El Humanismo Filosofia e Ideas del Humanismo Características





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El Humanismo: Características
Filosofía e Ideas del Humanismo

Durante el período comprendido entre 1350 y 1550, en Italia nació una nueva tendencia espiritual, que se exteriorizó tanto en las artes como en las ideas: el humanismo. Este nuevo movimiento ideológico se extendió a los demás países europeos, pero con más de un siglo de retraso (de 1450 a 1600).

Los intelectuales italianos revelaron a Europa la experiencia histórica de sus antepasados y de la civilización greco-romana. El Humanismo surgió en las ciudades italianas, donde se formó un importante grupo de hombres de letras que participaron activamente en la sociedad.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana. Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad. Humanistas y burgueses coincidieron en el intento de crear una cultura laica, diferente de la medieval tradicional.

Buscaron en los pensadores de la Antigüedad, como Platón y Aristóteles, el punto de apoyo para sus ideas. Pretendieron que el conocimiento le diera al hombre mayores posibilidades de felicidad y libertad.

EL HUMANISNO:

La primera característica del humanismo es que el individuo tendió a liberarse de la dogmática, del ideal religioso de la Edad Media. En segundo lugar, se manifestó un retorno a la literatura clásica griega y romana. Los antiguos textos ya no se consideraron «paganos» y, por lo tanto, «prohibidos», sino que se inició su estudio desde el punto de vista filológico, histórico y estético. Por último, su tercera característica fue el florecimiento de una especie de culto al individuo. El hombre adquiere conciencia de su valor, de su propio «yo». 

Los eruditos y maestros de los siglos XV a XVII se interesaron en las humanidades, es decir, en todas aquellas disciplinas que servían para desarrollar los más altos valores del hombre cabal, libre y progresista.

Se consideró entonces que el estudio de los clásicos latinos y, más aun, de los griegos, permitía la revalidación de esos valores y liberaba el espíritu de todo fanatismo. Se crearon, con  tal objeto, nuevas escuelas en que se desterraban el trivium y el cuadrivium, bases de la enseñanza medieval, y se remplazaban por el estudio de los idiomas y las letras clásicas.

Se consideraban estas disciplinas como medios para obtener el desarrollo completo—físico y espiritual, estético y religioso—del hombre y liberarlo de los prejuicios de la época medieval. Así fue como nacieron los primeros programas de esa etapa de la educación que hoy se llama secundaria o humanista. Pero la atención hacia los objetivos fue disminuyendo y la enseñanza de los idiomas clásicos se convirtió en preponderante y exclusiva. La Ratio Studiorum de los jesuitas acentuó la tendencia.

En el siglo XIX el mayor desarrollo de la técnica y las ciencias disputó a las humanidades su capacidad de formar íntegramente al hombre. En Alemania se fundaron institutos de segunda enseñanza en que el griego y el latín se remplazaron por asignaturas científicas, * y en la mayor parte de los países occidentales se realizaron transacciones semejantes entre los estudios clásicos y los modernos.

La “educación nueva” del siglo XX restó importancia a la disputa entre clásicos y modernos al introducir el concepto de que son las manifestaciones de la vida en su totalidad y en todas sus fases las que pueden formar en su pluralidad infinita al ser humano.

De aquí la amplitud considerable que actualmente han alcanzado las “humanidades” modernas.

El humanismo se caracteriza, sobre todo, por la importancia que concede a la libertad y dignidad del individuo. Al mismo tiempo nace un nuevo interés por la Antigüedad clásica y se inicia la liberación de la influencia religiosa de la Edad Media. Erasmo, de Rotterdam, es el príncipe de los humanistas. La imprenta favoreció de modo eficaz la difusión del pensamiento humanista, que no tardó en consagrar el progreso del arte y el pensamiento en  Occidente.

Mirar hacia el pasado para comprender el present:



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Durante el Renacimiento se produjo un cambio en la actitud del hombre frente al mundo. Filósofos, científicos, literatos y políticos consideraron que el pasado greco-latino era la perfección en materia de creación humana y buscaron en él elementos que los ayudaran a comprender el mundo y, al mismo tiempo, comprenderse.

En la Italia del siglo XV florecieron ciudades que recordaban por su pujanza a las antiguas ciudades-estado griegas. Esta cultura urbana se diferenciaba claramente del mundo feudal rural. Al comienzo, el “renacer” del interés por la Antigüedad surgió en algunas de esas ciudades, donde la tradición clásica había perdurado. La presencia del pasado greco-latino se manifestó no sólo en los antiguos monumentos arquitectónicos, sino también en el uso y el gusto por la lengua latina.

En esos primeros momentos del Renacimiento, los humanistas fueron hombres de letras que se ocuparon del estudio de las obras antiguas y de la difusión del conocimiento facilitada por la imprenta. Este intento por expandir la cultura los diferenció de los hombres de la Edad Media, que habían conservado el saber, fundamentalmente, en los monasterios.

