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Hobbes Thomas El Leviatán
Resumen de Ideas Políticas

PENSAMIENTO E IDEAS POLÍTICAS DE THOMAS HOBBES – EL LEVIATÁN –

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Hobbes sostenía un materialismo mecanicista. Según él todo es material, tanto las cosas naturales como las artificiales e incluso las espirituales. Y la materia se encuentra regida por las leyes del movimiento. Incluso puede verse en Hobbes a un pensador que intentó hacer de la Física del Movimiento de Galileo la ley de toda realidad, siendo que para él no hay otra cosa más que cuerpos en movimiento.

Thomas Hobbes nació el 5 de abril de 1588 en Malmesbury, en Wiltshire, en Inglaterra. Se dice que su madre se puso de parto cuando oyó que la armada española había zarpado hacia Inglaterra, por lo que Hobbes destacó en su biografía que su madre «dio a luz gemelos, yo y el miedo». El miedo, efectivamente, desempeñó un papel esencial tanto en la vida como en la filosofía de Hobbes.   

Su padre era vicario de Charlton y Westport, localidades cercanas a Malmesbury, pero una disputa mantenida a la puerta de la iglesia con otro vicario, provocó su traslado a Londres. Como consecuencia de ello, a los siete años de edad, Thomas Hobbes, quedó bajo la tutela de su tío Francis, hermano mayor de su padre, que se dedicaba al comercio y no tenía más familia.

Estudió filosofía escolástica en Magdalen Hall (Oxford) , estudios que financió su tío, por lo que no lo sedujo para nada, y en 1608 obtuvo el título de Bachiller.En 1610 emprendió un viaje por Europa, acompañando a William Cavendish por Francia, Italia y Alemania, pudiendo observar de primera mano el poco aprecio del que la escolástica gozaba en esas fechas, ya en clara decadencia, y los numerosos intentos por abrir otras puertas al desarrollo del conocimiento.

Entre  1629 y 1631 viaja nuevamente a Europa, pero ya copmo tutor del hijo de Sir Gervase Clinton, donde descubrirá la geometría euclidiana, mediante la lectura de Los Elementos. Cpn este aprendizaje intentó aplicar su método a la defensa de sus ideas políticas.

Los Elementos, de Euclides, que establecen los principios de la geometría, tuvieron una profunda influencia en Hobbes. Esta obra imprimió en él la convicción de la importancia de una definición clara y de una argumentación rigurosa (en Leviatán, Hobbes sugiere que la mayoría de los errores en filosofía son consecuencia de definiciones incompletas). El biógrafo del autor, John Aubrey, explica que a los cuarenta años Hobbes leyó por primera vez a Euclides. Al ver una proposición concreta, declaró: «Por Dios, esto es imposible!». Pero, a continuación, hizo un seguimiento de la prueba hasta sus axiomas iniciales, que parecían evidentes por sí mismos, y llegó a entender que, si se aceptaban los axiomas de Euclides, aquella proposición, como todas las otras, eran consecuencia de una lógica diáfana. Esto inspiró a Hobbe a utilizar un método similar con lo que asentó su filosofía política en verdades generales sobre los seres humanos, que a su vez se basaban en principios metafísicos. Trató de establecer definiciones simples, como la idea de que lo: hombres llaman «bueno» aquello que desean (»Cualquiera que sea, el objeto de un apetito o deseo es aquello a lo que el ser humano llama bueno»; Leviatán, y argumentó a partir de estas definiciones hasta llegar a conclusiones particularmente controvertidas: sobre todo, la de la necesidad de un soberano absoluto. Por desgracia, las demostraciones de la filosofía política hobbesiana nunca parecen tener el rigor y la fuerza de las demostraciones de la geometría euclidiana.

En general, Hobbes se muestra partidario de las explicaciones mecanicistas del universo, frente a las teleológicas, defendidas por los aristotélicos y la escolástica. También tiene ocasión de conocer a Galileo, durante un viaje por Italia en 1636, bajo cuya influencia desarrolla su filosofía social, basada en los principios de la geometría y de la ciencia natural.

Un siglo después, en una Inglaterra convulsa por las luchas civiles entre los partidarios del rey absoluto Carlos I y los defensores de la soberanía del Parlamento, un hombre miedoso y timorato, Hobbes, edificó una grandiosa construcción teórica para justificar la existencia del poder y del estado.

La brutalidad de la guerra, observó Hobbes, constituye un signo de cómo sería la vida sin gobierno, en el «estado de naturaleza». Tal situación, afirmaba Hobbes, seria calamitosa. En ausencia de un gobierno, cada persona sospecharía de manera natural de las demás, con lo que se destruiría cualquier posibilidad de cooperación fructífera. Según Hobbes, todas las personas serían iguales en el sentido de que cualquiera podría matar a otra —al menos con la ayuda de terceros—, de modo que nadie resultaría invulnerable a ataques.

