Reforma Universitaria 1918 Causas y Consecuencias Resumen Yrigoyen





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LOS ESTUDIANTES EXIGEN REFORMAS EN LA EDUCACIÓN

Las ideas fundamentales acerca de los cambios políticos necesarios se fueron desarrollando, durante las primeras décadas del siglo, en las universidades de varios países latinoamericanos. En ellas se formaron las nuevas generaciones de jóvenes que comenzaron a luchar con el objetivo de modificar el sistema de privilegios existente en la Universidad (profesores pertenecientes a una élite de apellidos notables, nula participación de los estudiantes en las decisiones, etc.), y de lograr cambios en las sociedades en que vivían.

En Argentina, el número de estudiantes que asistían a las tres únicas universidades del país (Córdoba, Buenos Aires y La Plata) había aumentado de 3000 a 14.000 entre los años 1900 y 1918. En su mayoría eran hijos de inmigrantes, integrantes de familias de los sectores medios de la sociedad que, en 1918, pasaron a integrar masivamente el movimiento que modificó sustancialmente la educación superior en el país.

Partidarios de la Reforma, todos detenidos en un cuartel policial

No es casual que el movimiento reformista haya surgido en momentos de transformación nacional y universal , y precisamente en Córdoba. Esta universidad era la más tradicional de las tres existentes en ese momento (Buenos Aires y La Plata eran las oirás dos), y donde más pesaba la organización rutinaria de la enseñanza y la ortodoxia católica. Vistos los aires de renovación que soplaban por el mundo, con la quiebra de ideales traída por la guerra y el deslumbramiento de la Revolución rusa (todo ello deformado por la gran distancia ideológica y de ambiente a que se hallaba nuestro medio de esas realidades), y dado el más inmediato acceso del radicalismo al gobierno a través del voto universal, no es extraño que algo de todo esto haya hallado expresión en el movimiento estudiantil.

Por una parte, en obvio paralelo con la sociedad global, se trataba de lograr la participación plena del estudiante como ciudadano de la república universitaria, capaz de elegir y ser elegido. Por la otra, se buscaba aventar el dogmatismo imperante mediante el establecimiento de la docencia libre, que aseguraría la existencia de cátedras paralelas o nuevas. Finalmente, la libre asistencia a clase permitiría a los alumnos prescindir de oír a profesores en cuyos conocimientos no creían.

En un plano menos doméstico, como se ha dicho, la Reforma pretendía plantear temas de proyección latinoamericana y expresaba anhelos de solidaridad con los obreros, cuya lucha en pro de la redención social estaba dispuesta a apoyar.

Como dijimos antes había entonces tres universidades nacionales: Buenos Aires, Córdoba y La Plata; y dos provinciales, el Litoral (Santa Fe) y Tucumán que funcionaban de acuerdo con la ley Avellaneda, aprobada en 1885. Ésta les daba autonomía para trazar sus planes de estudios y libertad de cátedra. Pero la ley no impedía que verdaderas oligarquías de profesores tuvieran el monopolio de la enseñanza, principalmente en Córdoba, donde persistían la tradición colonial y la influencia eclesiástica. Allí estalló la chispa que derivó en la Reforma Universitaria, un movimiento juvenil que abrió los claustros a las corrientes modernas del pensamiento.

Las protestas comenzaron a partir de los recién creados centros de estudiantes, contra exigencias de asistir a clase y por la deficiente organización del Hospital de Clínicas. Se fundan entonces las Federaciones Universitarias (Córdoba, Buenos Aires, La Plata). Deodoro Roca, Osvaldo Loudet. Alfredo Orgaz, Arturo Capdevila, Gabriel del Mazo y Julio González, entre otros, lideran el movimiento juvenil.

La dirigencia nacional tomó partido en favor o en contra. “Los estudiantes —afirmó Juan B. Justo— se han dirigido a mí para pedirme que se les enseñe, que se les haga trabajar, que se abran laboratorios cerrados (…) que no se les obligue a asistir a clases absurdas. Tienen perfecto derecho a reclamar respeto por el empleo de su tiempo, de reclamar libertad de conciencia”.

