Anarquia Militar en Roma Emperadores Romanos Antigua Pertinax Publio





Haz Clic y Arrastra: Dos Veces "El"


roma antigua

LECCIÓN XVIII.
EMPERADORES SIRIOS (193-285).
ANARQUÍA MILITAR (235-284).

  1.   Pertinax. El Imperio en venta. — Después de la dinastía de los Antoninos, el imperio es víctima de la anarquía; los soldados disponen del trono; el gobierno y la ley quedan olvidados; y el desorden dominó en todas partes.

  A la muerte de Cómodo los pretorianos elevaron al trono a Helvio Pertinax, que desde un origen humilde, se elevó por su valor y su talento a los primeros puestos de la milicia. Botado de virtud y de firmeza, se propuso de volver al senado su prestigio y restablecer el orden y el imperio de la ley, pero al intentar someter los pretorianos a una severa disciplina, fue asesinado por los mismos que tres meses antes lo habían elegido.

  Muerto Pertinax, y dueños de Roma los pretorianos, pusieron el imperio en venta, adjudicándolo como mejor postor a Didio Juliano, que ofreció 5,000 dracmas (18,000 reales próximamente) a cada soldado. Hecho semejante, aunque aprobado por el senado, atrajo a Juliano el odio del pueblo y hasta de los mismos pretorianos y fue la ocasión de que se sublevaran contra él las legiones de Siria, que nombraron emperador a Pecenio Niger, las de Bretaña a Clodio Albino y las de Iliria a Septimio Severo. Este último se dirige a Roma, y es proclamado emperador por el senado, que había mandado decapitar a Didio Juliano.

  1. Septimio Severo. — En este reinado se consolida el despotismo militar en Roma. Septimio Severo disuelve la guardia pretoriana, creando otra nueva mucho más numerosa, compuesta de soldados de todas las legiones, perfectamente pagada, y sometida a una severa disciplina.

  Dueño de Roma se dirigió Septimio Severo a combatir a sus rivales. Consiguió desarmar a Albino nombrándole César, y venció en Oriente a Níger en Cizico y en Nicea, y lo derrotó completamente en Isso, pereciendo en la huida; apoderándose a la vez de Antioquía y arrasando a Bizancio. Pacificado el Oriente, se encaminó contra Albino, que perdió la batalla y la vida cerca de Lion. En una guerra contra los partos se apoderó de Babilonia y Ctesifonte.

  El reinado de Septimio Severo es una mezcla extraña de mal y de bien, de buenas y de malas cualidades. Político como Augusto, y cruel como Neron, restableció el orden en la administración, protegió la ley y la justicia, quitó la vida a varios senadores y desterró las principales familias de Roma. Juntamente procuró Septimio Severo aumentar la prosperidad de las provincias, especialmente en África, donde él había nacido, y en Oriente, por ser su esposa, Julia Domna, de Emesa en Siria; al mismo tiempo prestó una decidida protección a las letras.

  Sublevados los Caledonios de Bretaña, Septimio Severo marchó contra ellos, consiguiendo derrotarlos, pero murió poco después en Evoracum (York), aconsejando a sus hijos, que tratasen bien, y enriqueciesen a los soldados, y que no se inquietasen por lo demás; cuyas palabras revelan todo el secreto de su política, reducida a fundar el despotismo militar contra la influencia del senado.

  1. Caracalla y Geta. — Septimio Severo dejó el trono a sus dos hijos, Caracalla y Geta; de carácter amable y humanitario este último, y cruel y sanguinario el primero, la armonía en el mando era imposible entre ellos; y después de intentar la división del imperio, Caracalla hizo asesinar a su hermano en los brazos de su madre, y mandó quitar la vida al célebre jurisconsulto Papiniano, por haberse negado a hacer elogio del fratricidio.

