Historia de la Provincia de Santa Fe Organizacion Política y Tratados






Historia de la Provincia de Santa Fe
Desde la Revolución de Mayo de 1810

SANTA FE FEDERALISTA: En los primeros años posteriores a la Revolución de Mayo de 1810, Santa Fe, como las demás provincias litoraleñas y de la mesopotamia argentina, se vio fuertemente influida por la personalidad de José Gervasio Artigas, quien preconizaba la independencia de estos territorios y su organización federal. Estanislao López, que luchó junto a las tropas de Artigas contra los brasileños dirigidos por el conde Holmberg, adquiría cada vez más prestigio en la zona, a la vez que se consolidaba en su ideario federalista.

En 1818 tras neutralizar la amenaza que presentaban los indios chaqueños para la ciudad y sus suburbios, López se autoproclamó gobernador de Santa Fe, cargo que ejerció hasta su muerte, 20 años después. Ayudado por Artigas, López hostigó reiteradamente a Buenos Aires, oponiéndose al centralismo del gobierno porteño.

El Directorio, decidido a terminar con Artigas y sus aliados, ordenó al Gral. San Martín que abandonara la campaña de los Andes y se dirigiese con sus tropas al litoral para aplaátar a los “rebeldes”, pero San Martín no estaba dispuesto a distraer sus esfuerzos en luchas internas, por lo que desatendió las órdenes de Buenos Aires. El gobierno porteño, entendiendo que ha quedado en evidente inferioridad de fuerzas firma la paz en San Lorenzo en 1819.

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Pero Buenos Aires no aceptaba las ideas federales de la Liga de los Pueblos Libres, liderada por Artigas con el apoyo de López en Santa Fe y Ramírez en Entre Ríos, por lo que siguieron los enfrentamientos y las intrigas, hasta que por fin en 1820 cae el gobierno centrista de Buenos Aires y parece que se consolidará la paz entre las provincias y el puerto. Se firmó entonces el tratado de Pilar, pero la paz no habría de llegar hasta muchos años después.

En el combate de Gamonal, López vence a las tropas de Buenos Aires comandadas por Dorrego, imponiendo la firma de un nuevo tratado, el de Benegas, por el cual Santa Fe exige una indemnización por parte de Buenos Aires, que alcanza a 25.000 cabezas de ganado. Luego la lucha se produce entre los dirigentes federales. Primero, Ramírez derrota a Artigas y luego, en 1821, invade Santa Fe, a la altura de Coronda. Una vez más las fuerzas de López triunfan en un enfrentamiento en su territorio, y así se consolida como el líder federal indiscutido en todo el Litoral.

Bajo el gobierno de Rivadavia pareció que se alcanzaría la paz y la concordia entre las distintas provincias; el llamado a un Congreso Constituyente hizo que los gobiernos provinciales abrigaran la esperanza de obtener por fin una ley orgánica que estableciese condiciones equitativas entre todos los territorios que conformaban la nueva Nación. Pero cuando después de estériles debates, el gobierno de Rivadavia promulga una Constitución de fuerte carácter unitario, que evidentemente no estaba de acuerdo con el sentir de la mayoría de los representantes de provincias del interior, Santa Fe se integra a la Liga Provincial, formada por diez provincias en disidencia con la nueva ley elaborada.

Al caer Rivadavia y asumir Dorrego, éste cuenta con el apoyo santafesino. La ciudad de Santa Fe es elegida como sede de una nueva asamblea nacional que debería dar un “orden federal” al País, de acuerdo a lo que era el sentir de la mayoría de las provincias. Parecía que por fin llegaría al territorio nacional, pero un complot unitario depone a Dorrego, quien poco después es fusilado por el Gral. Lavalle, quien asume el gobierno bonaerense.

Estos hechos conmueven definitivamente el panorama político, los federales se organizan para resistir; López se constituye en comandante en jefe teniendo como segundo jefe a Juan Manuel de Rosas. Lavalle delega el gobierno y al frente de las fuerzas unitarias va a enfrentar a López en Santa Fe, territorio donde nunca había vencido; tampoco lo será en esta oportunidad, en que tras una serie de hábiles maniobras vence a las tropas de Lavalle en Puente de Márquez.

En 1831, con las provincias de Entre Ríos y Buenos Aires, Santa Fe firma el Pacto del Litoral, cuyo texto, al decir del historiador Sal-días, presenta características de una verdadera Constitución Nacional.

El País es conmovido por las constantes luchas entre federales y unitarios. En Santa Fe, López mantiene su poder consolidado, pero no sale a intervenir en otras provincias. El General Paz, que ha obtenido éxitos resonantes para la causa unitaria se apresta a dar el golpe decisivo atacando Santa Fe. López, una vez más, encabeza las fuerzas federales, que han de enfrentarlo, pero la lucha no llega a producirse, pues el Gral. Paz cae prisionero al ser boleado su caballo.

