Auto FIAT Desarrollo de la Industria automotriz en el siglo XX Fiat Italia





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HÁGASE EL FIAT: Nadie que visite Turín puede quedar sorprendido al enterarse de que Fiat es la mayor sociedad anónima con capital privado de Italia. El más espectacular de todos los imperios comerciales privados italianos sigue estando firmemente en manos de la  Agnellifamilia Agnelli. La compañía domina Turín, dando trabajo a 100.000 personas, fabricando coches, camiones, motores de locomotoras ferroviarias, motores de avión y acero.

Su servicio sanitario privado se cuida de cerca de una tercera parte de los habitantes de Turín. Posee todo un barrio de altos edificios, dos grandes urbanizaciones en la costa (en una de las cuales hay un rascacielos de 16 pisos), un hospital y un campamento alpino.

Posee el periódico La Stampa de Turín, uno de los mejores de Italia, y también es suya la mayor compañía de seguros de Turín. La firma dirige una escuela de aprendizaje para unos mil muchachos, casi todos los cuales son absorbidos por la propia empresa Fiat, y financia a profesores en ingeniería de la Universidad de Turín. Los bares y los restaurantes de Turín están plagados de empleados de Fiat.

Giovanni Agnelli anteriormente oficial de caballería llama la atención por sus decisiones rápidas y pensamiento estratégico, por esa razón es ascendido en 1902 como consejero agregado lo que hoy sería un director de operaciones de la empresa. Una de sus iniciativas es la organización de una carrera por Italia que finaliza en la exposición de Milán. Allí el primer vehículo mostrado por la Fiat es el 4 caballos.

Durante más de setenta años, la Fiat ha constituido una parte importante de la economía italiana. Fue fundada por un grupo de hombres de negocios de Turín con el nombre de Fabbrica Italiana Automobili Torino, que pronto quedó reducida a sus iniciales. El primer presidente fue Giovanni Agnelli, un oficial de caballería de 33 años de edad que se convirtió en uno de los gigantes de la empresa moderna. Brillante, autocrático y duro, Agnelli dominó Fiat durante 45 años creando un inmenso imperio industrial y amasando una gigantesca fortuna personal. Al morir Agnelli al término de la última guerra, la propiedad pasó a sus once nietos. Pero el verdadero poder quedó en manos del Profesor Vittorio Valletta, quien condujo Fiat durante treinta años en un colosal período de expansión. Fiat se convirtió, con mucho, en la mayor empresa de Italia y, en 1967, adelantó a Volkswagen, transformándose en el mayor fabricante de coches de Europa.

Durante la primera guerra mundial se inicia la construcción de la fábrica de Lingotto, basada en patrones norteamericanos. Lingotto pronto se convierte en símbolo de la industria italiana del vehículo. De esta planta sale el 501 y luego los modelos 505, 510, 519 y en 1925 el 509, primer carro de cuatro plazas de la marca.

Uno de los últimos logros de Valletta fue el más sensacional y, posiblemente, sus consecuencias sobrepasarán el mero ámbito industrial. En 1966, tras largas negociaciones, Valletta llegó a un acuerdo con los rusos. Fiat colabora en la construcción de una inmensa fábrica a orillas del río Volga, diseñada para fabricar 600.000 coches al año, el triple de la producción soviauto fiatética normal y más de la mitad de su propia producción. El coche tenía que ser una versión modificada del Fiat 124. Los trabajos comenzaron enseguida y la nueva ciudad-fábrica está creciendo sin cesar. Ante el disgusto del Primer ministro italiano, los rusos anunciaron que la nueva ciudad se llamaría Togliattigrad, en recuerdo del ya fallecido dirigente comunista italiano.

Cuando Valletta se retiró en 1966, la familia Agnelli recuperó el poder y Giovanni Agnelli fue nombrado presidente. Era el mayor de los nietos y había sido subdirector de Fiat; sin embargo, todo el mundo quedó atónito cuando fue nombrado sucesor. Es casi una leyenda en Italia, con una imagen similar a la de Trudeau en el Canadá. Después de la guerra formó parte del

atrevido y sofisticado mundillo elegante internacional. Su encantó personal, refinados modales, enorme fortuna, evidentes ansias de poder, lujosos yates y helicóptero privado, lo convertían en objeto constante de la atención pública. Existe una continua corriente de habladurías y de especulaciones acerca de su fortuna, poder, mujeres y secreta influencia política. Profesa una gran admiración por los Estados Unidos y los visita con frecuencia.

Bajo la dirección de Valletta, Fiat había alcanzado una gran prosperidad. Pero su estructura directiva era rígida: varios de sus altos ejecutivos tenían más bien puestas sus miras en el mercado nacional en lugar de en el internacional. Por eso Agnelli trató de hacer que su compañía fuese más eficiente. Fijó la edad de retiro en sesenta y cinco años, envió a jóvenes directivos a los Estados Unidos para que se formasen e hizo venir del extranjero a expertos en banca y en contabilidad. Simultáneamente, desarrolló las operaciones internacionales de la empresa Fiat.

En 1936 llega el Fiat 500 llamado “Topolino”. el auto mas pequeño hasta la fecha. De este gracioso vehículo se fabrican 510 mil unidades hasta 1955. Para 1939 Fiat emplea 55 mil trabajadores y con ello se inicia la producción en masa. En Venezuela, pese a ser un mercado de fuerte influencia norteamericana, hubo alguno que otro ejemplar.

Los nuevos rumbos pueden llevar a Fiat todavía más en el camino de la empresa multinacional. En mayo de 1967, Agnelli se enteró por casualidad de que la empresa nacionalizada, Alfa Romeo, había planeado la construcción de una fábrica cerca de Nápoles que emplearía a 15.000 obreros y que fabricaría 300.000 coches al año. El nuevo modelQ, el Alfa-Sud, es un coche popular, de precio relativamente bajo y, en consecuencia, directamente competitivo con algunos modelos de Fiat. Se había acordado tácitamente que ningún rival competiría con Fiat en la gama de coches populares, y el monopolio de Fiat, que producía alrededor de las cuatro quintas partes de la producción total italiana, seguiría siendo respetado.

Pero en este asunto han intervenido consideraciones políticas. La enormemente centralizada empresa Fiat era el símbolo de la prosperidad y de la fuerza económica del norte de Italia, mientras el sur languidecía. Y no hubo presión ni protesta de Fiat que fuese capaz de disuadir al gobierno de sancionar una medida que creía serviría para llevar la prosperidad al sur y que sería popular desde el punto de vista político.



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