El Sadismo y Masoquismo Conductas Sádicas Sexuales Psicología






Sadismo y Masoquismo
Conductas Sádicas Sexuales – Psicología

El sadismo es una conducta perversa, que requiere sufrimiento del otro como condición ineludible para lograr el placer sexual. Los diarios sensacionalistas, casi siempre, nos sorprenden con casos que resultan verdaderos impactos morales.

No porque el hombre de hoy, informado en todos los niveles, desconozca la existencia de ciertas perversiones, sino porque esas perversiones, descritas fríamente por dicha prensa, sin una demostración de sus motivaciones profundas, resultan siempre brutales e indignantes.

El sadismo es una de las desviaciones sexuales más frecuentes en la crónica policial.¿Pero de qué se trata?.El origen etimológico de la palabra proviene de un nombre, el del Marqués de Sade, nacido en Francia en 1740, autor de numerosos libros, encarcelado muchas veces y fallecido en 1814.

Al igual que su sucesor austríaco von Masoch, de quien ya hablamos, Sade dio su nombre a una de las anomalías del comportamiento sexual. Esta consiste en lograr el goce solamente haciendo sufrir al “partenaire”. Von Masoch, recordémoslo, dio su nombre al masoquismo, que consiste en lograr el placer sexual mediante el dolor. Es decir, a la inversa.

Pero como bien observan Bertrand, Lapie y Pelle en su Diccionario de información sexual, “la palabra sadismo, con todo, no habría tenido tanto éxito, al extremo de entrar en la lengua corriente, si no correspondiera a la agresividad erótica, en general inconsciente, de gran número de individuos”.

¿SOMOS TODOS SÁDICOS?
Vamos por partes. Hay preguntas que no pueden contestarse con un simple “sí” o con un simple “no”. En todas las personas hay componentes instintivos sádicos. En algunos individuos son más fuertes por su propia constitución.

Pero también la historia individual de cada uno puede intensificar dichos impulsos. Si éstos no se canalizan de manera adecuada se podrá llegar a lo que generalmente se llama sadismo, y que sería mejor denominar sadismo perverso en la adultez.

Vale decir que si los componentes sádicos naturales de cada uno se orientan, se canalizan, no hay posibilidades de que aparezca la conducta perversa. Ésta, en cambio, se da cuando diversos factores, en su gran mayoría de orden psicológico, la fomentan e incrementan.

EL SÁDICO TIENE MIEDO DE Sí MISMO
Sí, el sádico tiene miedo de sí mismo, quizá sin saberlo. Presa de gran angustia inconsciente lucha contra sus sadimso sexualpropias tendencias autodestructivas y un temor, también inconsciente, a la castración.

Mediante la conducta sádica, lo que hace es proyectar hacia afuera, volcar en sus víctimas, aquellos impulsos autodestructivos que lo acósan y lo llenan de gran ansiedad.

Es como si se estuviera diciendo: “destruyo a otro, no a mí mismo”. O bien: “soy el castrador, no el castrado; soy el agresor, no el agredido”.

O sea que en su inconsciente percibe que tendría que sufrir de modo pasivo, y para defenderse, antes de ser atacado, ataca.

Transforma su pasividad en una conducta activa y cruel para con los demás.

ENAMORAMIENTO Y PERVERSIÓN
En general, entre el sádico y su “partenaire” se crea una situación muy personal.

El “partenaire” (y empleamos el vocablo francés para indicar un compañero que de algún modo “participa” de las actitudes del otro) se presenta bajo una sumisión extrema. Es el que recibe órdenes, obedece sin chistar y espera el golpe o la herida.

Cuando esta sumisión extrema es la condición ineludible para el logro de una gratificación sexual, estamos ante una perversión. Esta consistiría en la exageración de ciertos rasgos que se hallan presentes en todo enamoramiento.


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Porque en el enamoramiento se desplaza el propio centro de gravedad a la existencia de otra persona: la otra persona es todo y se supone que debe estar dispuesta a realizar cualquier sacrificio.

¿Quién no ha experimentado una especie de amargo placer cuando la persona amada lloró alguna vez por nosotros? Pero esto es normal en el enamoramiento, que, natural y lógicamente, no es de por sí una perversión.

Lo es, sí, allí donde la ÚNICA excitación sexual consiste en la sensación de la propia insignificancia, comparada con la supuesta grandeza del “partenaire”.

Esa sensación de insignificancia es la otra cara de la moneda que necesita el sádico, que, como dijimos, proyecta sus impulsos autodestructivos en el otro, sintiendo que él no es pasivo, sometido o pequeño, sino que lo es aquel en quien descarga su violencia interior.

El “partenaire”, a su vez, con una conducta masoquista, se somete pensando que, con ese sometimiento, comparte la presunta grandeza del otro. Es decir que en su pasividad hay aceptación.

El masoquismo es la excitación sexual producida por el sufrimiento propio, bien sea por dolor físico, bien por humillación o malos tratos. El sádico logra gozar sexualmente solamente cuando hace sufrir al otro.

UN VÍNCULO DE DEPENDENCIA
Siendo el masoquista pasivo y el sádico activo, la primera impresión es que el primero dependería del segundo.
No es así: la conducta perversa crea un fuerte vínculo de interdependencia entre ambos.

Puede decirse que uno no existe sin el otro. Por otra parte, de este modo obtienen también un beneficio secundario: están tan unidos y se sienten tan unidos que se afirman contra la angustia de ser abandonados. El temor de ser abandonados es un sentimiento primario que todos sufrimos, pero que se da con más intensidad en el sádico y el masoquista.

El primero obliga a sus victimas a ser amado por la fuerza, y así su amor tiene carácter primario, ya que no tiene en cuenta al otro. Sólo ve y vive su desesperada búsqueda.

El arquetipo de esta clase de sadismo fue Federico de Prusia, quien acostumbraba azotar sus subditos al tiempo que les gritaba: “No debes temerme, debes amarme.”

CLARIDAD DE TÉRMINOS Y DIFERENCIACIÓN
Como se ve, la conducta sádica y la masoquista están íntimamente vinculadas. Por eso sería necesaria, para una mayor comprensión del problema, una claridad de términos específica. Sería mejor entonces hablar de personalidades sadomasoquistas.

Además, conviene diferenciar entre actos sádicos y actos masoquistas. En una misma persona podremos observar, en un momento dado, que se presentan unos y otros, es decir actos sádicos y actos masoquistas.

Pues bien, en una relación de extrema sumisión, estos aspectos que van juntos, simultáneamente, se disocian.
Y podemos decir que el aspecto masoquista del sádico se desplaza a su “partenaire”, mientras que él se hace cargo de la otra conducta.

Evidentemente se trata de una relación muy compleja, y no debe analizársela de manera esquemática puesto que ofrece numerosas vertientes psicológicas.

¿EXISTE EL SADISMO PSICOLÓGICO?
Hay personas que para obtener placer sexual no ejercen la violencia física sobre otras, pero que en cambio adoptan formas psicológicas: sarcasmo, injurias, humillaciones, etc. Estas actitudes suelen surgir en parejas normales, como consecuencia de una crisis o de una situación determinada. No siempre debe confundírselas con sadismo.
Como dijimos, sadismo se entiende como conducta perversa cuando el sufrimiento del otro es condición indispensable para obtener el placer.

MÁS HOMBRES SÁDICOS QUE MUJERES SÁDICAS
En  general,   la  creencia  popular sostiene que hay más hombres sádicos que mujeres sádicas. Aunque la historia registre casos como el de la condesa húngara Erzebeth Bathory, que antes de tener relaciones homosexuales con adolescentes las hería e incluso les daba muerte. También se habla del presunto sadismo de Catalina de Médicis.

De todos modos, y aunque el “modelo masculino” exija agresividad y el “modelo femenino” pasividad, no se puede afirmar con datos estadísticos, y menos aún confirmar con cifras, que las mujeres sean menos sádicas que los hombres, o que haya menos mujeres sádicas que hombres sádicos. En este aspecto, como en todos los que atañen a la sexualidad, es mejor investigar los temas en profundidad que dejarse llevar por presuntas razones que no siempre tienen una base científica lo suficientemente sólida.

Si la palabra sadismo ha entrado en la lengua corriente, es en buena medida porque corresponde a la agresividad erótica —a veces secreta e  inconsciente— de gran numero de individuos. Así puede considerarse que dan muestras de sadismo colectivo buena parte de los espectadores que aullan de alegría durante las corridas de toros y las riñas de gallos, y que luego hablan con indignación y horror de los sangrientos espectáculos públicos de la antigüedad.

Pero desde el punto de vista psicoló: gico es una perversión que necesita ineludiblemente del sufrimiento del compañero sexual para llegar al placer.





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