Historia de Cristianos en Roma Antigua Nacimiento de Cristo





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LECCIÓN XXII. JUICIO SOBRE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.

  1. Misión de Roma en relación con la naturaleza. — Para concluir la historia de Poma procuraremos en esta lección examinarla en conjunto y en sus relaciones con la civilización universal.

Los pueblos orientales, encerrados en el aislamiento, y cultivando aptitudes exclusivas y determinadas, habían, sin embargo, desarrollado todos los gérmenes de la civilización humana. Tras de aquel tiempo de repulsión de pueblos e ideas, se presenta Grecia recogiendo todos los elementos de cultura y de progreso que encerraban aquellos pueblos, desenvolviéndolos de una manera admirable, gracias a los dotes excepcionales de la raza helénica. Las conquistas de Alejandro habían hecho refluir la brillante civilización griega, hasta las más remotas regiones del Oriente. Pero quedaba, en tanto, todo un mundo el Occidente, dividido y fraccionado, envuelto en las tinieblas de la barbarie, esperando la luz del espíritu, los tesoros de la civilización, que le habían de iniciar en la carrera de su perfeccionamiento y en la realización de sus destinos.

Para el cumplimiento de tan altos fines, ningún pueblo reunía las condiciones de la península italiana, y dentro de ésta la ciudad de Roma. Roma, situada en el centro de Italia, estaba llamada a extender su dominación por toda aquella península; y ésta, unida por el Norte al centro de Europa, tocando casi por el Sur al África, y a igual distancia próximamente de los extremos oriental y occidental del Mediterráneo, reunía las más ventajosas condiciones para recoger por una parte los tesoros de la civilización griega y oriental, y comunicarla por otra a los pueblos de Occidente.

Esta era la misión superior y grandemente trascendental que Roma estaba llamada a cumplir en la historia de la humanidad.

  1. Carácter de la civilización romana. — Como cada pueblo realiza en la vida una sola idea, después del Oriente con su absolutismo religioso y político, y después de Grecia con su libertad aplicada a todas las esferas de la vida humana, aparece Roma desarrollando la idea política en sus múltiples aplicaciones a la vida social.

En efecto, como en otra parte hemos manifestado, Roma emplea la mitad de su historia en conquistar el mundo fabricando al mismo tiempo el sólido edificio de su constitución interior; y dedica la otra mitad a consolidar sus conquistas, comunicando a todos los pueblos los tesoros inapreciables de su organismo social, haciendo de tantos pueblos divididos y aislados un solo pueblo y de tantas naciones antagónicas y hostiles una sola nación.

A diferencia de los conquistadores asiáticos, Roma no conquista únicamente por satisfacer su ambición, antes bien, aspira a un fin más alto, a regir y gobernar todos los pueblos, tu regere imperio populos, romane, memento, que dijo el poeta.

Este es el carácter más saliente de la civilización romana; y a esa idea social y de gobierno se subordinan en su larga historia todas las  manifestaciones de la vida humana. Roma no es un pueblo religioso, ni se distingue por la ciencia y por el arte, ni se dedica al comercio, ni a la industria; todos estos fines son allí secundarios, como dependientes y subordinados al fin supremo de Roma, la unión de todos los pueblos bajo el gobierno y las leyes de la gran ciudad.

  1. Gobierno. Organización política y social. — Roma practicó las dos formas fundaméntales de gobierno, la monarquía y la república; comenzó por el gobierno de los reyes, que fue de corta duración, sustituyéndole una república aristocrática, más en armonía con la índole y el carácter de Roma, que consiguió realizar una fuerte y robusta constitución en el interior, y extender sus conquistas por todos, los pueblos que circundan el Mediterráneo; y vino a terminar en el Imperio, llamado a completar las conquistas y más principalmente a organizar el mundo romano.

Habiendo subsistido cinco siglos la República y otros cinco el Imperio, y con el carácter eminentemente práctico y utilitario que distingue al pueblo romano, ambas formas de gobierno alcanzaron allí un completo desarrollo, tocándose en su larga duración los inconvenientes y todas las ventajas que encierran, pudiendo servir por esta razón la historia de Roma de lección constante para el gobierno de los pueblos futuros.

Pero en lo que Roma lleva una inmensa ventaja al Oriente y a Grecia, es en la organización política y social del imperio; nada igual, ni parecido hicieron sus antecesores de manera que Roma por sí misma, y sin enseñanza ajena, completó su organismo político, y llegó a constituir un sistema administrativo tan perfecto, que viene siendo desde entonces la constante escuela de todos los hombres de gobierno.