  Caracalla, comenzada así la carrera de sus crímenes; se entregó a la corrupción más desenfrenada, y la más inaudita crueldad, sacrificando a miles de personas, ya para complacerse en sus sufrimientos, y para apoderarse de sus riquezas. Tuvo que comprar la paz a los bárbaros del Danubio queriendo imitar a Aquiles y a Alejandro, visitó las ruinas de Troya y ordenó en Alejandría de Egipto una matanza general. Se casa con la hija del rey de los Partos, pero los excesos de sus soldados provocan una guerra; antes de comenzar las hostilidades, muere Caracalla en Carras, asesinado, de orden de Macrino, prefecto del pretorio.

  Un hecho importante registra la historia de Caracalla. Fue este la publicación de la Constitución Antonina, por la cual se concedió el derecho de ciudad a todos los súbditos del Imperio, de condición libre; la ciudadanía tan disputada por los plebeyos y después por los italianos, se extiende ahora a todas partes, unificando a todos los pueblos bajo el punto de vista del derecho. Tal vez se propusiera Caracalla con esta medida aumentar los impuestos, desde una vigésima a una décima en las herencias y legados; pero el resultado es que contribuyó en gran manera a la unificación de todos los pueblos bajo Roma.

  1. Macrino.- Proclamado por los pretorianos, y aceptado por el senado y por las legiones, Macrino se propuso restablecer la influencia del poder civil, devolviendo al senado sus atribuciones y limitando el poder militar, al cual debía la corona. Obligado a comprar la paz a los Partos, después de haber huido del campo de batalla en Nisibis; y por la tendencia de su gobierno en contra del elemento militar, intentando restablecer la disciplina en el ejército, se sublevaron las legiones y proclamaron a Heliogábalo, que consiguió derrotarlo, muriendo poco después en Calcedonia.
  2.  Heliogábalo. — Las intrigas de su abuela Julia Mesa, hermana política de Septimio Severo, consiguieron que a la muerte de Macrino, fuese nombrado Augusto el joven Heliogábalo, con el cual se entronizaron en Roma, la crueldad y la demencia, el desorden, el cinismo y la corrupción. Abandona el gobierno a un cochero, un cocinero y un barbero; se casa con cuatro mujeres a la vez, funda una academia de mujeres perdidas y de hombres corrompidos, da participación en el senado a las mujeres, y casa al dios Baal, de quien era sacerdote, con Astarte, la diosa de Cartago, mandando celebrar las bodas con inusitada pompa en todo el Imperio.

  Tantas locuras y tantos crímenes no podía ser mucho tiempo tolerados por los romanos. Julia Mesa en unión con los pretorianos, consiguió que Heliogábalo adoptase a su primo Alejandro; pero no pudiendo arrastrarlo a la vida corrompida que él llevaba, intentó quitarle el titulo de César, y aun se propuso asesinarle. Por lo que se sublevaron los pretorianos, quitaron la vida a Heliogábalo, arrastraron su cadáver por las calles de Roma, y lo arrojaron al Tíber.

  1. Alejandro Severo. — Después del reinado por todos conceptos execrable de Heliogábalo, ocupó el trono Alejandro Severo, educado por su abuela Mesa y su madre Mamea, instruido en las letras griegas y latinas, y conocedor quizá de la religión cristiana de costumbres intachables, sencillo y modesto en su trato, Alejandro Severo fue un modelo de príncipes, reproduciéndose en su reinado los buenos tiempos de Augusto y de los Antoninos.

  Su primer cuidado al ocupar el trono fue hacer des­aparecer hasta las huellas de los desordenes del reinado anterior, echando fuera de Roma los sacerdotes de Heliogábalo, los eunucos, histriones, mujeres y de­latores. Se dedicó después a fortificar el poder civil, organizando a la vez el ejército, mejorando la disciplina, y aumentando el bienestar del soldado.

