Batalla de Sedán

Resumen sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Resumen Sobre los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Los imperialismos, sus clases.
Abusos del sistema liberal

En la historia de la humanidad hemos tomado conocimiento de la existencia de imperios o sea grandes Estados formados por varias naciones que le están sometidas. Así en la edad antigua recordamos los imperios asirio, persa, chino, japonés, medo, romano, etc.; en la edad media, el Imperio Carolingio, el de Alemania, los imperios de Occidente y de Orieste, el de los seleucidas, el otomano, el de los mogoles, etc.; en la edad moderna, e imperio austrohúngaro, el alemán, el francés, el británico, etc.

imperialismo politico

Por imperialismo entendemos la tendencia de ciertos Estados a extender su dominio sobre otras naciones. De ello se deduce que el imperialismo no es un fenómeno exclusivo de los Estados totalitarios sino también de los Estados democráticos.

No obstante debemos recalcar que todo imperialismo, es, en si mismo, antidemocrático dado que se encuentra en pugna con los principios de igualdad jurídica de los Estados y el de no intervención en los asuntos internos de las naciones soberanas.

Existen diversas clases de imperialismos, a saber:

a.  Imperialismo económico
b. Imperialismo político
c.  Imperialismo ideológico.

A)    IMPERIALISMO ECONÓMICO

Es aquel que se lleva a la práctica con el fin de dominar el mercado de productos o financiero de otros Es tados ejerciendo su acción sobre pueblos económicamente débiles. Una de las formas más comunes de llevarlo a cabo es mediante la adquisición de las más poderosas empresas industriales y comerciales del país que se desea anexar económi camente como así también de sus servicos públicos esenciales (electricidad, gas, transportes, teléfonos, etc.).

B)     IMPERIALISMO POLÍTICO

Es el imperialismo clásico que tiene por objeto anexar al país imperialista territorios de otras naciones. Sin embargo no siempre la invasión armada o la conquista son las formas de llevar a cabo este tipo de imperialismo; a veces la celebración de tratados o acuerdos o la infiltración ideológica y la presión, que puede ejercerse sobre un determinado país obliga a países débiles políticamente a solicitar la anexión de todo o parte de su territorio a una potencia poderosa. Ejemplos de estas últimas tácticas fueron utilizadas por Hitler y la Unión Soviética. La anexión de las islas Malvinas a Inglaterra es otra de las formas de llevar a la práctica el imperialismo político.

C)    IMPERIALISMO  IDEOLÓGICO

Esta forma de imperialismo se ejerce mediante la penetración de ideas de un país a otro con el fin de ampliar su zona de influencia. Él fascismo italiano y el nazismo alemán son pruebas elocuentes de ello; en la actualidad el comunismo ha puesto en ejecución una de las mayores campañas de penetración ideológica hasta hoy conocidas.

Abusos del sistema liberal
Las dos grandes doctrinas políticas son: el liberalismo y el estatismo.

En el liberalismo se otorga un gran predominio a la libertad individual actuando en tal emergencia el Estado como un simple guardián de las cosas comunes e interviniendo sólo en aquellas actividades que no están en condiciones de asumir los particulares.

Deja librado a éstos el manejo de todos los recursos económicos y, por lo tanto, desprotegida a la comunidad de los abusos que pequeños grupos de individuos pueden llegar a cometer con miras a la satisfacción de sus minúsculos intereses.

La Humanidad ha contemplado en el pasar de su existencia numerosos ejemplos de tales abusos y de las consecuencias que ellos han tenido en la marcha de ios pueblos.

Pueblos sacrificados en base al mantenimiento de una minoría que impuso condiciones infrahumanas en aras de sus propios beneficios, clases sociales enfrentadas entre sí que convulsionaron el orden y la armonía de sus respectivos países y, por último, la reacción ante tremenda injusticia con el consiguiente accionar de una fuerza incontrolable que no siempre trajo en sus e-fectos el bienestar deseado.

De allí entonces que el liberalismo como doctrina de aplicación absoluta ha presentado grandes grietas en el tiempo que si bien ha permitido incursionar en la organización social moderna otras doctrinas de carácter no menos violentas como algunas socialistas ha tenido que soportar el freno de la intervención de la Iglesia que a través de su Doctrina Social ha tratado de poner las cosas en su lugar.

CONSECUENCIA DE LOS IMPERIALISMOS
El marxismo
Se conoce como marxismo una serie de interpretaciones y ensayos de Carlos Marx que tienden a explicar distintos fenómenos, entre los cuales se encuentra la concepción materialista de la historia (Materialismo histórico). Se conoce como concepción materialista de la historia o como materialismo histórico al estudio de los principios generales del materialismo dialéctico en el campo de la sociología, y de la historia. Es decir, a una interpretación científica de los procesos sociales en una forma ordenada, según la dialéctica y que permite explicar la evolución histórica.

Para Marx la historia del hombre en sociedad no es otra cosa que la relación fundamental hombre-naturaleza-hombre. La Historia nace y se desarrolla a partir de la primera mediación que pone en relación al hombre con la naturaleza y al hombre con los otros hombres: el trabajo. El primer hecho histórico de la historia es la producción de los medios indispensables para la satisfacción de las necesidades básicas del hombre (comer, beber, procrear). La Historia es, por consiguiente, la historia de las fuerzas productivas y den los hechos históricos básicos que derivan de esta relación.

Se llama materialismo porque se encara la naturaleza desde el punto de vista material y se dice dialéctico porque permite la comprensión, de una manera dinámica, de los procesos que sufre la materia, Así el materialismo dialéctico establece las leyes generales, según las cuales, la materia se transforma.

Es interesante consignar que la base del materialismo dialéctico más que una creación de Marx es de su amigo Engels quien inició, aunque no terminó, una Dialéctica de la Naturaleza mediante la cual se propuso formalizar las leyes del movimiento y la evolución de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento humano.

Como puede interpretarse, los campos de aplicación del materialismo dialéctico son muy amplios y, en ese sentido Marx, por ejemplo, lo utilizó ampliamente en el estudio de la economía.

Sería sumamente difícil exponer detalladamente la totalidad de los trabajos de Marx y sus continuadores, pero estimamos que existen algunos puntos interesantes que son imprescindibles para comprender las ideas marxistas que fueron adoptadas por el Partido comunista y sobre todo aquellas que fueron inter-Ínretadas por Lenin y constituyen os fundamentos del actual marxismo-leninismo.

La posición del Marxismo y del marxismo leninismo será clasificada ubicándola dentro de una versión general de las distintas formas de socialismo.

Ver: El Socialismo

Primeras Armas de Fuego Uso de la Polvora Mosquete Pistolas Usos

El origen de las armas de fuego es oscuro, parece que los chinos en el siglo XI ya conocían la polvora (salitre, azufre y carbón)  pero su uso no era bélico. Los árabes la introdujeron en Occidente en le siglo XIII, y el erudito Roger Bacón habla de ella en el año 1249. Los primeros cañones eran muy rudimentarios y muchas veces fallaban y eran mas peligrosos para los que los usaban que para los enemigos.

El invento más importante es el del arcabuz de mecha que apareció rápidamente en ese mismo siglo y se convirtió en la principal arma de fuego de la infantería durante los doscientos cincuenta años siguientes. Introducida en Japón y en Oriente hacia el año 1600. este arma se emplea todavía en nuestro tiempo en ciertas regiones retrasadas. El arcabuz (del alemánHakenbüchse. o arcabuz de garfio—el sentido de garfio no está muy claro) se componía de un cañón de hierro montado sobre una culata que se apoyaba en el pecho.

Aplicado a una llave, el gatillo caía sobre la cazoleta y el oído, que contenían la pólvora de cebo, por la acción del resorte. El estrépito y la nube de humo sulfurosa que se producían cuando se inflamaba la carga era suficiente para convencer a cualquiera del carácter diabólico de este invento.

Aun cuando los soldados dilapidaban su dinero para proveerse de talismanes que les protegieran de sus destrozos, el arcabuz no era un arma de precisión. Un observador avisado dice que “no mataban a nadie, porque los arcabuceros se contentaban con hacer ruido y disparar al azar”. Además, la mecha incandescente, que medía 9 pies de largo, se estropeaba con la lluvia y servía de punto de referencia al enemigo. Su peso y el hecho de que el polvorín podía humedecerse o desprenderse, planteaban verdaderos problemas. A pesar de todo, el arcabuz representaba un avance considerable sobre el cañón de mano tan poco manejable.

