano nombraba nuevos comandantes, pero ninguno de ellos lograba derrotar a los rebeldes. Esto convenció a las autoridades romanas de la importancia de tomar medidas muy serias. Los dos cónsules de ese año (Lucio Gelio Publicóla y Cneo Cornelio Léntulo Clodiano) llegaron con sus legiones a aplastar las fuerzas rebeldes de una vez por todas. Los cónsules eran la mayor autoridad civil y militar de la Roma republicana, y eran elegidos anualmente por el Senado. Como era evidente, los romanos sentían que Espartaco y su ejército representaban una seria amenaza para la seguridad del Estado.

En esta ocasión, el ejército romano obtuvo una rápida victoria. Uno de los principales lugartenientes de Espartaco, un galo llamado Crixo (el nombre significa “de pelo rizado” en latín), con 3000 esclavos bajo su mando, se separó del bloque principal del ejército. El cónsul Gelio lo persiguió, lo venció y lo mató en un promontorio rocoso cerca de Foggia, en la costa del Adriático, en Apulia.

Espartaco comenzó a desplazarse hacia el norte. Gelio lo persiguió desde el sur, mientras que Léntulo trató de cerrarle el paso desde el extremo norte. Espartaco los derrotó a ambos y obtuvo otra victoria, esta vez sobre el comandante de las fuerzas romanas en la Galia cisalpina, Cayo Casio Longino.

Esta batalla tuvo lugar en Mutinae, cerca de la actual Módena, ubicada a poco más de 640 kilómetros al norte de la escuela de gladiadores de donde había huido Espartaco. Los comandantes de las fuerzas romanas tuvieron que batirse en retirada, pero Espartaco, en lugar de sacar a su ejército de Roma y cruzar los Alpes, se dirigió al sur y comenzó a hacer el camino de regreso al lugar de donde había partido. Las autoridades romanas enviaron un ejército más grande que los anteriores para buscar al insurrecto.

El comandante, Marco Licinio Craso, uno de los hombres más ricos de la historia de Roma, era un político y militar de avasalladora influencia y ambición. La fortuna personal de Craso daba para pagar este ejército, y cuando fracasó su primer ataque a Espartaco, decidió instaurar un sistema de disciplina que consistía en “diezmar” el contingente. El ejército era dividido en grupos de diez legionarios y de ellos se sacaba uno.

La víctima escogida era golpeada o apedreada por sus nueve compañeros, hasta morir. En el año 71 a. de C., en el lejano suroeste de Italia, Craso logró llevar a los esclavos rebeldes a una posición en la que pudo vencerlos. Espartaco fue asesinado. Seis mil esclavos recapturados murieron crucificados en la vía Apia, que lleva a Roma. Era una advertencia para aquellos que pensaran en desafiar la autoridad de la República. Craso fue recibido con una ovación.

Espartaco debía saber que él solo no iba a poder acabar con la institución de la esclavitud. Su rebelión no era un intento de cambiar el sistema. Simplemente deseaba ser libre, tal vez regresar a la patria que lo había visto nacer y vivir sin pertenecerle a otra persona. Por esta razón, su levantamiento ha sido el símbolo perenne de la libertad. Espartaco no tenía forma de obtener una victoria permanente y, sin embargo, en su intento de liberarse de las cadenas de la esclavitud —aunque fuera por un momento— estaba dando expresión a una esperanza que compartían todos aquellos que querían ser libres.

soldado romanos

Los pretorianos constituían la guardia selecta que defendían la ciudad de Roma.

Las insurrecciones de esclavos -en el Imperio Romano, tuvieron lugar, inicialmente, en Sicilia y Asia Menor. Los gladiadores que huyeron de Capta (ciudad de Campania que he lleva el mismo nombre) se atrincheraron en primer lugar en e cráter del Vesubio. Luego marcharon a la Lucania. Tomaron Metaponto y Thurii, antigua; colonias griegas conquistada; por los romanos.

En Thurii e yantaron su campamento permanente. La segunda campaña de Espartaco fue en dirección a los Alpes, que, tal vez, él pretendió cruzar. A la altura de monte Gargano se apartó de grueso de las tropas el ejercito de Crixo, que fue destruido pelos romanos. Costeando el mar Adriático, Espartaco llegó hasta el valle del río Po. En Módena derrotó nuevamente a le: romanos y celebró los funerala: de Crixo. Comenzó entonces i. tercera campaña.

El ejército servil derrotó a otro cónsul que reunió apresuradamente a sus tropas, pero, en vez de marchar sobre Roma, se detuvo en le: Apeninos, a pocas jornadas :e distancia. Se retiró luego, pe seguido por Craso, hasta el s. de Italia (Reggio). La cuarta campaña se inició en Reggio alcanzó Brindisi, pero luego Espartaco decidió enfrentar ; Craso en Lucania, antes de que llegasen las tropas de Pompeyo. En un lugar desconocí: próximo al río Sílaro, Espartaco fue derrotado.

Fuente Consultada:
Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo I
50 Cosas que Debe Saber de la Historia Mundial
Wikipedia





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