Tanto el presidente como el ministro de Instrucción Pública, -José Salinas, mostraron buena disposición a escuchar el reclamo estudiantil. Éste les permitía mediar en un tema cultural clave, manejado hasta entonces por los “notables” de siempre. Se interviene la Universidad de Córdoba, y se realizan las primeras reformas, pero la manipulación de la elección del nuevo rector por los grupos tradicionales agudiza el conflicto.

Los estudiantes declaran la huelga, ocupan la sede de la universidad, solicitan una nueva intervención y definen sus aspiraciones: gobierno tripartito con la participación de profesores, estudiantes y graduados; autonomía; asistencia libre; docencia libre; régimen de concursos: periodicidad de la cátedra; bienestar estudiantil; extensión universitaria; libertad de juramento.

La Universidad de Córdoba -la más antigua del país, fundada en 1613- fue durante varios siglos el principal centro de selección de las élites gobernantes locales: suministraba gobernadores, ministros y funcionarios. Era una universidad influida por la Iglesia Católica y por un grupo de familias aristocráticas, cuyos apellidos se repetían en la titularidad de las cátedras a través de generaciones.



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En un clima marcado por el escolasticismo (para el cual, todas las ciencias eran tributarias de la teología), todo planteo social, educativo o pedagógico renovador era cuestionado por las autoridades. Un ejemplo ilustra esta situación: en 1884, el vicario Jerónimo Clara no permitió que Ramón J. Cárcano -futuro gobernador de Córdoba- defendiera su tesis doctoral sobre los derechos de los hijos extramatrimoniales.

En 1918, los estudiantes cordobeses decidieron poner punto final a una atmósfera intelectual que percibían como asfixiante. Dos factores confluían para favorecer su movilización. En primer lugar, un contexto internacional en el que os ecos de la revolución mexicana y la Revolución Rusa parecían abrir las puertas a cambios sociales profundos. En segundo lugar, la presencia de estudiantes descendientes de inmigrantes chocaba con la endogamia social que reproducía la universidad.

El 15 de junio, la elección de Antonio Nores -perteneciente a la logia católica “Corda Frates”- como rector de la Universidad Nacional de Córdoba fue el detonante del estallido. Los estudiantes ocuparon el Salón de Grados y exigieron el gobierno tripartito de la universidad -representación de estudiantes, docentes y graduados- el llamado a concurso para ocupar los cargos docentes y el fin de la influencia clerical en las aulas.

La estatua del Dr. Rafael García -la autoridad universitaria que, en 1884, había vetado la tesis doctoral de Cárcano fue derribada de su pedestal. El hecho reflejaba simbólicamente el fin de una época. El 23 de junio , el socialista Alfredo Palacios viajó a Córdoba y encabezó una manifestación de alrededor de 10.000 personas. La FUC (Federación Universitaria de Córdoba) fundada el mes anterior, dio muestras de una importante capacidad de movilización. A pesar de que la universidad fue clausurada, el 9 de septiembre los estudiantes la “tomaron” hasta que fueron desalojados por el ejército y la policía.

El movimiento estudiantil por la Reforma Universitaria no fue patrimonio de ningún partido político. En su gestación participaron radicales, socialistas, anarquistas y liberales democráticos, mancomunados en el cuestionamiento al dominio oligárquico sobre la universidad. Intelectuales prestigiosos, como José Ingenieros, brindaron su apoyo a la protesta.

El presidente Yrigoyen hizo suyas las banderas de la Reforma y convalidó, a través de sucesivos decretos, sus postulados fundamentales. Así nació la primera legislación reformista en las universidades americanas. Su influencia se extendió a México, a Perú y a otros países del continente.

Las bases programáticas que estableció la Reforma fueron:

Cogobierno estudiantil
Autonomía universitaria
Docencia libre
Libertad de cátedra
Concursos con jurados con participación estudiantil
Investigación como función de la universidad
Extensión universitaria y compromiso con la sociedad

LA JUVENTUD ARGENTINA DE CÓRDOBA A LOS HOMBRES LIBRES DE SUDAMÉRICA

Hombres de una república libre acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.

