El Imperio de Augusto Nace el Imperio Romano Octavio Primer Principe





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LECCIÓN XV. TERCER PERIODO (30a. — 476 p. J. C.).—
EL IMPERIO AUGUSTO (30a. — 44 p. J. C.).

  1. Establecimiento del Imperio Romano. — Puestos en orden los asuntos de Oriente, después de la muerte de Cleopatra y Antonio, reducido el Egipto a provincia romana, y libre Octavio de los enemigos que pudieran oponerse a sus designios, vuelve éste a Roma, inaugurando desde entonces una conducta generosa, clemente y humana; perdonando a sus enemigos, y haciendo olvidar por esos medios las crueldades del triunvirato, cuyos decretos quedaron abolidos.

  Desde la batalla de Actium todo el poder de Roma estaba en las manos de Octavio; siendo el ídolo del pueblo, y teniendo gran prestigio en el ejército, nadie podía disputarle la soberanía; sin embargo, conociendo el odio que inspiraba a los romanos el nombre de rey, y aleccionado con el fin trágico de César, sólo aceptó el nombre de Imperator (emperador), cuya autoridad entonces estaba reducida al mando del ejército, y el de príncipe (el primero) o jefe del senado.

  En lugar de destruir la antigua organización política, procuró conservar todas las magistraturas, haciéndose conferir por el senado el consulado, por cuyo medio obtenía el mando de las legiones, y por los comicios el tribunado, cuyo cargo hacia su persona sagrada e inviolable. Además fue investido de la prefectura de las costumbres o antigua censura, de la que se valió para no dejar en el senado más que los senadores que le eran adictos, rebajando su número de 900 a 600. Y por último obtuvo la prefectura de la ciudad, el pontificado máximo, el título de padre de la patria, y el nombre de Augusto, hasta entonces sólo atribuido a las personas y cosas sagradas.

  Como se deja comprender, subsistió toda la organización republicana, y Augusto, reuniendo en su persona todas las principales dignidades, no era otra cosa que el primer magistrado de la República. Sin embargo, fingiendo no desear el poder, y manifestando muchas veces su deseo de abdicarlo; con su hábil política, y el rebajamiento del senado y del pueblo, le fueron renovadas periódicamente todas las magistraturas, aparentando aceptarlas sólo por las vivas instancias de los que se las ofrecían, y con el único fin de conservar y afirmar el orden.

  1. Límites y división del Imperio en tiempo de Augusto. — Se extendía el imperio por el N. hasta el Ponto Euxino, el Danubio, el Rhin y el mar entre Galia y Bretaña (Canal de la Mancha); al O. el Atlántico; al S. el Atlas, los desiertos de Libia y Arabia; y al E. el Eúfrates. Dentro de estos límites estaba comprendido todo el Mediterráneo, con razón llamado por los romanos Mare nostrum (nuestro mar).

  El Imperio se divide en 25 provincias, y Augusto deferente con el senado, le cedió el gobierno de todas las que estaban completamente pacificadas, como la Bética en España. Estas provincias se llamaban senatoriales, y eran administradas por procónsules en nombre del senado.

Augusto se reservó las demás que no estaban completamente sometidas, y en las que era necesario sostener un poder militar para sujetarlas; las cuales se llamaron imperiales, y eran gobernadas por legados o pretores. Los procónsules tenían sólo atribuciones civiles; y los pretores reunían el poder civil y el militar.

  1. Reformas de Augusto. — La reforma que hizo Augusto en el senado, rebajando el número de senadores a 600, eliminando todos aquellos que podían tener una tacha legal, y sustituyéndoles con los que le eran mas adictos. Además intentó reformar las costumbres, y dió leyes para favorecer los matrimonios. Estableció la policía y el orden en la ciudad; se abrieron gran número de vías militares que ponían en comunicación todas las provincias con Roma; facilitando la administración general por medio de correos. Se moralizó la administración provincial, castigando severamente la avaricia y rapacidad de los pretores: y el comercio encontró toda la seguridad apetecible tanto por tierra, como por mar, adquiriendo por esta causa una importancia extraordinaria.