En el siglo XVI, fue perfeccionado con una línea de mira y una mecha más corta. En la larga lucha esporádica que enfrentó a Carlos V con los turcos durante la primera mitad del siglo XVI, los infantes españoles iban armados de picas y de arcabuces, a pesar de que las tropas de choque de los turcos, los jenízaros, eran igualmente unos arcabuceros de excepción.

Con una larga tradición en su haber, los españoles eran maestros en la utilización de la artillería masiva. Cañones y arcabuces tuvieron una gran importancia en la batalla de Lepanto, en 1571, que dio al traste con todas las ambiciones de los turcos.

MOSQUETE: Pero ya mucho antes de esta batalla, los españoles habían inventado un arcabuz de un nuevo tipo,el mosquete. Era un pequeño cañón de mano y de mecha, con un calibre de 2.54 cm. Debido a su peso, para dispararlo debía apoyarse sobre una horquilla y cargarle requería tres buenos minutos.

El mosquetero de esta época, cargado con una impedimenta de saquitos de pólvora, de cartucheras, de cuatro pies de mecha, tenía que hacer muchos preparativos antes de disparar. Aun cuando muy pronto se redujeron las dimensiones del mosquete, fue utilizado hasta finales del siglo XVIII en formaciones bastante similares; la primera fila hacía fuego al oírse la voz de mando y después se retiraba a un segundo plano para cargar de nuevo, mientras que la fila siguiente se adelantaba. Unidades especiales de piqueros protegían a los mosqueteros y se encargaban de dar el último asalto en la batalla.

La llave de rueda, inspirada, se dice, en un dibujo de Leonardo de Vinci, apareció en Nuremberg en 1520. Funcionaba como un eslabón’ una rueda movida por un resorte arrancaba chispas de un sílex; estas chispas encendían la pólvora de la cazoleta: actuaba con mayor rapidez que la mecha y resultaba menos embarazosa.

Pero el mecanismo era complejo y costoso y de hecho nunca mereció una gran aceptación como arma militar. Como compensación, estaba al alcance de quienes no podían adquirir otras armas más caras que eran verdaderas obras de arte. Carlos V, que gustaba mucho del fusil, hizo grandes esfuerzos por introducir el arte de su fabricación en Alemania y en España.

Demasiado complicada para convertirse en arma de guerra, la llave de rueda probó que tenía grandes posibilidades como fusil manejable con una sola mano y en 1540 se convirtió en lo que se llamaría pistola.

Hacia finales del siglo, la pistola, que medía al menos un pie de largo, era el armamento típico de los jinetes europeos, que semejantes a los reiter alemanes, equipados con una coraza, un casco y altas botas de cuero, comenzaban a sustituir a los suizos y a los lasquenetes.

De hecho, el papel de la caballería, incapaz de resistir al arcabuz y al mosquete, había ido eclipsándose hasta la aparición de la pistola.

Durante las guerras de religión francesas, después de 1562, la caballería recuperó su posición, y los hugonotes la empleaban en sus columnas armadas de pistola y de espada, mientras que los jinetes católicos, hombres de caballo profesionales, practicaban la difícil caracola y cada fila disparaba por turno, para después retirarse a cargar de nuevo las armas.

Estas guerras, agotadora y larga secuela de ignominiosas matanzas, duraron hasta el edicto de Nantes, en 1598. Los hugonotes, faltos de artillería y de piqueros para proteger a los tiradores mientras volvían a cargar —lo que entonces tenía mucha importancia— recurrieron a tácticas sutiles, improvisando fortificaciones, utilizando pesados mosquetes en filas cerradas, casi como en batería y colocando en las alas y entre la caballería a grupos de arcabuceros con el fin de romper las formaciones de caballería enemigas.

La misma historia se repitió durante la sublevación de los Países Bajos contra el dominio español (1568-1609), cuando los holandeses abrieron sus diques para inundar al enemigo, realizaron furtivos ataques en patines sobre los canales helados y fortificaban sus ciudades de forma tan eficaz que resistieron durante años. Su jefe, el joven Mauricio de Nassau, hijo de Guillermo el Taciturno, organizó el primer ejército holandés regular, al que exigía un largo entrenamiento y una disciplina severa y al que pagaba con regularidad.

Las compañías eran pequeñas y ágiles, provistas por partes iguales de picas y de mosquetes; los piqueros se mantenían a tres pies de distancia. Los diversos cambios debidos a la aparición de las armas de fuego alcanzaron su apogeo en la guerra de los Treinta Años (1618-1648), religiosa, para contaminar a toda Europa.

El soldado tipo era un mercenario de baja calidad, tan irregularmente empleado como pagado, que no tenía ni moral ni disciplina y sembraba el terror entre la población civil. Desde el tiempo de los vikingos no se había vuelto a ver un cúmulo tal de violencias. Sólo el ejército de Gustavo Adolfo de Suecia. allá por los años 1630, fue una excepción a esta regla. Era el primer ejército realmente nacional, con su uniforme amarillo y azul; tenía sus propias tropas permanentes, estaba bien entrenado y sus avances eran mérito exclusivamente suyo.

El principal acierto de Gustavo Adolfo radicó en la inteligente forma en que dispuso las armas, artillería, piqueros, mosqueteros y caballería, especialmente en la batalla decisiva de Breitenfeld. Se le deben también muchas innovaciones: los cartuchos preparados (en una camisa de papel) para sus mosqueteros, la munición pronta (en cajas de madera) para los cañones.

Los mosqueteros eran dragones a caballo ligeramente armados, que atacaban a pistola y después desmontaban para combatir a espada, maniobra militar copiada de los holandeses. Trató de aligerar el cañón, creando y después desechando una pieza de campaña recubierta de cuero que pesaba sólo 90 libras, equipando a cada regimiento de una pieza de cuatro, montada sobre ruedas, que lanzaba balas dobles.

Las guerras civiles de Inglaterra (1642-1649) no pueden ser comparadas con las del continente ni por su ferocidad ni por su técnica. Protegida por la flota, Inglaterra había postergado el desarrollo del arte militar. Las nuevas armas eran el fusil de cañón atornillado (que se abría para introducir la pólvora y la bala) y la llave de piedra. Hacia 1750, como probable resultado de las guerras, Inglaterra había conquistado un puesto preponderante en la fabricación de armas.

La llave de piedra, aparecida hacia 1630, quedaría incorporada a las armas de fuego hasta finales del siglo XIX. Presentaba la enorme ventaja de tener la cazoleta cubierta, con lo que la pólvora se conservaba siempre seca. La caída del sílex empujaba la tapa mientras producía la chispa que inflamaba el cebo.

Aunque resulta extraño, el fusil de batería “a la chenapan“, inventado un siglo antes, tuvo muy poco empleo militar. El fusil de batería “a la miquelete”, en el que la varilla sustentadora del gatillo formaba parte de la batería, fue empleado con éxito por los españoles, pero, por diversas razones, la llave de piedra no sustituyó a la llave de mecha en los ejércitos continentales hasta 1680 aproximadamente.

En Inglaterra, el mosquete de piedra “Brown Bess” fue oficialmente adoptado en 1690. Desde entonces se impuso el mecanismo de piedra, que demostró ser particularmente práctico para las pistolas. Cuando en 1660 terminaron las guerras de Inglaterra, Europa, por reacción contra el sangriento desorden de la época anterior, conoció un período de relativa calma.

Emerich de Vattel pudo escribir entonces: “Hoy es el ejército regular el que hace la guerra, y el pueblo, los campesinos y los ciudadanos no toman parte en ella y generalmente no tienen nada que temer de la espada enemiga.”

Las preocupaciones eran puramente políticas, la maniobra era preferida a la destrucción, ya que el soldado era un profesional disciplinado cuya vida no se podía arriesgar inútilmente. Louvois, ministro de la Guerra cíe Luis XIV, introdujo la formación en línea. Entrenadas por el famoso Jean Martinet, las tropas avanzaban en líneas de tres, al ritmo de ochenta pasos al minuto, todos los fusiles encañonados en un ángulo preciso y disparando un fuego de pelotón en cuanto se daba la orden. Una sola salva perfecta, como la de Wolfe, en Quebec, podía decidir el resultado de una acción. La pica había desaparecido y la reemplazó hacia 1700 la bayoneta de mango, mientras que el fusil de piedra seguía siendo el arma que respondía a todas las necesidades. Había nacido la infantería moderna.

La labor del gran ingeniero militar francés Sébastian Lepreste, conde de Vauban, ilustra el arte de la guerra en esta época. Construyó treinta y tres fuertes, ideó las paralelas, los caballeros y el tiro de rebote. Luis XIV y su corte solían instalarse en una colina cercana para seguir las últimas operaciones de Vauban.