  Con el intento de reproducir las leyes antiguas, y con ellas el orden y la organización de otros tiempos, Alejandro devolvió al senado su prestigio, separando a todos los senadores indignos o incapaces, sometien­do a su deliberación todos los asuntos importantes y el nombramiento de los magistrados. Al mismo tiempo llamó a ocupar los principales puestos a las personas más distinguidas, y procuró rodearse de los primeros jurisconsultos, Ulpiano, Paulo y Modestino, siguiendo sus dictámenes en la administración de jus­ticia.

  Bien pronto comenzaron a extenderse por todo el imperio el bienestar y la prosperidad, que era el ob­jeto preferente de Alejandro Severo y a este fin regu­larizó la administración, disminuyó los impuestos, y favoreció la industria y el comercio.

  El ejército participó igualmente de las sabias re­formas de Alejandro Severo, no sólo por el aumento de la paga a los soldados, sino también por la distribución de tierras en las fronteras a los veteranos. Sin embargo los pretorianos, mal avenidos con la severa disciplina a que fueron sometidos, por dos veces se sublevaron, quitando la vida en la segunda al jurisconsulto Ulpiano, delante del mismo emperador.



Anuncio Publicitario


  En los últimos años de su reinado Alejandro Severo  que sostener guerras en Oriente y Occidente. Por este tiempo Artajerjes, hijo de Sasan, concluyó con el imperio de los Partos, fundando el segundo imperio persa llamado de los Sasánidas, invadiendo poco después las provincias romanas comarcanas. Alejandro Severo marchó contra Artajerjes, y después de alcanzar algunas victorias, se apoderó de la Mesopotamia, abandonada por Heliogábalo. En Occidente tuvo que combatir contra los Germanos; pero insurreccionadas las legiones de la Galia al mando de Maximino, le asesinaron Juntamente con su madre, que siempre le acompañaba en sus expediciones.

  1. Anarquía militar.- A la muerte de Alejandro Severo se inaugura en Roma un período de anarquía y de desorden que alcanza a todo el Imperio, y que amenaza de próxima descomposición a la sociedad. Hasta el advenimiento de Diocleciano, o sea en el espacio de medio siglo, el imperio romano se encuentra a merced de los pretorianos en Roma, y de las legiones en las provincias, sucediéndose en este tiempo una serie de emperadores que no baja de cincuenta, algunos reconocidos por el senado, otros que llevan el nombre de tiranos y que dominaron aunque por breve tiempo en las provincias y aun en Roma.
  2.   Maximino, Gordiano I y II, Máximo Pupieno y Balbino.- El sucesor de Alejandro Severo, Maximino, tracio de origen, se distinguía por su elevada estatura, sus fuerzas físicas y una voracidad extremada, así como por su ambición y su crueldad; se apoderó de las riquezas de los templos y de los pueblos y de los particulares, sacrificando sin piedad a centenares de personas distinguidas por su virtud o por sus riquezas. Se sublevan contra él el pueblo y el ejército; pero consiguió vencerlos, costando la vida a un gran número de ciudadanos.

  Las legiones de África proclamaron emperador al procónsul Gordiano, que por su avanzada edad de ochenta años, asoció en el mando a su hijo, llamado también Gordiano. El senado, indignado por las violencias de Maximino, lo declaró enemigo de la patria, y se apresuró a reconocer a los Gordianos; pero el gobernador de la Mauritania partidario de Maximino, venció a Gordiano el Joven que pereció en el combate, y el Anciano se quitó la vida.

  El senado, enemigo de Maximino, nombró dos emperadores Máximo Pupieno y Balbino; pero el pueblo, partidario de los Gordianos, prefiere a Gordiano III, originándose de aquí una sangrienta lucha. Maximino en tanto, desde Germania donde se encontraba, se dirige a Roma, y sitiando de camino la ciudad de Aquileya, fue asesinado por sus soldados. Poco después los pretorianos y el pueblo de Roma, enemigos de las hechuras del senado, quitaron la vida a Pupieno y Balbino, proclamando en su lugar a Gordiano.

