Amor y Letras

Biografia de Maeterlinck Mauricio Obra Literaria Las Abejas

OBRA LITERARIA DE MAETERLINCK MAURICIO

Maeterlinck Mauricio (1862-1949), autor belga, nació en Gante, el 29 de agosto de 1862, y estudió leyes en la universidad de esta ciudad. Conocido fundamentalmente por sus obras de teatro, por las que recibió el Premio Nobel en 1911. Se dedicó a la docencia en EE.UU. Regresó a Europa después de la segunda guerra mundial y murió el 6 de mayo de 1949, en la localidad francesa de Niza.

Mauricio Maeterlinck, el gran escritor belga, ofreció hace tres cuartos de siglo, en 1901, un trabajo que presentaba una curiosa mezcla de nociones prácticas y literatura del mejor cuño: “La vida de las abejas”. “No tengo la intención de escribir un tratado de apicultura”, declaró su autor. “Todos los países civilizados los poseen excelentes y es inútil rehacerlos”.

Más adelante, señaló: “Tampoco se trata de una monografía científica .. ., ni de una colección de estudios nuevos. No diré casi nada que no conozcan todos los que han observado un poco a las abejas”. Y, algunos párrafos después, concretaba su pensamiento del siguiente modo: “Quiero hablar, simplemente, de las blondas avecillas de Ronsard, como se habla, a los que no lo conocen, de un objeto amado”.

Este maravilloso estudio de Maeterlinck comprende siete extensos y documentados capítulos, cuyas denominaciones indican, de por sí, la excelente programación de la obra: “En el umbral de la colmena”, “El enjambre”, “La fundación de la colmena”, “Las reinas jóvenes ‘, “El vuelo nupcial”, “La matanza de los zánganos” y “El progreso de la especie”.

Este valiosísimo material va seguido por una amplia bibliografía, con citas de libros que, en algunos casos, como en el de Aristóteles, Virgilio y otros, se remontan a la Antigüedad, junto con modernos estudios, monografías y manuales prácticos. El autor de “La vida de las abejas” Mauricio Maeterlinck, falleció en Niza, casi nonagenario, en 1949. Es considerado uno de los mayores poetas y dramaturgos de su tiempo.

La antigua y pintoresca ciudad de Gante, en Bélgica, donde nació el 29 de agosto de 1862, alimentó, seguramente, sus posteriores sueños de alcanzar la perfección espiritual a través de un éxtasis religioso, de un misticismo que pudiere elevar su alma hasta límites inimaginables. Premio Nobel de Literatura, en 1911, se vinculó desde joven a la escuela simbolista, cuyos postulados poéticos compartió. Surgieron así, en 1889, sus primeros volúmenes de versos y, ese mismo año, un drama rimado, “La princesa Maleine”, que luego prosificó y fue representado, en París, con gran éxito. El diario “Le Figaro” calificó a su autor como “el Shakespeare belga“.

Misteriormente, Maeterlinck dio a conocer “La intrusa” -donde aparece, magnificada, la presencia de la muerte- y “Los ciegos” (creaciones, ambas, de 1890). Siguieron, entre otras, “Pélleas et Mélisande” (1892), a la que pondría música Debussy; “El tesoro de los humildes” (1896) y la fantasía en cinco actos “El pájaro azul”, cuyo despliegue imaginativo resulta, todavía ahora, sorprendente.

Mención aparte merecen otros dos ensayos sobre temas de la naturaleza que integran, junto a “La vida de las abejas”, un tríptico sin igual. Son ellos: “La vida de los termes“, donde describe las costumbres de estos insectos que corroen la madera, y “La inteligencia de las flores“, escritos, junto con la primera obra, entre los años 1901 y 1907. Caso singular, donde el estro poético y la erudición lograron combinarse sabiamente.

La sagaz observación de la naturaleza permitió a este singular escritor belga que no se caracterizaba, precisamente, por su optimismo, llegar a una especie de negación de lamuerte, teniendo en cuenta el misterioso principio que alienta en la energía universal.

Atento lector de Novalis, su posición simbolista estuvo en cierto modo coparticipada por un aliento romántico en el cual el sentido vital aparece como la más grande e inmarcesible de las metáforas.

Una especie de gran respeto ante el misterio de lo vivo, como fenómeno que excede todos los encasillamientos y las previsiones, proyecto abierto que se nutre a sí mismo para seguir adelante, fluye de sus páginas. Sin encerrarlo en ninguna de las confesiones, es la refirmación del espíritu el mensaje que contiene su notable construcción estilística.

Fuente Consultada: Fasc. N° 32 de la Enciclopedia Ciencia Joven Edit. Cuántica – Los Estilos Griegos –

Grandes Amantes de la Historia Biografia de Condesa Castiglione

Grandes Amantes de la Historia: Biografía de Condesa Castiglione

grandes amantes

Virginia Oldoini: La mujer que conquistó a Napoleón III

Condesa Castiglione, amante de la historiaEl atrevimiento y la inteligencia se conjugaron a la perfección en la vida de la Condesa de Castiglione, que supo en todo momento sacar provecho no sólo de sus atributos físicos, sino también de una lúcida y brillante mente que le permitieron lograr cada uno de los cometidos que se propuso en su controversial existencia.

Si bien la Condesa ha sido siempre conocida por su título de nobleza, seguramente al escuchar su nombre, Virginia Oldoini, nos remita a la figura del Napoleón III, debido a que esta mujer de origen aristocrático logró conquistar el corazón del Emperador de Francia y convertirse en su amante.

No obstante, podemos vislumbrar su belleza enigmática y su hazaña única cuando nos encontramos como espectadores ante una de las tantas fotografías del artista Pierre-Louis Pierson, ya que Virginia Oldoini colaboró como modelo en varias oportunidades para sus capturas.

Las fotografías que se suceden demuestran sin dudas la idiosincrasia con que siempre se manejó la Condesa, sobre todo cuando vemos aquellos retratos en que Virginia muestra sin pudor alguno sus piernas y sus pies desnudos, o incluso en la fotografía en que aparece vestida como la Reina de Corazones.

Su personalidad avasallante, su belleza única y su inteligencia inquieta fueron las armas que la joven, que nació un 22 de marzo de 1837 en Florencia, Turín, utilizó para lograr adueñarse del corazón y la mente del hermético emperador Napoleón III, a quien consiguió influenciar poderosamente gracias a sus atributos, y convertirse en una de las principales responsables de la unificación italiana.

Gracias al hecho de haber nacido en el seno de una familia perteneciente a la nobleza itálica, Virginia fue educada durante su niñez y juventud dentro de un entorno cultural que la llevaron a desarrollar el contenido potencial de sus inmensas capacidades intelectuales.

Mientras tanto, a la par crecía vertiginosa la belleza innata de la joven, que ya desde niña lograba captar la atención de todos, y que con los años la convertiría en la mujer más deseada por los hombres oriundos de Turín, París y Londres.

Su título de Condesa le fue otorgado en plena juventud, cuando con diecinueve años Virginia fue obligada a convertirse en la esposa del Conde Francisco Verasis de Castiglione, que en aquellos tiempos se desenvolvía como ayudante del rey Victor Manuel.

La unión matrimonial empujada por la familia de Virginia se debió en gran parte a ciertos escritos producidos por la joven, que durante años colmaron las páginas de su diario íntimo, y que en una ocasión llegaron a manos de sus padres.

Dicho diario transcribía con lujo de detalles las diversas experiencias amorosas y sexuales de la joven Virginia, que al parecer habían comenzado a la corta edad de dieciséis años, cuando se produjo su primera aventura carnal con un oficial de la marina.