Otro maestro en el arte de la guerra fue Federico de Prusia, cuyas tropas, reclutadas y no mercenarias, eran sometidas a una disciplina tan rigurosa que temían más a sus oficiales que al enemigo. El fue quien introdujo la artillería montada, una de las mayores innovaciones tácticas de aquel tiempo y utilizó eficazmente el mortero de campaña.

La batalla de Fontenoy (1745) llevó al lado de Federico a uno de los soldados y tratadistas militares más competentes de aquellos tiempos, Mauricio de Sajonia. Característico de aquellos tiempos era también la popularidad de los duelos, que generalmente se celebraban a pistola de piedra del mismo tipo, armas ligeras y seguras cuyo cañón octogonal medía 25 cm.

Durante la revolución americana reaparecieron ciertas pasiones ideológicas y métodos poco ortodoxos que caracterizaron el final de la época napoleónica. También es cierto que en Valley Forge, el barón von Steuben introdujo la disciplina en el ejército americano.

El mosquete de cañón liso era el arma de los dos bandos. Un regimiento inglés de quinientos “redcoats“, armado con Brown Bess, podía hacer salvas de ciento cincuenta disparos cada quince segundos lo que siempre producía un gran impacto en los americanos.

Por otra parte, los “redcoats” se encontraban con frecuencia ante situaciones en que la técnica del “riego” no servía gran cosa, por ejemplo cuando se enfrentaban en terreno accidentado con los americanos fronterizos que disparaban sus ráfagas mortíferas emboscados tras cada árbol o cada cerro al estilo de los indios.

He aquí la descripción que pudo hacerse de los carabineros de Daniel Morgan: “Salvajes y analfabetos, semejantes a pumas… calzados de botas grasientas de piel de gamo y vestidos con camisas de caza y gorros de piel.” A pesar de todo, fueron ellos quienes detuvieron a los ingleses en Freeman’s Farm en 1777.

Su famoso long-rifle Kentucky (la rotación imprimida a la bala por el rayado del cañón garantizaba la seguridad del tiro hasta 140 m.) procedía de la carabina más pesada, empleada durante mucho tiempo por los inmigrantes alemanes, que la habían introducido mucho antes en América, para la caza y el tiro al blanco. Ligera y graciosa, tenía una caja delgada, un ánima estrecha (calibre 40-45) y un cañón afilado de 5 pies de largo. A pesar del éxito de esta arma, no fue utilizada militarmente durante mucho tiempo.

Republica de Weimar Crisis Final del Primera Guerra Mundial

Finalizada la Primera Guerra Mundial con la abdicación, en 1918, del káiser Guillermo II dio lugar a la proclamación en Alemania de la República de Weimar cuya presidencia quedó en manos del socialista Ebert. La vencida Alemania inició la experiencia de un régimen democrático en unas condiciones políticas y económicas muy adversas.

La nueva República, nacida en medio del desastre militar, tuvo que asumir la derrota y aceptar las duras condiciones de paz impuestas por los vencedores en el Tratada de Versalles. Además, la crisis económica y el desorden político radicalizaron las posturas de los alemanes y, poco a poco, los fue conduciendo al nacionalsocialismo.

ALEMANIA Y  LA REPÚBLICA DE WEIMAR
Friedrich EbertLuego de la derrota militar y de la abdicación del emperador Guillermo II, en Alemania se intentó consolidar una república. Las fuerzas policíacas que apoyaban la constitución de una república eran el Partido Socialdemócrata que representaba a los obreros de tendencia reformista, liderado por Friedrich Ebert
(imagen), el Partido Demócrata Alemán y el Partido de Centro Católico, representantes de la burguesía liberal. La república contó también con el apoyo del ejército.

A esta alianzas se opusieron otros sectores obreros de tendencia revolucionaria que organizaron la Liga Espartaquista, que intentaron tomar el poder por medio de una insurrección popular, siguiendo el ejemplo bolchevique, pero fueron derrotados por el ejército.

A los pocos días del fin de la insurrección espartaquista, en febrero de 1919, se reunió una Asamblea constituyente en Weimar, que adoptó la forma republicana de gobierno, con un Presidente —F. Ebert ocupó ese cargo— y un Parlamento bicameral —el Reichstag y el Reichsrat— elegidos por sufragio universal.

Pero la República de Weimar —apoyada por socialdemócratas y burgueses moderados— no logró consolidarse. No contó con el apoyo de los sectores más poderosos de la burguesía industrial cuyos intereses se veían obstaculizados por la presencia en el gobierno de representantes de los obrero5 que impulsaban reformas.

Además, el gobierno republicano se propuso cumplir las obligaciones impuestas a Alemania por los tratados de paz —reparaciones y pérdidas territoriales— aun cuando la mayoría de la población no estaba de acuerdo y se oponía a ello. Entre 1919 y 1923 la crisis se profundizó. El gobierno obtuvo cada vez menos votos y los grandes capitalistas financieros impulsaron una especulación que agravó la crisis económica y la hiperinflación que desestabilizaron definitivamente a la República.

La crisis de la República: La República de Weimar, basada en una Constitución ampliamente democrática, fue incapaz de encontrar el equilibrio necesario para dar estabilidad al régimen. Los primeros años de la nueva República estuvieron marcados por diversos golpes de fuerza que, tanto desde la derecha como desde la izquierda, pretendían acabar con el régimen. En 1919, en Berlín, se produjo la insurrección de los espartaquistas, que tenía como objetivo proclamar un gobierno de consejos obreros que seguiría el modelo soviético. La revuelta fue duramente reprimida y desde entonces la República se ganó la oposición del Partido Comunista Alemán.

Sin embargo, fueron los grupos nacionalistas más radicales los que llevaron a cabo diversas tentativas de golpe de estado con el apoyo de una buena parte del ejército, nostálgico del viejo orden imperial y receloso ante las claudicaciones de Versalles. De este modo, en 1920 un sector del ejército que había sido desmovilizado ocupó Berlín y colocó en el gobierno a un alto funcionario prusiano, Kapp. Rápidamente estalló una huelga general en Berlín y en el Ruhr, que hizo fracasar la insurrección militar. Pocos años después, en 1923, Adolf Hitler protagonizó un putsch en Munich con el apoyo del general Ludendorff, pero fracasó.

La situación económica atravesaba también un momento muy difícil. El endeudamiento de guerra y las fuertes reparaciones que Alemania tenía que pagar a los vencedores originaron un aumento vertiginoso de la inflación, que fue acompañada de una espectacular caída del marco alemán. Los precios y los salarios variaban a lo largo de un mismo día como consecuencia de la inflación y de la pérdida de valor de la moneda. Las personas que vivían de capitales fijos, rentas, alquileres, etc., se arruinaron y una buena parte de las pequeñas empresas tuvieron que cerrar, lo cual provocó una subida de los índices de desempleo.

La crisis llegó a su cenit en 1923, cuando los alemanes no pudieron pagar las deudas de guerra contraídas con Francia y las tropas galas ocuparon el Ruhr como garantía del cobro de las mismas, tal y como se había establecido en Versalles.

Entre 1924 y 1929 Alemania vivió un período de relativa estabilidad, pero la crisis de 1929, y más concretamente la retirada de los créditos americanos, agravaron las dificultades económicas y sumieron a Alemania en uña profunda crisis. En 1932 la producción había disminuido a la mitad con respecto a la de 1929.

El desempleo creció desmesuradamente, se pasó de un millón y medio de parados en 1929 a 6 millones en 1931. Los partidos gobernantes, la llamada Coalición de Weimar (Partido Socialdemócrata Alemán, Centro Católico y Partido Demócrata), fueron perdiendo el apoyo de los asalariados y de la pequeña burguesía empobrecida.

A partir de 1930 los diferentes gobiernos no tenían una mayoría coherente en el Parlamento y se apoyaban en el presidente de la República, que gobernaba por decreto. Se utilizaba con demasiada frecuencia el recurso de disolver el Parlamento y la inestabilidad ministerial (19 gobiernos en trece años) era la prueba de la fragilidad del sistema. El desorden político hacía crecer el deseo de un gobierno fuerte y estable.

Los líderes moderados de la endeble república carecían de experiencia en el ejercicio del poder. Con harta frecuencia entre 1918 y 1933 se agotaban en discusiones sin acertar a promover sus intereses comunes; con demasiada frecuencia colocaban sus órdenes en entredicho ante la fuerza bruta de los Freikorps, el Ejército o los grupos nazis paramilitares; en excesivas ocasiones pactaban con los extremistas, con la esperanza de comprometerlos en la gestión del gobierno. Mas la nueva constitución no podía por sí sola inculcar, de la noche a la mañana, hábitos ciudadanos en un pueblo cuya falta de experiencia democrática no hallaba parangón en ninguno de los países industrializados del mundo. En cualquier otra nación desarrollada, los moderados de Weimar hubieran lucido la etiqueta de conservadores. Sus jueces favorecían constantemente a los exaltados de derechas frente a sus oponentes de izquierdas. Gran número de maestros y profesores continuaban difundiendo las doctrinas de la política del poder y de la superioridad teutónica que contribuyeron, años antes, al estallido de la primera Gran Guerra. Muchos ciudadanos comenzaron a evocar con nostalgia los años de lucha y las glorias marciales, mientras se veían aherrojados a un sórdido presente de estériles rivalidades políticas y caos económico. Brotó por doquier un anhelo incontenible de unidad y disciplina; sus consecuencias, sin embargo, fueron fatales.

Después de años de tentativas infructuosas de solucionar el problema, lleno de carga emocional, de las reparaciones de guerra, la comisión aliada de reparaciones constituyó un equipo internacional de expertos en finanzas para fijar un programa de pagos hasta 1988. El grupo, presidido por el industrial americano Owen Young y con representación alemana por primera vez, diseñó un plan para aliviar la carga de la deuda de la nación derrotada y para estabilizar su sociedad dividida y sus relaciones con el resto del mundo.

El plan Young, presentado en París en junio, contenía las concesiones más favorables a Alemania que se habían hecho hasta el momento: los alemanes ya no deberían hacerse cargo del costo total de la reconstrucción; los pagos anuales se reducirían en un tercio, a unos 407 millones; se aboliría la supervisión aliada de la economía alemana junto a la comisión de reparaciones; se pagaría la deuda a una nueva banca internacional de la que Alemania sería miembro y Alemania podría declarar una moratoria parcial de los pagos durante los recesos económicos.

Los gobiernos estadounidense y alemán apoyaron el plan. Un enviado norteamericano escribió: «Todos los residuos de desconfianza y enemistad que se habían ido sedimentando desde el día del armisticio finalmente se han disuelto». No obstante, tres años después los pagos fueron suspendidos definitivamente.

Síntesis 2° Guerra Mundial

Napoleon Emperador de Francia Principales Hechos del Siglo XVIII

Coronación de Napoleón Emperador de Francia
1804:coronacion de napoleon

La carrera política de Napoleón culminó en su coronación como emperador. En este fastuoso rito de la coronación imperial los contemporáneos percibieron una contradicción: el Imperio era lo opuesto a la República, aunque el artículo 12 de la nueva Constitución afirmaba alegremente: “El Gobierno de la República se confía a un emperador”.

Napoleón Bonaparte (1769-1821). Nativo de la isla de Córcega, su padre lo envió a la escuela militar de Francia, de suerte que el muchacho entró al servicio de la nación francesa a la edad de 16 años. La Revolución Francesa de 1789 llegó en el momento oportuno para este inteligente y joven oficial, puesto que casi todas las coronas europeas declararon la guerra al gobierno revolucionario de Paris.

Napoleón logró importantes victorias, llegó a ser general, y se unió en 1799 al grupo de conspiradores que dieron el golpe de estado (coup d’état), debido la heterogénea oposición a su gobierno que desmanteló mediante drásticas represiones a derecha e izquierda, a raíz de fallidos atentados contra su persona.

Cuando Napoleón se convirtió en cónsul en 1799, Francia estaba en guerra con una segunda coalición europea, formada por Rusia, Gran Bretaña y Austria. Napoleón, entonces, se percató de la necesidad de una pausa. Observó lo siguiente al hablar con un diplomático prusiano: “La Revolución Francesa no habrá terminado mientras exista el azote de la guerra… Yo deseo la paz, tanto para asentar y dar solidez al actual gobierno francés, como para salvar al mundo del caos”.

La paz que buscaba se firmó en Amiens en marzo de 1802, dejando a Francia con fronteras nuevas y diversos territorios clientes desde el Mar del Norte hasta el Adriático. Sin embargo, la paz no duró porque tanto los británicos como los franceses la veían como algo temporal y abrigaban escasas intenciones de atenerse a sus términos. La guerra se reinició, en 1803, con Gran Bretaña, a la que pronto se adhirieron Austria, Rusia y Prusia en la Tercera Coalición.

En una serie de batallas en Ulm, Austerlitz, Jena y Eylau, entre 1805 y 1807, el Gran Ejército de Napoleón derrotó a los miembros continentales de la coalición, lo cual le dio la oportunidad de crear un nuevo orden europeo.

Consultado el pueblo francés mediante un plebiscito, la Constitución del año XII (1804) convierte a Napoleón en emperador de Francia, regula la transmisión del título por herencia y la regencia en casos de ausencia, le otorga una nómina de 25 millones de francos y reduce los poderes de las asambleas al tiempo que aumenta los del emperador.

Pero la visión de Napoleón no se circunscribe a las fronteras de Francia; sueña con hacer de París la capital del mundo y unir a Europa entera en una constelación de Estados. “Europa es una provincia del mundo y una guerra entre los europeos es una guerra civil”, dice en alguna ocasión. Y en Santa Elena: “uno de mis más grandes pensamientos fue la aglomeración de los mismos pueblos geográficos que han disuelto, despedazado, las revoluciones y la política”. Al servicio de esta idea unitaria pondrá su genio militar.

LA CORONACIÓN: El corolario de este proceso fue el ofrecimiento que le hizo el Senado al día siguiente de la corona imperial. La ceremonia de coronación se llevó a cabo el 2 de diciembre en Notre Dame, con la asistencia del papa Pío VII, aunque Napoleón se ciñó la corona a sí mismo y después la impuso a Josefina; el pontífice se limitó a pedir que celebrasen un matrimonio religioso, en un sencillo acto que se ocultó celosamente al público. Una nueva Constitución el mismo año afirmó aún más su autoridad omnímoda.

Así surgió como líder único de Francia y conquistador de los países vecinos hasta cerca de 1807, y gobernó el mayor imperio europeo desde los romanos. Sus reformas mejoraron la educación, la banca y el sistema legal (muchos países basan todavía sus leyes en el Código Napoleónico). Su esposa Josefina no le dio herederos, así que la repudió y desposó a María Luisa, una princesa austriaca. Cuando su hijo nació, el emperador nombró al bebé Rey de Roma.

UN BREVE RESUMEN DE LA ERA NAPOLEÓNICA
La Europa Napoleónica

Las colonias americanas se habían independizado de Inglaterra en 1783 con la ayuda de Francia, que quería vengarse de la perdida de muchos de sus territorios americanos a manos de los británicos en 1763. Pero la Revolución Americana inspiró al pueblo francés para buscar su propia libertad y, en 1789, también estalló la revolución en Francia.

Los demás reinos de Europa pronto se sintieron amenazados por la Revolución Francesa, y en 1793 formaron una alianza para luchar contra Francia. Pero esta nación contaba con un ejército de más de 750.000 hombres -el mayor de Europa- y en 1797 ya había derrotado a todos sus enemigos, excepto a Gran Bretaña.

Este éxito se debió en gran medida al genio de los militares franceses, especialmente de Napoleón Bonaparte, que en 1796, a los 26 años de edad, ya mandaba todo el ejército. En 1799 se hizo con el control del gobierno Francés y en 1804 se coronó a sí mismo Emperador de los Franceses.

Napoleón reorganizó las leyes, la administración, la enseñanza y la economía de Francia.

Por otra parte, su ejército era invencible y, en 1812 , había conquistado la mayor parte de Europa. Pero sus intentos de dominar España encontraron gran resistencia; además, en 1812 invadió Rusia sin demasiado éxito y su ejército sufrió grandes perdidas al retirarse de Moscú en pleno invierno.

A partir de ahí comenzó el retroceso del Imperio de Napoleón , que fue finalmente derrotado en Waterloo (1815) por los ingleses y sus aliados. Entonces fue condenado al destierro en una pequeña isla del Sur del Atlántico, Santa Elena, donde murió en 1821.

Biografía de Bismark Otto Ideologia y Obra Política Estadista

Biografía de Bismark Otto Ideología y Obra

Biografía de Bismark Otto SU VIDA: Otón de Bismarck, príncipe de Schónhausen, nació en esa localidad el 1° de abril de 1815, de una familia de antigua alcurnia. En 1816 la familia Bismarck se trasladó a Pomerania, en Kniephof, donde había heredado una extensísima colonia agrícola. En esa amplia casa de campo, Otón creció libre y fuerte.

El padre, culto y amante del vivir apacible, pasaba su tiempo en sus lecturas preferidas. La madre gustaba de las fiestas, del esplendor de la vida de las cortes, y era en un todo opuesta a su marido.

Bismarck sintió siempre hacia su madre una especie de aversión y, ya adulto, le reprochó su despreocupación por la educación de los hijos. Otón creció muy semejante a su padre en el carácter; de la madre heredó su aguda inteligencia y un inquieto deseo de poder y de dominio.

Esta ambición de poderío y su voluntad tenaz harían de Bismarck el hombre fuerte que tendría en sus manos la política europea durante casi treinta años: llevaría a la pequeña Prusia a dominar sobre todos los Estados germánicos y a transformarla en el poderoso Imperio alemán.

DE DIPUTADO A MINISTRO
La vida de Otón de Bismarck se identifica en buena parte con la creación del Imperio germánico. Su actividad política se inició en 1847 en el momento en que se reunían en Berlín las ocho Dietas (parlamentos) de los Estados alemanes para discutir un común estatuto. En ese entonces, Alemania era aún una nación dividida en muchos pequeños Estados independientes. Bismarck buscó el modo de poder participar en la Dieta y, en efecto, lo consiguió. Sus primeros discursos políticos tuvieron el mismo efecto que sus intervenciones juveniles en las discusiones de estudiante.

El principio de la vida política de Bismarck coincidió con el comienzo de su serena vida conyugal. Se casó en 1847 con Juana Puttkammer. Otón de Bismarck en 1851 fue promovido a embajador y, finalmente, presidente del Consejo y ministro de Relaciones Exteriores en 1862.

Ahora podría “gobernar”. En verdad, por encima de él estaba todavía un superior, el rey, y el espíritu prusiano de Bismarck respetaba la autoridad. Y por otra parte, él sabía influir sobre el rey con una astucia consumada: las decisiones que el rey tomaba eran las que Bismarck juzgaba oportunas.

Su lucha más difícil fue la que hubo de sostener cotidianamente con los ministros, embajadores y con la misma reina Augusta, que le opuso la mayor hostilidad. No existió quizás ningún hombre político que haya tenido que combatir tanto como Bismarck el odio y la incomprensión de sus conciudadanos. Con frecuencia tuvo encuentros dramáticos con el mismo rey Guillermo; si éste no cedía, el ministro le ofrecía su renuncia y entonces el rey, espantado, prontamente se retractaba y deponía su actitud.

Bismarck, además, sabía ser, no obstante su natural impulsividad, un hábil diplomático. Maniobraba de un modo que cada uno llegaba a conocer, de su política y de las conversaciones mantenidas con los ministros y con los reyes extranjeros, sólo aquello que cada cual estaba en condiciones de comprender y de justipreciar.

LA POLÍTICA DE BISMARCK
Después de haber conseguido la anexión de algunos Estados germánicos a Prusia, Bismarck preparó la guerra contra Austria: el Estado que quería disputar a Prusia la supremacía en Alemania. Mientras Prusia se aliaba con Italia, Bismarck obtuvo la neutralidad de parte de Napoleón III.

La guerra victoriosa contra Austria culminó en Sadowa (1866). Prusia salió de la guerra engrandecida, y llegó a la presidencia de la Confederación del Norte, que fue la unión de los Estados germánicos del norte, proyectada por Bismarck. Una segunda obra maestra del arte diplomático y político de Bismarck se puso de relieve en la guerra con Francia (1870), en la cual ésta quedó batida por el ejército prusiano y obligada a pedir, después de Se-dán, una paz que los prusianos hicieron terrible.

Después de esta victoria, todos los Estados germánicos se unieron en una única confederación encabezada por Prusia. Guillermo I fue reconocido emperador y Bismarck confirmado como jefe del gobierno, con el nombre de Canciller del Imperio. En marzo de 1888 murió, ya nonagenario, el emperador Guillermo I y le sucedió su hijo Federico III; pocos meses después éste murió y subió al trono Guillermo II, influido por tendencias liberales. Entre los dos grandes hombres, el emperador y el ministro, se inició muy pronto una vivísima hostilidad. En 1890 Bismarck presentó su dimisión y esta vez fue por cierto aceptada. El gran estadista se retiró entonces, irritado, a sus posesiones de Friedrichsruh, donde murió en julio de 1898.

Desde su retiro censuró continuamente, por medio de la prensa, la obra de sus sucesores. Y al que le echaba en cara su obstinada crítica, respondía: “Quizás no se comprenda o no se quiera comprender que el móvil de tales críticas de ningún modo es el rencor, la venganza y mucho menos la tentativa de reconquistar el poder, sino la gravísima preocupación, que hasta me quita el sueño, por la suerte del Imperio.”

Aquel Imperio que su férrea mano había erigido en 1870 y que ya veía en peligro.

PARA SABER MAS…

El punto de partida de las políticas de Bismarck fue la reforma del ejército prusiano. El ejército reformado le sirvió para alcanzar dos objetivos:

• crear un estado nacional alemán unificado, en el que la aristocracia prusiana -núcleo dirigente del nuevo estado- ocupara una posición dominante;

• imponer un sistema de equilibrio militar entre las potencias europeas, que inhibiera cualquier intento de guerra.
La unificación y modernización del estado alemán

Con ese poderoso ejército, entre 1863 y 1870, Bismarck sometió la resistencia interna de los estados alemanes y disputó territorios a Dinamarca, Austria y Francia. En 1870, Prusia entró en guerra con Francia y, en un plazo muy breve, la derrotó y anexe los territorios franceses de Alsacia-Lorena.

Como resultado de esta política, Bismarck logró consolidar la unidad nacional. En 1871 fue proclamado el Reich (imperio alemán, una confederación integrada por veinticinco estados, cuya cabeza era el Kaiser (emperador) y cuyo núcleo administrativo y económico era el reino de Prusia. Para que el Reich funcionara como un estado unificado, Bismarck lo dotó de una administración central fuerte y burocratizada. Su intención era terminar con todas las tendencias a la dispersión y a la autonomía de los antiguos estados alemanes.

La constitución del Imperio alemán tuvo características ambiguas. Por un lado, reconocía el derecho de sufragio secreto y universal masculino (es decir, para todos los ciudadanos varones): era el sufragio más amplio de toda Europa. Por otro lado, los ciudadanos sólo votaban para elegir representantes al Reichstag (Parlamento). Y ese Reichstag tenía atribuciones restringidas: ni el Kaiser ni el canciller estaban sometidos a sus decisiones, aunque las leyes debían tener aprobación parlamentaria. El ejercite sólo debía lealtad al Kaiser, y dependía exclusivamente de él.

La política de unificación alemana se completó con un conjunto de medidas administrativas, económicas y sociales:

• para alcanzar un mercado interno nacional, creó un sistema de pesas y medidas único y una moneda nacional;

• para unificar el Poder Judicial, reformó la organización de la justicia y reordenó la jurisprudencia de los diferentes estados;

• para proteger la producción agrícola e industrial del Reich, promulgó leyes que arancelaban las importaciones.

Un conjunto de leyes sociales -seguros de enfermedad (1883), de accidentes (1884), de vejez y de invalidez (1889)- fueron sancionadas para proteger a los trabajadores de un imperio que marchaba a convertirse en la mayor potencia industrial de Europa.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Volumen VII CODEX
Historia 3 El Mundo Contemporáneo Santillana

Caballeros Teutónicos Orden de Teutónica Los Teutónes Final de la Orden

Caballeros Teutónicos – Orden de Teutónica

Hermann de Salz

Cerca de Tannenherg al sur de Prusia, un formidable ejército compuesto de polacos, lituanos húngaros silesios e incluso de tártaros unidos por un odio común hacia los alemanes, hará frente y vencerá, en 1410 a las tropas de Ulrich von Jungingen, gran maestre de la orden teutónica. La derrota de 1410 simbolizará la definitiva la decadencia de esta orden de caballería que en algunos siglos, de había construido un verdadero imperio.

Hermann de Salza: Verdadero fundador de la orden de los caballeros teutónicos, de los que gran maestre, recibió del papa Honorio III, en 1216, la confirmación de los privilegios de la orden. El papa le concedió las mismas libertades e inmunidades que a los hospitalarios y a los templarios

En el que ni se trataba de una simple comunidad destinada a cuidar y proteger a los cruzados alemanes. Con el consentimiento del papa se transformó posteriormente en una orden de monjes-soldados regida por una estricta regla y dominada por un gran maestre. Uno de éstos, Hermann de Salza (imagen izq.), consiguió hacer de la orden una verdadera potencia internacional gracias al doble apoyo del emperador y del pontífice. Reclamados en 1226 desde las orillas del Ballico, para luchar contra los eslavos, los caballeros teutónicos acabaron por descubrir su verdadera vocación.

