FRIEDRICH NIETZSCHE El Idealismo Aleman Filosofia del siglo XIX





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FRIEDRICH NIETZSCHE – FILÓSOFO ALEMÁN – IDEALISMO

Friedrich Nietzsche

FRIEDRICH NIETZSCHEPrecursor de la modernidad En las consideraciones más recientes sobre cuestiones culturales e históricas se menciona con frecuencia, que, por lo que se refiere a las cuestiones antropológicas, Marx, Nietzsche y Freud. rompiendo cada uno con sus respectivas tradiciones de pensamiento, han ofrecido los cimientos decisivos de la modernidad.

Sus teorías condujeron, de modo independiente, a una “subversión del sujeto”, cuando intentaron mostrar que la razón y el yo no dominan de manera autónoma en sus ámbitos, enfrentándose así a la tradición filosófica, que se corresponde más o menos con nuestras convicciones cotidianas, y que afirma o por lo menos concibe la posibilidad de estas categorías y supuestamente las fundamente en esta posibilidad.

Freud encontró en la fundamentación del psicoanálisis y en la teoría del inconsciente motivos y mecanismos de funcionamiento no disponibles e inaccesibles a la autodeterminación y autovaloración de la voluntad, la acción y el pensamiento humanos, después de que Marx intentare lograr un análisis, en muchos aspectos comparable, de las estructuras sociológico-económico-culturales y de que Nietzsche hubiera presentado todos los valores como apariencia no comprendida y producto de la “voluntad de poder”.

Nietzsche ejerció una importante influencia, en este contexto, bajo los aspectos de la va oración del sujeto, del “yo” de la voluntad y de le concepción ilusoria del “ser”, sobre pensadores del siglo XX (p. ej., Heidegger y algunos filósofos “posmodernos” franceses, que en parte también se remontan hasta Freud y Marx).

Y, realmente, Nietzsche suena muy moderno cuando afirma, p. ej., que “se debería decir ‘ello piense’ en lugar del usual ‘pienso”’, o cuando habla del “absurdo valor exagerado que se le ha atribuido a la conciencia” de la cual se ha hecho “una unidad, una esencia”, y objeta, en contra de esto, que “somos una multiplicidad que se ha imaginado una unidad”; debe “haber una masa de conciencias y voluntades en cada ser orgánico complejo”, pero “nuestra conciencia superior no se apercibe de las otras”.

La “multiplicidad”, que Nietzsche observa en el hipotético individuo (individus significa “inseparable” es decir, designa justamente lo opuesto de la multiplicidad), existe también en las explicaciones filosóficas del mundo, que sólo ofrecen perspectivas individuales, nunca la verdad absoluta. “Contra el positivismo que se detiene en los fenómenos y dice ‘existen sólo hechos’, yo diría: no, justamente no existen hechos, sólo interpretaciones”. El mundo está abierto a infinitas interpretaciones, la ejecución de las cueles supone siempre un determinado modo de existencia, unida a la voluntad de imposición de “poder”, interpretaciones que pueden ser inconmensurables, que ni se excluyen ni se complementan mutuamente.

También son del todo distintas las perspectivas pera contemplar la obra de Nietzsche. La realizó a lo largo de dos décadas, entre  869, cuando alcanzó la cátedra de filología clásica en Basilea con 24 años, y 1 889, cuando cayó en la demencia. Con pocas excepciones, sus libros consisten en breves párrafos y en aforismos, mientras que Así habló Zaratustra (1 883-1 885), al igual que una narración del Antiguo Testamento, reproduce las parábolas de un sabio y profeta. Aquí se precisa otro tipo de interpretación que la necesaria para la comprensión de textos filosóficos construidos según una lógica argumentativa rigurosa; de ahí que las interpretaciones de la obra de Nietzsche sean muy dispares.

Arte El primer libro El nacimiento de la tragedia del espíritu de la música (1 872) esboce, como tratado de filología clásica, una imagen propia y completamente nueva del clasicismo griego que no fue en modo alguno aceptada por sus colegas universitarios de la época, y en cuanto tratado filosófico llega al resultado: “Sólo cuanto fenómeno estético están justificadas eternamente la existencia y el mundo”. Desde dos perspectivas, esta frase atestigua la influencia del pensamiento de Schopenhauer en el joven Nietzsche. Que el mundo y la existencia no tengan ninguna justificación fuera de la estética, está en conexión con la identificación pesimista de Schopenhauer entre la “voluntad” carente de sentido y el mundo “en sí”. Nietzsche será siempre de la opinión de que la voluntad, como fuerza no individual entendida metafísicamente, es la base de la vida, el pensamiento y la acción.