  1. Religión. — La religión que es el primer elemento civilizador en la infancia de los pueblos, no tuvo nunca una influencia tan decisiva, por cuanto Roma nació adulta, sin haber pasado por los períodos naturales en la organización de los pueblos primitivos.

Así es que aquella religión politeísta, nacida de las circunstancias mismas que dieron origen a Roma, fue política desde su principio, se enriqueció con los dioses de los pueblos vencidos creció extraordinariamente con la incorporación del Olimpo griego; pero quedó siempre en un lugar secundario, y como sometida a la vida política de Roma.

Sin embargo, la historia romana se desenvuelve al amparo del paganismo, cuyo carácter adquieren todas las instituciones políticas y sociales. Así es que, cuando el paganismo va perdiendo su influencia ante la verdad cristiana, las instituciones romanas decaen también, porque eran incompatibles con la nueva religión.

  1. Ciencia, literatura y bellas artes. — La cultura romana fue toda ella procedente de Grecia, tanto a lo que se refiere a la ciencia y la filosofía, como en la literatura y en las bellas artes. Pero cultivaron con particular predilección aquellas ciencias que más se relacionaban con el espíritu y tendencia de Roma, y que más posan contribuir a sus fines políticos de gobernar y dirigir todos los pueblos.

Por eso adquirió tanto desarrollo el estudio de la historia y del derecho, que conservaron una grande importancia, aun después que los otros ramos del saber se encontraban en marcada decadencia

  Las artes revisten también en Roma un carácter político, cultivándolas únicamente bajo su aspecto utilitario, y en cuanto podían servir a los fines de la gran ciudad. Admiraron la pintura, y más todavía la escultura griega, pero no trataron de imitarlas; y si fueron notables sus trabajos en arquitectura, carecían no obstante de la idealidad de la belleza y de la brillantez del genio, que tanto distingue a los monumentos de Grecia.



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  1. Causas de la caída de Roma. — El Estado político más grande y poderoso que se conoció en la antigüedad desapareció, cono antes dijimos, de una manera natural, sin violencias ni revoluciones. Cayó Roma, porque había concluido su misión de unificar los pueblos y preparar el mundo para recibir el cristianismo.

Y como la sociedad romana estaba fundada en el paganismo, y las ideas cristianas, aunque triunfantes, no podían regenerar a un pueblo decrépito, corrompido y acostumbrado al puro formalismo religioso, fue necesario cruel organismo político del imperio desapareciera, arrollado por nuevos pueblos, mejor dispuestos para recibir la Buena Nueva.

El hecho de la desaparición del Imperio romano, por verificarse de una manera natural y en cierto modo pacífica, no por eso deja de ser uno de los acontecimientos más trascendentales que registra la historia, por cuanto cierra y termina la edad antigua y comprende y abarca los primeros gérmenes de la vida e historia moderna. Por estas razones, se hace necesario explicar un hecho tan importante, para lo cual apuntaremos aquí las causas fundamentales y remotas que lo vinieron preparando desde mucho tiempo antes así como las causas próximas u ocasionales que determinaron su ruina.

  1. Causas principales de la caída del Imperio romano. — La primera causa, y quizá la más influyente en la caída del imperio fue seguramente su demasiada extensión, y la imposibilidad consiguiente de gobernar países tan lejanos.

  En efecto, el imperio se extendía más de 4,200 leguas de Oriente a Occidente, y 1,200 de Norte a Sur; y dentro de estos límites se comprendían pueblos y naciones diferentes, de distinto origen y costumbres y hasta de razas diversas.

Así es que la acción del gobierno de Roma, a pesar de su posición central, se debilitaba considerablemente en las provincias lejanas; no siendo bastante a remediar este mal, el establecimiento de la diarquía primero y de la tetrarquía después. La situación ventajosa de Roma, su hábil política y perfecta administración, pudieron prolongar por cinco siglos la existencia de aquel inmenso imperio; pero debilitándose cada día su poder cayó al fin en ruinas, abrumado por su misma pesadumbre.

  1. Inadecuidad de las instituciones. — Otra de las causas que de tiempos lejanos venían minando la existencia del imperio, era la falta de armonía entre las instituciones y la política que regia los destinos de Roma.