  1.   Decio. — En el breve reinado de Decio, y por su orden, sufrieron los cristianos una de las más crueles persecuciones. Por este tiempo, y a consecuencia de grandes movimientos de los pueblos bárbaros, vinieron a quedar en las fronteras del Rhin y de N. a S. los sajones, francos, alemanes, borgoñones y lombardos, y en las del Danubio los godos que se extendían hasta el Sur de Rusia actual, divididos en ostrogodos al E. del rio Dniester, y visigodos al O. Contra estos últimos que, pasando el Danubio, habían penetrado en la Tracia, tuvo que combatir el mismo Decio; y aunque consiguió algunas ventajas, fue al fin derrotado y perdió la vida en la batalla.
  2.   Galo y Emiliano. — A la muerte de Decio, las legiones eligieron a Galo, que compartió el gobierno con Hostiliano nombrado por el senado. En una invasión de los godos en la Mesia, galo tuvo que comprarles la paz; pero Emiliano consiguió derrotarlos, y nombrado emperador por las legiones, se dirigió contra Galo, siendo éste derrotado, y perdiendo la vida a manos de sus soldados. En camino para Roma, salió a su encuentro Valeriano, nombrado emperador por el senado, que consiguió derrotarlo, quitando la vida a Emiliano las mismas legiones que lo habían elevado al trono.
  3.   Valeriano: los Treinta Tiranos: Galieno. — Las condiciones de Valeriano hacia esperar un reinado de paz y de prosperidad. Por este tiempo hubo una irrupción  casi general de los pueblos bárbaros, pasando los francos el Rhin, los alemanes y los godos el Danubio, y penetrando a la vez los persas en la Siria y Asia Menor.

  Valeriano confía a su hijo Galieno, ayudado de sus mejores generales, la guerra contra los bárbaros; y en  mismo se dirige contra los persas, con tan mala fortuna, que en la primera batalla cayó prisionero, muriendo poco después en poder de sus enemigos.

  Galiano, proclamado emperador a la muerte de su padre, no pudo, ni intentó evitar que las legiones proclamasen diferentes emperadores en las provincias, originándose una espantosa confusión precursora de la ruina del mundo romano. Los generales que se hacen independientes en las provincias, gastan sus fuerzas combatiéndose unos a otros, sin cuidarse de rechazar las invasiones de los bárbaros que cada día se presentan más amenazadores.

  En medio de tanto desorden, sólo merecen citarse el Imperio de las Galias, el de Oriente y el de Iliria.

  1. Imperio de las Galias. Postumio, Eliano, Victorino y Tétrico. — Las legiones de Galia, a la muerte de Valeriano, eligieron emperador a Postumio, que estableció un gobierno semejante al de Roma, siendo reconocido por las legiones de España y de Bretaña, y contribuyendo a rechazar a los bárbaros al otro lado del Rhin. Asesinado por sus legionarios, le suceden Eliano y Victorino, que bien pronto concluyeron de la misma manera, y por último Tétrico que gobernó en paz por algunos años en las Galias.
  2.   imperio de Oriente. Odenato y Zenobia. Odenato, gobernador de la Palmirena en tiempo de Valeriano, consiguió derrotar a los Persas que habían invadido las provincias del Imperio, y venció a Balista nombrado emperador por las legiones, viéndose él mismo obligado a tomar este titulo por iniciativa de su ejército; murió asesinado, sucediéndole su esposa, la célebre Zenobia, que aumentó sus Estados a expensas del Imperio, y más adelante se vio destronada por Aureliano.

 15.Imperio de Iliria, ingenuo, Regiliano y Auréolo. — Las legiones de Iliria proclamaron emperador a ingenuo, que poco después se suicida por haber perdido una batalla; Regiliano su sucesor pereció a manos de los legionarios. Auréolo, encargado por Galieno de someter la Iliria, tomó también el titulo de emperador, e invadió Italia para destronar a Galieno. Este consiguió sitiarlo en Milan; pero fue asesinado por sus propios soldados.

