Piteas Marino Explorador Griego Historia y Mapa del Viaje






Tartessos es un enigma en la prehistoria española. Renombrada como centro comercial en el Mediterráneo occidental, en el segundo milenio antes de Cristo, atrajo a los mercaderes de todo el Mediterráneo hasta el día de su conquista y destrucción. Su desaparición ocurrió quizá hacia el año 500 antes de Cristo, por obra de los fenicios.

Con la destrucción de la ciudad rival, la fabulosamente rica y célebre Tartessos (posiblemente ubicada en la desembocadura del Guadalquivir o en los alrededores de la actual Cádiz), los fenicios no debieron temer ninguna competencia en cuanto al comercio de las materias primas que llegaban de las tierras del norte: cobre, estaño, oro y ámbar. Sin embargo, para poder ser los únicos proveedores de los preciosos materiales, muy solicitados por los clientes del Mediterráneo, los fenicios prohibieron el paso por las Columnas de Hércules (estrecho de Gibraltar).

Con el tiempo esta situación indujo a numerosos mercaderes europeos a tratar de llegar por tierra a los sitios de origen de las materias primas. Pero ¿dónde se hallaban, precisamente, los sitios de producción de estas materias preciosas? ¿Cómo eran obtenidas? ¿Por quiénes?.

La iniciativa fue tomada en el siglo IV antes de Cristo por los comerciantes de una de las ciudades marítimas más ricas: la colonia griega de Masilia, la actual Marsella. Éstos enviaron al norte una expedición con el encargo de observar, tomar contactos y luego dar cuenta de todo. Para cumplir esta difícil tarea fue elegido el geógrafo Piteas, conocido también como Puceas, ya famoso por haber realizado algunos viajes en el océano Atlántico y por sus muchas obras sobre astronomía.

EL VIAJE DE PITEAS

viaje de piteas

Recorrido del viaje de Piteas en el siglo IV a.C.


Piteas partió de Masilia (Marsella) hacia el año 325 antes de Cristo. Su misión era llegar a Bretaña (llamada Albión por los masiliotas) y precisar si aquel lejano y nebuloso país era una isla p una península del continente; debía también establecer cuál era el país de origen del oro nórdico, o sea visitar las regiones más orientales, de donde provenía el ámbar, el misterioso “oro perfumado”.

Parece que la primera parte del viaje la hizo por vía terrestre. En efecto, el bloqueo fenicio del estrecho de las Columnas de Hércules hubiera impedido el viaje por las costas del Mediterráneo y el Atlántico. Piteas atravesó las Galias recorriendo la ruta trazada por los mercaderes masiliotas desde el cierre de Gibraltar. El camino seguía primero el curso del Ródano y luego el del Loira, para llegar a Corbilo, puerto sobre el Atlántico, situado aproximadamente donde ahora se halla Saint Nazaire.

Embarcado en Corbilo, Piteas siguió su viaje hacia el norte. Atravesó el Canal de la Mancha y bordeó toda la costa occidental de Gran Bretaña. Era el primer navegante mediterráneo que llegaba tan al norte. Desembarcado en la isla, visitó las minas de estaño de la región llamada Casitérides, al sur de Gran Bretaña, es decir, la actual Cornualles. Así pudo observar cómo se extraía el mineral de galerías excavadas en la tierra, y cómo luego se lo trituraba y fundía para hacer lingotes.

En el curso de sus averiguaciones visitó también las islas Shetland, de donde se dirigió hacia el noreste, en dirección a Tule, eL misterioso país que los antiguos llamaban “Ultima Tule”, y que era considerado la zona septentrional extrema del mundo. En esta isla, Piteas pudo observar fenómenos muy interesantes. En pleno invierno, el día duraba no más de tres horas. Y un poco más al norte, el mar estaba como sumergido en una densa niebla y aparecía como una masa blanquecina e inmóvil.

En cuanto a Tule, se la señala como la actual Noruega, cuna de las islas Shetland. El hecho de que Noruega forme parte del continente, mientras Tule era considerada una isla, no sería inconveniente para esa hipótesis, pues, por ejemplo, Escandinavia fue considerada isla aún mucho tiempo después de iniciada nuestra era. Según ciertos autores, Tule es Islandia.

Piteas bordeó luego la costa oriental de Bretaña, dirigiéndose hacia el sur. Pero a la altura de Dover se desvió hacia oriente, hacia los países del ámbar, o sea a los bañados por el Báltico. Bordeó las costas llenas de escollos de Europa septentrional hasta e] estuario del Elba, y tocó las islas Frisias. Se sabe que no pasó más allá del cabo Escagen, Pero, como quiera que sea, finalmente pudo establecer que el ámbar tenía origen vegetal, y que provenía de la resina de ciertas plantas coniferas.

No era, pues, como en los países del Mediterráneo se creía, y los comerciantes nórdicos dejaban astutamente creer, una espuma de las ondas marinas o el sudor del Sol. El ámbar, amarillo, blanco y gris, tiene distintos orígenes.

Partiendo de los países del ámbar, Piteas recorrió, en su viaje de regreso, la “gran ruta noroeste del ámbar”. Esta ruta pasaba por el emplazamiento de la actual Hamburgo y, a través de los valles del Rin y del Mosela, llegaba hasta el valle del Ródano. Las informaciones logradas por Piteas, sin duda, fueron fundamentales para los mercaderes griegos que competían con los fenicios.

De regreso en su patria, Piteas escribió un libro titulado “Del océano”. Desgraciadamente esta obra se perdió, y todo lo que se sabe con respecto a este esforzado geógrafo lo debemos a los historiadores griegos, como Estrabón, Hiparco y otros muy posteriores, que recogieron algunas noticias dispersas en el ambiente mercantil. La pérdida de esta obra retardó en siglos el conocimiento de las tierras nórdicas.


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En efecto, las pocas noticias derivadas del libro y reproducidas por escritores corresponden en buena parte, con admirable exactitud, a situaciones y hechos reales, y nos permiten considerar al autor de la obra como uno de los insignes geógrafos y viajeros de la antigüedad.

Piteas no era ni un mercader ni un navegante, sino más bien un estudioso concienzudo. Había calculado la latitud de su ciudad (Marsella); había efectuado numerosas observaciones sobre el fenómeno de las mareas, y llegó a la conclusión —cosa sorprendente para la ciencia de entonces— de que son ocasionadas por la Luna. Un historiador, efectivamente, ha dejado escrito: “Piteas afirma que la alta marea es debida a la Luna creciente y la baja marea a la Luna menguante”.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Tomo VIII CODEX

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