Que los fenómenos estéticos deben “justificar el mundo en lugar de Dios, la razón o principios éticos, tiene que ver con el lugar especial atribuido por Schelling, los románticos y también Schopenhauer al arte, y que es radicalmente trasladado al centro del pensamiento por el joven Nietzsche. Pero Nietzsche modifica considerablemente la concepción de Schopenhauer, para quien la máxima forma del conocimiento es posible en la experiencia del arte, en la que las ideas, entendidas platónicamente, pueden ser contempladas.

En cambio, para Nietzsche, el arte “cubre” mediante su apariencia los abismos del mundo en sí, sin que por eso se pueda desenmascarar el arte como creador de ilusiones engañadoras y de falsas conciencias. No sólo el ser humano necesita de una apariencia de armonía y totalidad para no desaparecer en el absurdo, sino que también el absurdo fundamento vital la necesita. El Nacimiento de la tragedia contrapone dos polos, que determinan el arte y también todas las formas de vida y que en cierto modo se corresponden, de una parte, con la “voluntad” schopenhaueriana y, de otra, con la “representación”. Lo “dionisiaco” es pura energía de vida, que conduce al individuo a disolverse embriagado en la masa de lo vivo, pero implica asimismo lucha y sufrimiento; lo “apolíneo” significa forma, espíritu de orden, distancia, calma.

Al primero se le puede atribuir la forme artística de la música, al segundo la épica (por lo que se refiere a la Antigüedad griega). De la unión de ambos polos, según Nietzsche, surge la tragedia ática. De Richard Wagner (el compositor), que también escribió textos teóricos y a quien en su juventud veneraba, Nietzsche esperaba une renovación de la tragedia en el drama musical, que en calidad de obra de arte total, el igual que la tragedia antigua, debía unificare obra y espectador en el “espíritu trágico” fuerte e instintivo, para retornar e un momento anterior a todas las formas de la “decadencia”, que pare él se inicia con Sócrates.



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Nihilismo y transmutación de los valores En la sentencia de Nietzsche “Dios ha muerte’, “Dios” designa une totalidad de representaciones del mundo, todo lo que determina lo “verdadero, bueno y bello” y que ofrece orientaciones vitales. En numerosas reflexiones Nietzsche persiguió la génesis o genealogía histórica, psicológica y antropológica de estos valores y actitudes, pare desenmascarar su ilusión y su mentira. Explica el “remordimiento de conciencia” a partir del “instinto de crueldad que se vuelve hacia el interior tras descubrir que ya no se puede descargar hacia el exterior”. El amor al prójimo no es más que egoísmo disfrazado; al igual que le compasión y le humildad (y en general los valores cristianos) forma parte de la “moral de esclavos”. es decir, la reinterpretación negadora de vide y “decadente” llevada a cabo por parte del “rebaño humano”, de la mesa de los individuos “débiles”, de une “moral de los amos”, que encarne los instintos afirmadores de vida y naturales-egoístas de los individuos “fuertes” y “aristócratas”.

Estas distinciones, que indudablemente se prestan a usos inapropiados y que (por lo menos fuera de su contexto) son más que cuestionables, fundamentan la concepción de Nietzsche de la “voluntad de poder”, que no puede ni debe ser negada por el individuo “fuerte” y finalmente por el “superhombre”, anunciado por Nietzsche. “Este mundo, un monstruo de fuerza, sin principio ni fin, este mundo es le voluntad de poder y nada más! Y también vosotros no sois otra cose que voluntad de poder y nada más!”

Cuando Nietzsche afirma que los valores, sobre todo los del cristianismo —que naturalmente también determinan el mundo occidental más allá de la religiosidad— han “muerto”, se trata en menor grado de una afirmación sobreun hecho concluido que de un proceso de muerte, que todavía está en marcha y debe conducir a la “consumación del nihilismo europeo”. Este nihilismo puede adoptar una forma débil, según Nietzsche, que sólo esconde la desesperación frente a una nada de verdades y valores morales y que busca un escape en el lema “todo lo que nos gusta está permitido”. Pero también puede adoptar una forma fuerte y. como estadio transitorio necesario, conducir a una “transmutación de los velares”.

Esto sólo lo alcanzan los pocos “superhombres”. Una de las piedras de toque del “superhombre”, que a buen seguro es más un concepto literario provocativo que la descripción de individuos posibles, es la teoría del “eterno retorno de lo mismo”, que Nietzsche anuncia por boca de Zaratustra. Esta teoría contiene, en alusiones poéticas, complicadas reflexiones sobre el problema del tiempo, de le experiencia del tiempo y la concepción del ser. pero, en pocas palabras, sólo afirma que todo lo sucedido se repetirá eternamente sin ningún cambio. Los nihilistas débiles no soporten la idea del absurdo del eterno retorno, los superhombres, en cambio, “griten incansables da capo, no sólo pera si, sino también a la totalidad de los teatros”.

Fuente Consultada: Historia de la Filosofía -Desde la antigüedad hasta nuestro días –




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