  Claudio II.- A la muerte de Galieno le sucedió Claudio II, distinguido general de Valeriano, y recibido con entusiasmo por el ejército y por el senado. Prosiguiendo el sitio de Milan, logró apoderarse de la plaza, dando la muerte a Auréolo; y rechazó a los alemanes y a los godos, que habían penetrado en el Imperio.

  16.Aureliano restauración del Imperio.– Aureliano procedía de Panonia, y había sido el general más distinguido en tiempo de Valeriano. Recibió el nombre de restaurador del Imperio por haber tenido la fortuna de vencer a los emperadores de las provincias, restableciendo el orden y la unidad romana.

  Consiguió derrotar a los alemanes que habían penetrado en Italia; abandonó a los godos la Dacia de Trajano, dejando el Danubio como limite del Imperio por aquella parte. En Oriente, Zenobia que había extendido su dominación por Siria y Egipto, fue vencida por Aureliano, y tomada Palmira, la famosa reina quedó en poder del vencedor. En las Galias, Tétrico entregó el poder a Aureliano, quedando éste único dueño del Imperio.

  Sin embargo, Aureliano no fue tan afortunado cuando pretendió restablecer el orden interior, y someter el ejército a una severa disciplina. Los pretorianos se sublevaron en Roma, y el emperador para someterlos quitó la vida a 7,000; poco después marchando a la guerra contra los persas, fue asesinado por sus mismos soldados.

  A la muerte de Aureliano eligió el senado emperador al anciano Tácito que intentó, aunque sin resultados, restablecer la antigua República. En su tiempo fueron vencidos los Alanos en el Asia Menor, y preparándose para combatir a los persas, murió, o tal vez fue asesinado por las legiones en Tracia.

  1. Probo. — En su breve reinado de seis años, se manifestó Probo digno de ocupar el trono de Augusto y de los Antoninos. Rabiase distinguido como el mejor general y hábil político en los reinados anteriores, y su nombramiento fue recibido con grande entusiasmo tanto en Roma como en las provincias.

  En los cinco primeros años se ocupó constantemente en combatir a los enemigos de Roma. Venció a los Francos y les obligó a repasar el Rhin; derroto a las Sármatas en Iliria, a los Godos en Tracia y a los Isaurios en el Asia Menor. Estableció colonias de bárbaros de diferentes puntos del Imperio, y unió con una muralla el Rhin y el Danubio para contener a los Germanos.

  Restablecidos así los límites del Imperio, Probo se ocupaba en mejorar la administración, y asegurar la disciplina del ejército, cuando fue asesinado por sus mismos soldados.

  1.   Caro, Carino y Numeriano. — Aprovechando los preparativos de su antecesor, Caro hizo la guerra a los persas, llegando victorioso hasta el Tigris; pero murió poco después, habiendo asociado en el mando a sus hijos Carino y Numeriano.

  Numeriano hizo una paz vergonzosa con los persas, y fue asesinado por su suegro Aper, cuando regresaba a Roma. Diocleciano mandó quitar la vida al asesino, y muerto después Carino a manos de sus soldados, las legiones lo proclamaron emperador.

  1. Juicio sobre la anarquía militar en Roma. — Ni Roma, ni pueblo alguno, registra en su historia una época tan calamitosa, como los 50 años que trascurrieron desde Maximino hasta Diocleciano, cuyos principales acontecimientos acabamos de reseñar. En menos tiempo, y con menos motivo, otras naciones han desaparecido de la historia; y Roma, sin embargo, vive y se repone; llegan momentos en que todos sus órganos parecen disgregarse, como atacados de muerte próxima, la disolución y la ruina se presentan como inevitables y necesarias; no obstante Roma no muere en estas agonías, sino que con pasmosa facilidad se mejora, vuelve a la vida, recobra sus fuerzas, ostentándose de nuevo como siempre grande y majestuosa. Roma decae y se rehabilita al tenor de las condiciones de sus emperadores; pero Roma no muere nunca.