Con la excusa de la evangelización, no cesarán de combatir para conquistar, y a continuación conservar, un Imperio que se extendería desde el Vístula hasta el golfo de Finlandia. La orden se convirtió en una potencia política que reprimía ferozmente todas las revueltas. Pero a finales del s. XIV, y unida a Lituania, Polonia, a la que los teutónicos habían privado de su acceso al mar, comenzaría a labrar la ruina de dicha potencia, debilitada va por el relajamiento de su disciplina interior.

Las órdenes religiosas militares y hospitalarias estaban destinadas, en sus orígenes, a dar acogida, cuidados y protección a quienes peregrinaban a Tierra Santa. Las más conocidas eran la de los hospitalarios de San Juan de Jerusalén, futura orden de Malta, y la de los templarios. Los caballeros teutónicos fueron al principio una comunidad hospitalaria constituida en torno al hospital de San Luis de Jerusalén.

El nutrido ingreso de nobles y de caballeros en Ja orden fue lo que proporcionó a la institución su carácter militar. A partir de ese momento, una fuerte tensión la opuso a los demás hermanos hospitalarios. Y fue necesaria una bula del papa Celestino III en 1191, para establecer su independencia.

¿Cómo era la regla de la orden?
La regla de los caballeros teutónicos se parecía a la de los templarios, puesto que también en ella se exigía el triple voto: castidad, pobreza y obediencia. Pero los teutónicos no tenían el derecho de dejar la orden, y el acento se ponía siempre en el estilo militar de vida. Las riquezas pertenecían a la orden que se quedaba también con todos los botines. El código disciplinario era muy riguroso. Los hermanos debían confesar sus faltas en público y la regla excluía toda posibilidad de perdón. Los miembros eran llamados caballeros, pero no podían reclamar convertirse en tales antes de cumplir diez años de antigüedad.

¿Quiénes eran los portaespadas?
Creada en 1202 por Alberto de Buxhóvden, obispo de Livonia y fundador de Riga, los caballeros de Cristo, o portaespadas, fueron una orden de monjes-soldados alemanes. Consagrados a la defensa de la fe cristiana contra los paganos, en Livonia se dedicaron a una verdadera colonización. Un conflicto con su obispo, y después con el país, provocó el debilitamiento de la orden, que se fusionó con los teutónicos en 1237.

¿Qué fue el «Drang nach Osten»?
La poderosa expansión colonial de Alemania, operada por los teutónicos en los s. XIII y XIV, se inscribió en el vasto «Drang nach Osten», o presión hacia el este del pueblo alemán, cuyos orígenes se remontan al s. IX. Desde tal época ,en efecto, un frente de pioneros avanzaba sin descanso al este de las fronteras del Imperio de Carlomagno. Y en su progresión empujaba y masacraba a las tribus eslavas, antes de colonizar sistemáticamente los territorios conquistados.

¿Cuáles fueron las riquezas de los teutónicos?
El Estado teutónico conoció una paz casi absoluta durante los s. XIII y XIV, lo que contribuyó a hacer de él uno de los Estados más modernos y prósperos de Europa. La colonización dio origen a decenas de ciudades, y las grandes explotaciones ganaron para la agricultura antiguos bosques y antiguas zonas pantanosas.

El resultado fue una considerable ganadería, mediante la que se llegó a agrupar un rebaño de cerca de 100.000 cabezas. Los campos de trigo llegaron a ser capaces de alimentar a 500.000 personas. El comercio, por su parte, conoció también un notable florecimiento. Desde Dantzig, primer puerto de la orden, llegaron a exportarse cada año varias toneladas de arenque. Madera, caballos, grano, cera, miel, paño y lino partían del Estado teutónico para ser vendidos en toda Europa.

Al igual que los templarios, los teutónicos recibían en donación numerosos bienes, que se sumaban al producto de sus conquistas. A finales del s. XIII, y además de los dominios, las posesiones de la orden ascendían a 150 hospitales repartidos por Alemania, Italia, Francia, Grecia, Siria y Livonia. Solamente en Prusia, la orden poseía 90 ciudades y 1.500 pueblos. Todas estas posesiones estaban repartidas en cuatro grandes «provincias»: Tierra Santa, Italia, Livonia y Alemania.

¿Cuáles fueron los puntos débiles de la orden?
A pesar de su implantación en tierras eslavas, la regla de la orden teutónica prescribía  que ésta estaba reservada únicamente a los alemanes. Aunque su prestigio llegó a ser grande la orden se presentaba fundamentalmente como una aristocracia militar que mantenía a las poblaciones autóctonas en régimen de servidumbre mediante una represión con frecuencia terrible. Los propios colonos alemanes habían constituido una nobleza laica y -burguesía urbana mezcladas las más de las veces con las bálticas y las eslavas, soportaban mal la tutela de la orden. Por ello, a pesar de su riqueza y su poderío, ésta sólo llegó a estar enraizada muy débilmente en su propio Estado.

¿Cómo desapareció el Estado teutónico?
Después del apogeo del s. XIV, los principios del XV conocieron la decadencia del poderío teutónico. El prestigio moral de la orden quedo roto después de la batalla de Tannenbere A partir de ese momento se vio forzada a afrontar la rebelión interior de la nobleza y de las ciudades. Una represión cruel y una guerra de 13 años contra Polonia no pudieron impedir la bancarrota de la orden, que no recibió ningún apoyo de Alemania.

El tratado de Torún 1466 aisló a Prusia del resto del Estado germánico x los teutónicos se vieron obligados a aceptar la soberanía polaca. Aunque continuaron dliigiendo sus propios dominios, ello significó el fin del orgulloso Estado.

¿En qué se convirtió Prusia?
Lo que quedaba de la Prusia teutónica arremetió contra Polonia a principios del s. XVI pero sin resultado alguno. Justo en aquellos días hizo su aparición la reforma de Lutero, y el gran maestre Alberto de Brandeburgo, de la casa de los Hohenzollern, puso en práctica un cambio de rumbo espectacular.

Convertido al luteranismo, firmó en 1525, con el rey Segismundo de Polonia, la paz de Cracovia, que transformó Prusia en ducado secular y hereditario bajo soberanía polaca. La dinastía de los Hohenzollern transformaría posteriormente el ducado en reino, y a continuación, llevaría a cabo, en 1870, la unidad de Alemania.

¿Qué quedó de la orden teutónica?
Después de la abjuración de Alberto de Brandeburgo desapareció la parte prusiana de la orden, pero una fracción católica consiguió sobrevivir, y se colocó bajo la protección de la casa de Austria, que le suministró, a partir del s. XVI, todos sus grandes maestres. La orden teutónica conseguiría ser la única orden militar que sobreviviera a la Revolución francesa Entre 1809 y 1938, la orden no existió más que en Austria.

A pesar de que, en contra de su voluntad, influyeron en Hitler y en los nazis que pretendieron hacer de las «SS» una organización militar calcada de los teutónicos. los hermanos de la orden optaron por el retomo a sus orígenes y a las actividades hospitalarias En la actualidad constituyen algunos centenares de religiosos dirigidos por un gran maestre que tiene su sede en Viena, y están consagrados a obras de caridad.

Ulrich von Jungingen: 24° gran maestre de la orden, murió en 1410, en 1» batalla de Tannenbérg, junto con 600 caballeros y 40.000 soldados. Ello significó el principio de la definitiva decadencia de los teutónicos

¿Qué fue la batalla de los hielos?
Se trata de una de las grandes fechas de la historia nacional de Rusia. En 1242, Alejandro Nevski, gran príncipe de Novgorod y de Vladimir, se enfrentó con los caballeros teutónicos sobre los hielos del lago de Pskov, al sur del golfo de Finlandia. Derrotados, parte de los alemanes se ahogaron. Esta victoria constituyó el final definitivo de la expansión germana hacia el este, y significó la salvación de Rusia.

Marienburg Esta ciudad de Prusia, oriental se convirtió en sede de la orden en 1309. La fortaleza estaba unida a los edificios conventuales por un camino de ronda. En ella estaban situadas las estancias del maestre y la sala de los caballeros de 30 m. de longitud

Fuente Consultada: El Gran Atlas de la Historia Universal

El Imperialismo Moderno La Expansión Capitalista Mundial Europa Sobre Africa

El Imperialismo Moderno – La Expansión Capitalista

La palabra imperialismo se utiliza frecuentemente para explicar la expansión territorial y el sometimiento por la fuerza que ejerce un pueblo poderoso sobre otro más débil. En este sentido, se puede hablar de imperialismo para referirse tanto a la expansión de los antiguos egipcios como a la persa o a la romana del siglo I d.C.

Sin embargo, a principios del siglo XX, el término imperialismo adquirió un significado más preciso. Algunos pensadores comenzaron a utilizarlo para explicar el proceso de expansión que en ese momento estaban protagonizando las potencias capitalistas El imperialismo no se refirió entonces a cualquier expansión, sino a una expansión particular.

El primero en intentar una definición teórica del imperialismo fue el economista liberal inglés John A. Hobson. En su obra Imperialismo, un estudio (1902), analizó la expansión colonial europea sobre África. Advirtió que en las metrópolis había un exceso de capitales y esto hacía que no hubiera inversiones rentables.

Para poder seguir obteniendo altas ganancias, los capitalistas buscaban invertir sus capitales en los mercados ultramarinos. Por ello es que los grandes inversores de los países industrializados presionaban a sus gobiernos para que éstos emprendieran una intervención política y militar en Africa. El estudio de Hobson puso entonces el acento en que el imperialismo era una expansión colonial que obedecía a la necesidad económica de los países industrializados.

Tomando como punto de partida la obra de Hobson, los revolucionarios marxistas  Lenin y Rosa Luxemburgo expusieron el punto de vista socialista para explicar el fenómeno del imperialismo.

En su obra El imperialismo, fase superior del capitalismo (1916), Lenin sostuvo que el desarrollo del capitalismo lleva inevitablemente a una fase superior —la etapa imperialista—, cuyos rasgos principales son: la concentración de la producción y el surgimiento de los monopolios; la unión del capital bancario e industrial, que origina el capital financiero; la exportación de capitales; la asociación de monopolios internacionales que se reparten el mundo; el reparto territorial de todo el mundo por parte de las potencias europeas.

Lenin pensaba que la expansión de los monopolios y de las potencias imperialistas llevaría inevitablemente a un conflicto internacional, debido a que los capitalistas estaban obligados a buscar nuevos mercados. Cuando todos los mercados ya estuvieran repartidos la guerra sería inevitable.

Al mismo tiempo que Lenin y otros pensadores socialistas criticaban los efectos de la expansión imperialista, algunos dirigentes políticos de la época, como los ingleses Ceci Rhodes y Joseph Chomberlain o el norteamericano Theodor Roosevelt, la defendieron. La creían necesaria para garantizar la seguridad económica de sus naciones.

Muchos intelectuales británicos de la época ayudaron a difundir el ideal imperialista. Lord Rosebety afirmó en 1893: “Somos responsables de que el mundo, en la medida en que aún está por moldear, reciba un carácter anglosajón y no otro. El poeta Rudyard Kipling, por su parte, expuso la doctrina de la “responsabilidad del hombre blanco’. Creía que era un deber de las naciones blancas transmitir los logros de la civilización europea a los pueblos atrasados…

Teodoro RoosveltTheodor Roosevelt y el Gran Garrote. Theodor Roosevelt (1858-1919) El  presidente de los Estados Unidos en los primeros años del siglo XX. Su agresiva política exterior fine conocida con el nombre de Big Stick (Gran Garrote). En un discurso pronunciado en 1899, siendo aún vicepresidente, expresó: “El desarrollo de la paz entre las naciones está confinado estrictamente a aquellas que son civilizadas. Con una nación bárbara la paz es condición excepcional. En los confines entre la civilización y la barbarie, la guerra es generalmente normal.

Que los bárbaros sean el indio rojo en la frontera de los Estados Unidos, el afgano en los confines de la India Británica o el turcomano quien limita con el cosaco de Siberia, el resultado es el mismo. A la larga, el hombre civilizado encuentra que no puede conservar la paz más que subyugando a su vecino bárbaro, pues el bárbaro no cederá más que ante la fuerza […]. Toda expansión de civilización trabaja para la paz. En otros términos, toda expansión de una potencia civilizada significa una victoria para la ley, el orden y la justicia.  (…) En todos los casos la expansión ha sido un provecho, no tanto para la potencia que se beneficia nominalmente como para el mundo entero.”

Con base en la doctrina Monroe, el presidente Theodoro Roosevelt proclamó el derecho de Estados Unidos para ayudar a cualquier nación latinoamericana amenazada por intervención, así como para fomentar gobiernos políticamente estables.

Durante su mandato (1901-1908) impuso su visión de la doctrina mencionada por los medios más duros: la política del “gran garrote” (big stick), que se tradujo en presiones para con los gobiernos latinoamericanos, pérdida de soberanía, intervenciones militares, expansión de los monopolios y explotación de los recursos naturales.

Las tropas estadounidenses permanecieron en Santo Domingo de 1904 a 1924; Cuba estuvo ocupada militarmente de 1906 a 1909; Nicaragua experimentó la invasión militar entre 1909 y 1912; Honduras de 1910 a 1912; Guatemala sufrió las presiones comerciales de la United Fruit Company en 1905; y Haití vivió el desembarco de las tropas estadounidenses en 1914.

Las administraciones de Roosevelt, Taft y Wilson expresaron el reforzamiento de la hegemonía estadounidense en América Latina, en particular en la zona centroamericana y caribeña, en el rubro de la explotación agrícola (azúcar, café y plátano).

Los grandes monopolios como la United Fruit Company, la Santo Domingo Improvement o la American Sugar Refinial estuvieron presentes en las naciones centroamericanas: la economía de enclave se desarrolló en forma especial en el sector bananero, con lo cual las economías locales dejaron de percibir importantes ingresos.

Una gran infraestructura, ferrocarriles, puertos, etcétera, surgió como consecuencia de la necesidad de transportar los productos agrícolas al mercado estadounidense.

Ver: Los Tipos de Imperialismos y sus Consecuencias

Colonialismo o Imperialismo Alemán Otto Bismark Reparto de África

Colonialismo o Imperialismo Alemán

La unificación de Alemania y las políticas impulsadas por su primer ministro Otto von Bismarck dieron lugar a un equilibrio armado entre las potencias europeas. Otto von Bismarck y la unidad alemana Otto von Bismarck fue el estadista que mejor representó la ideología autoritaria en la política europea entre 1860 y 1890.

En 1862, el rey Guillermo I de Prusia lo designó canciller (función equivalente a la de primer ministro). Al asumir, Bismarck comunicó al Parlamento prusiano: “Las grandes cuestiones de la época no se resuelven con discursos y mayoría en las votaciones -ese fue el error de 1848 y 1849- sino con sangre y hierro”.

Colonialismo o Imperialismo Aleman Otto BismarkEl gobierno presidido por Bismarck (foto) tardó en ser consciente de la importancia económica de las colonias, y sólo a partir de 1882 se fundaron las primeras sociedades alemanas para el comercio con África.

Aprovechando la hegemonía militar que tenía el segundo imperio en Europa, Bismarck convocó en Berlín, en 1884, una conferencia de naciones europeas para proceder al reparto de los territorios africanos.

Se trataba de justificar el reparto por una supuesta “misión civilizadora” de los europeos. No obstante, prueba de las motivaciones económicas que lo impulsaban sería que la mayoría de los asistentes representaban a las naciones que carecían de colonias y que tenían menor desarrollo económico, para garantizar la comercialización de sus productos en África.

En esta conferencia se acordó la concesión del Congo —hoy Zaire— a Leopoldo II de Bélgica, quien administraría este territorio de más de dos millones de kilómetros cuadrados como una finca privada.

Alemania, gracias a diferentes tratados diplomáticos, estableció durante 1884 y 1885 protectorados en África del suroeste —Namibia—, Camerún, Togo, diversas islas del Pacífico y la llamada África oriental alemana —Tanzania—, que constituirían su imperio colonial, el cual completó en 1899 con la compra a España de algunas islas del Pacífico —Marianas, Carolinas y Paláu—, además de ocupar por la fuerza la ciudad china de Tsingtao, que le permitió estar presente en el gran mercado de este país.

Las aspiraciones alemanas sobre Marruecos fracasaron en la conferencia de Algeciras, porque los británicos, recelosos del rearme alemán, prestaron su apoyo a Francia. Una nueva tentativa de incidir en Marruecos en 1 911 se solucionó al comprarles los franceses sus derechos sobre ese país, a cambio de la ampliación de la colonia del Camerún sobre el África ecuatorial francesa.

EL REPARTO DE ÁFRICA: África, un continente nuevo y lleno de riquezas, se ofrecía a la colonización europea. En Berlín se reunió la conferencia mundial que sancionó su situación colonial; comenta los términos y las ideas-fuerza que determinan la colonización y que se reflejan en el acta.