La rebeldía estalla en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo. Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que, dentro de semejante régimen, las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza y el ensanchamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.

Nuestro régimen universitario -aun el más reciente- es anacrónico. Está fundado sobre una especie de derecho divino; el derecho divino del profesorado universitario. Se crea a sí mismo. En él nace y en él muere. Mantiene un alejamiento olímpico. La Federación Universitaria de Córdoba se alza para luchar contra este régimen y entiende que en ello le va la vida. Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en ios estudiantes. El concepto de autoridad que corresponde y acompaña a un director o a un maestro en un hogar de estudiantes universitarios no puede apoyarse en la fuerza de disciplinas extrañas a la sustancia misma de los estudios. La autoridad, en un hogar de estudiantes, no se ejercita mandando, sino sugiriendo y amando: enseñando. […]

Por eso queremos arrancar de raíz en el organismo universitario el arcaico y bárbaro concepto de autoridad que en estas casas de estudio es un baluarte de la absurda tiranía y sólo sirve para proteger criminalmente la falsa dignidad y la falsa competencia. […]

La juventud ya no pide, exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa. […]

La Juventud Universitaria de Córdoba, por intermedio de su federación, saluda a los compañeros de América toda y les incita a colaborar con la obra de libertad que se inicia.”

Fuentes Consultadas:
Historia Argentina Santillana Luchilo-Romano-Paz
Historia 3 La Nación Argentina Kapeluz de Miretzky – Mur – Ribas – Royo.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA:
POR PABLO BUCHBINDER
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Los reclamos de los estudiantes realizados durante los primeros meses del año econtraron econ en el gobierno de don Hipolito Irigoyen. Sin duda entre los militantes radicales la causa de los alumnos cordobeses genera una adhesión. Por eso la Universidad fue intervenida por el Poder Ejecutivo en abril.

El interventor José N. Matienzo impuso un nuevo estatuto. Terminó con los órganos de gobierno integrados por miembros vitalicios y obligó a hacer elecciones. El nuevo estatuto otorgó a los profesores de la Universidad la potestad para elegir a las autoridades de los órganos colegiados que eligen al rector. Sin embargo, los profesores volvieron a elegir a aquellos que habían controlado la Universidad hasta la intervención. Se inclinaron así por los grupos ligados a la “Corda Frates”, un pequeño y cerrado círculo secreto de la oligarquía cordobesa.

Esto generó una nueva reacción de los estudiantes que decidieron desconocer el gobierno de la Universidad surgido de aquella intervención. Creen que es necesario un nuevo proceso de intervención, pero pretenden ahora jugar un papel decisivo. Los nuevos estatutos deben asignar, han declarado los dirigentes, un papel relevante a los estudiantes en la elección de las autoridades. Sólo la participación activa de los jóvenes puede garantizar el cambio que la casa de estudios de Córdoba requiere para adecuar su enseñanza, perfeccionarla y modernizarla.

El movimiento de los estudiantes ha generado una gran simpatía entre los trabajadores de la provincia de Córdoba y también entre algunos de sus profesionales, especialmente médicos y abogados. También ha logrado una notable adhesión en las capitales de diferentes provincias y en la de la República. La consigna “Córdoba libre”, pregonada por los estudiantes cambio son en la provincia mediterránea todavía muy fuertes. Los conservadores, clericales y reaccionarios, que han sido desalojados de sus posiciones de poder en las provincias gracias al gobierno radical, se resisten a ceder el control de la Universidad.

Han tomado a la casa de estudios como si fuera su propio feudo. Sin embargo, confiamos desde esta redacción en que el gobiernonacional siga siendo consecuente en su defensa de las instituciones liberales y democráticas.

Así parecen indicarlo los rumores que señalan que el mismísimo ministro de Justicia e Instrucción Pública, José S. Salinas, va a hacerse cargo de una nueva intervención. Se cree también que él va a imponer los nuevos estatutos que garantizarán la participación activa de los estudiantes y consecuentemente el cambio que requiere la Universidad para adecuarse a los tiempos que vendrán.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929




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