  Un fenómeno tan singular tiene su causa y su explicación en la fuerza y energía de la constitución de Roma, en la firmeza de sus instituciones. Roma imperial continúa siendo la Roma republicana; los esfuerzos de algunos emperadores para desarraigar las instituciones antiguas, no dieron nunca el resultado que sus autores se proponían; y esas instituciones debilitadas, pero no destruidas, constituyen el elemento salvador de Roma. Si Roma hubiera sido un Estado puramente monárquico, como lo fueron los imperios de Oriente, hubiera perecido indefectiblemente en tiempo de los emperadores monstruos, y con más razón durante la anarquía militar.

  Por otra parte, Roma cumple su misión de unificar el mundo y extender su vida a todos los pueblos, contribuyendo a ello en gran manera hasta la época calamitosa y anárquica que ahora nos ocupa. La persona sagrada de los emperadores deja ya de pertenecer exclusivamente a Roma para comunicarse a las provincias, a las aldeas, y hasta a los bárbaros.

Es el último privilegio, de que Roma se despoja, la última manifestación de la lucha eterna entre patricios y plebeyos, entre Roma e Italia, entre Roma y los pueblos todos del Imperio. Hasta aquí Roma lo era todo, el Imperio estaba Roma; de hoy más Roma está en todas partes. Y como es natural, la conquista de un privilegio tan importante, no se llevó a cabo en paz y tranquilamente, sino que costó luchas sin cuento, ríos de sangre; tan grande era la trascendencia del hecho que se debatía.

RESUMEN DE LA LECCIÓN XVIII.

 —1. Pertinax fue elevado al trono por los pretorianos introdujo saludables reformas en el imperio; pero queriendo someter el ejército a una severa disciplina, fue asesinado por los mismos pretorianos, que pusieron el imperio en venta, adjudicándolo a Didio Juliano, como mejor postor. A causa de este hecho fueron nombrados en las provincias, Níger, Albino y Septimio Severo, siendo éste último aceptado por el Senado.

—2. Septimio Severo consolidó el despotismo militar: consiguió vencer y deshacerse de sus rivales y derrotó a los Partos; su reinado fue una mezcla de buenas y malas cualidades, pero favoreció en gran manera las provincias, singularmente África y Siria; y murió en York después de haber derrotado a loe Caledonios.

—3. Caracalla mandó quitar la vida a su hermano Geta, y a Papiniano, entregándose a la corrupción más desenfrenada y a la más refinada crueldad; compró la paz a los bárbaros, se propuso imitar a Aquiles y Alejandro, y muere asesinado de orden de Macrino. A Caracalla se debe la publicación de la Constitución Antonina.

—4. Macrino se propuso restablecer la influencia del poder civil en contra del militar, y por esto y por haber comprado la paz a los Partos, se sublevaron las legiones, muriendo Macrino poco después.

—5. Heliogábalo entronizó en Roma el cinismo y la corrupción, la locura y la crueldad; y habiendo intentado asesinar a su primo y adjunto Alejandro, los pretorianos le quitaron la vida y arrojaron al Tíber su cadáver.

—6. Alejandro Severo fue un modelo de príncipes, y su reinado puede compararse con los de Augusto y los Antoninos. Borró hasta  las huellas de los desordenes anteriores, organizó el ejército y fortificó el poder civil, devolviendo al Senado su prestigio: con sus acertadas medidas aumentó la prosperidad en todo el imperio: venció al fundador del imperio persa de los Sasánidas; y fue asesinado por los legionarios de las Galias, instigados por Maximino.