Los humanistas recuperaron a los antiguos como hombres “modernos”, es decir, comprometidos con los intereses y las preocupaciones del tiempo en que vivían. No tuvieron un solo maestro. Estudiaron a Platón, a quien consideraban por sobre Aristóteles, y a los autores del helenismo, del judaísmo y del cristianismo primitivo.

Los humanistas fueron hombres religiosos, la mayoría de ellos cristianos, que buscaron descubrir en los antiguos la manera de preguntarse sobre el mundo y las cosas. Su búsqueda intelectual se caracterizó por el desarrollo del pensamiento crítico en oposición al pensamiento dogmático.

Con esta nueva mirada sobre el pasado, lograron establecer una síntesis entre la cultura clásica y el cristianismo.

Así como resurgió con gran fuerza el estudio de la cultura greco-latina y de las lenguas griega y latina, los humanistas italianos comenzaron también a escribir en su propia lengua. Ya en el siglo XIV, los italianos Dante, Petrarca y Boccaccio —precursores del Humanismo— habían escrito en italiano. Paralelamente, entre los siglos XV y XVI, los estudiosos españoles, como Antonio de Nebrija y Luis Vives se ocuparon del estudio de su propio idioma y crearon la primera gramática castellana.

El Humanismo: una nueva manera de pensar la sociedad

En Florencia, el Humanismo estuvo estrechamente asociado con los intereses y las preocupaciones de quienes gobernaban la ciudad. Allí inició Nicolás Maquiavelo (1469-1527) sus reflexiones sobre la política. En su obra El Príncipe (escrita en 1513) analizó las distintas formas de gobierno, los modos de llegar al poder y los métodos para conservarlo, recurriendo a ejemplos tomados de la historia antigua. Maquiavelo quería contribuir con sus escritos a lograr la unidad de Italia. Para ello, describió las formas de acción política que consideraba adecuadas a la realidad que lo rodeaba, brindando consejos al “príncipe” para que pudiera sostenerse en el poder.

Vista panorámica de la ciudad de Florencia.

Florencia era la ciudad más rica del norte de Italia gracias a su industria textil, al comercio de productos de lujo y a la actividad bancaria. La ciudad se transformó en el centro del Renacimiento durante su primera etapa. Estaba gobernada por los Médicis, una familia de banqueros que, además, fueron grandes mecenas de intelectuales y artistas. Bajo el gobierno de Lorenzo el Magnífico (1449-1492), Florencia alcanzó su período de mayor brillo. En la fotografía se observa la cúpula de la catedral —obra maestra de Filippo Brunelleschi—, el campanario construido por Giotto y el Palacio comunal.

Otro humanista que ejerció una gran influencia en su época fue el holandés Desiderio Erasmo (1467-1536), quien en su sátira Elogio de la Locura (1511) criticó aspectos de la sociedad, particularmente los abusos de la Iglesia. Algunos autores consideran que contribuyó con esas críticas al desarrollo de la Reforma protestante a la que, sin embargo, nunca adhirió.

Otros humanistas describieron sociedades ideales. El inglés Tomás Moro (1478-1535), por ejemplo, realizó en su obra Utopía (1516) una dura crítica a la sociedad de su tiempo.

Una Critica a la Sociedad de Su Tiempo:
Utopía de Tomas Moro

—una isla producto de su imaginación— muestra un mundo que se rebela contra la pobreza y las desigualdades que genera la propiedad. En ella, un gobierno elegido por todos los habitantes distribuye los bienes que producen en conjunto.

“…Cuando traigo a mi memoria la imagen de tantas naciones hoy florecientes, no puedo considerarlas —y que Dios me perdone— sino como un conglomerado de gentes ricas que a la sombra y en nombre de la República, sólo se ocupan de su propio bienestar, discurriendo toda clase de procedimientos y argucias, tanto para seguir, sin temor a perderlo, en posesión de lo que adquirieron por matas artes, como para beneficiarse, al menor costo posible, del trabajo y esfuerzo de los pobres y abusar de ellos. Y así que consiguen con sus maquinaciones se manden observar en nombre de todos y, por lo tanto, en el de los pobres también, ya las ven convertidas en leyes.”

El país de Jauja. Óleo de Pieter Brueghel, siglo XVI.

El Renacimiento también produjo utopías populares. Una de las más conocidas fue la del “país de Jauja”, donde nadie trabaja. En la imagen se observan tres personajes que comparten las delicias de un país donde se vive en forma lujuriosa y las necesidades se satisfacen sin esfuerzo: un militar —representante de la clase noble—, un estudiante —prototipo de la vida urbana y burguesa— y un campesino.