Roma se había constituido durante la República, y todas sus instituciones, nacidas entonces, respondían a los fines propios de su historia en aquella época. Esas instituciones, que constituían la fuerza del organismo romano, y sirvieron de base a su engrandecimiento por medio de la conquista, resultaron inadecuadas y deficientes cuando, sometidos todos los pueblos, y establecido el imperio, Roma estaba llamada a comunicarles los tesoros de su derecho y de su civilización, en contra del carácter y de las tendencias egoístas de la República, que los tenia vinculados en la gran ciudad.

 Faltó el imperio de las instituciones inherentes a la monarquía, y apoyándose por consiguiente en las republicanas, nació de aquí una dualidad de aspiraciones que entorpeció grandemente el cumplimiento de los fines de Roma, aumentó su debilidad, y preparó desde mucho antes su caída.

Por otra parte, las instituciones romanas fundadas en el paganismo, eran antagónicas con el espíritu y tendencias del cristianismo, dominante desde Constantino y perdiendo aquellas desde entonces su prestigio, y no arraigadas todavía las instituciones cristianas, quedó el Imperio huérfano de creencias, y sin el fundamento religioso, tan necesario en la vida de las naciones.

  1. La esclavitud y el estado económico del Imperio. — Contribuyó también en gran manera a la ruina del Imperio, el aumento de la esclavitud y el desequilibrio económico que es su legítima consecuencia.

 Las continuas guerras en los últimos tiempos de la República habían agotado casi por completo las clases acomodadas y ricas; en Roma casi no existía en aquellos tiempos la clase de pequeños propietarios; y en cambio el número de esclavos había crecido de una manera prodigiosa, encargándose a éstos por necesidad toda clase de trabajos, especialmente los de la agricultura, con lo que decayó notablemente esta primera fuente de riqueza y bienestar, disminuyendo de un modo considerable los productos, y haciéndose general la miseria y la pobreza.

Por otra parte, la esclavitud había influido poderosamente en la corrupción, en los vicios, y en la pérdida casi completa de la moralidad en las clases elevadas; quedando así reducida la población del Imperio a un corto número de familias que vivían en la opulencia y en el refinamiento de los placeres, y una multitud innumerable de esclavos, que tenían menos consideración que los mismos animales. Un estado de cosas semejante iba minando la existencia de la sociedad romana, y empujándola sin cesar a su perdición y a su ruina.

  1. El Cristianismo y los Bárbaros. — Además de las causas anteriores, existen otras que de una manera más eficaz contribuyeron a la ruina del Imperio; tales son la religión cristiana y los Bárbaros del Norte.

Aun cuando el cristianismo no aparece en lucha manifiesta con el Imperio, sin embargo atacaba directamente al paganismo, consiguiendo al fin debilitarlo y en cierto modo destruirlo, desde los tiempos de Constantino y de Teodosio decayendo al mismo tiempo, y por esta causa, las instituciones y la vida del imperio, falto de la base religiosa que le había comunicado desde su origen las ideas y el culto pagano.

Pero la causa próxima, directa e inmediata de la caída del Imperio fue la invasión de los bárbaros, que desde los tiempos de Mario venían acosándolo por las fronteras del Rhin y del Danubio. Mal avenidos en las selvas de Germania, formando parte de los ejércitos romanos en los últimos tiempos del Imperio, y llegando por este medio a conocer la fertilidad y la riqueza de Galia, Italia y España; aquellos pueblos débilmente contenidos en las fronteras, pugnaron constantemente por avanzar hacia el Mediodía y concluir con el Imperio de Occidente.

 Tales son las causas principales, próximas y remotas, de la caída del Imperio romano.

  1. Qué debe la civilización al pueblo romano. — Hemos concluido la historia de Roma; y antes de poner término a nuestro trabajo, es necesario concretar los servicios que la humanidad ha recibido del pueblo rey, y los progresos que le debe la civilización universal.

Nada provechoso hizo Roma bajo el aspecto de la religión apegada al paganismo, desconoció al principio la verdad cristiana, la persiguió después, y vino a reconocerlo demasiado tarde, cuando ya para ella no había salvación posible.

  No alcanzó, tampoco Roma una cultura original, contentándose con recibir de Grecia la ciencia, la literatura y el arte; pero hay que reconocer que si la brillante civilización helénica iluminó en la edad antigua el mundo occidental, esto se debe exclusivamente a Roma que extendió por todas partes con su dominación los tesoros inapreciables de la cultura griega.

