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Pueblos Longevos: Hunzas

Hunza Localización: Hunza está situado en un valle remoto que tiene unos 300 Km. de largo por sólo uno y medio de ancho, a una altura de 300 m y completamente rodeado de picos montañosos. Estos picos llegan a los 7.000 m de altura y pertenecen a la cordillera Karakoram, más conocida en occidente por Himalaya o el «techo del mundo». Hunza, que está en el extremo nordeste de Pakistán está en un paso solamente de Cachemira controlado por Pakistán, de la India, de Afganistán, de Rusia y de la China.

El único acceso al valle es a través de Rawalpindi, la nueva capital de Pakistán. Desde ahí, 45 minutos de vuelo le llevarán a Gilgit, 375 millas al norte. Este vuelo es uno de los más peligrosos del mundo ya que la avioneta ha de cruzar por una serie de pasos montañosos muy traicioneros. Aunque Gilgit está sólo a 68 millas de Baltit, que es la capital de Hunza, el viaje solía durar tres días y tenía que hacerse en muía, caminando y el último trozo (la bajada al valle desde 600 m de altura) en jeep. Hoy en día no obstante, este recorrido puede hacerse en tres horas únicamente gracias a la nueva Karakoram Highway (carretera del Himalaya). Longevidad.

Las evaluaciones de longevidad que los visitantes extranjeros atribuyen a los hunzukuts varían considerablemente, siendo la estimación más elevada 150 años. Renee Taylor escribe en su libro Huntfi Health Secrets for Long Life and Haptness (Los secretos de la felicidad y la larga vida en Hunza): «En Hunza, la gente se las arregla para sobrepasar los cien años de vida en perfecto estado de salud mental y física… hay hombres de 90 años que vuelven a ser padres y mujeres de 50 que aún conciben hijos.»

Betty Lee Morales, presidente de la American Cáncer Society (sociedad americana contra el cáncer) y que ha visitado Hunza dos veces, escribió para el Los Ángeles Times (16 de julio de 1973): «Desde luego es una exageración decir que viven hasta los 150 años, pero no hay ninguna necesidad de dorar la píldora. La edad media de defunción es 90 años.»

El doctor Alexander Leaf, jefe de los servicios médicos del Hospital General de Massachussets y profesor de la Facultad de Medicina de la universidad de Harvard, da cuenta con toda fiabilidad de su encuentro con un hombre de 106 años que seguía trabajando como pastor de cabras durante los meses de verano, mientras que el hunzukut más Viejo era venerado por sus 110 años de vida. El doctor Leal afirma también «más que la edad es su perfecto estado de salud lo que me ha impresionado» y anota además que en aquella época en Hunza no existían registros escritos de nacimientos o defunciones.

Según el Mir de Hunza, de una población actual de 40.000 almas, 6 personas sobrepasan los 100 años de edad y existen muchas éntrelos noventa y cien años. (Antes de que llegara la construcción de la primera carretera había por lo menos 50 personas de más de cien años).

En América por el contrario existen solamente tres personas centenarias por cada 100.000 habitantes. Vivir allí. Los pequeñísimos trozos de tierra cultivable de los hunzukuts a lo largo de la base de la pendiente de las montañas parte en escaleras o terrazas. Estas granjas se riegan por un sistema de conducciones alimentado por el agua de deshielo del enorme glacial Ultar.

Un grupo de 6 o 7 árboles frutales se considera un «huerto., y un campesino puede llegar a bajar y subir varias veces al día hasta 1.000 pies de altura para atender a sus faenas. De lejos, cuantío las nieves de invierno se han fundido, Hunza parece un centón amarillo, marrón y verde. Por el fondo del valle serpentea el no Hunza, de color gris perla y aspecto tenebroso, y cuya riquísima agua mineral los hunzukuts beben asiduamente y llaman «nuestra leche glacial».

En cualquier parte que usted levante la mirada, verá las nevadas dumanis o cumbres elevadas dominadas por el monte Raka-poshi, una de las montañas más estupendas de la cordillera Karakoram. Los hunzukuts creen que son descendientes de los soldados de Alejandro Magno. Cuando la campaña de Alejandro Magno contra la India fracasó algunos de sus soldados desertaron. Llevándose a sus mujeres afganas y turcas y se refugiaron en el protegido valle del Hunza. Ciertamente los hunzukuts con sus facciones y tez mediterráneos, no se parecen a ningún otro pueblo de Asia. Su lengua, el burushaski, también es única.

Hermann Berger, profesor de la universidad de Munich y una autoridad en lenguas himalayas, considera que el burushaki está relacionado con el vasco, que se habla en los Pirineos del sur de Francia y norte de España.

Todos los viajeros al volver de Hunza lo describen invariablemente como un paraíso debido a la vida natural, tranquila y sin prisas que allí se lleva. Todo hunzukut, viejo o joven, trabaja en algún oficio manual labrando los campos, cuidando el ganado, recogiendo la fruta en verano y dejándola secar al sol para el frío y nevado invierno. Todo el mundo se va a dormir al anochecer y se levanta con el sol. Hasta hace muy poco la única electricidad que había en Hunza estaba en el palacio del Mir de Hunza que la usaba moderadamente para beneficio casi exclusivo de los visitantes extranjeros.

El Mir era también el único hunzukut poseedor de reloj, mientras el resto de la población medía el tiempo por la posición del sol, la forma de la luna por la noche y el cambio de estaciones. Incluso en Baltit no había ni tiendas, ni cines, ni hoteles, ni policía, ni impuestos. La gente no hablaba de vejez, sino solamente de «los años jóvenes», «los años medios» y «los años ricos». La nueva carretera está cambiando todo esto muy rápidamente.

Para divertirse los hunzukuts practican una especie de polo sin reglas en el que los dos equipos no paran hasta que uno de los dos consigue marcar nueve goles. También se practica el balonvolea y usted podrá ver a hombres de 70 años jugando al lado de muchachos.



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Ver: Sugerencias y Tips Para Una Vida Sana y Longeva

Fuente: Almanaque Insólito Tomo 4.





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