Maquiavelo había descrito simplemente los mecanismos de funcionamiento del poder, Bodin había justificado la necesidad de que en algún lugar del estado radique el centro del poder soberano. Hobbes fue más allá y respondió, desde su perspectiva, a la clásica pregunta ¿por que es necesario el estado?

Según el filósofo, lo bueno para el hombre es todo aquello que le resulta agradable y útil. El primero de todos los bienes estriba en la propia conservación, siendo la muerte el mayor de todos los males. Así, los individuos buscan todo lo que les es grato y llegará un tiempo en que desearán la paz, cuando adviertan los incontables sufrimientos que provocan las discordias y las luchas. A partir de estos datos surge en Hobbes la idea del “derecho natural”, que es el fundamento de la teoría del Estado

Maquiavelo había descrito simplemente los mecanismos de funcionamiento del poder, Bodin había justificado la necesidad de que en algún lugar del estado radique el centro del poder soberano. Hobbes fue más allá y respondió, desde su perspectiva, a la clásica pregunta ¿por que es necesario el estado?
En su obra Leviatán, a través de un método deductivo perfectamente hilvanado y basándose en unos principios absolutamente materialistas, Hobbes desciende desde el estudio de los cuerpos y la física al de la psicología humana y de aquí al estudio del funcionamiento de la sociedad y la política. Estos tres estadios son consecuencia uno de otro. Hobbes parte de un criterio sobre la psicología de la naturaleza humana absolutamente pesimista: el hombre recibe, a través de sus instintos, dos tipos de sensaciones: unas, agradables, le producirán placer y bienestar; otras, desagradables, le crearán malestar, dolor. El hombre tiende a potenciar al máximo las primeras y evitar las segundas. Por otra parte, la naturaleza humana incita a conseguir el máximo placer con el mínimo esfuerzo posible; pero los bienes que la naturaleza proporciona al hombre son escasos y difíciles de conseguir.



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A partir de aquí Hobbes efectúa una abstracción histórica con el fin de dotar de coherencia a su razonamiento. En la sociedad o mundo primitivo los hombres vivían libremente sin leyes, sin estado, sin gobernantes; se dedicaban a la recolección, a la agricultura, a la ganadería. Ahora bien, guiados por los instintos egoístas, comenzaron a pelear entre ellos por disputarse las mejores tierras, los mejores pastos para el ganado.

Algunos, más astutos, a costa de un esfuerzo mayor, acumulaban grano y cosechas en previsión de años de escasez; pero otros, siguiendo el principio del mínimo esfuerzo, robaban a su vecino, al que no le quedaba otro recurso que defenderse exponiéndose a perder la vida y la de los suyos. Así, esa sociedad primitiva era una «guerra de todos contra todos»; los hombres eran libres, pero a cambio de no tener seguridad ni siquiera para sus vidas, a cambio de no poder garantizar el disfrute de su trabajo, de no poder potenciar al máximo su bienestar personal, porque éste se basa en la acumulación de las riquezas, en el aumento del poder personal, imposibles en la sociedad primitiva en la que el hombre era «un lobo para con los demás hombres».

Frente a tal situación, los hombres decidieron prescindir de la libertad absoluta que tantos prejuicios le ocasionaba y pactaron una sociedad política organizada. Para ello, cedieron una parte de su libertad personal a un tercero, el más apto, el más inteligente y soberano, para que pusiera orden al caos, para dictara unas leyes y obligara a su cumplimiento, castigando a los transgresores. Este soberano común, es decir el estado, instituido por todos los hombres, si se justifica y si garantiza aquello para lo que fue creado el mantenimiento de la seguridad, del orden, del del cual los hombres puedan disfrutar de sus bienes de sus propiedades.

La existencia de un gobierno o soberano crea las condiciones gracias a las cuales es posible confiar unos en otros, y de resultas disfrutar de todos los beneficios de la cooperación. Además, Hobbes creía que tal institución debía tener un poder absoluto e ilimitado para poder garantizar la paz. La defensa que hizo Hobbes de la soberanía absoluta no convenció a mucha gente. Una crítica importante es que muchas personas tendrían más motivos para temer a un tirano que a otros seres humanos en el estado natural. Otra objeción es que el absolutismo es innecesario, pues incluso un soberano con poderes más limitados, quizá por una constitución, podría acabar con la guerra de todos contra todos.

En 1672 termina su autobiografía, que trasladará posteriormente a verso, en latín. Tres años después publicará su traducción de la Iliada y de la Odisea. Muere el 4 de diciembre de 1679, en Hardwick, a la edad de 91 años.




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