  Pero Roma ejerció una influencia decisiva en la humanidad por el desarrollo de las instituciones políticas y sociales, creando la justicia y el derecho por el que se vienen rigiendo hasta hoy todos los pueblos civilizados.

  Roma, por otra parte, reuniendo todos los pueblos bajo una patria común, y concediéndoles a todos su derecho, extendió de tal manera la fraternidad humana que casi llega a tocar los límites de la unidad a los hombres.

  Además de esto la reunión de tantos pueblos bajo una misma dominación y unas mismas leyes; y la extensión del idioma griego en las regiones orientales y del latín en las occidentales, favoreció considerable mente la propagación del Evangelio. Y por último Roma, apropiándose la civilización griega y aumentándola con su derecho y sus instituciones, fue la única educadora de los pueblos de la edad medía, cuya tarea viene compartiendo, desde el Renacimiento, con la civilización helénica.

  Tales son los servicios prestados por Roma a la humanidad. Si el Oriente nos enseñó a pensar en Dios, y  Grecia no hizo conocer al hombre, a Roma debemos los incalculables beneficios de la vida social.

 Tales son las causas principales, próximas y remotas, de la caída del Imperio romano.

RESUMEN LECCIÓN XXII. JUICIO SOBRE LA CIVILIZACIÓN ROMANA.

— 1. Extendidos por Oriente los tesoros de la civilización griega merced a las conquistas do Alejandro, Roma admirablemente situada en el centro del Mediterráneo, reunía las condiciones más apropiadas para comunicar aquella civilización a los pueblos de Occidente, hasta entonces sumidos en las tinieblas de la barbarie punitiva.

— 2. La civilización romana tiene un carácter eminentemente político y social; sus conquistas se encaminan a Gobernar todos los pueblos, unificándolos bajo el poder incontrastable de su idioma, de sus leyes.

— 3. Las dos formas fundamentales de gobierno, la República y la Monarquía, alcanzaron en Roma un completo desarrollo, gracias a su larga aspiración y al carácter eminentemente práctico del pueblo romano: y en cuánto a la organización político-social, Roma aventajó a los griegos, y viene siendo desde entonces la maestra de todos los hombres de gobierno.

— 4. La religión no alcanzó en Roma la influencia que en otros pueblos, apareciendo siempre subordinada a la política.

— 5. La cultura romana carecía de originalidad; era toda ella una imitación de la de Grecia, Lauto en la ciencia, como en la literatura y en las bellas artes. Roma sobresalió únicamente en la Historia y en el Derecho, como ciencias más relacionadas con sus fines políticos y sociales.

— 6. Concluida su misión de preparar el mundo para recibir el cristianismo, Roma debía desaparecer, cediendo el lugar a otros pueblos mejor dispuestos para recoger las luces del Evangelio. La caída del imperio cierra y termina la edad antigua y da comienzo a la edad medía; y es conveniente conocer las causas próximas y remotas de un hecho tan importante.

— 7. Una de las cansas que más contribuyeron a la decadencia y ruina del Imperio, fue su demasiada extensión, y la imposibilidad consiguiente de gobernar pueblos tan lejanos.

— 8. Fue otra causa la falta de adecuidad entre el gobierno monárquico del Imperio y las instituciones por que se regía, que como originadas en tiempo de la República, tenían un carácter marcadamente republicano.

— 9. Disminuidas las clases acomodadas, y habiendo desaparecido los pequeños propietarios, todos los trabajos se encomendaron a los esclavos, decayendo por esta causa la agricultura, y haciéndose general la pobreza y la miseria.

— 10. Las Causas que más directamente influyeron en la caída del imperio, fueron, el cristianismo que combatiendo y destruyendo el paganismo, destruyó al mismo tiempo las instituciones y la vida de Roma; y los pueblos bárbaros que desde los tiempos de Mario venían asediándolo, y que después de una lucha de seis siglos, consiguieron destruirlo.

— 11. A Roma debe la civilización el haber extendido la cultura helénica por el Occidente; el desarrollo de las instituciones políticas y sociales, creando la justicia y el derecho la preparación del mondo para recibir el Evangelio; y el haber sido la única educadora de los pueblos de la edad medía, cuya tarea viene Compartiendo con la civilización griega, desde la época del Renacimiento.




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