Ley de Reforma Electoral Ley Saenz Peña Sufragio Univesal Voto





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Ley de Reforma Electoral Ley Saenz Peña

LA LEY REFORMA ELECTORAL:LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA EN ARGENTINA: La visión de Roque Sáenz Peña puso fin al fraude al propiciar las leyes que modificaron, desde 1912, la vida política. Pese a la sacudida del 90, el grupo gobernante se mantuvo en el poder por dos décadas —no sin enfrentar profundos choques internos y profundas escisiones—.

Un hombre surgido de sus filas, Roque Sáenz Peña, comprendió que se requerían medidas nuevas y cerró el período de la Organización Nacional. Bajo su auspicio se sancionó la ley electoral, que garantiza el sufragio obligatorio y secreto a todos los ciudadanos de la nación. La aplicación de esta ley hizo posible el ascenso del radicalismo al gobierno, acaudillado por Hipólito Yrigoyen, quien llegó a la presidencia en 1916, votado por 172000 ciudadanos.

Ley Electotal 1912

Ley Electotal 1912

El sufragio universal

Antes de ocupar la presidencia, y por mediación del doctor Manuel Paz, diputado por Tucumán, Sáenz Peña se entrevistó en casa de éste con el doctor Hipólito Yrigoyen, jefe del partido Radical, principal fuerza opositora. Segán Ramón J. Cárcano, presente en las dos reuniones celebradas.

Sáenz Peña declaró que su primer deber sería “asegurar el ejercicio libre y honesto de todos los derechos prometidos por la Constitución”. Yrigoyen contestó: “Si el gobierno da garantías, iremos a las urnas”. Como prenda de buena fue, Sáenz Peña ofreció a Yrigoyen dos ministerios de su futuro gabinete, pero el jefe radical los declinó, manifestando que a su partido le bastaba el voto libre.

En el mensaje inaugural ante el Congreso, Sáenz Peña expresó claramente su firme decisión de respetar y hacer respetar la libertad de sufragio. Consecuente con esta declaración, envió un proyecto de ley, preparado con la colaboración eficaz del ministro del Interior, doctor Indalecio Gómez, que fue aprobado en 1912 por ambas cámaras, tras largos y eruditos debates.

Los principales puntos de la nueva ley electoral disponían la confección de los padrones por las autoridades militares; la identificación del ciudadano por la libreta de enrolamiento; el voto secreto, depositado en la urna dentro de un sobre firmado por el presidente del comicio y los fiscales de los partidos; la obligación de votar, “porque era a la vez un derecho y un deber”.

Con el objeto de asegurar representación a la minoría, adoptaba el sistema de la lista incompleta, limitando el número de candidatos a los dos tercios de los cargos a llenarse; el sufragio adjudicaba esa cuota al partido vencedor y el otro tercio al que le seguía en cantidad de votos, según el orden de nombres de la lista respectiva. Tenían derecho al voto todos los ciudadanos argentinos, nativos y naturalizados, mayores de 18 años, salvo algunas excepciones, expresamente enumeradas.

En vísperas de aplicarse por primera vez la ley electoral, Sáenz Peña publica un manifiesto en el que exhortaba al pueblo a participar de las contiendas cívicas. Terminaba con el siguiente párrafo: “He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario. Quiera votar”.

Fuente: Historia 3 La Nación Argentina Miretzky – Mur – Ribas – Royo.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR HILDA SÁBATO Historiadora
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

[…] Algunos intelectuales y dirigentes políticos hablan de la “indiferencia” y “falta de espíritu cívico” de los ciudadanos, más interesados en sus asuntos privados que en la política, pero otros señalan con razón que muchos de quienes no ejercen su derecho de sufragio participan activamente de otras dimensiones de la vida ciudadana. Por lo tanto, las causas de la abstención electoral habría que buscarlas en el funcionamiento mismo de la política, que desalienta la asistencia a los comicios.

Existe un diagnóstico que comparten dirigentes de los partidos de oposición (la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista), y algunos miembros de las agrupaciones cercanas al poder. El férreo control que sobre los mecanismos electorales ejercen las autoridades de la nación y de las provincias quita al voto el carácter de expresión libre de una ciudadanía autónoma. Se habla así de “gobiernos electores” más que de ciudadanos electores.

Las elecciones se aseguran a través de la manipulación de los padrones, del dominio de las instancias de organización y supervisión de los comicios, del uso de los recursos estatales para crear y subordinar clientelas, y del funcionamiento de una máquina de favores e intercambios aceitada por la venalidad. De esta manera, la competencia electoral genuina ha sido más la excepción que la regla, y un mismo grupo político ha mantenido en sus manos el poder por más de treinta años.



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Pero los tiempos cambian y sectores cada vez más amplios reclaman una transformación de las prácticas políticas en uso para que se garantice la vigencia plena de la Constitución. Existe, además, una creciente demanda de democratización política, que se manifiesta de distintas maneras: desde abajo, a través de un movimiento obrero vigoroso y de otras organizaciones de la sociedad civil que intervienen en la vida pública; desde las dirigencias políticas, a través de la protesta de partidos como la UCR y el socialismo, o de las acciones directas del anarquismo.

Pero también en sectores del oficialismo, entre intelectuales tofines al régimen y funcionarios del gobierno, hay inquietud por ampliar las bases del sistema para evitar su deslegitimación; por modernizar un régimen político desconectado de una sociedad en plena modernización; por incluir a una población cada vez más heterogénea (producto de la inmigración masiva) en los marcos políticos formales; por ponerse, en fin, a la altura de los tiempos. En el oficialismo no todos coinciden con la necesidad de la reforma, pero el presidente Sáenz Peña ha logrado imponerla.

Llegamos así a la sanción de esta ley. Sus promotores aspiran a que tenga efectos sobre las prácticas políticas actuales y a que paute las novedades que abre la presión democrática: que el voto obligatorio y secreto impulse y amplíe la participación libre, que el padrón militar elimine la manipulación de los registros y que la representación de minorías abra espacios a las fuerzas opositoras en el gobierno de la República. El futuro dirá.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929




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