LA IMPRENTA: El humanismo está estrechamente vinculado al invento de la imprenta. Ya desde principios del siglo xv se buscaba el medio de multiplicar los manuscritos de un modo más rápido.

El invento de los tipos movibles permitió que se realizara este proyecto. Este nuevo descubrimiento fue hecho simultáneamente por varios técnicos. Pero el primero en instalar un taller (en Maguncia, en 1450) fue Juan Gutenberg. Poco tiempo después se imprimió la primera Biblia. Al mismo tiempo, los impresores reemplazaron el pergamino, demasiado caro, por papel. Esto también favoreció la difusión de los textos. El arte de la imprenta se extendió rápidamente.

imprenta y humanismo

Gracias a este invento que, sin duda, es uno de los más importantes de la historia, el pensamiento humanista se difundió entre la población selecta. A pesar de que gozó del favor de los soberanos, nunca llegó a las clases inferiores de la sociedad. Los primeros impresores fueron, a menudo, sabios y escritores. Entre los más famosos citaremos a los Aldos, en Venecia; Froben, amigo de Erasmo, en Suiza; R. Estienne, en París; Elzevir en Leyden y Plantin en Amberes.

PARA SABER MAS SOBRE EL HUMANISMO….

Petrarca, el gran poeta italiano (1304-1374), y Boccaccio, autor del Decamerón (1313-1375), ya personificaban esta tendencia que no tardaría en propagarse, con distinta fortuna, por toda Europa occidental.

El humanismo se desarrolló en primer lugar en Florencia. Pretendía formar al hombre y perfeccionarlo, y para ello se inspiró en el ideal de la Antigüedad, el humanitas, es decir, lo humano en general. La invasión del imperio bizantino por los turcos y la caída de Constantinopla en 1453 fueron causa de que muchos sabios y literatos marchasen a Italia. Gracias a ellos se estableció un contacto más íntimo con el pensamiento y la literatura de la Grecia antigua. En Florencia se fundó una academia platónica según el modelo del filósofo griego Platón, apoyada por el cardenal Bessarión, famoso helenista.

Marcelo Ficino, uno de los principales conocedores florentinos de Platón, y Pico de la Mirándola, autor de un tratado sobre la dignidad humana, fueron miembros de esta academia.

En su obra, Pico de la Mirándola ensalza el libre albedrío. El individuo es libre de escoger el bien o el mal. El hombre consciente de su dignidad se sitúa en el centro de la historia, en cuyo curso influye por sus actos. He aquí un concepto puramente individualista que rompe con el colectivismo o sentido comunitario de la Edad Media. Junto a estos famosos humanistas italianos debemos citar también a Leonardo Bruni, traductor de Platón y Aristóteles, y a un crítico de historia, Lorenzo Valla.

En Italia, el humanismo fue un movimiento exclusivamente filológico y literario que se dedicó al estudio de la Antigüedad. Al norte de los Alpes, además de la literatura griega y romana, se estudiaron los textos de la Biblia y de los Padres de la Iglesia.

Los principales representantes del humanismo fueron J. Reuchlin en Alemania, J. Lefévre d’Etaples en Francia y el filósofo, psicólogo y educador Juan Luis Vives (1492-1540) en España, en cuyos escritos, como dice Julián Marías, anticipó lo que había de ser buena parte del pensamiento europeo de los siglos XVI y XVII.

De Inglaterra citaremos a Johan Colet, que en sus escritos denunció los abusos cometidos por la Iglesia, y especialmente a Tomás Moro (1478-1535). En su Utopía, Moro describe una sociedad humana ideal para poder atacar mejor a las situaciones políticas de su tiempo.

Pero es indudable que el príncipe de los humanistas fue Didier Erasmo, de Rotterdam (1461-1536). Renombrado filólogo, se dedicó, sobre todo, al estudio de los textos sagrados. Condenaba la escolástica y defendía la libertad cristiana. En su Elogio de la locura dio libre curso a su espíritu de la burla. Satiriza los conceptos supersticiosos, la ciencia imaginaria de los teólogos, la política del papa y el espíritu mundano que había invadido a la Iglesia. Su obra alcanzó enorme éxito, lo que demuestra que el espíritu humanista no fue atributo exclusivo de unos cuantos filósofos y escritores. Aún hoy se cita frecuentemente como una obra maestra sin igual.

A partir de este momento, se formaron círculos muy amplios en los que se empezó a estudiar, traducir y comentar a los autores antiguos y la Biblia. La atención se centró en el latín, el griego y también el hebreo. Para fomentar el estudio de estas lenguas, en 1516 se fundó el «Colegio de las tres lenguas», no en la Sorbona, que se negó a aceptar la nueva ciencia, sino en la universidad de Lovaina.

http://historiaybiografias.com/archivos_varios4/fuente_tomo2.jpg-EL DESPERTAR DEL HUMANISMO-




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