Los Primeros Idolos Argentinos:Gardel, Legizamo, Distefano y Fangio






LOS MAS DESTACADOS E IMPORTANTES IDOLOS DEL DEPORTE ARGENTINO

Carlos Gardel

Irineo Gegizamón

Alfredo Distefano

Juan M. Fangio

Carlos Monzón

Diego Maradona

LOS PRIMEROS PASOS DEL DEPORTE ARGENTINO:
El tiempo libre: fútbol, teatro y milonga

Los ingleses, además de ferrocarriles, empresas y negocios, trajeron u: deporte que apasionaría a los argentinos: el fútbol.

Aproximadamente en 1900, el club más importante era el Alumni. En le barrios obreros de la ciudad de Buenos Aires y en las orillas del Riachuelo organizaron River Píate, Racing, Boca Juniors, Independiente, San Lorenzo; Huracán. Por esa misma época se fundó Newel’s Oíd Boys de Rosario.

El futbol ponía una pausa a las duras semanas de trabajo. Los hombres empezaron a practicarlo en terrenos baldíos, los “potreros”. Muchos se convirtieron en “hinchas” y alentaron a los clubes que defendían los colores de su barrio. Hacia. 1907 había 300 equipos de fútbol, formados por jóvenes de la ciudad y sus al rededores.

En 1917, un año después de la llegada de Yrigoyen al gobierno, la Argentina participó por primera vez en el Campeonato Sudamericano de Fútbol. Por entonces, el deporte argentino comenzó a aparecer en los campeo natos internacionales.

El tiempo libre no se destinó sólo a los deportes. Antes de comenzar este siglo, existían cerca de veinte teatros en Buenos Aires. Entre 1910 y 1920 se inauguraron treinta más. Algunos más lujosos estaban en el centro, como el nuevo Teatro Colón, inaugurado en 1908.
Cada barrio porteño, aun el más apartado o humilde, tenía su teatro vecinal. También las compañías más importantes solían pasar por los barrios. A su vez, los circos atrajeron mucha concurrencia. Algunos iban con sus carpas de aquí para allá y las instalaban en cualquier terreno baldío. Otros, tuvieron instalaciones fijas construidas con madera.

En los primeros años del siglo XX la milonga y el tango se convirtieron en la música preferida de los sectores populares urbanos, y los lugares donde se bailaban alcanzaron gran difusión.

En el libro “100 Ídolos Porteños“, los autores explican:

Tras su rápida difusión [libro sobre origen del deporte inglés en el Río de la Plata], esta escuela inglesa de los deportes se fue acriollando, especialmente el fútbol, cuando ganó terreno en los hábitos de la cultura obrera argentina y, ya sobre los inicios del siglo XX, fue abandonando su condición de actividad exclusiva de los colegios de señoritos, para empezar a conformarse la incipiente Comunidad Deportiva Nacional: instituciones deportivas estudiantiles, clubes, sindicatos y circuitos de competición de distintas disciplinas organizadas por dirigentes locales que comienzan a tener protagonismo, algunos de los cuales figuran como ídolos en este libro.

El desarrollo del deporte, estuvo ligado indisolublemente al tendido de nuestra red ferroviaria que, a partir del primer ferrocarril (entre Plaza Lavalle y Floresta) en 1857 llegó en 1915 a tener 33.710 kilómetros de vías.

En todos esos ramales, cada quince kilómetros promedio se erigió una estación. “Y con cada estación se insinuó un pueblo, con un almacén de ramos generales que seguro tenía cancha de bochas y en una de esas también una cancha de pelota”, como lo expresa el licenciado Alfredo Armando Aguirre, uno de nuestros grandes y contemporáneos historiadores, en Cavilación en clave de trocha angosta bonaerense. Mientras más se extendían las líneas ferroviarias, más práctica deportiva se realizaba en nuestro país.


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Cuando en Buenos Aires la población ya superaba los 800.000 habitantes se presentó en 1904, en la Cámara de Diputados, el proyecto que contemplaba un día de descanso obligatorio en la semana para los trabajadores, conquista que ya tenían algunos gremios y que se convirtió en Ley N° 9104 el 31 agosto de 1905 (autoría de Joaquín V. González y presentado por el diputado socialista Alfredo Palacios).
Durante el gobierno popular de Don Hipólito Yrigoyen, en 1929, por la Ley N° 11.544, se impone la jornada laboral de ocho horas de trabajo por día.

Estas horas y días de descanso permitieron a los trabajadores empezar a construir instituciones para disfrutar en sociedad de su tiempo libre. Comenzaron así a formarse infinidad de nuevos clubes y a popularizarse la práctica de los deportes.

Entre la década del ’40 y de los ’60 Buenos Aires se fue constituyendo como gran urbe generadora de cultura. Con sus nombres rutilantes, numerosos escritores como Manzi, Borges, Marechal, los dos Discépolo, las dos Ocampo, Cortázar… Con su música original, el tango, y sus infinitos intérpretes, Gardel, Tita Merello, los dos ángeles D’Agostino y Vargas, D’Arienzo, Nelly Ornar, Pugliese, Troilo, Hugo Del Carril, Julio Sosa, Mariano Mores, Astor Piazzolla, el Polaco Goyeneche, Edmundo Rivero… Con sus actores, artistas plásticos, compositores del género clásico, periodistas, científicos, investigadores… Y también con una gran cultura deportiva, expandida en el mismo nivel que los otros campos de actividad.

En el caso del fútbol, ese crecimiento obligó a la construcción de los estadios más grandes conocidos hasta entonces: el Monumental de River, la Bombonera de Boca, el Cilindro de Racing en Avellaneda, el de Huracán junto a la quema. Seguía don Pepe Amalfitani sumando ladrillos al de Vélez Sarsfield y mantenía Independiente el orgullo de haber construido el primer estadio de cemento que tuvo América Latina.

SOBRE LOS ÍDOLOS: Los ídolos se presentan como espejos donde se ve Lo que se quiere ver. Deslumbran y fascinan porque se necesita creer que son tan incondicionales hacia las personas como las personas hacia ellos, como si no tuvieran dificultades personales que resolver, su propia mochila…

Comprender que sí los tienen, como cualquier persona, puede resultar una buena advertencia contra el riesgo de la idolatría, que es una especie de adicción centrada en alguien. El peligro de La idolatría es que puede hacer perder la libertad y la autonomía.
El modelo, en cambio, despierta admiración, no es un personaje sino una persona con sus debilidades e imperfecciones —que no tiene por qué ocultar— y no pide imitación, sino que genera inspiración.

Lo que Onetto describe como modelos se asemeja mucho a lo que Cyrulnik llama tutores de resiliencia. Se trata de personas reales, luchadoras, que no temen mostrar sus imperfecciones, pero tampoco su empeño por superarlas. Que no se proponen “dejarnos con la boca abierta”, ni “dar ejemplo” las veinticuatro horas del día, ni emitir sermones a diestra y siniestra acerca de cómo es la vida y cómo se la debe vivir, pero demuestran vivir intensamente y pensar sobre lo que viven. Disfrutan transmitiendo a quienes los siguen, el fruto de esas reflexiones y vivencias.

Fuente Consultada:
Sociedad, Espacio y Cultura 3° Curso EGB Prislei-Tobío-Geli
100 Ídolos Porteños  1910-2010
AS Adolescencia y Salud Polimodal – Gagliardi-Martiná-Míguez

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