Biografia de Francisco Martini Ingeniero del Renacimiento Leonardo





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Biografia de Francisco Martini
Ingeniero el Renacimiento

Desde los arquitectos de los arquitectos de las  catedrales hasta los autores de los teatros mecánicos del siglo XVII se suceden varias generaciones de grandes técnicos con centros de in-icrcs cercanos, cada una de las cuales sabe relevar a la anterior aportándole nuevas iluminaciones. Pero si en este constante progreso en el conocimiento técnico es preciso leer etapas principales, hay que mencionar un vuelco importante hacia mediados del siglo XV, alrededor de un hombre apasionante que hemos elegido para poner en primer plano:Francesco di Giorgio Martini.

Es muy difícil hablar de los ingenieros de este período sin evocar el personaje de Leonardo da Vinci, a tal punto impacta todavía los espíritus con su genio universal. Pero en una historia de las técnicas hay que reinstalarlo en el linaje de grandes técnicos de quienes es digno sucesor, con el añadido de una curiosidad científica asombrosamente moderna.

En efecto, es este último rasgo de carácter lo que nos lleva a ver en Leonardo más un personaje primordial de su época, que una osmosis entre el artista y el técnico.

Esta doble preocupación por las “artes mecánicas” y las “artes liberales”, para mencionar los términos que tres siglos más tarde retomaría un tal Diderot, es en realidad un rasgo común a todas esas generaciones de ingenieros-artistas de finales de la Edad Media y el Renacimiento.

Para Leonardo, lo mismo que para Albertí, Durero o Francesco di Giorgio, no se pueden disociar las dos aproximaciones: artística y técnica. En este sentido el itinerario de Francesco di Giorgio Martini es ejemplar.
Nacido en 1439 en una familia modesta, recibió en Orvieto formación en pintura y escultura.

En un período de expansión de la cultura en bronce, se vuelca hacia esa técnica metalúrgica y se convierte en fundidor. Como por añadidura la artillería de bronce —colada en un solo bloque— sustituye a la de hierro —lograda mediante forjado—, se orienta naturalmente hacia la fabricación de cañones. Su doble condición de ingeniero militar y de artista, y su práctica del dibujo, le permiten realizar proyectos arquitectónicos, civiles y militares que llegarán a ser su obra principal, o por lo menos la que lo hará más famoso.


Oriundo de Siena, realizará sin embargo la mayor parte de sus trabajos en Urbino, bajo el impulso de Federico da Montefeltro. Es como arquitecto que este duque de Urbino, rico príncipe en el feudo cultural de los Sforza en Milán o de los Mediéis en Florencia, llama a su lado a Francesco di Giorgio, por entonces de 38 años, para realizar trabajos de derivación de corrientes y construir palacios.

Había adquirido su reputación de arquitecto e ingeniero en su ciudad de Siena, donde desde 1469 estaba a cargo del servicio de aguas, fuentes y acueductos. En ese verdadero centro de investigación que representaba la corte de los Montefeltro, donde las ciencias y las técnicas cumplían un importante papel, perfecciona sus conocimientos de arte militar al seguir al duque en sus campañas guerreras. Entre sus múltiples realizaciones subsisten todavía los palacios de Urbino, con su asombroso sistema hidráulico, y las fortalezas de Sassocorvaro (1470-1478), Rocca San Leo (1479), Cagli (1481) o Mondavio (1501).

Los príncipes italianos desempeñan en la Italia de fines del siglo XV una función fundamental en el cambio que se opera entonces en las mentalidades. Hombres de arte y de cultura tanto como de guerra saben rodearse de los artistas, arquitectos y técnicos más competentes, y darles los medios para poner en práctica sus grandes ambiciones. La circulación de las ideas, como la del saber técnico, es un dato esencial del Renacimiento, en cualquiera de los terrenos. Las catedrales cumplieron un rol fundamental en los siglos anteriores para la formación de los ingenieros del Renacimiento.

La construcción de la última gran catedral de ese período, el Duomo de Milán, hizo de la Obra —la Opera del Duomo—- un verdadero centro de encuentros entre arquitectos y técnicos de los diferentes países de Europa. Sobre esa cantera, en el momento de su conclusión, Francesco di Giorgio conoció a Leonardo da Vinci, en ocasión de una reunión de arquitectos.

Francesco tenía entonces 51 años, Leonardo 38, y no hay duda de que este encuentro tuvo consecuencias notables en los trabajos de este último. Francesco di Giorgio goza entonces de una reputación de experto tanto en arquitectura civil y militar como en la construcción de máquinas.

En el año 1490 viajaron juntos a Pavía, para un proyecto de construcción de catedral, y Martini le dio a Leonardo un ejemplar de su famoso Tratado de arquitectura, donde éste se inspirará ampliamente para sus trabajos de arquitectura militar y de construcción de máquinas.

El tratado de Francesco di Giorgio se compone de dos volúmenes, los Trattati di architettura, ingegneria e arte militare, escritos alrededor de 1470, de los cuales durante mucho tiempo sólo la parte arquitectónica se difundió y por consiguiente fue reconocida. La parle mecánica, estudiada más recientemente, es, junto con la fortificación, aquella donde es más innovador el aporte del autor. En efecto, sus proyectos arquitectónicos, hechos a un lado sus planes de ciudad ideal, se acercan a los tratados anteriores, y la influencia de los autores antiguos como Vitruvio o Vegecio se hace sentir claramente.

Cabe suponer que fue el primero en redactar esa parte, antes de sus grandes obras de Urbino. Su experiencia en el terreno militar lo condujo a presentar proyectos de fortificaciones mucho más interesantes. Si encontramos en sus dibujos muchas fortalezas dentro del espíritu de la Edad Media, con altas murallas, torres y almenas, también se ven aparecer fortificaciones más bajas, con el esbozo del plan poligonal que se desarrollará en los años siguientes.



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