La paz parecía consolidarse para Santa Fe. López era el indiscutido caudillo, y sus buenas relaciones con el gobernador de Buenos Aires garantizaban la estabilidad. Sin embargo, la tuberculosis acabaría con su vida a los 52 años, el 15 de junio de 1838, dejando en la provincia un vacío muy difícil de llenar.

Su primer sucesor en la gobernación fue Domingo Cullen , quien fue fusilado por orden de Rosas acusado de conspirar con los franceses que bloqueaban los puertos nacionales. A Cullen lo sucedió Juan Pablo López, hermano de Estanislao, apodado “Mascarilla”, quien se resintió con Rosas cuando éste otorgó el mando de las fuerzas militares al Gral.

Oribe. Al sentirse desplazado, López aceptó negociar con Ferrer, gobernador co-rrentino que venía luchando para lograr un trato equitativo a las provincias del interior, gravar con impuestos a las manufacturas importadas, y toda una serie de medidas que permitiesen el desarrollo de las economías provinciales que se veían seriamente afectadas por la política económica seguida por Juan Manuel de Rosas, quien defendía la libertad aduanera, útil a los intereses porteños, pero muy negativa para las ciudades del interior.

En 1841, López firma con Ferré el tratado de Las Saladas, en el que ambos comprometían sus esfuerzos para derrocar al dictador porteño. Pero Juan Pablo López carecía de la capacidad militar de Estanislao; las tropas de Oribe entraron en 1842 en Santa Fe mientras el gobernador huía a Corrientes.

La paz tan ansiada no había llegado aún; en 1851, el Gral. Urquiza invade Santa Fe, depone a Urbano de Iriondo, delegado del general Pascual Echagüe y designa como gobernador interino a Domingo Crespo, siguiendo hacia el sur, pasando por Rosario en su camino hacia Buenos Aires. La batalla de Caseros puso fin al largo período rosista, aunque no a los conflictos internos.


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Después del Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos, Urquiza convocó a un Congreso Constituyente, para lo cual se realizaron elecciones en muchas provincias a los efectos de enviar delegados. A pocos días de tener que comenzar las sesiones, estalló un foco opositor en la Ciudad de Buenos Aires.

La Asamblea Constituyente se reunió el 10 de noviembre de 1852, y como primera medida decidió mediar en el conflicto que hacía que Buenos Aires no enviase sus representantes. La mediación no dio resultados y la Asamblea continuó su labor hasta sancionar la Ley de Constitución Nacional el 10 de mayo de 1853, que rige a la Argentina hasta nuestros días.

Pero Buenos Aires se había levantado contra el interior, lo que provocaría nuevos enfrentamientos armados: el primer combate entre Buenos Aires y las fuerzas nacionales encabezadas por Urquiza se libró en Cepeda y significó una derrota total para los porteños, quienes firmaron con Urquiza un pacto de unión que fracasó a los pocos años. Santa Fe fue escenario de ¡a última gran batalla de las libradas durante la época de la organización nacional; el 17 de septiembre de 1861 se volvieron a enfrentar los ejércitos de Buenos Aires y los del resto de la Nación comandados por Urquiza, pero esta vez triunfaron las fuerzas bonaerenses, produciéndose el alejamiento de Urquiza y el fin de los grandes conflictos nacionales.

Después de este hecho hubo algunas luchas civiles, pero ya no alterarían básicamente la organización de la Nación. Santa Fe no volvió a participar en conflictos internos siendo sus territorios escenarios, únicamente, unos años más tarde, de las luchas contra los aborígenes, que sobre todo en el norte hostigaban frecuentemente a los colonos. El Censo confederal de 1858, registró una población de 41.261 habitantes, así distribuidos:

Rosario: 22.492
Capital: 10.744
San Jerónimo: 4.838
San José (Garay): 2.262
Otros Lugares: 925
TOTAL: 41.261

Es notable apreciar que por entonces Rosario, ciudad que se había ido desarrollando silenciosamente, duplicaba la población de la capital.

Al comenzar la segunda mitad del siglo XIX se inicia el período de la gran colonización. Trece años después de esta medición, en el censo de 1869, la población de la provincia se había multiplicado por 2,2 alcanzando 89.117 habitantes. El censo de 1895 muestra una multiplicación por 4,5, alcanzando entonces los 397.188 habitantes, y vuelve a duplicarse la población en menos de 20 años, tal como demuestra el censo de 1914 que contabiliza 899.640 habitantes. Esta fue la época de oro del poblamiento santafesino.

Fuente Consultada
Argentina, Mi País Ediciones RR Historia y Desarrollo de Santa Fe





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