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Orllie Antoine de Tounens era el sexto hijo de una familia de buena posición, sin título de nobleza, que habitaba en Francia. Nació en mayo de 1820, se recibió de abogado siendo joven y actuó en los tribunales galos. En 1858 decidió ser rey. Viajó a Panamá, cruzó por tierra hasta el Pacífico y se embarcó rumbo a Chile. Aprendió castellano, escribió un libro sobre los animales domésticos, se hizo llamar Príncipe de Tounens, tejió relaciones en Valparaíso y tomó contacto con los jefes de las tribus araucanas y mapuches.

Su Historia: Orlli Antoine de Tounens, nació en mayo de 1820, sexto hijo de una familia pudiente, pero sin posesión de algún título de nobleza, residente en Francia. De muy joven hizo ejercicio de su profesión: abogado, en donde actuó en los tribunales galos; para posteriormente en 1858, tomar la decisión de ser rey.

Este, se hizo llamar Príncipe de Tounens, y con un aprendizaje del castellano, viajó a Panamá, en donde cruzó por tierra hasta el Pacífico y se embarcó finalmente hacia Chile. Aquí es donde tejió relaciones en Valparaíso, porque estableció contactos de gran importancia con los jefes de las tribus araucanas y mapuches. Además este príncipe escribió un libro en que relataba sobre los animales domésticos.

Así es como se puede afirmar, que este protagonista mantuvo negociaciones con los caciques. A tal punto, que con una tupida barba, abundante cabellera, vestido de levita, a cuestas un poncho mapuche, junto a un sable corvo en la cintura; sirvió como carta de presentación en la primera cita que asistió con los nativos. Con un discurso muy análogo en todos los territorios aborígenes, fue recorriendo poblaciones y entablando amistad son sus jefes.

Su propósito siempre fue asegurarles una protección, en este caso era la del rey francés Napoleón III, ya que tenían como objetivo en común vencer al gobierno chileno o argentino, según cual fuere el caso. Sus encuentros se destacaban por se plenamente divertidos, ya que el candidato a rey proveía alcohol como agua de manantial. Sin embargo, en un primer momento este no tomó contacto con la República Argentina, cuestión que si lo hizo tempranamente con el gobierno Chileno, al cual le planteaba que su misión era pacificar a la indiada y para ello solicitaba ayuda logística, incluyendo en ella dinero. Es decir que este francés charlatán comenzaba una gira diplomática, la cual con el correr de los años lograría sus frutos. Pero para ello, en un primer momento debió establecer un sólido acuerdo, porque sino de nada le serviría el palabrerío, con el impetuoso Quilipán; el gran cacique de los territorios chilenos. Esto fue posible recién en la primavera de 1860, cuando ambos se reunieron en una cumbre.

Tal como ya era costumbre, los festejos se hicieron presentes y en ella el vino era el motivo de entusiasmo de la indiada, y hasta los hijos del cacique Quilipán. Uno de ellos, fue Kolüpan el cual se caracterizaba por su bravo carácter y por marchar por la vida con un grado de descontrol. Este galopaba su caballo preferido hasta un peñasco. Su destreza era justamente que este pingo frenara de golpe y quedara finalmente con sus manos, es decir sus patas delanteras alzadas al precipicio. A tal punto que ello mismo lo llevo a su deceso. Sí, las causas y motivos de este accidente no se saben, pueden haber sido tantas; desde que esa tarde le fallaron los frenos o si el diestro Kolüpan padecía de un estado de ebriedad, pero lo que si se sabe es que el caballo de este hijo cacique, no solo dejó las manos en el aire, sino que junto a ellas las dos patas traseras, resultando la caída inmediata de esta dupla al fondo del precipicio. Así la celebración continúo, solamente que hubo un cambio de motivo, en donde reinaba una sensación de pésame junto al ofrecimiento de incansables regalos al afligido Quilipán, por parte de los integrantes de su tribu.

A la fila de obsequios se sumó el francés Orllie, quien comprendió de que se trataba ese angustioso hecho. Por ello regaló su caballo, el cual se diferenciaba enormemente de los otros que pastaban en el corral de la tribu, ya que era un ejemplar joven, de buen porte y por sobre todo bien cuidado. Tal es así, que Orllie gracias a este obsequio inicia su cuenta regresiva hacia la corono patagónica, tras ganar la gratitud del gran cacique.

No obstante, el 10 de noviembre de 1860 se da origen a la monarquía constitucional del terruño, ya que Orllie denomina el territorio Araucania, para la cual este le redacta un preámbulo y una posterior Constitución que lo avala como tal. El entusiasmo fue notable por parte de los constituyentes encargados por el hecho de la sumisión de los nativos, que queda reflejado en el documento según las firmas. Pero ello, desató una organización temprana con el propósito de atacar a los poblados chilenos. Sin embargo, ello no fue efectivizado debido a que el traductor al mapuche se les hizo saber mediante un aviso a las autoridades chilenas.