Cuando estas atrevidas páginas llegaron a las manos de la familia de Virginia, ya apodada en aquel momento Necchia, fue el momento elegido para hacer que la joven abandonara esa vida de cortesana, por lo que decidieron casarla con el Conde Francisco Verasis de Castiglione, boda que se concretó en el mes de enero de 1854.

La relación matrimonial no logró alcanzar las expectativas que ambos cónyuges tenían, debido principalmente al abismo que existía en sus personalidades.

Cabe destacar que Virginia se caracterizaba por ser una joven caprichosa, que gustaba de disfrutar de fiestas y rodearse de lujos, mientras que el Conde Francisco poseía un carácter más bien introvertido, por lo que no solía compartir las preferencias de su bella esposa.

Esto seguramente provocó que Necchia, en su arrebato atrevido acostumbrado, diseminara por todos los rincones de su ciudad natal y más allá de aquellos límites, el desafortunado comentario que aseguraba que su esposo era un “verdadero imbécil”.

A pesar de que los dichos de Virginia llegaron a los oídos del Conde, su matrimonio continuó como de costumbre, e incluso tuvieron un hijo al que llamaron Giorgio.

Luego de convertirse en madre, y por ende cumplir con los mandatos de su esposo, Necchia decidió retomar su divertida vida, regresando a las largas noches de fiestas y lujos que tanto le apasionaban.

Fue precisamente en una de dichas reuniones nocturnas, que Necchia se reencontró con su primo Cavour, que por aquel entonces se desenvolvía como primer ministro del rey Víctor Manuel II de Cerdeña y el Piamonte.

Cavour no sólo comprobó que su prima ya era una mujer, sino que además se percató de su maravillosa belleza y su singular inteligencia, una conjunción que podría llegar a ser más que útil para sus planes políticos de independencia, por lo que inmediatamente le propuso a Necchia convertirse en espía y de esta manera conquistar el corazón del Emperador de Francia, Napoleón III.

La estrategia política entonces se convirtió en una verdadera manipulación sobre las decisiones de Napoleón III, por lo cual la joven condesa debió desplegar todo su encanto y astucia con el fin de enamorar al Emperador francés, y conseguir mediante sus sensuales regalos en el lecho toda la información confidencial de los próximos pasos que planeaba llevar a cabo el mandatario en el territorio.

Asimismo, Necchia debía lograr influenciar las decisiones de Napoleón III, con el fin de convencerlo para que sus tropas se enfrentarán a Austria y abandonaran el territorio de Italia, y de esta forma hacer posible la unificación de la región italiana, para lo cual la condesa utilizó sus más poderosas armas.

Se dice que al principio el Emperador, a pesar de hallarse totalmente deslumbrado por la joven, se reusó a iniciar un romance con Necchia, pero que finalmente y luego de la insistencia de la condesa, Napoleón III quedó cautivo de su encanto y se entregó por completo al idilio amoroso y la aventura sexual que le ofrecía esta hermosa joven.

El controvertido romance se extendió por algo más de un año, y a Necchia le valió el apodo que la señalaba como “la mujer del coño de oro imperial”, debido a su condición de atrevimiento y a su constante e irrefrenable comportamiento sexual exhibicionista.

Cuando la aventura amorosa de Napoleón III llegó a la boca de todo su pueblo, la apasionada relación que mantenía con Virginia debió ser culminada abruptamente, y así fue que la condesa regresó a Turín, su ciudad natal, habiendo triunfado con creces en su misión.

Cabe destacar que según el testimonio de una gran cantidad de historiadores, su marido, el Conde Castiglione se encontraba al tanto y de acuerdo con la misión que le habían encomendado a su mujer, por lo que jamás se interpuso en el romance que mantuvo Necchia con Napoleón III.

Los años pasaron y mientras tanto Virginia continúo en su constante camino de diversión, seduciendo a un sinfín de hombres procedentes de la nobleza, entre los que podemos recordar al rey Victor Manuel II, el príncipe Henri de la Tour d’ Auvergne, el barón James de Rosschild, entre otros célebres caballeros y aristócratas.

No obstante, la belleza es un don efímero que hace que hasta la más hermosa de las flores se marchite, y eso fue precisamente lo que le sucedió a Necchia, que poco después de cumplir los 40 años, y a pesar de encontrarse aún en su juventud, la realidad de su vida la condujo por el camino de la locura.

Tal es así que debido a su permanente comportamiento excéntrico por las calles de París, el pueblo la comenzó a llamar “la loca de la plaza Vendóme”.

La muerte implacable le terminó por arrebatar el último bosquejo de aquella belleza que años atrás había cautivado a todos los hombres que tuvieron la oportunidad de conocerla.

Y así fue que un frío 28 de noviembre de 1899 murió sola, cuando ya había sido olvidada por todos los nobles que en algún momento la amaron incondicionalmente.

Fuente Consultada: Graciela Marker

Anécdotas Para No Olvidar Historias Para Reflexionar De Vida Lecciones

Anécdotas Para No Olvidar – Historias Para Reflexionar

ANÉCDOTAS PARA NO OLVIDAR
Bella Historias Para Tener Siempre Presente En La Vida

El caballo en el pozo 

caballo anecdota

Un campesino, que luchaba con muchas dificultades, poseía algunos caballos para que lo ayudasen en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su capataz le trajo la noticia de que uno de los caballos había caído en un viejo pozo abandonado. El pozo era muy profundo y sería extremadamente difícil sacar el caballo de allí.

El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente, y evaluó la situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la pena invertir en la operación de rescate. Tomó entonces la difícil decisión de decirle al capataz que sacrificase el animal tirando tierra en el pozo hasta enterrarlo, allí mismo.

Y así se hizo. Comenzaron a lanzar tierra dentro del pozo de forma de cubrir al caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal este la sacudía y se iba acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo. Los hombres se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba subiendo hasta que finalmente consiguió salir.

Si estás “allá abajo”, sintiéndote poco valorado, y otros lanzan tierra sobre ti, recuerda el caballo de esta historia. Sacude la tierra y sube sobre ella.

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LA BOTELLA

hombre sediento

Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía. Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía: “Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar”.

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua… ¡llena de agua! De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada. ¿Qué debiera hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca… o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?

Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear, y la bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia… Agua fresca, cristalina. Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase: “Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de obtenerla nuevamente”.http://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

EL ÁRBOL DE LAS MANZANAS

arbol de manzanas

Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo apreciaba mucho y todos los días jugaba a su alrededor. Trepaba por el árbol, y le daba sombra. El niño amaba al árbol y el árbol amaba al niño. Pasó el tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del enorme árbol. Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le dijo triste: “¿Vienes a jugar conmigo?”. Pero el muchacho contestó: “Ya no soy el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles.

Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos”. “Lo siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero… pero puedes tomar todas mis manzanas y venderlas. Así obtendrás el dinero para tus juguetes”. El muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó: “¿Vienes a jugar conmigo?”. “No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?”. “Lo siento, no tengo una casa, pero… puedes cortar mis ramas y construir tu casa”. El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol volvió a estar triste y solitario. Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó y el árbol estaba encantado. “Vienes a jugar conmigo?”, le preguntó el árbol.

El hombre contestó: “Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?”. El árbol contestó: “Usa mi tronco para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo tiempo. Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: “Lo siento mucho, pero ya no tenga nada que darte, ni siquiera manzanas”.