  Como consecuencia de la división de las provincias en senatoriales e imperiales, Augusto, conservando el tesoro público, cerarium, administrado por los pretores y a disposición del senado, creó el tesoro del emperador, fiscus, que con el tiempo llegó a absorber al erario.

  Augusto introdujo radicales reformas en la organización del ejército, creando cuerpos de tropas permanentes que dependían directamente del emperador, y que estaban convenientemente distribuidas en Roma, en Italia y en las provincias.

  1. Expediciones de Augusto al Occidente y al Oriente. — Comprendiendo perfectamente el papel que en la historia de Roma estaba llamado a desempeñar el imperio, Augusto no pensó jamás en nuevas conquistas, contentándose con acabar la sumisión de algunos pueblos que, radicando dentro de los limites del imperio, no estaban completamente vencidos, asegurar y defender su dominación en los demás.

  No le fue fácil la sumisión de algunos pueblos de Occidente. En España después de dos siglos de luchas casi constantes los romanos no habían podido penetrar en las regiones montañosas de Cantabria, Asturias y Galicia. Augusto empleó primero todos los medios pacíficos para reducir a los fieros habitantes de estos países; y sólo cuando estos recursos no fueron suficientes, apeló a la guerra, consiguiendo Agripa exterminar a los mas tenaces, tomándoles la ciudad de Lancia, cerca de León, que fue su último baluarte.

  Dirigiéndose después al Oriente, y con sólo el prestigio de su nombre, consiguió allí más ventajas que sus antecesores en tantas y tan desastrosas campañas. El rey de Armenia aceptó la protección romana; los Partos devolvieron las banderas cogidas a Craso y a M. Antonio y pusieron en libertad algunos prisioneros que todavía existían de aquellas guerras: Agripa impuso un rey a los Cimerianos; y Augusto recibió embajadas de Sarmacia, Escitia y de India.

  1. Estado de Germania en tiempo de Augusto. — Los romanos dieron el nombre de Germania a los países situados al N. del Danubio, al E. del Rhin y al S. del mar Germánico (mar del Norte) y del mar de los Suevos (Báltico); los límites orientales eran entonces menos determinados, y completamente desconocidos por los romanos.

  Dentro de esos límites estaban comprendidos grandes números de pueblos, todos de raza indo—europea, algunos de los cuales se habían ya dado a conocer a los romanos, como los Cimbros y Teutones en tiempo de Mario, y los Germanos de las orillas del Rhin, con los cuales César más de una vez tuvo que combatir.

  Las luchas de Roma con estos pueblos fueron casi continuas durante todo el Imperio; porque el Danubio y el Rhin no constituían una barrera infranqueable para la impetuosidad de los bárbaros; y Roma no podía contenerlos, sino apoyándose en esos ríos, construyendo fortalezas, y manteniendo siempre allí numerosas legiones.

  Era, pues, de interés capital en tiempo de Augusto extender los límites del Imperio hasta el Danubio, como lo consiguieron Druso y Tiberio apoderándose de Retia, Nórica, Vindelicia y Mesia, y sometiendo Agripa la Panonia. Por la parte del Rhin, aunque César había extendido sus conquistas hasta este río, las incursiones de los Germanos (Usipetas, Sicambros, Teucteros y Catos) obligaron a Augusto a mandar contra ellos a Druso, que en cuatro campañas logró vencerlos, llegando victorioso hasta el Elba; y muerto éste, su hermano Tiberio derrotó a los Sicambros, y trasladó 40,000 a la otra orilla del Rhin.



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  Tal fue el Imperio constituido por Augusto; especie de república unitaria con un jefe vitalicio a la cabeza. Pero sus sucesores fueron prescindiendo de las formas del antiguo régimen, y bien pronto fue de hecho y de derecho su poder absoluto, degenerando a veces en el mas cruel despotismo.

  1. Nacimiento de Jesucristo. — Después de estas guerras, la paz reinó por algunos años en todo, el Imperio, y se cerró el templo de Jano. En este tiempo se realizó un hecho que pasó desapercibido para los dominadores del mundo, pero que estaba llamado a adquirir más importancia que otro alguno en la historia. En un oscuro rincón de Judea, en Belén, nació JESUCRISTO, el Enviado por Dios para salvar al mundo, el fundador de la Religión Cristiana, el Redentor de la humanidad.

  La importancia capital de este acontecimiento en los destinos humanos, hizo que se adoptase después como punto de partida para contar el tiempo; terminando en él los años de mayor a menor, y comenzando la era vulgar o cristiana a que se ajusta la cronología de todos los pueblos civilizados, contando los años de menor a mayor.

  1. Nuevas guerras con los bárbaros. — En los últimos años de Augusto los pueblos inquietos de Germania se sublevaron contra la dominación romana en las orillas del Rhin y del Danubio. Tiberio consiguió contener a los Brúcteros y Cheruscos, y restableció la dominación romana hasta el Elba. Pasó después a las orillas del Danubio para combatir a los Dálmatas y Panonios, que se habían sublevado contra Roma; y al frente de un numeroso ejército, y acompañado de Germánico, en tres campañas consecutivas, venció a los rebeldes, y sometió todos los países a la derecha del Danubio.

  Pero mientras Tiberio restablecía la dominación del Imperio con sus victorias, sufrieron las armas romanas un gran desastre por la parte de Germania. Después de la sumisión de aquel país, Tiberio había encargado a Varo, el gobierno de los pueblos a la derecha del Rhin.

Con el fin de introducir pacíficamente la civilización en aquellas regiones, Varo dividió su ejército en pequeños campamentos, que entraron en comunicación con los bárbaros; pero el jefe de los Cheruscos, Herman o Arminio, consiguió atraer a los romanos a los desfiladeros de la selva montañosa de Teuteberg, donde perecieron todos después de tres días de inútil resistencia, y el mismo Varo se dió la muerte. Desde entonces los romanos tuvieron que replegarse a la orilla izquierda del Rhin, que continuó siendo la frontera entre el Imperio y Germania hasta la época de la invasión general de los Bárbaros.

  1. Muerte de Augusto. — La derrota y la muerte de Varo y la pérdida de las legiones, causaron profunda impresión en el ánimo del anciano Augusto y aunque Tiberio y Germánico marcharon con un poderoso ejército para vengar aquella derrota, después de ligeras escaramuzas con la multitud de germanos que capitaneaba Arminio, no atreviéndose a penetrar en las selvas de Germania, Tiberio se volvió a Roma, dejando a Germánico el gobierno de los países sometidos en las orillas del Rhin.

  Augusto asoció en el mando a Tiberio, hijo de su segunda mujer Livia, y disponiendo del Imperio como de cosa propia, lo dejó por sucesor, muriendo poco después en Nola, ciudad de Campania.

  1. Juicio sobre el reinado de Augusto. — Poco antes de morir preguntaba Augusto a sus amigos: ¿He representado bien mi papel? Pues aplaudidme. Y en efecto, el reinado de Augusto es verdaderamente una comedia, y sólo considerándolo de esta manera, puede ser convenientemente juzgado.

  Como triunviro, Octavio había sido tan cruel y sanguinario como Sila; y sin embargo como emperador, Augusto aparece tan humano que se atrajo todos los corazones por su inagotable benevolencia el triunviro que con calma y sangre fría autoriza las terribles matanzas de las proscripciones, llegado al Imperio olvida todas las ofensas y perdona a todos los culpables. Y aun puede observarse el mismo contraste entre su vida privada relajada e inmoral, y su vida pública como emperador, amparando y protegiendo las buenas costumbres y la más severa moral.

  En tiempo de Augusto, el orden y la paz reinaron en todo el Imperio; las guerras fueron sólo ligeros accidentes; y sin embargo extendió considerablemente sus dominios, y concluyó con los enemigos de Roma, siendo su nombre respetado hasta en las más apartadas regiones. Pero el mayor mérito de Augusto ante la historia consiste en su talento político, en sus dotes de hombre de gobierno, aplicándose constantemente a la organización administrativa, transformando todo el sistema de la República, y dejando a sus sucesores un imperio perfectamente constituido. No hubo ramo alguno de la administración pública, al cual no llevara Augusto su poderosa iniciativa, tanto en Roma como en las provincias.

  Por otra parte, la asimilación de los pueblos con Roma, que el imperio estaba llamado a realizar, recibe en tiempo de Augusto un grande incremento, con la creación de municipios y gran número de colonias, concediendo privilegios a muchas ciudades, y derecho de ciudadanía a muchos provincianos.

 De esta manera Roma, sin violencias y por iniciativa del que todo lo puede, comienza a comunicar su vida propia a los pueblos que le están sometidos, la obra de la asociación humana, contenida hasta ahora por la estrechez de miras de la aristocracia romana, toma desde Augusto un vuelo extraordinario, encargándose sus sucesores de extender a todos los súbditos del grande imperio los mismos derechos de los ciudadanos romanos.

  1. Siglo de oro de la literatura latina. — Si Augusto no era un genio como César, tuvo sin embargo el talento y el acierto necesario para rodearse de personas de un mérito relevante, que contribuyeron eficazmente a la gloria de su reinado entre éstos merecen citarse, como general y político Agripa, como protector de las letras y las artes, Mecenas.

  Llamase siglo de oro de la literatura latina, el tiempo en que florecen los más notables escritores en el idioma del Lacio: y aunque algunos de ellos son anteriores y otros posteriores a Augusto, como la mayor parte vivieron durante su reinado, y alcanzaron la protección y el favor especial de Mecenas y del mismo Augusto, se llama también con razón siglo de Augusto a la época del mayor florecimiento de las letras latinas.

  1. Poesía. — El género dramático, poco en armonía con las costumbres romanas, no tuvo cultivadores dignos de mención después de Plauto y Terencio.

  En la poesía lírica sobresalieron en primer término, Horacio, cuyas odas le colocan entre los primeros poetas de todos los tiempos, siendo dignas de admirar por su originalidad sus sátiras, y entre sus cartas poéticas la conocida con el nombre de Epístola a los Pisones, donde establece con exactitud todas las reglas del buen gusto. Ovidio, el más fecundo y el más inmoral de los poetas latinos, cuyas obras principales son, las Heróidas, o cartas amorosas, las Metamorfosis o tradiciones religiosas de los griegos y romanos, los Tristes o cartas de quejas, escritas desde Escitia, adonde había sido desterrado por Augusto. En la poesía elegiaca, además de Horacio y de Ovidio, florecieron, Propercio, Catulo y Tibulo, y adquirió renombre como fabulista Fedro. Como poetas satíricos citaremos al mismo Horacio, a Persio y a Juvenal.

  La poesía épica tuvo en Roma en primer lugar a Virgilio, que siguió las huellas de Homero, en su obra inmortal titulada Eneida, en la que se propone glorificar los orígenes del pueblo romano y de la familia Julia: escribió además las Bucólicas o poemas pastorales, y las Geórgicas, poema didáctico sobre la agricultura.

  1. Prosa. — Durante el siglo de oro alcanzaron su mayor florecimiento tanto la historia, como la oratoria. Como historiadores merecen citarse, César, por sus Comentarios sobre la guerra de las Galias y sobre la guerra civil; Salustio por la guerra de Iugurta y Conjuración de Catilina; Tito Livio que se presenta como el primero de los historiadores de la antigüedad en su Historia romana.

  En la oratoria citaremos un solo nombre, Cicerón, el primero entre los latinos, y uno de los primeros oradores de todos los tiempos, tanto en la oratoria judicial (Verrinas, pro Milone, pro Archia poeta, pro Roscio Amerino), como en la política con sus Catilinarias y sus Filípicas; sentando además los principios del gusto y de la elocuencia en sus tratados del Orador, de los oradores ilustres, etc. Este hombre verdaderamente extraordinario, escribió también varias obras filosóficas, como el libro de república, las tusculanas, el libro sobre el bien supremo y el supremo mal, el libro de los deberes, y el de las leyes.

  Bellas artes; agricultura, industria y comercio. Entre las bellas, artes sólo fue cultivada en la época de Augusto la arquitectura, erigiéndose magníficos monumentos tanto en Roma como en las provincias.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XV.

 —1.  Para evitar el odio de los romanos, Octavio después de la muerte de Antonio, sólo aceptó el nombre de Emperador y Príncipe. Además le fue conferido el Consulado, el tribunado, la censura y todas las demás dignidades; renovándoselas periódicamente, a pesar de su aparente repugnancia.

—2. El Imperio romano se extendía desde el Rhin y el Danubio por el N., hasta el Atlas y el desierto por el S.; y desde el Eúfrates al E., hasta el Atlántico por el O. Estaba dividido en 25 provincias, de las cuales unas gobernaba el senado y se llamaban senatoriales, y otras que no estaban completamente pacificadas, dependían directamente del emperador, con el nombre de imperiales.

—3. Augusto reformó el senado, y dió leyes para mejorar las costumbres y la administración, aumentando la prosperidad, la riqueza y el comercio, tanto en Roma como en las provincias. Creó el fisco o tesoro del emperador, y organizó el ejército creando cuerpos de tropas permanentes.

—4. En España combatió Augusto a los Cántabros, Astures y Galaicos, que fueron sometidos por Agripa. En Oriente, Armenia se puso bajo su protección; los partos devolvieron las banderas tomadas a Craso; y Augusto recibió embajadas de Escitia y de India.

—5. Germania estaba ocupada por diferentes pueblos, separados del imperio romano por el Rhin y por el Danubio. Druso y Tiberio se apoderaron de la Retia, Nórica, Vindelicia y Mesia; Agripa de Panonia: y por la parte del Rhin, Druso llegó victorioso hasta el Elba.

—6. Después de estas guerras, se cerró el templo de Jano, en señal de la paz universal. En este tiempo nació en Belén, de Judea, Jesucristo, el Salvador del mundo: cuyo acontecimiento se ha adoptado como punto de partida para contar los años, tanto anteriores como posteriores.

—7. En los últimos años de Augusto, Tiberio sometió los pueblos sublevados de las orillas del Rhin y del Danubio. Pero encargado Varo del gobierno de la Germania, fue derrotado por Antonio en la selva de Teuteberg, pereciendo sus legiones, y quitándose él mismo la vida.

— 8. No pudiendo Tiberio someter a los germanos, se estableció la frontera en el Rhin. Augusto, impresionado por la muerte da Varo y la pérdida de las legiones, murió después en Nola, dejando por sucesor a Tiberio.

— 9; Augusto, cruel y sanguinario como triunviro, fue benévolo y humanitario como emperador. En su tiempo reinó la paz en el Imperio; y se distinguió principalmente por su talento político y sus dotes de hombre de gobierno, dejando el imperio perfectamente constituido. Por otra parte, Augusto continuó en grande escala la obra de la asimilación de los pueblos con Roma.

—10. Se llama siglo de oro de la literatura latina a la época de Augusto, porque en ella florecieron los más notables escritores en el idioma del Lacio.

—11. En la poesía lírica sobresalieron Horacio, Ovidio, Propendo, Catulo y Tibulo: en la épica Virgilio, que escribió la Eneida, las Bucólicas y las Geórgicas.

—12. Como historiadores deben citarse, César, Salustio y Tito Livio: y como orador a Cicerón, que además escribió obras filosóficas. En las artes los romanos cultivaron de preferencia la escultura.




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