Este lúcido rey fue enviado a que se capture en manos del coronel Cornelio Saavedra (este era nieto del Célebre Cornelio de 1810, encargado de la “campaña del desierto” del otro lado de la cordillera). Finalmente Orllie- Antoine fue detenido en manos de Saavedra, quien lo llevó hasta Valparaíso, lugar en el cual este francés iba a ser juzgado. Desde ese momento estuvo encarcelado hasta siete meses después, momento en el cual los peritos médicos establecen que este hombre no estaba en su sano juicio. Ello implicaba, que no se le pudo realizar un juicio justo y acorde a los hechos, porque no poseía la cordura de una persona sana. Este hecho y tras haber estado internado en un manicomio durante nueve meses, el cónsul francés decide que Orllie regrese a Francia, para ello lo introduce en un marco que marcó el retorno de este rey a casa. Pese a ello, regresar a su reino fue el propósito de su majestad patagónica, quien insistió con este proyecto e inició una campaña que buscara recaudar dinero para este retorno tan ansiado. Finalmente esto se pone de manifiesto en 1869, cual consigue un financista que permite que Orllie se embarque hacia el continente americano, más precisamente con destino último: Buenos Aires. Pero ella fue partícipe de una corta estadía por parte de su majestad, ya que ni bien pudo, partió hacia el sur.

La bahía de San Antonio, en Río Negro fue su punto de desembarco, ya que a partir de allí inició una caminata hacia el oeste, recorriendo todo su reinado. Este monarca no fue reconocido por sus súbditos, cuestión que se refleja tras el encuentro en esta caminata con una tribu poco amigable, en donde Orllie casi termina decapitado. Pese a ello este se las ingenia para hacerles comprender que su principal aliado siempre lo fue Quilipán, y que el era tan mapuche como ellos, porque esa pertenencia se adquiría tanto por nacimiento como por los hechos y sentimientos. Gracias a estos argumentos, este franco mapuche salva su vida nuevamente.

Sosteniendo que era tiempo de emprender la gran guerra, Orllie puso un pie en Chile tratando de localizar al grandioso Quilipán para convencerlo de esta suposición. Sumado a ello, le aseguraba que en un breve lapso de tiempo contarían con armas enviadas desde Francia, por lo que entonces no había porque temer a este hecho.  No obstante, estas promesas quedaron en la nada y lo único que se hico presente fue el descontento de sus seguidores del reino, por lo que resultó en un progresivo abandono de la lucha y consecuentemente Orllie-Antoine I, no le quedó otra cosa más que regresar de donde vino. En un primer momento lo hizo hacia tierra argentina, pero luego culminó a la abierta Buenos Aires de 1871. Sin embargo, lo único que encontró tras su vuelta fue una ciudad vestida de luto, por las consecuencias inmediatas de unas semanas acaecidas por la fiebre amarilla, que arrojaron un saldo de 15.000 personas fallecidas. Esto determinó que al fin de cuentas, su majestad regrese a su país de procedencia.

Orllie de Tounens, fue un ciudadano común que pasó a ser un príncipe, que firmando un documento se convirtió en rey; junto a él un secretario invisible llamado Desfontaines, cuya denominación era coincidente con el barrio donde residía el príncipe cuando todavía no lo era, fueron quienes redactaron la Carta Magna. Sumado a ello, Quilipán fue nombrado ministro de guerra; Quelaoeque era el ministro del Interior; Marioula era ministro de agricultura y ninistro de relaciones Exteriores fue monsieur Mointret. Todos juntos integraron su gabinete. Sin embargo, este último fue el único miembro no nativo, que por su dominio de la lengua castellana y Francesa asume la cancillería.

Se puede afirmar, que nuestra patagonia no integró la comarca de Orllie-Antoine I, cuando se originó la Araucaria. Este reino tenía unos dos millones de habitantes aproximadamente. Y por necesidad y urgencia, recién el 17 de noviembre se decreta al territorio argentino como su nueva anexión. Una vez lograda la constitución, el nuevo rey parte de expedición por sus tierras las cuales eran cuatro veces más extensas que su tierra nativa. En este recorrido las colonias mapuches proclamaron su sumisión, lo que se celebró a partir de magníficas fiestas. Ellas fueron cuatro, en donde lo que abundó fue la bebida como si fuera la última celebración que vivenciarían.

La comunicación de la creación del reino de Nueva Francia, fue el paso posterior de este monarca, que lo hizo desde la escritura de cartas a sus compatriotas franceses. Este reino llevó un nombre que cambiaba muy seguido según el interlocutor que este presente. Orllie decidió renunciar a la ciudadanía francesa, pero era una cuestión que se confesó en diarios chilenos, pero que evitaba hacerlo público en su patria natal. Pero ello se manifestaría mas tarde, cuando en su firma diría: “Orllie-Antoine, rey de Auracania y Patagonia, es decir, Nueva Francia”.