El hombre replicó: “No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar… ahora ya estoy viejo. Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para descansar. Estoy tan cansado después de tantos años…”. Entonces el árbol, con lágrimas en sus ojos, le dijo: “Realmente no puedo darte nada… lo único que me queda son mis raíces muertas, pero las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa”. El hombre se sentó junto al árbol y éste, feliz y contento, sonrió con lágrimas.

Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá… Cuando crecemos los dejamos… Sólo regresamos a ellos cuando los necesitamos o estamos en problemas… No importa lo que sea, ellos siempre están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Parece que el muchacho es cruel contra el árbol… pero es así como nosotros tratamos a veces a nuestros padres.

Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado.http://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpg

¡MAL CARÁCTER!

mal carácter de un hombre

Esta es la historia de un muchachito  que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.

El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.

Descubrió que era más fácil controlar su carácter durante todo el día.

Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: “Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves”.

Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo cómo se lo digas lo devastará y la cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como la ofensa física. Los amigos son joyas preciosas. Nos hacen reír y nos animan a seguir adelante. Nos escuchan con atención y siempre están dispuestos a abrirnos su corazón. Tenlo siempre presente.

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TODOS TENEMOS GRIETAS

vasija rota

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.
Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:
“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir”.

El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente:
“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.”
Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces
“¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”
Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.

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La última pregunta

mujer trabajando en el hogar

Durante mi último curso en la escuela, nuestro profesor nos puso un examen. Leí rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la ultima, que decía así: ¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela? Seguramente era una broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela. Era alta, cabello oscuro, como de cincuenta anos, pero… ¿cómo iba yo a saber su nombre?

Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco. Antes de que terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. Por supuesto, dijo el profesor. En sus vidas ustedes conocerán muchas personas. Todas son importantes. Todas merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían y digan: !Hola! Yo nunca olvidé esa lección.

También aprendí que su nombre era Dorothy.

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LAS DOS RANITAS

ranitas anecdota

Resulta que había dos ranitas que aprovechando su día libre salieron a pasear por una hermosa mansión. Cuando llegaron a la cocina en busca de algo de comer, se resbalaron en unas gotas de aceite para caer en una gran olla de crema.Ambas desesperadas comenzaron a defenderse de la masa movediza que las iba devorando, hasta que una de ella dijo:-Querida amiga ha llegado mi hora, por más que me esfuerce nunca podré salir con vida de esta situación, no tengo opción yo me entrego, mi vida ha terminado… Y dejando de patalear, lentamente fue desapareciendo de la superficie.

La amiga, por su parte pensó: Yo no sé si hoy es mi día, así que no me entregaré, en todo caso seguiré luchando hasta que Dios me llamé, pero que antes observe que hice todo lo imposible para conservar mi vida.La ranita siguió sin descanso moviendo sus patas, y lo hizo con tanta decisión y con tanta voluntad,que sin darse cuenta la crema se convirtió en manteca, pudiendo pisar firme y escapar tranquilamente.

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LA JOYA

joyas brillantes

Un monje andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y la guardó en su talega. Un día se encontró con un viajero y, al abrir su talega para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió.

El monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle riqueza y seguridad todo el resto de sus días. Sin embargo, pocos días después volvió en busca del monje mendicante, lo encontró, le devolvió la joya y le suplicó: “Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que esta joya.

Dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí”.

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Papá , ¿Cuánto ganas?

padre e hijo anecdota

La noche había caído ya. Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos por no quedarse dormido; el motivo bien valía la pena: estaba esperando a su papá.

Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente, cuando se abrió la puerta; el niño se

incorporó como impulsado por un resorte, y soltó la pregunta que lo tenía tan inquieto:

-Papi, ¿cuánto ganas por hora? –dijo con ojos muy abiertos.

El padre, molesto y cansado, fue tajante en su respuesta:

-Mira hijo, eso ni siquiera tu madre lo sabe, no me molestes y vuelve a dormir, que ya es muy tarde.

-Si papi, sólo dime, ¿cuánto te pagan por una hora de trabajo? –reiteró suplicante el niño.

Contrariado, el padre apenas abrió la boca para decir:

-Ochocientos pesos.

-Papi, ¿me podrías prestar cuatrocientos pesos? –preguntó el pequeño.

El padre se enfureció, tomó al pequeño del brazo y en tono brusco le dijo:

-Así es que para eso querías saber cuánto gano, ¿no?. Vete a dormir y no sigas fastidiando, muchacho….

El niño se alejó tímidamente y el padre, al meditar lo sucedido, comenzó a sentirse culpable: “Tal vez necesita algo”, pensó, y queriendo descargar su conciencia se asomó al cuarto de su hijo y con voz suave le preguntó:

-¿Duermes hijo?

-Dime papi, respondió él entre sueños.

-Aquí tienes el dinero que me pediste.

-Gracias papi –susurró el niño mientras metía su manita debajo de la almohada, de donde sacó unos billetes arrugados-. ¡Ya completé! –gritó jubiloso-.

Tengo, ochocientos pesos…, ahora papá:

¿ME PODRÍAS VENDER UNA HORA DE TU TIEMPO?

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Perdonar y agradecer

dos amigos caminando

Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: “Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro”. Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, y le salvó su amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra: “Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida”. Intrigado, el amigo preguntó: “¿Por qué después que te pegué escribiste en la arena y ahora en cambio escribes en una piedra?”. Sonriendo, el otro amigo respondió: “Cuando un amigo nos ofende, debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo. Pero cuando nos ayuda, debemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento podrá borrarlo”.

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El elefante del circo

anecdota elefante en el circo

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a algún maestro, a mi padre o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño”. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía… hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no puede. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquélla impotencia que se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás… Jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez… Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos hacer” simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo “no puedo… no puedo y nunca podré”, perdiendo una de las mayores bendiciones con que puede contar un ser humano: la fe.

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LA MESA DE LA ABUELA
Adaptación de ún texto de los Hermanos Grimm

abuela
Es posible que este cuento cobre más significado a medida que pasan los años, pero debemos aprenderlo cuando somos jóvenes, en aras de la generación que nos precede.
Erase una vez una débil anciana cuyo esposo había fallecido dejándola sola, así que vivía con su hijo, su nuera y su nieta. Día tras día la vista de la anciana se enturbiaba y su oído empeoraba, y a veces, durante las comidas, las manos le temblaban tanto que se le caían las judías de la cuchara y la sopa del tazón. El hijo y su esposa se molestaban al verle volcar comida en la mesa, y un día, cuando la anciana volcó un vaso de leche, decidieron terminar con esa situación.
Le instalaron una mesilla en el rincón cercano al armario de las escobas y hacían comer a la anciana allí. Ella se sentaba a solas, mirando a los demás con ojos enturbiados por las lágrimas. A veces le hablaban mientras comían, pero habitualmente era para regañarla por haber hecho caer un cuenco o un tenedor.
Una noche, antes de la cena, la pequeña jugaba en el suelo con sus bloques, y el padre le preguntó qué estaba construyendo.
—Estoy construyendo una mesilla para mamá y para ti —dijo ella sonriendo—, para que podáis comer a solas en el rincón cuando yo sea mayor.
Sus padres la miraron sorprendidos un instante, y de pronto rompieron a llorar. Esa noche devolvieron a la anciana su sitio en la mesa grande. Desde entonces ella comió con el resto de la familia, y su hijo y su nuera dejaron de enfadarse cuando volcaba algo de cuando en cuando.

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EL BUEN SAMARITANO

Jesus parabola buen samaritano

Jesús, que predicó que debemos amar al prójimo como nos amamos a nosotros mismos, cuenta la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:29-37) en respuesta a la pregunta “¿Quien es mi prójimo?”. Para comprender bien la historia, es importante saber que un “buen samaritano” habría sido una expresión contradictoria para la mayoría de los judíos en tiempos de Jesús, pues existía una hostilidad tradicional entre judíos y samaritanos.

El viajero que acude en ayuda del hombre herido es la persona de quien se espera menos compasión.
Jesús contó la parábola del buen samaritano. Dijo así:
—Un hombre recorría el solitario camino de Jerusalén a Jericó y cayó entre salteadores, que lo despojaron de todo lo que tenía y lo aporrearon y se marcharon, dejándolo medio muerto. Sucedió que un sacerdote recorría ese camino, y cuando vio al hombre en el suelo, pasó por el otro lado. Y un levita, cuando llegó a ese mismo sitio, también siguió por el otro lado. Pero un samaritano llegó adonde yacía ese hombre, y en cuanto lo vio se apiadó de él. Se acercó al hombre y le vendó las heridas, vertiéndoles aceite y vino. Luego lo levantó y lo puso sobre su bestia de carga, y lo acompañó hasta una posada. Allí lo cuidó toda la noche. A la mañana siguiente sacó dos monedas de su morral y las entregó al posadero, diciendo: “Cuida de él, y si necesitas gastar más, hazlo. Cuando regrese te pagaré”.
“¿Cuál de estos tres se comportó como el prójimo del hombre que cayó entre los salteadores?
—El que demostró misericordia —dijo el escriba.
Y Jesús le dijo:
—Pues compórtate de la misma manera.
Mediante esta parábola Jesús demostró que “nuestro prójimo” es el que necesita la ayuda que podamos brindarle, sea quien fuere.

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EL ÁRBOL DE MANZANAS

Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho.

Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza: – ¿Vienes a jugar conmigo?

Pero el muchacho contestó: – Ya no soy el niño de antes que juega alrededor de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos.

– Lo siento -dijo el árbol-. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes.

El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó, el árbol le preguntó: – ¿Vienes a jugar conmigo?

– No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?

– Lo siento -repuso el árbol-. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas y construir tu casa.
El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado. – ¿Vienes a jugar conmigo? -le preguntó.

– Me siento triste, estoy volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y descansar, ¿puedes dármelo?
El árbol contestó: – Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y serás feliz.
El hombre cortó el tronco, construyó su bote y se fue a navegar por un largo tiempo. Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:
– Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.
El hombre replicó: – No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya estoy viejo.
Entonces el árbol, llorando, le dijo: – Realmente no puedo darte nada. Lo único que me queda son mis raíces muertas.
Y el hombre contestó: – No necesito mucho ahora, sólo un lugar para reposar. Estoy cansado después de tantos años…
– Bueno -dijo el árbol-, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa.

El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas lágrimas.

Esta bonita y triste anécdota representa nuestra vida, como muchos de nostros hemos sido con nuestros padres (el árbol), siempre necesitamos de ellos, de su atención, apoyo, contención y cuando nos va un poco mejor nos alejamos para regresar cuando pensamos que nuevamentes necesitamos de sus consejos. Y ellos siempre están ahi presentes para escucharnos, y tratar de darnos todo con tal de hacernos felices, sin pedir nada a cambio.

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La felicidad es un trayecto, no un destino

la felicidad de una pareja

Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de casarnos, después de tener un hijo,
y entonces después de tener otro.
Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente grandes y que seremos felices cuando lo sean. Después de eso nos frustramos por que son adolescentes (difíciles de tratar). Ciertamente seremos más felices cuando salgan de esa etapa.
Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando a nuestro esposo o esposa le vaya mejor,
cuando tengamos un mejor auto o una mejor casa, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados…

La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que AHORA. Si no es
ahora? , Cuando? Tu vida siempre estará llena de retos. Es mejor admitirlos
y decidir ser felices de todas formas. Una de mis frases favorita es de Souza, dijo: “Por largo tiempo parecía para
mí que la vida estaba a punto de comenzar, la vida de verdad. Pero siempre había un obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda que pagar, entonces la vida
comenzaría. Hasta que me dí cuenta que esos obstáculos eran mi vida.

Esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay un camino a la felicidad. la felicidad es el camino.
Así que atesora cada momento que tienes, y atesórarlo más cuando lo compartiste con “alguien especial”, lo suficientemente especial para compartir tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera por nadie…

Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que vuelvas a la escuela, hasta que bajes 10 kilos, hasta que tus hijos se vayan de casa,hasta que te cases, hasta que te divorcies, hasta el viernes por la noche, hasta el domingo por la mañana, hasta la primavera, hasta el verano, o hasta que mueras, para decidir que no hay mejor momento que este para ser feliz…

La felicidad es un trayecto, no un destino.
Pensamiento para la vida: Trabaja como si NO necesitaras dinero, Ama como si
nunca te hubieran herido, y baila como si NADIE te estuviera viendo…

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ANÉCDOTAS DE LAS VIDA REAL:

naki, el medico negro

el perdon valor humano

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PALABRAS DE UNA MADRE A SU HIJO

palabras para tu hijo

HIJO,…ESTA VIDA ES TUYA!

Esta vida es tuya
Hazte cargo
de elegir
lo que quieres hacer.

Házte cargo
de amar lo que quieres en la vida
y ama sinceramente.

Házte cargo
de caminar por el bosque
y ser parte de la naturaleza.

Házte cargo
de controlar tu propia.
Nadie lo puede hacer por tí.

Házte cargo
de ser feliz.

Susan Politz Schutz

http://historiaybiografias.com/linea_divisoria3.jpgME HACES TAN FELIZ, HIJO MÍO
Me 
siento tan afortunada
de tenerte por hijo
Me encanta tu cara despierta
cuando conversamos seriamente sobre el mundo
Me encanta tu sonrisa
cuando te ríes de las locuras de este mundo
Me encantan tus ojos
cuando reflejan tus emociones
Me encanta tu imaginación
cuando descubre ideas nuevas
y las explora
Me encantan tus ideas
cuando creas nuevos conceptos
y tus propias fantasías
Mucha gente me dice
que no pueden hablar con sus hijos
que ya están deseando
que sus hijos se marchen de casa
Quiero que sepas
que no sólo me haces feliz
sino que siempre estoy a la espera del momento
en que volvamos a estar juntos
A medida que vayas creciendo
no sólo seguirás siendo mi hijo adorado
sino también mi más querido amigo
Como madre estoy tan orgulloso de ti
y mi amor por ti se hace más y más fuerte.             

Susan Politz Schutz

valores humanos

Amantes Famosos de la Historia Origen del sadismo Marques de Sade

Amantes Famosos de la Historia – Origen del Sadismo – Marques de Sade

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EL MARQUES DE SADE: El hombre que nos dio el sadismo
Sadismo. 1. Perversión sexual en la que se obtiene satisfacción infligiendo dolor físico o mental a otros (por ejemplo, a un objeto amado). 2. El gusto de la crueldad.

Marques de SadeParece ser que, por lo menos físicamente, el conde Donatien Alphonse Francois de Sade fue una bella persona, un hombre pequeño y hermoso de metro sesenta, con ojos azules, pero en definitiva de metro sesenta, como diría un masoquista. De hecho se cuenta con varias descripciones del pequeño aristócrata.

Un autor le atribuye «ojos azules y pelo rubio bien cuidado», otro «un rostro pálido y delirado desde el que miran fieramente dos ojos negros», un tercero dice que «su belleza era tan sorprendente que todas las damas que lo conocían quedaban al momento presas de admiración».

