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Los cultos populares van con la gente, son sus creaciones y no se pueden limitar ni territorial ni sectorialmente. Son un instrumento humano, y como, la fe, en su expresión popular, genera figuras en torno a las cuales se estructuran estos cultos que en su mayoría, responden a personas reales y concretas, con nombre y apellido, caracterizadas por una serie de virtudes cristianas que vieron truncadas sus vidas por hechos fatales. Este fin, luctuoso y victimario, que hasta podríamos considerar injusto, motiva en el grupo contextual de la víctima un sentimiento devoto que encauza, en el común de los casos, la canonización popular.

Como en épocas precolombinas, en muchos pueblos del noroeste argentino el alma de los difuntos regresa una vez al año a visitar a familiares, casa y hacienda. El momento elegido para este reencuentro es el Día de los Fieles Difuntos, es decir, el día que dispuso la Iglesia para rezar por las almas del purgatorio. Estas presencias no provocan temor; por el contrario, es un día de alegría y se vive como una fiesta.

Las almitas llegan el 1° de noviembre al mediodía y son despachadas a las 12 del día siguiente. En cada casa se habilita una sala con un improvisado altar y se prepara la Mesa de las Ofrendas.
Sobre un mantel se van ubicando las diferentes comidas y bebidas que están destinadas a alimentar a las almas. Primero, los dulces traídos especialmente de la ciudad y luego, uno a uno todos los platos con los diferentes alimentos que se van cocinando durante las 24 horas.

En otra habitación, generalmente la cocina, el dueño de casa convida a los presentes con comidas, separando el primer plato de cada una de ellas para la Mesa de las Ofrendas. Después del alimento, se invita a los asistentes a orar y todos se dirigen a la sala donde está el altar y se canta y reza la novena en sufragio de las ánimas del purgatorio.

Durante 24 horas se alternan las oraciones con las diferentes comidas. Se supone que los difuntos regresan ansiosos por probar todo lo que gustaron en vida; por eso, no debe faltar ningún alimento. Así, a las 12 del 2 de noviembre la Mesa de las Ofrendas literalmente desborda. Todo está representado y en abundantes cantidades, incluyendo las hojas de coca y los cigarrillos. Las bebidas van desde el café hasta la pina colada y las comidas muestran una gran variedad, que incluye asado de llama, empanadas, sopa, pasas, nueces, morcilla, panes salados y dulces con formas de animales, milanesas y mucho más.

Llegado el momento de la ofrenda final, se van retirando de la mesa distintos elementos y se los coloca en un balde. Las bebidas se vierten en forma de señal de la cruz y luego se vuelca todo el contenido sobre una hoguera preparada en el exterior de la casa, procurando que se forme una densa humareda, porque ésta será el vehículo que transportará las ofrendas a las almas.

Como ocurre con la Pachamama, el vínculo con los antepasados es de reciprocidad. Las almitas tienen poderes para cobrarse con ganado o siembras si no se las alimenta lo suficiente. Pero esto jamás pasa, porque el puneño siempre es generoso con las fuerzas del más allá.

TIPOS DE CULTOS

a. Sacrificiales: de fuerte presencia en el noroeste del país.
Tenemos la “Almita” Sibila y “Almitas” González en Jujuy, Juana Figueroa y Pedrito Sangüeso, en Salta, Pedrito Hallao en Tucumán y la Telesita en Santiago del Estero.

b. Anómicos: Bazán Frías en Tucumán, José Dolores en San Juan, el Gaucho Cubillos y el Gaucho Bairoletto en Mendoza, Olegario Álvarez en Saladas, el Gauchito Antonio Gil en Corrientes, Martina Chapanay en Mendoza-San Juan y las “finadas gauchas” de San Luis.

c. De Sanidad: Pancho Sierra y la Madre María en Buenos Aires, don Luis Paredes en San Juan.

d. De Santificación: la Difunta Correa en San Juan y Ceferino Namuncurá en Río Negro.

e. Tanatológicos: San La Muerte en Corrientes.

La bibliografía dedicada a este tema es tan extensa que sólo ofrecemos un panoramamuy general a efecto de orientar su lectura. Creemos que lo fundamental es mostrar la sacralidad de la devoción desde la mirada humana, y así, en este tema de las devociones populares, la cuestión del sacrificio (convertir en sacro algo que no lo era a través de un ritual y un código de símbolos que renueva el significado del vínculo hombre-Dios) además de repasar un breve itinerario de este catolicismo popular que nos sorprende a la vera de los caminos, en las ciudades y en los hogares, tanto de un piso de la gran ciudad como de una casa de barrio de obreros de un pequeño pueblo de cualquiera de nuestras naciones latinoamericanas.

Tal vez aquí sea oportuno agregar algunas palabras que tengan que ver con el espacio y el territorio. Los cultos populares se presentan, al principio, como anclajes territoriales de una construcción colectiva que tiene que ver con el sentido de la vida, la culpa y el sacrificio. En la mayoría de los casos, los “elegidos” para ser tomados como ejemplo son señalados por un acto injusto lo que provoca la conexión con e grupo de pertenencia y establece el camino de la devolución a través de la devoción.


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En cada relato testimonial se distinguen marcadores identitarios en los cuales sus narradores señalan la apropiación y, por lo tanto, la pertenencia que legitima y establece el sentido de referencia. En este conjunto de componentes, aparecen los valores más ponderados por las comunidades, con lo cual se fortalece el sentido del ejemplo de vida a imitar. Así, en el recorrido por los diferentes espacios y localizaciones, se establecen patrones de comportamiento generalizados que demuestran la universalidad de las prácticas cotidianas,por un lado, y a la vez su particularidad .

Así, y para que sirva de cierre a esta interpretación simple, pero que marca las coincidencias y las diferencias de las conductas humanas, podemos decir que más allá de la categorización arriba referida de los cultos populares, en todos los casos estamos ante personas, no seres divinos ni superpoderosos, sino simplemente humanos comunes y corrientes, elegidos para establecer el vínculo con lo divino, para que medien a partir de ser invocados y solicitados para concretar un favor, un pedido, una condición necesaria que será retribuida con una promesa, exvotos y devoción constante.

Fuente Consultada:
Todo el Historia N°440 Mitos y Devociones Populares en la Argentina.
100 años de vida cotidiana – El Diario Intimo de un País La Nación.





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