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CREENCIAS FALSAS SOBRE EL CONSUMO DE TABACO

“TODAS LAS FORMAS DE ADICCIÓN SON MALAS , CON INDEPENDENCIA DE SI EL ELEMENTO ADITIVO
ES EL ALCOHOL, LA MORFINA O EL IDEALISMO”
Carl Jung 1860.

que contiene un cigarrillo

La nicotina es el alcaloide responsable de la adicción que produce y, asimismo, de que en los primeros cigarrillos el fumador llegue a sentir náuseas, vértigos y dolores de cabeza. Esa sensaciones desagradables pasan pronto y se ven sustituidas por otras que pueden ir desde una ligera estimulación, hasta vagas sensaciones relajantes, según las situaciones. La mayoría de los fumadores se inician muy pronto, casi en la adolescencia y generalmente como una forma de imitar a los mayores. El influjo de la publicidad es muy fuerte: el triunfador siempre fuma tabaco americano preferentemente, a la vez que degusta su marca de whisqui favorita. Luego, con los años, llega la tos mañanera, la bronquitis crónica, el no poder dejarlo, y si hay “mala suerte”, el cáncer. La Organización Mundial de la Salud ha sido taxativa: hay que elegir entre salud o tabaco.

Los experimentos y las estadísticas también son contundentes. Desde 1950, cuando gran parte de los médicos ingleses dejaron de fumar advertidos de los riesgos del tabaco, ha habido un descenso paulatino en el número de cánceres de pulmón en este estamento profesional, mientras que se mantienen las mismas cifras para los individuos de otros grupos profesionales.

También está demostrado que los productos destilados del humo del tabaco (en el que no solo interviene la nicotina, sino también alquitranes derivados de la combustión del papel), aplicados regularmente sobre una determinada zona en animales de experimentación, produce cáncer. Y eso es precisamente lo que el fumador hace con sus pulmones. El número de cánceres de pulmón disminuye entre los fumadores que no tragan el humo, pero aumenta la proporción de los de laringe y los de lengua y labios entre los fumadores de pipa.

Los síntomas del adicto empedernido cuando deja de fumar bruscamente, suelen ser muy molestos y siempre característicos: sudores, angustia, gran nerviosismo, insomnio y, sobre todo, imperiosos deseos de fumar. Lo más aconsejable cuando se quiere abandonar el vicio es ir reduciendo paulatinamente el número de cigarrillos diarios.

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