Por desgracia no existe un retrato auténtico de De Sade, pero hay que suponer que este descendiente probable de la Laura que los inmortales poemas amorosos de Petrarca hicieron famosa cuatro siglos antes debía presentar un aspecto interesante.

En todo caso este vástago de la alta nobleza fue criado por su abuela y por su tío, un hombre de letras que le preparó para su ingreso en el Collége Louis le Grand, que entre sus graduados de fama contaba con Maximilien de Robespierre, la Gestapo hecha persona. Siguió a la escuela un considerable período de servicio activo en el Ejército, iniciado cuando tenía sólo catorce años y de donde parece ser que De Sade emergió como un auténtico «fanático del vicio», el Filósofo del Vicio y el professeur du (rime, como le llamaron Michelet y Taine.

Para saber cuándo sucedió esto, y cómo sucedió, se precisaría un equipo médico compuesto de Freud, Jung, Job y el Buda viviente. Uno de los factores fue la educación de De Sade, pero también la época licenciosa que le tocó vivir, sus largos años de estancia en la prisión, y quizás había también algún problema orgánico.

Lo cierto es que no se dispone de suficiente información digna de confianza sobre De Sade —todos sus voluminosos diarios fueron quemados—, y el intento de construir una biografía a base de las novelas de un .nitor está condenado al fracaso. Sabemos que Sade se casó por dinero con Renée-Pelagie de Montreuil, comerciando su título a cambio  el medio millón de dólares de su dote.

El conde, que siempre pedía a la gente que le llamaran marqués, se embarcó después en una vida de escandaloso libertinaje, caracterizado por una infidelidad constante y por perversiones sexuales. Están entre ellas el conocido asunto de Rosa Keller, a la que azotó y torturó, y lo que a veces se ha llamado Escándalo de Marsella, una orgía tras la cual se le acusó de sodomía, tortura y de envenenar a los participantes con bombones de cantárida en polvo recubiertos de chocolate.

Su suegra, amargada por el trato que recibía su hija, hizo lo posible para que fuera condenado en este último juicio. Sade había estado ya en prisión, pero el escándalo de Marsella le valió una sentencia de muerte —aunque luego se demostró que en su mayor parte las acusaciones eran falsas—.Huyó a Italia y cuando al cabo de tres años regresó a París, le estaba esperando una celda de presidio no muy confortable.

Aunque las autoridades conmutaron la pena de muerte, Sade pasaría en prisiones o en el manicomio de Charenton, a partir de 1777, trece de los veintisiete años que le quedaban de vida. Fue en la prisión donde empezó a escribir las novelas y obras teatrales que hicieron entrar su nombre en el vocabulario universal. Los 120 días de Sodoma (1785), que pasa revista a 600 variaciones del instinto sexual, Justina o las desgracias de la virtud (1790) y La historia de Juliette, o el vicio recompensado (1792) son algunas de sus obras repletas con mil descripciones de crueldad sexual. Sade, que no fue nunca capaz ni quiso nunca reformarse, murió en 1814 a los 74 años de edad, estando todavía en Charenton, donde escribía y dirigía obras teatrales de moda representadas por los asilados, a muchos de los cuales corrompía de paso. A veces sus visiones eran profundas y notables, pero su mente era, en general, un instrumento desordenado y desquiciado que se reflejó en su vida y en su obra licenciosa.

El «sadismo», la obtención de satisfacciones o de placer infligiendo dolor a los demás, puede ser de naturaleza sexual o derivar de un conjunto de motivos, entre ellos la frustración o el sentimiento de inferioridad. La vida de Sade indica que muchas de estas causas moldearon su retorcida personalidad. Un párrafo de su testamento final reza así: «Que se planten bellotas sobre mi tumba para que desaparezca todo rastro de ella, y de este modo espero que este residuo de mi existencia quede borrado para siempre de la memoria de la humanidad.»

Biografía del Marqués de Sade

Rasputin y sus amantes Mujeres Muerte de Rasputin Historia Poder Curar

Rasputín y sus Amantes – Muerte de Rasputín Historia 

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El Poder Hipnótico Rasputín

El nombre Rasputín, que le dieron sus compatriotas de Pokrovskoye, significa «el vicioso». Y cuando descubrió que su rival, el cura local, estaba a punto de iniciar una investigación de sus herejías, dejó a su joven esposa y a sus tierras para difundir en otras partes su evangelio sexual —primero en los bosques, luego en casas de campo, donde mujeres con problemas le buscaban como salvador y curador—. Se le veía a menudo en los baños públicos exhibiendo su fornido cuerpo a la admiración de jóvenes mujeres. Luego, cuando se presentaban en busca de redención, instaba a todas para que se envilecieran y aprobaran la carne».

Su voz adquiría un tono de dulzura seductora mientras se acercaba a las chicas más bonitas y les acariciaba los pechos hasta que confundía totalmente la excitación sexual con el fervor religioso. Los maridos presentes no tenían nada que objetar porque Rasputín les había convencido que el coito con sus esposas era un acto de redención deseado por Dios. Pronto, hordas de campesinos procedentes de todas partes se echaban a sus pies besando el bajo de su negro caftán y gritando: «¡Padre Grigori, nuestro Salvador!». Las noticias sobre los poderes curativos de aquel hombre santo, barbudo y sin lavar, de personalidad hipnótica, llegaron a la habitación donde yacía enfermo el único hijo del emperador, Alexis, hemofílico.

La más ligera caída le causaba dolorosas hinchazones azules debidas a hemorragias internas, y los médicos de la corte se veían impotentes. La zarina había recurrido ya a personajes místicos cuando intentaba desesperadamente concebir un heredero para el trono. Uno de ellos, un clarividente de segunda categoría y antiguo ayudante de carnicero la había convencido que estaba embarazada, cuando en realidad no era así. Luego le echaron por este motivo, pero antes profetizó que llegaría un nuevo «amigo» y hombre santo que la ayudaría.

Fue en noviembre de 1905 cuando Rasputín fue convocado al palacio por el zar Nicolás y la zarina Alejandra. Les abrazó y les besó sin manías, rezó una oración sobre el niño enfermo y se ganó pronto su confianza con suaves caricias sobre su cuerpo dolorido y una colección de historias de hadas siberianas que hablaban de caballos jorobados y jinetes sin piernas.

El niño respondió, los dolores e hinchazones se calmaron y la zarina con lágrimas en los ojos besó la mano de «su nuevo amigo» que creía enviado por el cielo para restaurar la salud de su hijo. Cada vez que se reproducía la hemorragia interna, Rasputín estaba al lado de la cama. Pronto alcanzó la posición política de «zar por encima de los zares», porque Nicolás y Alejandra le pedían su aprobación ni decisiones importantes. De hecho se convirtió en «un miembro» de la familia real.

Rasputín procedió rápidamente a consolidar este poder. Estableció su oficina y centro de redención en San Petersburgo, la capital. Las continuas peticiones de favores políticos, que él estaba en condiciones de conceder, le proporcionaban grandes «honorarios» por parte de los ricos y de quienes esperaban serlo, mientras que a menudo se vaciaba los bolsillos el mismo día en favor de los pobres y necesitados.

Su comedor estaba abarrotado de mujeres ansiosas, que competían por sus favores sexuales y religiosos, que concedía fácilmente a las escogidas en un dormitorio adyacente llamado el «santo de los santos». Prefería las bellezas aristocráticas a las bellezas campesinas porque «olían mejor», pero él no mejoró nunca sus propios olores campesinos y continuaba cogiendo la comida con la mano. Sin embargo, sus discípulas le consideraban la reencarnación de Cristo, enviado para resolver el conflicto entre frustración sexual y los principios de impureza impuestos por los clérigos ortodoxos.

Muchas de ellas encontraban por primera vez una felicidad casi idílica en los nudosos brazos del «Sátiro santo». Sin embargo, algunas no estaban preparadas para la redención y salían corriendo llenas de rabia de la pequeña habitación con la ropa en desorden, llorando o gritando con una furia incontrolable.

Los agentes de la policía secreta, presentes constantemente para proteger a Rasputín, sacaban a las mujeres ofendidas. Aunque algunas denunciaban que Rasputín las había violado, estas acusaciones no pasaban de las mesas de funcionarios inicresados que no se atrevían en actuar en contra suyo. Los que lo intentaban perdían el favor del zar y de la zarina que o ignoraban o no daban crédito a las noticias sobre sus excesos.

Se hicieron muchos intentos para asesinar a Rasputín como encarnación del Mal y amenaza a la monarquía. Los prelados y monárquicos reaccionarios no sólo estaban en contra de su modo de vida, sino también de su claro populismo campesino. Iliodor, el más importante predicador de su época, que había sido antes amigo de Rasputín, montó una conspiración contra él. Le llamaban el «imprecador»: injurió al monje campesino y publicó falsas acusaciones contra él en un panfleto llamado «El santo diablo», donde incluía citas de las cartas de la zarina —que había robado antes de la mesa de Rasputín— que hacían pensar en una relación sexual entre los dos. Como es lógico esto causó una conmoción nacional.

Una prostituta psicótica con manías religiosas fue incorporada a la conspiración y actuó como peregrina que pedía limosna a Rasputín. Cuando él metía la mano en el bolsillo para sacar algunas monedas le clavó un cuchillo en el vientre mientras gritaba: «He matado al anticristo». Pero la gran fuerza y rápidos reflejos de Rasputín le salvaron la vida. Consiguió mantenerse en pie y se tapó la herida con una mano. Tras una operación en el comedor, estuvo varias semanas entre la vida y la muerte, mientras el zar Nicolás hacía sus preparativos para la primera Guerra mundial. Rasputín, que se había opuesto siempre a los señores de la guerra de la monarquía, se echó la culpa por no haber conseguido disuadir al monarca de aquel holocausto para Rusia, como había hecho dos años antes cuando convenció a Nicolás para que no se metiera en el conflicto de los Balcanes. En este sentido Rasputín fue un auténtico hombre de paz.

Mientras la guerra iba de mal en peor, un acicalado aristócrata, el Príncipe Félix Yusupov, organizó una fiesta de medianoche para el prelado en el sótano de su castillo, utilizando como cebo a su bella esposa. Yusupov fascinaba a Rasputín con sus dotes para cantar canciones gitanas y tocar la guitarra. En la noche del 29 al 30 de diciembre de 1916, Rasputín, que había sido advertido por el Ministerio del Interior sobre la existencia de un complot contra su vida, se estaba divirtiendo enormemente. Apuró vanos vasos de vino envenenado y comió pasteles llenos de cianuro potásico en número suficiente para matar a una vaca.

Yusupov cantaba nerviosamente las canciones deseadas acompañándose con su guitarra, mientras esperaba que el invitado cayera muerto. Al ver que no pasaba nada, el príncipe se excusó con el pretexto de que iba arriba a buscar a su mujer, que en realidad estaba en Crimea. El príncipe, para aplacar a los demás conspiradores, que se estaban impacientando, regresó con una pistola.

Disparó contra Rasputín que salió dando tumbos al patio, donde otro conspirador le disparó de nuevo. Le apuñalaron repetidas veces. Dos días después se encontró su cuerpo maniatado bajo el hielo del río Neva, con un brazo suelto y los pulmones llenos de agua. Rasputín estaba todavía vivo cuando lo sumergieron y había fallecido ahogado. Tenía apenas 44 años.

Campesinos acongojados de todas partes y las mujeres que le querían, lloraron la muerte de un hombre notable que, en su opinión, había sido enviado por Dios para decir al zar la verdad. «Si muero», había profetizado correctamente Rasputín, «el emperador perderá pronto su corona».

Amantes Famosos de la Historia Ruski John Vidas Curiosas de la Historia

Amantes Famosos de la Historia: Ruski John Vidas Curiosas de la Historia

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El insatisfecho John Ruskin
John Ruskin (1819-1900), el principal crítico de arte y ensayista de la Inglaterra victoriana habría sido un desafío permanente para cualquier psiquiatra. Era un ninfoléptico masturbador (una persona que sufre «un frenesí de
 John Ruskinemociones, como en pos de algo inalcanzable») con inclinaciones homosexuales latentes.

A pesar de accesos maníaco-depresivos, que empeoraron después de sus cincuenta años y de eventuales desengaños y desintegración de su personalidad, Ruskin era también un dialéctico brillante y encantador, sensible a todas las formas de la belleza. Escribió 37 volúmenes, que reflejan su pasión por la naturaleza, la pintura prerrafaelita y el significado “moral” de la arquitectura gótica. Fue un hombre celebrado en su época.

Sin embargo, su ninfolepsia contenía los ingredientes de la represión victoriana, aunque al final dejó de creer en Dios. Su naturaleza 11 rminada y sensible se vio estimulada por la adulación de sus padres v por lo que él consideró como «una educación de convento». La actitud posesiva de una madre bien organizada y su capacidad para reforzar los lazos emotivos entre los dos, sugiere una clásica relación freudiana de tipo edípico.

Cuando Ruskin se matriculó en Oxford su madre se trasladó a una casa cerca de sus habitaciones para que pudieran cenar juntos cada noche. Y las cartas que ella le escribía estando él estaba de viaje por el continente trabajando en algún proyecto de arte, apenas disfrazan las intensas pasiones que sentía por su hijo único. Como consecuencia, fracasó en su matrimonio y parece ser que fue virgen toda su vida.

Effie Gray, una chica inglesa bonita de clase media, de diecinueve años, se convirtió en 1848 en su esposa. Él tenía 29 años. Pero la chica quedó estupefacta cuando se enteró que él no tenía intención alguna de consumar el matrimonio en la noche de bodas; le ofreció en cambio un pacto anormal, que ella aceptó con reservas y que él no cumplió: a saber, aplazar el coito seis años. En 1854, y todavía virgen, consiguió ella anular el matrimonio.

Ruskin no comprendió los efectos perniciosos de la relación con sus padres hasta alcanzar la media edad. Entonces les acusó de haber arruinado su vida y les envió emocionalmente de paseo. «Me criasteis afeminadamente», dijo, «¡y apagasteis en mí el fuego auténtico y la pasión de la vida!» Tras la muerte de su padre, Ruskin dijo que le había obligado a sacrificar su vida en vano.

Ruskin se masturbaba y se acusaba de «un vicio» y de «un suicidio cometido diariamente». Los biógrafos parece que opinan que el motivo principal del desagrado que inspiraba a Ruskin la mujer sexual era haber visto, al casarse con Effie, que las mujeres tienen pelo público. Dicen que hasta aquel instante sólo había visto estatuas de mujeres con los pubis lisos y afeitados.

En la adolescencia, Ruskin manifestó los primeros síntomas de ninfolepsia al enamorarse de la hija del socio de su padre en el negocio de vinos, de quince años. Era una firme católica a quien desagradaba «su engreimiento patriótico y protestante», y cuando le enseñó una historia escrita por él, sufrió «el éxtasis avasallador de sus burlas». Pero la imposibilidad de poseerla «la enriqueció como un halo».

En cierta ocasión, estando en Turín escribió a su padre sobre una chica de diez años «de pelo negro sobre los ojos, medio desnuda, con las piernas al aire hasta por encima de las rodillas, de miembros bellos, estirada como una serpiente sobre la arena…». Y añadió: «como es lógico, no creo que sea correcto que las chicas estén con las piernas desnudas sobre montones de arena, pero la vista era pintoresca, si no agradable…».

A medida que Ruskin envejecía se volvía un ninfoléptico irrecuperable, disfrutando con imágenes fantásticas de ninfas inalcanzables. Y cuando tuvo ocasión de enseñar arte, en una distinguida escuela femenina, se aplicó a ello con evidente placer. Sus extrañas relaciones con chicas bellas y pubescentes alcanzaron un punto culminante y realista en la forma tantalizante de Rosie La Touche, cuya madre pidió a Ruskin que diera clases de arte a la niña, que tenía entonces ocho años. Los hados estaban tejiendo «otra red de amor» y cuando la precoz alumna cumplió los trece años él estaba ya perdidamente enamorado de ella. Y hay pruebas de que k madre estaba enamorada de él.

Sin embargo, la madre utilizó su paso al ateísmo para oponerse a que se casara con Rosie cuando ésta cumplió los 21 años. Rosie le había asegurado que, a los 17 años, se enfrentaría con sus padres y sería su esposa, porque al parecer también le quería. Pero una carta vengativa escrita por k ex esposa, Effie, le hizo cambiar de opinión.

Le decía que su ex marido no podría hacer feliz nunca a una mujer «a causa de su especial naturaleza». «Es totalmente antinatural y este hecho incluye todo lo demás», dijo. Ruskin intentó superar el efecto de la carta, pero la tragedia se vio complicada al desarrollar Rosie una psicosis religiosa intensa. Empezó a desintegrarse y murió a los 26 años, negándose a recibir una última visita de Ruskin, porque él no quería jurar que su amor por ella cedía ante su amor por Dios.

Ruskin se volvió loco un tiempo y visitaba espiritistas que le prometían ponerle en contacto con Rosie. Tenía violentas visiones de ella, y sueños, confundiéndola con santa Úrsula. Parece que compensó la tendencia volviéndose decididamente afeminado y llamando a todo el mundo «querido», lo cual producía sorpresa en la época. Desarrolló la técnica de llamar la atención haciendo al mismo tiempo como si la evitara.

Ruskin daba clases en Oxford. Dio su última clase en 1883, escandalizando a sus oyentes con expresiones y gestos obscenos hasta que los ayudantes le sacaron de la tarima. Y en 1889, once años antes de morir y tremidos años después de haber conocido a su amorosa ninfa, Rosie, escribió para ella en Praeterita, su diario personal: «ni alta ni baja para su edad; algo tiesa cuando estaba de pie.

Los ojos, en aquella época de un color azul profundo que más tarde se volvieron llenos y suaves. Unos labios de perfil totalmente adorable; un poco anchos y con los bordes duros vistos de frente; el resto de sus rasgos los normales de una chica irlandesa bonita y bien criada; el pelo quizá más gracioso en forma de rizos cortos alrededor de la frente, y más suave que el aspecto que suelen tener las apretadas trenzas sobre el cuello…».

Era evidente que Ruskin continuó siendo un ninfoléptico hasta la vejez. Y quizá sus prolongados estados de ánimo inarticulados se recibían en parte a su continuo deseo por su amada ninfa. Llevaba Mcmprc en el bolsillo interior de la chaqueta, entre dos finas láminas de oro, una carta que le había escrito Rosie en cierta ocasión. Y cuando falleció, como un hombre no consumado, toda una nación agradecida le ofreció un lugar para su sepultura en el «Rincón del poeta» en la Abadía de Westminster, cerca de la tumba de Tennyson; pero de acuerdo con sus deseos se le enterró cerca de Conisten Water, donde había pasado los últimos años de su vida.

Anne de Lenclos Famosos Amantes de la Historia Vidas Insolitas

Anne de Lenclos – Famosos Amantes de la Historia – Vidas Insólitas

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Anne de Lenclos, La maestra del amor
Anne de Lenclos (1616-1705), una cortesana francesa delicadamente atractiva, dio un primer paso en favor de la Anne de Lenclosliberación de la mujer. La educó un padre cariñoso que era a la vez un músico con dificultades y un macarra a ratos.

Le enseñó a tocar el arpa, a bailar con gracia desde los 12 años de edad, a pensar por sí misma y a citar los ensayos de Montaigne. Pero, por encima de todo, le enseñó a comprender los instintos hedonistas de hombres… y de mujeres.

Ninon, así le llamaron, desarrolló un ingenio mordaz y un agudo sentido del negocio. Sus padres murieron cuando tenía veinte años, y ella invirtió una pequeña herencia con la habilidad suficiente para disfrutar de una pequeña renta vitalicia. Pronto se vio sitiada por una clientela acomodada, a menudo aristocrática, dispuesta a pagar generosamente por sus favores sexuales.

Pero ella no era una prostituta, y seleccionaba a sus amantes en función de su capacidad para devolverle el calor que ella daba. «Se necesita cien veces más inteligencia para amar adecuadamente que para mandar un ejército», decía, y añadía a menudo: «El amor sin gracia es como un anzuelo sin cebo».

No le costaba mucho llevar a la práctica sus acertadas opiniones sobre el amor. Cuando el conde de Choiseul demostró no estar a la altura en la cama, le despidió con una línea de Corneille: «¡Oh, cielos, cuántas virtudes me hacéis odiar!».

Un abate y un mariscal quedaron sometidos tan fuertemente a su hechizo que ambos reivindicaban el honor de haberla embarazado y tuvieron que decidir el caso recurriendo a los dados. Venció el mili-lar y educó con orgullo a su hijo. Incluso el cardenal Richelieu deseó su cuerpo, aunque ella prefería la mente de él. Ninon prevaleció sobre su amiga y rival, Marión Delorme, y satisfizo al famoso cardenal, pero previo pago de 50.000 coronas.

El «negocio» de Ninon floreció. Dividió a sus amantes en tres clases: «los paganos, los mártires y los favoritos». El filósofo SaintEvremond fue un favorito, y lo propio le cupo al marqués de Sévigué, que le inspiró la siguiente rapsodia de amor:

¡Amor, siento tu furia divina! Mi desazón, mis arrobos, todo anuncia tu presencia. Hoy se levanta para mí un nuevo sol; todo vive, todo tiene alma, todo parece hablarme de mi pasión, todo me invita a darle ánimos… Desde que te amo, mis amigos me son más queridos; me amo más a mí misma; los sones de mi laúd se me antojan más conmovedores, mi voz más armoniosa. Si quiero tocar una pieza se apoderan de mí la pasión y el entusiasmo; los efectos que provocan me obligan a parar a cada momento.

Luego sigue a mi arrobo un ensueño profundo, lleno de delicia. Estás siempre presente; te veo, te hablo, te digo que te quiero… Me felicito y me arrepiento; deseo tenerte y deseo huir de ti; te escribo y rompo a pedazos mis cartas. Leo de nuevo las tuyas; me parecen ahora más galantes, más tiernas, pocas veces apasionadas y siempre demasiado breves. Consulto mis espejos, pregunto a mis sirvientas sobre mis encantos. En definitiva, te quiero; estoy loca; y no sé qué será de mí si no cumples tu promesa esta noche.

