Antecedentes Históricos Del Arte en el Siglo XVIII

Biografía de Twain Mark Su Vida y Obra Literaria Resumen

Biografía de Twain Mark y su Obra Literaria

Samuel Langhorne Clemens (1835-1910), fue un escritor y humorista estadounidense, cuyo seudónimo era Mark Twain. Ha trascendido por unas obras en que la ironía y el humor se entremezclan con gracia y oportunidad. Aventuras de Tom Sawyer, Aventuras de Huckleberry Finn y Un yanqui en la corte del rey Arturo son sus principales obras. Nació en 1835 y falleció en  1915.

Sus mejores obras se caracterizan por un franco y a veces irreverente sentido del humor rayano en la sátira social, además de por un acentuado realismo en cuanto al lugar en que se desarrollan sus historias y al lenguaje utilizado por sus memorables personajes, y por un profundo odio a la hipocresía y la opresión.

Twain Mark

Twain obtuvo un gran éxito de librería con sus obras, sacando, además, grandes beneficios, pero los invirtió todos en una audaz empresa en la que también comprometió el fruto de sus futuros libros. Cuando tenía 58 años reemprendió sus viajes, por cuenta de los diarios, yendo a Australia, Asia y Europa.

Entre los grandes escritores americanos cuya prosa y estilo fueron personales y pertenecen a la literatura de todos los tiempos hay que citar a Mark Twain, cuyas obras son todavía, en gran parte, traducidas a todos los idiomas.

Mark Twain, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, había nacido el 30 de noviembre de 1835 en Florida, una aldea del Estado de Misurí. Algún tiempo después la familia se estableció en Hannibal, ciudad importante situada a orillas del Misisipí.

Samuel era un niño cuando muño su padre, perdida dolorosamente sufrida por toda la familia y en particular por el hijo, pues desde su más tierna infancia demostró dones muy definidos para el estudio sin que, desgraciadamente, la madre dispusiera de los medios suficientes para enviarlo a la escuela.

Ya en sus primeros años se interesó por la literatura   y   consagró   largas   horas   a   la   lectura   de novelas. Además, aunque permanecía aislado de las clases y de sus compañeros, adquirió, por sí mismo, cierta formación literaria.

Sin duda debemos a estos primeros sufrimientos y sacrificios la sensibilidad delicada del joven Samuel, condición que fue en aumento a través de las penosas experiencias que tuvo en su vida.

Después de haber trabajado como dependiente en una imprenta, Samuel, a quien le gustaban el mar y la vida de aventuras, se embarcó como piloto en uno de esos navios que aseguraban el servicio postal en las aguas del Misisipí.

Este género de vida apasionó al jovencito, hasta el punto de que más tarde, durante su plena actividad de escritor, se inspiró en aquellos lejanos recuerdos —las aguas claras y los valles verdes del gran río— para pintar los ambientes en los cuales se desarrollaban sus novelas.

En la Vida sobre el Misisipí, publicada en 1883, Hannibal, pequeña ciudad silenciosa y tranquila del borde del Misisipí, conocía un solo momento de animación: el de la llegada del barco cargado de pasajeros y de mercaderías.

En esta atmósfera creció Samuel Langhorne Clemens, que ahora conocemos bajo el seudónimo de Mark Twain.

relata las peripecias de la navegación. Al recordar algunos episodios de su juventud, el autor cuenta cómo, en un determinado momento, eligió el seudónimo de Mark Twain. Fue en el curso de un viaje, mientras estaba en el timón, mirando siempre frente a él a un marino, provisto de una sonda, que le comunicaba, en forma intermitente, la profundidad exacta del agua, gritando mark twain, es decir, “faltan dos brazadas”. Este grito que tantas veces oyó repetir gustó mucho a nuestro piloto y cambió su nombre por el de Mark Twain.

Pero, de naturaleza inconstante, el futuro escritor dejó pronto la navegación. En 1859 abandonó el pilotaje para seguir a esos equipos de buscadores de oro que penetraban en el oeste en búsqueda de fortuna.

Fue expedicionario algunos años, y en 1867 reunió en un libro las aventuras más notables de los buscadores de oro, entre las que, posiblemente, El célebre sapo saltarín del condado de Calaveras sea la mejor y la que ha influido más en la rápida y segura fama del escritor.

Las primeras novelas de aventuras, en efecto, lo hicieron conocer en todas partes; un grupo de diarios le confió la misión de corresponsal en algunos países mediterráneos, tarea que aceptó con entusiasmo. En esta nueva experiencia se inspiró para la realización de otra novela: Los ingenuos en el extranjero, que suscitó una cálida aceptación por parte de los lectores.

Mark Twain tenía auténtico sentido del humor y consecuentemente los episodios que relataba eran ágiles y divertidos. Por otra parte, no falseaba nunca la realidad de las cosas y no permitía que los hombres empañasen sus acciones con imperdonable hipocresía, ni con el mínimo deseo de deformar los acontecimientos, por más insignificantes que fueran. Este rasgo fundamental que como hombre y como escritor tenía el novelista se nota en varias de sus obras.

En vista de los triunfos logrados en el año 1870 se casó con Olivia Langdon, y se estableció primero en Hartford, estado de Connectieut, y más tarde en Redding, pero debido a su fama viajó incansablemente dando conferencias y escribiendo con una actividad y constancia asombrosas.

Su popularidad, tanto en los Estados Unidos como en Inglaterra, fue increíble y sus entradas llegaron a ser tan abundantes que no sólo le permitieron cubrir las pérdidas ocasionadas por sus malas inversiones comerciales, sino que aún tuvo suficiente para vivir con holgura en los últimos años de su vida.

El autor logró un triunfo superior y más inmediato todavía con sus novelas para niños, algunos de cuyos episodios son autobiográficos. Los personajes de sus cuentos son chicos descriptos con marcada agudeza psicológica y en forma muy colorida y amena.

Las aventuras de Tom Sawyer, aparecida en 1876, y Las aventuras de Huckleberry Finn, editada en 1885, se desarrollan en una atmósfera exclusivamente infantil. La vida de esos dos protagonistas transcurre en lugares muy queridos por el autor en las regiones verdes y prósperas bañadas por las aguas del Misisipí. En esos relatos Mark Twain revive las horas felices e ingenuas de su infancia y resucita los acontecimientos que más le impresionaron y agradaron en su niñez.

En Las aventuras de Huckleberry Finn cuenta con estilo fantástico el viaje realizado por un niño, Huck Finn, quien, acompañado por un negro muy simpático, Jim, parte desde las orillas del Illinois y llega hasta Nueva Orleáns. El negro acompañante había logrado escapar de los malos tratos de su dueño, y luego, con Huck, vive maravillosas aventuras, muchas de ellas a bordo de una pequeña embarcación.

En Las aventuras de Tom Sawyer relata las experiencias verdaderas que todo niño ha realizado. La naturaleza impulsiva y el temperamento generoso de este niño presentan ciertas similitudes, y, por otra parte, la confesión del autor lo confirma, con el espíritu aventurero del novelista.

En la creación del personaje Tom Sawyer el autor reunió, por así decirlo, los diferentes caracteres infantiles que había estudiado, logrando un solo tipo muy original. La vida de Tom transcurre en el ambiente familiar, en la escuela y con los amigos. A pesar de que el libro comienza con un episodio

completamente infantil, los acontecimientos relatados más adelante exaltan la naturaleza de un niño simple pero heroico. Tom y su primer amigo, Huck, van una noche al cementerio para enterrar dignamente a su gatito muerto. Escondidos entre las tumbas se ven obligados a presenciar un crimen. Al día siguiente se acusa del hecho a un pobre borracho, Muff Potter; la intervención de Tom permite salvar al inocente de una condena infamante.

Tom Sawyer en el extranjero, relato que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas, narra las aventuras ocurridas en el viaje en aeróstato emprendido por el protagonista, su inseparable Huck, el esclavo negro Jim y el sabio constructor del aparato, un loco, que se precipitó al océano dejando librados a los otros tres ocupantes a su suerte e inexperiencia. Los diálogos entre Tom y sus dos compañeros son muy divertidos, pero bajo esa alegre apariencia se descubren la seriedad y la tristeza que son base de la magnífica sátira humorística de Mark Twain.

En efecto, Tom había visto que el asesino era un hindú, y decide revelar toda la verdad. El criminal huye por el bosque para evitar el castigo, y cuando Tom, mientras lo busca, se pierde en las cercanías de una gruta, intenta vengarse cruelmente de él, pero Tom logra escapar, y el libro termina con la muerte del hindú y la victoria del niño.

El autor publicó a continuación de este libro otros relatos que aparecieron en 1878. Los personajes principales siguen siendo Tom y Huck: se trata de Tom Sawyer policía y Tom Sawyer en el extranjero, que es muy imaginativo y se asemeja mucho a un cuento de hadas.

Completamente distinto es El príncipe y el mendigo, cuya fama se extendió tanto, que se lo tradujo a casi todos los idiomas. Los acontecimientos se desarrollan en los ambientes más diversos y opuestos del Londres del siglo XIX.

En 1885 Mark Twain publica otra novela, Las aventuras de Huckleberry Finn, en la que se cuentan los viajes de Huck Finn y del esclavo negro Jim a través de la América de los buscadores de oro. Gran parte de la epopeya de esos niños se desarrolla en el Misisipí, a bordo de un bote y de una balsa.

Está descripta la profunda miseria de los bajos fondos de la ciudad, que contrasta con la riqueza y el lujo de las clases acomodadas. Tom es uno de esos niños que viven en los barrios pobres de la ciudad. Un día, paseando, se aleja de su casa y se halla en la otra parte de Londres, bajo las verjas del espléndido palacio real. Inconscientemente comienza a recorrer el hermoso parque, y allí se encuentra con un niño muy semejante a él, de la misma edad y parecido que sólo se distinguen por la ropa.

Tom viste pobremente y el otro con suntuosidad, de terciopelo bordado con oro. El niño así vestido es el príncipe heredero, quien ha logrado esquivar la vigilancia de los guardias y comienza a jugar alegremente con Tom. Durante el juego el pequeño noble decide cambiar de ropa con Tom, y le entrega sus espléndidos atavíos. Pero surge un criado en su busca, y a pesar de las explicaciones de ambos niños echa al príncipe del palacio y lleva en su lugar a Tom, que comienza así una vida llena de imprevistos muy felices.

Sin embargo, pronto comienza a sentir nostalgias de su verdadero hogar y de los juegos con sus amiguitos, y mediante gran paciencia logra convencer a la gente de palacio de su identidad. Rápidamente se dispone la búsqueda del príncipe, y al cabo de un tiempo los dos niños se encuentran y vuelven nuevamente a su existencia anterior, pero con experiencias que les serán necesarias para comprender y resolver problemas sociales.

Mark Twain se había planteado también esas cuestiones; su vida nunca fue fácil ni feliz, ya que siempre se había encontrado frente a problemas económicos. Buscando cierta vez solución a esa existencia precaria, emprendió un largo viaje por todos los continentes; esto le permitió conocer ambientes y gente muy distintos y de costumbres dispares.

Viajaba como hombre de letras y daba conferencias y charlas literarias. A su regreso juntó las impresiones que había acumulado en su libro A lo largo del Ecuador, que apareció en 1897. Con la venta de éste logró juntar el dinero suficiente para pagar a sus acreedores.

Sus obras gustaron siempre, pues el tono de sus relatos es humorístico y cordial. Pero el optimismo de Mark Twain resulta ser refugio y distracción para las amarguras de la vida. Indudablemente tal contraste entre vida real y sueño engendró en él un conflicto espiritual que dio   origen a  su humor.De ahí el extraordinario desarrollo de su fina ironía, que le llevaba incluso a descubrir el ridículo en los mínimos aspectos de la existencia.

La última de sus obras fue una autobiografía, que apareció en 1924, a los catorce años de su muerte, ocurrida en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910.

Gracias a sus obras, reportajes y conferencias sobre viajes, Twain logró pagar a sus acreedores y volver a América. Tero, cansado, enfermo y literalmente deshecho por las penas, sólo deseó pasar los años que le quedaban de vida en un lugar tranquilo, donde se había hecho construir una casa. Eligió Connecticut, y allí permaneció, salvo breves excursiones a las Bermudas, hasta su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1910.

Su personalidad literaria es muy discutida y se lo juzga de diferentes maneras; en efecto, para algunos es un narrador eficaz de aventuras para niños; para otros, en cambio, esconde bajo esa forma literaria un pensamiento filosófico y moral perceptible en todas sus obras.

A pesar de que los juicios no concuerden, es sin embargo evidente que, narrador o filósofo, Mark Twain fue, ante todo, un humorista fino y capaz de argumentar sutilmente. El libro titulado Relatos americanos es una verdadera obra de arte del humor. Comprende Las costumbres periodísticas del Tennessee y Cómo cesé de ser secretario.
Alrededor de 1873 Mark Twain montó una de sus comedias, La edad de oro, que fue favorablemente acogida por el público.

Además de los viajes recordados, Mark Twain fue encargado de transcribir en 1873 los detalles del viaje del sha de Persia por Londres y París.

La vida de Mark Twain es rica en anécdotas, entre las que merece citarse la siguiente: estando en Viena en la época de los tumultos provocados por los alemanes, llegó a Nueva York la noticia de su muerte. Mark Twain, al enterarse, decidió mandar sin tardanza un telegrama, redactado en estos términos: “Noticia de mi muerte muy exagerada. Mark Twain.”

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El príncipe y el mendigo cuenta la vida de dos niños de la misma edad, uno príncipe heredero y el otro de familia muy pobre. El azar quiere que los dos se encuentren y se hagan amigos. Mientras juegan deciden cambiar de traje. Uno de los servidores del palacio, engañado por el extraordinario parecido físico de los dos niños, y por las ropas, hace entrar en el castillo’ al mendigo, mientras echa al verdadero príncipe. De este modo comienza una nueva vida para ambos. Pero el niño pobre empieza a sentir tristeza por la ausencia de sus padres y la falta de libertad, y logra convencer a los cortesanos de cuál fue la situación equívoca que indujo al sirviente a caer en el error. Al final de la obra todo se arregla: el verdadero príncipe vuelve a su lugar, mientras su amigo, que durante ese tiempo había podido hacerse apreciar por su clara inteligencia, encuentra en la corte un puesto destacado.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Puccini Giacomo Operas del Compositor Italiano

Biografía de Puccini Giacomo
Óperas del Compositor Italiano

Giacomo Puccini (1858-1924), compositor italiano, autor de óperas que destacan por su intensa emoción y teatralidad, tierno lirismo, orquestación colorista y rica línea vocal. Sus obras fueron representadas en todos los teatros del mundo, marcó una etapa importante en la evolución de la ópera italiana; su aporte consistió en alcanzar el máximo de intensidad dramática en la constante expresión de pasiones y sentimientos. nació el 22 de diciembre de 1858 en Lucca en el seno de una familia de músicos eclesiásticos. Desde el siglo XVIII todos los Puccini fueron organistas y maestros de capilla en la iglesia de San Martino de esta ciudad.

giacomo puccini compositor italiano

Giacomo Puccini

Corre el año 1858. Miguel Puccini, profesor de música del instituto Pacini, en Luca, y padre ya de cuatro niñas, espera un nuevo nacimiento. Por fin, llega Giacomo, el hijo varón ansiosamente deseado. Luego de éste, su mujer Albina Maggi le dio dos hijos más.

Escasa es la edad de los pequeños cuando muere el padre, y la madre, de sólo 33 años, debe hacer frente a la difícil situación.

Giacomo, como muchos otros hombres célebres, no evidenció durante su infancia ninguna de las cualidades que harían de él uno los más grandes artistas del mundo. Su madre logró hacerlo entrar en el seminario de San Miguel y luego en el de San Martín, pero sus esfuerzos no fueron recompensados; el niño era rebelde, se escapaba de la escuela y cometía toda clase de travesuras.

Intervino entontes el tío Maggi, hermano de la madre, quien, pensando que el pequeño podría haber heredado las aptitudes musicales del padre, le llevó a las iglesias y le hizo cantar allí las partes de contralto. Pero esas aptitudes no se pusieron de manifiesto, y el tío Maggi, desanimado, declaró a su hermana que el niño no poseía ninguna de las virtudes que eran necesarias para ser músico.

Esto entristeció profundamente a la señora Puccini, pues la costumbre había establecido que fueran músicos todos los que nacían en esa familia. Es sin duda por esta razón que persistió en su empeño, y condujo a Giacomo ante el compositor Angeloni, solicitándole que hiciera entrar a su hijo en el instituto musical para que allí aprendiera a tocar el órgano.

puccini tocando el piano

De pronto nació en él el gusto por la música. El maestro Angeloni contribuyó grandemente a ello. Supo ganar la confianza del niño y ayudarle a descubrir su verdadero camino. La reina Margarita le acordó, durante un año, la pensión gratuita en el conservatorio de Milán. Giacomo no tardó en merecer la admiración de sus profesores Bazzini y Ponchielli, quienes representaron en su carrera un apoyo muy valioso, antes de su regreso a Luca. El vacilante alumno empezaba a componer.

Angeloni era un cazador apasionado, y fue precisamente llevando al niño a cazar cómo ganó la confianza y la estima de éste. Juntos solían conversar sobre diversos temas, y entre ellos, sin duda, sobre óperas. Lo cierto es que de pronto Giacomo se sintió atraído hacia el maravilloso mundo de la música. Pensó en seguida que él sería capaz de crear nuevas armonías y que la gloria del teatro recompensaría sus afanes.

Una noche, luego de asistir en Pisa a una representación de Aída, y ya firmemente decidido a hacerse compositor, pidió a su madre que le enviase al conservatorio de Milán. Ésta aceptó la idea con inmenso júbilo y se dispuso valientemente a enfrentar las dificultades económicas que se oponían a la realización de tan hermoso proyecto.

Agotados todos los recursos, resolvió dirigirse a la reina Margarita, y esta audacia, inspirada en su amor maternal, dio sus frutos, pues obtuvo para su hijo la pensión gratuita, por un año, en el conservatorio de Milán. Giacomo partió lleno de entusiasmo y con profunda fe en el porvenir.

En el conservatorio, Puccini realizó brillantes estudios, y sus maestros, Bazzini y Ponchielli, le testimoniaron particular admiración. Triunfante salió del conservatorio de Milán y regresó a Luca.

El futuro compositor contaba con el apoyo de su buen maestro Ponchielli, quien, con gran diplomacia, consiguió que el poeta Fontana escribiera un libreto para su joven alumno. Éste se proponía enviar una ópera al concurso del Teatro Ilustre de Sonzogno.

En posesión del libreto, Giacomo se consagró por entero a la composición de la música. Así nació Le Villi. El jurado ante el cual fuera presentada rechazó la obra, no por considerarla mala, sino más bien porque no había logrado descifrarla. Puccini, en su apuro, había escrito la música de manera casi ilegible.

Empero, esta derrota le causó profunda pena. Fontana, transformado en su gran amigo, lo condujo, con el ánimo de reconfortarlo, a una recepción de la que participaban ilustres músicos, como Arrigo Boito (el autor de Mefistófeles) y el crítico musical Marco Scala.

Requerido por la concurrencia, Puccini se sentó al piano y tocó Le Villi; puso tanto ardor y tanta violencia en la ejecución, que su música maravilló a los invitados, a tal punto que el mismo Boito abrió una suscripción entre los admiradores del joven músico para que su ópera fuera representada en el teatro Dal Verna, de Milán. Según hacen constar sus biógrafos, en la noche del estreno el compositor sólo poseía 40 céntimos; pero al día siguiente el editor Ricordi le ofreció por su partitura 2.000 liras.

Del éxito de esta representación, efectuada el 31 de mayo de 1884, tenemos una prueba incontestable: el telegrama que el mismo Puccini enviara a su madre y cuyo texto era el siguiente: “Éxito estruendoso. Dieciocho llamados. Repetido tres veces final del primer acto.”

puccini compositor italiano

Su primera ópera, Le Villi, presentada en un concurso de la casa Sonragno, fue rechazada por el jurado, pero el libretista Fontana condujo al músico a una recepción donde se encontraban Arrigo Boito y el crítico musical Marco Scala. Allí Puccini tocó al piano su obra y suscitó un entusiasmo general. Gracias a esta intervención y a la de otros amigos, pudo estrenarse la citada ópera en el teatro Dal Verna de Milán, obteniendo un éxito franco, y más tarde fue cantada en muchos teatros de Italia, Austria, Rusia y América latina,  olvidándose que el jurado la había rechazado al ser presentada.

Pero mientras Giacomo Puccini cosechaba sus primeros laureles, la vida de su maravillosa madre se extinguía allá, en Luca. Con inmensa congoja alcanza el hijo a recibir el último suspiro de la que fuera su más fiel amiga y confidente.

En busca de olvido abandona su ciudad natal. Cuando, después de un tiempo, retorna a Luca, encuentra allí a Elvira, hermosa dama a quien amó tiernamente y que fue su abnegada compañera. Juntos conocieron épocas penosas, durante las cuales Giacomo debía dar lecciones de piano para poder aumentar sus modestos recursos.

En este tiempo compone Edgar, cuyo fracaso logró empañar un tanto la fama que con Le Villi había empezado a brillar.

Lo que necesitaba Puccini era un buen libreto y, por consiguiente, un buen poeta. Así encontró a Illica y más tarde a Giacosa.

Giacomo Puccini figura entre los numerosos autores que compusieron música para la historia de Manon Lescaut, que ya siete años antes había inspirado a Massenet una encantadora ópera cómica. La heroína del abate Prevost iba a cobrar, en la escena, una nueva vida.

La primera representación, que tuvo lugar en febrero de 1893, constituyó un éxito rotundo. A partir de este momento, la gloria y la fortuna acompañaron a Puccini. Algunos años más tarde éste se instaló con su familia en una pequeña villa, Torre del Lago, a orillas del lago Massaciuccoli, donde había de permanecer hasta el final de sus días.

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Manon Lescaut (primera representación en Turín en 1893): El libreto para el que Puccini escribiera la música ha sido extraído de la célebre novela del abate Prevost, cuya heroína había ya inspirado al maestro francés Massenet la composición de una encantadora ópera cómica. Esta nueva obra de Puccini tuvo un brillante éxito, no tardando en ser representada en los principales teatros del mundo. Tres años después, también en Turín, La Botóme reiteraba el triunfo de Manon.

El paraje era hermoso y la caza abundaba en los alrededores. Esto representaba el ideal para quien era un apasionado cazador y necesitaba en los momentos de trabajo calma y belleza para su inspiración. Allí escribió lá música de La Bohéme, sobre los versos de Illica y Giacosa, inspirados en la célebre novela de Murger.

La Bohéme fue representada en febrero de 1896 en el teatro Real de Turín, donde algunos años antes había triunfado Manon Lescaut. Pero esta vez la crítica fue implacable y le auguró muy corta vida sobre las tablas.

No obstante, Mimí, la frágil bordadora enamorada del poeta, emocionó profundamente al público, que noche tras noche vertía sus lágrimas por la heroína, sin inquietarse del reproche de los censores.

La Bohéme fue presentada en Sicilia; luego cruzó fronteras, atravesó océanos, y fue acogida en todas partes con gran entusiasmo.

Giacomo acompañó a su Mimí a Egipto, Londres y París. Mas la vida de sociedad, las recepciones, no respondían a sus gustos. Añoraba la paz de Torre del Lago, los paseos, el fusil, el cigarrillo entre los labios y, sobre todo, el piano. A su regreso reencontró, además de todo esto, el ansia de componer.

Esta vez su heroína no sería una pobre muchacha soñadora, sino una célebre cantante, la Tosca, quien ama al tenor Mario Cavaradossi. Scarpia, capitán de las guardias romanas, enamorado a su vez de Tosca, pretextando que Mario ha tomado parte en un complot, lo hace detener y condenar a muerte.

La cantante, desesperada, promete a Scarpia renunciar al hombre que ama y consigue para éste un salvoconducto. Una vez el documento en sus manos, mata a Scarpia y corre en busca de Mario, dispuesta a huir con él. Pero llega demasiado tarde, y el pintor es fusilado. Entonces, enloquecida de dolor, Tosca se arroja al Tíber.

A pesar de los diversos comentarios y críticas que este tema provocara, Puccini amaba ya a su criatura y tenía confianza en ella. Llevó pues su obra, sin ninguna modificación, al teatro Costanzi, de Roma, donde se la representó por primera vez el 14 de enero de 1900.

Poco antes de levantarse el telón, un comisario de policía se aproximó a Mugnone, el director de la orquesta, y le ordenó que al menor signo de agitación interrumpiera la ejecución de la ópera para atacar el himno nacional, pues se temía para esa noche el estallido de un atentado anarquista. Terriblemente emocionado, Mugnone subió a su pupitre sin pronunciar palabras sobre lo que le acababan de informar.

Suenan los primeros compases, se levanta el telón, y en seguida un creciente rumor invade la sala. La música se interrumpe, la batuta del director golpea el pupitre y Mugnone se apresta a dar la señal del himno nacional, cuando advierte que la agitación reinante es solamente causada por algunas personas que, llegadas con retraso, molestan a los espectadores, provocando las airadas protestas de éstos. La frente perlada de sudor, Mugnone retoma Tosca desde su primer compás y la conduce brillantemente a la victoria.

Después de Tosca, Puccini compuso Madame Butterfly. Es la dramática historia de una joven japonesa toda gracia y dulzura. Fue representada en 1904 en la Scala de Milán, pero el público se mostró poco entusiasta. Puccini no se dio por vencido, modificó la partitura y la presentó algunos meses más tarde en el teatro Grande de Brescia, donde Madame Butterfly tomó su revancha haciendo llorar a los espectadores.

La fanciulla del West nació gracias a la colaboración de un músico de color, quien llevó a Europa los ritmos del jazz. La obra fue representada con gran pompa en el Metropolitan Opera de Nueva York, en 1910, y alcanzó el éxito esperado.

Terminada esta obra, Puccini atravesó por un oscuro período de absoluta esterilidad; su inspiración parecía agotada, ningún tema le atraía. Hasta que, finalmente, compuso Tabarro, sobre una historia de celos y traición que se desarrollaba a orillas del Sena.

Luego escribió Gianni Schicchi, ópera cómica cuya acción gira en torno al lecho de un falso moribundo que expresa sus últimos deseos. Después vino Sor Angélica, sobre un tema hondamente emotivo.

Puccini alcanza la máxima consagración al ser nombrado senador del reino. Sin embargo, pasa sus días en Torre del Lago, cazando, trabajando y disfrutando de los hermosos paisajes.

En este tiempo comienza a escribir la música para un cuento maravilloso cuya heroína era una bella princesa enamorada de un caballero. Pero una dolencia imprevista le obliga a interrumpir el trabajo y partir para Bruselas, donde, según se hablaba, había un gran cirujano capaz de curar su mal. Puccini, que no creía en la gravedad de su caso, lo comprende, por desgracia, demasiado tarde.

Mas ni aun el sufrimiento logra hacerle perder la esperanza que le acompañó hasta el último momento de su vida, extinguida el 29 de noviembre de 1924. Su cuerpo fue trasladado a Torre del Lago, esa pequeña aldea a la que tanto había amado. Allí reposa ahora. La casa, que permanece tal cual la vio el gran músico en los últimos días, y el piano parecen aguardarlo. Sólo la tinta, en la que tantas veces mojara su pluma para dar al mundo su brillante producción, se ha secado.

Más tarde, el maestro Alfano concluyó la partitura de la última obra en la que Puccini trabajaba antes de morir: La princesa Turandot. En el curso de la primera representación, al llegar al momento preciso en que el compositor debió abandonar su creación, calló bruscamente la orquesta, los espectadores se pusieron de pie y, en el inmenso silencio que llenó la sala, una voz se elevó para decir: “¡Aquí se detuvo Puccini!”.

Cronología de sus Obras

1884 Le Villi
1889 Edgar
1893 Manon Lescaut
1896 La Bohème
1900 Tosca

1904 Madame Butterfly
1910 La fanciulla del West
1917 La rondine
1918 Il trittico (trilogía compuesta por Il tabarro, Suor Angelica y Gianni Schicchi)
1926 Turandot (póstuma, completada por Franco Alfano)

 

Sor Angélica y Tabarro, esta ópera del célebre compositor consta también de un solo acto.
Sor Angélica: Habiendo tenido un hijo sin estar casada, Sor Angélica expía su falta en un convento al que sus padres la han obligado a ingresar. Un día, al enterarse de la muerte de su hijo, intenta envenenarse; pero ganada por el remordimiento, suplica a la Virgen Santísima que la salve por el amor de su divino hijo Jesús.

Gianni Schicchi

Gianni Schicchi (primera representación efectuada en Nueva York en el año 1918): Se trata de una pequeña ópera bufa cuyo argumento gira en torno al lecho de un falso moribundo que desea expresar su última voluntad. Como Sor Angélica y Tabarro, esta ópera del célebre compositor consta también de un solo acto.

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La Bólleme: Mimí, bordadora de flores, se enamora de Rodolfo, poeta. Éste renuncia a ella para que la joven se case con un hombre rico. Pero Mimí, cerca de la muerte, vuelve en busca de Rodolfo y, apretando contra sí el manguito que fuera a buscarle uno de sus amigos, muere en la misma buhardilla en que había nacido su primero y grande amor.

puccini compositor

La princesa Turandot: Desea por esposo a un hombre capaz de resolver los más complicados enigmas y que no tema exponer su vida en riesgosas empresas. Esta ópera, con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simone, fue olejada incompleta por Puccini y terminada por Alfano, representándose por primera vez en el teatro la Scala de Milán el 2 de mayo de 1926.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Puccini y Sus Óperas

 

Biografía de Tiépolo Giovanni Battista Pintor Italiano Obra Artistica

Biografía de Tiépolo Giovanni Battista
Pintor Italiano – Obra Artística

Giovanni Battista Tiepolo (1696-1770), pintor italiano considerado como el principal maestro de la escuela veneciana y el mejor muralista del estilo rococó.Admirable intérprete de la Venecia del siglo XVIII, Tiépolo buscó, más que la expresión individual, el movimiento en la composición, y trabajó siempre con esa maravillosa facilidad que lo distinguió entre los pintores de frescos.

A comienzos del siglo XVIII, Italia se encuentra desgarrada. Los españoles ocupan el Norte y el Sur, Génova está sometida a la dominación extranjera, en Florencia reinan príncipes temerosos, la grandeza de Roma va camino de extinguirse, el Piamonte se ha armado para defender a los Alpes, cuya barrera no sirve ya para contener la amenaza exterior, y Venecia ha perdido las recientes conquistas de Morosini. El arte mismo se halla en decadencia. El impulso creador de los siglos precedentes se ha debilitado, y ya no hay grandes maestros ni grandes obras.

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La pintura se pierde en los colores sin brillo de los “tenebrosos”, artistas que manifestaron un gusto particular por los tonos oscuros y buscaron los efectos de sombra. ¿Qué será de la pompa decorativa que embelleciera tantos palacios? ¿La gracia que distinguía a las obras del siglo anterior no había dejado ninguna huella?.

La fuerza del arte renace de pronto en Venecia: Benedicto Marcello (1686-1739) se consagrará por sus obras como el Príncipe de la Música, Carlos Goldoni (1707-1793) convertiráse en el Moliere italiano, y Battista Tiépolo hará florecer en su paleta los frescos y vividos colores de los grandes maestros.

Este pintor nació en Venecia, un día de marzo del año 1696, en una casa hoy desaparecida. Su apellido era el mismo do una muy antigua familia patricia veneciana, y más adelante, para distinguir al joven, hijo de un simple capitán de navio mercante, se lo llamó, entre irónica y afectuosamente, Tiepoletto.

De su madre se conoce casi únicamente el nombre de pila, Ürsula, pero se sabe también que fue ella quien lo educó, ya que el padre del niño murió cuando éste contaba un año de edad. La madre advirtió la afición que Battista manifestó tempranamente por la pintura, y lo hizo entrar como aprendiz en el taller de Gregorio Lazzarini, que gozaba en Venecia de una gran reputación.

Tiépolo fue un artista de vigoroso talento, apasionado por la pintura de líneas firmes y precisas. En la Venecia del siglo xvm, irreflexiva, espiritual, refinada en su gusto por los placeres, Tiépolo se vio influido por ese ambiente y adaptóse a la época, pero el estilo impetuoso de algunos de sus cuadros no debe hacernos olvidar su verdadera naturaleza, serena, fuerte y llena de sensatez.

El artista se dejaba llevar por su fantasía, pero el hombre prefería la dulzura apacible del hogar. Tiépolo se casó a los 23 años, el 17 de noviembre de 1719, con Cecilia Guardi, hermana del pintor Francisco Guardi, que exaltó frecuentemente en sus lienzos la frivola alegría de Venecia.

De los años de su infancia, hasta la época de su casamiento, muy poco se conoce sobre la existencia de Tiépolo.

deslumbrantes de su talento, en especial los frescos del cielo raso de los Scalzi (destruidos por una granada austríaca ), y en el Palacio Labia, en el de los Dux y en la casa Rezzonico. En el Palacio Labia representó la historia de Antonio y Cleopatra (1757) en una serie de frescos que igualan casi las fastuosas pinturas del Veronés.

En el palacio de los Dux compuso una obra imaginativa, en la que aparece Neptuno depositando a los pies de Venecia los tesoros de las profundidades.

Hasta en la lejana Rusia era conocido su nombre Catalina la Grande le encargó cuatro pequeños frescos destinados a la decoración de una bóveda, y la sociedad culta de Francia admiró profundamente su arte.

Habiendo ofrecido algunos cuadros a Luis XV, éste le retribuyó con regalos de gran valor. Durante el verano de 1750, reclamado de todas partes, se decidió a salir de Italia, con gran disgusto de sus compatriotas, que se veían arrebatar al gran artista por las fortunas extranjeras.

Fue llamado de Alemania, para ir al principado de Wurzburgo, por Carlos Felipe, príncipe obispo de Franconia oriental, con un ofrecimiento de 3.000 florines para el viaje, 21.000 por sus servicios y otros 3.000 como gratificación. Wurzburgo es una hermosa ciudad construida sobre el Meno.

El nuevo obispo, que deseaba establecerse allí en forma suntuosa, había requerido los servicios de Neumann, gran arquitecto de la época, para la edificación de su residencia, y  fue sin duda por consejo de éste que invitó a Tiépolo.

Los cuadros de Juan Bautista Tiépolo suscitaron la admiración de la corte de Francia al igual que la de España. Como expresión de agradecimiento por algunos cuadros que el artista veneciano le enviara, el rey Luis XV le hizo llegar numerosos regalos de gran valor.

Los artistas italianos eran bien acogidos en Wurzburgo. El tema que se indicó a Tiépolo fue el de las nupcias de Federico Barbarroja con Beatriz de Borgoña, acontecimiento celebrado en el año 1156 y del que la ciudad no había cesado de enorgullecerse. Tiépolo terminó los frescos en dos años, pero tampoco pudo entonces volver a Venecia, pues se le pidió que decorara la fastuosa escalera, donde prodigó la luminosidad de sus colores.

En el centro figura Apolo, y alrededor del Dios del Sol, en un firmamento mitológico, aparecen Neptuno emergiendo de las algas que parecen moverse; Venus, rodeada de palomas y amorcillos; Flora, en un desborde de flores, y Vulcano con sus oscuros cabellos y su torso bronceado. También aquí, como en los frescos del ciclo de Cleopatra, la historia de la antigüedad es interpretada libremente por el pintor, transformándose en un pretexto para el vuelo de la línea y los juegos de luces.

Regresó luego a Venecia, donde permaneció siete años, y en diciembre de 1761 anunció al patricio Tomás José Farzetti su intención de ir a España, desde donde lo llamaba el rey Carlos III. Tiépolo tenía entonces 66 años.

Llamado a Milán por el cardenal Odescalchi, Tiépolo pintó los frescos de la basílica de San Víctor, siendo ayudado por su hijo Domingo, continuador de su obra, a realizar el Cielo de oro.

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Su fama había atravesado las fronteras de su patria. En 1750,  Tiépolo fue requerido desde Wurzburgo, Alemania,  para decorar el suntuoso palacio recién construido y destinado al nuevo obispo del principado, en el que trabajó durante tres años y luego volvió a Venecia.

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Los cuadros de Juan Bautista Tiépolo suscitaron la admiración de la corte de Francia al igual que la de España. Como expresión de agradecimiento por algunos cuadros que el artista veneciano le enviara, el rey Luis XV le hizo llegar numerosos regalos de gran valor.

El 31 de marzo de 1762 confió a su hijo José María, que era religioso, el cuidado de sus asuntos privados, y con sus otros hijos Domingo y Lorenzo y su amigo José Casina, de Padua, se dirigió a España por vía terrestre. No tenía la intención de permanecer mucho tiempo lejos tarde, de haber tratado así al extraordinario artista, y para testimoniarle su reconocimiento póstumo ordenó que sus cuadros fueran colgados en el lugar de honor de la iglesia de Aranjuez. Pero a la muerte del rey, manos desconocidas los sacaron para substituirlos con obras de Mengs, y los cuadros de Tíépolo, dispersados por toda España, fueron olvidados.

Desde sus comienzos en la pintura, Tiépolo prefirió a los cuadros al óleo los grandes frescos desplegados sobre vastos muros, o en bóvedas generosamente iluminadas. Sus ángeles y sus amorcillos, sus madonas y sus santos, al igual que sus personajes inspirados por la mitología o la vida real, nunca están dispuestos de acuerdo con una disciplina preconcebida, sino que triunfan libremente, en amplios cielos y espacios sin fin.

Los límites del cuadro fueron demasiado rigurosos para este pintor, que hubiera deseado aprisionar al sol en un mural, y en su obra no debe buscarse la complacencia en el estudio de un detalle, una mano, por ejemplo, pues lo principal es el conjunto, que constituye una armónica, infinita suma de acordes, en los cuales se oponen la transparencia y los tonos sombríos, en una permanente renovación de impulsos hacia universos imponderables.

¿Cuáles fueron sus maestros? Todos aquéllos a quienes supo amar y admirar y de los que, sin embargo, se alejó. No hay en él la terrible fantasía del Tintoretto, ni la límpida serenidad del Veronés, ni el poderoso colorido del Tiziano.

Pero diríase que mojaba sus pinceles en la luz, y en sus espacios se respira el aire libre. Su alma rehuía las escenas de dolor, y aun cuando represente el martirio de un santo, es más grande la solemnidad que el sufrimiento, como si se tratara, en realidad, de una ceremonia.

Neptuno obra de tiepolo

Neptuno depositando los tesoros de las profundidades a los pies de Venecia. Palacio de los Dux.

apotiosis tiepolo obra artistica

La apoteosis del almirante Vittor Pisani es uno de los frescos que Giovanni Battista Tiepolo pintó en la villa Pisani, en Italia, entre 1761 y 1762. Representa a Vittor Pisani ascendiendo al paraíso rodeado de ángeles.

Pero, junto a estas pinturas, cuántas damitas graciosas jugando con el abanico, cuántos personajes disfrazados, cuántos alegres gitanos, encontrados probablemente en las calles de Venecia al ir o regresar de alguna fiesta, y que Tiépolo se complacía en observar, captando su aspecto brillante, multicolor, para extraer obras maestras.

El hombre del tricornio negro se agitaba quizá en el tumulto de la ciudad centelleante, y el gondolero fue para él la encarnación siempre renovada del hombre de pueblo veneciano, cuyas canciones repercuten de un palacio a otro, enlazándose sobre las aguas . . .

En sus vastas composiciones campestres hallamos al pintor sereno y reflexivo, que gustaba del trabajo minucioso cuando no estaba apremiado por quienes aguardaban alguna obra suya. Los dibujos de su taller, realizados para su placer personal y clasificados por sus hijos, nos hacen descubrir a un nuevo Tiépolo, el verdadero tal vez, ya que el dibujo es la carta confidencial en la que un artista vuelca su alma.

Con una inquietud febril dominada por la observación, escrutaba atentamente todo cuanto la vida podía ocultarle aún. Tanto los motivos animados como los inanimados lo atraían, y eso es lo que da tanto valor a las obras de sus cartones.

Su talento excepcional no fue comprendido en España, pero el espíritu del vigoroso pintor y aguafuertista habría de revivir en otro artista genial: Francisco de Goya. Cuando sus últimas obras parecían haber sido olvidadas, al igual que su nombre, un hombre se acordó de él. . . y ese hombre valía por todos.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I – Juan Bautista TiÉpolo – Editorial CODEX
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
Enciclopedia ENCARTA Microsoft

Biografía de Victor Hugo Obra Literaria del Poeta Francés

Biografía de Víctor Hugo
Obra Literaria del Romanticismo Francés

Victor Marie Hugo (1802-1885), poeta, novelista, dramaturgo y crítico francés cuyas obras constituyeron un gran impulso, quizá el mayor dado por una obra singular, al romanticismo en aquel país. La revelación de Hugo como poeta romántico data de 1929, con la aparición del volumen de poesía Orientales. Con Hojas de otoño (1831), Los cantos del crepúsculo (1835), Voces interiores (1837) y Los rayos y las sombras (1840) se confirma en su tono intimista y meditativo.

El gran poeta nació en Besanzón el 26 de febrero de 1802; su padre, general del Imperio, lo llevó, siendo muy niño todavía, a Italia y España. Los ojos del pequeño se maravillaron con los espléndidos paisajes y los incomparables monumentos de lá Europa mediterránea. Sus primeras poesías, que aparecieron más tarde bajo el título de Odas y baladas, le valieron el calificativo de “niño sublime”.

victor hugo poeta

 En 1823 hizo su primera incursión en el campo de la novela con Han de Islandia, y en 1826 publicó Bug Fargal; esta última es la historia de un esclavo negro que se sacrifica por salvar a la joven blanca, a quien ama.

Su actividad de escritor duró sesenta años, es decir, hasta su muerte, ocurrida el 22 de mayo de 1885, y durante todos esos años trabajó sin tregua. La producción de. Víctor Hugo es variadísima: compuso, en efecto, poemas, obras de teatro, novelas, escritos políticos y manifiestos literarios. Le tocó presenciar la gloria de Napoleón y su decadencia, el fin del régimen monárquico, el nacimiento de la Segunda República, el reinado de Napoleón III y la Tercera República.

Víctor Hugo aspiraba a ser el “pensamiento del siglo”, pensamiento este agitado por incesantes problemas. Así, cantó victorias, lloró derrotas y conoció el exilio. Encontramos en sus propias declaraciones la característica de su obra: “Todo lo que está en la naturaleza, está en el arte; el drama resulta de la combinación de lo sublime y de lo grotesco; el drama es la expresión de la época moderna.”

Fue nombrado miembro de la Academia Francesa en 1841, donde se lo acogió con entusiasmo delirante; de la misma manera fue aclamada en 1848 su entrada a la Asamblea Constituyente. El golpe de Estado que colocó a Napoleón III en el trono ele Francia provocó la indignación del poeta, que se constituyó en el enemigo implacable de ese hombre al que consideraba un usurpador. El pueblo entero se conmovió al enterarse que Víctor Hugo había sido proscripto por gritar su rebeldía.

Se estableció primero en Bélgica y luego en La pequeña isla de Jersey, donde publicó en 1852 Napoleón el Chico.

De regreso a París, el 4 de septiembre de 1870, dos días después del desastre de Sedán, fue elegido representante en la Asamblea Constituyente con asiento en Bordeaux.

Seis años más tarde fue nombrado senador a perpetuidad; sin embargo, el viejo titán habría de abandonar su vida política y refugiarse en la soledad, aunque, al igual que el astro al final de su trayectoria, continuaría aún irradiando su magnífico fulgor.

Escribe nuevos poemas y se consagra especialmente a El arte de ser abuelo (1877), donde traduce de manera exquisita el amor que le inspiran sus nietos. Concluye su drama Torquemada, que no pudo ser representado y cuya composición, iniciada cuarenta años antes, había abandonado ante el desaliento que le produjera el fracaso de su obra Los burgraves.

Cuando se difundió la noticia de que su fin estaba próximo, la angustia sacudió el corazón del pueblo entero, tanto amaba al anciano cuva alma estaba “en el centro de todo, como un eco sonoro”. Contra el deseo del poeta de que su entierro fuera modesto, las exequias que se realizaron en su homenaje alcanzaron gran magnificencia. El féretro que encerraba su cuerpo fue expuesto una noche entera bajo el Arco de Triunfo y doce poetas lo velaron.

Víctor Hugo fue grande en todos los géneros literarios. Entre sus libros de poemas citaremos: Las orientales (1829), Las hojas de otoño. Los cantos del crepúsculo (1833), Laces y sombras (1840), Las contemplaciones (1856), la monumental Leyenda délos siglos, cuya primera serie apareció en 1859, La canción de las calles y de los bosques (1865), Los cuatro vientos del espíritu (1881). Pero sus novelas fueron recibidas con mayor entusiasmo por sus contemporáneos. Las principales son: Nuestra Señora de París (1831), Los miserables (1862), Los trabajadores del mar (1866), El hombre que ríe (1869), Noventa y tres (1872).

Para el teatro escribió Hernani, cuya primera representación significo una terrible batalla entre los antiguos y los modernos: los partidarios del teatro clásico y los románticos, El rey se divierte, Lucrecia, Borgia, Ruy Blas. Su primera obra dramática, Cromwell, fue representada recién en 1856. Víctor Hugo la publicó con el agregado de un prefacio en el que resume todas sus doctrinas literarias.

En toda la obra de Víctor Hugo se pone de manifiesto su amor por los oprimidos, los débiles, su indignación frente a las injusticias sociales; su tema favorito es la lucha de la humanidad contra la tiranía, que representa para el poeta el peor de los males.

La naturaleza fue también fuente de inspiración; la grandiosidad del mar se ve reflejada en Los trabajadores del mar, obra escrita en Jersey, durante el exilio; es la historia de un pescador que enfrenta los mas graves peligros para poner en lugar seguro las máquinas de un navio encallado entre las rocas; lo mueve a ello el amor que siente por la sobrina del propietario de este navio. Pero, cuando luego de terribles aventuras, logra su propósito, se entera de que la joven ama a otro hombre; presa de la desesperación se abandona a la furia de las olas.

La crítica no siempre ha sido benévola con Víctor Hugo; algunos le reprochan su aplastante sonoridad; otros, sin embargo, consideran que la obra del gran escritor contiene páginas de las que puede enorgullecerse no solamente la literatura francesa, sino la humanidad pensante.

Este juicio es aplicable sobre todo a la mayoría de los capítulos que componen su novela más importante, Los miserables, en la que Víctor Hugo ha logrado combinar armoniosamente sus dotes de poeta, novelista e historiador.

El personaje central de esta obra es Jean Valjean, quien por haber cometido un delito insignificante se ve condenado a trabajos forzados. Jean Valjean consigue evadirse de la prisión y encuentra asilo en la casa de un obispo, Monseñor Miriel, hombre este que vive y obra según los principios evangélicos.

La acogida que el santo prelado le dispensa, las dulces palabras que le prodiga y, más aún, las que dirige a los soldados cuando éstos llevan ante su presencia a Jean Valjean, que le había robado dos candelabros de plata, abren un camino de luz en el corazón del condenado.

Éste cambia radicalmente y orienta su espíritu hacia el bien. Escondiéndose bajo  el  seudónimo  de  señor   Magdalena abre una fábrica; es elegido luego alcalde de una pequeña ciudad y gana poco a poco la estima general.

Pero un día, la policía detiene a un pobre idiota y lo arrastra ante los jueces, diciendo que ese desdichado es Jean Valjean. Es entonces cuando el supuesto señor Magdalena, para evitar que se condene a un inocente, decide confesar su verdadera identidad. Lo encierran nuevamente en la prisión y otra vez logra fugarse.

Cambia en esta ocasión su disfraz y recoge a una niñita, para quien llegará a ser ur verdadero padre. El policía Javert no cesa de se guir sus huellas. Un capricho del destino quiere que Jean Valjean salve la vida de su perseguidor;  sin embargo, el condenado cree que esta actitud no impedirá al policía, verdadero monstruo de conciencia profesional, cumplir su cometido. Se equivoca; antes que perder a quien lo ha salvado, Javert se arroja al Sena.

Éste no es sino un resumen muy incompleto de una historia que en realidad reúne varias otras. Al lado de Jean Valjean está Mario, en quien muchos han creído reconocer al autor; otro personaje importante es Gavroche, que simboliza el coraje y el espíritu del chiquillo pobre de París.

En esta obra monumental hay magníficas páginas de historia: Waterloo, las agitadas jornadas del mes de junio de 1832; hay descripciones sorprendentes, como, por ejemplo, la de las alcantarillas de París.

Víctor Hugo fue considerado como el jefe de la escuela romántica y muchos han sido los poetas que recibieron su influencia. Su espíritu inquieto encontraba fácilmente la inspiración, pues todo parecía interesarle.

Se le ha reprochado a menudo el haber prestado a los personajes de sus novelas y de sus dramas una excesiva grandilocuencia, pero lo sublime formaba parte de su naturaleza, y el gigante no podía llevar vestimentas de enano.

Pasajes de sus Obras Literarias:

victor hugo obras literarias

Gwynplaine, el noble raptado por ios gitanos, ha debido soportar de manos de éstos extrañas y horrorosas torturas que han transformado por completo la expresión de su rostro. En la Cámara de los Lores, de la cual es miembro, toma la palabra, y los lores estallan en carcajadas sin poder escucharlo. Este personaje es uno de los más trágicos de la obra de Víctor Hugo.

Una joven gitana, Esmeralda, gana su vida bailando y prediciendo el porvenir. Claudio Frollo, archidiácono de la Catedral, que se consagra a la alquimia, y Quasimodo, un enano deforme, la aman; pero Esmeralda sólo piensa en Feho, el hermoso capitán que la ha salvado de caer en manos del abominable sacerdote. Este la hace acusar de asesinato, y la gitana es condenada a muerte. Quasimodo la oculta en la iglesia; pero Claudio Frollo la encuentra y decide entregarla a una hechicera, quien reconoce en Esmeralda a su propia hija. Su fin está próximo: los guardias la han apresado. Desde lo alto de la Catedral, Claudio Frollo se apresta a presenciar el suplicio, pero surge Quasimodo y lo lanza al vacío. Dos años más tarde se encontrará, en el cementerio de San Lorenzo, el esqueleto del desdichado Quasimodo estrechamente abrazado al de Esmeralda; cuando pretendieron separarlo, quedó convertido en polvo. Este libro resulta pintoresco por las pinturas de la multitud, el lenguaie de los pordioseros y las descripciones del París de antaño. El tema principal es Nuestra Señora de París.

El rey se divierte

El rey se divierte: Los cortesanos de Francisco I sospechan que Triboulet, el bufón, oculta una aventura amorosa, y para desenmascararlo preparan un plan de minuciosa crueldad: lo hacen cómplice del rapio de la joven de quien lo creen enamorado, y que és en realidad su hija Blanca. Triboulet decide vengarse y va en busca de un espadachín para que éste dé muerte a un hombre cuyo verdadero nombre calla. Éste hombre es el rey. Pero Blanca salvará al soberano, vistiendo ropas masculinas y dejándose matar en, su lugar.

Hernani: La acción se desarrolla en España. Doña Sol ama a Hernani, el apuesto desterrado; pero su tío, Don Ruy Gómez aspira a casarse con ella. Por otra parte, el rey Don Carlos está también enamorado de la joven, y la hará raptar. La vida de Hernani está en las manos del anciano, quien decide acordarle una tregua si el joven le ayuda a salvar a su sobrina. Hernani promete, a su vez, que en el mismo momento en que llegue a sus oídos el sonido del cuerno que Don Ruy Gómez habrá de tocar, él se dará muerte. Don Carlos, llegado a emperador, se muestra magnánimo: indulta al proscripto y le permite casarse con Doña Sol. Pero la noche de las bodas suena el cuerno de Don Ruy Gómez. Hernani cumplirá su promesa, Doña Sol sigue los pasos de su amado y el anciano acabará también por quitarse la vida. Esta obra al año siguiente de su estreno obtuvo 45 representaciones y luego fue una obra de repertorio en todos los teatros de Europa, por la riqueza de la forma, la brillantez del estilo y la abundancia de las imágenes verdaderamante poéticas.

Cromwell: El héroe de la revolución inglesa, que ha alcanzado la cumbre del poder, ansia ceñir la corona real. El Parlamento y la ciudad de Londres están dispuestos a ofrecérsela, con lo cual verá colmados sus más caros deseos. Pero, hábilmente disfrazado de centinela, llega a saber que los monárquicos y los republicanos traman un complot contra el futuro rey. Dando pruebas de gran tacto, en el momento de la ceremonia rechaza la corona, y este gesto llena de admiración a sus mismos enemigos.

Fuente Consulatada
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Biografía de Víctor Hugo

Biografia de Baruch Spinoza Resumen de su Vida

Biografía de Baruch Spinoza

Nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632. Sus padres eran judíos emigrados de España (su apellido Spinoza deriva del original español de su familia, Espinosa) a Portugal y, más tarde, a las Provincias Unidas. Recibió una formación basada en el estudio de las fuentes clásicas judías, especialmente presentes en el Talmud.

Más tarde, sin embargo, se apartó del judaísmo como consecuencia de haber iniciado sus estudios acerca de las ciencias físicas, así como por el efecto que tuvieron en su pensamiento los escritos del filósofo inglés Thomas Hobbes y los del científico y filósofo francés René Descartes.

Baruch de Espinoza

Ver: Baruch Spinoza y su pensamiento sobre las mujeres

Miembro de la escuela racionalista de filosofía, Baruch Spinoza buscaba el conocimiento a través de la razón deductiva más que por la inducción a partir de la experiencia sensorial. Spinoza aplicó el método teórico de las matemáticas a otras esferas de investigación. Siguiendo el modelo de los Elementos de geometría de Euclides, la Ética (1677) de Spinoza desarrollaba un análisis de la moral y la religión en definiciones, axiomas y postulados.

Benito Espinosa. — Este filósofo holandés nació en Amsterdam el 24 de noviembre de 1632 y murió en La Haya el 21 de febrero de 1677. De religión hebraica su familia, debía de proceder de los judíos españoles o portugueses que fueron expulsados de la península ibérica.

Sus padres le destinaban a la profesión de rabino y en este sentido se encaminaron sus primeros estudios. Muy pronto la profundidad de su pensamiento, su gran sentido crítico y la independencia de sus juicios, le indispusieron con sus compañeros de religión, por la libertad con que examinaba las doctrinas aceptadas de teología y moral.

Adquirió entonces amistad con los cristianos y recibió lecciones de latín del humanista y médico librepensador Van der Endem. Siguió la escuela cartesiana, escribiendo un tratado de filosofía, y además escribió la Ética, libro de filosofía moral en el que expone un sistema propio sobre la materia, basado en el método de la geometría euclidiana. Los rabinos le persiguieron y hasta se intentó su asesinato.

En 1655 fue desterrado de Amsterdam, y vivió en el campo, ganando su subsistencia como pulidor de lentes. En este destierro escribió su obra De Dios y del hombre, y se presume que bosquejó el Tratado teológico-político. Espinosa hubo de variar dos veces de residencia para gozar de calma y tranquilidad que le eran muy necesarias física y espiritualmente, volviendo después a La Haya.

Al aparecer la última parte de su Ética, circuló la especie de que preparaba otra en la que negaba la existencia de Dios. Los teólogos propagaron la noticia, y tanto por el efecto que en su ánimo produjeran estas injustificadas inculpaciones como por los trabajos y privaciones por que pasaba, se agravó la dolencia de tuberculosis que le aquejaba, y falleció en la indigencia.

CRONOLOGÍA DE SU OBRA LITERARIA

1663 Renati des Cartes Principiorum philosophiae (Principios de la filosofía de René Descartes)
1663 Cogitata metaphysica (Pensamientos metafísicos)
1670 Tractatus theologico-politicus (Tratado teológico-político)
1677 (póstuma) Tractatus de intellectus emendatione (Tratado sobre la reforma del entendimiento)
1677 (póstuma) Tractatus politicus (Tratado político)
1677 (póstuma) Ethica ordine geometrico demonstrata (Ética demostrada según el orden geométrico)

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Resumen de las Etapas del Arte en Europa desde el Renacimiento

Etapas del Arte en Europa Desde el Renacimiento

La siguiente descripción es una somera sintesis de los mas destacados artistas de Europa a partir del siglo XV, desde esta misma pagina puedes acceder a conocer la vida y obra de casi todos los artistas nombrados en dicha descripción.

A comienzos del siglo XV, Europa occidental estaba dominada artísticamente por una concepción medieval que, al servicio de grandes príncipes, se expresaba mediante fantasías. Los pintores flamencos Campin, Van Eyck y luego Van der Weyden, emprendieron el regreso a la realidad mediante la reproducción fiel de las apariencias externas.

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Rogier van der Weyden (c. 1399-1464), pintor flamenco de mediados del siglo XV, destacado por el carácter innovador de sus composiciones religiosas dentro de la pintura de su época. Por lo general, las obras del pintor flamenco Rogier van der Weyden tratan sobre temas religiosos. En esta obra de 1435 aproximadamente, (actualmente en el Museo del Prado-Madrid) Conocido por el carácter innovador y dinámico de sus composiciones, en El descendimiento de la cruz.

Al mismo tiempo, artistas florentinos planteaban la cuestión artística centrándola en el hombre y, por tanto, dando a su obra una dimensión definida y real en espacio y tiempo. Brunelleschi, Donatello y Masaccio iniciaron así, en sus respectivas artes, la corriente renacentista, aplicando los principios de la anatomía y la perspectiva.

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Masaccio (1401-1428), el primer gran pintor del renacimiento italiano cuyas innovaciones en el empleo de la perspectiva científica abrieron el periodo de la pintura moderna. La expulsión del Paraíso (c. 1427) es uno de los seis frescos que Masaccio pintó en la capilla Brancacci de Santa Maria del Carmine, Florencia. El carácter innovador de estas obras reside en sus figuras de aspecto casi escultórico y en su fuerza dramática y emocional.

En torno a 1500, las preocupaciones humanistas de los artistas florentinos recibieron nuevos impulsos que hicieron llegar a sus últimas consecuencias el espíritu del Renacimiento: Leonardo, a partir de la experiencia; Rafael, por la relación de afectos y el pensamiento eclesiológico, y Miguel Ángel, por su lucha atormentada con la materia en razón de su fe religiosa, son las figuras señeras de esta etapa.

Los humanistas eran intelectuales, eruditos de formación universitaria, que comenzaron a resucitar obras filosóficas, históricas o literarias de la antigüedad grecorromana.Sus ideas se vinculaban con las aspiraciones de los sectores burgueses, que adquirieron mayor poder en la sociedad.

Entre tanto, algunos pintores germánicos Durero y Holbein, comomás destacados- difundían en el área centroeuropea y anglosajona los principios renacentistas que, asentados en la tradición medieval, daban sus mejores frutos en el ámbito del retrato y del grabado.

Alberto Durero (1471-1528), artista alemán, una de las figuras más importantes del renacimiento, conocido en todo el mundo por sus pinturas, dibujos, grabados y escritos teóricos sobre arte, que ejercieron una profunda influencia en los artistas del siglo XVI de su propio país y de los Países Bajos.

A lo largo del siglo XVI, los pintores venecianos opusieron a los florentinos una preocupación esencial por el color, interpretado por Tiziano con equilibrio clásico, en la fábula mitológica; por Tintoretto, a través del lenguaje manierista en fantasmagorías religiosas, y por Veronés, como cronista de fastos decorativos.

Jacopo Robusti, Il Tintoretto

Jacopo Robusti, Il Tintoretto (1518-1594), pintor manierista veneciano, fue uno de los artistas más destacados del último tercio del siglo XVI. Su obra sirvió de inspiración para el desarrollo del arte barroco.  El baño de Susana (c. 1550, Museo del Louvre, París), está basado en la historia del citado personaje bíblico acusado falsamente de adulterio por dos ancianos. Durante el siglo XVI, este tema sirvió de pretexto a los pintores de la época para representar la figura femenina desnuda.

Preocupación paralela a la de éste mostró el arquitecto véneto Palladio, uniendo arquitectura y naturaleza, mientras Vignola, su contemporáneo, preparaba el barroco en Roma creando la iglesia contrarreformista. Herrera, que completó El Escorial, inició un estilo geométrico y austero de amplia repercusión en el arte castellano durante más de medio siglo (estilo herreriano).

Monasterio Escorial

El Escorial es uno de esos lugares en el mundo que suele atrapar la atención de miles de turistas, que a penas llegados a la región quedan totalmente encandilados por la belleza arquitectónica e histórica, envuelta por la inmensidad de la hermosura natural. 

Antes de que finalice el siglo XVI, Carracci y Caravaggio encarnan una tendencia opuesta al manierismo dominante y a su intelectualismo, volviendo a la naturaleza por vías de belleza idealista o de extremado realismo. Nacía así la pintura barroca, que habría de hallar la máxima expresión de la realidad en el dinamismo y exuberancia del flamenco Rubens, en la transfiguración luminosa y psicológica del holandés Rembrandt y en la sencilla y difícil veracidad del sevillano Velázquez.

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Caravaggio (1573-1610): La actividad de Caravaggio se desarrolló en Roma desde 1591 aproximadamente hasta 1606, en que, después de haber matado a un hombre en una riña, emprendió una huida que solo cesaría con su muerte. A su trágica vida corresponde una pintura de extrema tensión moral y religiosa. Caravaggio busca la verdad y rechaza el arte como actividad intelectual según lo entendía el manierismo.

Así, su obra aparece como realidad en que los temas religiosos no son historia ni alegoría sino hechos presentes y cotidianos. En un caminar incansable, que aparece como revolucionario desde sus primeras obras romanas, su estilo queda definido por composiciones unitarias, brutales contrastes de luz y sombra, atmósferas y personajes reales que atraen al espectador y le impresionan por el drama vivido en cada escena. En las últimas obras, el realismo se hace exacerbado y las figuras se agrupan en una zona del cuadro, golpeadas por los efectos de luz, creando un ambiente de desolación y tragedia.

Carracci (1560-1609): Con su hermano Agostino y su primo Ludovico, Annibale Carracci fundó en Bolonia la «Accademia degli In-camminati»  para  la  formación  de pintores y la enseñanza del estilo de los grandes maestros del siglo xvi; por eso su tendencia se ha calificado de clasicista. El estilo de los Carracci reúne experiencias venecianas, de Correggio, Rafael y Miguel Ángel, entre otros, pero la esencia de su lenguaje no radica en estas influencias sino en el dominio exaltado de la imaginación, extendiendo la experiencia de lo real a lo posible.

Por ello no resulta muy exacto el calificativo de ecléctico (mezcla) que tradicionalmente se ha venido aplicando a su estilo. La capacidad creadora de Carracci permite además obras tempranas de claro realismo popular como La carnicería de Oxford (1585) y otras tardías como la Huida a Egipto de Roma (1603) de espléndido paisaje ideal y lleno de sentimiento. La belleza del ritmo y del color conmueven y captan poderosamente la atención.

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Pasado el primer cuarto de siglo XVII, el barroco penetra en la arquitectura a través de la obra romana de dos arquitectos enfrentados: Bernini, también escultor, de arte teatral, pero equilibrado y apasionadamente cristiano, y Borromini, de formas onduladas y cambiantes, frenético y angustiado; unos años más tarde, Guarini, en Turín, desarrollaría con extrema fantasía las ideas del último.

En el postrer tercio del siglo XVII, los artistas franceses, más racionales y clasicistas, se expresaban con grandeza armónica y proporcionada como homenaje a Luis XIV, el Rey Sol, relacionando en Versalles todas las artes.

Mientras, en España, Churriguera acaba definitivamente con lo herreriano en un estilo opulento y dinámico que dejó larga estela, sobre todo en el retablo castellano.

retablo de san esteban

José B. de Churriguera (1665-1725):Churriguera parece haber sido entre todos ellos el artista más original, creativo e influyente.Sobre lo churrigueresco circulan vulgarmente algunas interpretaciones erróneas y, por lo general, peyorativas. Ni es una la personalidad de los Churriguera, ni los tres artistas más distinguidos de la dinastía -los hermanos Benito (1665-1725), Joaquín (1674-1724) y Alberto (1676-1750), madrileños- son los más característicos representantes del barroco exuberante y recargado que domina en los retablos y edificios castellanos de la primera mitad del siglo XVIII. Por otra parte, la importancia y calidad de su labor en el campo arquitectónico y decorativo del pleno barroco es un hecho indiscutible.

El carácter sustancialmente ornamental del barroco logra su último esplendor por obra del turinés Meissonnier, cuyos hallazgos en torno a la roca marina -la rocalla- y otras formas asimétricas sirven de base al amable estilo rococó, tan acorde con las exigencias de la sociedad francesa del segundo tercio del siglo XVIII.

El redescubrimiento de la antigüedad desplazó definitivamente, en el último tercio del siglo, a lo barroco y rococó, dando lugar al llamado neoclasicismo; fue el escocés Adam quien acertó a aplicar la decoración antigua a la arquitectura y a otras artes suntuarias.

Por encima de lo rococó y lo neoclásico, anunciando impresionismos y expresionismos, el aragonés Goya, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, mostró una imaginación y una audacia creadora como pintor y grabador que inaugura espiritualmente el arte moderno. Ya en el siglo XIX, las tendencias pictóricas se suceden en Francia e irradian al resto de Europa. Neoclasicismo y romanticismo dominan la primera mitad del siglo.

Romanticismo: movimiento artístico que se inicia en el segundo decenio del siglo XIX y que supone una reacción contra el academicismo neoclásico. Se caracteriza, en pintura, por el gusto por temas históricos, literarios, y por los paisajes, a través de los cuales se comunica una emoción personal con sensibilidad apasionada.

Despues de 1848, las reivindicaciones sociales y políticas, los avances de la técnica y la ciencia, repercuten de forma importante en la pintura: irrumpe el realismo de Courbet despreciando idealismos y fantasías para poner en primer término los aspectos más prosaicos de la vida cotidiana.

Sobre 1870, una nueva tendencia surge en el panorama francés, representada por Monet como su cultivador más genuino: el impresionismo, con sus estudios del efecto de la luz sobre el color y las formas. Y poco más tarde, Cézanne, al ver en la naturaleza formas geométricas esenciales, comienza a derribar el sistema de representación natural que, en sustancia, permanecía inalterado desde el Renacimiento.

El Renacimiento a partir del siglo XIV, fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa.

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Claude Monet (1840-1926): En los años inmediatos a la guerra de 1870 un grupo de pintores -Monet, Pisarro, Sisley y Renoir principalmente- se sitúan el margen de cualquier imitación de tendencias precedentes y realizan una nueva pintura a la que un crítico denominó despectivamente impresionismo inspirándose en el título de una obra de Monet expuesta en 1874, Impresión: sol naciente. Aparece este pintor como el creador más original y principal representante de las conquistas técnicas y estéticas del grupo.

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Sin los matices sociales o políticos de los realistas, mediante una concepción estrictamente pictórica -que, sin embargo, hallará la misma oposición entre los conservadores- Monet buscará la realidad cromática y formal bajo los efectos de la luz. En la base de su arte se halla el pintar al aire libre y el colorido claro.

La luz transforma y altera los colores y también las propias formas, de manera que el paisaje y sus elementos surgen como visiones instantáneas no repetibles temporalmente. Preocupación primordial es el estudio de los reflejos de la luz en el agua, que tienen consistencia real semejante a la de los elementos reflejados. Este lenguaje alcanza su mayor pureza en los años en que pinta en Argenteuil (1872-78), a pesar del virtuosismo que revelan sus series sobre un mismo tema –analizando los efectos de la luz a diferentes horas- que constantemente realiza a partir de 1889.

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El cubismo que Picasso inventó hacia 1909 –imágenes mentales, no naturales, representación simultánea y en el mismo plano de los distintos elementos que constituyen una figura o un objeto- inaugura una nueva era artística.

La aportación de Kandinsky -su primera acuarela abstracta es de 1910-, al prescindir de cualquier motivo cognoscible y utilizar solo formas y colores, completaba la revolución.

Solo unos años más tarde, tres arquitectos, Gropius, Mies van der Rohe y Le Corbusier, pioneros de una nueva etapa racionalista y humanista, trataban con sus edificios de mejorar la vida humana a través de la modificación de la vivienda y la ciudad. Hasta su muerte lucharon por conseguir que sus ejemplos no quedaran en meras obras artísticas aisladas, sino que su multiplicación práctica contribuyera al bienestar general del hombre sobre la Tierra.

Fuente Consultada:
Maestros del Arte Editorial SALVAT Colección Temas Claves Aula Abierta

El Renacimiento Literario en Europa Obras y Representantes

PRINCIPALES EXPONENTES DE LA LITERATURA EUROPEA EN EL RENACIMIENTO

El Renacimiento literario tuvo lugar en Europa a través de varias etapas diferentes. Italia proporcionó, sin duda, los grandes modelos que, antes o después, harían suyos los escritores españoles, franceses, portugueses y hasta los de regiones más apartadas, corro Inglaterra, Alemania o los países nórdicos.

Aunque a menudo se señala como fecha de iniciación del Renacimiento la caída de la ciudad de Constantinopla en poder de los turcos (año 1453), debemos considerar como solamente didácticos esos hitos trascendentales que, sin negar su importancia histórica, pueden hacer de los procesos culturales  compartimientos estancos.

En verdad, lo que llamamos Renacimiento se generó lenta y oscuramente a través de una larga época pre-rrenaeentista, durante la cual el antiguo poder vital del paganismo contrastaba con el espíritu religioso predominante en la Edad Media. Por obra de la confrontación de dos orbes espirituales, se fue gestando en Europa un clima de admirada  imitación por la obra de escritores antiguos como Homero, Catulo, Safo, Horacio...

Esos textos comenzaban a irradiar los fulgores del espíritu grecolatino a través de traducciones que, como turbador tesoro, circulaban entre algunos hombres de letras. Pero debe aclararse que el conocimiento y el disfrute de la obra de estos clásicos en el mundo intelectual europeo, si bien estimuló el estudio y la investigación eruditos e inspiró la creación de obras sin duda importantes, no llegó en ningún caso a superar los reverenciados modelos. No surgieron, pues, otro Píndaro, ni un Sófocles, ni un Virgilio.

ERASMO DE rotterdamPara comenzar con los mas destacados representantes de etapa, citaremos a un ser de una avasallante personalidad humanística llamado Erasmo de Rotterdam, quien fuera una figura predominante del siglo XVI en los Países Bajos. Justamente Erasmo (imagen)  había traducido en los Países Bajos las tragedias de Eurípides “Hécuba” e “Ifigenia en Aulide”. Y, de alguna manera directa o indirecta, los “Adagios” escritos por el humanista holandés dejan traslucir la influencia de Séneca y Plotino.

Además, en Lovaina se editaron las obras de Catón y Suetonio; en Amberes, las de Cicerón y Tito Livio. Es decir, que desde los Países Bajos se proyectó la luz del mundo antiguo a través del pensamiento de Flavio Josefa y Jenofonte. En cambio, hubo una marcada influencia literaria de Italia sobre Portugal, directamente o a través de España, cuyo Siglo de Oro debe ser estudiado por separado.

Entre los escritores portugueses del siglo XV, se destacaron Duarte Brito, el infante Pedro –que estuvo en relación con Juan de Mena y el Marqués de Santillana– y el prosista Fernán Lopes, muerto en 1451; entre los del siglo XVI: Sa de Miranda, Gil Vicente, Antonio Ferreira y Luis de Camoens, autor de comedias, rimas, sonetos y del poema “Los Lusiadas”, dedicado a la gloria de Vasco de Gama y de su pueblo.

Algunas  de las principales figuras que tuvo en Italia, Francia e Inglaterra, durante los siglos XV y XVI:

Italia: Precursores (siglo XIV): Dante, Petrarca y Boccaccio. Siglo XV: M. Ficino. Pico de la Mirándola, Lorenzo de Médicis, A. Poliziano, L. Pulci, Mateo Boyardo, J. Sannazzaro, León B. Alberti, J. Savonarola y Leonardo da Vinci. Siglo XVI: Maquiavelo, Ariosto y T. Tasso, Castiglione, Miguel Ángel Buonarroti, B. Cellini y Pietro Aretino.

dante bocaccio y petrarca

Francia. Siglo XV: C. Marot, P. de Ronsard y el grupo de la Pléyade, dentro del cual se distinguió Joaquín du Bellay. Siglo XVI: Rabelais y Montajgne. Inglaterra: Precursor (siglo XIV): Geoffrey Chaucer. SigloXV: Thomas More y el “new learning”. Siglo XVI: Conde Surrey, T. Wyatt, Edmundo Spencer y otros poetas del reinado isabelino, F. Sidney, los dramaturgos John Lyly, Christopher Marlow y William Shakespeare, fallecido en el siglo XVII.

Precursores lejanos, pero directos, de la literatura renacentista en Italia fueron Dante, Petrarca y Boccaccio, admiradores de la prosa de Cicerón o Tito Livio y del verso galano de Virgilio. Después de estos tres escritores del siglo XIV y antes de llegar a los que, en el siglo XVI, correspondieron a su grandeza (Maquiavelo, Ariosto y Tasso) corresponde mencionaralos humanistas italianos del siglo XV, llamados así por cultivar las letras “humanas” y no las “divinas” o ascéticas.

Descubrieron la belleza terrenal y cantaron a los placeres condenados por el misticismo y la religión. Tuvieron puestos sus ojos en la Antigüedad grecolatina y fundaron, en la ciudad de Florencia, una Academia Platónica, movimiento que tuvo por abanderados a Marsilio Ficino y Juan Pico de la Mirándola.

Los tres poetas más destacados del Renacimiento literario toscano fueron Lorenzo de Medicis (apodado El Magnífico), Ángel Poliziano y Luis Pulci, autor, éste último, de un poema heroico-burleseo “11 Morgante maggiore”, cuyo protagonista, gigantesco escudero del caballero Rolando, es un anticipo del Sancho cervantino. Casi contemporáneamente, fue escrito el poema “Orlando innamorato”, de Mateo Boyardo y, poco después, la famosa novela pastoril “Arcadia”, de Jacob o Sannazzaro, inspirada en el “Ameto” de Boccaccio, una de las primeras muestras del género.

A esta misma época pertenecen los trabajos del humanista León B. Alberti, polígrafo, matemático, arquitecto y pintor, quien contribuyó al desarrollo de la lengua italiana con sus numerosas obras, entre las cuales merecen recordarse el tratado “Dall’amore” y “Cena di familia”.

También los del fraile dominico Jerónimo Savonarola, quien, después de la caída de los Médicis, gobernó a Florencia durante cuatro años, acerca de lo cual versa una de sus narraciones. Finalmente, Leonardo da Vinci, genio universal, quien en materia literaria legó a la posteridad sus famosos “Manuscritos” y su “Tratado sobre la Pintura”.

maquiaveloYa en el siglo XVI, Nicolás Maquiavelo (1469-1527) se destacó como historiador, novelista, poeta y autor teatral, actividades que cultivó a partir de los 35 años de edad, ya retirado de los importantes cargos públicos que tuvo que desempeñar con anterioridad.

Escribió “El arte de la guerra”, “El príncipe” (serie de consejos sobre el arte de gobernar), la “Historia de Florencia”, el “Discurso sobre la primera época de Tito Livio” y la farsa “La Mandragora”.

Ludovico Ariosto (1474-1533), a quien se señala como el segundo gran poeta de Italia (después de Dante), presentó en su “Orlando furioso” una faz burlesca del tema heroico, paralelo al “Orlando enamorado” de Boyardo. Escribió también sátiras y comedias.

Torcuata Tasso (1544-1595), poeta que obedeció al influjo de la Contrarreforma católica, ofreció, en su poema “Jerusalén liberada”, la historia de la Cruzada emprendida por Godofredo de Bouillon, el que liberó, en 1099, la ciudad de Jerusalén y el Santo Sepulcro. Más tarde escribió “Jerusalén conquistada”, segunda parte que, por fría y retórica, resultó menos feliz. También compuso el drama pastoril “Aminta”, en un prólogo y cinco actos.

Otras obras de esta época fueron, en Italia: “II Cortegiano”, de Baltazar Castiglione, espejo de ideas y costumbres; los sonetos de Miguel Ángel Buonarroti, inspirados en el amor ideal que sentía por la poetisa Vittoria Colonna, las “Memorias” de Benvenuto Cellini, el gran orfebre y escultor y las comedias y tragedias de Pietro Aretino, bastante inmorales.

En cuanto al Renacimiento francés, éste surgió como consecuencia de lo aprendido en Italia por Luis XII y Francisco I, en sus guerras de conquista. La lírica francesa del siglo XV tuvo por abanderados a Clément Marot, poeta de la corte de Francisco I y a Pierre Ronsard, quien, juntamente con J. du Bellay y otros poetas, formó el grupo de la “Pleiade”, que tendría como modelo a las literaturas griega y latina y cuyo ideal sería la purificación del idioma francés.

Protegido por tres reyes –Enrique II, Carlos IX y Enrique III- Ronsard fue celebrado, en su época, como autor de odas, sonetos y de un poema épico que dejó inconcluso: “La Franciade”. La prosa francesa durante el siglo XVI tuvo representantes como el cuentista Francisco Rabelais (satírico, mordaz y proclive a la obscenidad) y filósofos y moralistas como Miguel de Montaigne.

tomas moroEl Renacimiento propiamente dicho se produjo en las Islas Británicas, durante el reinado de Enrique VIII (1509-1547), vinculado con la corriente humanística que tuvo al holandés Erasmo y a Tomás Moro por adelantados. Éste último escribió “Utopía”, obra en la que describe una República ideal, fruto de sus desdichadas experiencias políticas.

Cultivaron la imitación de ejemplos italianos el conde de Surrey, llamado “El Petrarca inglés” y sir Tilomas Wyatt, quienes introdujeron el soneto en Inglaterra. Luego, durante el reinado de Isabel, el Renacimiento cobró mayor fuerza y se tradujeron los libros de Homero, Plutarco, Virgilio y Tito Livio.

La “era isabelina” tuvo un gran poeta, Edmundo Spenser, quien imitó a Chaucer y a los integrantes de la Pléyade francesa. Entre los dramaturgos ingleses del siglo XVI se destacaron dos: John Lyly y Christopher Mariowe.

Este conjunto culmina con la figura de William Shakespeare (1564-1616), nacido y muerto en Stratford-on-Avon. De sus numerosas tragedias y comedias muchas son, por su tema y su estilo, de neto corte renacentista (“Romeo y Julieta“, “Julio César”, “Antonio y Cleopatra”. etc.), mientras otras fueron una anticipación de obras que sobresalieron en los siglos posteriores.

PARA SABER MAS….

Renacimiento de la literatura griega en Italia. — La lengua griega había sido olvidada completamente en la Europa occidental hasta casi el final de la Edad Media; sólo algunos eruditos escolásticos tenían escasos conocimientos de ella y la ignorancia de dicha lengua se extendía también a Italia, a pesar de los contactos que dicha península tenía frecuentemente con los griegos y haber poblado gentes de esta raza su territorio por espacio de siglos.

Los poetas griegos fueron escasamente citados entre los siglos VI y XI. Petrarca y Boccaccio promovieron el renacimiento de aquel lenguaje y la restauración de sus enseñanzas. Ambos personajes estudiaron por sí mismos el griego, el primero leyendo a Platón con un erudito de Constantinopla y el segundo motivando en Florencia disertaciones públicas acerca de Homero. A fines del siglo XIV, un letrado de Constantinopla llamado Manuel Chrysoloras, enseñó literatura griega en Florencia y luego, sucesivamente, en Pavía, Venecia y Roma.

Creada la afición a las nuevas enseñanzas, los estudiantes italianos marchaban a Constantinopla, no sólo para estudiar el griego en su propio ambiente, sino para adquirir manuscritos que contenían estimables textos clásicos. En 1423, uno de estos estudiantes coleccionistas trajo a su ciudad natal, Venecia, unos 240 volúmenes de obras clásicas. Pero el momento culminante para el renacimiento general de los estudios de la literatura clásica griega fue el de la toma de Constantinopla por los turcos, hecho que motivó la dispersión de muchos literatos eruditos y otras personas ilustradas que, en gran número, se esparcieron por Europa.

Algunos papas, entre ellos Nicolás V, alentaron en el siglo xv los estudios clásicos griegos, y, antes de la caída de Constantinopla, Juan Bessarión, Teodoro Gaza y Jorge de Trebisonda, difundieron los estudios helenísticos por Florencia, Ñapóles y Roma. De los exiliados griegos fue, tal vez, el más ilustre, Andrés Juan Láscaris, llamado Rindacenus, a quien llevó a Padua Bessarión, y después Lorenzo de Médicis encargó de la biblioteca de Florencia.

Desde Italia esta afición por restaurar la literatura clásica se extendió a Francia, Inglaterra y Alemania; en 1548 fue nombrado en la Universidad de París el primer profesor de griego y, tiempo después, se fundaron cátedras de dicha lengua en Oxford a cargo de Grocyn y Colet, y en Cambridge, a cargo de Erasmo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°32 El Renacimiento Literario en Europa Edit. Cuántica
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía del Poeta Rubén Dario El Modernismo Vida y Obra

RUBÉN DARÍO:VIDA Y OBRA LITERARIA DEL POETA

Rubén Darío,  seudónimo de Félix Rubén García Sarmiento , nació en 1867 en Metapa, Nicaragua y es considerado un hito en las letras hispanas. Fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense, considerado el fundador del modernismo. Siendo aún niño sus padres se separan y quedó al cuidado de su abuela en Managua.

Desde muy joven leía poesías y se destacó como un gran hombre de la literatura. Estando en 1888 en Chile publicó  su primer libro, Azul..El libro Azul… considerado la renovación de la letras hispanas a través del modernismo y despertó el interés por el escritor español Juan  Valera. A los 24 años y ya de regreso a Managua se casa con Rafaela Contreras, con quien tiene su primer hijo. Rafaela muerte en 1893.  Publica en 1915 La vida de Rubén Darío y, enfermo,muere al año siguiente. (1916).

El Modernismo es el movimiento que predomina en la poesía de final del siglo XIX y principios del XX. Como reacción al Realismo, busca crear un universo imaginario, habitado por la belleza, el exotismo y la sensualidad.

La literatura modernista se caracteriza por la búsqueda de la belleza, tanto en las formas de expresión como en los contenidos. Para alcanzarla, la estética modernista se caracteriza por tres rasgos esenciales: la sensorialidad, la perfección formal y la ambientación en lugares fantásticos.

poeta Rubén Darío

Creador del  modernismo, favoreciendo el encuentro entre las letras de España y Latinoamérica.Cuando en España el género poético decaía, Rubén Darío aporta  una savia que, junto con Bécquer, inició el camino para el florecimiento de eximios poetas.

HISTORIA DE SU VIDA: A fines del siglo XIX, surgió en América un importante movimiento literario llamado “modernismo”, cuya figura preponderante fue el nicaragüense Rubén Darío. Este halló terreno propicio para su obra en lo realizado, poco antes, por algunos poetas y prosistas considerados hoy como sus precursores: entre ellos, el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera, el cubano José Martí y el colombiano José Asunción Silva. Los tres tuvieron vida breve: nacieron durante la segunda mitad de esa centuria y fallecieron antes de su terminación.

Se ha dicho que el “modernismo” no tuvo unidad de estilo v que, por lo mismo, comprendió varias escuelas, ajustándose, también, a diversos géneros, como la novela, el teatro, la crítica, el ensayo y, por supuesto, la poesía. Sufrió la influencia del positivismo y compartió tendencias estéticas diferentes y antagónicas: desde las últimas vicisitudes románticas, inspiradas por Heine, Bécquer y Verlaine, hasta el realismo narrativo a la manera de Flaubert y Zola o la desbordante fantasía de D’Annunzio y Alian Poe.

Parnasianos y simbolistas, neoclásicos e intimistas, se dieron cita en la cruzada renovadora del modernismo para cambiar los lineamíentos existentes. La idea del “arte por el arte”, es decir el cultivo de la literatura sin otros fines que los estéticos, se impuso por doquier, bregándose por un refinamiento verbal destinado a alcanzar sonoridades de gran belleza. Su ejemplo encontró amplio eco en la voz de graneles escritores posteriores, como Unamuno, Valle Inclán, Manuel y Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

En la Argentina su continuador fue Leopoldo Lugones. Rubén Darío nació en la aldea de Metapa (actualmente, Ciudad Darío), en 1867. Su verdadero nombre fue Félix Rubén García Sarmiento, pero lo cambió por el de Darío, que era el de uno de sus bisabuelos, tras una infancia triste. Poco antes de que él naciera, sus padres se separaron y el poeta pasó su infancia en la ciudad de León, donde vivió en casa de unos parientes.

Estudió en un colegio religioso y , adolescente aún, logró emplearse en la Biblioteca Nacional de Managua. Allí cultivó la lectura de los clásicos españoles y franceses. Se trasladó, por un tiempo, a El Salvador, pero dos años más tarde, regresó a Managua donde publicó su libro de versos “Primeras notas”. A los diecinueve años de edad, viajó a Chile, donde desempeñó diversos cargos, y publicó dos tomos poéticos de tendencia becqueriana: “Abrojos” y “Rimas”. Poco después, en 1888, vio la luz “Azul”, libro en el que alternan la prosa y el verso.

En efecto, incluye cuentos fantásticos, líricos y realistas, con descripciones, impresiones personales, cuatro poemas inspirados en las estaciones del año y otras poesías de logrado acento. Darío envió un ejemplar de este libro al famoso escritor y crítico español Juan Valera, a quien no conocía y la respuesta fueron dos cartas muy elogiosas que el autor incluyó, como Prólogo, en ediciones futuras.

En 1889 regresó a Nicaragua y, desde allí, fue a El Salvador, Guatemala, Costa Rica y otros lugares del Nuevo Mundo. Contrajo enlace con una costarricense y tuvieron un hijo, pero su esposa falleció tres años después, mientras Darío se hallaba en España representando a su patria en las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. Volvió a casarse, pero no fue afortunado en este segundo matrimonio y vivió separado de su mujer. En 1893, Colombia lo designó cónsul en Buenos Aires.

Antes de viajar a la Argentina, visitó Nueva York y París. Residió durante cinco años en Buenos Aires, ciudad donde publicó, en 1896, uno de sus mejores trabajos: “Prosas profanas“, volumen de versos que fue considerado revolucionario y donde rindió tributo» a la antigua galantería, a los mitos griegos y a una Edad Media idealizada. Incluye la célebre “Sonatina”, en versos alejandrinos, “Sinfonía en gris mayor” y “La página blanca” (por la cual desfila la caravana de la vida).

También en 1896 publicó “los raros”, donde analizó la labor realizada por algunos de sus contemporáneos, poco conocidos. Dos años después, dejó la Argentina —a la que siempre consideró como su segunda patria— y viajó rumbo a España, donde actuó como ministro plenipotenciario de Nicaragua. Tuvo allí por compañera dócil y abnegada a Francisca Sánchez, una joven española a la que conoció en Madrid. En esta ciudad publicó, en 1905, su obra cumbre: “Cantos de vida y esperanza”, sobre la cual diría, años después: “Si ‘Azul’ simboliza el comienzo de mi primavera y ‘Prosas profanas‘ su plenitud, ‘Cantos de vida y esperanza‘ encierra las esencias y savias de mi otoño”.

Viajó dos veces más a la Argentina; la última, en 1912. Durante estos años, publicó “El canto errante” (1907) y “Poema de otoño” (1910). Cuando estalló la guerra, en 1914, Rubén Darío —que estaba en Europa— volvió a América. Residió en los Estados Unidos, en Guatemala y en Nicaragua, donde falleció el 6 de febrero de 1916.

Portada del Primer Libro de Rubén Darío: Azul (1888)

Origen e influencias del Modernismo:
Tradicionalmente se ha considerado que el Modernismo surgió en Hispanoamérica con la obra de José Martí y con la publicación en 1888 de Azul, del poeta nicaragüense Rubén Darío. Los escritores nacidos en las jóvenes repúblicas americanas que se habían independizado de España en el transcurso del siglo XIX querían apartarse de la tradición española y buscaron sus fuentes en literaturas como la inglesa, la italiana y, sobre todo, la francesa. Se produjo así una profunda renovación formal y temática, y se incorporaron al castellano numerosas palabras procedentes de otras lenguas.

El Modernismo es un movimiento que recibe las influencias francesas del parnasianismo y del simbolismo. El parnasianismo cultiva el arte por el arte (un arte desinteresado), la perfección formal, el gusto por el detalle y lo mitológico y la afición por lo exótico y lo sensorial. El simbolismo, por su parte, quiere ir más allá de lo exterior y de las apariencias a través del uso de los símbolos. El mundo exterior es el reflejo de realidades ocultas que el poeta descubre.

En sus composiciones, las ideas o los sentimientos se expresan a través de elementos físicos como los objetos o los colores. Así, en el simbolismo se procede a la expresión de lo subjetivo mediante elementos sensoriales. El Modernismo español tiene una mayor influencia simbolista: predomina en él el intimismo (que enlaza con la poesía posromántica de Bécquer o de Rosalía de Castro) y es menos frecuente la presencia de elementos exóticos. De esta forma, aunque la sensualidad aparece reflejada en las composiciones españolas, se aprecia con frecuencia la expresión de sentimientos como la melancolía y la angustia a través de diversos símbolos.

Darío fue el verdadero artífice de la estética modernista y de la renovación de la literatura castellana. Tras su llegada a España en 1892, se convirtió en un punto de referencia para los poetas españoles de su tiempo, con los que estableció también relaciones personales muy estrechas.

Fuente:
La Enciclopedia del Estudiante La Nación Tomo N°15 Literatura Española y Hipanoaméricana Edit. Santillana

Fragmento de “Estival”, de Azul…
De Rubén Darío

La tigre de Bengala,
con su lustrosa piel manchada a trechos
está alegre y gentil, está de gala.
Salta de los repechos
de un ribazo al tupido
carrizal de un bambú; luego a la roca
que se yergue a la entrada de su gruta.
Allí lanza un rugido,
se agita como loca
y eriza de placer su piel hirsuta.

La fiera virgen ama.
Es el mes del ardor. Parece el suelo
rescoldo; y en el cielo
el sol, inmensa llama.
Por el ramaje obscuro
salta huyendo el canguro.
El boa se infla, duerme, se calienta
a la tórrida lumbre;
el pájaro se sienta
a reposar sobre la verde cumbre.

Siéntense vahos de horno;
y la selva indiana
en alas del bochorno,
lanza, bajo el sereno
cielo, un soplo de sí. La tigre ufana
respira a pulmón lleno,
y al verse hermosa, altiva, soberana,
le late el corazón, se le hinche el seno.

Contempla su gran zarpa, en ella la uña
de marfil; luego toca
el filo de una roca,
y prueba y lo rasguña.
Mírase luego el flanco
que azota con el rabo puntiagudo
de color negro y blanco,
y móvil y felpudo;
luego el vientre. En seguida
abre las anchas fauces, altanera
como reina que exige vasallaje;
después husmea, busca, va. La fiera
exhala algo a manera
de un suspiro salvaje.

Un rugido callado
escuchó. Con presteza
volvió la vista de uno y otro lado.
Y chispeó su ojo verde y dilatado
cuando miró de un tigre la cabeza
surgir sobre la cima de un collado.
El tigre se acercaba.

Fuente Consultadas:
Ciencia Joven Diccionario Encicloédico Tomo V – Vida de Rubén Darío
Enciclopedia Electrónica ENCARTA
La Enciclopedia del Estudiante La Nación Tomo N°15 -La Nación-

Van Eyck Vida y Obra Artística Arte Flamenco Biografía

BIOGRAFIA Y OBRAS DE ARTE DE JAN VAN EYCK, PINTOR FLAMENCO

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: Al mismo tiempo que se afirma el Humanismo italiano, un arte nuevo nace también en Flandes, favorecido por el bienestar y la prosperidad de la comarca, una de las más adelantadas de Europa en lo social y económico. Podemos afirmar que el verdadero Renacimiento flamenco nace con la pintura de Juan van Eyck, nueva sin ser revolucionaria, e impregnada de un humanismo distinto pero tan convincente como el italiano.

FLANDES Y BRABANTE: En 1419, Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, traslada su sede de Dijón a Brujas, en el corazón de Flandes. Y es así como esta región, ya floreciente, viene a hallarse en el centro de uno de los Estados más prósperos y poderosos de Europa. El panorama que ofrecen las ciudades flamencas durante este período es el de una actividad alegre y serena que abarca los campos del comercio, la artesanía y la edificación, desenvolviéndose bajo el signo de la paz y la seguridad confiada en el mañana.

Igualmente florecientes son las condiciones en Brabante, cuyos centros de Bruselas y Lovaina comienzan a renovarse en su aspecto arquitectónico como consecuencia del incremento de las actividades ciudadanas. En efecto, los Países Bajos son, en el siglo XV, un hervidero social y económico. Y éste es el terreno donde se desarrolla una vida cultural y artística que se expresa en la obra de algunos grandes pintores, entre los que descuella netamente la figura de Juan van Eyck.

Jan (Juan) van Eyck (1390-1441), pintor flamenco que trabajó en Brujas, se cree que  fuera oriundo de Maaseik, provincia de Limburgo. En 1422 trabajó en La Haya para Juan de Baviera, príncipe-obispo de Lieja. En los años de su juventud Van Eyck trabajó en Tournai, capital de la escultura, junto a un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle, identificado mas tarde como Robert Campin, fue fundador del Ars nova, estilo pictórico del gótico tardío en el siglo XV, que anuncia el renacimiento en el norte de Europa.

autoretrato de van eyck

El hombre del turbante
Se cree que El hombre del turbante (1433, National Gallery, Londres) es un autorretrato de Jan van Eyck.
Su obra era de un gran realismo para la época.

Lo poco que se sabe de su primera época hace que se centre la atención en la relación artística que mantenía con su hermano Hubert. La oscuridad que rodea a la figura de éste ha provocado especulaciones y debates interminables entre los historiadores del arte, y hasta se ha llegado a sostener que tal hermano nunca existió.

El arte de esta etapa flamenca se identifica  por el naturalismo de vívidos colores al óleo, la meticulosidad de los detalles, la precisión de las texturas y la búsqueda de nuevos sistemas de representación del espacio tridimensional o perspectiva. En 1425 Felipe III el Bueno, duque de Borgoña, le nombró pintor de la corte, cargo que conservó hasta su muerte. La relación que mantenía con el duque era tan buena que éste le encargó algunas misiones diplomáticas secretas.

La Región Flamenca , o simplemente Flandes , es una de las tres regiones que componen Bélgica, junto con la Región Valona y la Región de Bruselas-Capital. Flandes limita al suroeste con Francia, al noroeste con el mar del Norte, al norte y este con los Países Bajos, y al sur con Valonia.

Se puede decir que la posición artística de Juan van Eyck, quien fue co-autor del políptico (ver imagen abajo) , comienza en las premisas del arte de aquél se hallan ya presentes en las mejores expresiones de la miniatura franco-flamenca del siglo XVI, en los diáfanos cielos abiertos de los Libros de Horas de los hermanos de Limburgo, en el minucioso ajuste a la realidad de las cosas, y en ese naturalismo analítico, que constituía la más fascinante característica de aquellas hojas miniadas.

Y parece haberse comprobado que el mismo van Eyck inició sus actividades artísticas como miniaturista. Es así como la crítica le atribuye, concordemente, algunas hojas de las “Horas” conservadas en el Museo de Turín, que estilísticamente entroncan con la tradición representada por los mencionados hermanos de Limburgo. Pero, con el Cordero Místico, la experiencia miniaturista es superada por una concepción pictórica de mucho más vasto empeño, en la que van Eyck se revela no solamente hábil en la composición y el dibujo, o en su conocimiento de la perspectiva y la anatomía, sino, sobre todo, por las infinitas posibilidades expresivas que hace nacer de la fusión de la luz y del color.

Su lento y meditado descubrimiento de la realidad alcanza, así, una esfera de solemne contemplación y de transfiguración. Humanista es el ideal de van Eyck por su afectuoso y apasionado interés hacia el hombre, pero no descubre la dignidad de éste a través del estudio de los clásicos, sino captándolo en su verdad cotidiana y acercándose a su vida más íntima y secreta.

Pintor de corte de Felipe el Bueno, Juan van Eyck gozó de gran favor por parte de sus contemporáneos, que le hacían numerosos encargos.  Así nacen sus obras más conocidas, desde la Virgen del Canónigo van der Paele hasta la Virgen del Canciller Rolin y el Retrato de los esposos Arnolfini. En todas sus obras se percibe extraordinaria afición por el detalle.

Cada pormenor es un cuadro dentro del cuadro, y es, a veces, un trozo pictórico y poético de sorprendente realismo una naturaleza muerta en la penumbra de un armario, un florero al pie de la Virgen, el precioso vestido de un donante que tiende como a fraccionar la atención del que mira. Pero, sobre todo, es el mágico efecto de la luz, que parece brotar casi de la misma materia pictórica, el que confiere unidad y coherencia al conjunto.

Y tanto el nítido paisaje urbano, como la rica morada burguesa de sus pinturas, son signo de una sólida solvencia, de una fe en las cosas de este mundo, que testimonian el logrado equilibrio de una sociedad en la que el arte de van Eyck y de los pintores que lo siguieron ha encontrado una de sus más valiosas condiciones de existencia. Juan van Eyck murió en el año 1440, honrado por todos y, en especial, por Felipe el Bueno,  duque  de Borgoña,  su protector.

EL   MAESTRO   DE   FLEMALLE: En los años de la juventud de van Eyck trabajaba en Tournai, capital de la escultura, un pintor de misteriosa personalidad, llamado el Maestro de Flémalle. Durante cierto período se ha creído que sus obras debían atribuirse a la juventud de Rogelio de la Pasture (van der Weyden), mientras que ahora, casi uniformemente, se lo identifica con Roberto Campin, nacido en Valenciennes, que actuó en varias ciudades de los Países Bajos.

La educación de este maestro, como se desprende de las obras que han quedado de él, presenta aspectos profundamente distintos de los típicos en la concepción de van Eyck. Es evidente, sin duda, que se ha formado en contacto con las grandes escuelas de escultura, y que ha tenido oportunidad de conocer y asimilar la enseñanza del gran escultor borgoñón Claus (Nicolás) Sluter.

Derivan de ese precedente el fuerte plas-ticismo de sus pinturas, la abierta vena expresionista de carácter aún medieval y la tendencia a poner en primer plano las figuras, sin ninguna conexión con la escena del fondo. Estamos lejos de la sensibilidad pictórica de van Eyck, que resolvía el problema de la representación de formas y volúmenes mediante matices de luz y de color. Sólo en sus últimas obras el Maestro de Flémalle muestra haber experimentado la influencia de su más joven y famoso colega, dulcificando los contornos con una luminosidad más suave y difusa, y creando una atmósfera de tiernas vibraciones.

Políptico del Cordero Místico; detalle del panel central celos Apóstoles y los Eclesiásticos (1426, aprox. -1432)
– Iglesia de San Bavón – Gante.

Detalle del Políptico del Cordero Místico

 La renovación substancial que en vano se buscaría en la arquitectura o en la escultura flamencas del siglo XV, se encuentra, en cambio, en el campo de la pintura. Con las grandes personalidades de Juan van Eyck, de Rogelio van der Weyden (de la Pasture), de Diderico Bouts y de Hugo van der Goes, se asiste al surgimiento de un tipo de pintura que, si bien tiene sus orígenes en el naturalismo del arte gótico, se afirma como un movimiento completamente nuevo, distinto pero no menos importante que la pintura del siglo XV italiano. El gran políptico de Gante es como el triunfal anuncio de este mundo nuevo: comenzado alrededor de 1426 e inaugurado en 1432, fue parcialmente pintado por Huberto van Eyck, el misterioso hermano de Juan, cuya existencia misma ha sido controvertida por muchos críticos modernos y considerada una leyenda.

JUAN VAN  EYCK (1390, aprox. – 1441): Retrato   de  Arnolfini y de su mujer (1434) – Galería Nacional. Londres.
Retrato, escena de ambiente y estudio de costumbres, como ha sido justamente definida, la tabla que representa a los cónyuges Arnolfini es una de las más grandes obras de Juan van Eyck y una de las que mejor manifiestan la manera de pintar y el estilo del artista. Cada detalle del ambiente ha sido estudiado con gran cuidado, como si se lo mirase a través de una lente de aumentó; así sucede con los muéblesela araña, las paredes, los detalles de los vestidos y el pequeño espejo del fondo en el que se reflejan todos los pormenores de la pequeña cámara. Pero tal examen nada quita al rigor equilibrado con que ha sido representado el ambiente en su conjunto, debido a que las más sutiles exactitudes del dibujo están acompañadas por la vibración de la luz que unifica los detalles, acaricia la superficie de las cosas y define toda la atmósfera. La atención del pintor a los datos ambientales es, por otra parte, característica de toda la pintura flamenca del siglo XV: el revivido interés por el hombre se convierte, en los flamencos, en búsqueda de la ubicación del personaje en el mundo real   en   que   vive.

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen del Canciller Rolin.  (1425, aprox.) – Museo del Louvre. París.
Detrás de la vigorosa imagen del Canciller Rolin se despliega un diáfano paisaje fluvial, y cada elemento del panorama, hasta el más pequeño y lejano, es puesto de relieve con sutilísimo análisis descriptivo.

Virgen de la Fuente de Van Eyck

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. – 1441): La Virgen de la Fuente Museo Real de Bellas Artes.   Amberes.
El fondo del cual surge la imagen es precioso y florido, según La concepción pictórica y el gusto típicos del mundo gótico tardío. En cambio la figura misma de la Virgen, solemne en su amplio manto drapeado posee un relieve y una plasticidad absolutamente ignorados por los delicados y refinadísimos pintores del ya arcaico gótico internacional.

Van Eyck Retrato del Cardenal

JUAN VAN EYCK (1390, aprox. –  1441) Retrato del Cardenal Albergan (1434, aprox.) -Museo de Historia del Arte.  Viena.
El brillantísimo análisis de los datos de la realidad, que ya se ha notado en las escenas de ambiente o en los fondos naturales de la pintura flamenca, triunfa sobre todo en la serie de hermosísimos retratos que Juan van Eyck ejecutó de los hombres más famosos de su época: eclesiásticos, ricos burgueses, conocidos comerciantes, influyentes banqueros. Ninguna característica del rostro escapa al implacable análisis del pintor: cada arruga, cada cabello, cada detalle mínimo es precisado y descripto con grandísimo cuidado. Sin embargo, esta concepción microscópica de la realidad no es un fin en sí, sino que luego se transforma, por efecto de la luz y del color, en una potente síntesis; y de la observación de los mínimos detalles de un rostro nace un retrato vigoroso que revela todo un mundo interior.

Fuente Consultada:
Enciclopedia del Arte Fasc. N°59 ARTERAMA Editorial CODEX

Biografía de Camus Albert Su Obra Literaria Premio Nobel

RESUMEN DE LA VIDA Y OBRA LITERARIA DE ALBERTO CAMUS

Albert Camus (1913-1960), novelista, ensayista y dramaturgo francés, considerado uno de los escritores más importantes posteriores a 1945.  El escritor francés del siglo XX, Albert Camus, sometió a examen lo que él consideró la absurdidad de la condición humana y la trágica incapacidad de los seres humanos a la hora de comprender y trascender su situación. A lo largo de su obra, Camus describe un mundo aparentemente irracional en el que los seres luchan infructuosamente por encontrar significado y razón a sus vidas.

Así, en El extranjero (1942), el protagonista mata a un hombre sin ninguna razón aparente y acepta sin más su condena. Por el contrario, los personajes de La peste (1947) luchan con valentía contra el absurdo.

Pertenece al gruyo de escritores franceses que nunca cayeron en el olvido. A partir de aquel día de enero de 1960 en que un accidente automovilístico transformó su vida en un trágico destino, el escritor oriundo de Argelia conquistó y ara siempre a sus lectores.

Camus Albert Escritor

Su obra, caracterizada por un estilo vigoroso y conciso, refleja la philosophie de l’absurde, la sensación de alienación y desencanto junto a la afirmación de las cualidades positivas de la dignidad y la fraternidad humana.

Albert Camus nació en Mondovi (Argelia) el 07 de noviembre de 1913. Es el segundo hijo de Lucien Camus, peón y Catalina Sintes, una joven dama de origen español que no sabe escribir y que apenas habla. Lucien Camus murió en la batalla del Marne durante la Primera Guerra Mundial. El joven Albert no conoció a su padre. Su madre entonces se instaló en los barrios pobres de Argel, Belcourt.

El joven Camus, ya en la escuela y con la ayuda de uno de sus profesores, el Sr. Germain, Albert Camus ganó una beca para continuar sus estudios en la Escuela Bugeaud de Argel. Descubrió las alegrías de fútbol y se convirtió en el arquero de la escuela. Amó la filosofía a través de su maestro Jean Grenier.

Camus Albert

Camus con su equipo de fútbol

Obtuvo su bachillerato en 1932 y comenzó a estudiar filosofía. Ese año publicó sus primeros artículos en una revista estudiantil. Se casó en 1934, con Simone Hié y desempeñará diversos trabajos ocasionales para financiar sus estudios y mantener a la pareja. En 1935, se unió al Partido Comunista, partido que abandonó en 1937.

Su vida estuvo marcada por los grandes conflictos del siglo XX: la Segunda Guerra mundial, durante la cual participó en la resistencia contra el nazismo; la guerra de Argelia por su independencia, que hirió profundamente los últimos años de su existencia, y sobre todo la Primera Guerra mundial, en la cual su padre murió de la heridas recibidas en la batalla del Marne.

En 1936, cuando se graduó en filosofía en Estudios de Posgrado, fundó el Teéatre du Travail y escribe con tres amigos en Revolución en Asturias (una insurrección obrera) , una pieza que será luego prohibida.

En 1938, se convirtió en un periodista del  Alger-Républicain donde es particularmente responsable de informar los juicios políticos argelinos. Al poco tiempo Alger-Républicain cesa su publicación y Albert Camus se traslada a París, para trabajar como secretario de redacción de Paris-Soir. Se divorcia de Simone Hie, y se casa con Francine Faure.

En 1942 participó activamente en un movimiento de resistencia y publicó artículos en un periódico llamado Combat que se convertirá en símbolo de la liberación. Ese mismo año publicó en El Extranjero y el Mito de Sísifo por Gallimard. Ambos libros penetran en los jóvenes lectores y elevan a  Albert Camus a la prominencia, cuando grandes personalidades de la época, como Jean-Paul Sartre   (a quien conoce en 1944) dirá: “la conjunción admirable de una persona , una acción y de una obra”

En 1945, es la creación de Calígula, que revelará Gérard Philippe. Dos años más tarde, publicó La Peste, que fue un gran éxito. Es ese año dejó el diario Combat.

En 1951, la publicación de El Hombre Rebelde, donde expresa su reflexión sonbre la rebelión, le valió la ira de tanto surrealistas y de existencialistas. André Breton estaba furioso con  Camus en Lautréamont y Rimbaud. Los existencialistas se molestan con la publicación de un artículo muy crítico en Modern Times, una revista cuyo director es nada menos que Jean-Paul Sartre. Esta controversia hará que en el próximo año termine definitivamente la relación entre Camus y Sartre.

Albert Camus  sufre un gran dolor por la situación de la independencia de Argelia. Toma posición en el L´Express, a través de varios artículos donde muestra que vive este drama nacional como una verdadera “desgracia personal.” Incluso en Argel intentará un llamamiento a la reconciliación, pero fue en vano.

Desde 1954 hasta 1962, el Frente de Liberación Nacional de Argelia (FLN), dirigido por figuras como Mohamed Budiaf (1919-1992) y Ahmed Ben Bella (1918-), libró una dura batalla para expulsar a los europeos de su país, que convivían en una proporción de uno a nueve con los argelinos, con una clara distinción económica y social entre unos y otros. (Ver: Independencia de Argelia)

En 1956 trabaja como periodista el periódico L´Express. Publica La Caída; que se considera  fundamental de la literatura francesa de la postguerra y clásico del existencialismo, publicada en 1956, un año antes de obtener el Nobel de Literatura.

Albert Camus ganó el Premio Nobel en octubre de 1957 y fue entregado por el Rey Gustavo VI, fue otorgado…: “Por su importante producción literaria, la cual con una clara y seria perspectiva ilumina los problemas de la conciencia humana en nuestro tiempo”.

Tenía entonces 44 años y es el noveno francés para conseguirlo. Dedicó su discurso por su parte a Louis Germain, profesor de que le permitió continuar sus estudios. Él es felicitado por sus compañeros, entre ellos Roger Martin du Gard, Francois Mauriac, William Faulkner.

El 4 de enero de 1960, murió en un accidente de coche, tenía previsto viajar a París en tren, pero Michel Gallimard le pidió que tomara su coche. Cerca de Sens, por razones no determinadas, el conductor perdió el control del vehículo. Albert Camus murió en el acto. Se encuentra en el coche el manuscrito inacabado del Primer Hombre. En uno de sus bolsillos, también estaba el billete de tren en el que pensaba viajar.

Sintesis: Estudió filosofía en la Universidad de Argel; sin completar su formación académica, se dedicó al teatro y a la actividad dramática. Posteriormente, con ocasión de la Segunda Guerra Mundial, trabajó con la resistencia y fundó en compañía de unos amigos el periódico clandestino “Combat”.

En su amplia producción literaria destacan las obras dramáticas: “Le Malentendu” (1944); “Caligula” (1945); “L’état de siége” (1948); “Les justes” (1949); entre otras. Entre sus relatos y novelas: “L’Etranger” (1942); “La Peste” (1947); “La Chute” (1956); “L’éxiletleroyaume” (1957); entre otras. Y en sus ensayos: “L’envers et l’endroit” (1937); “Noces” (1938); “Le Mythe de Sisyphe” (1942); “Lettres á un ami allemand” (1945); “L’Homme Révolté” (1951).

El extranjero: Su primera novela, El extranjero, aportó a Albert Camus una inmensa notoriedad, más allá de su publicación por Gallimard en 1942: actualmente sigue siendo el libro de bolsillo más vendido en Francia. Marcó el inicio del ciclo de lo absurdo en la obra del novelista. Tras la muerte de su madre, que acogió con indiferencia, el personaje principal, Meursault, es invitado por un amigo a pasar el día en la playa, cerca de Argel. En ese lugar participa en una pelea y asesina a un árabe «sin saber porqué». Condenado a muerte, Meursault espera la ejecución con calma, aparentemente indiferente a la vida, sin pasión ni entusiasmo. La incapacidad para entender el sentido de la existencia acarrea en él una resignación frente a los acontecimientos que le ocurren. El extranjero se distingue por su denuncia de lo absurdo del mundo al igual que por su estilo muy depurado, como lo demuestra la primera frase de la novela, una de las más famosas de la literatura contemporánea: «Hoy mamá ha muerto. O tal vez ayer, no sé».

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1913 Nacimiento deAlbert Camus en Mondovi (Argelia), el 7 de noviembre.

1914 Muerte del padre de Camus, Luden, herido  durante la batalla del Marne.

1932 Primeros artículos de Camus en la revista Sud.

1934 Se casa con Simona Hié y se encarga de la crítica de arte en el Alger républicain.

1935-1937 Es miembro del Partido comunista.

1936 Funda el Théátre du Travail y al año  siguiente el Théátre de l’equipe. 

1939 Publicación de Bodas. 

1940 Camus trabaja en París como secretario   de redacción del Paris -Soir.

1942 El extranjero y El mito de Sisifo son publicados por Gallimard. Camus  participa en la resistencia.

1945 En Combat, donde es el redactor jefe, Camus publica una investigación sobre la miseria en Argelia. Sublevación de Sétif.

1947 Publicación de La peste, que obtiene  un éxito inmediato.

1949 Puesta en escena de  Los justos en el Théátre Hébertot.

1952 Ruptura con Sartre debido al Hombre rebelde.

1954 Inicio de la guerra de Argelia.

1955 Camus trabaja como periodista en L’Express.  

1956 Publica Llamada a la tregua civil.

1957 Camus recibe el premio Nobel de literatura.

1960 Muerte de Camus en un accidente automovilístico, el 4 de enero.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Tomo II Biografía, entrada Albert Camus

Biografia de Wagner Richard Resumen Vida del Compositor Aleman

RESUMEN BIOGRAFÍCO DE RICHARD WAGNER (1813-1883)

Este gran compositor, verdadero revolucionario de ópera en el siglo XIX, nació en Leipzig el 22 de mayo de 1813 y murió en Venecia el 13 de febrero de 1883. Él mismo escribió sus poemas, tomados muchas veces de las leyendas germánicas.

Enemigo del virtuosismo, se afana en dar a la ópera un carácter más artístico, procurando su perfección considerándola como unión de la música, poesía y representación dramática en un todo en el que no prive sobre los demás ninguno de sus elementos. Muchas censuras y objeciones provocó su obra en un principio, pero la crítica moderna reconoce como logrado magistralmente aquel elevado propósito.

Sus primeras óperas fueron Rienzi y Der Fliegende Holldnder (El holandés errante), estrenadas con gran éxito. Durante algunos años fue director de la Ópera Real de Dresde, en cuya temporada escribió sus conocidas obras Tannhauser y Lohengrin, la primera de las cuales fue silbada en París en 1861.

Protegido por el rey Luis II de Baviera estrenó en Munich, con éxito brillante. Tristón e Isolda y Los Maestros Cantores.

Residió durante diez años en Bayreuth y allí, por la decidida protección de Luis II pudo, en 1873, estrenar su tetralogía El anillo de los Nibelungos (cuatro óperas relacionadas entre sí, a saber: El oro del Rin, La Vallaría, Sigírido y El ocaso de los dioses, y entre 1878 y 1879, escribió la partitura de su grandiosa obra Parsifal, estrenada en Bayreuth en 1882.

Esta ópera es la obra cumbre del insigne músico. Wagner, como todos los hombres geniales, tuvo que sufrir las acometidas de la incomprensión y de la envidia, triunfando al fin su gran genio, pero no sin que dejaran de hacer mella en su espíritu los manejos de sus detractores.

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BIOGRAFÍA DE RICHARD WAGNER: (Leipzig, actual Alemania, 1813-Venecia, Italia, 1883) Compositor, director de orquesta, poeta y teórico musical alemán.

Si Beethoven fue la figura dominante de la música durante la primera mitad del siglo XIX, Richard Wagner gravitó sobre la segunda mitad. No fue sólo que la ópera wagneriana cambiara el curso de la música. También había algo mesiánico en el hombre mismo, cierto grado de megalomanía que se acercaba al desequilibrio mismo, y esa condición elevaba a una altura sin precedentes el concepto del “Artista como héroe”.

Era un hombre de corta estatura -medía alrededor de un metro sesenta y cinco- pero irradiaba fuerza, confianza en sí mismo, rudeza y genio. Como ser humano era temible. Amoral, hedonista, egoísta, agriamente racista, arrogante, saturado de evangelios del superhombre (por supuesto, el superhombre era Wagner) y de la superioridad de la raza alemana… en una palabra, representaba todos los aspectos desagradables del carácter humano.

Este gran maestro del teatro musical nació en la ciudad alemana de Leipzig, en 1813. Su doble talento poético y musical lo llevó al campo de la ópera (que necesita ambas cosas) pero lo hizo rebelarse contra los argumentos superficiales o inútilmente sangrientos de los que gustaban especialmente los músicos italianos.

Las obras de Wagner —con la insignificante excepción de algunos ensayos juveniles— se mantienen hoy todas en los grandes teatros líricos del mundo entero, como caso único en la historia.

La primera obra de importancia es “El buque fantasma“, que narra la historia de un navegante condenado a errar por los mares, y su redención por el fiel amor de una muchacha. “Tannhauser” fue la obra siguiente, y después “Lohengrin”, tratando episodios de la remota historia germana y mezclándolos con figuras fantásticas.

Hasta ese momento la vida de Wagner es la común a los jóvenes músicos que buscan empleo en los teatros escalando posiciones. Pero Wagner abandona esta carrera huyendo de Riga a París, donde lo esperan amargos años. Finalmente es contratado como director de orquesta en la Opera de Dresde.

De allí ha de huir otra vez —esta vez por razones políticas— en 1849, con la partitura del “Lohengrin” recién terminada; se dirige a Weimar donde reside Liszt, le entrega la obra (que Liszt en 1850 estrena sin que Wagner pueda asistir) y recibe ayuda para refugiarse en Suiza.

Allí reside luego largos años. Las obras que siguen son: “Tristán e Isolda“, “Los maestros cantores de Nuremberg” y el ciclo “El anillo de los Nibelungos“, que consta de cuatro dramas: “El oro del Rin“, “La Walquiria“, “Sigfrido” y “El ocaso de los dioses”.

Federico Nietzsche había conocido a Wagner en 1868, y prácticamente se había zambullido en la veneración dispensada al hombre y a su música (especialmente a Trístán e Isolda). En 1872 publicó El nacimiento de la tragedia a partir del Espíritu de la Música, una obra en la cual se interpretaba la tragedia griega de acuerdo con los conceptos wagnerianos. El concepto nietzscheano de lo apolíneo (puro, clásico), y lo dionisíaco (salvaje, romántico), como los contrarios delineados en su libro, impresionó profundamente el pensamiento estético contemporáneo. Más tarde, Nietzsche habría de reconsiderar su adoración de Wagner, y con el tiempo se apartaría de esa órbita y afirmaría que Carmen, de Bizet, era la ópera perfecta. Pero durante mucho tiempo Wagner contó con el apoyo del filósofo alemán más leído.

La vida de Wagner sigue en dramáticos altibajos. Regresa a la patria pero los teatros no acogen sus obras porque las juzdosas. Hasta que un día el joven rey de Baviera, Luis II, romántico él mismo como los dramas de Wagner, invita a éste a residir a su lado y a estrenar sus ‘nuevas obras en el teatro de la corte de Munich.

Hacia el final de su vida, Wagner, ahora celebrado e importantísimo, construye en la ciudad de Bayreuth su propio teatro, que hasta el día de hoy no ofrece sino sus obras. Para este Teatro de los Festivales compone su última obra, “Parsifal”. Y en Bayreuth fue sepultado como un rey, después de haber muerto en Venecia, en 1883.

No hubo otro compositor que exigiera tanto de la sociedad, y Wagner ciertamente no se mostraba vergonzoso cuando se trataba de sus necesidades. “No soy como otras personas. Necesito brillo, y belleza y luz. El mundo me debe lo que necesito. No puedo vivir con la miserable pitanza de un organista, como vuestro maestro Bach.” Su egoísmo frisaba en la locura.

No tenía ningún empacho en escribir a un joven a quien apenas conocía para pedirle dinero. “Para usted será bastante difícil suministrarme esta suma, pero podrá hacerlo si lo desea, y no retrocede ante el sacrificio. En todo caso, es lo que yo deseo… ¡Ahora, veamos si usted es el hombre que tiene que ser!” Después hay un intento de seducción: “La ayuda que usted me preste lo acercará mucho a mí, y el verano próximo usted tendrá el placer de recibirme durante tres meses en una de sus propiedades, preferiblemente la que se encuentra en Renania.”

El joven, que era Robert von Horstein, rehusó dar el dinero a Wagner, quien en realidad se sorprendió. ¿Cómo era posible que una nulidad tal rehusara subsidiar a un hombre como él? Envió una nota a Horstein, desechándolo definitivamente: “Probablemente nunca volverá a repetirse que un hombre como yo acuda a Ud.”

EL PROYECTO BEYREUTH: Ya en 1870 Wagner contemplaba seriamente la posibilidad de contar con un teatro para festivales, que se consagraría en forma exclusiva a las obras que él había creado. Halló el asiento ideal en la tranquila y pequeña localidad bávara de Bayreuth.

Al principio el rey Luis recibió fríamente la idea. Se constituyeron sociedades en Alemania entera, y los amigos de Wagner realizaron los mayores esfuerzos con el fin de recaudar fondos. Wagner envió una circular, fechada el 12 de noviembre de 1871, para anunciar que El Anillo de los Nibelungos inauguraría Bayreuth en 1873.“Quienes donen dinero recibirán la denominación y los derechos que corresponden a los patrocinadores de las representaciones de Bayreuth, y la ejecución de la empresa estará exclusivamente a cargo de mi saber y mis esfuerzos. La propiedad raíz que resulte de esta empresa común será puesta a mi disposición, y estará sujeta a los arreglos futuros que yo considere más convenientes para el sentido y el carácter ideal de la empresa.”

Wagner salió de Triebschen, ordenó construir una villa cerca del teatro destinado al festival de Bayreuth, y supervisó los trabajos. En Viena, Hanslick se mostró sorprendido: “Wagner”, escribió, “es afortunado en todo. Al principio reniega contra todos los monarcas, y un rey magnánimo lo recibe con halagador afecto y le permite llevar una existencia liberada de preocupaciones e incluso lujosa. Después escribe un folleto contra los judíos, y toda la judería, en el ámbito de la música y al margen de ella, le rinde el homenaje más celoso, a través de las críticas periodísticas y la compra de pagarés en beneficio de Bayreuth”

El proyecto de Bayreuth gozó de publicidad mundial, pero el dinero afluía lentamente. Wagner tuvo que cancelar sus planes para una temporada en 1873. Se contaba con menos de la mitad de los fondos necesarios. Wagner depositó todas sus esperanzas en el rey Luis, y no sufrió una decepción. En 1874 el rey adelantó dinero suficiente para reanudar los trabajos del proyecto. Este suscitaba mucha oposición en Bavaria. Se lo atacaba como un absurdo, como una prueba de la locura del rey.

Cuando se agotaron los fondos del monarca, Wagner comenzó a realizar giras como director de orquesta con el fin de reunir dinero. Durante un tiempo se dudó del destino de Bayreuth. De todos modos, se completó la construcción del edificio y en 1876 se celebró el primer Festival de Bayreuth. El Anillo de los Nibelungos, con la dirección de Richter, fue representada tres veces. La primera temporada reveló un enorme déficit, y nuevamente se dudó del futuro de Bayreuth. Antes de 1882 no fue posible considerar la posibilidad de un segundo festival.

La primera temporada de Bayreuth fue el acontecimiento musical de la década. Unos 4.000 visitantes, incluidos sesenta periodistas de todo el mundo, invadieron la minúscula aldea. Asistieron el emperador de Alemania, el emperador y la emperatriz de Brasil, el rey de Bavaria, el príncipe Jorge de Prusia, uno de los príncipes Hohenzollern, el príncipe Wilhelm de Hesse, el gran duque Vladimir de Rusia, el gran duque de Mecklenburgo, el duque de Anhalt-Dessau, y otro miembro de la nobleza.

Tan intenso fue el interés despertado por el festival que los dos críticos llegados de Nueva York – tanto elTimes como el Tríbune enviaron cronistas- obtuvieron autorización para usar el nuevo cable transatlántico y enviar instantáneamente sus despachos, Entre las cosas que informaron cabe mencionar el desagrado provocado por la falta de comodidades.

“La gran distancia desde el pueblo, a lo largo de un camino sucio, sin sombra ni restaurantes, provoca mucho descontento. Este descontento se agrava diariamente”, decía el Times. El público escuchaba la música con cierto asombro, pero también con sincero entusiasmo. Al fin de cada ópera hubo una ovación, pero no se permitió que los cantantes salieran a escena para saludar.” La razón de esta actitud fue explicada por Herr Wagner y los principales artistas, que señalaron que las apariciones antes de que descienda el telón tenderían a quebrar la unidad de la representación.

 “Al termino del festival se ofreció una gran fiesta para más de 500 personas. Wagner pronunció un largo discurso, fue ovacionado y rindió tributo a Liszt; dijo que le debía todo, y después Liszt se puso dé pie para pronunciar su discurso. “Otros países”, dijo, “saludan a Dante y a Shakespeare. Por lo tanto”, volviéndose hacia Wagner, “soy vuestro más obediente servidor.”

Desde el punto de vista musical, la temporada de Bayreuth fue el punió crucial en el destino europeo de Wagner. No sólo el público estaba formado principalmente por admiradores de Wagner, sino que los críticos (incluidos los de Nueva York) eran casi todos defensores del compositor.

SÍNTESIS…
Compositor (1813-1883)

Músico alemán; había nacido en el seno de un humilde hogar y sus comienzos fueron muy difíciles, no sólo por la carencia de protectores sino, también, por su carácter independiente.

Sus primeras obras musicales revelan la influencia de Beethoven y Mozart y no tuvieron mucha aceptación. En 1849, intervino en un fracasado movimiento revolucionario y debió huir a Zurich; pero cuando ya las penurias económicas y la incomprensión se habían vuelto casi dramáticas, Wagner encontró el apoyo del rey Luis II de Baviera y gracias a él pudo construir el teatro de Bayreuth (1876) donde se representan exclusivamente sus obras.

Su actividad fue desde entonces incansable ya que, sin abandonar la música, se dedicó también a la filosofía, la literatura y la estética. Escribió los argumentos de algunas de sus óperas, recurriendo a las fuentes de la tradición y la mitología germánicas. Su obra musical ha merecido los más exaltados elogios, pero también las más duras críticas, pues fue un auténtico renovador, que ejerció una profunda influencia en la música dramática en general y sinfónica en particular, por la brillantez

de sus orquestaciones y su especial concepción de la ópera, en la que prevalece la música sobre el texto. Wagner casó dos veces, pero su gran amor y su compañera fue la hija de Liszt, Cósima, con quien contrajo nupcias en 1870.

Obras musicales: El buque fantasma, Tannhauser, Tristón e Isolda, Lohengrin, Los maestros cantores de Nuremberg, Parsifal, El anillo de los Nibelungos; esta última es una tetralogía que comprende a las tres obras: El oro del Rhin, La Valquiria, Sigfrido y El ocaso de los dioses.

Entre sus libros se destacan: El arte y la revolución, La música del porvenir y El arte del futuro.

¿Que es el Ballet Clásico?

Biografia Stravinsky Igor Compositor Ruso Resumen de su Vida y Obra

El cuatrimotor procedente de París reduce su velocidad sobre la pista del aeropuerto de Moscú, después de un aterrizaje perfecto. Una niña corre al encuentro del avión con un gran ramo de rosas en las manos. Detrás de ella avanza una pequeña multitud.

Se abre la portezuela, aproximan la escalerilla, y la azafata invita a los pasajeros a descender. Aparece la figura pequeña y algo encorvada de un anciano. La multitud aplaude. El hombre se quita el sombrero; después, hace una pequeña reverencia.

Desciende entre aplausos, y murmura conmovido-: “Soy feliz de encontrarme aquí; ésta es mi patria…”
Así, en la primavera de 1962, Igor Stravinsky retornaba a su país. El célebre músico salió de su tierra en 1914. Regresó, cuarenta y ocho años después, viejo y famoso, y su patria lo acogió con entusiasmo, como a una gloria nacional.

LAS PRIMERAS TENTATIVAS
stravinsky igorSe dice que la inclinación por la música es cosa hereditaria. Stravinsky confirma la regla. Su padre fue un famoso cantante del Teatro Imperial de San Petersburgo; el pequeño Igor (que nació enOranienbaum el 18 de agosto de 1882) heredó de él una gran pasión por la música. Sus padres, como sucede frecuentemente en la vida de los grandes artistas, hubieran querido que siguiese otra carrera, pero bien pronto debieron rendirse ante la inclinación natural del muchacho.

Él mismo escribió en sus “Crónicas de mi vida”:

“Cuando cumplí los nueve años, mis padres decidieron confiarme a una profesora de pian” Aprendí en seguida a leer música y después a tocar a primera vista. Bien pronto sentí la  tentación de improvisar, abandonándome a este entretenimiento que, durante mucho tiempo, fue mi quehacer preferido”.

El muchacho pasaba horas y horas al piano, entregado a largos y fatigosos ejercicios. De esta forma, adquirió la extraordinaria capacidad técnica que se manifiesta en todas sus obra: La magnitud de su talento musical queda demostrada por un hecho realmente excepcional: a los dieciocho años aprendió por sí solo esa dificilísima rama de la música que es el “contrapunto”.

En 1902, el joven tuvo un encuentro muy importante para su futuro: conoció a Rimsky Korsakov. El célebre maestro ruso examinó sus primeras composiciones, y, aunque eram todavía trabajos de aprendizaje, llenos de imperfecciones y de ingenuidad, le pareció indudable que el joven prometía. El gran Rimsky lo aceptó como alumno y lo ayudó a convertirse en un verdadero artista. En este período comenzó Stravinsky a componer sus primeras obras  importantes, entre las que se cuenta una sinfonía. Pero se trataba aún de piezas de “entrenamiento”. Al fin, un día surgió para el joven la verdadera, la gran oportunidad.

“EL PÁJARO DE FUEGO”
En el verano de 1909, Diaghilev, director de la famosa Compañía de los Ballets Rusos, invitó al joven compositor a escribir la música de un ballet: “L’Oiseau de feu” (“El pájaro de fuego”).

El encargo era importantísimo y, por serlo, totalmente inesperado. Conmovido y feliz, el joven Igor se entregó de lleno a la composición de su primera obra importante. Fue un año de pasión, de trabajo abrumador.

El 25 de junio de 1910, en el Teatro de la Ópera, de París, el ballet fue calurosamente aplaudido por un público entusiasta.

Sin ser verdaderamente una joya musical, “L’Oiseau de feu” es una buena obra, que deja entrever la extraordinaria personalidad de Stravinsky. Oyéndola se percibe, sobre todo, la increíble habilidad del autor para asimilar y mezclar todos los estilos musicales, desde Wagner a Debussy, desde Bach a Rimsky Korsakov, creando un género musical completamente nuevo.

EN EL CAMINO DEL ÉXITO
“El pájaro de fuego” obtuvo un gran éxito. El joven músico, famoso de golpe, no creyó, sin embargo, haber “llegado” ya, y continuó escribiendo con un ritmo febril.

En 1911 apareció su primera auténtica obra maestra: “Petruchka”, el Pierrot ruso. Este espléndido ballet, que narra las aventuras de un titiritero de feria, fue estrenado en París por Diaghilev. Su música impresionó enormemente, tanto al público como a los críticos musicales, por la sorprendente! variedad de sus ritmos y de sus melodías, pero sobre todo por la novedad inaudita de sus armonías, para las que el oído del auditorio no estaba todavía preparado.

Por este motivo, sin duda, “Petruchka” provocó la perplejidad de muchos. La importancia de esta obra musical radica especialmente en el hecho de que con ella puede decirse que se inicia la música moderna.

BATALLA EN EL TEATRO
El 28 de mayo de 1913, en el más moderno teatro parisiense, el Théátre des Champs-Elysées, era representada la nueva obra de Stravinsky, “La Consagración de la Primavera”, por la Compañía de los Ballets Rusos, de Diaghilev.
Se alzó el telón y comenzó la música. Era una música lenta, evocadora de las viejas melodías bárbaras, que poco a poco se fue haciendo violenta, frenética.

El público estaba fascinado y aturdido. Al cabo de un rato comenzaron a oírse gritos de protesta: “¡Basta!”, “¡Fuera!”, “¡Esta música es infernal!”.

El auditorio quedó estupefacto. Entonces, algunos de los asistentes se pusieron de pie y comenzaron a aplaudir. “¡Bravo!”, “¡Bravo!”. Parecía que había llegado el fin del mundo, pues la gran sala se transformó en una especie de infierno, en donde unos gritaban, otros silbaban y se burlaban…, otros aplaudían, subiéndose a las butacas para aclamar al autor.

Un año después, la “Consagración” alcanzaba el éxito más caluroso, no sólo en París, sino en el mundo entero.

¿En qué radica el extraordinario valor de esta obra?
Stravinsky, al crearla, quiso representar con todos los medios musicales a su alcance, aun los más violentos y menos tradicionales, la antigua vida pagana de su patria (el subtítulo de la obra es, efectivamente, “Cuadros de la Rusia pagana”).

Acertó, así, a crear una obra de enorme vitalidad, vigorosa, primitiva y valiente: una especie de terremoto musical que puede no gustar a algunas personas, pero que, sin duda, sacude, conmueve y suscita fuertes sensaciones en el ánimo de la mayoría.

LAS OTRAS OBRAS DE STRAVINSKY
Stravinsky, tras abandonar su patria” en 1914, se instaló primero en Suiza y después en Francia. Creador inagotable, produjo numerosas obras, innovadoras e importantes, como “Le rossignol” (“El ruiseñor”), las “Trois piéces” (“Tres piezas”), “Les noces” (“Las bodas”), la “Histoire du soldat” (“Historia del soldado”), y el “Cuarteto” para arco.

Stravinsky no se detenía ante nada, haciendo incursiones por todos los campos de la música. En la “Historia del soldado”, por ejemplo, utilizó música clásica de Bach y música española de baile, música popular suiza y valses vieneses.

Paulatinamente fue creando otras composiciones: “Polichinela”, “Octeto para instrumentos de viento”, “Edipo Rey”, “Sinfonía de los Salmos” … En toda su obra, las ideas nuevas surgen y explotan como fuegos de artificio.
Su actividad no conocía límites. Era, incluso, un excelente pianista y realizaba grandes giras de conciertos.

STRAVINSKY EN AMÉRICA DEL NORTE
En 1939 se vio afligido por una enorme desgracia: murieron su mujer y su hija, con quienes había compartido durante años la gloria y las amarguras. Abandonó entonces Europa y fue a establecerse en los Estados Unidos de América. Después del llamado “período ruso” y del “período europeo”, inició el “período americano”. Es una etapa muy importante de su carrera, que todavía no ha acabado, pues^ el maestro, aún hoy, a sus ochenta y dos años, sigue prolongándola con energía. Entre las composiciones de este último período debemos recordar su “Sinfonía en do” y una ópera en tres actos: “Lu carrera del  libertino”.

EL VALOR DE SU MÚSICA
En la historia de la música, Stravinsky ocupa un puesto muy importante por ser el único compositor que ha logrado efectuar en sus obras una síntesis; esto es, una fusión de los estilos de todas las épocas y de los países más diversos, creando una música nueva y original.

Esto solo no bastaría, naturalmente. En efecto, Stravinsky, como auténtico artista, ha hecho “suya” toda esta música estampándole el sello de su personalidad inconfundible.

Quien escucha “El pájaro de fuego”, “Petruchka” o la “Sinfonía en do” hace en cada obra un nuevo descubrimiento, se da cuenta de que cada fragmento es sustancialmente distinto del que le precede. Su música es como un largo camino en busca interrumpida de un estilo nuevo… Camino que Igor Stravinsky, desde hace sesenta años, recorre sin descanso.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Superior Fasc. N°46

¿Que es el Ballet Clásico?

Biografia de Schubert Franz Resumen Biografia del Compositor Aleman

BIOGRAFÍA DE FRANZ SCHUBERT: (Viena 31-1-1797 – Viena 19-11-1828)

Al mismo tiempo que Beethoven, otro gran músico camina por las calles de Viena y los alegres suburbios: Franz Schubert. Pero casi nadie lo conoce, salvo un grupo de fieles amigos que intuyen el genio de su compañero, de “honguito” como lo llaman cariñosamente por ser bajo, barrigón y cabezón.

Día a día los sorprende con nuevas obras, por la facilidad asombrosa para crear melodías; hay días en que escribe no una sino varias composiciones completas. Y lo hace no sólo en la intimidad de su pobre vivienda (que muchas veces no es suya siquiera, sino prestaba por algún amigo); no, es capaz de componer “en público”, digamos.

Así, por ejemplo, cierto día tiene una inspiración en el humilde restaurante donde cena con los amigos; toma el primer papel que tiene a mano —es la lista de comidas—, traza un pentagrama y comienza a, componer sin distraerse en lo más mínimo por el ruido y las alegres conversaciones en su derredor. Nace así una de sus composiciones más hermosas y mundialmente difundida: la “Serenata”…

Las canciones —o “Heder” como se las llama con el término alemán— son quizá la, parte más importante entre la obra de Schubert. Creó un nuevo tipo de canción o “lied”: la melodía cantable, el texto poético y la parte pianística, a la que confiere importantes descripciones, forman un todo artístico. Schubert creó más de seiscientos de estos “lieder” y muchos se han hecho populares: “El tilo”, “Caminar”, “La trucha”, “¿A dónde?” “El correo”, “El curioso”, “La ciudad”, “Buenas noches”, “La muerte y la niña”, “Esperanza en la primavera”, “Rosa silvestre”, y el maravilloso “Ave María”.

Franz Schubert nació en Viena, en 1797. Fue niño cantor (como Haydn). Luego quiso ser maestro de escuela, pero era demasiado “distraído”; a cada rato se olvidaba de los discípulos para componer alguna página musical. Llevó una vida humilde y pobre.

Todos los miembros de la familia Schubert eran apasionados por este arte, y para el pequeño Franz era su verdadera razón de vivir. A la edad de cinco años tocaba el clavicordio con tal habilidad que decidió a su padre a favorecer la inclinación del niño. El mismo le enseñó violín. Ignacio, el hijo mayor, lo inició en la técnica del piano, y Hozer, maestro de capilla de la parroquia, lo instruyó en la teoría musical y lo familiarizó con el órgano.

Fue ese un período sereno para la familia Schubert. De noche, reunidos alrededor de la gran chimenea, mientras el padre y los hijos improvisaban una pequeña orquesta, la madre trabajaba y los observaba, deteniendo la mirada sobre el pequeño Franz, como presintiendo su gloria futura.

En octubre de 1808 se llamó a concurso para llenar el puesto de soprano en la Capilla Imperial. Se aseguraba al ganador: comida, alojamiento e instrucción esmerada, gratuitos. Franz, entonces de once años, se presentó a participar en el concurso. Con una ropa modesta y deslucido, los rasgos irregulares, bajo de estatura, regordete, con lentes y el tupido cabello invadiendo su frente, el pequeño Schubert tenía en verdad un aspecto ridículo, y los compañeros comenzaron a burlarse de él y a llamarlo “molinero”.

Fue necesaria la intervención del maestro Salieri para imponer silencio. Se inició el examen y el pequeño “molinero” empezó a cantar. Todos quedaron embelesados ante esa voz bien mo-‘ dulada y acompañada de excepcional sensibilidad.

En el colegio de la ciudad no se mostró alumno brillante: no amaba el estudio porque lo alejaba de su ocupación predilecta: componer música. Desde entonces, traducir en notas su estado de ánimo fue para él una necesidad vital.

El padre, que deseaba un hijo culto pero no un músico, al principio lo censuró. Luego, como viera que los reproches a nada conducían, lo castigó severamente, prohibiéndole volver a la casa paterna. Mientras Franz vivía en esa especie de exilio, la madre enfermó gravemente y falleció sin que el hijo la asistiera en el postrer momento. Fue para el joven un dolor inmenso. La reconciliación con el padre no calmó el tumulto de su alma que, más que nunca, necesitaba refugiarse en la música. Desde entonces la pasión se transformó en frenesí; el tiempo transcurría entre notas.

Franz parecía presentir la brevedad de su vida y necesitaba componer lo más posible para poder expresar cuanto sentía, antes que sobreviniera el gran silencio.

Desde su permanencia en el colegio, empezó a poner en música sonetos y poesías de famosos autores, creando los maravillosos Lieder sobre textos de Goethe, Schiller, y algunos sobre textos italianos. Entre los más hermosos recordamos: El rey de Thule, El canto de Mignon (opus 62; nº 4), El caminante, El ruiseñor, El lamento, El niño cerca del arroyo, La trucha.

A la edad de diecisiete años compuso su obra Margarita en la rueca y una Misa para el centenario de la parroquia de Lichtenthal, verdadera joya de pureza y suavidad. A pesar de su negligencia para el estudio, llegó a diplomarse en el año 1814 y fue admitido como asistente en la escuela donde enseñaba su padre.

Para tener una idea de su producción, recordaremos que en un año compuso dos Sinfonías, un Cuarteto, dos Sonatas, muchas piezas cortas para piano, 144 Lieder y otra obra maestra: El rey de los aulnos, sobre texto de Goethe.

Franz Schubert nunca aspiró a una posición económica desahogada. La única ambición de su vida fue dedicar todo su tiempo a la música.

Favorecido por la suerte, gracias a amigos comunes, conoció al conde Esterhazy. El conde tenía dos hijas: María, de trece años de edad, y Carolina, de once, enamorandose de la mas joven, pero su amor no fue correspondido.  El conde propuso a Franz ser el maestro de sus hijas y lo invitó a su maravillosa villa de Hungría. Fue para Schubert la gran oportunidad y la recibió con entusiasmo. Durante ese tiempo gozó de bienestar y comodidades en un marco de belleza y de lujo. Podía, además, disponer de muchas horas libres, y en Hungría compuso sus más hermosas obras.

Podemos decir que Schubert casi no conoció el mundo: sus viajes se limitaron a una excursión a la región lacustre y montañosa de su tierra natal. No conoció el triunfo más que en muy reducida escala cuando alguna composición suya gustó a los amigos o a los vecinos de barrio o, a lo sumo, a un pequeño auditorio. No conoció la riqueza porque en ningún instante tuvo más dinero que el estrictamente indispensable para la existencia, y a veces, ni esto.

Vivió desconocido por los editores, los críticos y la gente “importante” de la vida musical vienesa y del mundo. Pero vivió enteramente entregado a la música como pocos. Con todo, su vida fue muy alegre, porque alegres eran los buenos amigos que durante la semana se reunían en los locales del barrio y los domingos emprendían paseos a través de los bosques vecinos hacia los idílicos pueblos sobre el Danubio, donde se toma el vino en medio de las vides mismas, con cantos, bailes y música.

Su vida fue corta, cortísima. A los 31 años, en 1828, muere Franz Schubert, legando la misma cantidad de sinfonías que dejó Beethoven —nueve—, además de numerosas óperas, obras para piano y música de cámara, música religiosa y coros, todo lleno de dulzura y de una melancolía muy suya y muy vienesa. A su pedido fue sepultado cerca de su ídolo, Beethoven en vida no pudo conocer.

En sus treinta y un años de vida Schubert escribió un enorme caudal de música. Era un compositor veloz, hasta un extremo que parece inverosímil, y si bien algunos estudiosos recientes tienen dudas respecto de algunas versiones que aluden a su rapidez, no hay motivos para descreer de las versiones contemporáneas. Todas coinciden. Cuando Schubert trabajaba, parecía que desplegaba la máxima intensidad. Afirmó Schuber: “Si uno lo ve durante el día, dice” ‘Hola, ¿cómo estás? – ¡Bien!’ y continúa trabajando, y entretanto ya uno está alejándose.”

Los asombrados amigos relataban innumerables anécdotas acerca de su rapidez, y estas versiones son esencialmente ciertas, aunque equivoquen los detalles. Sonnleithner expresa: “Por pedido de Fraulein Frohlich, Franz Grillparzer había escrito para la ocasión el hermoso poema Standchen, y la dama lo entregó a Schubert, y le pidió que le pusiera música, de manera que fuese una serenata para su hermana Josefine (mezzo-soprano) y un coro femenino.

Schubert recibió el poema, se acercó a la ventana de una alcoba, leyó cuidadosamente el texto unas pocas veces y después dijo con una sonrisa: “Ya lo tengo, es cosa hecha, y será muy bueno.” Spaun habla de la composición de El rey de los alisios. El y Mayrhofer visitaron a Schubert y lo hallaron leyendo el poema. “Se paseó de un extremo al otro varias veces con el libro y de pronto se sentó, y en un abrir y cerrar de ojos (con la misma velocidad con la cual uno puede escribirlo) ahí oslaba la gloriosa balada, terminada, sobre el papel.

Corrimos con ella al Seminario, porque no había piano en casa de Schubert, y allí, esa misma noche, El rey de los alisios fue cantada y recibida entusiastamente.” Durante muchos años se creyó que Schubert no preparaba bocetos ni siquiera para las grandes composiciones, por ejemplo las sinfonías. La investigación moderna ha demostrado lo contrario. Pero no cabe duda alguna de que Schubert, como Mozart, fue uno de los compositores más veloces de la historia de la música, un autor que podía concebir una obra entera en su mente y después trasladarla de inmediato al papel.

La primera obra que procuró algún dinero a su autor fue Prometeo; Schubert tenía entonces veinte años de edad. Mucho más adelante, los Lieder impresos, también gracias al producto de una suscripción, fueron interpretados en público por un gran tenor amigo de Schubert. La excepcional facilidad de inspiración del maestro lo llevó hacia la oratoria y el teatro, pero muy pronto dejó ese camino que no era el suyo.

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Franz podía componer aun en medio de la mayor confusión. Así escribió Serenata, una noche de juerga, al dorso de la cuenta de la hostería.
Schubert sintió gran admiración y estima por el inmortal Beethoven, a quien él consideraba su maestro.

Mejores Obras:

Obra orquestal:
Sinfonías Nº 5, Nº 8 (“Inconclusa”) y Nº 9 (“La Grande”)

Obra para piano:
Sonatas para piano D.958, D.959 y D.960
8 Impromptus para piano D.899 y D.935.
6 Momentos Musicales D.780
Fantasía “El caminante”

Música de cámara:
Quinteto para cuerdas D.956.
Cuartetos para cuerdas Nº 13 “Rosamunda” y Nº 14, “La muerte y la doncella”.
Quinteto para piano y cuerdas “La trucha”.
Tríos para piano, violín y violonchelo, D898 y D929.

Lieder:
Tres ciclos de canciones,”El viaje de invierno”, “La bella molinera”, y “El canto del cisne”.

PARA SABER MAS…
EL DIARIO PERSONAL DEL PADRE

En los cinco años, lo preparé para la escuela elemental, donde ingresó a los seis, consiguiendo ser siempre el primero de la clase. A los ocho años, le di las primeras lecciones de inclín, e inmediatamente hizo tales progresos que pudo tocar dúos con facilidad. Al mismo tiempo, lo confié al señor Michele Holzer, maestro de los coros de Lichtenthal, quien me dijo más de una vez, con lágrimas en los ojos, que nunca había encontrado un alumno tan brillante. Cuando quiero enseñarle algo nuevo —decía—, me doy cuenta de que lo sabe ya. Por ello, en lugar de darle clases, me limito a permanecer a su lado y a admirarlo en silencio”.

Estas palabras pueden leerse en el diario de Teodoro Schuberí; el portentoso niño al que hace referencia es su hijo Franz. Inferior sólo al gran Mozart en la asombrosa precocidad de su ingenio, a los diez años había compuesto ya varias canciones, Franz Peter Schubert nació el 31 de enero de 1797,, en un suburbio de Viena llamado Lichtenthal, y en el seno de una familia muy modesta: su padre era maestro de escuela, y su madre, cocinera.

Tanto el padre como sus hermanos, Ignacio, Fernando y Carlos, eran apasionados por la música, y el pequeño Franz se dormía, todas las noches, escuchando los conciertos que sus familiares interpretaban en la habitación contigua. Este ambiente influyó, sin duda, en la formación de su sensibilidad musical, incluso recibió las primeras lecciones de piano de su hermano Ignacio.

MAESTRO A LA FUERZA: La vida de Schubert, sencilla y modesta, como su persona, no presenta grandes acontecimientos. En cambio puede decirse que estuvo erizada de dificultades materiales, de sacrificios y, sobre todo, de luchas interiores.

El primer conflicto grave se originó en su propia familia. Aunque el padre de Franz admiraba las extraordinarias cualidades que su hijo tenía para la música, no estimaba prudente permitirle emprender una carrera tan incierta y difícil; prefería la de maestro, más modesta, pero también más segura. Aquellos fueron años tormentosos para el joven Franz. Por una parte, y a causa de su innata bondad, no tenía valor para negarse rotundamente a cumplir la voluntad paterna; por otra, la llamada del arte sonaba en él cada día con más fuerza, al punto de que el tiempo que pasaba lejos de su piano le parecía perdido.

Consiguió, de todos modos, el diploma de maestro y, a la edad de diecisiete años, empezó a dar clases en la escuela del padre.

La experiencia constituyó un verdadero desastre. Siempre absorto y distraído, siguiendo mentalmente las notas de cualquier melodía, Franz terminaba por olvidarse absolutamente de sus alumnos, que aprovechaban su descuido para convertir la clase en un pandemónium.

Esta situación se prolongó durante dos años. Finalmente, el padre comprendió que era mejor dejarlo seguir su destino; con alegría, Franz abandonó la escuela, para entrar definitivamente en el mundo del arte.

Era más bien bajo de estatura, desgarbado; tenía el vientre voluminoso, la cara ancha y redonda, el pelo rizado, y llevaba los anteojos a caballo de la nariz aplastada. Así lo describe su amigo Spaun: “… no era ni muy feo ni muy guapo, pero le bastaba con hablar, o reír, para que su figura se animase; su mirada, no obstante la miopía y los anteojos, centelleaba, y su inspirada expresión lo hacía parecer casi bello”. Schubert no fue, verdaderamente, afortunado. Y, sin embargo, a pesar de las adversidades, de las desilusiones y de la miseria, era comprensivo, estaba siempre sereno y desbordaba amabilidad con todo el mundo.

MUERTO A LOS TREINTA Y UN AÑOS
Desgraciadamente, la vida desordenada, la febril actividad musical, las privaciones debidas a su miseria y cierta inclinación por el alcohol, arruinaron, en poco tiempo, la salud de Schubert, que nunca había sido muy fuerte.

La noche del 31 de octubre de 1828, mientras cenaba, como de costumbre, en la taberna del Cangrejo Rojo, en compañía de algunos amigos, Schubert se sintió repentinamente enfermo. Los amigos, alarmados, intentaron animarlo, y luego, al comprobar la inutilidad de sus esfuerzos, lo acompañaron a casa. El compositor se metió en la cama con una fiebre altísima.

“Tifus”, diagnosticaron los médicos llamados a su cabecera. El miedo al contagio apartó de él a casi todos sus amigos. Sólo los fidelísimos Spaun, Randharteger, Bauernfeld, Hüttenbrenner y su hermano Fernando presenciaron su larga y dolorosa agonía. En el delirio, le parecía escuchar espléndidas músicas y quería levantarse para transcribirlas. Cuando alguien entraba en la habitación, decía: “Despacio, por favor. Dejadme escuchar”. A las tres de la tarde del 19 de noviembre de 1828, Franz Schubert expiró: tenía treinta y un años.


EL VALOR DE SU MÚSICA: Schubert, lo mismo en el arte que en la vida, fue directo, sencillo, claro, animado de auténtica poesía. De hecho, sus textos musicales son, a menudo, poemas muy difíciles; pero revestidos de una melodía espontánea, fresca, vital y transida de sentimiento, se tornan fácilmente comprensibles. Su música, alegre, reflexiva, a medio camino entre la sonrisa y las lágrimas, acusa todavía las formas clásicas, pero presenta ya muchos elementos del nuevo estilo romántico. Sus 9 sinfonías constituyen auténticas obras maestras, al punto de que algunos vieron en Schubert al heredero del gran maestro Beethoven.

Recordemos, entre las obras instrumentales y de cámara, el magnífico “Cuarteto en re menor”, con las estupendas variaciones sobre el “lied” “La muerte y la muchacha”, y con el inolvidable “Scherzo”, del que Wagner extraería después el tema de “Los Nibelungos”. Schubert es uno de los grandes de la música, y cierra gloriosamente el período de la música clásica, abriendo, no menos gloriosamente, el de la música romántica. Gran admirador y estudioso del arte de Beethoven, se muestra casi siempre digno continuador de él.

Decimos “casi siempre”, porque —a diferencia del gran maestro, que reelaboraba, corregía y cuidaba hasta la exageración sus composiciones— Schubert, una vez terminado un trabajo, se entregaba inmediatamente a otro, olvidando por completo el anterior. Por ello, en su inmensa producción se percibe alguna zona oscura, que el autor habría podido evitar, volviendo sobre sus obras.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Schubert Franz –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Grandes Escritores Argentinos Vida y Obra de Intelectuales Argentinos

Grandes Escritores Argentinos
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lista de escritores argentinos

Ver En Este Sitio:
Jorge Luis Borges
Julio Cortázar
Adolfo Bioy Casares
Roberto Arlt
Ernesto Sábato
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José Hernandez
Roberto Fontanarrosa
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Faustino Sarmiento
Victoria Ocampo
Esteban Echeverría
Alfonsina Storni

RESÚMENES DE LOS CLÁSICOS AUTORES ARGENTINOS

ERNESTO SÁBATO: Nació en Rojas (provincia de Buenos Aires) en 1911. Estudió ERNESTO SÁBATO: Matemáticas y Física en su país, en Francia y en los Estados Unidos. Pero hacia 1945 giró bruscamente hacia la literatura.

En Uno y el universo (ensayo científico-filosófico que ganó el Premio Municipal de Buenos Aires) planteó las ideas básicas que regirían toda su obra posterior: su escepticismo respecto del progreso científico como tabla de salvación del hombre y su muy pesimista visión del mundo.

En 1948 publicó la primera novela: El Túnel. En 1962, la segunda y acaso la mejor: Sobre héroes y tumbas. En 1974, la última: Abbadón el exterminador. Tanto Sobre héroes… como Abbadón… son novelas aluvionales: irrumpen en ellas la historia del país, episodios autobiográficos, pesadillas, vastas metáforas del Mal (como en el capítulo Informe sobre ciegos). Condenó sus libros al fuego, pero los salvó Matilde Kuminsky, su mujer de toda la vida. (Leer mas…)

JULIO CORTAZAR: Nació en Bruselas en 1914 y murió en París en 1984.Medía 1,95 y tenía cara de chico. Su obra es tan vasta como original. Su lenguaje y su estilo, perpetuas transgresiones. En 1963 publicó su más célebre novela: Rayuela. En la primera página, dice: “A su manera este libro es muchos libros, pero sobre todo es dos libros. El primero termina en el capítulo 56.

Por consiguiente, el lector prescindirá sin remordimientos de lo que sigue. Elsegundo se deja leer empezando por el capítulo 73,y…”. Etcétera. Juego provocador, piedra en el zapato de las almas simples, es una enorme y casi inasible contranovela. Recuerde estos nombres:Oliveira, Rocamadour, La Maga. Y si no leyó Rayuela, empiece ya la gran aventura...(Leer mas…)

ROBERTO ARLT: Nació en Buenos Aires con el siglo XX y murió en 1942 de un ataque aiROBERTO ARLT:corazón. Se forjó periodista en las ya desaparecidas redacciones de Crítica y El Mundo. Escribió su obra entre el fragor de las máquinas de escribir y la necesidad de ganarse e! pan de cada día. Desdeñó las capillas literarias.

Lo acusaron de escribir mal, pero contestó despreciando a “los escritores de estilo correcto a los que no lee ni su familia” y juró ganarles “por prepotencia de trabajo”. Sus Aguafuertes porteñas (memorables columnas que aparecían en El Mundo) duplicaron el tiraje del diario y hoy todavía son una joya periodística. Pero el gran Arlt se resume en dos inmortales novelas: Los siete locos y Los lanzallamas.

Primera y segunda parte de una delirante revolución fracasada -con fuerte influencia de Fedor Dostoievski- y personajes como Erdosain (el protagonista: el mismo Arlt), el Astrólogo, el Rufián Melancólico, el farmacéutico Ergueta, la Renga, son dos libros imprescindibles. Sin ellos es imposible empezar a hablar de literatura argentina.

ADOLFO BIOY CASARES: “La invención de Morel es una novela perfecta,” Si tal juicio hubiera sido vertido por la generosidad, la distracción o el rutinario oficio de un crítico, a nadie habría conmovido. Pero el hombre que lo grabó a fuego, papel y tinta se llamó Jorge Luis Borges.

A partir de ese instante entró en la gran literatura -nativa y universal- un dandi que empezó a escribir “para enamorara una prima” y llegó al Parnaso con pasaje de primera: Adolfo Bioy Casares (1914-1999). Personaje (célebre amante, jugador de teADOLFO BIOY CASARESnis, marido de la escritora Silvina Ocampo, estanciero), ninguno de esos rasgos mediáticos pudo demorar su brillante y vasta obra ni apartarlo de su pasión de escritor. Maestro del género fantástico, dejó El sueño de los héroes, Dormir al sol, La trama celeste, Plan de evasión: novelas tan seductoras como insoslayables. (Leer mas…)

Adolfo Bioy Casares en una foto de sus últimos años. “Me gusta vivir.
Me gustan el agua y el pan. Si pudiera, viviría mil años…”, solfa decir.
Ganó, entre decenas de premios, el Cervantes.

Algunas de sus respuestas en los centenares de reportajes que concedió
son pequeñas obras maestras. Buenos Aires sin Adolfito es medio Buenos Aires…

 LEOPOLDO MARECHAL: El autor de Adán Buenosayres nació en 1898, murió en 1970, y LEOPOLDO MARECHALsu adhesión al peronismo postergó -injustamente- la valoración de su obra pese a que bregaba en las letras desde muy joven y en el grupo Martín Fierro, pléyade que -como Boedo y Florida- reunió a muchos de los grandes.

Dos novelas lo resumen y definen: Adán Buenosayres, que bien puede considerarse como el Ulises argentino, y El banquete de Severo Arcángelo, En las dos hay metafísica, humor, sátira de costumbres, literatura paródica y preocupación estética y existencial.

El banquete… -altamente slmbólica- narra, a la manera de Borges en su relato B congreso, los avalares de una comida descomunal que intenta reunir al universo y que -naturalmente- fracasa bajo el estrépito de una bomba. Y sólo quedan la soledad y la desesperación del hombre.

Leopoldo Marechal en su estudio hacia 1950. Sus libros Megafón o la guerra, Días como flechas, Laberintos australes y Cuaderno de navegación completan una obra vasta y de lenguaje renovador. Fue tardíamente valorado.

Biografia de Alfonsina Storni Libros y Poemas de Storni PoetisaALFONSINA STORNI: Argentina nacida en Suiza, Alfonsina Storni (1892-1938), también maestra y periodista, no sólo lucha contra los huesos convencionales de la poesía hiriéndolos con el acero del modernismo: también contra “mi fealdad” (como escribe), contra el qué dirán (se convierte en madre soltera) y -feminista a ultranza- contra un mundo regido por los hombres.

La Inquietud del Rosal y Dulce Sueño la ornan con el Premio Nacional de Poesía 1920.

Enferma de cáncer, se aloja en una pensión de Mar del Plata, y una helada y ventosa noche entra en el mar y muere ahogada. Su suicidio queda inmortalizado en el tema Alfonsina y el Mar. (Leer mas…)

 JORGE LUÍS BORGES:JORGE LUÍS BORGES: Nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. Fue bilingüe desde su infancia ya que su abuela materna le hablaba en Inglés. “Georgie”, como le decían en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que quería ser escritor. En 1910 aparece su primera publicación en el diario El País, de Buenos Aires, donde tradujo El príncipe feliz, de Oscar Wilde.

En 1914, el padre de Borges se jubiló debido a su ceguera casi total, por lo que la familia pasó una temporada en Europa. Sorprendidos por la guerra, se instalaron en Ginebra donde el joven Borges escribió algunos poemas en francés y cursó la preparatoria (1914-1918).

Vivió en España de 1919 a 1921 y dos años después la familia regresó a Buenos Aires. En 1923 publicó el poemario Fervor de Buenos Aires. (Leer mas…)

Fuente Consultada:
Gente Testigo del Siglo – Personajes y Hechos Que Hicieron Historia Tomo 6 Escritores de Puño y Letras

Biografía de Giotto di Bondone Artista Italiano del Renacimiento

Biografía de Giotto di Bondone
Artista Italiano del Renacimiento

Al oir el nombre de Giotto, evocamos al pastorcito toscano que, mientras vigilaba su rebaño, observaba los objetos que lo rodeaban y los dibujaba luego sobre las peñas y rocas con carbón o con yeso. En los albores del siglo XIV, Giotto revoluciona por completo todas las concepciones artísticas hasta entonces conocidas y seguidas, abriendo así el camino a los tiempos modernos.

En Vespignano del Mugello, no lejos de Florencia, nació, tal vez en 1266, Giotto de Bandello, el hombre destinado a dejar una huella indeleble en el desarrollo de todo el arte italiano. Entre todo lo que ofrecían las escuelas pictóricas de ese tiempo, nada dejaba prever la aparición de una concepción artística como la suya.

En lo referente a sus obras pictóricas, podemos asegurar que, entre los años 1303 y 1305, pintó los frescos de la capilla Scrovegni de Padua. Otros trabajos de Giotto existen en Asís, en Florencia y en el Louvre de París.

La importancia de Giotto en la pintura es comparable a la de Dante Alighieri en la literatura. Dante llevó el dialecto toscano hasta la dignidad de una lengua nacional y literaria; Giotto abandonó las antiguas formas bizantinas y llevó la pintura .italiana a una comprensión más exacta y menos rígida de la naturaleza.

Murió en Florencia en 1337.-

UN PASAJE EN LA VIDA DE GIOTTO: Lo veían llegar, periódicamente, cabalgando un flaco borrico, vestido sin pretensión alguna, y con el aire despierto y preocupado del hombre activo. Visitaba sus posesiones y cobraba las rentas, se interesaba por la siembre y por la cosecha, y, finalmente, se iba contento. Viéndolo marchar por las callejuelas de Mugello, con aspecto de hombre metódico, era difícil adivinar en él al artista del que todo el mundo hablaba, el que había oscurecido la  fama del “solemne pintor” Cimabue.

Se lo dijo un día un amigo suyo, un conocido jurista de Florencia, el señor Forese de Rabatta. que fue su compañero de viaje cuando volvía de una de las visitas a sus posesiones. Diluviaba. Giotto había pedido prestado un tosco capote y un sombrero para protegerse de la lluvia. “Si te encontrase un forastero —le dijo su compañero, riendo—, le costaría mucho creer que eres el mejor pintor que existe”. 

Un forastero, porque los campesinos y los pastores de Mugello no tenían dudas sobre el particular; no ignoraban que el hijo de Bondone, que había nacido en 1266, en Vespignano (un pueblecito formado por un puñado de casas, en medio del campo), se había convertido en un personaje importante y discutido; pero sabían también que, en el fondo de su corazón, seguía siendo uno de ellos: fiel a la tierra, sencillo y prudente al mismo tiempo, tenaz en el trabajo.

giotto di bondone

Giotto di Bondone, mejor conocido como Giotto
(Nació en Colle di Vespignano, 1267 – Falleció en Florencia, 8 de enero de 1337).
Notable pintor, escultor y arquitecto italiano.

GIOTTO, HOMBRE
No se sabe con certeza si Giotto nació en Florencia o en Vespignano de Mugello; según unos, en 1266, y según otros, diez años más tarde. Era un gran admirador de San Francisco de Asís, pero no quería ser pobre como él. Más aún: escribió una poesía contra la pobreza. Fue amigo de Dante, quien hizo su elogio en la Divina Comedia, diciendo que eclipsó la fama de su maestro Cimabue (Purgatorio, Canto XI). Giotto tuvo ocho hijos y un alumno llamado Taddeo Gaddi, que siguió su huella con tal devoción que en 1347 aún seguía firmando “discípulo de Giotto, el buen maestro”. Giotto era pequeño de estatura y quizás fuera feo. Pero tenia un espíritu jovial y alegre que infundía optimismo.

ASÍS: Los primeros frutos de su actividad artística habían surgido en Asís, a donde Giotto había ido en 1296, invitado por el prior de los franciscanos, fra Giovanni di Murro della Marca.

Encaramado en una colina, desde la cual dominaba la verde y ondulante campiña, Asís guardaba aún el recuerdo del más pobre y del más vivo de los santos: San Francisco. Y ahora, cada uno de los episodios de la vida del Santo era relatado por el pintor, con la sencillez de quien cuenta una leyenda extraordinaria.

Giotto, que bajo la corteza del campesino ocultaba el alma de un poeta, supo “captar” el espíritu de aquella leyenda y hacerlo comprensible a todos por medio de su pintura. En poco más de dos años, los franciscanos vieron cómo revivían en las paredes de su luminosa basílica superior las figuras de otros frailes, semejantes a ellos, que habían compartido la vida de su patrono; vieron las casas, los muros del convento, las rocas, los arbolitos, las tórtolas y los jilgueros.

Todo lo que había constituido el mundo de San Francisco revivía con tal frescura que conseguía conmoverlos. Tampoco nosotros podemos dejar de asociar el nombre del Santo y su “perfecta alegría” a las figuras de Giotto.

Cuando visitó por primera vez Asís, algunos años antes, Giotto no era más que un ayudante de Cimabue. Cuando se fue, las pinturas del antiguo maestro, frente a las suyas, parecían remotas, de otra época. Giotto había renovado el arte de la pintura: se había convertido en el iniciador de una escuela.

Giotto nació en Vespignano, cerca de Florencia. Su padre,, Bondone, fue un simple campesino. Vasari (1511—1574), nos dice que cuando tenía unos diez años de edad su padre le dio a cuidar las ovejas, y que para pasar el tiempo dibujaba en la tierra y en las rocas. Sucedió que un día el pintor Cimabue vio al muchacho dibujando una de sus ovejas y quedó tan impresionado que lo llevó a Florencia como su pupilo. Giotto rápidamente demostró su habilidad bajo Cimabue y comenzó a recibir encargos, entre ellos algunos frescos para la Santa Cruz de
Florencia.

OBRA ARTÍSTICA: Sus primeras obras fueron las pinturas que reproducen episodios del Antiguo y Nuevo Testamento en la iglesia superior de San Francisco de Asís. Se dice que, en esas tareas, el pincel de Giotto, entonces aprendiz, reemplazó algunas veces el de Cimabué, su maestro.

Después, en orden cronológico, están los trabajos que se conservan en la iglesia de Santa María la Mayor en Roma.

Inmediatamente después, los biógrafos de Giotto citan los frescos que reproducen los episodios principales de la vida de San Francisco. Éstos se hallan en la basílica superior de Asís, donde anteriormente Giotto había trabajado en escenas inspiradas en la Biblia y en el Evangelio. Pero la obra más insigne que conservamos de él, y que en realidad constituye el conjunto pictórico más notable, más completo y, felizmente, también mejor conservado de lapintura medieval, es la que representa las vidas de la Virgen y de Cristo, y que incluye, además, una composición alegórica extraordinaria: un Juicio Final plagado de Vicios y Virtudes. Como lo hemos dicho anteriormente, esas maravillas pueden admirarse en la capilla dell’Arena o capilla Scrovegni, en Padua.

RECORRIENDO ITALIA
Tenía poco más de treinta años cuando abandonó Asís, y desde entonces su actividad no conoció descanso. En 1300 fue llamado a Roma; después, Enrique Scrovegni le pidió que pintara en Padua una capilla, que sería considerada como una de las más extraordinarias realizaciones de la pintura mundial.

Se multiplicaron las ofertas de trabajo; el renombre de Giotto se difundió por toda la península. El pintor iba de iglesia en iglesia, de convento en convento, con su cuadrilla de ayudantes tras él.

Después, cuando el trabajo se convertía en dinero contante y sonante, no tenía dudas sobre la forma de emplearlo: casas, tierras, haciendas, en Florencia y en su nativo Mugello; cosas sólidas, concretas. Había que redondear la dote de las hijas, garantizar un porvenir seguro a los hijos y asegurar a Monna Cinta, su mujer, una vejez sin preocupaciones.

Mientras su buena y fiel esposa lo aguardaba, afanosa y serena, en Florencia, Giotto seguía recorriendo Italia, siempre activo, siempre optimista y confiado. Los años comenzaban a pesarle; empezaba a sentir los efectos del trabajo.

—Si yo fuese tú —le dijo un día el rey de Nápoles, que lo había llamado a su corte—, dejaría de pintar un poco, ahora que hace calor.

—También yo, si fuese vos —refunfuñó molesto el pintor. Y continuó impertérrito su trabajo.

Su reputación pronto alcanzó hasta Roma, donde el Papa Bonifacio VIII buscaba artistas que pintaran cuadros para San Pedro, y el Pontífice envió un emisario para que le llevaran muestras del trabajo del artista.

Cuando el emisario llegó al taller de Giotto y solicitó un boceto para presentarlo a Su Santidad, el artista, con un movimiento de su mano, dibujó un círculo perfecto y se lo entregó. El emisario quedó desilusionado y le preguntó si eso era todo lo que tenía. Giotto replicó: “Con eso basta y sobra”.

Cuando el Papa vio el dibujo, reconoció de inmediato la habilidad del pintor y le convocó a Roma, donde fue comisionado para pintar muchas obras en San Pedro. El Pontífice quedó muy complacido con el trabajo de Giotto y le dio tanto más a hacer que pasaron seis años antes que pudiera regresar a Florencia, donde continuó pintando.

EL CAMPANARIO “ESTRECHO”
Pero tras tanto ir de un sitio para otro, recibió un encargo que le permitiría permanecer algún tiempo en Florencia. En 1334, en efecto, los magistrados de la ciudad nombraron a Giotto maestro de obras de la catedral, y le confiaron la edificación del campanario, que debía levantarse a un lado de la misma. Giotto era ya anciano, tenía 68 años, pero aceptó el encargo con el entusiasmo de un muchacho. Comenzó a hacer proyectos y diseños, a tomar medidas, a escoger las piedras. En pocos meses vieron los florentinos surgir su campanario: sólido, elegante, adornado con bellísimos bajos relieves.

Giotto había puesto en la empresa toda su sabiduría, pero los entendidos encontraron en seguida motivos para criticar: el campanario tenía la base demasiado reducida, no podía alcanzar la altura prevista, no podía soportar el peso.

Estas críticas clavaron una espina en el corazón del viejo artista: estaba seguro de que su campanario podría resistir, pero, al mismo tiempo, no podía alejar de su pensamiento la duda de si habría cometido un error. Murió tres años después, el 18 de enero de 1337, en Florencia: no se había edificado más que la base de la torre-campanario.

Así, el artista, que había sido elogiado siempre y llevado en triunfo al final de todas sus obras, tuvo que resignarse a morir con una duda atormentadora: la de si habría construido un campanario demasiado “estrecho”. El gran maestro no tenía razón alguna para dudar. Y los hechos han venido a demostrarlo: el campanario fue terminado después de su muerte, y todavía se alza majestuoso sobre la base que Giotto había preparado.

La obra de Giotto marca el comienzo del fin de la antigua tradición Bizantina, una tradición tan poderosa que sobrevivió en partes de Rusia hasta comienzos de este siglo. La escuela Bizantina concebía todo en dos dimensiones. Fue un estilo duro y decorativo, incapaz de demostrar la emoción humana. Los trabajos de Giotto fueron una completa contradicción a estas ideas, porque sus figuras eran humanas y expresivas, no aparecían como imágenes aplanadas sino que tenían peso y relieve. Eran sólidas y parecían capaces de movimiento.

Giotto: El sueño de Joaquín

Giotto: El sueño de Joaquín  – Padua, Capilla de los Scrovegni. Los campesinos lo veían
“marchar por las callejuelas de Mugello…”

Giotto: El lavatorio de los pies - Padua

Giotto: El lavatorio de los pies – Padua, Capilla de los Scrovegni. “Los franciscanos vieron cómo revivían en las paredes de su luminosa basílica… las rocas, los arbolitos…”

Descenso al Limbo de Giotto di Bondone en 1305

Descenso al Limbo  de Giotto di Bondone en 1305
Hoy se encuentra en el museo de Munich

Flagelación

Flagelación Fecha:1302-05
Museo:Capilla de los Scrovegni

Fresco en Museo Iglesia

Fresco en Museo Iglesia de Santa Croce de Florencia
Estigmatización de San Francisco (1319) de Giotto di Bondone

Campanario

GIOTTO (1266?-1337): Campanario de la Catedral de Florencia (1334-1357).
Nombrado maestro mayor de obras de la Catedral de Florencia, Giotto se dedicó a esta misión desde 1334 hasta 1337, año de su muerte. El Campanario que la flanquea refleja, muy probablemente, en su límpida y genial estructura, la concepción artística de Giotto, aunque más tarde fuera sucesivamente retocado por Andrés Pisano y por Francisco Talenti, entre otros.

ALGO MAS SOBRE GIOTTO…
SU OBRA ARTÍSTICA

Poco antes de 1300, Giotto fue a Roma, donde pintó algunas figuras de profetas en la iglesia de Santa María la Mayor. Posteriormente se dirigió a Asís, donde decoró la nave central de la Basílica.

En esta obra, Giotto se mostró un maestro realmente insuperable. Pintó 28 grandes cuadros que ilustran los hechos más extraordinarios de la vida de San Francisco: el renunciamiento a los bienes paternos, el sermón a los pájaros, el lobo de Gubbio, la fuente milagrosa, etc.

En el año 1318 los banqueros florentinos Bardi y Peruzzi encargaron a Giotto que decorara las capillas del templo de la Santa Cruz, con escenas de la vida de San Francisco, San Juan Bautista y San Juan Evangelista. Estos frescos, posteriormente enjalbegados, fueron descubiertos y restaurados en 1853.

LA CAPILLA DE LA ARENA, EN PADUA
De 1303 a 1305 Giotto estuvo en Padua, desde donde fuera llamado por los monjes franciscanos que en esa ciudad habían construido una gran iglesia en honor de San Antonio. Desgraciadamente, el tiempo ha destruido o dañado gravemente los cuadros que Giotto pintó para dicha iglesia. En cambio, se han conservado perfectamente las pinturas que hizo en Padua, para la Capilla de la Arena.

Esta pequeña iglesia había sido construida por la rica familia de los Scrovegni, que confió a Giotto la tarea de decorarla.Sobre los muros laterales, Giotto pintó en 38 escenas la vida de Jesús y de María.

EL “CAMPANILE” DE GIOTTO: El último trabajo del pintor Giotto fue una obra de arquitectura: el campanario de la catedral de Florencia. Hasta ese momento se había contentado con poner torres, casas, iglesias y campanarios en sus cuadros; pero finalmente, en 1334, ya anciano, podía construir uno verdadero. Sin vacilar, emprendió el nuevo trabajo con entusiasmo, y, como todo lo que salía de sus manos, también el campanario fue una obra maestra. Por desgracia, Giotto no pudo ver terminada esta joya del arte. En 1337, lo sorprendió la muerte.

Giotto, fue el más grande y auténtico innovador del arte italiano del siglo XIV, mira la realidad del mundo que lo rodea con ojos libres de prejuicios místicos y simbólicos.

Encuentra una nueva dimensión del hombre en el plano moral y la resuelve con un nuevo estilo: sus personajes ya no son figuras estampadas sobre un fondo vacío y sin vida; los sentimientos que expresan ya no son el mecánico resultado de una representación convencional en sus composiciones, ya no se encuentran símbolos complicados, sino que aparece la desnuda verdad de hombres que se mueven en un pequeño fragmento de espacio, penosamente conquistado, con su bagaje de sentimientos siempre verdaderos y diferentes.

Detrás de ellos, el cielo, constante e invariablemente de color azul obscuro, se extiende como una pantalla- infranqueable que crea un límite sobrenatural a la audacia del hombre.

En la Vida de San Francisco, de la iglesia superior de la Basílica de Asís, Giotto realiza su primer gran ciclo narrativo. Las veintiocho escenas, en cuya ejecución participaron también algunos de sus discípulos, se hallan encuadradas en elegantes motivos arquitectónicos pictóricamente figurados.

De esa manera se define el campo espacial en que se desarrolla la acción y se hacen resaltar los sentimientos de hombres que viven, sufren y aman intensamente. Las severas y simples masas plásticas de los personajes, observadas y descriptas con técnica naturalista, son, a su vez, puestas en relieve por medio de un fondo de amplios paisajes y marcos arquitectónicos.

Después del ciclo de Asís, al que se dedicó durante el último decenio del siglo xm, Giotto pintó los frescos de la Capilla de los Scrovegni, en Padua, hechos entre 1304 y 1306, en los que alcanzó la medida plena de su arte innovador.

Estos representan escenas de la vida de María y de Cristo, además de un gran Juicio Universal. Aquí nos hallamos frente a un inmenso poema figurativo, en el que cada estrofa está constituida por un cuadro que logra a duras penas contener la gran carga dramática que lo invade.

Si en los frescos de Asís se halla toda la ingenuidad y la sorpresa de quien, abriendo los ojos, ve una realidad que ni siquiera sospechaba, en los de Padua el ya profundo conocimiento de este nuevo mundo da al pintor una mayor seguridad y confianza en su descripción; en los frescos posteriores de las Capillas de los Peruzzi y los Bardi, en la Iglesia de la Santa Cruz de Florencia, la tensión dramática del Giotto paduano se aplaca, y es sustituida por una serenidad narrativa dotada de un ritmo reposado, sólo realzado por un suave relieve y por el encanto de la luz y del color.

La actividad de Giotto, que vivió hasta 1337, no se limita a la pintura. El famoso Campanario de la Catedral de Florencia es el reflejo de un proyecto suyo, modificado por los arquitectos que trabajaron en él después de la muerte del genial maestro. Y también en los cuadros en relieve de Andrea Pisano, colocados en la base del mismo campanario, es posible hallar ideas y proyectos que  se  deben  al  gran  pintor  florentino.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Superior del Estudiante Fasc. N°50
Historia Visual del Arte Larousse La Nación El Arte Renacentista
ARTERAMA N°53 Enciclopedia de las Arte Editorial CODEX S.A.

Vida y Obra de Ghiberti Lorenzo Historia Puerta del Paraiso Florencia

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento. Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

Lorenzo GhibertiLorenzo Ghiberti (1378-1455) es el primero de los escultores florentinos del siglo XV; hasta los más eminentes artistas de esa época se formaron en su taller.

El estilo aún gótico de sus primeras obras se hace cada vez más complejo a través del estudio de la perspectiva y de la incansable búsqueda de la “luz”, elementos ambos que tanto apasionaron a los artistas florentinos del siglo XV.

“Son tan bellas que podrían colocarse a la entrada del Paraíso”.
Así se expresó un día el gran Miguel Ángel, que no prodigaba los elogios, al detenerse a admirar la nueva puerta del Baptisterio florentino, última obra maestra de Lorenzo Ghiberti.

Que aquella “puerta del Paraíso” era hermosa, lo sabían todos en Florencia… hasta los profanos en la materia. Pero el florentino más convencido de ello era el propio Lorenzo Ghiberti, que —con una franqueza rayana en la inmodestia— había firmado su trabajo con estas palabras: “Obra de Lorenzo Ghiberti, ejecutada con maravilloso arte”. ‘ Nadie, sin embargo, se asombró de tal inscripción, ya que era rigurosamente cierta. Por lo demás, si alguien se hubiera atrevido a pensar que el autor de semejante rúbrica debía ser un auténtico “cara dura”… no se habría alejado mucho de la verdad.

La “cara dura” de Ghiberti, puesto que era de bronce, estaba allí mismo, sobre uno de los batientes de la puerta: un rostro abierto, bondadoso, con las cejas un poco enarcadas, confiriéndole una expresión perspicaz y vagamente irónica. Pero junto a su propia imagen, como si hubiera querido dividir el mérito de aquella obra maestra en partes iguales, Ghiberti había colocado la efigie de su padrastro, Bartolo de Michele, llamado Bartoluccio por los florentinos, que había sido su maestro; y este acto de modestia y generosidad basta para absolverlo de toda sospecha de presunción.

Puerta Harte del Baptisterio de Florencia (1403-1424)

Lorenzo Ghiberti: Puerta Harte del Baptisterio de Florencia (1403-1424) – Por voluntad de los autores del encargo, Ghiberti, al esculpir la primera puerta del Baptisterio de Florencia, se atuvo fielmente al modelo que había ejecutado Andrés Pisano, en la primera mitad del siglo XIV, para el mismo Baptisterio. La puerta está subdividida en 28 paneles de bronce, 14 por batiente, en cada uno de los cuales se incluye un marco cuadrilobulado que encierra a las figuras. En las dos filas inferiores, el escultor representó a los cuatro evangelistas y a los cuatro “padres” de la Iglesia, seguidos, en orden ascendente, por los episodios más significativos de la vida de Jesús. La regularidad geométrica de los recuadros se enriquece con los elegantísimos frisos que los enmarcan y con la vivacidad de las cabezas de profetas que surgen en los ángulos. Las figuras doradas resaltan sobre el fondo oscuro del bronce. La fundición de la puerta fue muy difícil, y se realizó en dos tiempos: primero, el marco con los 28 compartimientos; luego, las placas esculpidas.

EL FAMOSO CONCURSO
Lorenzo se reveló como un artista precoz: cuando, en 1401, participó en el famoso concurso para la puerta del Baptisterio de Florencia, sólo tenía 23 años. El tema del concurso era la ejecución de una placa de bronce que reprodujera el “Sacrificio de Isaac”. Tras una primera “eliminatoria”, pasaron a la final siete artistas de “campanillas”, entre ellos Jacobo della Quercia y Filippo Brunelleschi.

No es difícil imaginar el clima de competición que se creó en la ciudad cuando los seleccionados se pusieron al trabajo, ni las discusiones de los “partidarios” sosteniendo a sus favoritos, ni la curiosa expectación.

Los siete artistas trabajaron en el más completo secreto, para no correr el riesgo dé copiarse recíprocamente. Es decir, los siete, no, porque Lorenzo Ghiberti, el más joven de ellos, invitó a todos los ciudadanos que lo desearan a examinar sus modelos y a declarar abiertamente su parecer. Los maldicientes, por supuesto, dijeron que con ello sólo intentaba predisponer a favor suyo al j rado…
Pero se engañaban: la obra de Ghiberti resultó perfecta, digna, sin duda, de la victoria.

Para los treinta y cuatro componentes de la comisión, sin embargo, no fue fácil decidir entre las placas presentadas por Ghiberti y Brunelleschi, ya que ambas eran muy bellas, aunque completamente distintas en la ejecución y en el estilo. Finalmente se optó por una decisión salomónica: los dos artistas trabajarían juntos en la puerta del Baptisterio. Brunelleschi se negó.

MEDIA VIDA
Inició la tarea cuando era todavía un joven, y la terminó a los cuarenta y seis años de edad. Acaso al participar en la ceremonia de consagración de la puerta, en la mañana de Pascua de 1424. se dio cuenta de que la mitad de su vida se le había ido en aquel trabajo. Pero merecía la pena. La puerta, elegantísima, perfecta, era el resultado de un feliz equilibrio de arte y sabiduría técnica. Y sólo Florencia podía jactarse de poseer semejante maravilla.

UN TALLER CONCURRIDO
Entretanto, el taller de Lorenzo Ghiberti se había llenado de ayudantes, aprendices y alumnos. entre los cuales se contaban algunos, como Donatello y Paolo Uccello, que no tardarían mucho en hacerse famosos. La vida del escultor transcurría en medio de un tranquilo bienestar: tenía mujer, dos hijos que pronto incrementarían el número de sus colaboradores, una bonita casa en Borgo Allegri y algunas fincas fuera de la dudad. Y era. además, famosísimo.

En su taller se hacía de todo: finísimos trabajos de orfebrería, estatuas de bronce de más de dos metros de altura, destinadas a la iglesia de Orsanmichele, bosquejos para las vidrieras sacras, vírgenes de terracota, pinturas sobre madera y. vidrio… Y, cuando se habló de encargar la tercera y última puerta del Baptisterio (la primera había sido esculpida por Andrés Pisano, un siglo antes), a nadie, y tampoco a Ghiberti, se le pasó por la cabeza que pudiera ser confiada a otras manos.

Como siempre, el resultado satisfizo a todos: se trataba, efectivamente, de la “puerta del Paraíso”. Si bien aquella vez, en el entusiasmo febril del trabajo” transcurrió casi un decenio: en 1452, cuando dio  últimos toques a su obra, Ghiberti tenía más de 70 años.

Por aquella época, el artista llevaba ya bastante adelantada la redacción de sus “Comentarios”, que continuó escribiendo, sereno y en paz, hasta el día de su muerte acaecida el 1° de diciembre de 1455. En los “Comentario se refería también a su propia persona, objetivamente concluyendo la parte autobiográfica con otra de sus tajantes afirmaciones: “Pocas cosas importantes se han hecho en nuestra tierra (la Toscana) que no hayan sido dibujadas u ordenadas por mi mano”. Pero tampoco esta vez los lectores encontraron presuntuosa la frase. Es cierto: Lorenzo Ghiberti había educado y enseñado arte a toda una generación de escultores.

 Detalle de la Puerta Norte del Baptisterio Florencia

Lorenzo Ghiberti – Detalle de la Puerta Norte del Baptisterio  Florencia: Anunciación – Esta placa de la primera puerta ejecutada por Lorenzo Ghiberti con destino al Baptisterio de Florencia, constituye un ejemplo de la sobria elegancia características del estilo de este escultor. Observemos la armonía y el equilibrio con que la escena ha sido colocada en el marco de cuatro lóbulo El templete que acoge la figura de la Virgen ocupa la mitad exacta de la superficie disponible; las figuras del ángel y del Padre Eterno,oportunamente curvadas para adaptarse mejor al  contorno redondeado del marco, “equilibran” la otra mitad. Notemos también cómo las alas del ángel se introducen en el  ángulo del marco, favoreciendo el ritmo.

puerta del infierno ghiberti lorenzo

Lorenzo Ghiberti: Puerta del Paraíso (1425-52) – Florencia, Baptisterio – En la “puerta del Paraíso” Ghiberti utilizó una subdivisión distinta de la empleada en las otros dos puertas del Baptisterio. Eligió como tema los hechos del viejo’ Testamento, narrados en diez amplias escenas, contenidas en marcos rectangulares. Los frisos verticales reproducen elegantes figuras de cuerpo entero y cabezas rodeadas por marcos circulares. La tercera pareja de cabezas del friso central de la puerta, empezando a contar desde abajo, está formada por los retratos del escultor (a la derecha) y de su padrastro y maestro, Bartolo di Michele, llamado Bartoluccio (a la izquierda). El estilo del artista ha cambiado mucho. Las escenas son más ricas en detalles y están animadas por un claroscuro que les confiere un vivaz efecto “pictórico”. El paisaje y los edificios del fondo fueron ejecutados según las reglas de la perspectiva, es decir, disminuyendo la altura del relieve, a medida que las figuras se alejan del primer plano.

Biografia de Gaudi Antoni Arquitecto Sagrada Familia Catedral España

GAUDÍ ANTONI Arquitecto de la Catedral de la Sagrada Familia

Nació el 25 de julio de 1852 en Reus, España, y fue bautizado con el nombre Antón Plácido Guillem. Fue el quinto y último hijo de una familia humilde en la que el padre era fabricante de calderos de Reus. De él heredó la tradición artesanal. Comenzó sus estudios de arquitectura en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona y aunque allí no demostró ser un buen estudiante obtuvo su diploma en 1878.Falleció en Barcelona el 7 de junio de 1926 atropellado por un tranvía.

La señora, bella y elegante, se detuvo, hurgó en el monedero, extrajo de él algunas monedas y se las tendió con seguridad al viejo. Y el viejo, traje ajado, demasiado ancho, el rostro surcado de arrugas, los cabellos blancos, cortos y rizados y la barba sin cuidar, sonrió.

Después, con paso cansado, echó las monedas en la hucha de las limosnas para las obras de la Sagrada

 Familia. El viejo era Antonio Gaudí. Este episodio es auténtico, una de las pocas anécdotas de la vida sin vicisitudes de Antonio Gaudí y Cornet, vida que se consumió prácticamente entre los muros de una sola ciudad —Barcelona-—, donde el futuro arquitecto había llegado a los dieciséis años, en 1869, desde su Reus natal, en la provincia de Tarragona.

Arquitecto español máximo representante del modernismo y uno de los principales pioneros de las vanguardias artísticas del siglo XX. El templo de la Sagrada Familia fue la obra que ocupó toda su vida y que se consideró su principal realización artística, a pesar de que quedó inconclusa y sin un proyecto bien definido. (imagen arriba: Antoni Gaudi)

Sus únicos viajes fueron una visita de estudios a Mallorca y a Carcasona, apenas conseguido el título (1878); una rápida excursión por Andalucía y Marruecos —llevado allí por un cliente— en 1887; retornos a Palma para la restauración de su catedral entre 1902 y 1904, y una breve estancia en los Pirineos para curarse de las fiebres de Malta en 1911. El proceso artístico de Gaudí evoluciona en fases que se pueden distinguir cronológicamente: una vez finalizados sus estudios en la Escuela Provincial de Arquitectura, realiza sus primeros proyectos en un estilo victoriano, cuya característica más evidente es la contraposición entre las masas geometricas y las superficies, en las que la exuberante decoración se obtiene mediante el empleo de distintos materiales: piedra, ladrillo, mayólica y acero.

El efecto general recuerda el estilo morisco, siendo ejemplos de ello la Casa Vicens y el palacio Güell de Barcelona. En la fase siguiente, entre 1887 y 1900, Gaudí experimenta las posibilidades dinámicas de los estilos clásicos: el gótico (Palacio Episcopal de Astorga y la Casa de los Botines de León) y el barroco (Casa Calvet de Barcelona). Y desde principios de siglo, la práctica arquitectónica de Gaudí pasa a ser algo único, que ya no se puede clasificar con una nomenclatura estilística convencional. Es el período en el que el arquitecto vuelca toda su potencia expresiva en la Sagrada Familia, que incluso lo compromete y obliga más como hombre religioso que como artista. Hijo de un calderero (durante toda su vida sintió el orgullo del artesano capaz de doblar a voluntad el metal), estudió en el colegio de los padres escolapios, asimilando quizá en aquellos años el germen de un rigor moral que lo convirtió en un ser intransigente y solitario.

Fue, evidentemente, un personaje taciturno y huraño que pasaba todo su tiempo sumergido en el trabajo, que cada día se acercaba a la iglesia, prefiriendo las largas conversaciones con unos pocos íntimos a las reuniones mundanas, y que siempre iba tan desaseado y tan mal vestido que a veces, como se ha recordado al principio, podía ser confundido con un mendigo. Por otra parte, y desde luego por completo al margen de esas anecdóticas y pintorescas limosnas, Gaudí necesitaba dinero, mucho dinero, para llevar adelante las obras de la Sagrada Familia, el gran templo votivo que durante cuarenta y tres años —de 1883 a 1926, año de su muerte— fue el exclusivo fin de su existencia. En esta empresa gastó todo lo que poseía, conformándose con vivir pobre y sencillamente, como un ermitaño; pero el dinero nunca era suficiente. Y ello, en parte, a causa de su falta de previsión, por su modo de trabajar con programas ilimitados, con intuiciones, arrepentimientos y muchos imprevistos que hacían subir tanto los costos que perjudicaba a los que sufragaban los gastos.

Pero Gaudí no se preocupaba por esas cosas: la suya era una búsqueda ininterrumpida en la que no podía ni quería aceptar en el trabajo plazos determinados. Cuando pasó a ser prácticamente su propio mecenas, no se avergonzó ni tuvo el menor reparo en transformarse en una especie de postulante que pedía constantemente, pues para él lo que se ponía en juego era importantísimo. Como tampoco le molestaba ser tildado de “snob” por la gente: para los conformistas de la época (cada época los tiene) no era fácil admitir que un hombre de un aspecto tan modesto pontificase con tanta autoridad o se permitiese exigir ayudas monetarias. Para ellos un hombre tan mal vestido y desaseado no podía ser más que un revolucionario o un visionario. Pero Gaudí continuaba tranquilamente su trabajo.

Le bastaban las conversaciones con sus colaboradores —tuvo muchos, y de talento, que se pusieron a su lado sin pedir nada a cambio— o los raros encuentros con visitantes excepcionales, como el filántropo Albert Schweitzer o el poeta Juan Maragall Gorina, partidario entusiasta del resurgimiento catalán. Permaneció siempre soltero y en los últimos años de su vida vivió completamente solo. Durante cierto tiempo tuvo a su lado a su padre y a una sobrina, pero cuando éstos murieron fue atendido por dos monjas carmelitas de un convento cercano, que después lo recordarían como una persona devota y amable. Una de sus más bellas fotografías lo reproduce, ya con sententa años de edad, con un largo cirio en la mano, mientras participa en la procesión del Corpus Christi.

Todas las mañanas, antes de dirigirse a las obras de la Sagrada Familia (que se había convertido en su eremitorio), se detenía en la iglesia de San Felipe Neri, para oír misa. Hacia allí se dirigía, como de costumbre, la mañana del 7 de junio de 1926 cuando fue atropellado por un tranvía: a consecuencia de las heridas murió tres días después. siendo sus restos inhumados en la cripta de la gran catedral inacabada.

Se cerraba así. después de setenta y cuatro años, una existencia que había transcurrido casi por entero dentro del horizonte de Barcelona, este horizonte al que la piedad profunda y rica en fantasía de Gaudí caracterizó y modificó definitivamente al levantar en él los increíbles pináculos de un templo que había de convertirse en una especie de símbolo de la ciudad.

PARA SABER MAS… Antonio Gaudí, representante de medio siglo de arquitectura española, murió atropellado por un tranvía en 1926. Adscrito a la estética modernista de principios de siglo, el arquitecto siempre dio más importancia al individuo romántico que a lo formal de este movimiento cultural. Se ha dicho que Gaudí fue el último representante de una época ya concluida, pero que a la vez abre una línea expresionista que evoluciona en las vanguardias del siglo XX. Gaudí desarrolló su sueño personal en obras como el Parque Güell y las casas Batlló y Milá, situadas en la ciudad de Barcelona.

La coronación de su estilo personal, relacionado con el surrealismo, fue la inconclusa iglesia de la Sagrada Familia. Gaudí nació en una familia de artesanos y estudió con maestros tradicionales pero, a pesar de sus arraigados sentimientos nacionalistas, consiguió dar un sentido cosmopolita a sus obras, que unen tradición y modernidad, tanto en el interior como en sus fachadas. Su estilo arquitectónico era espiritualista (era un ferviente católico) y formalista y supuso la desaparición del clasicismo.

En sus obras, Gaudí ocultó soportes, utilizó materiales industriales nuevos y cambió la concepción del espacio. En 1893 recibió el encargo de construir la Sagrada Familia y a partir de entonces dedicó su dinero y su tiempo al templo (en ese monumento levantó cuatro torres, de las cuales sólo una fue concluida por él, y la fachada del Nacimiento).

Gaudí vivía en forma tan austera que cuando murió fue confundido con un vagabundo. Su obra no llegó a trascender en su época. Pero después de su muerte, fue reconocida internacionalmente.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de las Maravillas del Mundo Tomo III
El Gran Libro del Siglo XX Clarín

HISTORIA DE LA MÚSICA Clasica Origenes de la musica clasica

HISTORIA DE LA MÚSICA CLÁSICA
Orígenes de la musica clasica

EL DESARROLLO DE LA MÚSICA: Los siglos XVII y XVIII  fueron el periodo formativo de la música clásica y vieron nacer la opera y el oratorio, la sonata, el concierto y la sinfonía. Los italianos fueron los primeros en desarrollar estos géneros, pero les siguieron pronto los alemanes, austriacos e ingleses.

Como en los siglos anteriores, muchos músicos dependían de un mecenas: algún príncipe, algún eclesiástico bien provisto de fondos, o un aristócrata. Los numerosos príncipes, arzobispos y obispos cada uno con su propia corte, proporcionaron los patrocinios que hicieron de Italia y Alemania los adelantados musicales de Europa.

HISTORIA DE LA MÚSICA Clasica Origenes de la musica clasicaMuchas técnicas del estilo musical barroco, que dominaron Europa entre 1600 y 1750, fueron perfeccionadas por dos compositores, Bach y Haendel, quienes brillaron como genios musicales. Johann Sebastian Bach (1685-1750) (foto izq.) venía de una familia de músicos; ocupó el puesto de organista y director musical en gran número de pequeñas cortes germanas, antes de convertirse en el maestro de capilla de la iglesia de Santo Tomás en Leipzig, en 1723. Allí compuso la Misa en si menor, la Pasión según San Mateo y las cantatas y motetes que fijaron su reputación corno uno de los más grandes compositores de todos los tiempos.

Como el arquitecto Balthasar Neumann, Bach podía transitar con facilidad de lo religioso a lo secular. De hecho, su música profana refleja un espíritu turbulento, su era un diálogo entre padre e hija sobre el deseo de ésta de beber el nuevo brebaje. Para Bach no representaba problema alguno añadir textos religiosos a la música secular que había compuesto en las cortes principescas para convertirla en música sacra, para él toda la música era un medio para adorar a Dios; se sus propias palabras, su tarea en la vida era hacer “música bien ordenada en honor de Dios”.

El otro gigante de la música de principios del siglo XVIII, G. Frederick Haendel (1685-1759) (foto derecha) , nació, como Bach, en Sajonia, Alemania, y en el mismo año. En contraste con la tranquila vida provincial de Bach, Haendel experimentó una agitada carrera internacional y fue profundamente secular por temperamento. Tras estudiar en Italia, donde comenzó su carrera escribiendo ópera la manera italiana, en 1712 se mudó a Inglaterra, donde dedica mayor parte de su vida a tratar de dirigir una compañía de ópera.

Aunque lo patrocinaba la corte real inglesa, Haendel compuso música para auditorios más amplios y no tenía inconveniente en escribir piezas colosales de sonido inusitado. Por ejemplo, se suponía que la banda para su Música para los reales fuegos de artificio debía acompañarse de ciento un cañones. Si bien escribió más de cuarenta óperas y mucha música secular, es irónico que el mundano Haendel probablemente sea conocido más por su música religiosa. Su ha Mesías ha sido llamado “una de esas extrañas obras que atraen de inmediato a cualquiera y que, sin embargo, es indiscutiblemente una obra maestra del más elevado orden”.

Aunque Bach y Haendel compusieron muchas suites instrumentales y conciertos, la música orquestal se situó en primer hasta la segunda mitad del siglo XVIII, al aparecer nuevos instrumentos, como el piano. Una nueva era musical, el periodo (1750-1830), surgió también, representada por dos grandiosos innovadores, Haydn y Mozart. Su renombre dio lugar a que el de Europa se trasladara de Italia y Alemania al Imperio Austríaco.

Joseph Haydn (1732-1809) pasó la mayor parte de su vida adulta trabajando como director musical para los acaudalados príncipes húngaros, los hermanos Esterhazy. Haydn fue un creador increíblemente prolífico; compuso ciento cuatro sinfonías, además de de cuerdas, conciertos, canciones, oratorios y misas. Sus visitas a Inglaterra en 1790 y 1794 lo introdujeron en otro mundo en músicos escribían conciertos para el público, más que para principescos. Esta “libertad’ como él la llamó, lo animó a escribir dos de sus más importantes oratorios, La creación y Las estaciones dedicados ambos a la gente común.

El concierto, la sinfonía y la ópera atestiguaron un clímax en las obras de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), niño prodigio que dió su primer concierto de clavicordio a los seis años de edad y escribió su primera ópera a los doce. También él buscó un mecenas, pero su descontento con con las desmedidas exigencias del arzobispo de Salzligaron lo obligaron a mudarse a Viena, donde, al no poder encontrar un protector permanente, hizo su vida miserable. Con todo, escribió música abundante y apasionadamente hasta su muerte a los treinta y cinco años,hundido en la pobreza y abrumado por las deudas.

Mozart llevó la tradición de la ópera cómica italiana a nuevas dimensiones con Las bodas de Fígaro, obra basada en una puesta en escena parisina en la década de 1780, en la que un criado supera en ingenio y encantos a sus señores nobles, y Don Juan, una “comedia negra” acerca de los estragos que este personaje hizo en la tierra antes de descender al infierno. Las bodas de Fígaro, La flauta mágica y Don Juan son tres de las más grandes óperas de todos los tiempos. Mozart componía con una mezcla de facilidad melódica, gracia, precisión y emoción que indiscutiblemente nadie ha superado. Haydn dijo al padre que «su hijo es el más grande compositor que yo haya conocido en persona o por reputación”.-

En el siglo XIX,  Johannes Brahms fue el único compositor alemán contemporáneo de Wagner que tuvo jerarquía suficiente para ponerse más o menos a la misma altura. Wagner fue el revolucionario, el hombre del futuro. Brahms fue el clasicista que abordaba las formas abstractas, y en el curso de su vida nunca escribió una nota de música de programa, y mucho menos una ópera. Wagner ejercería enorme influencia sobre el futuro. Con Brahms, la sinfonía, en la forma que le confirieron Beethoven, Mendelssohn y Schumann, llegó a su fin.

A semejanza de Bach, Brahms resumió una época. A diferencia de Bach, contribuyó poco al desarrollo de la música, pese a que algunas de sus texturas y armonías encuentran un débil eco en Schoenberg. Incluso en tiempos de Brahms, los progresistas no tenían una elevada opinión de él. Mahler decía de Brahms que era “un maniquí con un corazón un tanto estrecho”.

Algunos impetuosos dominados por Wagner, como Hugo Wolf, se arrojaban gozosamente sobre cada nueva composición de Brahms, y se burlaban de ella. En una crítica de la Tercera Sinfonía para el Wiener Salonblatt, Wolf proclamó que “Brahms es el epígono de Schumann y Mendelssohn, y por lo tanto ejerce sobre la historia del arte casi tanta influencia como el finado Robert Volkmann un compositor académico otrora popular, y ahora olvidado], es decir, en la historia del arte tiene tan escasa importancia como Volkmann, o sea que no ejerce ninguna influencia… El hombre que ha compuesto tres sinfonías, y al parecer se propone continuar con seis más… es sólo una reliquia de los tiempos primitivos y no una parte esencial de la gran corriente del tiempo”.

Tres creadores de música ligera del siglo XIX han sobrevivido de un modo tan triunfal al tiempo y las modas que es legítimo llamarlos inmortales. El vals y la opereta vienesa de Johann Strauss (h), la ópera bufa de Jacques Offenbach y la opereta de sir Arthur Sullivan perduran entre nosotros, y son obras tan encantadoras, atrevidas y plenas de inventiva como lo fueron otrora. Meyerbeer prácticamente ha sido olvidado; Gounod perdura sobre todo a través de la ópera; y figuras otrora tan encumbradas como Goldrnark, Rubinstein, Heller y Raff no son más que nombres en los libros de historia. Pero el mundo continúa entreteniéndose e incluso encantándose con Strauss, Offenbach y Sullivan.

En primer lugar fue el vals. Se originó en el Landler, una danza austro-alemana de tres por cuatro. Entre 1770 y 1780 se asistió a la primera aparición del vals. Casi de inmediato se convirtió en el furor de Europa, y no sólo en Viena, pese a que esa ciudad fue su centro principal. Michael Kelly, el tenor irlandés que cantó en el estreno mundial de Las bodas de Fígaro, se refirió a este furor en 1826, cuando escribió sus memorias.

“Los habitantes de Viena”, observó, “en mis tiempos [la década de 1780] bailaban enloquecidos cuando se aproximaba el Carnaval, y la alegría comenzaba a manifestarse por doquier… La propensión de las damas vienesas a la danza y a la asistencia a los bailes de disfraces era tan firme, que no se permitía que nada interfiriese en el goce de su diversión favorita.” Para demostrar fehacientemente su afirmación, Kelly citaba una disposición adoptada por los vieneses.

Tan abrumador era ese furor, decía, que en beneficio “de las damas embarazadas, a quienes no podía persuadirse de que permanecieran en el hogar, se preparaban apartamentos con todas las comodidades necesarias para el parto, ante la posibilidad de que lamentablemente fuesen necesarias”. Kelly, que era buen conocedor, juzgaba atractivas a las damas vienesas, pero “por mi parte me parecía que valsar desde las diez de la noche hasta las siete de la mañana, en un torbellino permanente, era sumamente fatigoso para el ojo y el oído”.

Naturalmente, el vals se convirtió en artículo de uso corriente, y a lo largo del siglo XIX ni siquiera los más grandes compositores se mostraron tan orgullosos como para negarse a satisfacer la demanda. Habían existido precedentes, en la historia anterior de la música, incluso remontándose hasta los isabelinos, los compositores se aplicaban industriosamente a crear música de danza para el público que la recibía complacido.

Haydn y Mozart habían compuesto considerable cantidad de música de danza. Schubert compuso varios volúmenes de valses para atender la demanda creada por el nuevo furor. La Invitación a la danza, para piano solista (después Berlioz la orquestó) de Weber creó el vals de concierto. Chopin compuso valses idealizados, que no estaban destinados a la danza. Brahms aportó un conjunto para piano y dos conjuntos para cuarteto vocal. Dvorak compuso varios hermosos valses. El caballero de la rosa, de Richard Strauss, utiliza mucho el vals. Ravel compuso un gran vals para orquesta, y un conjunto para piano titulado Valses nobles y sentimentales. Debussy compuso varios valses. Incluso hay un vals en la sombría Wozzeck de Berg.

Poco después de la aparición del vals se suscitó un clamor que imputaba inmoralidad a este género. El primer gran exponente del vals luí Johann Strauss (padre), y las naciones puritanas supieron entonces a quién achacar la culpa.

Igor Stravinsky nació el 17 de junio de 1887 en San Petersburgo, y vivió para ser reconocido universalmente como el compositor más grande de su tiempo. Puede afirmarse que desde su iniciación estuvo en la cumbre. Después de los tres ballets rusos que compuso para Serge Diaghilev entre 1910 y 1913, en París, no hubo dudas acerca de su jerarquía.

El pájaro de fuego, estrenado el 25 de junio de 1910, fue el primero y el compositor de veintiocho años alcanzó la fama de la noche a la mañana, tal como había pronosticado Diaghilev la víspera del estreno.

La partitura era un brillante ejercicio de nacionalismo ruso, derivado de Rimsky-Korsakov en general y de una obra suya en particular, El gallo de oro. Pero era mucho más audaz y original que todas las obras de Rimsky, y todos comprendieron que había aparecido un compositor poco común.

El agudo oído de Debussy percibió la cualidad esencial de El pájaro de fuego. “No es una pieza perfecta, pero a causa de ciertos aspectos puede considerársela de todos modos, excelente, pues en ella la música no es la dócil servidora de la danza, y a veces uno descubre reunidas desusadas combinaciones de sonidos.”

El 13 de junio de 1911 fue estrenada Petruchka, que consolidó la posición de Stravinsky como la 5gura en ascenso de la música europea. A semejanza de El pájaro de fuego, Petruchka fue un ballet de tema ruso pero se desarrollaba con más confianza y dominio, y aportaba algunas ideas -especialmente su politonalidad– que habrían de influir sobre el curso de la música europea.

Los Acolitos Una Relacion Con Teatro Itinerante

Los acólitos Una relación con el teatro itinerante El arte debe ser vivido por todos, no como un espectáculo experimentado pasivamente, sino como un juego en el que se arriesga la vida .En las organizaciones libertarias hemos visto en los cuadros filodramáticos, especialmente en los surgidos en las escuelas del movimiento, un esfuerzo colectivo de sacralización que exige del participante una apertura del espíritu y ofrece a cambio el control de sus propios medios de expresión El teatro, aún didáctico, conserva un aspecto de fiesta, pero ésta se convierte pronto en la fiesta de la Revolución. .

En la experiencia que ellos intentan… actores y espectadores son los coautores del drama y en estamos en presencia de un verdadero teatro comunitario. La idea de este teatro aleatorio es favorecer la creación de la “comuna” y reconocer el hecho de que existe un artista creador en cada individuo. Y aunque el teatro no es más que un evento, conduce a la acción .

Por un breve instante, el arte, la vida, la política, forman una unidad. Las técnicas aleatorias garantizan que no haya un itinerario preestablecido, que no se establezca ninguna teleología social, que no se imponga, pues, una performatividad. La estética marxista se presenta como guardián de la tradición realista. La estética anarquista es el guardián del espíritu de ruptura. Y puesto que tiene la mirada fija en el porvenir, interpreta tal vez mejor la aspiración del artista de hoy a la libre expresión de su fe de herético . Los libertarios rioplatenses desplegaron así un fuerte sentido de lo comunitario que conjugó la lucha económica con una decidida militancia de integración cultural alternativa a la del Estado. Integración desigual, discontinúa, muchas veces efímera, contradictoria en sus apropiaciones. En este contexto de crecimiento de los centros portuarios el movimiento libertario adquiere gran relevancia en la organización de la lucha sindical. La necesidad de mano de obra barata por la expansión de la economía generó situaciones de esclavitud fogoneadas por las patronales, que respondían al modelo hegemónico oligárquico.

Con gran rapidez crecieron locales anarcosindicalistas , junto a centros, círculos y escuelas de orientación ácrata. La creación artística de estos núcleos es remarcable y se convierten en el sistema de producción más dinámico de la época. La reacción de los sectores que detentaban el poder político y económico no se hizo esperar y no sólo se dedicó a la represión de huelgas o foquismos puntuales sino que apuntó a toda la actividad del anarquismo en general. Se clausuraron sus diarios e imprentas, se ningunearon y luego quemaron sus centros y escuelas racionalistas. Era un vano intento por frenar la ola de concientización de la clase proletaria. No faltaron recursos al libertario para seguir expresando sus ideas apelando a dos figuras que simbolizaban por su estilo de vida la existencia sin ataduras, los acólitos y los crotos. Los acólitos utilizaron también las viadas para la enseñanza de las ideas anarcosindicalistas y nunca promovieron foquismos, a pesar de trabajar en solitaria durante meses.

Las bases de la perspectiva anarquista – tanto en términos generales, como en lo específicamente referido a lo artístico – no derivan de un modelo teórico que, una vez establecido por algún “maestro pensador”, quedaron determinados para siempre. Se trata aquí de un cuerpo conceptual dinámico, cuyos creadores y seguidores han rehusado convertir en canon de obligatoria obediencia, pues siendo su esencia la libertad y el cambio mal podría avenirse con ello. Por tal motivo, no es sencillo – y hasta resultaría inaceptable para algunos – pretender enumerar los principios estéticos libertarios, más aún cuando ello significa suponer coincidencias plenas entre posturas ideológicas que han puntualizado sus diferencias tanto en la explicación y valoración del hecho artístico como en otros aspectos (por ejemplo, el Anarcosindicalismo, el Anarquismo Individualista, el Anarquismo Cristiano y el Municipalismo Libertario). No obstante, es posible intentar una presentación que subraye los elementos que unifican a las diversas teorías estéticas libertarias, ámbito donde quizás lo más difícil sea conciliar lo que sostiene el Anarquismo Individualista con lo que afirman las tendencias en pro de lo que cabe llamar el Anarquismo Social.

Explicar estas diferencias excede los objetivos de este trabajo. Sin embargo para avanzar en la actividad de los acólitos como vehículos del ideal libertario es necesario precisar si es posible descubrir una genuina estética del movimiento por encima de sus múltiples interpretaciones doctrinarias. La estética anarquista parte de considerar al arte como expresión indispensable en la vida de los pueblos y los individuos, en tanto se trata de una praxis que fusiona la imaginación con el trabajo – la actividad humana y humanizante por excelencia. Es en su horizontalidad de criterios y en su multiplicidad de propuestas, que encontramos un rico y destacado material dramatúrgico.

Voy a desarrollar la tarea de dos acólitos que, fieles a esa falta de dogmatismo, se desplazaron por zonas casi despobladas del territorio argentino. Isaac Berman, un joven maestro partió hacia el norte de Santa Fe y desde allí se internó en la selva chaqueña. Nos cuenta:”Mi familia era alemana y supe del socialismo desde la cuna. Mi abuelo había participado de las revueltas de 1848 y dos tíos militaron con fervor en el primitivo comunismo marxista. Yo nací en estas tierras, a poco de comenzar el siglo. Viví desde pequeño la agitación obrero por la vinculación de mi padre con los sindicalistas que seguían las ideas reformistas de Justo. Pero un hecho inesperado cambió mi vida para siempre. La traición de los dirigentes ante una huelga dejó a mi familia sin sustento, por lo que debimos mudarnos a una pequeña finca cerca de Luján. Allí ingresé a la escuela libertaria y aprendí un nuevo camino y la verdad de un ideal puesto al servicio del hombre y que nace del propio hombre. Quería ser escritor, pero la lucha me llevó a dedicarme a la docencia, llevando a lugares muy lejanos el amor por los principios anarquistas. Para no olvidar mi amor por la escritura, comencé a redactar poemas y pequeños monólogos que utilizaba didácticamente con mis alumnos.

Recuerdo uno especialmente, en mi primera experiencia con los hacheros. Los compañeros locales habían reunido un pequeño grupo y decidí presentarme arremetiendo con “No desesperen”, un breve texto de mi producción. Allí un delegado ácrata se dirigía a los que compartían sus dolores y a aquellos que los explotaban. RAMON: Estoy aquí para debatir los pasos a seguir en la huelga. Tuve muchas presiones. Los dueños de los campos, los capitalistas terratenientes, atentaron contra mi vida y sus esbirros de la policía mataron al pobre Juan. No se puede razonar con el que blande el látigo y nos cree sus esclavos. Ellos hablan de la civilización que traen, de los adelantos que su presencia significa. Y sólo crean almacenes rústicas, en las que los obreros del hacha, debemos comprar con vales y a precios inalcanzables. Si el turco, que les hace de intermediario, quiso cambiar pieles valiosas por un kilo de yerba. Se dan cuenta, compañeros. Un engaño tras otro. Pero claro son letrados, tienen la ley del dueño de su lado y se aprovechan de la ignorancia del pobre. Por eso les pido que se acerquen al círculo anarquista, allí aprenderán a leer o a profundizar lo que saben. Y el combate será también en otros campos. No le regalemos el territorio de la razón. El conocimiento es un proceso que se identifica con sus fines: libertad y amor. Para realizar el deseo irresistible de libertad es necesario conocer, y para conocer es necesario amar. El conocimiento, la libertad y el amor no pueden ser concebidos sino en una relación recíproca.

Estos tres términos son el lado de un triángulo que no podría existir sin los otros dos. Y como el amor es a un tiempo instrumento de conocimiento y de liberación, la poesía es amor e iluminación. La lectura los hará libres; aunque sean dependientes sus cuerpos, su espíritu no tendrá patrón. No renuncien a la belleza. Por más loco que me crean, aún en medio de la selva y perseguidos podemos conectarnos con esa belleza que nos rodea y con la crece en nuestro interior. Pertenecemos a un movimiento social contestatario y somos una opción de rebeldía ante el Estado y las instituciones jerarquizadas y despóticas inherentes al capitalismo. Se puede constituirse un modelo de organización asentado en prácticas colectivas e igualitarias y en relaciones de solidaridad y cooperación voluntaria, en resumen autogestionario, configurado por grupos auto-administrados, cooperantes y donde no tuviesen cabida el autoritarismo y la dominación.

Ciertamente que esa organización voluntaria y no jerarquizada exige empeño personal, participación y conciencia, al contrario de las instituciones autoritarias que recurren a chantajes, propinas y fraudes. Por esa razón es más difícil y más tardía la creación y desarrollo de formas de organización cooperativas, incluso porque la resistencia a los cambios, la huella de los valores dominantes y la rutina tiende a apartarnos de modos de organización que implican un trabajo arduo y permanente de renovación y compromiso solidario. No aflojen, podemos y debemos dar una repuesta rotunda y ella será la organización en torno al ideal. Y no responderemos con violencia, porque eso esperan, para exterminarnos y adocenar a los que sobrevivan. Lo haremos con el amor que surge de nuestra comunión de intereses, de nuestra humanidad plena, de nuestra libertad sin rejas teóricas.” Vincenzo Matiori, discípulo de Malatesta, decidió abandonar la ortodoxia del movimiento y lanzarse a una labor educativa en la actual provincia de Misiones. Recuerda:”Después de muchos desencuentros, me di cuenta que las posiciones irreductibles eran contrarias a nuestra doctrina. Para evitar caer en disputas de bando, me alejé de los centros urbanos y me trasladé por el Litoral, llegando a Misiones.

El movimiento contaba con una incipiente organización en la región y en muchos lados ni rastros había de él. Conocedor del valor del teatro como vehículo de ideas, escribí seis monólogos y junto a tres cartillas, (también de mi producción), inicié la complicada, casi utópica gesta de llevar socialismo a quien apenas leía castellano. Acompañaba mis improvisadas piezas con el acordeón, que aprendí a tocar de niño. Además me gustaba mucho la sonoridad del guaraní, lo fui conociendo en sus matices y hasta compuse alguna polka. Ante las represiones en el cercano Paraguay, contra anarcosindicalistas y obreros en general, organicé una reunión de boteros, hacheros, pequeños campesinos de los yerbatales simpatizantes de las ideas ácratas y lanzamos un documento. Ese día estrené un breve monólogo llamado “Gritos de los pobres”. Javier, el obrero libertario esclarecido se dirigía a las autoridades oligarcas, los grandes usurpadores de la tierra y la vil policía. JAVIER: No tengo miedo, ni siquiera inquietud. Me pregunto si sus argumentos serán siempre el maltrato, el abuso y el asesinato a escondidas. Nunca enfrentaron con ideas, no las tienen.

Son indignos de la condición humana. Dado que quiero sinceramente acabar con toda dominación y explotación y empezar a abrir las posibilidades para crear un mundo donde no haya ni explotados ni explotadores, ni esclavos ni amos, elijo aprovechar toda mi inteligencia apasionadamente, usando toda arma mental -junto con las físicas- para atacar al presente orden social. No pido disculpas por esto, ni me dirigiré a aquellos que por pereza o por la concepción ideológica de los límites intelectuales de las clases explotadas rechazan usar su inteligencia. No es sólo un proyecto anarquista revolucionario lo que está en juego en esta lucha; es mi realización como individuo y la plenitud de la vida que deseo. Y no la voy a construir solo, ya que la salvación es colectiva. Y por eso les hablo, poderosos a la cara. Carecen del concepto de moral y se inclinan frente a un Dios, sin creer en El. No aplican ni siquiera su misericordia, sólo llaman a los curas para que bendigan sus atrocidades.

Pero quiero explicarles, que aunque esté atado y vejado, soy el futuro. Ustedes son piezas de museo, que caerán con la rapidez de un rayo sobre el árbol. Son sombras, de las que no quedarán rastros y sus nombres sólo llenarán espacios en la lista de los traidores. Me hablan de patria, y martirizan a sus habitantes. Hipocresía, señores. Y dejo mi capítulo final, para los compañeros policías. Quiero comprenderlos, lo intento diariamente. Son los perros guardianes de la patronal. Han nacido en las mismas moradas del obrero, comido su alimento, sufrido la falta de escuelas y la instrucción. Y se inclinan por unos miserables pesos. Son la escoria del sistema, los que acuñarán el olvido de los desiertos yermos.” La actividad de los acólitos libertarios se fue diluyendo cualitativa y cuantitativamente desde fines de 1930. Si bien la concepción de libertad experimentada por los maestros normales volantes siguió a lo largo de por lo menos dos décadas relacionándola con el ideario ácrata, esta percepción es errónea. Pero sus interminables esfuerzos, más allá de persecuciones y asesinatos, aún registran productos culturales (en especial bibliotecas populares) en muchos parajes del país.

Bibliografía

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Revistas y periódicos 

El rebelde, colección completa

Boletines obreros FORA regional La Plata, colección completa

Entrevistas a

Isaac Berman, Buenos Aires, 1988

Vincenzo Matiore, Buenos Aires 1990

La gauchesca, desde la simbolía excluyente del otro

La gauchesca, desde la simbolía excluyente del otro hasta la desidiologización funcional
Carlos Fos: 
Cuando establecemos fronteras, definimos al otro en la imposibilidad del nosotros. Solemos describirlo negativamente, en una rara mezcla de temor y fascinación por lo exótico. Los viajeros que se aventuraban en las planicies vírgenes de las pampas, recurrieron a gráficos detalles en sus registros cuasi etnográficos. En los primeros registros sobre ese habitante semi-nómade de los llanos, el gaucho, encontramos un doble rango; por un lado, el documento burocrático con el objetivo de estigmatizarlos como vagos y por el otro, los textos plagados de pintorequismos, de supuestas costumbres y de vocablos de discutible uso.

Esos mancebos de la tierra, esos gauderios toman visibilidad en las producciones literarias. No nos detendremos en la etimología del vocablo, ya que las posiciones de los especialistas son encontradas y, como ocurre en muchos otros casos, es imposible fijar un criterio único. Rastrear sus raíces es quedar atrapado en teorías filológicas tan documentadas como contradictorias.

Esos escritos que mencionamos al inicio de esta aproximación a un rico mundo, roca granítica sobre la que se asientan discursos que aún resuenan en el colectivo del Plata, suelen ser tan gráficos como exagerados en sus apreciaciones. Los comerciantes y funcionarios de segundo rango coloniales solían tropezarse (en ese reducto de la campaña, cercano geográficamente pero lejano en sus experiencias de vida urbana) con los “criollos de la tierra”, con los “mozos perdidos” o “mozos vagabundos”. En estas definiciones ya hay un dejo de estigmatización, al calificarlos como poco dados a las labores diarias. Lo cierto que en el siglo XVI, la mayor parte de los señalados eran trabajadores ocasionales de las haciendas.

El término gaucho se instala en el siglo siguiente, encontrándose huellas del mismo en documentos oficiales en la Banda Oriental. Cuando el alcance de las disposiciones jurídicas es limitado, cuando las divisiones de los territorios difuso, es posible que se instalen en las márgenes, hombres adaptados al paisaje, con diversas profesiones o formas de subsistencia.

Desde los que vivían del cuidado del ganado cimarrón en las Vaquerías tempranas hasta los que se dedicaron al contrabando varias décadas después.
“Los bandas de gauchos que asolan el norte de Uruguay en los últimos años del siglo XVIII, presentan grandes semejanzas con todas las pandillas de bandoleros terrestres y marítimos que han existido desde el principio del mundo. Lo mismo que aquéllas, las gobiernan jefes que llegan al cargo por sus atrocidades, ferocidad y desprecio de vidas, propias o ajenas. El que más muertes tiene a su haber, es el más respetado o más temido y se impone a los demás. Como todos los bandoleros de aquellos tiempos, los gauchos están unas veces en contra de la autoridad y otras a su servicio, pasándose de un campo a otro con singular desenvoltura.”


Tal vez, acorde con ese mítico jinete sin ansias de sedentarismo, investido de libertad y destreza ecuestre, sean muchas las vertientes que sintetizan en el término gaucho. Desde una mirada europea estos centauros resonaban como la conjunción de la negación de la autoridad y la vida natural. Históricamente podemos hablar de algunas experiencias que ponían en tela de juicio la validez de las leyes coloniales, como la denominada “Republiqueta del Río Cebollatí. En este lugar de la Banda Oriental, generador de leyendas sobre la reunión de esclavos fugados y criminales prófugos, se profundizó esa sensación de abandonar los principios del orden establecido por cualquier gobierno tras un muro defendido por cañones. El amor de la estanciera, obra del siglo XVIII, prefiere detenerse, con claros toques de parodia y humor, en la documentación de la vida del campo y la de sus pobladores.


En forma de sainete nos presenta al hombre de montura, al proto-gaucho, sin pretensiones de ahondar en un perfil dramático o épico. También, irrumpirá el extranjero caricaturizado, en un antecedente del Cocoliche del Circo criollo.


Cancho, la expresión del “paisano criollo”, señala en un momento de la pieza su relación íntima con el equino:
“El es un buen enlazador
y voltea con primor;
al fin, es hombre de facha.
Monta un redomón ligero
y bisarro lo sujeta
y, aunque bellaquee mucho
cierto lo pone maceta.
Tiene sus buenos caallos,
corredores, y de paso,
sobre un malacara
que puede imitar al Pegaso”

Las bodas de Chívico y Pancha, muchas veces anunciado como La 2ª parte de El gaucho, llega a nosotros a través de una versión tardía publicada por Mariano Bosch en 1910. La historiadora Beatriz Seibel concuerda con la opinión que la primer parte de este sainete gauchesco o rural era El valiente fanfarrón o El gaucho, recuperada por el investigador Jacobo de Diego. La referencia a dos partes, es según la prestigiosa investigadora un claro indicio de lo popular de este tipo de piezas.

El incendio que devoró a la primera sala porteña, La Ranchería, junto con el archivo de sus obras nos priva de material. Asimismo, las piezas representadas en el Coliseo, el nuevo espacio escénico con que contó Buenos Aires desde 1804, tienen referencias poco confiables de autoría, siendo muchas de ellas señaladas como anónimas. El cruce de información con las actas capitulares, las primeras críticas en los periódicos locales y la fatigosa tarea en centros de documentación privados o del exterior (Archivo de Indias, fuentes eclesiásticas), han permito desandar lentamente el camino del olvido. Más allá de la anécdota del casamiento y las vicisitudes de tono costumbrista, es interesante detenernos en el idiolecto de los personajes y en las situaciones cotidianas reseñadas.

Dice el personaje de Juancho en la primer parte de la obra:
“Y en verdá que me pesó
Por que casi no había nadie:
yo hice tocar zapateao
y no había quien bailase:
¡ no ei visto Chinas mas sonsas,
fandango mas miserable!
ni cigarros ni aguardiente
paa remojar el gasnate:
ve, hija, si está mi caayo,
echa pues, vieja otro mate.”

En el párrafo citado vemos varios de los elementos relacionados a la existencia en el campo y, por ende, presentes en el gaucho en los diferentes tratamientos literarios y teatrales que como personaje mitologizado tiene.

Este tratamiento positivo de la figura del gaucho es continuado en la obra de Bartolomé Hidalgo. Un montevideano comprometido con las luchas de Artigas, se vinculó con los sectores más populares, a los que interpretó en su producción literaria. Los “cielitos” fueron una expresión directa, cuasi descriptiva de los sucesos que experimentaba la región, un instrumento que le permitía hablar desde los más humildes, sus iguales, con funcionalidad política. En ellos como en los Diálogos, el gaucho se presenta a través de sus costumbres, su relación con el caballo, que lo completa. Estos versos, que circulaban oralmente primero hasta pasar al papel, introducían el amor a la patria, a la justicia y la libertad. Tuvo la habilidad de entender los mores de los pobladores subalternos, los marginados, a pesar de ser un hombre ilustrado, con conocimientos de la lírica neoclásica, que transitó. Presentó, además, obras de teatro en la Casa de Comedias de Montevideo, de la que fue director por un breve período. Sus textos eran unipersonales y la temática similar a la del resto de sus escritos.

En uno de sus cielitos más recordado, de corte festivo- patriótico, característico de sus primeros trabajos, se apropia de la voz de un gaucho que canta al triunfo de Maipú. En un fragmento expresa:
“Con mate los convidamos
allá en la acción de Maipú,
pero en ésta me parece
que han de comer caracú.
Cielito, cielito que sí,
echen la barba en remojo;
porque según olfateo
no han de pitar del muy flojo.
Ellos dirán: Viva el Rey;
nosotros: La Independencia,
y quienes son más corajudos
ya lo dirá la experiencia.
Cielito, cielo que sí,
cielito del teruteru,
el godo que escape vivo
quedará como un amero.
En teniendo un buen fusil,
munición y chiripá
y una vaca medio en carnes
ni cuidado se nos da.
Cielito digo que sí,
cielito de nuestros derechos
hay gaucho que anda caliente
por tirarse cuatro al pecho.”

El cielito como danza y aún como ritmo musical era conocido antes de que Hidalgo lo utilizara, pero no hay dudas de que lo legitimó y que, desde entonces, ambos están íntimamente unidos.

En los Diálogos los interlocutores son Jacinto Chano y Ramón Contreras. Ellos nos presentan ese panorama del campo y sus moradores. Dueño de un envidiable poder de registro, algunos lo emparentaron con las expresiones posteriores de los payadores. En ese orden de ideas, se lo ubicaba en los fogones de las tropas artiguistas con guitarra en mano e improvisando versos.

En su Historia de la literatura argentina, Ricardo Rojas lo presenta de la siguiente manera: “ Tal se nos aparece la figura de Hidalgo, al entrar en la historia de la literatura nacional: vestido de chiripá sobre su calzoncillo abierto de cribas; calzadas las espuelas en la bota sobada del caballero gaucho; terciada, al cinturón de fernandinas, la hoja labrada del facón; abierta sobre el pecho la camiseta oscura, henchida por el viento de las pampas; sesgada sobre el hombro la celeste golilla, desafinada a servir de banderola sobre el enhiesto chuzo de lanceros; alzada sobre la frente el ala del chambergo, como si fuera siempre galopando la tierra natal: ennoblecida la cara barbuda por su ojo experto en las baquías de la inmensidad y de la gloria. Una guitarra trae en la diestra que tiempo atrás esgrimiera las armas de la epopeya americana”

La visión sobre el gaucho cambió drásticamente cuando se instala en la región la antinomia civilización y barbarie. Llega de la mano del Enciclopedismo de manera embrionaria, apareciendo en escritos tempranos en las cercanías temporales de la Revolución de Mayo. Con bríos definitivos animaría la pluma de los miembros del Salón Literario en 1837. Políticamente, este dicotomía entre la ciudad fuente la luz del progreso y la campaña, sede del atraso, tuvo manifestaciones en Rivadavia. En los textos de Sarmiento, Echeverría, Sastre y otros el gaucho toma una nueva dimensión negativa, magnificada con el arribo del positivismo spenceriano a la zona del Plata.

“Si un destello de literatura nacional puede brillar momentáneamente en las nuevas sociedades americanas, es el que resultará de la descripción de las grandiosas escenas naturales, y sobre todo de la lucha entre la civilización europea y la barbarie indígena, entre la inteligencia y la materia” .

El gaucho es símbolo de salvajismo, del sostén de la expresión política retrógrada del caudillo, enemigo de la creación de un Estado moderno. Sin embargo, en ese “bárbaro”, en el que se depositan muchos de los males de la Nación, muchos de los intelectuales de la época hallan elementos fascinantes, que marcan el paso de su producción literaria. El propio Sarmiento, queda prendado de la figura de Facundo, y al narrar las costumbres y habilidades de este habitante de las pampas, se detiene en sus capacidades naturales como el canto, el rastreo o la fortaleza y destrezas físicas. Quiroga, ese paradigma del país que no debe ser, es además descrito con una suerte de ambivalencia; un personaje con tantos rasgos negativos como positivos, que es capaz de cautivar la pluma del sanjuanino.

¿Era posible que el gaucho tuviera potencialidades innatas, pasibles de ser mejoradas por la educación, concebida como el camino para la homogeneización cultural del territorio? Sarmiento deja abierta esta puerta.
Carne de cañón en las guerras por la independencia, la sangre del gaucho sigue derramándose al compás de los enfrentamientos civiles. Unitarios y federales, centralistas porteños y defensores de las autonomías provinciales, eran títulos que tan sólo, en la mayor parte de los casos, escondían intereses más complejos. Realizar un estudio de las motivaciones de los principales protagonistas de las luchas intestinas, escapa al interés de este estudio.

Las guerras civiles en el territorio argentino van a impedir la consolidación de un modelo de organización política que se pudiera mantener ante la inestabilidad reinante. La proclamación de la Constitución Nacional en 1853 fue incapaz de reunir en un bloque a la ciudad de Buenos Aires con el resto del territorio expresado por la Confederación. Juan Bautista Alberdi, mentor de este instrumento legal proponía fomentar la llegada de inmigrantes europeos, en la medida que los mismos se dedicaran a desarrollar la agricultura o a hacer aportes significativos en las áreas de las ciencias y las artes. Luego de la batalla de Pavón en septiembre de 1861, el camino hacia la conformación de un Estado moderno aparecía allanado. Las administraciones de Mitre, Sarmiento y Avellaneda dieron los primeros pasos hacia el afianzamiento del orden institucional de esta república que asomaba como unida. Fieles a un ideario económico, y respondiendo a una ideología positivista (en especial los dos últimos, defensores del orden y progreso como banderas de gestión) encararon la transformación de los cimientos sociales y económicos del nuevo país.

La ocupación del territorio por cuestiones económicas y geopolíticas se convirtió en prioridad y comenzó a diseñarse distintos planes para llevarla a cabo. El problema del “indio”, eufemismo utilizado para lanzar campañas militares de exterminio o confinamiento de las comunidades originarias prehispánicas debía ser resuelto. La ley de colonización votada en 1876 fue el instrumento jurídico que reflejaba la posición de la clase dirigente. Se daban ciertas facilidades a quienes llegaran pero nunca el derecho sobre las tierras que trabajasen. Se abrían las puertas a la consolidación de los latifundios, debido a que el Estado seguiría entregando la tierra pública a los grandes terratenientes preexistentes. Estos terratenientes se verán beneficiados con millones de hectáreas, muchas de ellas de excepcional riqueza para la explotación agropecuaria. El informe oficial de la Comisión Científica que acompañaba a las tropas comandadas por Julio Argentino Roca al “desierto” (desde esta misma palabra es visible el desprecio por los indígenas que vivían en esta inmensa región, una variante práctica de la prédica de civilización y barbarie) es clarificador en cuanto a los objetivos de esta “cruzada modernizadora”.

Un fragmento del mismo dice “Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña. Se trataba de conquistarlas en el sentido más lato de la expresión. No era cuestión de recorrerlas y de dominar con gran aparato, pero transitoriamente, como lo había hecho la expedición del Gral. Pacheco al Neuquén, el espacio que pisaban los cascos de los caballos del ejército y el círculo donde alcanzaban las balas de sus fusiles. Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosas del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas.”

Para la ‘civilización’ del territorio argentino, el Otro que se debe desplazar, luego del triunfo sobre los españoles, será el indígena, primero y el gaucho después. En el sendero de la edificación de un nuevo Estado, era imprescindible sentar las bases de un imaginario común, de un sustrato mítico al que pudieran responder, en una operación de instrucción pública a “tabla rasa”, todos sus habitantes. Ese espacio de origen, inmutable, al que se puede regresar a pesar del tiempo transcurrido, esa identidad que nos define, que nos transporta a un tiempo dorado inexistente.

En esa construcción de un ideario nacional las figuras molestas debían ser cristalizadas como ejemplo de errores no posibles de repetir o invisibilizadas. Así las comunidades prehispánicas, los “indios”, deben quedar excluidos de esta memoria basal. Por eso, al sometimiento o eliminación física durante las diferentes campañas militares diseñadas desde Buenos Aires, se le sumaron estrategias tendientes a borrar sus huellas en el plano simbólico. Su papel en la historia oficial, surgida del apuro de cronistas sin método científico, es mínimo. Fantasmagóricos seres, incapaces de ser asimilados por los procesos de aculturación que se gestan.

Así, su riqueza ritual, sus producciones culturales, sus idiomas no serán registrados por los textos escolares de la “Nueva República”. Queda como un recordatorio de esta vejación la foto tomada al cacique Pincén, montaje burdo en el que se lo vestía con ropajes extraños a su pueblo y condición, en una exposición cuasi zoológica ante los vecinos de Buenos Aires. Y si el gaucho era visto como sospechoso o rémora del pasado natural, también debía ser silenciado. Pero la operación practicada en el imaginario colectivo resultaría distinta a la aplicada con su compañero y antagonista de los llanos, el “aborigen”.

Con la división de las tierras, luego de la ocupación de las mismas por pocos dueños, definido el perfil agropecuario de la economía del Estado naciente, ese “centauro de los desiertos” deja de existir en la práctica. Raleado por ser tropa en los enfrentamientos armados ya señalados, es sometido y refuncionalizado como elemento inocuo, integrándoselo al “folklore”. Poco quedaba de ese rebelde por antonomasia, reacio al trabajo bajo patrón por tiempos prolongados, amante de la libertad, expresada en su trashumancia y en su particular relación con la tierra.

En la visión positivista el otro pasa a constituirse en anticultura, en un reflejo invertido del nosotros. Cuando se crea un modelo cultural de nación, pensado para atravesar los tiempos, los responsables de establecerlo (defensores de las posiciones dominantes impuestas) tienen que eliminar cualquier alternativa al mismo. No hay opción para los discursos amenazantes del orden a sustentar. Ni siquiera se acepta negociar un espacio secundario para ellas; no hay tiempo para salidas paternalistas o nostálgicas. Hay que desmantelar cualquier estructura real o simbólica que les haya dado vida, y si es necesario, apelar a silenciar por cualquier medio a quien no acuerde asimilarse a la voz hegemónica. El gaucho, como hombre libre en una pampa alambrada y con una oligarquía que la posee, es una quimera, una ilusión impracticable.

Pero distintas plumas saldrían a revalidar desde la reivindicación esa figura fantasmal. José Hernández en su Martín Fierro, expondrá la vida de una víctima propiciatoria, perseguida, arrinconada, prisionero de sus aspiraciones libertarias. En la primer parte de su poema épico, en abierto desafío al modelo político imperante, somos testigos del relato del sufrimiento reeditado del que había sido entregado como cuerpo inmolado en cuanta expresión de violencia circulante en la primera mitad del siglo XIX. Gaucho manso o matrero se veía compelido a reaccionar contra las medidas injustas de un estatuto jurídico que no lo incluía como protagonista. La pulpería, espacio de socialización para el gaucho, es asimismo, trampa para las levas compulsivas.

Desafiar a la autoridad es sinónimo de castigo, de ostracismo, de pérdida en un sistema punitivo que les ofrece traspasar la frontera de lo visible. La denuncia de corte evocativa de Hernández se diluye en la segunda parte de su obra. Allí nos encontramos con la conversión del héroe, de acuerdo a los principios del Estado liberal triunfante. Elevado al rango de Poema épico nacional por Leopoldo Lugones, luego de ser ninguneado en las Antologías del primer normalismo escolar, se transforma en texto de formación para los jóvenes argentinos.

Pero el teatro traería una figura paradigmática, en una clara idealización del gaucho, aún a costa de que esa idealización se efectuara invirtiendo los valores reales del personaje elegido. Juan Moreira, fue un matón al servicio de Adolfo Alsina. Oriundo de Azul, su historia fue recogida por Eduardo Gutiérrez. En formato de folletín, común en la época, Gutiérrez proyectó la figura de un bandolero popular, de una suerte de justiciero.

También Francisco Fernández hará lo propio con el gaucho Solané, reconocido criminal convicto de la zona de Tandil, en su drama homónimo. ¿Por qué esta suerte de transformaciones? La respuesta está en el desarrollo de este trabajo. No había para el gaucho real aplicación de justicia; los resortes de la misma lo habían condenado a un camino sin salida: la cárcel por insubordinación o la muerte en penosas campañas militares. Eduardo Gutiérrez autorizó la adaptación para teatro de su melodrama a una compañía de circo de pantomima. Y de la mano de los Hermanos Podestá comenzaría una nueva etapa en la escena, la afirmación del teatro nacional. El propio José Podestá recordaba en sus Memorias, que años antes de presentar el Moreira (aún en su versión de mimodrama) se hacían en el picadero sainetes con aceptación popular.

Títulos como El modo de pagar sus deudas, María Cota, El negro boletero, El maestro de escuela, compartían el picadero con Los Brigantes de la Calabria, Los Bandidos de Sierra Morena o Los dos sargentos. La tradición circense en nuestras tierras se remontaba a los tiempos coloniales. Con compañías locales y extranjeras de gran predicamento en el público porteño su inserción se hizo notoria, a través de espacios destinados para este propósito como el Parque Argentino, bautizado por los ingleses residentes como Vauxhall.

En la segunda mitad del siglo XIX, los grupos se trasladan en gira por el interior del país, mientras que en Buenos Aires son recibidos en teatros, carpas y las denominados politeamas de chapa y madera. Esta última estructura era desarmable y permitía su fácil traslado en los recorridos cada vez más extensos que debían realizar. No todas estas agrupaciones circenses presentaban espectáculos con pista y picadero, pero como queda evidenciado en profundos estudios realizados sobre el tema (un ejemplo destacado es la Historia del Circo de Beatriz Seibel), contaban con el favor de los espectadores. El traslado de la versión de Moreira al texto verbal demandó dos años, desde el estreno de la pantomima en 1884 hasta la aparición de la palabra en 1886, durante una presentación en la ciudad de Chivilcoy. Así lo recuerda José Podestá: “De Arrecifes nos trasladamos a Chivilcoy y el 10 de abril (fecha memorable) estrenamos por primera vez el drama criollo hablado “Juan Moreira”. El público acostumbrado a ver pantomimas a base de vejigazos y sainetes con finales en que el garrote de paja resolvía todas las intrigas, se halló de buenas a primeras con algo que no esperaba y, de sorpresa en sorpresa, pasó al más vivo interés y de éste al entusiasmo demostrado al final en una gran ovación” (…) “Si Gutiérrez hubiera tenido la visión de que “Moreira” iba a ser la base del teatro Nacional, se habría preocupado más de la obra, y, seguramente, habría escrito algo de más valor para la escena, y tan evidente es esto, que Gutiérrez nunca presenció su “Moreira” hablado”.

Las características de las poéticas de actuación provenientes del circo, el tipo de público, que solía intervenir activamente durante las funciones y la propia dinámica de producción gestaron múltiples registros escritos. En ocasiones, la concurrencia impedía el asesinato de Moreira, en otras obligaba a extender parlamentos. En verdadera fiesta, los celebrantes compartían su creación con el que, lejos de permanecer expectante, intervenía, completándola. El trayecto hacia el drama criollo se había cerrado, pero la obra se convirtió en faro para generar otras con temáticas y tratamiento estético similares.

La teatralización de las novelas de Gutiérrez, Juan Cuello (1890, adaptación de Luis Mejías) y Pastor Luna (1895) y los estrenos de Martín Fierro (1890, sobre el texto de José Hernández), El entenao (1892) y Los gauchitos (1894) de Elías Regules formaron parte del “Moreirismo”. También podemos señalar a Juan Soldao (1893) de Orosmán Moratorio a ¡Cobarde! (1894) de Víctor Pérez Petit y a Patria y honor (1896) de Antonio Lechantin como parte de las piezas gauchescas estrenadas en la última década del siglo XIX. A medida que avanzaron las presentaciones del Moreira, la centralidad del drama de justicia social fue acompañada por elementos costumbristas y por el incremento de la comicidad.

A cargo de lograr esta última se halla el personaje de Cocoliche, un napolitano concebido por el actor Celestino Petray. Ya había un Otro en el Río de la Plata, llegado en oleadas, en aparente funcionalidad al esquema agro-exportador. Eliminada la barbarie indígena y descalificado el gaucho, poco trabajador, peleador e itinerante, la élite argentina es consciente de la necesidad de cultivar la tierra, de poblar el país. Para tal fin, busca atraer al Otro ideal, al inmigrante europeo, el ciudadano de la Europa del norte, que es considerado como el necesario elemento de progreso.

Se espera del inmigrante que reemplace a la barbarie indígena y a la haraganería gauchesca. El inmigrante es quien, al poblar el país, lo irá asemejando a los países más desarrollados. Sin embargo, la llegada de un dispar mosaico de extranjeros, muchos cercanos a posiciones políticas socialistas y anarquistas, revive el problema del distinto sospechado. Pero en el Moreira finisecular, no hay especulaciones de este tono.

Es la particular mezcla de lenguas, en un irreconocible dialecto y la gestualidad corporal que lo anima, los generadores de la risa franca. No hay posiciones xenófobas en estas piezas. En el Cuadro 8º de la versión de 1899 se presenta a Cocoliche en las didascalias. “Vienen llegando paisanos con guitarras acompañados de muchachas, al baile que se prepara. Llegan Moreira y Julián y un poco antes Cocoliche, napolitano acriollado que hace gracias con su idioma. Se juega a la taba y se jaranea con libertad, siendo el napolitano quien hace derroche de ocurrencias.”
La conflictividad social no era lo que deseaba la clase dominante; el gaucho ya no podía propiciarla retrospectivamente, desaparecido de la faz de la tierra. Pero, como dijimos, otros agitadores, organizados en sindicatos y agrupaciones políticas clasistas o reformistas, se alistaban para poner a prueba al Unicato y sus continuadores. El peligro de la desestabilización del poder conservador a partir de las huelgas y las acciones directas no requería de mensajes multiplicadores en la ficción teatral. Por lo tanto, así como el espacio del circo cedió ante la sala a la italiana, el gaucho pasó a comportarse como buen peón.

Esa venganza y sed de justicia que guiaban a Moreira trocaron en mensajes conciliatorios, de integración social. El amor y el costumbrismo como ejes marcan esta nueva etapa, que tiene a Calandria (1896) de Martiniano Leguizamón como obra inicial. Los rasgos melodramáticos irán incrementándose, así como los sentimentales, hasta alcanzar la madurez del modelo en Jesús Nazareno (1902) de García Velloso. El nuevo siglo despuntaba y una nueva imagen del gaucho, lavada, desideologizada, funcional al poder de turno y a sus aspiraciones de una tradición nacional congelada, nacía. Animados por Centenario, los debates sobre el “ser nacional” ocuparon páginas en publicaciones de distinto tenor. Es interesante comprobar cómo el gaucho había sido refuncionalizado en 1913 por Leopoldo Lugones y Carlos Bunge. El poeta describe en su discurso El payador a un gaucho inventado de acuerdo a las necesidades de un público elitista que lo escucha con fervor en el Teatro Odeón o lo lee en las páginas del diario de los Mitre.

Es un ser sin capacidad de rebelarse, fiel a su patrón, servicial. Bunge, coherente con el cientificismo positivista, proclamaba en su alocución titulada El derecho en la literatura gauchesca, la derrota del gaucho y su absorción social. En una pieza oratoria muy sólida, un auditorio de académicos en una sede académica (la Academia de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires) recibía esta sentencia final: “Los héroes de la literatura gauchesca son producto de un período crítico en que el gaucho defendió, con su derecho consuetudinario, nada menos que su existencia social, su vida. Fue vencido; su derrota estaba escrita en el libro de la historia. La lucha entre dos sistemas de derecho es, por su oculta esencia, lucha entre dos razas. Implica la victoria la absorción y asimilación del vencido, la cultura, como la Esfinge, devora a quien no acierta a descifrar sus enigmas”

La música y el discurso del gaucho quedaron resguardados por la memoria popular y en numerosas expresiones. La figura del payador es legitimada con su aparición en textos fundamentales del siglo XIX. Personajes como Martín Fierro y Santos Vega, concebidos por las plumas de José Hernández y Rafael Obligado respectivamente, se muestran afectos a un arte de diálogo cuasi dialéctico a través del contrapunto con el rival de turno. Esas tenidas muy populares en los boliches de campaña, postas de encuentro en territorios poco poblados, recreaban las vivencias del habitante de las pampas, sus sueños, luchas y relación particular con la tierra previa a la ocupación violenta del proyecto roquista y a la división del espacio libre en latifundios merced a los muros del alambre de púa. También payadores son citados por Mitre e Hilario Ascasubi en sus textos, prolongando con otras estéticas la lírica gauchesca que iniciaran los cielitos de Bartolomé Hidalgo. Los payadores eran figuras populares que contaban con un público cautivo, aguardando sus presentaciones y tomando partido en los enfrentamientos rimados por sus preferidos.

En la Argentina del Centenario, recorrían los porosos límites entre la urbe y el campo, y su música sencilla y aún repetitiva en lo básico era acompañada de versos de una marcada intensidad rebelde y de confrontación contra los núcleos de poder. También la oleada inmigratoria estuvo presente, ya que buena parte de los más reconocidos payadores eran hijos de la misma, como José Bettinoti, Fijori o el inglesito Mc Carthey.

Sus voces traían una poesía básica, vibrante, que trabajaba con el emergente y los hechos de la historia reciente, reflejando las vejaciones de los humildes. Se transformaban en otra barricada contra los intentos de los literatos burgueses por intentar reformular el criollismo, adaptándolo desde las visiones de la ciudad, visiones que lo emparentaban con el coraje épico desideologizado. Tendremos que esperar hasta el año 1915 para encontrar un accionar sistemático de los payadores libertarios que llevaban el ideal de acuerdo a un plan trazado en las reuniones de los sindicatos anarquistas.
De breve presencia en el taller-escuela racionalista de Luján, se destacan los versos cifrados de Claro Musto, hijo de militantes españoles llegados al país en 1891. Recorrió el sur de la provincia de Buenos Aires en tarea de promoción de los conceptos de agremiación. Lo hizo a través de las viadas, esos caminos de acero que de canales para la salida de la riqueza nacional trocaron brevemente en circuitos de propagación de la bandera roja y negra. Otra voz silenciada por el olvido es la del payador santafesino Carlos Iñiguez, de dilatada trayectoria en el gremio ferroviario. Tuvo una destacada actuación en las luchas contra la política de sometimiento y despojo de La Forestal. José Yutkin cierra la trilogía de los payadores libertarios que alzaron su voz en las primeras dos décadas del siglo XX. De origen ruso, llegó al país con sólo cinco años.

Se incorporó a la escuela racionalista de Berisso, dónde desempeñó tareas docentes en área artística, especialmente en la creación de cuadros filodramáticos y la producción de textos teatrales. Participó de los sucesos de la Semana trágica. Asimismo, otros se sumaron, tal vez con una actividad más esporádica, pero igual de contundente y válida a los fines propagandísticos del movimiento ácrata. La ideología dominante propiciaba la división en civilización y barbarie, dejando a los pueblos originarios y al gaucho en la segunda categoría que debía adocenarse al modelo o desaparecer.

En ese afán de imponer las ideas centrales del positivismo de orden y progreso, no había lugar para las expresiones consideradas menores del arte y menos para los que las cultivaban. Un silencio en las obras de ensayística cae sobre las expresiones populares de la frontera, convertida ahora en suburbio de una ciudad, la de Buenos Aires, que crecía vertiginosa y desordenadamente. El personaje del gaucho ya no aparecía como posible amenaza a los burgueses, la misma se había corrido hacia los obreros sindicalizados, la mayor parte de origen europeo.

En este marco, los debates sobre la necesidad de plasmar un ideario cultural homogéneo para el territorio nacional crecen. Los intelectuales se dividen entre los defensores de un cosmopolitismo imposible de negar por fuerza de realidad y aquéllos que luchaban por sostener criterios de nacionalismo cultural y patria imprescindibles para fortalecer un proyecto político y económico agro-exportador. Inserto en estos grandes procesos de transformación, aparece el movimiento libertario de la mano de las masas de desplazados europeos que arribaban a la Argentina. La región sur del Gran Buenos Aires tuvo una destacada presencia de círculos y centros anarquistas desde fines del siglo XIX.

La inauguración del ferrocarril y la sustitución de saladeros por frigoríficos de gran porte (fundamentalmente de capitales anglo-norteamericanos) aumentaron ese núcleo inicial al calor de las organizaciones sindicales que se convertirán en fogoneros de la creación de la F.O.A., en los albores de la nueva centuria.

El primer comentario confirmado de la presencia de los cantores del pueblo en la zona se remonta a 1916 cuando un libelo recogido por el círculo “Liberación” de Lomas de Zamora llamaba a un encuentro para repudiar actos oficiales por el centenario de la declaración de la independencia. Se anunciaba en el citado panfleto la actuación de los “célebres payadores libertarios Sosa y Medina, quienes con sus décimas demuelen más mentiras burguesas que una bomba”.

En la huelga ferroviaria de 1923, aparece en los periódicos libertarios locales un joven de diecisiete años llamado Anastasio López. Este juglar de origen español había trabajado en el puerto de Ensenada y comenzó sus estudios en la escuela racionalista de esta ciudad. Reflejamos estas décimas que nos entregó:

“No hay ni consuelo para el que pena
sin pan, sin un techo y esclavo en sudor;
mientras los ricachones se regodean
con sus lujos y alardeando sin pudor.

Y el obrero es la víctima del patrón
que tortura su cuerpo con vil saña
monstruo impasible sin ninguna redención
quebrando justicia y leyes con maña.

Cuando la sangre del matadero fluye
une el castigo de hombres y bestias
sin perturbar que la música arrulle
a los dueños en sus impúdicas fiestas.

Para concluir esta escueta mirada sobre el gaucho real y la literatura y teatro que generó como gauchesca, podemos aseverar que su figura se ha cristalizado en el universo mítico del argentino, conformando un espacio de la memoria que construye una de sus identidades. Aún minado en su poder revulsivo, ese jinete ansioso de libertad, capaz de morir por sostenerla, nos interpela hoy. Estereotipado, reducido a héroe romántico, refuncionalizado en peón bueno o estilizado en desfiles de tratamiento superficial, su fuerza es tal, que sobrevuela en la dramaturgia de nuestros días.

Bibliografía general
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