Glosolalia El Don de las Lenguas Hablar en Idiomas Desconocidos




GLOSOLALIA, EL DON DE LAS LENGUAS – HABLAR EN IDIOMAS DESCONOCIDOS

El catolicismo, la iglesia Pentecostal el espiritismo y otras manifestación religiosas coinciden en la creencia fenómeno. Se trata de la Glosolalia: la capacidad de una persona para hablar un idioma desconocido como consecuencia de una experiencia sobrenatural.

De todos los fenómenos paranormales, pocos resultan tan atractivos como la posibilidad de comenzar a hablar otro idioma de un momento a otro, como por arte de magia. A este fenómeno se lo conoce como Glosolalia y se caracteriza porque quien lo experimenta puede hablar una lengua que desconoce. Puede tratarse de un idioma vivo o muerto, conocido o desconocido, real o imaginario. En cualquier caso, la Glosolalia no es nueva en el mundo e incluso forma parte de registros religiosos.

También llamada Xenoglosia o Don de lenguas, en la Iglesia Pentecostal se le da una interpretación dogmática, mencionando al espíritu santo como causa. En realidad, el origen de este fenómeno es bíblico y, desde las páginas de los evangelios, se expandió a lo largo de la historia y las creencias.

Lo que dice la Biblia
La Glosolalia es esencial en la Biblia, donde se conoce como “Don de lenguas” y es uno de los poderes que el Espíritu Santo les brinda a los apóstoles. En el día de Pentecostés, cincuenta días después de la crucifixión de Jesús, los discípulos estaban reunidos en la ciudad de Jerusalén cuando, de acuerdo con la promesa hecha por su Maestro, el Espíritu Santo se hizo presente.

La Biblia dice que los apóstoles “comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hechos 2;4). Así, estos hombres pudieron salir por el mundo a predicar los evangelios en las lenguas nativas de cada región. Pero eso no era todo: los discípulos de Jesús podían sanar y realizar otros milagros que sirvieran para demostrar la verdad cristiana.

En la Biblia se especifica que, como los dones del Espíritu Santo eran impartidos solamente por la imposición de las manos de los apóstoles, con la muerte del último de ellos (Juan) los dones cesarían gradualmente de manifestarse. Así es como ocurrió, y el don de lenguas dejó de atraer la atención de los fieles durante cientos de años.

San Agustín enseña en sus escritos que en el comienzo de la Iglesia este don era necesario para que el Evangelio se comunicara rápidamente a todas las naciones, así todos podían recibirlo y se daba testimonio del origen divino de su doctrina. Pero cuando la Iglesia ya hablaba los diferentes lenguajes por medios convencionales, el don se hizo menos necesario.

Santo Tomás, en su Summa Thelogia, confirma que este don milagroso de lenguas no es tan común como lo era antes. Sin embargo, parece no haber desaparecido: entre los santos que lo ejercieron se encuentran San Pacomio (siglo IV), San Norberto (siglo XII), San Antonio de Padua (siglo XIII), San Vicente Ferrer (Siglo XIV), San Bernardino de Siena (siglo XV) y San Francisco Javier (siglo XVI)

glosolalia

El sorprendente don de entender lenguas extrañas de Teresa Neumann. El ‘carisma de lenguas’ de una estigmatizada Hay diferentes dones que se engloban en el “carisma de lenguas”, que se deben distinguir. Uno es el que tuvo la mística Teresa Neumann, que podía hablar y comprender lenguas que no conocía, a la perfección, en estado de éxtasis. Otro es pronunciar y comprender profecías dichas en lenguas.

La larga historia del Don de lenguas
Tras la Reforma de Lutero y Calvino, la Glosolalia comenzó a expandirse. El Don de lenguas era considerado entonces una expresión de tensión. La controversia entre jesuítas y jansenistas, que duró casi 80 años, provocó la aparición de gloso-lalistas entre estos últimos. Algo similar ocurrió con los camisards, los franceses protestantes que vivían en las montañas de las Cévennes.

Cuando su libertad de culto fue revocada en 1685 y se intentó imponerles la fe católica, se sublevaron. Tres mil de ellos resistieron frente a las tropas monárquicas de casi sesenta mil hombres. Tras una larga batalla, fueron derrotados en 1705. Se dice que entre los camisards acosados por la monarquía había niños de 15 meses en adelante que predicaban sermones en francés, utilizando el lenguaje con corrección a pesar de no tener edad ni siquiera para hablar en su holandés maternal.

Muchos de esos camisards emigraron a Inglaterra y tuvieron una fuerte influencia sobre los Cristianos Carismáticos. Pasaron dos generaciones hasta que la fundadora de la Sociedad Unida de Creyentes en la Segunda Aparición de Cristo, Ann Lee, tuvo ella misma el Don de lenguas. Esta sociedad era conocida como “shakers” y era perseguida por las autoridades británicas.



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Lee fue interrogada por cuatro sacerdotes anglicanos y les respondió en varias lenguas entre las cuales se contaban el latín, el hebreo y el francés. Los sacerdotes se acobardaron ante la mujer y recomendaron que no se la persiguiera.

De todas maneras, Ann Lee tuvo que dejar Inglaterra y partió hacia América. Durante la expansión de los shakers en Estados Unidos, era común que sus danzas rituales finalizaran con los participantes hablando en lenguas desconocidas. El mismo fenómeno se repetía con los mormones pertenecientes a la Iglesia de Jesucristo de los Santos Modernos. Se dice que su fundador, Joseph Smith (1805-1844), tenía el Don de lenguas.

Por aquellos años se hizo muy conocida entre los fieles la historia de un mormón que pronunció una disertación sobre la caza en la lengua de los indios choc-taw. En esa oportunidad, se interpretó que el discurso era una venia para terminar de construir un templo en la localidad de Salt Lake City, en plena región choctaw. En la actualidad, los mormones creen que la glosolalia es un fenómeno que existe, pero limitan su uso y su valor espiritual.

Una “epíciemia cristiana”
Hacia 1830 el fenómeno se popularizó de tal manera que se llegó a hablar de una epidemia del “mal del sermón”. En efecto, a partir de ese año la glosolalia se repitió cientos de veces en múltiples lugares de la Iglesia Cristiana. En Escandinavia se daba en fieles durante la ceremonia, algo que las autoridades consideraron un “entusiasmo histérico”.

En el año 1850, la expansión de la Iglesia Ortodoxa rusa en Armenia impulsó con fuerza la glosolalia, que se repitió en muchos fieles hasta comienzos del siglo XX. Durante esos años el Don de lenguas formó parte esencial del Movimiento Carismático y alcanzó a fieles de Estados Unidos y Estonia.

La moda de la Glosolalia llegó con fuerza a Estados Unidos y se coló en una escuela de Kansas, en donde 40 estudiantes decidieron unánimemente que para completar su experiencia cristiana les faltaba el bautismo del Espíritu Santo, cuya señal era el Don de lenguas. El 31 de diciembre de 1900, el pastor C. F. Parham, impuso las manos a un estudiante. Al cabo de algunos minutos, el joven comenzó a hablar en una lengua desconocida.

Otros treinta estudiantes hicieron lo mismo durante los días siguientes. Así nació el Pentecostalismo. Para el culto Pentecostés, la glosolalia es especialmente importante. Pero hablar una lengua desconocida requiere de un intérprete. Por esa razón, así como un fiel comienza a hablar en un idioma que nadie conoce, en el mismo instante otro fiel recibe el don para poder traducirlo a los demás. Actualmente, unas 20 millones de personas que pertenecen a este culto creen que el Don de lenguas es una señal del Espíritu Santo.

¿Una práctica espiritista?
Simultáneamente a la expansión del Don de lenguas entre las religiones, el mismo fenómeno comenzaba a hacerse popular en el mundo del espiritismo. Durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, los médiums espiritistas aseguraban que podían hablar con los espíritus utilizando lenguas desconocidas.

En muchas ocasiones, el médium entraba en un estado de trance y entablaba un diálogo en donde ninguno de los asistentes podía ser capaz de entender el significado de las palabras, de manera que resultaba necesario convocar a un lingüista que interpretara la conversación.

Uno de los casos más extraordinarios de glosolalia en un marco espiritista fue el de la médium inglesa Rosemary, quien hacia 1930 comenzó a tener visiones de sus vidas pasadas. Rosemary relataba experiencias en el antiguo Egipto y pronto pudo hablar en la lengua de los faraones. Según la médium, el espíritu de una egipcia que había conocido en su vida anterior, llamado Nona, hablaba a través de ella.

El hecho no sería tan sorprendente si no hubiera sido estudiado por el egiptólogo Howard Hulme, quien presenció y grabó las sesiones.

En una de ellas, Rosemary le prestó su voz a Nona, quien respondió las preguntas de Hulme sobre la vida en el antiguo Egipto con llamativa exactitud. En la grabación de ese diálogo se pueden escuchar sonidos como aspiraciones guturales, consonantes desconocidas y construcciones peculiares de una lengua que murió hace 3.000 años y que ningún hombre sabe a ciencia cierta cómo sonaba.

La Glosolalia suele estar relacionada con posesiones demoníacas. Es común que quienes son poseídos por espíritus hablen en otras lenguas mientras dura el fenómeno.

La combinación de voces de ultratumba que hablan en lenguas antiguas, a menudo ya muertas, constituye uno de los misterios más escalofriantes de la humanidad y un enigma que todavía no pudo ser resuelto.

Ver: Los Estigmas en el Cuerpo

Fuente Consultadas:
Trabajo enviado por Fermín D. Hetze como colaborador
Basado en una nota de la Revista Vivir en Armonía N°34 – Glosolalia-





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