—7. A la muerte de Alejandro Severo domina en Roma la anarquía militar, sucediéndose en medio siglo más de 50 emperadores, nombrados por los pretorianos en Roma y por las legiones en las provincias, algunos de los cuales se conocen en la historia con el nombre de los Treinta Tiranos.

—8. Maximino se distinguió por su estatura y su voracidad, por su ambición y su cruel tiranía. Los gordiano nombrados en África y aceptados por el Senado, perdieron la vida combatiendo con el gobernador de Mauritania. El Senado nombró a Pupieno y a Balbino; y Maximino que se dirige a Roma, fue asesinado por sus soldados en Aquileya. Pupieno y Balbino fueron también asesinados.

— 9. Gordiano III con el concurso de su suegro Misiteo, introdujo la paz en el imperio: en su tiempo fueron derrotados los francos y los godos y en guerra con los persas, fue asesinado por sus soldados por instigación de Filipo el Árabe, que le sucede: éste celebró el milenario de la Fundación de Roma y fue derrotado y muerto por Decio en la batalla de Verona.

—10. Decio ordenó una cruel persecución contra los cristianos, y perdió la vida peleando contra los godos en las orillas riel Danubio.

11. Las legiones proclamaron a Galo, que compró la paz a los godos, y fue asesinado por sus soldados, combatiendo con Emiliano que había sido nombrado emperador por las legiones. Este alcanzó la misma suerte poco después en guerra con Valeriano.

— 12. Valeriano nombrado por el Senado, hizo concebir por sus buenas condiciones grandes esperanzas; pero en guerra con los persas, cayó prisionero y murió en el cautiverio. Le sucedió su hijo Galieno, en cuyo tiempo las legiones nombraron diferentes emperadores en las provincias.

— 13. En las Galias estableció Postumio un gobierno semejante al de Roma, pero murió asesinado por sus legionarios, como sus sucesores Eliano y Victorino: Tétrico gobernó en paz algunos años.

—14. Ordenato, gobernador de Palmirena, derrotó a los persas, y fue nombrado emperador por el ejército: murió asesinado, y su viuda la célebre Zenobia fue destronada más adelante por Aureliano.

— 15. En Iliria se suicidó Ingenuo, pereciendo a manos de los legionarios Regiliano, y Auréolo invadió la Italia y fue sitiado en Milan por Galieno, a quien asesinaron sus soldados; pero la plaza fue tomada por Claudio II, nombrado emperador por el Senado y el ejército, y Auréolo perdió la vida. Claudio II rechazó a los alemanes y a los godos.

—16. Aureliano venció a los emperadores de las provincias, y restauró el orden y la unidad del imperio. Abandonó Dacia de Trajano, derrotó a los alemanes, venció e hizo prisionera a Zenobia, y Tétrico le entregó el imperio de las Galias. En una sublevación do los pretorianos, perecieron hasta 7,000; Aureliano fue asesinado por sus soldados cuando marchaba contra los persas. Tácito que le sucedió, intentó restablecer la República, y murió en una expedición contra los persas.

—17. Probo fue uno de los mejores emperadores de Roma. Venció a los Francos, a los Sármatas, Godos e Isaurios, y unió con una muralla el Ruin y el Danubio; cuando se ocupaba de mejorar la administración y restablecer la disciplina, fue asesinado por sus soldados.

—18. Caro murió en guerra con los persas. Numeriano compró la paz, y fue asesinado por su suegro Aper; Carino murió a manos de sus soldados, y las legiones eligieron a Diocleciano.

—19. No hay en la historia época más calamitosa que la que transcurre desde Maximino basta Diocleciano: y sin embargo, Roma amenazada de próxima muerte, no desaparece, debiendo su salvación a la fuerza y energía de sus antiguas instituciones. En medio de un periodo tan anárquico, Roma continua su misión de unificar los pueblos, nombrándole desde ahora los emperadores indistintamente, de las provincias lo mismo que de Roma.




OTROS TEMAS EN ESTE SITIO



Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *