Antiguo Régimen

Biografía de Carlos VI El Bienamado Rey de Francia

Biografía de Carlos VI
“El Bienamado” Rey de Francia

Carlos VI el Bienamado (1368-1422), rey de Francia (1380-1422), hijo de Carlos V. Tras la muerte de su padre, ocurrida en 1380, estuvo bajo la tutela de un consejo ducal hasta 1388, año en que rechazó la regencia y comenzó a reinar por derecho propio. Gobernó en buen estado de salud hasta 1392, momento en que empezó a padecer trastornos mentales.

Carlos V murió en 1380. Fue un rey sabio. Su hijo, que entonces contaba 12 años de edad, caería tiempo después víctima de la locura. Sus tíos, los duques de Anjou, de Borgoña y de Berry, se preocupaban únicamente de sus propios intereses. El primero aspiraba a reinar sobre Nápoles; el segundo, a sacar el mayor partido del feudo de Flandes, cuya heredad debía recibir; el tercero sólo quería amontonar riquezas para gozar de ellas.

Carlos VI Bienamado de Francia

Mantuvieron aislado al pequeño rey, hasta que, irritado por los abusos cometidos, el país se levantó contra ellos. En París estalló la rebelión de los Maillotins, y en el Mediodía, la de los Tuchins.

También sobrevino la guerra de Flandes. Carlos VI participó en ella, dando pruebas de su valor, en la batalla de Rosebecque (1382), adonde fueron derrotados los flamencos que se levantaron contra el yugo feudal. Los vencidos se vieron tan acosados que, según un viejo cronista, no quedaba entre ellos bastante lugar para que la sangre corriera. Cuando regresó a París, Carlos VI encontró al pie de Montmartre 20.000 hombres armados, en orden de batalla, y temió verse obligado a combatirlos para entrar en su propia ciudad.

Pero los parisienses le hicieron saber que tan imponente presentación sólo obedecía al deseo de darle una idea de su poder y no al de atacarlo. Al día siguiente, Carlos VI hizo derribar una parte de la muralla y, con casco ceñido y lanza en mano, entró en la ciudad con aire agresivo.

Se tomaron medidas muy severas contra los habitantes de París, y hasta hubo ejecuciones cuya crueldad debe ser reprochada a los regentes antes que al joven príncipe, que aún no había subido al trono. Sus tíos resolvieron casarlo inmediatamente. Dirigiéronse al duque Esteban de Baviera, quien les envió a una de sus hijas, Isabel, a la que el pueblo francés llamaría Isabeau. Cuando la vio, el joven príncipe quedó prendado. Era la prometida que había deseado. Desgraciadamente sería el flagelo de Francia.

El matrimonio fue celebrado en Amiens, en julio de 1385. Después de su enlace, el rey quiso hacerse cargo del poder. Fue apoyado por Pedro de Montaigu, cardenal de Laon, a quien esta actitud razonable le valió morir asesinado. Los antiguos consejeros de Carlos V: Olivier de Clisson, Bureau de la Riviére, Le Bégue de Vilaines, Juan de Novian, Juan de Montaigu, llamados despectivamente por los grandes señores “los mamarrachos”, lo aconsejaron en la misma forma que a su padre y lo apoyaron con todas sus fuerzas. El rey les confió la dirección de los asuntos de Estado, y su desempeño prueba que merecían ese cargo.

Poco tiempo después el duque de Orleáns, gentil y disoluto, contraía nupcias con la hermosa Valentina Visconti; su matrimonio fue seguido por la consagración de la reina Isabel en París, el domingo 20 de agosto de 1389. La fiesta fue magnífica. En la puerta de Saint-Denis habíase representado un cielo estrellado y los niños, vestidos de ángeles, cantaban melodiosamente.

Una imagen de Nuestra Señora tenía en los brazos a un niño accionado por un mecanismo; la fuente de Saint-Denis derramaba los mejores vinos, y jóvenes con sombreros de oro ofrecían de beber. En la segunda puerta de Saint-Denis, Dios Padre, en Majestad, el Hijo y el Espíritu Santo recibieron a la reina. Las casas estaban empavesadas, y en la plaza del Chátelet se levantaba un gran castillo de madera, de donde salieron un ciervo blanco, un águila y un león. Vestido como un ángel, un acróbata descendió desde lo alto de una de las torres de la iglesia de Notre-Dame por una cuerda y coronó a la reina. Hubo justas y el rey fue uno de los vencedores.

En ese mismo año el rey y la corte tomaron partido por la Santa Virgen, contra una secta de teólogos que el pueblo llamó “enemigos de María”, y se instituyó en París una fiesta en honor de la Inmaculada Concepción.

Los placeres de los grandes no impedían sin embargo que el país fuese desgraciado. Gente, antes rica y poderosa casino tenía con que trabajar sus viñedos y sus tierras: todos los años pagaban cinco o seis tallas y sus bienes diezmados quedaban reducidos a la tercera o cuarta parte, y a veces a nada. En 1390, cuando la pareja real estaba en Saínt-Germain, estalló una espantosa tempestad. Isabel, que esperaba su tercer hijo, vio en la tormenta una manifestación de la cólera celeste. Suplicó a su esposo que aliviara al pueblo.

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Isabel, mujer de Carlos VI, no quiso ser menos que los duques de Orleáns y de Borgoña.  Libre del  control de su marido, llevó una existencia de lujo desenfrenado, sin preocuparse por la condena de la Iglesia.

El rey hizo lo que pudo, pero fue contrariado por los duques de Borgoña y de Berry, y por su hermano, el duque de Orleáns, que llevaba una vida disipada. El mismo rey, aunque compasivo y generoso, gustaba de los entretenimientos con el entusiasmo de un adolescente dispuesto a satisfacer sus caprichos, y no podría asegurarse que, a esa edad, sú razón no estuviese ya afectada. A principios del año 1392 tuvo un primer acceso de “fiebre amarilla”, provocada sin duda por alguna profunda alteración orgánica.

Antes de continuar, evoquemos el ambiente en que vivían el rey y la reina. Era su morada el hotel Saint-Pol, compuesto por un grupo de hoteles, casas y jardines adquiridos por la familia real en 1365. Los departamentos se componían del dormitorio (albergue del rey), la capilla, el salón del retiro, el estudio, las cámaras tibias, así llamadas porque en ellas se encendían estufas durante el invierno. En los jardines había una pajarera, una pieza para tórtolas y una jaula para fieras.

Este confuso conjunto, escribe Dulaure, comprendía patios y corrales. El patio de justas era el más amplio. Las vigas y tirantes de los principales departamentos estaban decorados con flores de lis de estaño dorado, cuenta Saint-Foix en sus Ensayos históricos (1754). Los vidrios, pintados con distintos colores y cargados de escudos de armas, divisas e imágenes de santos y santas, parecían vidrieras de iglesia. El rey tenía sillas de brazos, en cuero rojo con franjas de seda…

Una noche, al salir de una fiesta realizada en la residencia real, Olivier de Clisson, condestable de Francia, después de la muerte de Du Guesclin que había sido su hermano de armas, fue atacado por Pedro de Craon y su banda y dado por muerto o moribundo. Cuando el rey se enteró de lo ocurrido, corrió a la casa del panadero que había recogido a Clisson y juró vengarlo.

Pedro de Craon, denunciado por Clisson, se refugió en Bretaña; Carlos VI, a la cabeza de un ejército, resolvió ir en su búsqueda para castigarlo. Y aquí se sitúa el episodio dramático de la locura de Carlos VI, que Michelet relata de la siguiente manera: “Cuando atravesaba el bosque del Maine, un hombre de mal aspecto, sin otra indumentaria que una saya blanca, se arrojó repentinamente al encuentro del caballo del rey, gritando con terrible tono: «¡Detente, noble rey! ¡No sigas adelante, te traicionaron!».

Obligáronle a soltar la brida del caballo, pero le permitieron que siguiera al rey, gritando durante media hora. Al mediodía, el rey salía del bosque para entrar a una planicie de arena donde el sol caía a plomo. Todos sufrían el calor.

Un paje que llevaba la lanza real se durmió sobre su cabalgadura, y la lanza, al caer, golpeó el casco de otro paje.Con el ruido del acero, al chocar, el rey se sobresalta, desenvaina su espada, y precipitándose sobre los pajes, grita: «¡A los traidores! ¡Quieren entregarme!»

Con la espada desnuda se precipitó sobre el duque de Orleáns. Éste logró escapar, pero el rey enceguecido, dio muerte a cuatro de sus hombres antes de que pudieran detenerlo. Fue preciso que se cansara: entonces uno de los caballeros lo tomó por la espalda.

Consiguieron entre varios  desarmarlo y hacerlo descender del caballo; lo acostaron luego en el suelo. Los ojos le daban vueltas en las órbitas, no reconocía a nadie y no articulaba palabra. Sus tíos y su hermano encontrábanse a su alrededor. Todos podían aproximarse y verlo. Los embajadores de Inglaterra acudieron como los demás; esto fue muy mal visto por la mayoría.

El duque de Borgoña, sobre todo, increpó airadamente al chambelán La Riviére, porque éste había permitido que los enemigos de Francia vieran al rey en ese lamentable estado. Cuando éste volvió en sí, y supo lo que había hecho, sintió horror, pidió perdón y se confesó.”

Los tíos del rey tomaron entonces posesión del gobierno; el duque de Orleáns fue separado de su cargo por ser “demasiado joven” para desempeñarlo. La primera preocupación del duque de Borgoña fue deshacerse de todos aquellos que podían ser fieles al rey. En cuanto a la reina, que hasta ese momento había llevado una vida disipada, desafió a todas las opiniones.

Pasaba gran parte de su tiempo arreglándose, tomaba baños en agua de pamplina hervida o en leche de burra, como Mesalina, cuyas locuras imitaba. Los religiosos criticaban desde el pulpito su lujo insolente y su forma de vivir. Un agustino, Jacques Legrand, llegó a decir: “La gente de bien condena vuestra conducta. ¡Si no queréis creerme, recorred la ciudad vestida como una mujer pobre, y oiréis lo que dicen de vos!”.

Poco le importaba. Y poco le significaba el reino de Francia, aunque aceptó ponerse a la cabeza de un Consejo de Regencia, del que formaba parte el duque de Orleáns. Pero ella transformaba fácilmente la sala del Gran Consejo en sala de fiestas.

¿El rey? ¿Qué ocurría con el rey mientras tanto? Divertíanlo. Se divertía. Pasaba de un entretenimiento a otro; casi pereció en uno de ellos. Fue el 29 de enero de 1393: Isabel organizó una mascarada en honor de una viuda a su servicio, que se volvía a casar. “Es una mala costumbre practicada en distintas partes del reino —dice el religioso de Saint-Denis— hacer toda clase de locuras en el casamiento de mujeres viudas, y tomarse las libertades más atrevidas, con los disfraces más extravagantes…”

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Las mismos cortesanos se burlaban con frecuencia del rey. Durante un baile de máscaras, Carlos VI se disfrazó de salvaje. En medio de la fiesta las plumas con que había decorado su disfraz se inflamaron, y habría sufrido una muerte horrible si la duquesa de Berry no hubiese apagado las llamas.

El escudero Hugolino sugirió al rey que se disfrazara de salvaje, con algunos de sus cortesanos. Y cuando el baile había comenzado, Carlos VI y cinco de sus compañeros se hicieron coser sayas de telas cubiertas de lino y se untaron con pez para pegarse plumas y estopas. El rey entró a la sala de baile con sus cinco compañeros. Durante la danza, un imprudente aproximó una antorcha a uno de los salvajes y la pez se inflamó.

En un momento todos estuvieron en llamas. La reina se desmayó. La duquesa de Berry, con notable espíritu de arrojo, logró salvar al rey, envolviéndolo con su manto y ayudándole a salir. Pero semejante emoción sólo podía agravar el estado mental del monarca.

Sin embargo el pueblo quería al desdichado Calor VI y no lo hacia  responsable de los males iel reino. Es cierto que, en los momentos en que el rey recuperaba la lucidez, las medidas que tomaba eran justas. Pero cuando perdía el uso de la razón, su Consejo lo obligaba a revocar sus decisiones.

Así fueron restablecidos los juegos de azar, anteriormente suprimidos y disueltas las milicias de arqueros, que él mismo había formado y autorizado para defender el país de las invasiones extranjeras, pero que podían llegar a ser más poderosas que “los príncipes y los nobles”…, justamente lo que estos últimos querían evitar.

Carlos VI murió en 1422. Sabido es cómo se encontraba entonces Francia. El tratado de Troyes, firmado en 1420, abandonaba el país a Inglaterra.

La reina, sin embargo, continuó entregándose a los placeres, preocupada únicamente por satisfacer sus lujos y caprichos y sólo consentía las privaciones que le imponía su régimen para adelgazar.

Tuvo sobre las modas de su siglo la influencia más extraña. A propósito, resumiremos una página de Miche-let: “Los asientos destinados a las damas parecían pequeñas catedrales de ébano. Velos preciosos, sacados antaño del tesoro de las iglesias, ondeaban alrededor de las hermosas cabezas… Hasta las formas satánicas que gesticulaban en las gárgolas fueron incorporadas a la indumentaria. Las mujeres llevaban cuernos en el tocado, los hombres en los pies. Las puntas de sus zapatos se retorcían formando astas, garras o colas de escorpión.”

Recordemos que fue para divertir al rey loco que se perfeccionó el juego de cartas, cuya invención es probablemente china, y que se dio a sus figuras el nombre de personajes de la historia o de las novelas de caballería.

Bajo este mismo reinado, una ordenanza de 1396 obligaba a los jueces a entregar anualmente a la Facultad de Medicina de Montpellier, el cuerpo de un condenado a muerte —decisión considerable para el progreso de la ciencia médica—, porque hasta entonces, como entre los romanos, la disección de cadáveres estaba prohibida en Francia. Citaremos aún, entre los hechos que se relacionan con esta época, las expediciones del ciudadano de Dieppe, Juan de Béthancourt, que organizó un establecimiento en las islas Canarias.

Una fecha importante para la historia del teatro es la concesión acordada en 1402 por Carlos VI a la Cofradía de la Pasión, instalada en el edificio del hospital de la Trinidad. El teatro francés tiene su origen en esta cofradía.

Fueron éstas algunas imágenes de un rey que fue juguete de la corte, pero a quien su pueblo jamás acusó de los males que abrumaban a Francia. Diéronle dos sobrenombres: Carlos el Insensato y Carlos el Bienamado.

Fuente Consultada
LO SE TODO T omo III Editorial CODEX Biografía de Carlo VI

Las Colonias Portuguesas en Africa del Siglo XX Angola, Mozambique

Colonias Portuguesas en África – Siglo XX

En el siglo XV, Enrique el Navegante abrió el camino que permitiría a Portugal disponer de un gran imperio colonial, imperio que comprendería vastas regiones de África, Asia y América. Actualmente, en África ya no subsisten restos de este imperio, y sus antiguas  colonias fueron Guinea portuguesa, Angola, algunas islas de la costa occidental y Mozambique.

Angola fue la colonia portuguesa más extensa. Es catorce veces mayor que la metrópoli. Los portugueses desembarcaron por primera vez en Angola a fines del siglo XV. Sin embargo, la verdadera colonización no empezó hasta 1575, cuando se posesionaron de los territorios de los jefes indígenas y fundaron comunidades blancas.

Hasta 1830, Angola fue el gran abastecedor de esclavos con destino a Brasil. Hasta fines del siglo XIX los portugueses no empezaron a explotar las posibilidades económicas de su colonia. Su desarrollo se vio frenado a causa del restringido número de blancos que acudieron a establecerse.

Angola presenta el aspecto de una meseta muy extensa, dividida por la línea divisoria de las aguas entre las cuencas del Congo y el Zambeze. La mayor parte del país pertenece a la zona tropical. La selva tropical y la sabana constituyen la vegetación natural.

Por su extensión, Angola ofrece las más diversas posibilidades económicas. En el norte, hacia el ecuador, aparecen plantaciones de café, maíz, sisal, caña de azúcar y algodón. Los productos de estas plantaciones se exportaban por el enclave de Cabinda, al norte de la desembocadura del río Congo. Entre los demás productos de exportación citaremos ciertas especies de madera dura y cera. El café aseguraba por sí solo alrededor de la mitad del valor de las exportaciones.

Contrariamente a las plantaciones de café, las de algodón están, en su mayoría, en manos de la población indígena. Estas plantaciones se encuentraban en la meseta, donde las lluvias son menos abundantes que en la región costera. En las regiones de la meseta que están más alejadas del ecuador se practicaba la cría de ganado.

La presencia de la corriente marina fría de Benguela, rica en plancton, a lo largo de la costa atlántica, explica la abundancia de peces. Las pesquerías alimentan a las fábricas de conservas y de harina de pescado de Benguela, Mocamedes y Porto Alexandre.

El subsuelo de Angola es relativamente rico. El mineral de cobre que se explota en el norte del país, sin duda constituye la continuación de los yacimientos de Katanga. También abunda el mineral de hierro, cuyas reservas se calculan en 2.000.000 de tn. En el nordeste se explotan minas de diamantes bajo vigilancia del Gobierno. También se encuentra oro.

Luanda, era la capital de la colonia, (hoy capital de Angola) posee refinerías en las que se trata el petróleo descubierto en las formaciones gredosas. En las regiones costeras los indígenas extraen la sal del mar.

Angola es un país esencialmente agrícola en el que 95 % de la población es iletrada.

Sobre la Independencia: Los nacionalistas, sin embargo, se dividieron en tres grupos rivales: el Frente Nacional para la Liberación de Angola (Frente Nacional de Libertação de Angola, o FNLA), el MPLA, y UNITA. A pesar de su poderío militar, ninguna se impuso al ejército portugués hasta la revolución de Portugal en abril de 1974. Después, el sistema colonial portugués empezó a declinar. El nuevo régimen de Lisboa acordó un traspaso de poder, y el 11 de noviembre de 1975 Angola consiguió su independencia.

Por lo que respecta a Mozambique (África oriental portuguesa), es ocho veces mayor que Portugal. El primer europeo que desembarcó allí fue Vasco de Gama en 1498. Hasta mediados del siglo XIX, el comercio de esclavos también fue una importante fuente de ingresos.

Por su latitud y la influencia de los vientos del sudeste, portadores de numerosas precipitaciones, Mozambique pertenece a la zona tropical. El país presenta poco relieve. Las costas son muy bajas y los cursos de agua desembocan en el océano formando grandes estuarios que, por lo general, se prestan al establecimiento de puertos, especialmente la bahía de Delagoa.

En numerosos lugares, la costa aparece bordeada de lagunas y aguazales. Hacia el interior el país se vuelve más montañoso y los bosques se transforman progresivamente en sabanas.

Mozambique cuenta con una población de 22.000.000 de habitantes, en su mayoría pertenecientes al grupo bantú, que en el sur se ha mezclado con los zulúes. También hay indios, árabes y unos cincuenta mil portugueses. Mozambique es la colonia portuguesa más poblada.

Al igual que Angola, este país es ante todo, un país agrícola. Los indígenas se dedican principalmente al cultivo de legumbres, mientras que las plantaciones están en manos de los europeos. Las tierras bajas y húmedas producen caña de azúcar, copra y arroz, mientras que en las faldas de las montañas y en el interior del país se da el té, algodón y sisal.

Pese a darse por cierto que en su suelo se hallan importantes recursos de carbón, amianto, oro y uranio, la industria minera está muy poco desarrollada. Por otra parte, Mozambique dispone de importantes reservas hidroeléctricas.

Sin embargo, gracias a sus puertos (Lourenco Marques, la capital, y Beira), Mozambique obtiene grandes beneficios del comercio de tránsito a África del Sur, Rodesia y Malawi. Los ferrocarriles aseguran su enlace con estos países y con el Congo-Kinshasa.

La Independencia: La dura dictadura de António Salazar, que obligaba al pueblo a asimilar la cultura portuguesa, y a la vez, a duros trabajos forzados, arruinó la cultura africana por lo que en  1964 comenzó una revuelta en contra del gobierno portugués, fecha en que las guerrillas del Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO) abandonaron Tanzania. La guerra subsiguiente finalizó después de la ‘Revolución de los claveles’ en la metrópoli (1974) que estableció un gobierno que se retiró de Mozambique; el país se independizó el 25 de junio de 1975.

La tercera colonia que poseía Portugal en África es la Guinea portuguesa, mucho más pequeña que las dos anteriores. A pesar de que los portugueses desembarcaron en ella hacia mediados del siglo XV y establecieron algunos puestos, el interior del país no fue explorado hasta principios del siglo XX.

También allí el relieve es poco importante, con bosques muy tupidos a lo largo de las costas. Hacia el interior, estos bosques se transforman en sabanas herbosas o de matorrales. Se cultiva el cacahuete y se explotan los recursos de la selva: maderas preciosas, aceite de palma, cera y cocos.

La Guinea portuguesa es la menos desarrollada de las colonias portuguesas de África. La población, que se calcula en 600.000 habitantes, pertenece principalmente a la tribu de los peules, ganaderos de religión musulmana. En las costas viven negros pertenecientes al grupo de los balantes, que se dedican al cultivo del arroz. En cuanto a los blancos, poco numerosos, por lo general son funcionarios residentes en Sao José de Bissau, la capital.

Portugal poseía también las islas de Cabo Verde, situadas en el océano Atlántico a 600 km. de la costa. Son islas volcánicas que se alzan hasta 3.000 m sobre el nivel del mar. Por último, algo más al sur, en el golfo de Guinea, se encuentran dos pequeñas islas portuguesas, Sao Tomé y Príncipe. Las plantaciones de caña de azúcar se instalaron por primera vez en el mundo en Sao Tomé, a principios del siglo XVI. Actualmente, los cultivos principales son los del café y el cacao.

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Independencia de las Colonias Españolas en América Causas

CAUSAS DE LA INDEPEDENCIA DE LAS COLONIAS ESPAÑOLAS EN AMÉRICA

Antecedentes: La serie de cambios revolucionarios, trastornadores en lo político y en lo económico, en lo social y en lo espiritual, del mundo del siglo XVIII, se completa con los movimientos emancipadores en las distintas colonias españolas en América. Bajo la doble influencia de las revoluciones americana y francesa y de las ideas liberales, los imperios coloniales que España y Portugal habían levantado a lo largo de los siglos se rebelan a principios del s.XIX. A la burguesía criolla de Iberoamérica le bastan unos años, de 1810 a 1825, para terminar con el régimen de opresión económica y política impuesto por las metrópolis.

Dicha burguesía se rebela contra el acaparamiento de los altos cargos coloniales, siempre en manos de hombres de la metrópoli. Estas insurrecciones son también obra de los héroes románticos, impregnados de ideales revolucionarios, que las encabezan, como Miranda en Venezuela o San Martín en Chile y en Perú. Pero es sobre todo Simón Bolívar el que desempeña un papel fundamental en la emancipación de Iberoamérica.

La liberación se lleva a cabo en dos etapas: la primera ola de insurrección, en los años 1810 a 1811, se salda con un fracaso y provoca una represión sangrienta; la segunda, que comienza en 1817, resulta decisiva y desemboca en la creación de numerosos pequeños Estados independientes. Pero esta fragmentación aumenta la fragilidad del continente, y sus naciones quedan a merced de las influencias exteriores.

La lucha por la emancipación de las naciones hispanoamericanas fue larga y dura. La antigua metrópoli no cedió en la lucha por la conservación de sus dominios, y en más de una ocasión pareció estar cerca de lograrlo. Sin embargo, en los campos de batalla las armas americanas lograron, por fin, convalidar las declaraciones de independencia que los representantes de los pueblos habían anticipado.

Así terminó una etapa y comenzó otra en la vida de las recién constituidas nacionalidades de América. Ella debía ser tan difícil y no menos arriesgada que la anterior. Como Bolívar lo advirtiera en célebre carta de 1815, era para entonces difícil “presentir la suerte futura del Nuevo Mundo, establecer principios sobre su política, y casi profetizar la naturaleza de gobierno que llegará a adoptar. Toda idea relativa al porvenir de este país me parece aventurada.

¿Se pudo prever, cuando el género humano se hallaba en su infancia, rodeado de tarita incertidumbre, ignorancia y error, cuál sería el régimen que abrazaría para su conservación? ¿Quién se habría atrevido a decir: tal nación será república o monarquía, ésta será pequeña, aquélla grande?

En mi concepto, ésta es la imagen de nuestra situación. Nosotros somos un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte; cercado por dilatados mares, nuevo en casi todas las artes y ciencias, aunque en cierto modo viejo en los usos de la sociedad civil”.

Pero en medio de todas las incertidumbres que podían tejerse en torno del futuro inmediato de ese “pequeño género humano” que se había emancipado, dos hechos se manifestaban con carácter definitivo: primero, el sentimiento de que la independencia política de las antiguas colonias constituía un proceso irreversible; segundo, que esa independencia debía afianzarse, en adelante, en forma de organización y desarrollo de Estados soberanos. Tal fue, en efecto, la consecuencia inmediata de la revolución en el mundo hispanoamericano y de las guerras emancipadoras que siguieron.

Las provincias sudamericanas iniciaron su lucha por la independencia en los primeros años del siglo XIX. El primer grito correspondió a Caracas, el 19 de abril de 1810, cuando fue derrocado el gobernador y capitán general Emparán.

Las Juntas de Gobierno formadas en las capitales de los virreinatos, audiencias y capitanías generales de las colonias españolas de América sirvieron de arranque a la independencia americana. Las ideas de la Revolución francesa, la ayuda de Estados Unidos, acabados de independizar a su vez, y la de Inglaterra fueron definitivas para los americanos, que se vieron favorecidos también por el factor geográfico, por la creciente fuerza de las burguesías locales, por el relajamiento de los vínculos que unían a las colonias y la metrópoli y por la falta de una marina española fuerte, consecuencia de la pérdida de Trafalgar.

Batalla de Carabobo

En la Enciclopedia HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT –El Impacto de la Revolución Francesa-, para la explicación de las causas de la emancipación de la colonias españolas, cometa:

La historiografía liberal de la primera mitad del siglo XIX hace suyos en gran parte los juicios de Simón Bolívar, principal artífice de la emancipación de las colonias, y del escritor chileno Luis Amunátegui, según los cuales la ruptura entre España e Hispanoamérica se debería, fundamentalmente, a la ideología de la Ilustración, a los abusos del “pacto colonial” (con las consiguientes restricciones a los criollos) y a los manejos de los adversarios de España -Gran Bretaña y Francia-.

En definitiva, la independencia hispanoamericana constituiría la tercera fase del proceso revolucionario general que preside el hundimiento del Antiguo Régimen (el primero, la revolución norteamericana e independencia de Estados Unidos, y el segundo, la Revolución francesa).

A partir de la segunda mitad del siglo XIX se tienen en cuenta otros factores: la vinculación de los criollos con determinados focos políticos europeos, la invasión napoleónica en España, la labor de proselitismo de las sociedades secretas, como la de los masones, y la acción favorable a la independencia de los jesuítas expulsados por Carlos III (a través de la Carta a los españoles americanos, del peruano Juan Pablo de Vizcardo y Guzmán).

Desde el punto de vista socioeconómico, la independencia hispanoamericana es valorada en función de la expansión económica de la segunda mitad del siglo XVIII y sus repercusiones sociales -enriquecimiento de la burguesía criolla-.

Batalla de Maipú

El historiador y canonista español, profesor Manuel Giménez Fernández, a través de un examen de los sucesos de la revolución de mayo de 1810 en Argentina, cree ver en la emancipación un reflejo de las doctrinas populistas (de honda tradición en los tratadistas hispánicos del Siglo de Oro), en virtud del derecho del pueblo a la rebeldía, como portador de la soberanía, cuando se incumplen por la autoridad las ideas del buen gobierno. Invocando otros presupuestos, la emancipación ha sido considerada también como una guerra civil entre los hispanoamericanos, que terminaría con el triunfo del “feudalismo” criollo.

Atendiendo a las operaciones militares, el progresivo repliegue del dominio español en América a partir de 1808 se verifica en sentido inverso al que había presidido la conquista. Es decir, los focos antillano y mexicano, que en el siglo XVI constituyeron los núcleos de irradiación del dominio español, se convierten ahora en los últimos reductos hispánicos. (El dominio español en el ámbito antillano sobrevivirá al proceso emancipador hispanoamericano y perdurará hasta 1898.).

Las campañas emancipadoras partieron de las regiones de La Plata y de Tierra Firme, y por Chile y Nueva Granada, respectivamente, alcanzaron al Perú, donde el virrey José Fernando Abascal se convierte en símbolo de la resistencia española.

El proceso sociológico es distinto según las regiones. En México, la emancipación la fraguaron los criollos, la comenzaron los mestizos -campañas indigenistas de los curas Hidalgo y Morelos-y la terminaron los españoles; en Venezuela fue protagonizada por la aristocracia criolla -lo que explica que, por reacción, los humildes “llaneros” de Orinoco fueran realistas-; en el Perú y Chile también por la aristocracia criolla, de origen vasco-castellano, y en Buenos Aires, por la naciente burguesía porteña.

A semejanza de lo ocurrido en España con la crisis del poder motivada por la invasión francesa de 1808, en América se constituyeron también Juntas Provinciales, que progresivamente pasaron de la fidelidad a la causa de Fernando VII a invocar la autodeterminación, esto es, el derecho de gobernarse por sí mismas.

En líneas generales puede afirmarse que entre 1808 y 1814 las tropas españolas lograron contener el proceso emancipador (fracaso de los intentos de Hidalgo y Morelos en México, mientras Bolívar se vio obligado a refugiarse en Jamaica y el ejército español de Morillo se afianzaba en Nueva Granada; en La Plata, Belgrano fracasaba en su intento de dominar el Paraguay, y los realistas triunfaban en Vilcapugio y Ayohuma).

De 1814 hasta 1820, la emancipación realizó progresos sustanciales -1816, San Martín y O’Higgins consolidan la independencia chilena en la batalla de Maipú; 1819, Bolívar proclama la unidad de Nueva Granada-.

Y de 1820 hasta 1824, la causa emancipadora gana las últimas batallas -1821, San Martín entra en Lima, y Bolívar triunfa en Carabobo; 1822, el “plan de Iguala” reconoce la independencia de México, mientras Antonio José de Sucre vence en Pichincha y Estados Unidos reconoce a las nuevas Repúblicas; 1823, el presidente norteamericano, James Monroe, proclama la doctrina que lleva su nombre (monroísmo), como advertencia a los intentos de la Santa Alianza europea y, concretamente, a los propósitos británicos en el Caribe, y 1824, el nuevo triunfo de Sucre, lugarteniente de Bolívar, en Ayacucho, remata el proceso emancipador-.

Batalla de Ayacucho

Batalla de Ayacucho, última batalla de la independencia sudamericana

Las potencias anglosajonas se opusieron tenazmente a los proyectos federalistas de Bolívar, quien se dio perfecta cuenta de los tres adversarios a los cuales había que vencer sucesivamente para que Hispanoamérica conquistara la independencia: a) España, b) Gran Bretaña, y c) Estados Unidos.

Los hechos se encargarían de darle la razón, puesto que, rotos los lazos de dependencia política respecto de España, los países hispanoamericanos cayeron bajo el vasallaje económico de Gran Bretaña en el siglo XIX, y de Estados Unidos en el XX.

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SINTESÍS: La independencia de las colonias españolas: 1808-1811

Crisis del estado español en 1808.

Legalidad napoleónica: José I, ahora es rey de España. Se arma una resistencia organizada de la junta de Sevilla, favorable a Fernando VII.

En la Constitución de Bayona, Napoleón establece una representación regular de las colonias en el gobierno español.

Napoleón cuenta con su popularidad en América para crear un apoyo fuerte a la monarquía de José I.

Son enviados emisarios franceses de José I y Napoleón encargados de comunicar a las autoridades locales de América el cambio dinástico.

Reacción: en México, tanto el virrey José de Iturrigaray como la Audiencia rechazan la opción napoleónica. En Caracas (15-VIII-1808): el capitán general Casas duda, pero el cabildo inclina la balanza a favor de Fernando Vil. En Bogotá (19-VIII-1808): reacción violenta contra Napoleón. En Buenos Aires: el virrey francés Liniers, sospechoso de ser partidario de José I, es depuesto por la oligarquía criolla.

No pudiendo aliar a América a su partido, Napoleón varía su política en 1809 y se muestra partidario de la Independencia, como medio para debilitar al enemigo.

Napoleón Inunda las colonias españolas de agentes que preparan movimientos independentistas: Desmolard es el instigador de la sublevación de Caracas en abril de 1810.

Ejemplo norteamericano de la Constitución y simpatías de Thomas Jefferson y sus amigos por la causa latinoamericana.

Hundimiento del partido nacionalista en la metrópoli frente a la Grande Armée.
Enero de 1810: la junta abdica en un consejo de Regencia.

AMÉRICA PROCLAMA SU INDEPENDENCIA
Buenos Aires: El virrey Cisneros, nombrado por la Junta de Sevilla en 1809 y aceptado en principio, es depuesto por una junta insurreccional controlada por patriotas radicales el 25 de mayo de 1810. Elección de una Junta que agrupa a los principales representantes de la aristocracia criolla (Belgrano). Repercusiones del movimiento en Bolivia, Paraguay y Uruguay. 1811: movimiento independentista de Chile.

México: Fracaso Inicial del virrey Iturrigaray al intentar liberarse de la Junta de Sevilla (1808) por la oposición de la oligarquía criolla de la Audiencia. Movimientos populares de Miguel Hidalgo (1811) y José María Morelos, que proclama el 6 de noviembre de 1813 la independencia de Nueva España.

Caracas: Congreso que reúne los cabildos de las ciudades venezolanas en marzo de 1811; la independencia es proclamada el 5 de julio; la Constitución de diciembre de 1811 reproduce la de jefferson.

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La FASE ADVERSA de l independencia de las colonias españolas: 1811-1815:

MOVIMIENTOS DE INDEPENDENCIA
25 de mayo de 1810: Junta insurredonal de Buenos Aires.

5 de julio de 1811: Proclamación de la independencia venezolana.

6 de noviembre de 1813: Proclamación de la independencia mexicana por Morelos.

I) DIFICULTADES DE CONSOLIDACIÓN AISLAMIENTO INTERNACIONAL
Gran Bretaña: Necesitada de la colaboración española en la lucha contra Napoleón, no se atreve de momento a ayudar abiertamente a los insurrectos, aunque su interés económico se inclina a poner fin al Imperio español.

Estados Unidos: Abastecedora de víveres a los ejércitos que combaten contra Napoleón en España, sacrifica su simpatía por los latinoamericanos a las buenas relaciones con la España de Fernando VII.

Francia: Napoleón, promotor de ; movimientos revolucionarios en América, se ve ahora aislado de ella por el bloqueo inglés.

Los patriotas americanos quedan reducidos a sus propias fuerzas en la lucha.

España cuenta con la simpatía de las potencias legitimistas: Fernando VIl aspira a interesar a la gran potencia del momento, la Rusia de Alejandro I, en la conquista de América.

Dificultades de comunicación terrestre entre los distintos núcleos geográficos.

La fragmentación territorial de América Latina se refleja en un aislamiento entre los distintos movimientos.

España cuenta con una fuerza marítima que le permite la comunicación rápida a lo largo de las costas americanas.

Divisiones internas de cada núcleo independentista: rivalidades personales, luchas de clanes, clases sociales y étnicas.

España cuenta con ejércitos más coherentes y bien organizados.

RESULTADOS
Virreinato del Perú: Fiel a España, el Perú es uno de los grandes apoyos en esta reconstitución del Imperio: recuperación de Quito (1812), victoria sobre la Junta de Santiago.

Virreinato de Nueva Granada: La oposición eclesiástica y nobiliaria hace fracasar la Primera República venezolana (1812) y las fuerzas de Boves (Indios, mestizos y llaneros) la Segunda (1815).

Virreinato de Nueva España: Iturbide, con un refuerzo de 8.000 hombres llegados de España, consigue triunfar de modo definitivo sobre Morelos (1814-1815).

Ver: Focos Revolucionarios en América Colonial

Fuente Consultada:
HISTORIA UNIVERSAL Tomo 16 Editorial SALVAT El Impacto de la Revolución Francesa

Biografia Luis XVIII Rey de Francia Gobierno Liberal

RESUMEN VIDA Y GOBIERNO DEL REY LUIS XVIII DE FRANCIA

Luis XVIII (1755-1824), fue rey de Francia (1814-1815, 1815-1824); quien ascendió al trono, luego de la caída del imperio napoleónico, y restauraron las monarquías a partir del Congreso de Viena. Intentó asumir la difícil tarea de gobernar con inteligencia y justicia, acatando la Constitución, pero sin que se olvidaran quién era: un rey.

Luis XVIII intentó instaurar una monarquía constitucional, pero se enfrentaría con los ultrarrealistas. Recibió el título de conde de Provenza siendo aún muy joven. Permaneció en París después de que estallara la Revolución Francesa en 1789, pero escapó a Bélgica al cabo de dos años.

Había llegado al poder en una edad avanzada, estaba casi inválido, y el largo exilio le había aleccionado. Dotado de una fina inteligencia, se dió cuenta de la imposibilidad de volver a imponer lisa y llanamente el Antiguo Régimen: tanto la Revolución como el Imperio habían cambiado para siempre las condiciones de la vida política. El régimen que ha de instaurar debe ser un régimen liberal, para asegurase gobernar sin conflictos internos y mas tranquilo. 

Luis  XVIII de Francia

Después de los Cien Días y la nuevaabdicación de Napoleón, Luis XVIII,  refugiado en Gante, vuelve a Francia,gracias al apoyo de Wellington y a las  intrigas de Fouché. El gobernante fue en primer lugar el hombre de la Restauración, del retorno a  la monarquía después de los años de la Revolución y del Imperio.Él había vivido durante el destierro en Inglaterra y creía que con un régimen parlamentario como el inglés podría él disfrutar de más tranquilidad que si tuviera la responsabilidad de un gobierno personal.

Luis Estanislao Javier nació en Versalles el 17 de noviembre de 1755, a mitad del reinado de Luis XV, su abuelo. Era el tercer hijo del Delfín Luis y de María Josefa de Sajonia. Recibió primero el título de conde de Provenza y era llamado monseñor (título aplicado al hermano del rey), cuando en 1774 su hermano mayor llegó a ser el rey Luis XVI. En 1771 se casó con Luisa María Josefina de Saboya, de la cual no tuvo hijos.

Presentaba la imagen de un príncipe ilustrado, volteriano y libertino. No dudaba en oponerse a veces a su hermano, con el fin de cuidar su popularidad, pues hasta 1781 la ausencia de un descendiente directo lo hacía ser el heredero del trono.

Antecedentes: En 1814, cuando los Borbones vuelven al trono de Francia, aparentemente se quiere ignorar lo que ha ocurrido en el país en el curso de los últimos veinticinco años; el hermano de Luis XVI, Luis XVIII, regresa del exilio y fecha sus primeros decretos “en el año decimonono de mi reinado”, y en 1825 Carlos X renueva las pompas más solemnes del Antiguo Régimen haciéndose consagrar en la catedral de Reims. Pero nadie podía ignorar que aquel cuarto de siglo que va desde la toma de la Bastilla (1789) a Waterloo (1815), tan pródigo en acontecimientos, no había pasado en balde, y uno de los indicios más claros de esa imposibilidad de resucitar el pasado lo tenemos en el estilo de la corte de la Restauración.

LA HISTORIA FRANCESA: Francia estaba agotada, Napoleón desde 1793, no había dejado de combatir: un millón cuatrocientos mil hombres habían perecido ya en los campos de batalla. El 30 de marzo de 1814, luego de un ataque de los aliado, se rendía en París. Desde el 31 de marzo de 1814, Francia se encontraba en  manos  de un Gobierno provisional, inspirado por Talleyrand. 

El 3 de abril consigue que el Senado vote la destitución del emperador. Pero, ¿quién le sustituirá?. Los soberanos aliados presentes en París, el zar sobre todo, no eran precisamente partidarios del regreso de los Borbones. pues temían que ello produjera un levantamiento popular.

Pero Talleyrand se adelanta y el 6 de abril, el mismo día de la abdicación de Napoleón, hizo que el Senado votase la constitución de un gobierno monárquico hereditario en favor de «Luis Estanislao Javier de Francia, hermano del último rey».

Los aliados aceptan el principio de legitimidad. Pero el nuevo soberano, retenido en Inglaterra por un ataque de gota, delega su representación en su hermano, el conde de Artois. Y hasta el 24 de abril no desembarca en Calais el antiguo conde de Provenza —que desde 1795 venía ostentando el nombre de Luis XVIII—, decidido a restablecer por completo el modo de gobierno «que durante catorce siglos había sido la gloria de Francia y hecho la felicidad de los franceses». Sin embargo, antes de entrar en la capital, que no había vuelto a ver desde 1791, Luis XVIII promete en la Declaración de Saint-Ouen gobernar como rey constitucional, tras lo cual entra en París, el 3 de mayo. El Te Deum se celebra en Notre Dame: la primera Restauración está hecha.

La familia Borbón fue reinstaurada en el trono de Francia en la persona de Luis XVIII (1814-1824). Luis fue lo bastante hábil como para comprender que la monarquía restaurada tenía que aceptar la obra constructiva de las eras revolucionaria y napoleónica.

Aceptó el Código Civil napoleónico con su reconocimiento del principio de igualdad ante la ley, se preservaron los derechos de propiedad de quienes habían comprado tierras confiscadas durante la Revolución. Se estableció una legislatura bicameral (es decir, de dos sedes), la cual consistía de la Cámara de los Pares, elegidos por el rey, y una Cámara de Diputados, elegidos por un electorado limitado a poco menos de cien mil personas ricas.

Con todo, la renuente moderación de Luis hallaba oposición en los liberales, ansiosos por extender las reformas revolucionarias, y en un grupo de ultrarrealistas que criticaban la disposición del rey a transigir y sostener tantas características de la era napoleónica. Los ultras esperaban retornar a un sistema monárquico dominado por una aristocracia terrateniente privilegiada y devolver a la iglesia católica su antigua posición de influencia.

La iniciativa pasó a los ultrarrealistas en 1824, en que murió Luis XVIII, y fue sucedido por su hermano, el conde de Artois, quien se convirtió en Carlos X (1824-1830). Carlos había sido el líder de los ultrarrealistas y estaba decidido a restaurar el antiguo régimen en la medida que le fuera posible.

Luis XVIII renunció a Versalles, que tenía para él penosos recuerdos y que le parecía además excesivamente incómodo. El inmenso palacio que había sido escenario de los fastos de la antigua realeza se convirtió en una especie de asilo para familias de emigrados ancianos, que, a pesar de ser nobles, no parecían sentir mucho respeto por el lugar: el gobernador de Versalles tuvo que recordarles que estaba prohibido tender la ropa en las ventanas e introducir cabras y gallinas en lo que había sido espléndida residencia de Luis XIV y sus sucesores.

En las Tullerías, es decir, en el corazón de París, se hizo un esfuerzo por reconstituir la corte de “antes del diluvio”, pero lo más que se consiguió fue armar un vistoso decorado que a simple vista recordaba los esplendores de antaño. Títulos, grados, cargos y pensiones vuelven a repartirse como antes, reaparece la etiqueta palaciega de otros tiempos, pero la situación es muy distinta.

Luis XVIII ha otorgado una Carta a sus súbditos y un gesto o una palabra del rey ya no lo pueden todo; ahora hay ministros, diputados, políticos, incluso periodistas, que tienen tanto o más poder que el monarca. Al diluirse el absolutismo, la corte deja de ser el obligado punto de convergencia de todo el reino.

Inmediatamente después de la batalla de Waterloo (1815), recomenzó la lucha en el Parlamento, en las redacciones de los periódicos y en las calles con barricadas. Lo que se debatía, más que ventajas materiales, eran principios. Los Borbones insistían en sus derechos de soberanos por la gracia de Dios y otorgaban libertades constitucionales como un favor gratuito, no como un reconocimiento de la soberanía popular. Había concedido la Carta o Constitución, un poco para dar muestra de su benevolencia, pero una vez promulgada se sentía satisfecho con el poder que aquélla le reservaba.

Por otra parte, en la familia reinante no hay grandes personalidades capaces de magnetizar y someter a la nobleza y al país entero con la fuerza de su carácter. Luis XVIII es un anciano comprensivo, hábil y escéptico que sólo aspira a vivir en paz y a devolver a Francia el equilibrio y el orden, y que no tiene la menor pretensión de emular a su ilustre antepasado el Rey Sol.

El regreso de Napoleón durante el Imperio de los Cien Días le obligó a refugiarse en Gante hasta que sus partidarios volvieron a imponerse en la batalla de Waterloo (1815). Volvió al poder en una segunda Restauración, tratando de ejercer un gobierno moderado que salvaguardara parte de la herencia revolucionaria y limitara el revanchismo de los ultrarrealistas.

Tres importantes leyes promulgadas con tendencia liberal:

1) Votada en 1817, modificaba la forma de elección, obligando a los electores a desplazarse a la cabeza del departamento para votar. En adelante, los propietarios rurales y los grandes arrendatarios, adictos la mayor parte de las veces a las ideas de los ultras, no dominarían ya el escrutinio, mientras que los burgueses moderados de las ciudades veían aumentar su representación y su importancia.

2) Votada en 1818, la ley militar ponía fin a la conscripción napoleónica e instituía un ejército de 240.000 voluntarios; para impedir a los nobles que se adueñaran de todos los altos puestos, se establecía que los oficiales serían nombrados por examen o por antigüedad.

3) Votada en 1819, ley de prensa, abolía la censura, la autorización previa para la publicación, reducía el número de los delitos susceptibes de ser perseguidos y los sometía a los tribunales ordinarios.

Por último, a partir de 1817, y gracias a la política del barón Louis, la situación económica fue saneada; los empréstitos abiertos en Francia y en el extranjero se vieron coronados por el éxito, y se efectuó el equilibrio del presupuesto para varios años.

Esta política liberal benefició, sobre todo, a los independientes; su prensa alcanzó grandes tiradas, y su influencia creciente se concretó en las elecciones de 1819 con la conquista de muchos puestos obtenidos hasta entonces por los constitucionales; Decazes, inquieto, puso fin a las reformas, destituyó a los ministros más liberales, y se acercó a la derecha, que realizaba incansablemente una campaña de agitación contra las últimas leyes.

Por entonces —el 13 de febrero de 1820—, el obrero bonapartista Louvel asesinó, en el teatro de la Opera, al duque de Berry, segundo hijo del conde de Artois. La emoción que esto produjo fue grande, y Luis XVIII, presionado por su familia, destituyó a Decazes y llamó al duque de Richelieu.

Los ultras se hallaban decididos a no dejar impune el crimen y a cerrar definitivamente la era liberal, a Luis XVIII le fue imposible mantener esta vía intermedia y, finalmente, la derecha se impuso en el gobierno desde 1820; dicha línea reaccionaria continuaría bajo el reinado de su sucesor, Carlos X, haciendo inaceptable para los franceses la continuidad de la dinastía borbónica, que sería destronada por una nueva revolución en 1830.

Luego de un reinado de 10 años, falleció el 17 de Noviembre de 1824, su hermano, el conde de Artois le sucederá como Carlos X.

Carlos X, El rey de los ultrarrealistas

Carlos X, sucesor de Luis XVIII
El conde de Artois, hermano del rey Luis XVIII, era esbelto y afable en contraste con su hermano, obeso y perezoso. Durante los años de la Revolución y del Imperio, practicaba su propia política, enviando emisarios a la Vendée y a todos los frentes contrarrevolucionarios. Durante la segunda Restauración, su residencia llegó a ser uno de los centros del partido ultrarrealista, quienes luchaban para volver al antiguo régimen. Siendo rey de Francia a la muerte de su hermano, estuvo lejos de gozar de intuición política. El 29 de mayo de 1825 se hizo coronar en Reims y luego dejó el gobierno en manos de ministros ultra, Villéle y luego Polignac, que establecieron una política de restauración monárquica, en contradicción con las aspiraciones del país. Dicha política condujo a la revolución de julio de 1830; Carlos X abdicó entonces en favor de su nieto, el duque de Burdeos, y se exilió en Inglaterra.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA
1755  Nacimiento de Luis Estanislao Javier, el 17 de noviembre.

1771 Se casa con Luisa María Josefina de Saboya.

1774 Muerte de Luis XV. Luis XVI  asume como rey.

1781 Nacimiento del Delfín de Francia. Convocatoria de los estados generales.

1789 Toma de la Bastilla.

1791 Huida de Luis XVI, detenido en Varennes. El conde de Provenza huye a Bélgica.

1792 Proclamación de la República.

1793 Condenación y ejecución de Luis XVI.   El conde de Provenza asume el  título de regente.

1795 Muerte de Luis XVII. El conde  de Provenza asume el título de rey.  Comienzo del Directorio.

1799 Golpe de Estado de Bonaparte

1801 Firma del concordato con el papa

1804 Napoleón, emperador.

1813 Derrotas del Imperio.

1814 El Senado proclama la destitución de  Napoleón. El 2 de abril,  llama a Luis XVIII,  que se encuentra en París el 3 de mayo. Se promulga la Carta Constitucional.

1815 Los Cien Días y segunda Restauración. Cámara ultrarrealista.

1816 Disolución de la Cámara ultrarrealista. Asesinato del duque de Berry.  Ministerio ultrarrealista deVilléle.

1824 Muerte de Luis XVIII, el 17 de noviembre. Lo sucede Carlos X.

Biografia de Alejandro I Zar de Rusia Gobierno de Paulovich

RESUMEN VIDA Y GOBIERNO DEL ZAR DE RUSIA ALEJANDRO PAULOVICH

Alejandro I había nacido en San Petersburgo en 1777. Era hijo de Pablo I y nieto de la gran zarina Catalina II. Su educación estuvo en manos de preceptores occidentales, especialmente de La Harpe, un coronel suizo que le puso en contacto con el pensamiento de la Ilustración y con los ideales nacionalistas en boga en la Europa del siglo XVIII.

Al comenzar el siglo XIX, Rusia era abrumadoramente rural, agrícola y autócrata. Al zar aún se le consideraba monarca por derecho divino con poder ilimitado. Alejandro I (1801-1825) se había criado en la tradición y las ideas de la Ilustración y tenía toda la voluntad para realizar reformas.

Con la ayuda de su consejero liberal, Michael Speransky, aflojó la censura, liberó prisioneros políticos y reformó el sistema educativo, creó escuelas y universidades. Prohibió los castigos crueles tan comunes eb aquella época, ordenó la administración pública creando ocho ministerios y mejoró la calidad de vida de los siervos, quienes representaban el 90% de la población rusa y vivían en condiciones de absoluta pobreza.

Alejandro I zar de rusia

Alejandro I Pavlovich (1777-1825), zar de Rusia (1801-1825) e hijo del zar Pablo I

Inicialmente fue enemigo de Napoleón, pero en 1807 se alió con Francia hasta 1812, cuando el emperador de los franceses toma la nefasta decisión de atacar Moscú, acción que concluyó con la pérdida de su ejército.

Luego de la derrota definitiva de Napoleón Bonaparte fue una de las fuertes personalidades que acudieron a Viena con la intención de reorganizar Europa de acuerdo con su propio criterio y según las conveniencias de sus respectivos países. Junto con el príncipe Metternich, supo sacar mejor partido del congreso de paz.

En 1815, fundó la Santa Alianza con Austria, Rusia y Prusia, con el objetivo de implantar el cristianismo en las potencias europeas, pero que fracasó a corto plazo. Los últimos años de la vida y reinado de Alejandro I se caracterizaron por un talante reaccionario y despótico. Le sucedió su hermano Nicolás I.

El temperamento autoritario y la formación intelectual acorde con los principios del Siglo de las Luces hicieron de Alejandro un perfecto arquetipo del déspota ilustrado, en el que se combinaban el absolutismo monárquico y la ideología progresista.

Alejandro subió al trono en 1801, tras la muerte de su padre, asesinado después de la conspiración de Pahlen. No están muy claras las relaciones que existían entre Alejandro y los regicidas, aunque parece cierto que, si bien al principio participó en el complot, éste escapó pronto de su control y el príncipe no tuvo intervención en el asesinato de su padre.

Desde los primeros años de su reinado, Alejandro puso en marcha una serie de reformas encaminadas a lograr la liberalización de las estructuras políticas de Rusia. De acuerdo con un equipo de consejeros que se inspiraban en las instituciones inglesas, abolió la censura, la policía secreta y la tortura como método judicial; aumentó las funciones de la Cámara Alta y colocó bajo su competencia el control de la justicia y de la administración.

En 1803, un decreto (ucase) del zar autorizaba a los señores territoriales a que pudieran liberar a sus siervos agrícolas, a los que debía entregárseles un lote de tierras a cambio del pago de una cuota. Todas estas medidas -así como una reforma de la enseñanza en 1804- debían desembocar en un proyecto de reorganización de las instituciones políticas presentado por Sperenski y apoyado por el monarca, en el año 1809. En el proyecto de Sperenski aparecían como órganos de gobierno cámaras representativas a nivel local o nacional, cuyos miembros deberían haberse elegido según un sistema censatario.

La puesta en práctica de estas medidas se vio dificultada por la oposición de la nobleza y por las repercusiones que los acontecimientos de Europa tenían en la política interior rusa.

Alejandro I no siguió una línea política fija en sus relaciones con las potencias europeas. Las alianzas de Rusia con Napoleón o con los enemigos del emperador francés se sucedieron a una velocidad vertiginosa desde 1801. En julio de ese año, el zar había firmado un tratado de paz con Gran Bretaña.

En octubre firmó con Bonaparte un acuerdo secreto que selló la alianza ruso-gala hasta 1805, año en el que Rusia participó en la coalición antifrancesa, junto con Gran Bretaña, Austria, Prusia y Suecia. Tras las victorias de Napoleón en Austerlitz, Eylau y Friedland, Alejandro firmó el Tratado de Tilsit (1807), por el que aceptaba el nuevo orden europeo y se adhería al bloqueo continental contra Inglaterra.

Tras la derrota de Napoleón, Alejandro se volvió más reaccionario, y su gobierno regresó a una estricta y arbitraria censura. No tardó en surgir la oposición proveniente de un grupo de sociedades secretas. Una de estas sociedades, conocida como la Unión del Norte, estaba compuesta por jóvenes aristócratas que habían servido en las guerras napoleónicas y se habían percatado de la existencia de un mundo fuera de Rusia.

La alianza con Francia proporcionó a Alejandro I ciertas ventajas territoriales, a costa de los países enemigos de Napoleón, como Suecia y Austria, pero significó el renacimiento de Polonia -apoyada por Napoleón- e importantes pérdidas comerciales, debido a que Gran Bretaña era el principal cliente de los productos agrícolas rusos.

El “matrimonio austríaco” de Napoleón señaló un nuevo cambio en las relaciones ruso-francesas, caracterizadas desde este momento por una hostilidad creciente que desembocó en la guerra abierta de 1812. Desde este año Alejandro I se convirtió en el principal enemigo de Napoleón y dirigió la coalición europea contra Bonaparte.

En 1814, de acuerdo con Talleyrand, apoyó la restauración de los Borbones en el trono francés y firmó con Luis XVIII un tratado en el que se reconocían a Francia las fronteras de 1789. Después de los Cien Días se opuso al reparto de Francia entre las potencias vencedoras y para garantizar el orden tradicional en Europa, fue el promotor de la Santa Alianza.

Durante este período estaba bajo la influencia de la viuda Krüdener y, de acuerdo con sus teorías, la Santa Alianza “pretendía mantener en el interior de los estados el orden tradicional y modelar sus relaciones exteriores de acuerdo con los principios de paz y concordia inspirados por el cristianismo”.

Después de su victoria sobre Napoleón, Alejandro I orientó su política de acuerdo con los principios religiosos de la viuda Krüdener. Prestó su apoyo a las Sociedades Bíblicas, que preconizaban la unidad de todos los cristianos, y reanudó la política liberal que había caracterizado los primeros años de su gobierno, en pro de la liberación de los siervos y de la organización de un gobierno constitucional.

Pero hacia 1820, reaccionando frente a los movimientos revolucionarios que agrupaban a las clases más progresivas -sobre todo a grupos de oficiales jóvenes en contacto con el liberalismo europeo-, el zar cambió su política y tomó una serie de medidas autoritarias: restableció la censura, prohibió las asociaciones políticas; apoyó a la Iglesia ortodoxa, el mejor sostén religioso de la monarquía absoluta, y favoreció el régimen señorial autorizando las deportaciones de siervos a Siberia sin previo juicio.

En 1825, mientras efectuaba un viaje por tierras de Crimea, Alejandro I murió de forma inesperada. Rumores diversos, difundidos poco después de su muerte, afirmaban que había sido envenenado. Otra leyenda pone en duda que la muerte del zar fuese auténtica y se afirmaba que vivía como un ermitaño en algún lugar del Cáucaso. De esta manera, las contradicciones que habían caracterizado la actuación del zar Alejandro perduraban incluso después de su desaparición.

PARA SABER MAS…
A la muerte de Pablo I, le sucedió su hijo Alejandro (1801-1825). Tal vez éste llegó a estar al corriente de la conjuración para destronar a su padre; pero, en todo caso, su asesinato le causó profunda impresión. ¿Fue ello el motivo de aquella tristeza, de aquel «mal del siglo», que hicieron que se le llamase «el Hamlet del Norte»? Al igual que el héroe de Shakespeare, el nuevo zar de Rusia dio muestras siempre en su conducta de una gran indecisión.

Este autócrata no creía en la autocracia: quería liberar a los siervos y concedió nuevamente a los rusos el derecho de ir a estudiar en el extranjero. Con la ayuda de su ministro Speransky, intentó insuflar nuevas fuerzas al gobierno, siempre lento e ineficaz, de su vasto imperio. Speransky preparó una serie de reformas inspiradas en el Código napoleónico, llegándose a crear una Duma del Estado, especie de asamblea legislativa de Rusia.

La vida interior del país se vio influida entonces por la política exterior del zar. Después de Tilsitt (1807), Alejandro no podía dudar de que su acuerdo con Napoleón le abriría numerosas perspectivas. De todos los vecidos, él era el único que había tenido derecho a la admiración y hasta a la amistad del emperador de los franceses. Este primer reconocimiento de su valor y el reparto del mundo decidido en Tilsitt hicieron creer al zar que podría grabar su nombre en la historia de su país con el mismo brillo que Pedro el Grande.

Creía que su valor y el genio de su pueblo le permitían alimentar las mayores ambiciones. Y, bajo esta óptica, emprendió grandes reformas. Pero el fracaso de la política reformadora de Speransky habría de condenar —justa reacción de los hechos— la alianza con Napoleón.

Era, en efecto, dicha alianza maldita con el usurpador, con el advenedizo, lo que los nobles atacaban más. Pues para ellos, las tentativas reformistas del zar se debían a la contaminación francesa:  la Santa Rusia no debía ser tocada por la Revolución.

Además, el bloqueo lesionaba considera blemente los intereses de la nobleza. Ciertamente, Rusia dependía, de modo esencial, de sus exportaciones de trigo, pero también de las de madera, pieles y materiales para la marina, como telas de lino, cáñamo y cuerdas. Ahora bien, era Inglaterra la compradora del trigo o quien lo transportaba; era la marina inglesa la mejor cliente de Rusia.

El bloqueo perjudicaba, pues, tanto a Rusia como a los demás países europeos, pero los rusos podían pretender que su poderío les dispensara de dejarse arrastrar a una aventura contraria a sus intereses económicos más fundamentales. ¡Y si aún esos inconvenientes económicos se vieran compensados por ventajas políticas sustanciales!

El bloqueo paralizaba el Báltico, pero los rusos y Alejandro esperaban poder abrir una segunda ventana sobre un mar mucho más internacional: el Mediterráneo. Desde siempre, la política rusa había intentado lanzarse hacia el sur. El Imperio turco parecía una presa fácil, sobre todo contando con el apoyo de Napoleón, que podía paralizar toda amenaza contra los flancos de Rusia. Pero Napoleón no tenía prisa por intervenir en Oriente.

Estimaba, en efecto, y no sin cierta razón, que la mejor manera de mantener a Rusia en su alianza y dentro del espíritu de Tilsitt, consistía en no concederle ventajas más que con cuentagotas. Sabía bien que, en cuanto Rusia alcanzase lo que pretendía, corría el peligro de que se convirtiera en demasiado poderosa, y entonces aumentarían  sus exigencias.

Fuente Consultada:
Historia Universal Tomo 16 El Impacto de la Revolución Francesa Editorial SALVAT
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson J. Spielvogel
Hicieron Historia Biografías Tomo II Alejandro I de Rusia  Editorial Kapelusz
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo IX La Caída del Imperio Ruso

Biografía de Monroe James Gobierno y Política Externa

RESUMEN VIDA Y GOBIERNO DE JAMES MONROE – LA COMPRA DE LUISIANA

James Monroe (1758-1831), quinto presidente de Estados Unidos (1817-1825). Es recordado por haber proclamado la doctrina que determinaría por mucho tiempo la política exterior de su país y que prepararía su hegemonía en el continente americano, pues al liberar a su país de la diplomacia europea, preparó el camino para que Estados Unidos se transformase en una gran potencia mundial. Fue uno de los negociadores de la compra de Luisiana.

Participó como fundador del Partido Republicano, también llamado Partido Demócrata-Republicano. En 1794 fue embajador en Francia y Gran Bretaña y Ministro de Asuntos Exteriores con el presidente James Madison.

James Monroe, presidente de EE.UU.

James Monroe, autor de la declaración que lleva hoy su nombre (1823). Durante sus dos presidencias
puso término a las luchas entre republicanos y federalistas, admitió el ingreso de los Estados de Misuri y Maine a la  Confederación, reforzó las defensas de las costas y adquirió, en 1819, la Florida.

Nacido en el condado de Westmoreland, el 28 de abril de 1758, el joven Monroe fue admitido en el prestigioso William and Mary College de Williamsburg debido a sus brillantes resultados escolares. Se reveló allí como un alumno un poco indisciplinado, sobre todo deseoso de frecuentar los círculos acomodados de la capital de Virginia, donde en medio de la efervescencia se tramában los acontecimientos que pronto preludiarían la independencia de las colonias inglesas.

Al estallar en 1776 la guerra de la Independencia, Monroe se enroló en el 3er regimiento de Virginia en calidad de cadete, para luego incorporarse al cuartel general de George Washington. Se distinguió en los campos de batalla de Harlem Heights, White Plains y sobre todo de Trenton, donde su conducta heroica, que permitió a los colonos norteamericanos lograr la victoria, le valió ser promovido al grado de capitán.

Una vez finalizados los violentos combates de 1777 y 1778, Monroe era un soldado aguerrido, respetado, que Washington elevó al rango de oficial superior. Se le auguraba entonces una brillante carrera militar; sin embargo, después de la victoria decisiva de Yorktown sobre los ingleses en 1781, Monroe prefirió abandonarla carrera de las armas por las aulas universitarias. Durante dos años tendría como profesor de derecho a su ilustre compatriota Thomas Jefferson, autor de la Declaración de la Independencia, y que fue su mentor político.

Antecedentes de la Época: Bajo la presidencia de Washington se inicio el rápido desarrollo de los Estados Unidos de América. En íntima colaboración con el Congreso, se promulgó el sistema de Cortes Federales, la ley de impuestos aduaneros, la ley monetaria y la creación del Banco de los Estados Unidos. En 1790, un censo de población registró casi 4.000.000 de habitantes, y se estableció un ejército regular de 15.000 hombres.

Luego de un segundo mandato y rechanzando la posibilidad de un tercero, le sucedió John Adams (1797-1801), cuyo gobierno debió enfrentar dificultades políticas surgidas de la consolidación de los dos partidos tradicionales: los federalistas y los democrático-republicanos.

Estos últimos triunfaron en las nuevas elecciones presidenciales, llevando al cargo a Thomas Jefferson por dos períodos consecutivos (1801-1809). Durante el gobierno de Adams, la capital, establecida en Filadelfia, se trasladó a la nueva ciudad de Washington, donde fue inaugurada la White House (Casa Blanca).

Mas tarde bajo el gobierno de James Madison (1809-1817), se ocupó por la fuerza la Florida española, situación que fue solucionada en 1817 mediante la adquisición de los derechos sobre esos territorios. Entre los años 1812-1814, el gobierno de Madison debió enfrentar una guerra contra Gran Bretaña, conflicto terminó con la paz de Gand.A partir de entonces comenzó a perfilarse la potencia de la joven nación.

La conciencia nacional se robusteció, aumentó la población con inmigrantes del Viejo Continente que acudían a millares para radicarse en las tierras que, día a día, se arrancaban a los indios en una incontenible marcha hacia el Far West.

En 1816 es elegido James Monroe, candidato por el partido republicano, que durante el gobierno (1817-1825) se produjo la definición de la postura de EE. UU. ante los problemas coloniales en el continente americano. El anuncio de Monroe comprometía a la nación septentrional en el apoyo a sus hermanas hispanoamericanas en plena guerra por la Independencia.

Adquisición de Florida: Posesión española desde 1513, Florida fue ocupada por su ingleses durante la guerra de 1812, pero fueron los indígenas creek sus verdaderos amos. Al desinteresarse España de una colonia lejana, a los estadounidenses les pareció natural hacer valer su derecho sobre esta región.

So pretexto de una expedición contra los indígenas, y sin orden alguna del Congreso, el general Andrew Jackson se apoderó de Florida en 1814 sin disparar un solo tiro. Ante el hecho consumado, España aceptó las ofertas de compra que se le hicieron por una provincia definitivamente perdida. En 1819 por un tratado España cedió Florida a Estados Unidos por cinco millones  de dólares. El estado recién ingresaría a la Unión en 1845.

La Doctrina Monroe: Para 1825, después de que Portugal hubo reconocido la independencia de Brasil, casi toda América Latina se había liberado de la dominación colonial. Animados por su éxito en la sofocación de las rebeliones en España e Italia, las victoriosas potencias continentales se manifestaron en favor del uso de tropas para restaurar el control español en América Latina.

Esta vez prevaleció la oposición británica a la intervención. Ávidos de obtener el acceso a un continente entero para inversión y comercio, los británicos propusieron una acción conjunta con Estados Unidos contra la interferencia europea en América Latina.

Desconfiado de los motivos británicos, el presidente estodounidense James Monroe actuó solo en 1823, garantizando en la famosa Doctrina Monroe la independencia de las nuevas naciones latinoamericanas y advirtiendo contra cualquier intervención europea posterior en el Nuevo Mundo.

En realidad, los barcos británicos fueron más importantes para la independencia latinoamericana que las palabras estadounidenses. La armada británica se interpeponía entre América Latina y cualquier fuerza europea de invasión, y potencias continentales se mostraban en extremo renuentes a desafiar al poderío naval inglés.

Como presidente a partir de 1816, trató de representar a toda la nación, por lo que durante sus dos mandatos se apaciguaron las tensiones políticas entre federalistas y republicanos. Aunque cuestionó la competencia del Congreso para restringir la esclavitud en los diferentes Estados, aceptó el equilibrio pactado entre los intereses del Norte y los del Sur por el Compromiso de Missouri (1820), que dividía el país en Estados esclavistas y Estados abolicionistas. La Administración Monroe fijó también las fronteras con el Canadá británico (Convención de Londres, 1818) y extendió el territorio estadounidense mediante la compra de Florida a España (1819).

Al final de su segundo mandato, en 1825, James Monroe cedió su sillón en la Casa Blanca a John Quincy Adams. Retirado en sus tierras de Virginia, sin gran fortuna, se esforzó exigiendo al gobierno que aceptase indemnizarlo por sus misiones en Europa. No obtendría recompensa, por lo que pasaría modestamente sus últimos años en Nueva York, donde murió el 4 de julio de 1831.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1758 Nacimiento de James Monroe  en Virginia, el 28 de abril.

1774 Ingresa al William and Mary College.

1776 Comienzo de la guerra de la Independencia.  Monroe se enrola en el 3er regimiento  de Virginia y se distingue en la   batalla de Trenton.

1781 Victoria decisiva deYorktown. Monroe retoma los estudios de derecho.

1783 Es elegido representante de Virginia ante el Congreso.

1790 Monroe es elegido senador de Virginia.

1796 Es ministro plenipotenciario en Francia.

1799 Llega a ser gobernador de Virginia.

1803 Nueva misión en Francia. Negocia   la compra de Luisiana.

1803-1807 Ministro plenipotenciario en  Gran Bretaña y luego en España.

1810 Monroe ocupa un asiento en la   Asamblea de Virginia.

1811-1814 Es secretario de Estado del  presidente Madison.

1816 Monroe, candidato republicano, es elegido 5° presidente de los Estados Unidos.

1819 Adquisición de Florida.

1820 «Compromiso» de Missouri. Monroe es reelegido presidente.

1823 Proclamación de la  «doctrina Monroe».

1825 Monroe se retira a Oak Hill.

1831 Muerte de James Monroe, el 4 de Julio.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson J. Spielvogel
Hicieron Historia Biografías Tomo II James Monroe Editorial Kapelusz

Biografia de Príncipe Metternich Política y Conservadurismo

RESUMEN VIDA Y OBRA POLÍTICA DEL PRINCIPE DE MATTERNICH

Klemens von Metternich, conde y príncipe de Metternich-Winneburg (1773-1859), fue un político y diplomático austríaco, que tras la Revolución Francesa y la grandiosa epopeya napoleónica, encarna el proceso del regreso al conservadismo social y político en Europa, al defender el absolutismo y oponerse al derecho de los pueblos a decidir por sí mismos. Es considerado uno de los grandes personajes de la política europea del periodo comprendido entre 1814 y 1848.

El 15 dse mayo de 1773 nació en Coblenza (Alemania), descendiente de una ilustre y aristcrática familia renana. Su padre Franz Georg Karl, era conde de Metternich-Winneburg,y fue un enviado del emperador en tierras renanas y su familia permaneció siempre fiel a los Habsburgo desde la guerra de los Treinta Años.

En 1794, a la edad de 20 años mientras estudiaba en las universidade de Estraburgo,  y cuando se extiende la revolución francesa , los ejércitos revolucionarios avanzan sobre su pueblo;  se regfugian en Viena. Continuó sus estudio en la Universidad de Maguncia.  Conoció a la condesa Eleanor Kaunitz y contrajo matrimonio. Fue delegado de Austria en el Congreso de Rastadt (1797) y más tarde como embajador en Sajonia (1801), Prusia (1803) y París a petición de Napoleón (1806).

ríncipe de Metternich

Klemens von Metternich, conde y príncipe de Metternich-Winneburg (1773-1859

El estadista y diplomático austriaco Klemens Metternich-Winneburg fue la principal figura política de su país durante la primera mitad del siglo XIX. Dirigió su actividad internacional con el objeto de lograr el equilibrio de poder europeo que mantuviera la paz continental. Falleció en 1859, en Viena, once años después del estallido revolucionario que le obligó a él a dimitir de su cargo de canciller y al emperador Fernando I a abdicar.

Sus estudios en Estrasburgo y Maguncia, bajo la dirección de Niklas Vogt, le hicieron concebir un vasto plan para organizar Europa como una sociedad de naciones, que él concebía dirigidas por los principios de la más estricta legalidad dinástica. A pesar de su condición de aristócrata y de la firmeza de sus convicciones políticas, supo adaptarse a las circunstancias y esperar una ocasión propicia para realizar sus planes.

Vinculado a la diplomacia austríaca desde 1794, desempeñó con habilidad diversas misiones en Rastadt, Dresde y Berlín, hasta que en 1806 fue nombrado embajador en París. Aunque personalmente se consideraba enemigo de Napoleón, al que veía como el sucesor de la Revolución francesa, supo anteponer los intereses de Austria a sus sentimientos personales y fue el artífice de la alianza franco-austríaca, sellada con el matrimonio de la archiduquesa María Luisa con el emperador Napoleón.

Convencido de que el equilibrio de poder entre Rusia y Francia era la situación que más convenía a su país, mantuvo una postura un tanto equívoca durante la campaña de Rusia, intentando que la guerra se resolviese sin que hubiese vencedores ni vencidos. En 1813 se unió a la coalición antinapoleónica, pero cuando se produjo el triunfo de ésta, se esforzó por mantener a Napoleón en el trono francés para contrapesar la potencia de Rusia.

El tratado de París de 1814 le permitió restablecer la soberanía de Austria sobre los antiguos dominios en Alemania e Italia. En el congreso de Viena se opuso a las ambiciones de Prusia y de Rusia y apoyado por Castlereagh y Talleyrand, consiguió imponer sus principios para organizar a Europa como un mosaico de estados sometidos a la autoridad de los príncipes, “manteniendo la seguridad interior y exterior y la independencia e integridad de los estados particulares”.

Antecedentes: Luego de la caída del emperador Napoleón, en octubre de 1813, comienza un proceso de reconstrucción de Europa, tratando de volver a aquel estado político pre-guerras napoleónicas donde los gobiernos absolutistas era la normalidad. Para ello de comienza firmando el Tratado de París, donde Francia y  los miembros de la coalición victoriosa el 30 de mayo de 1814, deciden reunir un congreso internacional en Viena para fijar el nuevo orden europeo.

Desde octubre de 1814 a junio de 1815, se reúnen allí más de 150 personas. Sin embargo, las decisiones importantes no se toman en sesión plenaria, sino que las toma un pequeño comité formado por algunos diplomáticos, entre los cuales destacan Metternich, por parte austríaca, y Talleyrand, que representa a la Francia de los Borbones.

Paralelamente a las sesiones de trabajo, Viena es, todas las tardes, el marco de numerosas fiestas, bailes y cenas. La alta sociedad vuelve a encontrar los antiguos esplendores y aprende el vals, que adquiere por entonces sus cartas de nobleza.

El Congreso de Viena

“El Congreso de Divierte” Caricatura de la época, sobre la actitud de los convocados frente a la errota definitva de Napoleón.

Presidido por Matternich, el congreso de Viena diseñó el mapa de Europeo inspirándose en los principios monáquicos e ignorando las reivindicaciones nacionalistas. En medio de suntuosas fiestas, bailes y festines, ofrecidos por la corte austríaca, se celebró el congreso de Viena. Fue el más importante realizado desde la paz de Westfalia, en 1648. Los 15 soberanos que se dieron cita, además de los innumerables diplomáticos, estuvieron acompañados por una retahila de secretarios y criados. Los principales plenipotenciarios fueron Wellington y Castlereagh por Gran Bretaña, el canciller Nesselrode por Rusia, los ministros Humboldt y Hardenberg por Prusia, Talleyrand por Francia y por supuesto Metternich por Austria. El congreso nunca realizó sesiones plenarias, ya que los distintos temas fueron discutidos y dirimidos por los aliados en sesiones secretas.

Las fuerzas de los violentos cambios desatados durante las guerras revolucionarias francesas y napoleónicas se calmaron temporalmente en 1815, al tiempo que los gobernantes trataban de restaurar la estabilidad, restableciendo gran parte del antiguo orden en una Europa asolada por la guerra.

Los reyes, los aristócratas terratenientes y las élites burocráticas recuperaron su control de los gobiernos nacionales, mientras que, internacionalmente, las fuerzas del conservadurismo trataban de mantener el nuevo status quo; algunos países utilizaron, incluso, la fuerza militar para intervenir en los asuntos internos de otros en su deseo de aplastar las revoluciones.

El jefe del Congreso de Viena fue el ministro austriaco del exterior, príncipe Klemens von Metternich (1773-1859). Diplómatico experimentado, engreído y seguro de sí, Metternich se describió en sus memorias de 1819: “Mi mente es de gran alcance. Estoy siempre por encima y más allá de la preocupación de la mayoría de hombres públicos; abarco un terreno mucho más vasto que el que ellos pueden ver. No puedo evitar decirme veinte veces al día: Cúan acertado estoy y cuan equivocados están ellos”.

Metternich afirmaba que en Viena le había guiado el principio de la legitimidad. Para restablecer la paz y la estabilidad en Europa consideraba necesario restaurar a los monarcas legítimos que preservarían las instituciones tradicionales. Esto ya se había logrado con la restauración de los Borbones en Francia y España, al igual que el retorno de varios gobernantes a sus tronos en los estados italianos.

En otras partes, sin embargo, el principio de legitimidad fue, en gran medida, ignorado y completamente opacado por consideraciones de poder más prácticas. El tratamiento del congreso a Polonia, sobre la cual tenían pretensiones Rusia, Austria y Prusia, ilustra este proceder.

A Prusia y Austria se les permitió tener parte del territorio polaco. Se estableció un nuevo reino de Polonia, nominalmente independiente, de cerca de tres cuartas partes del tamaño del ducado de Varsovia, con la dinastía Romanoff de Rusia como sus monarcas hereditarios. Aunque el zar Alejandro I (1801-1825) concedió voluntariamente al nuevo reino una constitución que garantizaba independencia, así como su política exterior e incluso Polonia misma permaneció bajo control ruso. A Prusia se le compensó por su pérdidas de tierras polacas cediéndosele dos quintas partes de Sajoni, el reino alemán de Westfalia y la orilla izquierda del Rin.

Austria, a su vez, fue compensada por su érdida de los Países Bajos austríacos cediéndosele el control de dos provincias del norte de Italia: Lombardía y Venecia.

Mediante estos arreglos territoriales, las grandes potencias reunidas en Viena siguieron la práctica acostumbrada del siglo XVIII de mantener un equilibrio de poder entre ellas. En esencia, esto significba un balance de fuerzas políticas y militares que garantizaba la independencia de las grandes potencias, asegurando que ningún país pudiera dominar a Europa.  (Ver: Congreso de Viena)

La ideología del conservadurismo
Los arreglos de paz de 1815 no fueron sino el principio de una reacción conservadora decidida a contener a las fuerzas liberales y nacionalistas desatadas por la Revolución Francesa. Metternich y su clase fueron representantes de la ideología conocida como conservadurismo. Como filosofía política moderna, el conservadurismo data de 1790, cuando Edmund Burke (1729-1797) escribió sus Reflexiones sobre la Revolución Francesa, en reacción a este hecho histórico y, en especial, a sus ideas radicales republicanas y democráticas.

Burke enunció los principios de un conservadurismo evolutivo; sostenía que “el estado no debería considerarse como nada más que un convenio de asociación en un tratado de pimienta y café, a tomarse por interés temporal y a disolverse al capricho de las partes”.

El estado era una asociación, pero “no sólo entre los vivos, sino entre éstos, los muertos y los que van a nacer”. Ninguna generación, por ende, tiene derecho a destruir esta asociación; por el contrario, tiene el deber de preservarla y transmitirla a la siguiente. Ciertamente, “cambiando el estado con tanta frecuencia como las modas… ninguna generación podría vincularse con la siguiente”. Burke advertía contra el derrocamiento con violencia de un gobierno mediante revolución, pero no rechazaba la posibilidad del cambio.

El cambio repentino era inaceptable, pero ello no eliminaba la posibilidad de él. El cambio repentino era inaceptable, no obstante lo cual no descartaba la posibilidad de mejoramientos graduales o evolucionarios.

Canciller: Como canciller de Austria su objetivo esencial fue la de  impedir a cualquier precio la revolución social y política, y Austria castigaría severamente los intentos liberales en el seno de la Confederación germánica. No obstante, fue una revolución la que expulsó a Metternich del poder.

El 13 de marzo de 1848 en Viena comenzó una revolución a a raíz de una trivial manifestación de estudiantes y burgueses liberales que abogaban por las libertades fundamentales ante la dieta de la Baja Austria. Paralelamente, otros manifestantes exigían frente a la cancillería la salida de Metternich.

Las tropas, llamadas de inmediato, abrieron fuego y ocasionaron una cincuentena de víctimas. Este tiroteo dio inicio al motín que se propagó muy pronto por los suburbios y transformó una manifestación liberal en una revolución social. Los obreros, cuyo número

Blanco del levantamiento debió huir urgnetnte al día siguiente. Se refugió en Inglaterra y luego en Bruselas de 1849 a 1850. El fin de la revolución y el establecimiento de un gobierno neoabsolutista le permitieron regresar a Austria, pero en adelante se mantuvo apartado de la vida política.

Falleció en Viena el 11 de junio de 1859.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1773 Nacimiento de Klemens, principe von   Metternich-Winneburg, en Coblenza, Alemania, el 15 de mayo.

1788 Estudia en Estrasburgo, Francia.

1790 Huye de la Revolución francesa y sigue sus estudios en Maguncia,Alemania.

1794 Obtiene su primer cargo en la  diplomacia austríaca.

1795 Se casa con la condesa Eleanor von    Kaunitz, nieta del antiguo canciller   austríaco, el príncipe von Kaunitz.

1799 Golpe de Estado de Bonaparte.

1801 Metternich es enviado como   embajador a Dresde, Alemania.

1803 Es embajador en Berlín.

1804 Napoleón es coronado emperador.

1806 Metternich, embajador en París.

1809 Derrota austríaca en Wagram. Metternich, ministro de asuntos   exteriores de Austria. Paz de Viena.

1815 Congreso de Viena. Firma de la Santa Alianza.

1817 Metternich es nombrado canciller.

1823 Intervención francesa en Grecia.

1834 La Unión aduanera (Zollverein) entra  en vigor en Alemania.

1835 Muerte de Francisco I de Austria.  Le sucede Fernando, su hijo mayor.

1848 Revolución en Viena. Huida de Metternich.

1850 Abdicación de Fernando I; Francisco José  llega a ser emperador.  Regreso de Metternich a Viena.

1859 Muerte de Metternich, el 11 de junio.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson J. SpielvogelReacción, Revolución y Romanticismo
Hicieron Historia Biografías Tomo II Matternich Editorial Kapelusz

Biografia de Leopoldo I Rey de Bélgica Política y Gobierno

RESUMEN DE LA VIDA Y GOBIERNO DE LEOPOLDO I , REY DE BÉLGICA

Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha nació en Alemania el 16 de diciembre de 1790. Hijo del duque reinante de Sajonia-Coburgo, realizó una carrera militar y fue un gran diplomático. Fue un aristócrata internacional de origen alemán, Leopoldo combatió en el ejército ruso en 1813 durante las Guerras Napoleónicas.

Vivió en Inglaterra a partir de 1846 y desposó a una princesa francesa en 1832, la princesa Carlota, hija del príncipe regente que más tarde sería Jorge IV de Gran Bretaña. Llegó a ser rey de los belgas casi por casualidad en 1834, supo proteger a la joven nación de la codicia de sus poderosos vecinos, e hizo que Bélgica desempeñara un papel importante en la escena europea.

Leopoldo I de Bélgica

Leopoldo I de Bélgica

Cuando tenía apenas 5 años, el zar de Rusia lo nombró coronel de la Guardia Imperial y a la edad de 12, él será general. La lucha contra Napoleónle llevó a servir como oficial en el ejército ruso (1805-10). Acabada la guerra, pasó a vivir en Inglaterra, donde adquirió la nacionalidad británica y contrajo matrimonio con la heredera del trono (1816), la princesa Charlotte, muerta al año siguiente cuando dá a luz.

Las dos primeras revoluciones europeas que dieron lugar a alteraciones en el orden del Congreso de Viena le ofrecieron la Corona de los respectivos Estados independientes que crearon: Leopoldo rechazó la de Grecia (1830), pero aceptó la de Bélgica, que acababa de rebelarse contra el dominio holandés (1831).

La independencia belga:  Bélgica, que formaba con Provincias Unidas una federación de estados, y no se sentía representada por la constitución otorgada por Guillermo I (1815-1840), rey de los Países Bajos. El holandés era el único idioma oficial, y las decisiones legales y administrativas quedaban en manos de los funcionarios holandeses. A esta situación se sumaba la persecución de que era objeto la religión católica, credo que profesaba la mayoría de los belgas.

Durante el Congreso de Viena, luego de caída del imperio napoleonico, se formó esa federación de países para evitar la influencia de Francia en esa zona. La unión de esos países le convenía económicamente a Bélgica, pero el descontento social igual reinaba, pues no sopórtaban la persecución religiosas de los belgas. Francia quizo aprovechar este malestra para recuperar su influencia en Bruselas.

En 1830, año de muchas revoluciones liberales en Europa, tambien estalla en Bélgica, Guillermo I envió al ejército para reprimir a los belgas, pero sus tropas fueron batidas en la lucha callejera. Convocado a elecciones, el pueblo eligió un congreso que proclamó la independencia de Bélgica, instauró la creación de una monarquía constitucional hereditaria y excluyó a la casa de Orange de la sucesión al trono belga.

El 4 de noviembre de 1830, las grandes potencias aceptaron la separación de Provincias Unidas y Bélgica, y reconocieron la independencia de este último país, a condición de que se proclamase neutral.

Convocados a nuevas elecciones, los belgas eligieron rey a Leopoldo de Sajonia, o Leopoldo I de Bélgica. Las fronteras establecidas por las grandes potencias desencadenaron choques armados entre Provincias Unidas y Bélgica, que Francia quiso aprovechar, pero la crisis se apaciguó ante la amenaza de una intervención militar por parte de Prusia, Rusia, Austria y Gran Bretaña.

El 21 de julio de 1831 juró solemnemente sobre la Constitución: Bélgica se convirtió de este modo en una monarquía constitucional y comenzaba una vida independiente. Desde un principio, el rey se esforzó por proteger esta independencia. Apenas subió al trono debió enfrentar una invasión de Guillermo I, que no aceptaba el tratado de 1831. Leopoldo I en persona defendió en Lovaina la ruta de Bruselas, ayudado por el general francés Étienne Maurice Gérard. Finalmente, Holanda dejó de ser una amenaza con la firma del tratado de Londres, el 19 de abril de 1839.

Casamiento con Luisa María de Orleans

1832: Casamiento con Luisa María de Orleans

Durante todo ese período, Leopoldo I desplegaría su habilidad diplomática para asegurar la frágil existencia del nuevo Estado. En 1832 desposó a Luisa María de Orleans, hija de Luis Felipe I, con la que tuvo cuatro hijos, a los que casó de la manera más ventajosa para Bélgica.

El rey sexagenario, más triste que nunca, se pliega de Laeken, conoce el final de una vida dolorosa y muere el 10 de diciembre 1865.Su funeral se celebró el 16 de diciembre. A pesar de las dificultades externas y tragedias personales, dejó un reino próspero que casi nadie cuestiona la legitimidad.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA:

1790 Nacimiento de Leopoldo, cuarto hijo del  duque de Sajonia-Coburgo, el 16 de diciembre.

1813-1814  Leopoldo combate en el ejército ruso  contra Napoleón.

1815 Congreso de Viena: Bélgica es anexada   a Holanda,   Leopoldo de Sajonia-Coburgo desposa a  Carlota de Inglaterra, hija única del   futuro rey Jorge IV.

1817 Muerte de Carlota.

1828 Pacto de alianza entre los católicos y los  liberales belgas. Inicio del unionismo.

1830 Revoluciones en Europa. Levantamiento en  Bruselas. El ejército holandés deja la ciudad. Constitución de un gobierno provisional. Elección de un Congreso nacional. Conferencia de Londres que reconoce la independencia de Bélgica.

1831 Protocolo que establece la neutralidad de   Bélgica. Constitución belga. Leopoldo I, rey de los belgas. Guerra llamada de los diez días «contra Bélgica por Guillermo I, rey de Holanda».

1832 Leopoldo I se casa con Luisa María de    Orleans, hija mayor de Luis Felipe I.   Tienen cuatro hijos.

1839 Tratado de Londres. Guillermo I de  Orange, rey de Holanda, reconoce la   independencia de Bélgica.

1846 Fundación del Partido liberal.

1847 Primer ministro liberal.  Fin del unionismo.

1865 Muerte de Leopoldo I; lo sucede su hijo Leopoldo II, el 10 de diciembre.

Fuentes Consultadas:
Historia Universal ESPASA Siglo XXI Independencia de México
SOCIEDADES 8° Año Vicens Vives de M. González y M. Massone
Hicieron Historia Biografia de Leopoldo I de Bélgica Kapelusz
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo II Editorial ATENEO

Biografía de Luis Felipe I de Francia Historia de su Gobierno

VIDA Y GOBIERNO DE LUIS FELIPE I, EL REY DE LOS FRANCESES

Luis Felipe I de Orleans, (1773-1850) fue el rey de los franceses de 1830 a 1848, también conocido como el Rey Ciudadano (1773-1850). Era hijo de Luis Felipe José de Orleans (llamado Felipe Igualdad) y nació en París. Inicialmente llevó un reinado marcado por la prosperidad nacional, la estabilidad, y la fecundidad intelectual, pero finalmente fue destituído por sus tendencias autoritarias.

Pertenecía a la Casa de Borbón-Orleans, su padre era hermano del rey de Francia Luis XIV. Luis Felipe fue duque de Valois desde su nacimiento hasta 1785 y desde entonces el de duque de Chartres hasta 1793, año en el que su padre fue guillotinado y heredó el título de duque de Orleans. Políticamente predicaba con los ideales de fraternidad, libertad e igualdad de la Revolución Francesa de 1789.

Luis Felipe I Rey de Francia

Luis Felipe I Rey de Francia

Proclamado «rey de los franceses» por la gracia de Dios y la voluntad nacional, Luis Felipe I sería también el úitimo rey de Francia, cuando la misma voluntad nacional optó por la República. Llegó al poder tras una revolución y fue derrocado por otra. Durante los dieciocho años de su reinado proyectó la imagen de un soberano triste y sin grandeza en una Francia desgarrada.

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA:

Tras la derrota de napoleón, asumió el trono de Francia Luis XVIII. Este rey respetó muchos de los derechos conquistados por la burguesía y, al mismo tiempo, le hizo concesiones políticas y económicas pues necesitaba de su apoyo para impedir nuevas demandas y el estallido de revoluciones más radicalizadas. Por ejemplo, respetó la igualdad de todos los franceses ante la ley y las libertades de pensamiento, prensa y culto.

Cuando murió Luis XVIII lo sucedió Carlos X. Este rey intentó restaurar la monarquía absoluta tal como era durante el Antiguo Régimen. Abolió la libertad de prensa y declaró el estado de emergencia por el cual quedaban suspendidas las garantías individuales. Pero cuando suprimió la Cámara de diputados, estalló en París un movimiento popular en el que participaron sectores de la burguesía, obreros y estudiantes en defensa de las libertades. Tres días después la lucha de los liberales había conseguido la renuncia de Carlos X.

La restauración monárquica impuesta por las potencias vencedoras en el Congreso de Viena no abolir las principales ideas difundidas en la revolución. Como vimos hubo una reacción bajo Carlos X, que terminó renunciando, y ahora su reemplazo en Luis Felipe, quien no sería un rey “a la antigua”: establecería una monarquía constitucional donde la influencia política de la burguesía —y de las finanzas— sería cada vez más sensible. A partir de este momento la vieja nobleza jamás reconquistaría sus privilegios.

Las restricciones impuestas a las libertades y las privaciones materiales de la población, terminarían por reencender la llama de la revolución. En tres oportunidades sucesivas (1830, 1848 y 1870) el pueblo de París saldría a las calles. Y restablecería la República en las dos últimas.

Luis Felipe había acido en París el 06 de octubre 1773, hijo Felipe Igualdad (apodo) , duque de Orleans. Desde 1785 hasta la ejecución de su padre, el 06 de noviembre 1793, era conocido como el duque de Chartres, a partir de entonces como el duque de Orleans y fue líder de la rama más joven de la familia Borbón.

En 1790, en pleno desarrollo de la revolución francesa el duque se unió al Club de los Jacobinos y como militar estuvo al servicio de la Convención; pero mas tarde, decidió escapar de Francia y buscar la protección austríaca en 1793 para evitar caer él también víctima del Terror. Permaneció en Suiza y Estados Unidos hasta su regreso a Francia en 1817, convirtiéndose enseguida en una figura apreciada por las clases medias liberales, por su postura a medio camino entre los excesos de la revolución popular y la reacción ultrarrealista que se impuso desde finales del reinado de Luis XVIII.

luis felipe i de francia

Restauró el Palacio de Versalles, abandonado desde la salida de Luis XVI en octubre de 1789, y estableció un museo de la historia de Francia, con una inscripción en su frontón: “a todas las glorias de Francia”. También organizó el regreso de las cenizas de Napoleón (15 de diciembre de 1840) y erigidas al este de la ciudad de París.

Durante el inicio de su gobierno intento apoyar al sector republicano que lo había entronizado, pero con el tiempo su postura democrática fue cambiando, tomando alguna serie de medidas autoritarias , que se contradecían a su compromiso de mantener una monarquía constitucional. Acordó el matrimonio de su hija Luisa con Leopoldo I de Bélgica.

A partir de 1831, Luis Felipe I, que deseaba ejercer el poder por su cuenta, prefirió a los conservadores de la «Resistencia», encabezados por Guízot, en lugar de los partidarios del «movimiento» de La Fayette. Frente a las miserias, como el cólera de 1832, o las rebeliones, como las de los tejedores de seda de Lyon en 1831 y 1834, el rey respondió con indiferencia o por la fuerza.

Aunque el censo electoral se extendió a más personas, sólo un 9% de los electores podía votar. Esta clase dirigente que confiscó el poder en nombre de la razón fue muy corrupta, como lo revelaron una serie de escándalos financieros.

En política exterior, Luis Felipe I apoyó la gestión pacifista de Guizot, fundada en la alianza con Inglaterra, y en 1830 se lanzó con mesura en la colonización de Argelia, emprendida con ligereza tras un incidente diplomático en que el rey de Argelia le asestó un golpe de abanico al cónsul de Francia. Esta imprudencia alimentó su creciente impopularidad. Finalmente, la crisis de subsistencia de 1846-1847 fue la que volcó a las calles de París las muchedumbres hambrientas y encolerizadas.

Luis Felipe I y la Reina Victoria

La revolución de 1830 había llevado al poder a los sectores más ricos de la alta burguesía. Pero la pequeña burguesía y los sectores populares habían sido excluidos del sistema político autoritario, elitista y de sufragio censitario de Luis Felipe. La búsqueda de mayor participación política, así como el reclamo de mejores condiciones de trabajo y el derecho al voto, hicieron confluir en similares objetivos a sectores de la burguesía, intelectuales, estudiantes universitarios y trabajadores urbanos. Al mismo tiempo que las ideas liberales y democráticas se radicalizaban, comenzaron a tomar fuerza en Europa nuevas ideologías que reclamaban cambios en la organización de la sociedad y mejoras en la calidad y las condiciones de vida de los sectores obreros.

El 24 de febrero de 1848, el pueblo tomó el ayuntamiento gritando «viva la República» y Luis Felipe I abdicó en favor de su nieto. Al día siguiente, Francia ya era una República, al tiempo que el rey derrocado se refugiaba en Inglaterra, donde murió el 26 de agosto de 1850.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1773 Nace el duque de Valois, el 6 de octubre.

1774 Luis XVI es entronizado.

1785 El duque de Valois se convierte en duque de Chartres.

1789 Toma de la Bastilla.

1791 Huida del rey, que es arrestado en Varennes.

1792 Condena y ejecución de Luis XVI. Ejecución de Felipe Igualdad; el duque de Chartres toma el título de duque de Orleans.

1795 Muerte de Luis XVII. El conde de Provenza toma el título de Luis XVIII. Inicio del Directorio.

1799 Golpe de Estado de Bonaparte.

1804 Napoleón es coronado emperador.

1814 El Senado proclama la deposición de Napoleón I y llama a Luis XVIII. Luis Felipe toma posesión de una parte de sus bienes.

1815 Los Cien Días y la segunda Restauración.

1824 Muerte de Luis XVIII; Carlos X se convierte en rey.

1830 Revolución (las Tres jornadas gloriosas); Carlos X abdica. Luis Felipe I, rey de los franceses.

1831 Ministerio de Casimir Perier. Rebelión de los tejedores de seda de Lyon.

1832 Cólera en París.

1833 Ley Guizot para la enseñanza primaria.

1834 Disturbios republicanos en París. Segunda rebelión de los tejedores de seda de Lyon.

1848 Primera revolución (febrero) y proclamación 1 de la República. Abdicación de Luis Felipe I que se refugia en Inglaterra. Segunda revolución (junio).

1850 Muerte de Luis Felipe I, el 26 de agosto.

 

 

Archipielago Gulag Campos de Concentracion Rusos Carceles Sovieticas

Archipielago Gulag
Campos de Concentración Rusos

GULAG es una sigla que significa: Administración Suprema de Campos Correctivos de Trabajo y fueron creados en 1930 por la policía secreta de la URSS para controlar y adminsitras los campos de concetración, en donde eran enviados los prisioneros para realizar trabajos forzados, ya que el gobierno necesitaba recursos humanos para lograr su objetivos industriales, fundamentalemente en la etapa de Stalin, quien no dudo en explotar hasta la muerte a millones de detenidos (zeks en ruso) confinados en frías e inhumanas cabañas y con una magra dieta de comida que apenas podían permaner en pie.

Los campos administrados por el Gulag se establecieron originalmente en Carelia, a lo largo de la costa del mar Blanco, y en Vorkuta y Pechora, en las regiones árticas de la Rusia europea. A finales de la década de 1930 ya existían campos de trabajo en casi todo el territorio soviético, incluido Moscú.

El papel del Gulag en la industrialización de la URSS se hizo cada vez más importante y hacia 1938 estaba encargado de la mayor parte de las explotaciones madereras y de la minería del carbón, del oro y del cobre. El Gulag desapareció en 1956, si bien los campos siguieron existiendo aunque con una nueva denominación, la de “colonias de readiestramiento por medio del trabajo”.

campo ruso de concentracion

Según cálculos conservadores, existían entre 1.500 y 3.000 campos de trabajo en la ex URSS; al menos 20.000 eran presos políticos entre los dos millones de prisioneros, intelectuales, funcionarios del partido y oficiales del Ejército Rojo acusados falsamente. Se tiene la certeza que murieron cerca de 1.000.000 de ellos.

Esparcidas por el territorio soviético como una cadena de islas, los campos eran conocidos en su conjunto como archipiélago Gulag: GULAG es la abreviatura rusa de Administración Central de Prisiones y Campos de Trabajo.

La vida en estos campos fue descrita vívidamente por el escritor y premio Nobel Alejandro Solzhenitzyn, quien fue prisionero durante 11 años. En dos obras, Un día en la vida de Iván Denisovich y El archipiélago Gulag, revela las inhumanas condiciones en que los presos vivían y trabajaban.

Con jornadas de hasta 16 horas, seis días a la semana, sin alimentación adecuada ni medidas de seguridad, los presos eran obligados a realizar trabajos forzados. En 1970, por ejemplo, los reos trabajaron en minas de uranio sin ropas de protección. Miles de ellos murieron y muchos más sufrieron serios daños en su salud. Además, los prisioneros estaban sujetos a tratos humillantes e incluso sufrían torturas.

Estos lugares de exilio para criminales y presos políticos también existían en la Rusia zarista, pero la red creció bajo el terror de Stalin, en el. que se cree que murieron 10 millones en los campos. Al escribir en El archipiélago Gulag lo que él llamó “40 años de terrorismo sin precedentes del Estado soviético”, Solzhenitsyn se basó en los recuerdos de testigos y dedicó su monumental obra a “todos aquellos que no vivieron para contarlo”.

Por sus revelaciones acerca de los campos, Alejandro Solzhenitsyn fue expulsado de la URSS. Ahora vive en Estados Unidos.

Origen de la Guillotina El Terror en Francia Quien inventó guillotina?

La Revolución Francesa se radicaliza, favorecida por las dificultades económicas y el peligro exterior, y parece como si se hubiera propuesto instaurar una república sin ricos ni pobres. A partir de 1793, nada se cruza ya en su camino, y la Convención reconoce la utilidad del Terror; de ahora en adelante se guillotinará a todos los sospechosos.

En nombre de la guerra y del hambre, el gobierno revolucionario organiza el país a modo de una gigantesca fábrica de pan y armas. Poco a poro se transforma en una dictadura, alejándose de las exigencias del pueblo, del que ya no necesita ningún apoyo y, en nombre de la felicidad social, oprime a los que antes le sostenían.

No se respeta el tope máximo de los precios y sí el de los salarios, lo que le indispone con los artesanos y los obreros. Los moderados aborrecen la guillotina, y la Convención soporta a duras penas el dirigismo del Comité de Salud Pública. Este, minado por las disputas internas, golpea a la izquierda eliminando a Hébert y a los ultras, y a la derecha, eliminando a Danton y a los Indulgentes. El dirigismo de Robespierre inquieta a la Convención, que le acusa de dictadura personal.

Sus ausencias de la Asamblea causan su caída el 9 termidor. Una coalición heteróclita, formada por partidarios de Danton, por especuladores temerosos, por sus rivales del comité Billaud-Varenne y Collot d’Herboisy por representantes enviados diversas misiones, a los ene se había hecho llamar lo conduce a la guillotina.

El pueblo de París no movió un dedo. La burguesía moderada y los terroristas arrepentidos vuelven a hacerse con el control de los asuntos de Estado, preservando las conquistas revolucionarias que les eran favorables.

ORIGEN DE LA GUILLOTINA: La palabra guillotina se originó en el apellido del autor de la iniciativa, el médico francés José Ignacio Guillotin, que el 10 de octubre de 1789 presentó a la Asamblea de los Estados Generales un proyecto de ley para humanizar —valga la paradoja— la pena capital y abolir los antiguos métodos de ejecución; el ahorcamiento para los villanos, la decapitación para los nobles y el infamante de la rueda aplicado a los asesinos, por sustentarse el principio de igualdad de pena para todos, sin distinción de clases y para evitar sufrimientos innecesarios al reo.

El proyecto del Dr. Guillotin, que al principio no despertó interés, tuvo aprobación en marzo de 1792, pero su diseñador no fue el autor de la idea, sino el Dr. Louís, de la Academia de Cirugía de Francia. A un alemán constructor de clavicordios llamado Schmidt, se le encargó la fabricación de la máquina, que, terminada, fue experimentada con cadáveres y animales.

Su estreno tuvo lugar el 27 de mayo de aquel año con un delincuente común ‘llamado Pelletíer. En sus comienzos y por breve tiempo, popularmente se la denominó la Louison o la Louisette, por el Dr. Louis que dirigió la construcción; inexplicablemente se le cambió por el de guillotina, con que ha llegado a nuestros días. No está demás recordar que en rigor, la “máquina niveladora” como se la denominó también, tuvo origen en un aparato de forma más simple empleado en Italia en el siglo XVI, llamado mannaja, que en Francia se aplicó en la ciudad de Tolosa en 1632, cuando se decapitó al duque de Montmorency, al ser vencido en la lucha contra su poderoso enemigo, el cardenal Richelieu.

Refiere Arthur Conte que Luis XVI examinó con atención una estampa  guillotina y expresó que él no desaprobaba la máquina, que la prefería a la horca por hacer sufrir menos al ajusticiado. Aunque se ha dicho que el Dr. Guillotin comprobó en cuello propio la eficacia de su invento se ha comprobado históricamente que falleció de muerte natural en Paris, el 25 de marzo de 1814, cuando la máquina por él concebida funcionaba en lugar fijo, en la plaza de Gréve (Humberto F. Burzio. en “La ejecución de Luis XVI en un manuscrito anónimo”).

Un corte humanitario En 1789, el doctor Guillotin sugirió que Francia adoptara la humanitaria máquina de ejecuciones que ya se usaba en Italia. La Asamblea se impresionó por su rapidez—demostrada en 15 cuerpos donados por un hospital—, y en abril de 1792, la máquina mortal decapitó al primer francés, un asaltante de caminos. Al final del Terror, el rey, la reina y otras 17,000 víctimas habían muerto bajo la hoja de la guillotina.
 

ESPECTADORES EN EL CADALSO
Para acelerar la eliminación de sus enemigos, Robespierre anuló, el 10 de junio de 1794, el derecho a la defensa legal y limitó las sentencias: absolución o muerte. Como consecuencia, el número de condenados a la guillotina aumentó de manera torrencial. La mayoría de los parisinos, hastiados ante las muertes, evitaban la plaza donde se alzaba la guillotina. Entre los espectadores asiduos figuraban las “tejedoras”: mujeres que aparecían diariamente junto a la guillotina, con sus tejidos, y que presenciaban las sentencias. Sus burlas ante los aristócratas, que se mostraban aterrorizados, las convirtieron en símbolos del Terror; se les conoció como las “Furias de la Guillotina”.

Fuente Consultada: Gran Atlas de la Historia Universal Tomo I

La Toma de la Bastilla Causas Juramento juego de pelota Revolucion

CAUSAS DIRECTAS DE LA TOMA DE LA BASTILLA: La humillante derrota francesa por los británicos en la guerra de los Siete Años (1756-1763) «296-297, con la pérdida de las colonias norteamericanas, motivó grandes desembolsos de dinero en la guerra de la Independencia estadounidense (1775-1783) «298-299. Para ello se situó la reforma fiscal en el primer punto de la agenda política.

Bajo el Antiguo Régimen (el «viejo orden» prerrevoludonario), la sociedad francesa se dividía en tres estamentos: nobleza, clero y tercer estado. La nobleza y el clero, apenas un 3% de la población que poseía el 40°/o de las tierras, estaban exentos de impuestos, por lo que la carga fiscal recaía sobre la burguesía (clase media) y el campesinado. Numerosos profesionales liberales influidos por la Ilustración  exigían un papel más importante en el gobierno. El precio del pan casi se dobló por las malas cosechas de 1788-1789, acrecentando la tensión social.

La inquietud y el malestar social se potenciaba. Numerosos folletos, diarios, oradores en cafés o en las calles, evidenciaban la efervescencia popular. Luis XVI que se había visto obligado a aceptar la situación, preparó junto con la reina María Antonieta y sus seguidores (la corte y la nobleza de toga) un golpe de Estado con la intención de disolver la Asamblea Constituyente. Destituyó a Jacobo Necker, el ministro de Finanzas que contaba con el apoyo popular, y contrató a mercenarios extranjeros que se instalaron en las cercanías del palacio de Versalles.

La Asamblea exigió al monarca el retiro del ejército, pero Luis XVI se mantuvo firme. En respuesta, el 14 de julio de 1789 se produce el primer levantamiento popular de la revolución: la toma de la Bastilla. Una multitud invadió la fortaleza estatal (prisión) y se adueñó del armamento que allí existía.

La toma de la Bastilla, considerada como un símbolo de la Revolución Francesa, fue un episodio de importancia por que señaló que el poder pasaba del rey a la Asamblea y entregó armas a la población de París.
El pueblo común comenzó a participar directamente en las cuestiones políticas.

EL JUEGO DE PELOTA EL JURAMENTO Los intentos de reforma económica de Luis XVI fueron obstaculizados por los nobles, que lo obligaron a convocar los Estados Generales, un parlamento compuesto por los tres estamentos que no se había reunido en 175 años. Cuando en mayo de 1789 se reunieron en Versalles, el mayoritario tercer estado exigió tener más peso en las votaciones. Al ser rechazada su petición, se escindió y formó la Asamblea Nacional, junto con algunos nobles y clérigos simpatizantes. El 20 de junio se les impidió el acceso a palacio, por lo que se reunieron en una cancha de juego de pelota (leu de Paume) donde juraron «no separarse jamás hasta que la constitución sea aprobada».

LA TOMA DE LA BASTILLA: En el verano boreal de 1789 estalló en Francia una sublevación contra el gobierno de Luis XVI. Diferentes factores provocaron esta revolución, pero si un acontecimiento simbolizó el colapso del poder real frente al descontento popular generalizado fue el asalto de la prisión de la Bastilla, el 14 de julio de ese año.

Construida entre 1370 y 1383 como parte del perímetro amurallado de París, en el s. XVII la Bastilla se convirtió en cárcel para prisioneros políticos. También servía como arsenal, ya que almacenaba grandes cantidades de armas y pólvora. En 1789 la prisión estaba defendida por 18 cañones y 12 piezas de menor calibre, manejadas por una guarnición de 82 «inválidos» (soldados veteranos no aptos para el servicio activo), reforzados por 32 granaderos de un regimiento de mercenarios suizos mandado llamar por el rey Luis XVI unos días antes.

El 14 de julio se propagó por todo París el rumor de que las tropas marchaban hacia la ciudad para sofocar las protestas contra el rey. En respuesta a esta amenaza, una multitud de entre 600 y 1.000 personas, equipadas con armas tomadas del Hotel de los Inválidos, un hospital militar, se apostó frente a la Bastilla para hacerse con su arsenal y defender la ciudad.

Alrededor de las 10.30, la primera de dos delegaciones se reunió con Bernard-René de Launay, gobernador de la Bastilla, con el fin de exigirle que distribuyera las armas entre la muchedumbre. Ambas delegaciones fracasaron, y hacia las 13.30, la gente, que había perdido la paciencia, se abalanzó sobre el indefenso patio exterior. Aunque no es seguro qué bando disparó primero, los cañones abrieron fuego. Hacia las 15, un destacamento de 62 guardias franceses amotinados llegó hasta la prisión y emplazó sus dos cañones frente a los portones. Los combates ganaban intensidad, y de Launay amenazó con volar la fortaleza, pero sus hombres se rindieron y lo obligaron a abrir las puertas.

A las 17.30, la muchedumbre asaltó la Bastilla. El gobernador fue arrastrado hasta el Ayuntamiento y ejecutado junto con al menos dos de sus hombres. Un defensor y 98 asaltantes murieron en la refriega y 78 atacantes resultaron heridos.

La noticia de la toma de la Bastilla recorrió velozmente toda Francia y provocó levantamientos en muchas ciudades. En realidad, la prisión era un símbolo casi vacuo de la tiranía real, ya que sólo albergaba a siete reos, pero su toma significó que el poder había pasado de los que discutían sobre el cambio político a quienes habían pasado a la acción.

QUIENES TOMARON LA BASTILLA: “El propósito inmediato fue encontrar pólvora que había sido enviada allí desde el Arsenal. (…) Se creía que la fortaleza poseía una importante guarnición; sus cañones, que esa mañana apuntaban a la rué Saint-Antoine,* podían provocar un desastre en las casuchas atestadas, se rumoreaba que durante la noche las tropas habían entrado en el faubourg y ya habían comenzado a masacrar a sus ciudadanos. Más aún, (…) la Bastilla era odiada generalmente como símbolo del ‘despotismo’ (…) “Pero falta responder a una pregunta: ¿en realidad, quiénes eran los sitiadores? “La mayoría (…) de treinta y treinta y cuatro años, casi todos eran padres de familia (…) hombres comunes reclutados en los oficios y las profesiones típicas del faubourg y los distritos adyacentes: carpinteros y ebanistas, cerrajeros y zapateros, (…) tenderos, fabricantes de gasas, escultores, trabajadores del río y peones… Pero en un sentido más amplio tal vez podamos coincidir con Michelet en que la captura de la Bastilla fue obra, no de los pocos centenares de ciudadanos provenientes sólo del distrito de Saint Antoine, sino del pueblo de París en general. Se ha afirmado que ese día de 180 000 a 300 000 parisienses estaban bajo las armas.”

George Rude, La Revolución Francesa. Buenos Aires, Vergara , 1989.

Batalla de Waterloo Fin del Imperio de Napoleon Guerras Napoleonicas

Enfrentar a las legiones de Napoleón, aun en medio de miles de soldados, era una experiencia aterradora. La artillería, que disparaba a menos de 1 Km. de distancia, acababa con regimientos enteros en una sola serie de disparos. Las armas de la defensa respondían, pero su infantería, con mosquetes que eran poco efectivos, no podía hacer otra cosa que esperar el avance de las columnas; el lento tambor que marcaba el paso de las tropas ofensivas ponía el énfasis en la amenaza.

En la vanguardia estaban siempre los veteranos de la Guardia Imperial: todos suboficiales que habían aprendido el oficio en una docena de batallas. Cuando las líneas se acercaban, la artillería de ambos bandos resonaba y la caballería irrumpía, en busca de una brecha para formar una cuña. Cuando las filas estaban a unos 60 m, los mosquetes disparaban por primera vez hacia las densas columnas enemigas. Cargar, cebar, apuntar, disparar: un buen soldado podía producir tres descargas por minuto, aproximadamente el tiempo que tenía antes de que las bayonetas de los atacantes se cruzaran con las de la defensa.

A continuación, seguía un enfrentamiento más directo: acuchillar y disparar entre los gritos de los heridos, en medio del penetrante hedor del humo de pólvora. Luego, casi por inercia, las columnas de batallones cruzaban la línea enemiga hasta alcanzar a la retaguardia, que era masacrada. Las tácticas de asestar un solo golpe y realizar maniobras veloces dieron a la armada napoleónica las victorias de Marengo y Austerlitz, Jena y Wagram.

1815:Waterloo, la batalla decisiva

Napoleón, a la cabeza de 124.000 hombres, pretendía derrotar al ejército anglo-alemán de 93.000 dirigido por Wellington y el prusiano de 120.000 por Marshal Blücher, atacándolos separadamente antes de que pudieran unir sus fuerzas. La primera acometida del emperador fue realizada en Charleroi, donde los tres ejércitos aliados independientes, desparramados a través de 100 millas desde Bélgica, se tocaron. Su plan contaba con una retirada de los enemigos: Wellington a Ostend y Blücher de regreso a Alemania, que separaría a las fuerzas aliadas.

El 16 de julio de 1815, Napoleón venció al mariscal Blücher en Ligny, sin poderle aniquilar, y luego marchó contra Wellington, parapetado en las colinas de Mont-Saint-Jean, junto a Waterloo y cerca de Bruselas.

El emperador suponía que Blücher acudiría a marchas forzadas en ayuda de su aliado inglés, y sabía que para lograr la victoria final era necesario vencer a Wellington antes de la llegada de Blücher.

En la mañana del 18 de junio, Napoleón revistó sus tropas, que le saludaron con una clamorosa ovación, y al mediodía ordenó el ataque. Pero cuando Blücher llegó al campo de batalla, Napoleón no había podido aún ahuyentar a Wellington y a sus casacas coloradas, y los ingleses habían rechazado una tras otra las cargas de la caballería francesa.

Pocas batallas fueron tan encarnizadas e inciertas, y en ésta, el factor decisivo fue el agotamiento francés ante la tenaz resistencia británica. Con la llegada de Blücher hubo bastante.

Al caer la noche, el ejército francés comenzaba a desintegrarse; el mariscal Ney cerró el paso a los fugitivos y les exhortó a reagruparse de nuevo, mientras el emperador se retiraba con su Guardia, con el rostro sombrío, silencioso. Su último ejército quedaba deshecho, dispersado y perdida la artillería… Era el final.

Los muertos y heridos permanecieron en el campo de batalla cerca de una semana. Wellington perdió 15.000 soldados y los prusianos 7.000. De los 74.000 traídos por Napoleón a Waterloo, mas de 25.000 fueron víctimas, más otros 8.000 capturados.

Las 3 millas cuadradas del ondulante suelo de la granja fueron cubiertas por cas: 50.000 caídos. Si se suman las 40.000 bajas de Ligny y Quatre-Bras, los dos días alcanzan casi 90.000 seres humanos. En la semana siguiente, venían visitantes desde Bruselas para merendar entre tanta carnicería, limpiando a los cadáveres de cualquier cosa de vale? y matando a los heridos que se resistían.

Irónicamente, Grouchy —cuya inexperiencia en el campo de batalla privó a Napoleón de la utilización de otros 33.000 hombre: lo que hubiera tornado la lucha a su favor— obtuvo una inútil victoria sobre la retaguardia prusiana, a la que finalmente había alcanzado. Pero su triunfo llegó muy tarde, después del triunfo de Wellington.

El 22 de junio, Napoleón firmaba en París su segunda abdicación. Había vivido un imperio de “Cien Días”. Se retiró al Palacio de la Malmaison, donde transcurrieron sus mejores años con Josefina, fallecida hacía precisamente un año.

Despidiose de sus últimos amigos y de Francia. Se dirigió hacia la costa atlántica donde confiaba embarcar rumbo a América, pero los navíos de la Royal Navy le cerraron el paso.

Napoleón decidió entregarse a los ingleses, a quienes creía magnánimos; confiaba en que quizá le permitieran acabar sus días como un noble campesino, bajo seudónimo, en cualquier lugar de Inglaterra…

A finales de junio de 1815, Napoleón se ponía a disposición de la Gran Bretaña y, a primeros de agosto, el buque de línea Northumberland navegaba rumbo a Santa Elena, llevando a bordo al antiguo emperador de los franceses. No contaba aún cuarenta y seis años de edad.

Fuente Consultada:
Atlas de Historia del Mundo Edición de Kate Santon
Enciclopedia de Historia Universal Espasa Siglo XXI
Civilizaciones de Occidente Tomo B. J. Spielvogel

Alimentacion, Dieta y Comidas en la Edad Media Viviendas

LA EDAD MEDIA: CASAS, COMIDA Y ALIMENTACIÓN

resumen de la edad media 

EL CLIMA Y LA VIDA EN LA EDAD MEDIA: Los hombres y mujeres de la Edad Media sufrían con dureza las consecuencias del medio físico. Los rigores del invierno eran muy difíciles de combatir para todas las clases sociales, utilizando tanto los nobles como los humildes el fuego para combatirlo.

Gracias a la leña o el carbón vegetal el frío podía ser evitado y surgieron incluso rudimentarios sistemas de calefacción, siendo la chimenea el más utilizado. El refugio más empleado durante los largos y fríos inviernos eran las casas, utilizando numerosas ropas de abrigo para atenuar los rigores meteorológicos. Las pieles eran el elemento característico del vestido medieval. Para combatir el calor sólo se podía recurrir a un baño y las gruesas paredes de las iglesias y los castillos.

Otro elemento que suponía una importante limitación era la luz. Por la noche las actividades se reducían muchísimo. Incluso las corporaciones laborales prohibían a sus miembros trabajar durante la noche. Entre los motivos de estas prohibiciones encontramos la posibilidad de provocar incendios o la imperfección en el trabajo debido a la escasa visibilidad.

Las horas nocturnas solían servir a la fiesta en castillos o universidades, fiestas que se extendían a toda la sociedad en fechas señaladas como el 24 de diciembre o la noche de difuntos. Sin embargo, uno de las situaciones en las que el hombre echaba en falta la luz era por motivo de las grandes catástrofes: pestes, incendios, inundaciones, sequías, etc.

Los incendios eran práctica habitual en el mundo medieval, propagados gracias a la utilización de madera en la fabricación de las viviendas. Un descuido daba lugar a una gran catástrofe utilizándose también el fuego como arma de guerra. Las condiciones sanitarias de la población favorecerán la difusión de las epidemias y pestes, especialmente gracias a las aglomeraciones de gentes que se producían en las ciudades donde las ratas propagaban los agentes transmisores.

vino y pan , edad media

El vino y el pan serán los elementos fundamentales en la dieta medieval. En aquellas zonas donde el vino no era muy empleado sería la cerveza la bebida más consumida. De esta manera podemos establecer una clara separación geográfica: en las zonas al norte de los Alpes e Inglaterra bebían más cerveza mientras que en las zonas mediterráneas se tomaba más vino. Aquellos alimentos que acompañaban al pan se denominaban “companagium”. Carne, hortalizas, pescado, legumbres, verduras y frutas también formaban parte de la dieta medieval dependiendo de las posibilidades económicas del consumidor.

Uno de los inconvenientes más importantes para que estos productos no estuvieran en una mesa eran las posibilidades de aprovisionamiento de cada comarca. Debemos considerar que los productos locales formaban la dieta base en el mundo rural mientras que en las ciudades apreciamos una mayor variación a medida que se desarrollan los mercados urbanos. La carne más empleada era el cerdo -posiblemente porqué el Islam prohíbe su consumo y no dejaba de ser una forma de manifestar las creencias católicas en países como España, al tiempo que se trata de un animal de gran aprovechamiento- aunque también encontramos vacas y ovejas.

La caza y las aves de corral suponían un importante aporte cárnico a la dieta. Las clases populares no consumían mucha carne, siendo su dieta más abundante en despojos como hígados, patas, orejas, tripas, tocino, etc. En los periodos de abstinencia la carne era sustituida por el pescado, tanto de mar como de agua dulce. Diversas especies de pescados formaban parte de la dieta, presentándose tanto fresco como salazón o ahumado. Dependiendo de la cercanía a las zonas de pesca la presentación del pescado variaba. Judías, lentejas, habas, nabos, guisantes, lechugas, coles, rábanos, ajos y calabazas constituían la mayor parte de los ingredientes vegetales de la dieta mientras que las frutas más consumidas serían manzanas, cerezas, fresas, peras y ciruelas. Los huevos también serían una importante aportación a la dieta. Las grasas vegetales servirían para freír en las zonas más septentrionales mientras que en el Mediterráneo serían los aceites vegetales más consumidos. Las especias procedentes de Oriente eran muy empleadas, evidentemente en función del poder económico del consumidor debido a su carestía. Azafrán, pimienta o canela aportaban un toque exótico a los platos y mostraban las fuertes diferencias sociales existentes en el Medievo.

Las carnes debidamente especiadas formaban parte casi íntegra de la dieta aristocrática mientras que losmuchos monjes no consumían carne, apostando por los vegetales. Buena parte del éxito que cosecharon las especias estaría en sus presuntas virtudes afrodisíacas. Como es lógico pensar los festines y banquetes de la nobleza traerían consigo todo tipo de enfermedades asociadas a los abusos culinarios: hipertensión, obesidad, gota, etc.

El pan sería la base alimenticia de las clases populares, pudiendo constituir el 70 % de la ración alimentaria del día. Bien es cierto que en numerosas ocasiones los campesinos no comían pan propiamente dicho sino un amasijo de cereales -especialmente mijo y avena- que eran cocidos en una olla con agua -o leche- y sal. El verdadero pan surgió cuando se utilizó un ingrediente alternativo de la levadura. Escudillas, cucharas y cuchillos serían el menaje utilizado en las mesas medievales en las que apenas aparecen platos, tenedores o manteles. La costumbre de lavarse las manos antes de sentarse a la mesa estaba muy extendida.

No se introducen productos nuevos, sino que alguno de ellos se hizo más popular y otros se integran masivamente como símbolo de estatus social o manifestación religiosa. Al final de la Edad Media se sigue manteniendo la división geográfica entre la cocina del norte donde predomina el uso de la grasa animal y la del sur, mediterránea, que emplea el aceite de oliva; pero también se puede distinguir una cocina aristocrática, en la que se produce una mayor variedad de productos, de técnicas de preparación y de complejidad de esta elaboración, con intervención de especias, protagonismo de asados de volatería y de guisos de pescado, todo con adornos y aderezos de salsas y sofritos, así como una notable intervención de la confitería.

La predilección por los sabores aportados por las especias se presenta de manera distinta en los países de Europa. En Francia es el jengibre la más usada, seguida de la canela, el azafrán, la pimienta y el clavo; en Alemania, se emplea sólo la pimienta y el azafrán y en menor medida el jengibre; los ingleses son los más particulares, pues prefieren la cubeba, el macís, la galanga y la flor de canela, mientras los italianos fueron los primeros en utilizar la nuez moscada.

Frente a esta cocina muy refinada, cara y con fuertes variedades regionales, encontramos una cocina popular, menos cambiante, más unida a las necesidades y a la producción del entorno, con predominio de guisados en olla, donde la carne debía cocer largo rato porque los animales eran viejos y, por tanto, más dura, se acompañaba de verduras y legumbres y se completaba con elevadas cantidades de plan.

Tanto en las regiones donde ya había una enorme tradición, como en otras, se generaliza la elaboración de morcillas con la sangre del cerdo, con piñones, pasas y azúcar, o las tortas de harina de mijo o de castañas también con la sangre del animal, pudiendo entenderlo como un intento de demostrar su raíz cristiana y alejar cualquier sospecha de judaísmo.

Los Hogares y La Alimentación: Según los datos arqueológicos las casas altomedievales eran muy simples, por regla general. Su tamaño era reducido y estaban construidas en madera, adobe y piedras, utilizando paja para el techo. Las cabañas de los campesinos solían medir entre 2 y 6 metros de largo por dos de ancho, horadando el piso para crear un ambiente más cálido. En su interior habitaban la familia y los animales, sirviendo estos de “calefacción”.

Las casas podían tener una cerca alrededor donde se ubicaría el huerto, uno de los espacios más queridos en la época. Allí se cultivaban las hortalizas, las legumbres y las pocas frutas que constituían parte de la alimentación de los campesinos El mobiliario de las casas era muy escaso. Algunas ollas de cerámica, platos y marmitas, una mesa y taburetes para comer a su alrededor ya que los germanos abandonaron la costumbre romana de comer acostados y apoyándose sobre un codo. Al ubicarse alrededor de la mesa se emplearon cuchillos y cucharas, aunque serían las manos la pieza más utilizada para comer. La comida más fuerte era la de la tarde, rompiéndose el tópico que en la época medieval se pasaba habitualmente hambre.

Al principio de la comida se servía la sopa, invento franco consistente en caldo de carne con pan. Después se comen las carnes, tanto en salsa como a la parrilla, acompañadas de verdura -coles, nabos, rábanos, aliñados con especias, ajo y cebolla, considerando que las especias favorecían la digestión-. Era habitual que los platos se aliñaran con garum, condimento de origen romano elaborado a partir de la maceración de intestinos de caballa y esturión en sal. El vino y la cerveza regaban estas pantagruélicas comidas habituales en la nobleza. Como no todos los platos eran devorados, las numerosas sobras caían en manos de los esclavos y sirvientes que daban debida cuenta de ellas.

Son frecuentes los testimonios que aconsejan abandonar esta dieta para sustituirla por “raíces, legumbres secas y gachas con una pequeña galleta, a fin de que el vientre no esté pesado y asfixiado el espíritu” como recomienda san Columbano a sus monjes. Un monje nos cuenta que “no probaba ni siquiera el pan y sólo bebía cada tres días una copa de tisana” mientras que un rico bretón llamado Winnoch se jactaba de comer sólo hierbas crudas. Pero estos casos no eran lo habitual ya que Fortunato manifiesta que sale de las comidas “con el vientre inflado como un balón” mientras que Gregorio de Tours monta en cólera cuando hace referencia a dos obispos que pasan todo el día comiendo, “se volcaban sobre la mesa para cenar hasta la salida del sol”, durmiendo hasta el atardecer. Las dietas de los monjes eran abundantes. En un día un monje solía consumir 1700 gramos de pan, litro y medio de vino o cerveza, unos 80 gramos de queso y un puré de lentejas de unos 230 gramos.

Las monjas se contentan con 1400 gramos de pan y 130 gramos de puré, añadiéndose el queso y el vino. Los laicos suelen engullir kilo y medio de pan, 100 gramos de carne, 200 gramos de puré de legumbres secas y 100 de queso, regado también con litro y medio de vino o cerveza. Las raciones alimentarias rondarían las 6.000 calorías ya que se consideraban que sólo son nutritivos los platos pesados, convirtiéndose el pan en el alimento fundamental de la dieta. En algunos casos, cuando no había platos, los alimentos se tomaban sobre el pan. De estos datos podemos advertir que la obesidad estaría a la orden del día, por lo menos entre los estamentos noble y clerical, si bien los campesinos también hacían comidas fuertes cuyas calorías quemaban en su duro quehacer diario.

Las fiestas eran iguales a exceso en la época altomedieval. Las raciones alimenticias de monjes y clérigos aumentaban en un tercio, alcanzando las 9.000 calorías gracias a doblar la ración diaria de potajes, sopas o pures y recibir medio litro más de vino junto a media docena de huevos y un par de aves. Los canónigos de Mans recibían en determinadas fiestas un kilo de carne con medio litro de vino aromatizado con hinojo o salvia. Si advertimos que el calendario cristiano contaba con unos sesenta días festivos al año -más las festividades locales- podemos imaginar el peso alcanzado por algunos monjes.

En época de Cuaresma la carne se sustituye por pescados: lenguados, arenques, congrio o anguilas. Estas pesadas comidas requerían de largas digestiones “acompañadas de siestas, eructos y flatulencias expresadas de la manera más sonora posible, porque tal cosa se consideraba como prueba de buena salud y de reconocimiento al anfitrión” en palabras de Michel Rouche. Buena parte de la culpa de estas comilonas está en la mentalidad de la época al asociar la salud, las victorias militares o la progenie con las plegarias y los banquetes que se prolongaban durante dos o tres días.

Resumen de la Revolución Rusa Causas y Consecuencias Lenin Ideologo

Resumen de la Revolución Rusa
Causas y Consecuencias

revolucion rusa

Nicolás II, de la dinastía Romanov, el último zar. Se lo consideraba según Tolstoi, hombre con extraordinaria severidad, como un débil mental que intentaba parar la historia. Para otros era un hombre bien intencionado, en cualquier caso carecía de educación política.

(Ver La Dinastía Romanov en Rusia)

Introducción: El proceso revolucionario que se inicia en el Imperio zarista en 1905 y culmina en octubre de 1917 constituye uno de lo fenómenos más importantes del siglo XX. La transformación fue grandiosa. Un Imperio mastodóntico, gobernado por un autócrata, se transformó en república federal socialista; una sociedad de campesinos empobrecidos se elevó a la condición de gran potencia industrial.

Al representar la primera experiencia de revolución social se convirtió en el modelo de todos los revolucionarios de la centuria: China, Cuba, bastantes países europeos y africanos intentarían reproducir los pasos de los soviets rusos. Miles de libros y varias generaciones de historiadores, politólogos, economistas, sociólogos, ensayistas se han ocupado del gran acontecimiento.

¿Fue el cambio un accidente, un golpe de fortuna para unos revolucionarios profesionales que aprovecharon las circunstancias propicias de la Primera Guerra Mundial? ¿Se trató de un proceso meticulosamente preparado? ¿O simplemente debe ser considerado el resultado fatal de los errores del zarismo, un sistema político que permanecía de espaldas a los cambios del mundo?

El proceso derivó en una dictadura, en el momento en que Stalin, a la muerte de Lenin, se convirtió en el conductor supremo de la Revolución. ¿Se trató de una desviación del proceso? Así se había interpretado, y en abono de esta hipótesis se recogían advertencias de Lenin acerca de las tendencias autocráticas de Stalin. Pero no es un tema definitivamente resuelto. Documentación publicada recientemente, después de la apertura de los archivos soviéticos, muestra que un similar designio dictatorial albergaba Lenin, aunque la enfermedad no le permitiera materializarlo.

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Lenin, Ideólogo de la Revolcuión Rusa

EL DOMINGO SANGRIENTO Y LA REVOLUCIÓN DE 1905
El fracasado levantamiento que siguió a la guerra ruso-japonesa de 1905, constituyó un pavoroso preludio de la Revolución de Octubre de 1917. Se inició el domingo 9 de enero, cuando unos 200.000 trabajadores rusos acudieron en manifestación ante el Palacio de Invierno del zar, en San Petersburgo. Iban dirigidos por el sacerdote Georgi Gapon y demandaban la formación de una asamblea constituyente, la reducción de la jornada laboral a 8 horas y un salario mínimo diario de un rublo para todos los trabajadores.

Los manifestantes estaban desarmados y marchaban ordenadamente, cantando, portando iconos y entonando el himno «Dios salve al zar». Pero un aluvión de huelgas había enrarecido el ambiente de la ciudad, por lo que falanges de soldados y policías ordenaron dispersarse a la multitud. Cuando los trabajadores se negaron, las tropas abrieron fuego, matando posiblemente a 500 manifestantes e hiriendo a varios centenares más.

Lo sucedido, que pasó a conocerse como el domingo sangriento, indignó a Rusia. Millones de trabajadores se declararon en huelga y en muchas ciudades brotaron consejos locales del pueblo (soviets). La reacción del zar fue astuta y despiadada. Primero buscó el apoyo popular de los soviets con las concesiones liberales de su Manifiesto de Octubre; luego arrestó en masa al Soviet de San Petersburgo y aplastó un levantamiento armado en Moscú. La revolución de 1905 fue aniquilada, pero de sus heridas sin sanar surgiría otra revolución más sangrienta 12 años después.

El fracaso de la revolución de 1905 acentuó las diferencias existentes desde 1903 entre los bolcheviques de Lenin y los mencheviques. Los bolcheviques constituían mayoría, y Lenin consiguió imponer dentro del partido su idea de impulsar las luchas de liberación nacional, convirtiendo en guerra revolucionaria la guerra imperialista, en contra de las tesis de la socialdemocracia europea que prefería pactar y participar en los gobiernos estatuidos.

Idea General de la Situación Antes de la Revolución:

  • En el siglo XIX Europa Oriental (Turquía, Rusia, Austria) tenía un economía netamente agraria con una relación laboral de tipo feudal.
  • No había industrias, por lo tanto la burguesía industrial casi no existía.
  • Los grandes terratenientes dueños de extensas zonas de tierras fértiles explotaban a los campesinos.
  • Políticamente Rusia era un imperio conducido por un zar, dueño de un poder absoluto, con decisiones únicas sin cuestionamientos.
  • Los campesinos que conformaban un 85% de la población vivían en condiciones de extrema pobreza, al intenso frío se sumaba el hambre y las pestes debido a su debilidad.
  • Los campesinos comenzaron a organizarse para tratar de rebelarse contra este sistema injusto y opresor. El gobierno ruso percibía esta inconformidad popular y decidió iniciar una serie de reformas: a) Social: abolió la servidumbre y b) Económico: permitió la entrada de capitales extranjeros para la instalación de industrias, que en realidad fueron muy pocos.(ver: Abolición de la Servidumbre en Rusia)
  • A pesar de estas medidas las gente no mejoró su estándar de vida y siguió pasando por las mismas penurias.
  • Los campesinos también recibieron el apoyo de una gran masa de estudiantes y a partir de 1880 comenzaron a fortalecerse para luchar contra el poder del zar Nicolás.
  • Dentro de la oposición había dos opiniones enfrentadas: a) los que deseaban un país capitalista como el resto de Europa occidental, con tendencias liberales. Y b) una gran mayoría con una política de tipo socialista.(los campesinos, obreros y soldados)
  • En 1905 Rusia pierde la guerra con Japón, y el país se encuentra en una situación de debilidad política, por lo tanto la oposición aprovecha para crear una revuelta en San Petersburgo, denunciando la incompetencia del monarca.
  • Como medida de reacción el zar reprime a los manifestantes y dispara en las puertas del Palacio de Gobierno, matando a más de cien hombres y mujeres. También se rebelan los marineros del acorazado Potemki. De igual manera el zar acepta las quejas y acepta la creación de una especia de parlamento, llamado Duna que debía trabajar en combinación con el zar, pero cuando éste fue presionado automáticamente la disolvió.
  • De esta manera las primeras reformas liberales fracasaron, pues el zar, ni los nobles estaban dispuestos a ceder sus derechos y privilegios.
  • Además Rusia había entrado en la primer Guerra Mundial y su economía estaba estancada debido a los costos de la guerra y a que los hombres debieron dejar sus tierras para alistarse como soldados.
  • No había comida, combustible, materia prima, etc. 

Lenin, fue el artífice de la revolución. Adaptó la tesis de Marx a la realidad rusa, y organizó las bases del estado mayor. En abril de 1917, Vladimir Ilyich Ulyanov, más conocido por su nombre revolucionario, Lenin, llegó a Rusia de incógnito en un furgón desde Finlandia. (Los alemanes le habían facilitado su paso por Europa porque estaban interesados en aumentar el malestar interno en Rusia.) El líder bolchevique llevaba tres demandas: «¡El final de la guerra! ¡Toda la tierra para los campesinos! ¡Todo el poder para los soviets!».

El zar había abandonado el trono, víctima de su propio mal juicio. La nave del Estado se inclinaba de modo peligroso bajo el liderazgo de Aleksandr Kerensky, antiguo revolucionario, y su gobierno provisional se tambaleaba. Lenin, cuyas esperanzas de revolución habían ido disminuyendo durante la interminable guerra mundial, consideró que era el momento de tomar el poder.

Las décadas de incompetencia zarista ya habían hecho estragos en Rusia; la Primera Guerra Mundial la destrozó completamente. En 1917, la escasez de comida y la inflación de la época de guerra devoraba los ingresos de los trabajadores de la ciudad (200.000 de ellos salieron a las calles de Petrogrado en febrero para protestar). Una milicia hambrienta y helada ofrecía una resistencia dudosa. Cuando las huelgas y los disturbios llenaron la ciudad, Nicolás abdicó y finalizó así la dinastía Romanov de tres siglos de antigüedad.

Contexto Económico-Social De Esa Época:

  • El zar con todo el poder político
  • Una elite de terratenientes con todas sus tierras que explotaban a los campesinos.
  • Un burguesía industrial sumamente débil.
  • Pocos obreros y no agremiados.
  • Algunos campesinos ricos, con algo de tierras, los kulaks.
  • Muchos soldados muy descontentos y sin trabajo.

Los más perjudicados eran:

  • Los campesinos explotados
  • Los soldados sin trabajo
  • Los obreros con sueldos de miseria.

Los tres grupos se organizaron formando soviets, los soviets de soldados, los de campesinos y los de obreros, y se organizaron en toda la nación para crear lo que fue la primera revolución socialista del mundo, en 1917.

Luego de la revolución el zar abdicó y nuevamente las ideas liberales tomaron fuerza, se creo el gobierno de la  Duma, formada por demócratas, socialistas, revolucionarios, y trataron de implementar medidas políticas como la división de poderes, la soberanía popular, libertad religiosa y de prensa, etc., pero no se logró ejercer el poder de manera efectiva, además el parlamento decidió continuar la guerra mundial, medida que le generó un hondo y popular rechazo.

Ahora los soviets, dirigidos por Lenin, que estaba exiliado, forman el partido bolcheviques y inculcándoles la idea de que “todo el poder es para los soviets” ó “pan, tierras y trabajo” se rebelan tomando el Palacio de Invierno, asumiendo a partir de este momento todo el poder, y se formó el Consejo de Comisarios del Pueblo, dirigidos por Lenin y comenzaron a dar respuesta a la gente que tan miserablemente vivía.

  • Por decreto se puso en manos de campesinos la tierra de los terratenientes.
  • Los dueños de las fábricas mantuvieron su propiedad pero la producción fue manejada y controlado por los obreros.
  • Se negoció la guerra y se puso fin a las acciones bélicas, perdiendo gran parte de territorio ruso frente a Alemania, que al finalizar la guerra debió devolver estas zonas.
  • El nuevo gobierno estaría formado por obreros y campesinos.
  • A partir de este momento se comenzaría a formar el estado socialista.

Para este camino había dos vías una establecer usa serie de medidas duras que produzcan los cambios necesarios para llegar al régimen socialista o bien aplicar medidas mas moderadas pero con el tiempo llegarían a la construcción definitiva de las ideas marxistas. Lenin era partidario de esta última opción y ese fue el camino seguido.

Se nacionalizaron los bancos, el transporte como los ferrocarriles y barcos, y las grandes empresas. También se repudió la deuda externa nacional. Inicialmente convivían dos sistemas uno que permitía la propiedad privada de algunos bienes y otra que los nacionalizaba.

LOS DÍAS QUE CONMOVIERON AL MUNDO:  El periodista norteamericano John Reed fue testigo de la revolución. Así describió el primer discurso de Lenin luego del triunfo: “Eran exactamente las 8.40 del 26 de octubre cuando una atronadora ola de aplausos anunció la entrada de Lenin.[…] Estaba de pie, agarrado a los bordes de la tribuna, recorriendo con los ojos entornados la masa de los delegados y esperaba, sin reparar en la creciente ovación que duró varios minutos. Cuando ésta cesó, dijo breve y simplemente: ‘Ha llegado el momento de emprender la construcción del socialismo’. Nuevo estallido atronador de la tempestad humana, lo primero que debemos hacer es adoptar medidas prácticas para realizar la paz. Debemos ofrecer la paz a los pueblos de todos los países beligerantes en las condiciones soviéticas, sin anexiones, sin contribuciones. […] La Revolución de Octubre inicia la era de la Revolución Socialista. El movimiento obrero, en nombre de la paz y el socialismo alcanzará la victoria y cumplirá su misión.'[…] Un impulso inesperado y espontáneo nos levantó a todos y nuestra unanimidad se tradujo en los acordes armoniosos y emocionantes de La Internacional. Un soldado viejo y canoso lloraba como un niño. El potente himno inundó la sala, atravesó ventanas y puertas y voló al cielo sereno.”

Esta revolución socialista, asombró y asustó al mundo occidental, de orientación capitalista por lo que diversos países como Inglaterra y Francia, apoyaron al ejército blanco, comandado por generales zaristas, para que se rebelen contra el nuevo régimen, evitando de esta manera que el socialismo se expanda hacia el occidente poniendo en peligro al capitalismo.

El ejército blanco estaba apoyado por la burguesía industrial y los terratenientes, que fueron los perjudicados de este sistema, por otro lado Trosky segundo de Lenin organizó el ejército rojo apoyado por el resto del país y logró conformar un ejército de mas de 3.000.000 de soldados en poco tiempo y le dio la victoria definitiva a los bolcheviques. Murieron 7.000.000 de ciudadanos en esta guerra civil que duró 3 años. Se impuso el régimen de Partido Único, el bolchevique, que comenzó a llamarse comunista, y la prohibió la disidencia interna en el partido.

El gobierno ruso nacionalizó todas las empresas con el correr del tiempo y obligó a los campesino a entregar el excedente de su producción agrícola, es decir, se confiscaban los granos, de esta manera lograba asegurar el pan a toda la población rusa durante la guerra civil. La producción cayó notablemente ya que los campesinos se negaron a producir de más, sólo se dedicaron a producir lo que consumían. A estas medidas se las conocen como Comunismo de Guerra.

Terminada la guerra civil como el país se encontraba en una difícil situación económica y parecía que se volvería a repetir la historia zarista, Lenin aplica unas leyes conocidas como en Nueva Política Económica (NEP) y trata de recomponer la economía.

 Para ello:

  • Suspende la confiscación de granos.
  • Permite la venta de los excedentes de producción.
  • Cobra un nuevo impuesto en relación de la riqueza de cada campesino
  • Permite que cualquier ciudadano instale una pequeña empresa, ya que las grandes siguen en manos del estado.

En pocos años la economía se recupera y algunos campesinos como los kulaks dueños de tierras extensas se enriquecen. Algunos conductores del socialismo no aceptan estas diferencias y dicen que estas medidas del NEP eran de tipo capitalista y atrasan la construcción del socialismo, uno de ellos es Trosky.

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Trosky

En 1922 Lenin tiene un ataque de apoplejía lo que lo obliga a abandonar el poder, y comienza una interna entre algunos conductores para reemplazarlo, se crea un triunvirato formado por Stalin, Kamanev y Zinovied, y Trosky es exiliado en México, asesinado mas tarde por orden de Stalin. (Lenin escribió en su testamento sobre Stalin, y aduce que este hombre no es muy confiable como continuador del régimen comunista, debido a su carácter intolerante, cruel y violento, y creía necesario que sea sustituido por alguien mas leal, afable y atento)

Como el precio del grano bajó los campesinos especularon y retuvieron los granos, generando una situación de desabastecimiento  nacional. Stalin no de acuerdo con esto abandona el NEP y cambia el rumbo de la economía.

Expropió las tierras a los kulaks, los cuales eran considerados enemigos del socialismo y fueron exterminados , por otra parte, organizó a los campesinos en granjas. Para acelerar este proceso de colectivización les prometió tecnología agropecuaria y en solo 6 años todas las tierras se colectivizan. Por otro lado se planifica minuciosamente el desarrollo industrial y se propone triplicar la producción de maquinas pesadas, quintuplicar la energía eléctrica y aumentar considerablemente la superficie cultivada. Sabía que esta es la única manera de hacer funcionar el socialismo.

Como instrumento de fuerza para controlar y dominar al pueblo, Stalin se apoyó en su Ejercito Rojo e instaló los gulasg, especies de campos de concentración donde eran encarcelados y condenados a trabajos de fuerzas a todos aquellos opositores.

Todas estas medidas, se estipularon en el plan quinquenal, que tuvo un éxito único, pero que costó el sacrificio y vida de millones de rusos. Todos los disidentes fueron perseguidos, encerrados o asesinados, cerca de 3.000.000 de habitantes. No había familia numerosa que tenga al menos un hijo muerto o encarcelado por el sistema político.

Stalin gobernó desde 1927 hasta 1953, y consolidó un régimen sumamente duro y autoritario, no toleró ningún tipo de oposición hacia el oficialismo. En 1933 comienza una serie de purgas contra todo sospechoso de oposición, acusándolos de antisovieticos, elimina así  a millones de ciudadanos rusos, incluyendo en ellos a revolucionarios de 1917, como sus compañeros del triunvirato, Kamamev y Zinoviev. Stalin deseaba consolidar el comunismo en Rusia, y mas tarde extenderlo al resto del mundo, conocido esto como Socialismo en un solo país. Para otros era necesario cuanto antes traspasar las fronteras con estas ideas socialistas.

Stalin obligó un culto nacional a su imagen. Con esta política de miedo popular Stalin pudo concentrar todo el poder político de Rusia, que acompañado de otros dirigentes, se adueñaron de todos los organismos e instituciones del control estatal, y además  ocuparon  importantes cargos  que les permitió enriquecerse y se fueron separando del resto de la población.

La consolidación de este régimen estalinista hizo que aquellos revolucionarios de 1917 con tendencias liberales y democráticas abandonen definitivamente su lucha en pos de lograr  imponer políticamente sus propósitos.

La Destalinización: La desestalinización empezó apenas éste murió. Primero se anunció que no existió una conjura de sus médicos. En junio 1953 fue arrestado Beria, jefe de la KGB, el servicio secreto ruso, que era temido de todos. Beria fue ejecutado. El que usó con mas éxito la desestanilización fue Nikita Khrushchev, nuevo secretario del partido. En 1956 denunció en un discurso las aberraciones de Stalin y liberó a millones de prisioneros de los campos de trabajos forzados.

La oligarquía del partido que hizo dimitir a Krushchev puso en su lugar a Leonidad Brehnev. Este, que entró con toda suavidad, logró eliminar de sus puestos a sus opositores e iniciar un mini culto personal hacia mitades de los años 1970.

El comienzo de la distensión: Los fines de Breznev eran obtener una regularización de las relaciones con occidente y obtener así los beneficios del comercio mundial pero sin relajar la sociedad comunista hasta un punto tal de perder el control social o económico. La Unión Soviética preocupó a occidente por sus movimientos en el tercer mundo pero el resultado que hoy vemos de ello es una marginalización del comunismo en las estructuras políticas y económicas globales. Después que Breznev murió, en 1982, tuvo dos sucesores que duraron un año cada uno y luego vino en primavera 1985 un hombre joven con un programa de grandes cambios.

La perestroika de Mijaíl Gorbachov: La idea de la reestructuración de Gorbachov era mantener una doctrina comunista con una estructura económica similar al capitalismo. Ciertos partidos socialistas de Europa ya habían dado ejemplos al respecto. Con su Glasnost (clarividencia) además buscaba hacer un país lógico de una retórico.

La tarea necesitaba mucha valentía, porque se adentraba en situaciones políticas y económicas de menor estabilidad que él y Rusia supieron sobrellevar. Las reformas de Gorbachov fueron resistidas por el partido comunista que trató de tomar el poder (agosto 1991) pero no pudieron destituir a Boris Yeltsin y el gobierno federativo Ruso. El partido fue declarado fuera de la ley.

En diciembre, los líderes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia declararon que una Unión de Estados Independientes reemplazarían la URSS. Gorbachov dimitió hacia fines de año. Ahí terminaron los 74 años de la URSS. Pero Rusia y sus aliados siguen en la confederación y Boris Yeltsin renunció como presidente en diciembre de 1999. Sin él las transformaciones hacia el capitalismo no hubiesen seguido en Rusia.

Hacia fines de marzo 2000, Vladimir Putin, que había sido primer ministro de Yeltsin, fue elegido presidente con mayoría de votos contra el candidato del partido comunista. Putin, en una alocución prometió luchar contra la corrupción con la ayuda de sus ex camaradas de la antigua KGB.

Cronología

Fecha Acontecimientos
1917 – febrero Manifestación por conmemoración del día de la mujer obrera
1917 – febrero – julio Modelo burgués de revolución con asamblea constitucional
1917 – abril Lenin llega a Rusia desde Alemania
1917 – julio Gobierno de Kerensky
1917- julio – octubre Levantamientos de bolcheviques y zaristas
1917 – octubre Revolución bolchevique, congreso de los soviets. Toma del palacio de invierno
1917 – diciembre Firma de la paz de Brest Litovsk. Rusia pierde Ucrania, Estonia, Letonia, Lituania
1918 – 1921 Guerra civil
1919 Creación de la III internacional Komintern
1918 – 1919 Intento revolucionario
1919 – 1923 Primeros congresos de la Internacional comunista. Su auge.
1929 Crisis económica mundial
1939 2º guerra mundial
1943 Stalin decreta la abolición de la Komintern
1944 Stalin decreta la disolución del partido comunista de EE.UU.
1945 Alianza de la URSS y EE.UU. Fin de la guerra

Grandes Revolucionarios de la Historia

Biografia de Robespierre Resumen Ejecución de Jacobinos Fin Terror

Biografía de Robespierre – Resumen

1793: La Convención, dominada por los jacobinos, instaló un régimen de terror que persiguió a los opositores de la revolución. El poder se concentró en el Comité de Salvación Pública, en el que se destacó Maximiliano Robespierre.

Se enviaron representantes a todas las provincias, con amplios poderes para confiscar propiedades, arrestar y condenar a muerte a los enemigos políticos. Esta época recibió el nombre de “período del Gran Terror”, por iL implacable persecución de los adversarios políticos que realizaban los comités.

BIOGRAFÍA DE MAXIMILIANO ROBESPIERRE:
Maximiliano nació el 6 de mayo de 1758, en Arras, capital del Artois, provincia del noroeste de Francia. Hijo primogénito de Francois Derobespierre y Jacqueline Carrault, tuvo tres hermanos: Agustín —muy ligado a él—, Carlota y Enriqueta.

En el certificado de bautismo1, su apellido figuró como “Derobespierre”. Las circunstancias que lo llevaron a introducir en él una pequeña alteración denotan algo de su personalidad.

Todavía adolescente y no indiferente a la posibilidad de ascendencia noble que el “de” permitía entrever, Maximiliano separó la partícula del nombre; ella confería un aire vagamente aristocrático al portador. De la misma manera, cuando en 1790 la Asamblea Constituyente abolió los títulos de nobleza, por iniciativa propia eliminó el “de” del nombre —ser noble dejaba de ser algo apreciable—.

Su madre, hija de un fabricante de cerveza, murió al dar a luz a Enriqueta. Ese hecho trastornó enteramente la vida de Francois Derobespierre, modesto abogado de provincia como lo habían sido su abuelo y bisabuelo. Maximiliano tenía siete años cuando su padre abandona la clientela, comienza a vagar por las calles, se embriaga en las tabernas y por fin desaparece en el extranjero. La familia se desmorona. Carlota y Enriqueta son alojadas en una especie de institución de caridad y los abuelos maternos se encargan de los varones.

Maximiliano crece taciturno y orgulloso. Asiste al colegio de Arras, cría palomas en el jardín de su casa y llora cuando alguno de sus animalitos muere. Mantiene largas conversaciones con su hermano menor, que siente por él ciega admiración. Y con cierta razón, pues Maximiliano es un niño inteligente y sensible, un ávido lector y un alumno ejemplar.

A los doce años, cubierto de medallas y premios por buenas notas, Maximiliano gana una beca para estudiar en el Colegio Luis el Grande, uno de los más importantes de la Universidad de París. El viejo edificio de la rué Saint Jacques era tétrico. Hacían economías en la calefacción y en la comida. Durante el invierno los niños estudiaban con los dedos azulados por el frío y los estómagos molestos por el hambre, insatisfechos con la disciplina rigurosa y el curriculum anticuado. A escondidas, circulaban entre ellos los libros de Rousseau y los panfletos de Voltaire, cuya irreverencia hacía más soportable la chatura de aquel mundo.

La condición de becario ciertamente influyó mucho sobre el niño. Para sus colegas nobles no pasaba de un mero receptor de caridad, sin importarles las cualidades que tuviese. En la convivencia con la familia también debe haber absorbido cierto resentimiento contra las jerarquías sociales del Antiguo Régimen, nombre con el que se conoce el sistema político-social anterior a la Revolución.

Su orgullo y su ambición, revelados en la tentativa de “ennoblecer” el nombre, y contrariados por la decadencia familiar y por el desprecio de sus compañeros nobles, producirán en Maximiliano un resentimiento que, en mayor o menor grado, fue común a todos los jóvenes de talento de las clases medias francesas, lo que explica en parte la entusiasta acogida que los libros de Rousseau tuvieron entre los jóvenes: presentaban los privilegios de los nobles y su fortuna como una usurpación de los “derechos naturales” de todos los hombres.

Luego, el joven de maneras graves encontró a un amigo que era exactamente su opuesto. Otro becario, dos años más joven, espiritual, improvisador irreprimible, que se convertiría en uno de los más formidables tribunos de la Revolución Francesa y en su más brillante periodista: Camille Desmoulins. Otros cuatro futuros jefes revolucionarios estudiaron con él en ese período: Duport-Duletre, Lebrun, Freron y su propio hermano Agustín.
Finalmente, en 1778, Maximiliano realizó un antiguo sueño: visitar a Rousseau. El viejo filósofo moriría ese mismo año, y Robespierre recordaría siempre ese encuentro con entusiasmo y admiración.

En 1780, terminado el colegio, se inscribió en derecho. Y a los 23 años, ya recibido de abogado, regresó a Arras con pocas esperanzas: no podía esperar de la vida nada mejor que lo que habían conseguido sus abuelos.

En 1789 con la Toma de la Bastilla se inicia un proceso revolucionario contra el poder absoluto del rey Luis XVI, que pasó por distintas etapas, entre negociaciones y conflictos ideológicos, que se iniciaron con una Asamblea Nacional para terminar con el imperio francés al mando de Napoleón.

Durante la etapa de la Asamblea , donde aun permanecía todavía en Versalles, los diputados más radicales entre ellos Robespierre, se reunían en un café. En París organizaron un “club” que comenzó a funcionar en una sala alquilada al convento de los dominicanos. Sus miembros, aunque oficialmente se denominasen “Amigos de la Constitución”, recibieron el sobrenombre de Jacobinos, antigua designación de los primeros dominicanos instalados en París en la Rué St. Jacques (Calle de Santiago o Jacobo el Mayor, de donde Jacobinos). En breve estarían aceptando socios no diputados e inaugurando nuevos clubes en las provincias.

En la mañana del 21 de junio de 1791, París despertó alarmado por una noticia: la familia real había huido del Palacio de las Tullerías. La ciudad, los clubes y la Asamblea estaban sumamente agitados. Los diputados radicales, Robespierre inclusive, vieron en ello indicios de traición: el rey y la reina buscaban ayuda para aplastar a la nación de la que, se creían propietarios.

El rey fue perseguido, reconocido y detenido en Varennes —donde insistiera en parar para comer durante el viaje— y los fugitivos reconducidos bajo escolta a París. La Convención investigó el proceder del rey, quien fue declarado culpable de establecer alianzas con las potencias extranjera, y fue condenado a morir en la horca el 21 de enero de 1793.

Los girondinos se habían preparado para defender al rey con una serie de instrumentos legales. La ofensiva de Robespierre y Saint-Just los dejó desarmados, sin aliento. Lanzan entonces una propuesta: someter el resultado, sea cual fuere, a un referendo popular. Robespierre y Marat argumentan que dividir el país en tiempo de guerra es un crimen. El 21 de enero de 1793, Luis XVI es decapitado. Mostró en la muerte la firmeza que no tuvo en vida.

El 4 de setiembre de 1793, una multitud impresionante se reunió delante de la Comuna. Los sans-culottes exigían mayor igualdad en la distribución de la riqueza, la división de las grandes propiedades, el congelamiento de los precios, una distribución más justa de los alimentos. Por una parte presionado, por otra comprendiendo la necesidad de medidas drásticas para salvar la Revolución, Robespierre aceptó en parte las proposiciones.

Se creó un ejército revolucionario, que barrió el país, sembrando el pánico entre los opositores. Leyes draconianas fueron adoptadas contra los especuladores. Era el Terror. Las medidas de extrema violencia adoptadas por la Comisión de Salvación Pública surtieron efecto. Con el tiempo ,las voces comienzan a levantarse en la propia Convención: “¡Basta con el Terror! ¡Vuelta a la legalidad!” Robespierre no deseaba otra cosa, pero aflojar en ese momento hubiera sido provocar el desmoronamiento del edificio revolucionario, pero es inevitable comienzan las discusiones y disensiones internas.

Danton había sido tan poco hábil como para dejar caer en manos de sus enemigos cartas que no sólo lo comprometían políticamente, sino que probaban su intervención en la corrupción financiera. Los robespierristasse encontraban solos a la cabeza de la revolución.Mas Robespierre estaba destrozado por dentro con toda esa matanza. Quien lo sostenía psicológica y políticamente era el inflexible Saint-Just.

En la Convención, a los pies del grupo vencedor, se encontraba un bando aterrorizado, y los más asustados entre ellos eran los que habían ido más lejos en el camino del Terror. Tenían miedo de que, cuando fuera inevitable el final del Terror, fuesen acusados por sus crímenes. Algunos de ellos, como Fouché y Tallien, sabían que si dependían de Robespierre, tendrían sus días contados. Con el coraje de la desesperación, resolvieron atacar.

Reunieron todo lo que quedaba de los feuillants, dantonistas, banqueros y realistas en una sola ofensiva y, el 27 de julio de 1794 (9-Termidor, según el calendario revolucionario) prendieron de sorpresa a los robespierristas en la Convención. Los robespierristas esperaron la muerte hasta el amanecer, y Robespierre fue el último en ser guillotinado; antes presenció la muerte de sus compañeros.

Ese golpe señala, con la reacción radical de Babeuf, tres años después, el fin del período avanzado de la Revolución Francesa. Pero la obra de los jacobinos no podía ser apagada: Francia jamás volvería a su pasado feudal.

El Motin del Te Guerras de la Independencia de EE.UU. Trece Colonias

MOTÍN DEL TE, TE AL MAR: GUERRAS DE LA INDEPENDENCIA

En diciembre de 1773, la crisis estalla nuevamente. Un grupo de ciudadanos de Boston, disfrazados de indios, asaltan navíos británicos y arrojan al mar trescientas cajas de té. Este episodio se conoce históricamente con el nombre de “Boston Tea Party“.

El impuesto que incidía sobre el producto no había sido, en verdad, el motivo principal del atentado, y sí el hecho de que el monopolio de la importación de té estaba en manos de la Compañía de las Indias, empresa británica que estorbaba considerablemente las actividades de los que anteriormente se dedicaban a la importación del producto y de los muchos contrabandistas de la región.

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La chispa del inicio de la Independencia de EE.UU.

La reacción de los ingleses fue inmediata: sus tropas bloquean el puerto de Boston, que sólo sería abierto nuevamente cuando fuera abonado el té arrojado al mar. Ante esa situación, Washington y otros políticos sólo ven una salida: la rebelión abierta. A todos los que piden la adopción de una línea política más moderada Washington les responde que pasó el tiempo de enviar peticiones, pues está convencido de que la Metrópoli está decidida a oponerse a todos los reclamos coloniales.

Por orden de Londres, el gobernador de Virginia clausura la Asamblea, foco principal de la insurrección. Los colonos responden convocando a una reunión con representantes de todas las colonias. Es el Primer Congreso Continental, reunido en Filadelfia en setiembre de 1774 con la presencia de 55 delegados de todas las colonias, a excepción de Georgia. Entre los representantes de Virginia se encuentra George Washington.

Hay divergencias políticas, mas todos concuerdan en un punto básico: las imposiciones inglesas son jurídicamente erradas y políticamente injustas. La idea general es que las colonias deben obedecer al rey en las guerras exteriores y en los tratados de paz, mas en lo restante son libres para autogobernarse, teniendo sus asambleas, dentro de los respectivos territorios, la misma autoridad que el Parlamento en Inglaterra.

El Primer Congreso Continental organiza un boicot más eficaz de los productos británicos, envía al rey una petición y al pueblo inglés una Declaración de los Derechos y de las Quejas de las colonias.

Pero la Metrópoli se niega a negociar. La tensión aumenta y, en Virginia, George Washington comienza a formar un destacamento de voluntarios. (En Massachusetts la acción de los colonos también es enérgica: constituyen un gobierno revolucionario y preparan una guerra civil.) En 1775, participa de la nueva reunión de los virginianos cuando se decide colocar la colonia en estado de defensa y parte enseguida para el Segundo Congreso Continental de Filadelfia.

En la reunión se comprueba que hay un clima de rebelión abierta en varias regiones de las trece colonias: las milicias de las provincias toman posiciones y aumentan sus efectivos. Se discute mucho, pero la conclusión es una sola: agotadas las posibilidades de negociación, sólo queda partir hacia la lucha contra los británicos. George Washington es elegido comandante general de las tropas.

Por encima de las razones militares, en él nombramiento de Washington prevalecerán las políticas. Era necesario escoger a un hombre del sur, y Washington representaba a una colonia importante, la más poderosa y organizada entre las del sur. Además, el comandante en jefe tendría que ser un hábil diplomático, un hombre capaz de unir a las fuerzas rebeldes.

Asume oficialmente el comando en Cambridge, el 3 de julio de 1775. Ya tiene experiencia militar suficiente para saber con qué tipo de tropas contará: hombres para los cuales la guerra significa disparar las armas, sin importarles mucho los problemas de organización. Son hacendados, labradores, hombres incultos, contadores, estibadores, cada uno haciendo su pequeña guerra personal, sin ninguna disciplina. Surgen de los lugares más imprevistos y rápidamente desaparecen. Se juntan a la hora de los ejercicios, reaparecen a la hora de la distribución de las provisiones. A pesar de ello, para los ingleses son una terrible amenaza.

Falta de todo en ese ejército de Washington: desde gente entrenada para la guerra hasta dinero, auxilios, armas, municiones, uniformes. Será una lucha de aficionados contra profesionales; de tropa indisciplinada contra aquella que tiene a la guerra por oficio, incluso reforzada por expertos mercenarios europeos.

Los primeros movimientos del ejército rebelde, a pesar de todas sus deficiencias, son exitosos. En 1775 Washington toma el fuerte de Ticonderoga, importantísimo desde el punto de vista estratégico; en marzo de 1776 ocupa y fortifica Dorchester Heights; días después obliga a los ingleses a retirarse del puerto de Boston, comandados por el General Howe.

Mientras tanto, el Congreso Continental continúa reunido. A medida que el movimiento rebelde adquiere fuerzas, el poder ejecutivo británico se va desmoronando en las colonias. Los gobernadores, ya sin autoridad, huyen a Inglaterra o son tomados prisioneros. El viejo sistema entra en crisis y uno nuevo comienza a perfilarse en las siguientes sesiones del Congreso de Filadelfia. Ya se discuten resoluciones sobre crédito, comercio, sistema postal, formas de administración.

Richard Henry Lee, uno de los representantes de Virginia, propone la formación de una Federación americana independiente. Después de mucha discusión la propuesta termina por ser aceptada. Se nombra una comisión encargada de redactar una declaración de independencia. Después de tres días de trabajos, durante los cuales se destaca la participación de Thomas Jefferson, el Segundo Congreso Continental aprueba solemnemente la Declaración de Independencia. Es el 4 de julio de 1776.

Incluso ya firmada la Declaración, los debates prosiguen encendidos, cuando Benjamín Franklin, recordando una de las últimas proclamas reales, termina la disputa con una frase: “Caballeros, necesitamos permanecer unidos si no queremos ser colgados uno por uno”.

El Congreso vuelca entonces toda su atención hacia el problema de defender militarmente la secesión. Al frente de su improvisado ejército, Washington, ayudado por algunos voluntarios europeos (que escucharon el llamado universalista de los revolucionarios norteamericanos), como el francés La Fayette, el prusiano Steuben o el polaco Kosciusko, va sosteniendo una dura lucha contra los ingleses.

A las victorias sorprendentes siguen serias derrotas y, en esa alternancia de éxitos y reveses, la guerra prosigue sin definirse hasta 1778. Ese año llega al comandante del ejército estadounidense una auspicióse noticia: gracias, sobre todo, al excelente trabajo diplomático de Benjamín Franklin en París, Francia, con sobrados motivos para oponerse a loS ingleses, sus tradicionales enemigos decide ayudar a los norteamericanos. Y a esa ayuda se une también la corona española, aliada de la francesa.

Inicialmente, llega una reducida fuerza expedicionaria, pequeña además para las necesidades del aliad c Pero en 1780 va hacia América un numeroso contingente francés, que componen un eficiente y disciplinado ejército bajo el comando del Conde de Rochambeau. Ahora, la lucha ser definitivamente de igual a igual.

Entendiéndose muy bien, Washinton y Rochambeau articulan inteligentes maniobras que llevan al enemigo al agotamiento. Pierden alguna que otra batalla, pero en la mayoría de las acciones tienen éxito. Por fin, en octubre de 1781 los ingleses cesan el fuego en todas las líneas y solicitan que se inicien conversaciones de paz. Desde ya, la guerra se da por terminada.

El 3 de setiembre de 1783, es firmado el tratado de paz, en Versalles. En noviembre, las tropas inglesas abandonaron el territorio de sus ex colonias; en diciembre, el ejército comandado por George Washington entra en Nueva York, donde se habían reunido los contingentes británicos desde el cese de fuego.

PARA REFLEXIONAR: ¿Fue este incidente la causa de la Revolución americana? No en lo inmediato, ni directamente. Las autoridades de la metrópoli podían ignorar los hechos, tal como hicieron el año anterior, cuando el asalto al Gaspée. Pero en el caso del Gaspée los daños afectaron principalmente a las personas y no hubo mucha destrucción de bienes.

En el siglo XVIII los atentados contra la propiedad siempre se juzgaban con más severidad que las lesiones a las personas. También podían dejar las autoridades de la metrópoli que las de Massachusetts hiciesen las averiguaciones necesarias y pusieran a los perpetradores a disposición de sus jueces. Sin embargo, y pese a ser perfectamente conocidos en Boston los cabecillas, difícilmente se reunirían pruebas suficientes para persuadir a un jurado bostoniano. En las demás colonias, la Boston Tea Party no causó regocijo sino más bien escándalo. Hasta los patriotas moderados consideraron que las cosas habían ido demasiado lejos en Boston.

Y ahí habría quedado el asunto, si tanto los británicos como los estadounidenses hubiesen optado por fijarse más en lo que los unía, y no en lo que los separaba. Pero las autoridades británicas creyeron, quizá con no mucho acierto, que una cosa así ni siquiera en Estados Unidos debía quedar sin alguna acción punitiva. En Inglaterra, los mercaderes y la Compañía clamaban exigiendo sanciones. Una vez tomada la decisión de no consentir sin castigo, el gobierno inglés hizo aprobar por el parlamento, pese a una enconada oposición, una serie de disposiciones que no tardaron en ser calificadas de «leyes de represalia» (Retaliatory Acts) por todos los patriotas norteamericanos, y que constituyeron el principal de los agravios que recoge la Declaración de Independencia. (Fuente: Al Rescate de la Historia Rayner y Stapley)

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Causas de la Independencia de las Colonias Britanicas El Motin del Te

Causas de la Independencia de las Colonias Británicas

LAS LEYES DE LA METRÓPOLI SON EL DETONANTE DE LA REBELIÓN: Con el tratado de París, firmado en 1763, el Imperio británico llega a su apogeo en el siglo XVIII. Francia había perdido prácticamente todos sus territorios en América del Norte y la India. Gran Bretaña, por el contrario, ya se comenzaba a afirmar como la nación más poderosa de Europa. Pero el largo período de guerra había sido muy oneroso para el tesoro británico. Y era preciso mucho dinero para colonizar y administrar satisfactoriamente tanto a los antiguos como a los nuevos y extensos territorios incorporados al Imperio.

Al mismo tiempo, el equilibrio de poder entre la metrópoli y las colonias se hace cada vez más precario. Teóricamente, las colonias tienen el derecho de autogobernarse en los negocios internos, a través de sus asambleas censatariamente elegidas las más, y siempre puestas bajo el control de los gobernantes nombrados por el rey inglés, los cuales deben velar para que esas decisiones no contraríen los intereses generales de la corona, que se superponen a todo.

 Independencia de las Colonias BritanicasLas colonias americanas atacan sistemáticamente ese principio. Libres del peligro francés, con una base económica sólida, sus habitantes encaran el futuro con mucho optimismo. Actúan con un espíritu de independencia que preocupa al Rey Jorge III.

El piensa que Inglaterra debe mantener su posición de madre patria, usando a las colonias como fuente de materias primas y mercado consumidor de sus productos industrializados. En esas condiciones, el rey decide re-vigorizar la estructura administrativa del Imperio: el Parlamento inglés deberá legislar con autoridad sobre los territorios que pertenezcan a la corona británica, de modo de posibilitar una política unitaria.

Era un plan poco realista, especialmente en cuanto a las colonias de la costa oriental de la América del Norte, El monarca parecía no comprender que las trece colonias inglesas instaladas en América ya no eran simples apéndices de Inglaterra. Se trataba de territorios densamente poblados, dotados de instituciones peculiares, con una tradición cultural ya enraizada.

Además, los planes que el gobierno de Jorge III quería aplicar a los norteamericanos eran extremadamente inadecuados: hacían de ellos ciudadanos británicos de “segunda clase”, ignorando que, jurídicamente, eran tan ingleses como los londinenses. El ser ciudadano inglés no significaba sólo ser subdito del rey de Gran Bretaña; más que eso, comprendía una serie de derechos, tales como el de ser juzgado según las normas procesales y las garantías del derecho británico y de tratar de los negocios de la comunidad a través de sus propios representantes elegidos para el Parlamento. Por lo tanto, los norteamericanos veían en sus tribunales y asambleas, en las instituciones y derechos reconocidos en la carta colonial, la propia esencia de la ciudadanía inglesa, que estaban dispuestos a defender.

Una grave crisis financiera en la Metrópoli precipita el choque entre Gran Bretaña y las colonias británicas de América del Norte (el Canadá era un país conquistado).

En 1764, buscando recursos para enfrentar la crisis, el Parlamento vota la llamada Ley del Azúcar, imponiendo altos impuestos sobre las ganancias de la comercialización del ron fabricado en las colonias. Y al año siguiente aprueba la Ley de Sellos, estableciendo tributos sobre los documentos públicos. Las dos leyes son la mecha que encendió la rebelión de las trece colonias.

Más de treinta periódicos ya existentes en América del Norte protestan al unísono contra las medidas. En las asambleas, después de inflamados discursos, se votan resoluciones afirmando, con argumentos jurídicos, que las trece colonias no aceptarán esos impuestos tan perjudiciales a su economía, ya que ellas no tienen representantes en el Parlamento que las sancionó.

Ante la imposibilidad de ver ejecutada la Ley de Sellos, el Parlamento suspende su aplicación en 1766. Pero vuelve a insistir en 1767, sancionando las Leyes Townshend; bajo la inspiración del canciller que dio nombre a las leyes, establece impuestos aduaneros sobre la importación de té, tabaco y barniz, entre otros productos A esas medidas siguen otras, reformando el sistema de percepción de tributos en las colonias, para hacerlo más eficaz.

En las colonias, la reacción es inmediata. Asociaciones patrióticas realizan manifestaciones públicas; escriben poesías satíricas, queman efigies de personajes locales favorables a Inglaterra y deciden boicotear el comercio inglés, dejando de comprar los productos tradicionalmente exportados por la Isla.

La protesta general se acentúa cuando el Parlamento insular determina la clausura de la asamblea de Nueva York, que se niega a votar las cantidades necesarias para la manutención de las tropas británicas asentadas en las colonias. Se trataba de un acto sin precedentes, pues hasta entonces sólo los gobernadores, como representantes del rey, podían intervenir y clausurar las asambleas. En Virginia, la Asamblea vota un mensaje al rey, un memorial a la Cámara de los Lores y una queja a la Cámara de los Comunes.

En 1770, el Parlamento británico cede parcialmente a las protestas, temiendo que algo peor acontezca. Anula los impuestos aduaneros a excepción del que incide sobre el té. Con ello, consigue aplazar por un tiempo el movimiento antibritánico. Mas los primeros disparos de la guerra anglonorteamericana habían matado a tres ciudadanos de Boston.

 Sigue Parte II

Batalla de las Naciones o Leipzig Guerras Napoleonicas Fin Napoleon

 Guerras Napoleónicas
Batalla de las Naciones o Leipzig

Leipzig, o la batalla de las naciones

 Guerras Napoleonicas

Para Napoleón, la campaña de 1813 empezó con los mejores auspicios. El 2 de mayo vencía a los ejércitos ruso y prusiano en Gross-Górschen, cerca de Leipzig, y semanas después lograba una nueva victoria en Bautzen, en Silesia. Parecía que Napoleón no había perdido su genio estratégico.

Sin embargo, algo fallaba, algo había cambiado; antes, el emperador explotaba sus victorias con la rapidez del rayo; en cambio, en junio de 1813, aunque la acción de Bautzen demostrara que sabía vencer todavía, acto seguido el emperador firmaba un armisticio del que se arrepintió siempre.

En la primera mitad de 1813. Prusia promovió una sacudida sensacional al sublevarse contra Napoleón. En marzo, el rey Federico Guillermo se unió a Rusia, declaró la guerra a Francia publicó su célebre proclama: “A mi pueblo”, redactada a pesar suyo.

Como siempre, Federico Guillermo era pesimista, de una prudencia exagerada, y su pueblo hubo de empujarle, encarnado por estadistas como Stein y Hardenberg, soldarlos como Gneisenau, Scharnhorst y Blücher —el “Mariscal Adelante” “viejo guerrero de mirada adolescente”, poetas y filósofos Ernst Moritz Arndt, y la juventud, los estudiantes, que enfebrecidos de entusiasmo nacionalista se presentaban voluntarios en masa. A ejemplo de los españoles, querían librar su patria de invasores y tiranos extranjeros: librar a Prusia y a Alemania entera.

Cuando Federico Guillermo dictó esta proclama a su pueblo se proponía restaurar las fronteras prusianas anteriores a 1806, pero la juventud y sus jefes tendían a una finalidad mucho más amplia: su ideal era la unidad de Alemania, la creación de un nuevo imperio germánico.

Todo lo nuevo en la Alemania de aquella época se debía a Prusia, y las iniciativas crearon una bola de nieve: en agosto, y gracias a las maniobras de Metternich, Austria se adhirió a la coalición y pronto se constituyeron tres ejércitos contra Francia: el de Bohemia, al mando del príncipe Schwarzenberg; el de Silesia, al de Blücher, y el ejército del Norte, a las órdenes del príncipe Carlos Juan de Suecia, es decir, de Bernadotte, encargado de proteger Berlín.

Se cerraba el circulo: en el frente europeo meridional y en junio de 1813, los anglo-españoles de Wellington vencían a los franceses en Vitoria y avanzaban hacia la frontera pirenaica, terminaba la guerra de España, y la de Alemania duraría poco tiempo. En efecto, Napoleón fue vencido en Leipzig, el 16 de octubre, por los ejércitos aliados unidos. Después de tres días de encarnizada lucha, el emperador ordenó la retirada a sus tropas y se sintió derrotado.

En noviembre, Napoleón. con el resto de sus tropas, atravesaba el Rin y regresaba a Francia. Empezaba la desintegración. La Confederación del Rin fue disuelta, Baviera y Sajonia se separaron de Napoleón y Jerónimo Bonaparte fue arrojado de Westfalia al igual que José de España. Los holandeses se sublevaron y Murat, rey de Nápoles, negoció por su cuenta con Austria tratando de salvar su trono. A finales de 1813, los ejércitos aliados entraban en Francia.

Biografia de Marat Juean Resumen Fin Etapa de Terror en Francia

Biografía de Marat Juean Resumen
Fin Etapa de Terror en Francia

BIOGRAFÍA DE JEAN PAUL MARAT, “El Amigo del Pueblo”
El 24 de mayo de 1745 , en Neuchatel, entonces posesión de los Hohenzollen -familia real de Prusia – , nacíaBiografia de Marat Juean Jean-Paul Mará, el futuro Marat. Su padre, ex monje sardo, se casó con una suiza de esa zona, Louise Cabrol, de la que tuvo siete hijos.

Personas de baja clase media, pero con algunos recursos, lograron dar alguna instrucción a su vasta prole; Jean-Paul, el mayor, pudo estudiar en el colegio de Neuchatel, y uno de sus hermanos fue preceptor en la corte de Catalina II de Rusia.

Casi nada se sabe de la juventud de Marat. Lo poco que se conoce fue extraído de los relatos de su hermana Albertine, quien, tras pasar treinta años alejada, se convirtió en su fiel amiga durante la Revolución y defendió su memoria después de su muerte.

A los dieciséis años, Jean-Paul abandonó la casa paterna y fue a vivir a Francia. En 1762, a los diecinueve años, el joven se encontraba en París. Era bajo, de hombros cargados y brazos fuertes, grandes ojos negros, nariz aguileña, frente amplia, tez morena y voz vibrante. Poseía el aire mediterráneo y hasta semítico que su nombre parece indicar. Tenía aspiraciones intelectuales.

En la brillante capital debe haber llevado la vida típica del estudiante pobre, comiendo poco y leyendo mucho. Sus intereses eran variados: filosofía, historia, ciencias, literatura. Pero sólo había bibliotecas en las grandes mansiones; comprar libros era privilegio de los ricos. Un joven con pocos recursos debía pedirlos prestados o frecuentar las casas de los poseedores.

Por esa época parece haber conocido a los enciclopedistas, que frecuentaban el mismo tipo de gente. Pero estos señores entraban por la puerta principal y eran amigos de los dueños de casa, que los recibían en sus salones. Encarnaban el espíritu de la nobleza esclarecida, mientras Marat —profundamente plebeyo, típico representante del Tercer Estado— reverenciaba a Rousseau y a Montesquieu al tiempo que repudiaba el ateísmo tan en boga entre los iluministas.

A los 22 años, Jean-Paul reside en Londres, frecuenta el Saint Martin’s Lane —café de los artistas— y pasa hambre. Ya en ese período, aún sin ser médico, se arriesga a hacer las primeras consultas a fin de ganarse algunos almuerzos.

Tiene varios amigos médicos y, llevado por la curiosidad de conocer el alma humana”, pasa sus días en hospitales y prisiones. Las experiencias políticas vividas en Londres , cuando el pueblo salía a la calle defendiendo sus derechos civiles, despertaron en él , los fervientes deseos de comprometerse con esos ideales que ya habían calado hondo con los enciclopedistas franceses. Para él, el origen de todos los males estaba en el voto calificado, es decir, que solo podían votar aquellos que poseían cierto rango social, avalado por una propiedad o un título nobiliario.

Estudió mucho la historia, investigando las injusticias de los gobernantes y tratando de encontrar las leyes generales de la política, explicando luego en su  un  libro  como deben actuar “los amantes de la libertad”, con la curiosidad que en aquel momento nunca apoyó la violencia, y si el poder del respeto y de la palabra.

En junio de 1775, Jean-Paul Marat se diploma finalmente en medicina, en la Universidad de Saint Andrew, en Edimburgo. Comienza también a firmar Marat, afrancesando su apellido. Su vida sufre una radical transformación. Vive en el Soho de Londres, barrio entonces elegante, y ya puede pagarse la publicación de sus ensayos y artículos médicos. El 10 de abril del año siguiente deja Londres, cuando una remesa de ejemplares de la edición de su libro Ensayo sobre el Hombre es requisada en la aduana francesa. Resuelto el problema, decide quedarse en París, donde también consigue una rica clientela y, en poco tiempo, se convierte en médico de moda. Entra al servicio del Conde de Artois, hermano del rey y futuro Carlos X, con buen pago y alojamiento.

Su Ensayo sobre el Hombre no le trajo menos disgustos. Marat profesaba un ingenuo dualismo sobre las relaciones cuerpo-alma, llegando a afirmar a cierta altura del libro que k sede más probable del alma eran la: meninges, idea, por lo demás, nadé sorprendente para la época. Voltaire dedicó al libro una extensa y maliciosa reseña. Diderot, más imparcial, declaró que, aunque el autor nada en tendiese del problema, había hecho “claras, firmes y precisas” observaciones sobre la influencia de los estado! psicológicos sobre el cuerpo (actual mente conocida como dolencias psicosomáticas). El hecho sólo aumentó h animosidad del Dr. Marat para con los enciclopedistas, a quienes comenzó a llamar “secta perniciosa”.

En los años que siguieron, Marat se dedicó cinco años de entero a la ciencia. Montó un laboratorio de física y medicina y trabajó con la electricidad, tradujo a Newton, produjo una decena de libros especializados y una gran serie de artículos. Llegó a trabajar hasta 20 horas seguidas, hasta que cayó enfermo.

Durante 4 años entre 1784 y 1788 en lugar de mejorar, empeoraba, a tal punto que creyó que se estaba muriendo. Hizo el testamento, legando sus aparatos científicos a la Academia de Ciencias y guardó cama. Su carrera parecía terminada, pero mas tarde como él mismo afirmó, “la noticia de la convocatoria me  causó tal fuerte sensación que mi espíritu se reanimó. Se refería a la convocatoria de los tres estados de la Nación (clero, nobleza y comunes) se reuniesen para decidir el futuro del país, era un verdadero triunfo sobre el absolutismo.

En el verano boreal de 1789 estalló en Francia una sublevación contra el gobierno de Luis XVI. Diferentes factores provocaron esta revolución, pero si un acontecimiento simbolizó el colapso del poder real frente al descontento popular generalizado fue el asalto de la prisión de la Bastilla, el 14 de julio de ese año, Marat participó de la jornada como miembro de la junta electoral de su barrio, y en el asalto a la fortaleza exhortó a los soldados para que no tirasen contra el pueblo, pero fue solo uno entre tantos oradores, pero a partir de ese instante vendrán días intensos, de negociaciones, de lucha, de desencuentros y de violencia que as tarde llevaran a Francia hacia el control político napoleónico.

Su defensa de los derechos del pueblo lo convirtieron en un personaje muy apreciado y popular. En 1792 tomó parte en las matanzas de septiembre y fue elegido miembro de la Convención y de la Comuna de París, pero tropezó con la animadversión de los girondinos al incitar al pueblo a usar la fuerza y reclamar la dictadura.

Con el apoyo de Danton y Robespierre, propone a los girondinos la unidad nacional, la cesación de las disputas mientras dure la guerra. Pero se debe proclamar la República, ejecutar al rey, votar inmediatamente las leyes que protejan a las familias de los combatientes (producto de una leva en masa) de la miseria, y aplicar la pena de muerte a los contrabandistas y especuladores. Robespierre vacila en ir tan lejos. Marat se encuentra solo en la Convención, pero Todos temen la vehemencia y la franqueza de Marat. El día en que enfrenta solo los insultos y amenazas de la Gironda sin que nadie intervenga, Camille Desmoulins le dice, entre admirado e irónico: “¡Pobre Marat, estás dos siglos por delante de tu tiempo!”

El 5 de abril es elegido presidente del Club de los Jacobinos. Un día después, Marat se cuenta entre los que fuerzan a la Convención a crear el Comité de Salut Public (Comisión de Salvación Pública), órgano que luego instaurará la dictadura.

El 11 de julio, en la casa en que habita con su hermana y su mujer, duerme con las puertas abiertas; el calor es insoportable. Por causa de una enfermedad de la piel, contraída en su época de fugitivo, cuando moraba en miserables chozas, Marat pasa los días inmerso en la bañera. Allí escribe, con la cabeza envuelta en un lienzo embebido en vinagre. Entran y salen jacobinos, pueblo, amigos. Traen comunicados e informaciones.

En una tienda del centro de París, Charlotte Corday, joven aristócrata llegada de Caen, compra un largo cuchillo. En la mañana del día 13, se dirige a la casa del “monstruo”, el hombre que arruinó a toda su familia y sus amigos, el “masacrador” de setiembre.

Marat, constantemente interrumpido, escribe su manifiesto ¡Pongámonos de acuerdo, es hora! No puede recibirla. Charlotte vuelve por la tarde. La situación es la misma. “Dejen entrar a la ciudadana”, dice Marat, distraído. Debe ser alguna otra gestión o pedido. Mientras sigue escribiendo, “el Amigo del Pueblo” le pide que aguarde apenas un instante. Segundos después el cuchillo se entierra en su pecho, llenando la bañera de sangre.

Marat no formó parte del gobierno revolucionario que había ayudado a crear: murió en el momento de su nacimiento.