Spinoza La Inferioridad de las Mujeres Filosofo Racionalista


Baruch de Spinoza (1632-1677) fue un filósofo que creció en la relativamente tolerante atmósfera de Amsterdam. Fue expulsado de la sinagoga de la ciudad a los veinticuatro años por rechazar los principios del judaísmo.

Condenado al ostracismo por la comunidad judía local, lo mismo que por las principales iglesias cristianas, Spinoza vivió una vida tranquila e independiente, ganándose la vida en  la preparación de lentes ópticos, y se negó a aceptar la cátedra de filosofía en la Universidad de Heidelberg por temor a comprometer su libertad de pensamiento. Spinoza leyó gran cantidad de obras científicas y experimentó la influencia de Descartes.

Si bien apoyaba la aproximación racional cartesiana al conocimiento, Spinoza era reacio a aceptar las implicaciones de las ideas Descartes, en particular la división de mente y materia y la aparente separación de un Dios infinito del finito mundo material. Dios no era sólo el creador del universo, era el universo.

Todo está en Dios y nada puede separarse de él. Esta filosofía del panteísmo (otros la han clasificado como panenteísmo o monismo) fue formulada el libro de Spinoza Ética demostrada al modo geométrico, la cual no se publicó hasta después de su muerte.

Para Spinoza, los seres humanos no están “situados en la naturaleza como un dominio dentro de otro dominio”; sino que son tan parte de Dios o de la naturaleza, o del orden universal, como otros objetos naturales. El que no se haya podido entender a Dios ha conducido a malas interpretaciones, una de las cuales sostiene que la naturaleza existe sólo para el provecho personal.

“A medida que encuentran dentro y fuera de ellos mismos muchos de los medios que tanto los ayudan en su búsqueda de lo que es útil, digamos, los ojos que miran, los dientes que mastican, hierbas y animales que los proveen de comida, el Sol que les dá la luz, el mar que cría a los peces,llegan a ver la totalidad de la naturaleza como un medio para obtener innumerables conveniencias”

Además, por ser incapaces de encontrar otra causa de la existencia de estas cosas, las atribuyen a un Dios-creador al que deben vene­rar para conseguir sus propósitos: “De ahí se deduce que cada cual considerara para si mismo, de acuerdo con sus capacidades, una manera diferente de devoción hacia Dios, por lo que el Señor debería amarlo más que a sus iguales, y dirigir todo el curso de la naturaleza a la satisfacción de su ciega avidez e insaciable avaricia”.

Luego, cuando la naturaleza se presentó de manera hostil en forma de tormentas, terremotos y enfermedades, “declararon que ciertas cosas suceden porque los dioses están molestos por algún mal que les fue hecho a ellos por los hombres, o por alguna falta en su culto”, en lugar de comprender “que la buena y la mala suerte alcanzan a fieles e infieles por igual”? Del mismo modo, los seres humanos condenan moralmente las faltas ajenas al no poder entender que las emociones humanas, “pasiones de odio, ira, envidia y demás, consideradas en sí mismas, se siguen de la propia necesidad y eficacia de la naturaleza” y que «nada llega a suceder en la naturaleza que contravenga sus leyes universales”

Para explicar las emociones humanas, como todo lo demás, necesitamos analizarlas como lo haríamos con el movimiento de los planetas: “Trataré, en consecuencia, sobre la natura-fuerza de mis emociones conforme al mismo método que hasta este punto en mis investigaciones respecto a Dios y a la mente. Consideraré los actos humanos y los deseos exactamente del mismo modo que si estuviera ocupándome de líneas, planos y sólidos.

Todo tiene explicación racional y los seres humanos son de encontrarla. Valiéndose de la razón, la gente puede hallar la felicidad verdadera. Su libertad real llega cuando entienden el y la necesidad de la naturaleza y logran desprenderse de los intereses pasajeros.

La “natural” inferioridad de las mujeres
A pesar del desmoronamiento de antiguos conceptos y del surgimiento de una nueva visión del mundo en la Revolución Científica del siglo XVII, las actitudes hacia las mujeres seguían atadas a las perspectivas tradicionales. En esta selección, el filósofo Baruch de Spinoza arguye sobre la “natural” inferioridad de las mujeres ante los hombres.

Baruch de Spinoza, Tratado político

“Empero, preguntará acaso alguien, ¿están las mujeres bajo la autoridad de los hombres por naturaleza o por institución? Porque si ha sido por mera institución, entonces no tendríamos razón de para excluir a las mujeres del gobierno. Mas, si consultamos la experiencia, encontraremos que el origen de ello está en su debilidad. Porque nunca ha habido el caso de hombres y mujeres reinen juntos, sino en cualquier parte de la Tierra donde haya hombres, vemos que los hombres gobiernan, y las mujeres son gobernadas, y que en este plan ambos sexos viven en armonía. Pero, por otra parte, las amazonas, que se refiere que tenían el desde antiguo, no toleraban hombres en su país, pues criaban sólo a sus hijas hembras, y mataban a los varones que nacían de ellas. No obstante, si por naturaleza las mujeres fueran iguales a los hombres, y fueran distinguidas por la fuerza de carácter y la capacidad, en los cuales consiste principalmente el poder humano y, por ende, el humano derecho, seguramente entre tantas y diferentes naciones se encontrarían algunas en las que ambos sexos gobernaran por igual, y otras donde los hombres estuvieran gobernados por las mujeres, y así, criados de modo que puedan hacer menos uso de sus capacidades.

Y como este es el caso en ninguna parte, se puede aseverar con perfecta propiedad que las mujeres no tienen por naturaleza iguales derechos que los hombres: sino que necesariamente deben ceder ante ellos y que  no puede suceder que ambos sexos deban gobernar por igual  y mucho menos que los hombres deban ser gobernados por mujeres. Pero, si reflexionamos aún más sobre las pasiones humanas, como los hombres, de hecho, aman a las mujeres por la pasión del deseo, y estiman su astucia y sabiduría en proporción a la excelencia de su belleza, y también cuán opuestos son  los hombres a sufrir que las mujeres a las que aman muestren cualquier clase de favor a otros, así como otros hechos de esta clase, veremos fácilmente que los hombres y las mujeres no pueden gobernar por igual sin gran daño a la paz.”



Anuncio Publicitario


Fuente Consultada: Filosofía David Papineaud Editorial BLUME




OTROS TEMAS EN ESTE SITIO



Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *