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Recetas de Medicamentos Antiguos

Recetas históricas: La historia de la medicina está plagada de recetas que hoy nadie se atrevería a tomar en serio y, menos aún, a tomar por vía digestiva teniendo en cuenta sus componentes y, lógicamente, sus sabores. Vaya como ejemplo esta receta indicada para las heridas entre el 2.100 y el 2.200 a de C.: “aplicar sobre ellas aceite, triturar y quemar una caparazón de tortuga y con ella friccionar la herida, luego agregar cerveza sobre el ungüento, dejar esperar un rato, triturar madera de abeto y cubrir la zona tratada”.

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Nos imaginamos el efecto de la aspereza de los restos del quelonio con los que se debía friccionar la herida y los olores de una mixtura tal, cubierta con vegetales a manera de vendaje. Sin embargo, aún cuando la juzguemos absurda, esta receta fue de uso obligado en las guerras, que, dicho sea de paso, eran frecuentes y multitudinarias. Lo que no nos cuenta la historia es cuántas víctimas más generaba la gangrena gaseosa a causa de la pomada que las propias contiendas.

Por su parte, los romanos —ya en el siglo XIII a de C.— habían aprendido a aplicar el opio como sedante y analgésico, y lo prescribían en forma de píldoras, cataplasmas, supositorios y lavativas, es decir, opio por todos lados con tal de calmar a los exaltados y aliviar a los doloridos. Lo que tampoco ha quedado documentado es cuántos murieron por lo que hoy llamaríamos sobredosis de narcóticos.

Mucho más tarde, Galeno (129-199) consideró al opio (conocido como una de las tantas plantas de los dioses) como el sedante y somnífero más poderoso que existía y recomendaba mezclarlo con cualquier “elemento templado”, pues su aplicación, afirmaba, producía un “enfriamiento que podía llevar a la muerte”, con lo cual, deducimos, él sí había comprendido, precisamente, los efectos mortales, de la antedicha sobredosis. 

Otro de los medicamentos que debe haber resultado todo una proeza ingerir, debe haber sido el conocido como teriaca o triaca, que se convirtió en el más famoso y demandado en el mundo antiguo. El invento de la teriaca se debe a Mitrídates VI rey del Ponto (de allí que en un principio se lo llamara mitridato), pero luego fue mejorado por el médico de cámara de Nerón, Andrómaco el Viejo. El bebedizo primitivo contenía entre 50 y 100 sustancias diferentes, pero luego quedó sólo en 64, entre las cuales se contaban las más heterogéneas e insólitas que puedan imaginarse, como, por ejemplo, opio, sangre de pato, carne de serpiente, especias, vino y hasta cebollas albarranas.

A pesar de todo, lo curioso es que esta horrenda mezcla que entrara a Europa en la Edad Media a través de los árabes fue tenida como remedio universal aún en el siglo XIX, con lo que es fácil suponer la cantidad de pacientes enviados al otro mundo con solo unos tragos de la famosa triaca.

Fuente Consultada: Revista “Todo es Historia” Nota de Juan Ángel del Bono.




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