Pero el lío de Ninon con el hijo del marqués parece que tuvo el efecto contrario, la actuación del joven caballero en la cama fue tristemente defectuosa. Tenía «un alma de buey hervido», dijo ella, «un cuerpo de papel mojado, con un corazón como una calabaza en un fricasé de nieve».

A la edad de cuarenta años, Ninon de Léñelos tenía la reputación «Dame des Amours», dijo Horace Walpole unos años más tarde. La inteligencia de Ninon comprendió que «la virtud de las mujeres es el mejor invento de los hombres». Al emanciparse, pudo afirmar a menudo que la moralidad de los hombres y de las mujeres era idéntica; que reducir a la mujer al papel de objeto sexual puramente para el placer de los hombres equivalía a excluirla totalmente del cumplimiento de todo lo que era capaz. Ninon trataba de igual a igual a sus clientes y esperaba de ellos la misma consideración.

Tenía también instintos de maestra, y fundó la Escuela de la Galantería. Sus alumnos eran jóvenes aristócratas, cuyas madres querían que aprendieran las artes más sutiles del amor. Ninon, la principal diseñadora, trataba algunos temas básicos: la psicología de las mujeres, el cuidado particular de una amante o de una esposa, las técnicas del galanteo y de la seducción, y la manera de acabar una relación. No faltaba tampoco un curso avanzado sobre la fisiología del sexo.

Su escuela se convirtió pronto en la locura de todo París. Pero incluso así las clases podían no ser satisfactorias. En este caso Ninon iniciaba con su alumno un programa demostrativo independiente. Se lo llevaba a la cama para educarlo en el arte del juego previo y del coito. Era, como Sócrates, un maestro sorprendente.

También las mujeres acudieron pronto a aprender sus expertos consejos sobre el arte de hacer el amor. En lugar de admitirlas en los mismos cursos que sus alumnos masculinos —el concepto de coeducación sexual parecía, pues, que superaba su comprensión—, les daba consejos en privado. Una mujer le preguntaba, por ejemplo: «¿Cómo han de ser de grandes los pechos de una mujer para atraer a un amante?», y ella contestaba: «Lo bastante grandes para llenar la mano de un hombre honesto».

Sin embargo, sus clases sobre lo que podría llamarse «El trato a una mujer» parecían indicar que consideraba la emancipación de las mujeres como algo reservado a casos como el suyo. «Está muy bien guardar comida para otro día», dijo, «pero hay que tomar el placer como llega… Habla continuamente a tu mujer sobre ella y raramente sobre ti. Ten por supuesto que está cien veces más interesada en los encantos de su propia persona que en toda la gama de tus emociones… Recuerda que hay momentos en los que una mujer prefiere que se la trate con algo de brusquedad y no con un exceso de consideración; los hombres se ven derrotados más a menudo por su propia torpeza que por la virtud de la mujer… Si tú eres el primero en dejar de amar, deja a la mujer la ventaja de romper contigo y de pasar por cruel… Cuando una mujer ha acabado con un hombre lo cambiar por cualquier cosa excepto por otra mujer.»

También llegó en una ocasión la tragedia. Cuando Ninon tenía 65 años la persiguió su hijo natural, el caballero de Villiers. Ella aceptó recibirle si el padre guardaba en secreto su real relación. El muchacho se enamoró tan profundamente de su madre que ella decidió contarle la verdad mientras le abrazaba maternalmente. El salió tambaleándose al jardín, gritó «¡Madre!» y se mató con su espada.

Ninon vivió hasta casi noventa años de edad. El refinado y voluptuoso La Fare escribió lo que podría ser muy bien su epitafio: «Nunca vi a Ninon en la flor de su belleza; pero a la edad de 50 años, e incluso pasados los 60, tenía amantes que la adoraban, y sus amigos eran los hombres más honorables de Francia. La visitó hasta sus 90 años la mejor sociedad de la época. Murió en plena lucidez, y con los encantos de su mente, que eran los mejores y más adorables que haya podido conocer en una mujer».

Casanova y las mujeres Grandes Amantes de la Historia Biografia

Casanova y las Mujeres – Grandes Amantes de la Historia – Biografía

GRANDES AMANTES DE LA HISTORIA

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El incomparable Casanova
CasanovaSolía comerse cincuenta ostras al desayunar, a menudo en compañía, dentro de una bañera construida para dos. Normalmente seducía a las esposas o hijas de sus amigos, a veces dos a la vez, si hay que darle fe.

Casi siempre jugaba al aventurero: espía condenado a prisión que se evade saltando el muro, amante que lucha en duelo con un marido ultrajado, jugador que consigue varias fortunas y se las gasta en mujeres y en vino. Siempre vivió de su cerebro.

Giovanni Jacopo Casanova de Seingalt fue un hombre de muchos talentos: fue sucesivamente periodista, narrador, soldado, gastrónomo, predicador, filósofo, violinista, alquimista, hombre de negocios, diplomático y amante. La incomparable filosofía que guiaba los pasos de Casanova está expresada en un pasaje poco citado que aparece a la mitad de sus Memorias: «Los instantes en que el hombre se ve obligado a ceder a la desgracia o al sufrimiento son instantes robados a su propia vida; pero multiplica por dos su existencia si tiene el talento de multiplicar sus placeres, de cualquier clase que sean».

Así se comportó Casanova a lo largo de toda su vida, desde la edad de 16 años, cuando le expulsaron por conducta inmoral de un seminario de Venecia, su patria, hasta su muerte en Bohemia —donde era bibliotecario del conde Von Waldstein— en el castillo de Dux, si los 73 años, en 1798.

Entre estas dos fechas hubo más de lo que  u otro hombre hubiesen podido escribir. Las célebres memorias de Casanova totalizan aproximadamente 1.500.000 palabras, y sin embargo sólo llegan hasta sus 49 años. Se hizo famoso por primera vez cuando, encarcelado en Venecia, en 1755, por haber actuado de urente secreto, escapó a Francia: la historia indudablemente exagerada de este episodio le convirtió en un héroe romántico en toda Europa. Los franceses le nombraron rápidamente jefe de las loterías nacionales, un cargo que le valió su primera fortuna, pero en lugar de establecerse reemprendió sus viajes.

Florencia le expulsó; aunque parezca raro, el Papa le concedió la orden de la Espuela de Oro; también le expulsaron de Madrid; de 1774 a 1782 fue espía para los inquisidores estatales de Venecia. Allí donde iba no dejaba nunca de buscar nuevos placeres.

Se dice que la famosa autobiografía de Casanova es digna de fe en líneas generales, como un cuadro del siglo XVIII, pero no en sus detalles, aunque actualmente nos parece ya bastante morigerada, y los detalles no son tan licenciosos o picantes como antes parecían.

El ingenio elegante de Casanova, reflejado en estas páginas, le convirtió en el huésped bienvenido de gigantes como Voltaire y Federico el Grande, pero incluso en estos casos no pasaba de ser considerado como un homme a bonnes fortunes. Como es lógico, se le recuerda principalmente como un gran amante, y su nombre sólo es igualado por Don Juan como sinónimo de mujeriego promiscuo.

Dijo que las mujeres eran su cocina, y se dedicó a conocer e inventar toda clase de trucos para atraerlas al banquete de su cama —desde estratagemas como el «juego de las ostras» (él y la probable candidata comían las ostras cada cual de la boca del otro, y a menudo las ostras caían entre dos «globos de alabastro») hasta las historias exageradas de sus proezas en cualquier campo—.

Este famoso amante es un ejemplo típico del seductor neurótico, cuya necesidad de gustar constituye la razón misma de su vida, pero fue tanto un caballero como un sensual, combinación que rara vez se da.