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Mientras tanto, el músico alemán Wilheim Frick, fue contratado en Chile para componer el “Himno Real a Antonio Orelie”. Además confeccionó una bandera representativa de su reino que enarbolaba los colores azul, blanca y verde; junto a un juramente por parte de sus vasallos en cada tribu. Su inquietud también se manifestó en Francia, donde planificó toda una estrategia comercial, y nombró un cónsul en Inglaterra. Un gran paso que realizó y que sirvió para facilitar el intercambio mercantil, fue redactar un diccionario francés-mapuche. Sumado a ello, hoy los coleccionistas consideran como tesoros, las monedas de cobre que el mandó a acuñar. Este reino de “La Nouveile France”, facilitado por las campañas mediáticas logró poseer un período, cuya impresión se realizaba en Marsella, lugar de radicación de sus auspiciantes. Finalmente, en 1874 Orllie volvió a cruzar el océano para desembarcar en sus dominios, más precisamente en la capital de la República Argentina. Pero esta vez lo hizo con un nombre diferente: Jean Prat, un hombre con extensa barba, pero con un gran entusiasmo y fuerza de voluntad que lo caracterizaban.

Poco tiempo después se instaló en Bahía Blanca. Pero fue descubierto, encarcelado y deportado. El periódico estadounidense New York Times, al relatar la historia del llamativo personaje, explicaba que el negocio que se escondía detrás de toda la fachada monárquica era la comercialización del guano, que la Argentina no estaba en una situación de calma interna que le permitiera ocupar su tiempo en lidiar con reyes patagónicos y que don Orllie se había equivocado de país, ya que si hubiera ido a los ilusos Estados Unidos, lo habrían hecho participar de comidas, agasajos y muchos otros actos en su honor.

El cuarto viaje del rey de Araucania y Patagonia tuvo lugar en 1876. Se instaló en la isla Choele Choel (Río Negro), aunque no por mucho tiempo. El monarca estaba enfermo y partió de regreso en su último viaje transatlántico. Durante su convalecencia, el presidente del tribunal francés que lo juzgaba, un ex periodista de apellido Planchet, le robó la Constitución para apoderarse del título y viajó a la Patagonia con intenciones de hacerse respetar por los nativos. La falta de respeto de la indiada fue tan evidente que debió regresar a Francia, donde Orlhie, por su honor y el de sus súbditos, lo retó a duelo. Pero a un duelo singular, con lanza y boleadoras. Planchet renunció al combate por la corona. El monarca de los araucanos no quiso dejar su reinado en manos de inescrupulosos y repartió títulos de nobleza entre sus allegados. A uno lo nombró Barón de Belgrano, a Otros les confirió la Orden de la Estrella del Sur.

Orllie Antoine de Iounens murió en Bordeaux, Francia, el 17 de septiembre de 1878. El escultor de su tumba, al no saber cómo era la corona que debía esculpir, decidió imitar la que usa el rey de corazones de la baraja francesa. En sus últimos días, Orllie había dicho: “Sí, he sido un completo chiflado. Pero, ¿quién iba a pensar que Francia podría negarse a anexar tan espléndidas colonias?”. Antes de morir, delegó su reinado. El conde patagónico Gustave Aquiles Leviarde —su primo segundo— heredó el trono, con el nombre de Aquiles I.

Se ocupó de nombrar funcionarios y embajadores, pero nunca viajó a Sudamérica. Cuando sintió que se acercaba su fin, envió a su Primer Ministro, el conde de Bellegarde, a Pittsburgh (en Pensilvania, Estados Unidos) con el fin de negociar con el poderoso industrial del acero Andrew Carnegie —el Bill Gates de hace cien años— la venta del título. En un principio el multimillonario Carnegie se interesó. Las reuniones se extendieron por seis semanas. Incluso viajó un teniente de ingenieros del ejército austríaco, a quien Aquiles nombró Jefe de Topografía, para que dibujara un mapa del reinado en venta. Pero los emisarios no lograron convencerlo y Carnegie se perdió la posibilidad de hacer el negocio que luego entusiasmaría a Ted Turner, Luciano Benetton y Joseph Lewis.

Aquiles I murió el 18 de marzo de 1902, en su pequeño departamento parisino, en la Plaza de las Naciones, víctima de una neumonía. Su canciller que trabajaba de encargado de un bar, explicó a los medios que el rey Aquiles había nombrado un sucesor, pero él no podía anunciarlo hasta que se cumplieran las reglas de etiqueta: primero había que informarles sobre la sucesión la los monarcas europeos y a los presidentes americanos! Bien pensado, lo de las reglas de etiqueta, salvo por el detalle de que todos sabían que el hombre tenía más familiaridad con las etiquetas de las botellas que expendía.

A Aquiles 1 lo sucedió el médico Antonio Hipólito Cross —Antonio II—, quien murió al año siguiente. Sus descendientes intentaron vender el título a algún millonario, pero no aparecieron interesados.

 Fuente Consultada:  Basado en Historias Insólitas de la República Argentina de Daniel Balmaceda




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