Capítulo I: Declaración relativa a la libertad de comercio en la cuenca del Congo, sus desembocaduras y países circunvecinos.

Art. 1: El comercio de todas las naciones gozará de una completa libertad: 1) En todos los territorios que integran la cuenca del Congo y de sus afluentes (…). Comprende, en consecuencia, todos los territorios drenados por el Congo y por sus afluentes, incluidos el lago Tanganica y sus tributarios orientales. 2) En la zona que se extiende al este de la cuenca del Congo, tal y como ésta queda delimitada más arriba, hasta el Océano índico (…) hasta la desembocadura del Zambeze.

Art. 2: Todos los pabellones, sin distinción de nacionalidad, tendrán libre acceso a todo el litoral de los territorios arriba enumerados, a los ríos que tengan su desembocadura sobre el mismo, a todas las aguas del Congo y de sus afluentes incluyendo los lagos, a todos los puertos situados a orillas de estas aguas (…). Todos los pabellones, sin distinción, podrán llevar a cabo toda clase de transportes y ejercer el cabotaje marítimo y fluvial, así como el barcaje.

Capítulo II: Disposiciones relativas a la protección de los indígenas, de los misioneros y de los viajeros, y la libertad religiosa.

Art. 6: Toda las potencias que ejerzan derechos de soberanía o influencia en los mencionados territorios se comprometen a velar por la conservación de las poblaciones indígenas y por la mejora de sus condiciones morales y materiales de existencia, así como a contribuir a la supresión de la esclavitud y sobre todo a la de la trata de negros.

Las potencias indicadas protegerán y favorecerán, sin distinción de nacionalidades ni de cultos, todas las instituciones y empresas religiosas, científicas o de caridad, creadas y organizadas para estos fines o encaminadas a instruir a los indígenas y a hacerles comprender y apreciar las ventajas de la civilización. Los misioneros cristianos, los sabios y los explotadores, así como sus escoltas, bienes y colecciones serán igualmente objeto de una protección especial. La libertad de conciencia y tolerancia religiosa quedan expresamente garantizadas, tanto a los indígenas como a los nacionales y a los extranjeros.

Capítulo III: Declaración relativa a la neutralidad de los territorios comprendidos en la cuenca convencional del Congo.

Art. 12: En caso de que surgiera un disentimiento grave entre las potencias firmantes de la presente acta o potencias que en lo sucesivo prestasen su adhesión a la misma, con motivo o dentro de los límites de los territorios mencionados en el art. 1 y colocados en régimen de libertad comercial, tales potencias se comprometen a recurrir a la mediación de una o varias potencias amigas antes de recurrir a las armas. Las mismas potencias se reservan, en el caso apuntado, la facultad de recurrir al procedimiento del arbitraje.

Capítulo IV: Acta de Navegación del Congo

Art. 13: La navegación del Congo, sin exceptuar ninguna de sus ramificaciones ni salidas, es y permanecerá enteramente libre para los buques mercantes cargados o en lastre de todas las naciones, tanto para el transporte de mercancías como para el de viajeros. Dicha navegación deberá conformarse a las disposiciones de la presente acta de navegación así como a los reglamentos que se establezcan en ejecución de la misma. En el ejercicio de esta navegación, los súbditos y los pabellones de todas las naciones serán tratados a todos los respecto, en pie de absoluta igualdad (…) Estas disposiciones son reconocidas por las potencias firmantes como parte , para lo sucesivo , del derecho público internacional.

La “Paz Armada”
Durante casi veinte años el equilibrio europeo descansó en la amenaza que significaba el poderoso ejército alemán. Inglaterra -concentrada en el desarrollo de su prosperidad económica, en la expansión imperial y en una concertación política entre liberales y conservadores- optó por aislarse de los problemas europeos. A la inversa, para Bismarck era prioritario el desarrollo industrial de Alemania antes que la disputa por territorios coloniales en Asia y África. Por lo tanto, se mantuvo al margen de la disputa que mantenían las potencias europeas por ampliar sus colonias y su influencia en el mercado mundial.

Hacia fines de siglo, quedaron planteados tres problemas que llevarían al estallido de la Primera Guerra Mundial:
• Desde la guerra franco-prusiana (1870), el nacionalismo francés reivindicó sus derechos sobre los territorios de Alsacia y Lorena anexados por Alemania.

• El equilibrio basado en el ejército obligó a todas las potencias europeas a ingresar en una “carrera de los armamentos” que garantizara tanto su defensa interna como su expansión imperialista.

• La llegada al trono de un nuevo Kaiser, Guillermo n, modificó la política exterior de Alemania, que se lanzó a disputar su participación en el mercado mundial y su presencia en territorios coloniales. Esta estrategia provocó la caída de Bismarck en 1890.

Otro Autores:

“La Constitución de la Alemania imperial de la década de 1870 incluía una asamblea representativa elegida por sufragio universal masculino, voto secreto, igualdad civil, un código legal uniforme, un sistema monetario único, educación secular y un comercio interior completamente libre.[…] El cuerpo de oficiales [del ejército prusiano], que naturalmente constituía el núcleo fundamental del aparato militar del imperio, no era responsable ante el canciller, sino que juraba lealtad directamente al emperador, que lo controlaba personalmente a través de su casa militar. Los rangos superiores de su burocracia (prusiana) […] se convirtieron en las décadas posteriores a 1870 en un santuario aristocrático […]. El canciller imperial no era responsable ante el Reichstag […] aunque los presupuestos y las leyes tenían que ser aprobados por el Reichstag.”

Perry Anderson.
El Estado absolutista.
Madrid, Siglo XXI, 1979.

“Hacia 1890 Europa vivía en la incertidumbre. La guerra, aunque improbable, parecía posible,  todos los Estados tenían en cuenta en sus cálculos esta eventualidad. Bismarck había dejado gravitar esa amenaza porque servía a sus fines. Además, existían en potencia innumerables conflictos. Francia y Alemania no podían reconciliarse a causa de Alsacia-Lorena. Francia e Italia se habían ensarzado en una verdadera guerra aduanera. Francia e Inglaterra, implicadas en la gran política colonial, parecían dispuestas a entenderse y firmaban en 1890 un importante acuerdo para repartirse el valle del Níger. Pero eran de temer nuevas fricciones. En 1887, Rusia e Inglaterra estuvieron al borde de la guerra a causa del Asia Central y de las fronteras de la India. Finalmente, se vislumbraba en el horizonte el nacimiento de una nueva potencia: Japón.”

Jean Baptiste Duroselle.
Europa de 1815 a nuestros días. Vida política y
relaciones Internacionales.
Barcelona, Labor, 1974.

La Armada Invencible Batalla Naval España Inglaterra Felipe II Isabel I

La Armada Invencible: Batalla Naval España e Inglaterra – Felipe II e Isabel I

La Armada Invencible Fue la fuerza naval más grande de la Historia, y el rey Felipe II de España la formó para deponer a la reina Isabel I del trono de Inglaterra y recuperar su reino para el catolicismo. La Armada, contaba con  130 buques, con 8.000 marinos y 2.000 remeros, y más 19.000 hombres de guerra, zarpó de Lisboa; pero sus barcos, a propósito para la ruta de las Indias, no podían resistir los temporales de los mares europeos. La flota inglesa era más ligera y mejor artillada que la española: en el primer encuentro (21 julio) se advirtió su superioridad en maniobrar, España estaba perdida.

Felipe II de EspañaEl rey Felipe II de España eligió a Don Alonso de Guzmán el Bueno, duque de Medina Sidonia  para comandar la difícil y crucial expedición contra Inglaterra y el duque le responde: “Mi salud es pobre para tal travesía”, imploró el duque al rey en una carta de respuesta a la orden real, “pues debido mi escasa experiencia marina sé que siempre me mareo y siempre me resfrío… Dado que nunca tuve experiencia en la mar o en la guerra, no me siento merecedor de comandar una misión de tan grande importancia”. De todas maneras  no tenía alternativas, pues era posible oponerse a la voluntad del rey.

Con trabajo titánico Don Alonso consiguió organizar la flota y y el 25 de abril compareció en la catedral para aceptar el estandarte que el ejército católico llevaría en batalla: una bandera con el escudo de armas de España, flanqueado por las imágenes de Jesús y la virgen María. Un rollo de pergamino contenía el lema de la expedición:

“Alzaos, oh Señor, y vindicad vuestra causa. Para los españoles, ésta era una guerra santa que estaban destinados a ganar, a pesar de que los ingleses tenían navíos más veloces, mejores armas y más experiencia en el mar. Se preguntó a un alto oficial del duque la razón de su confianza en el triunfo. “Es muy simple”, respondió, “peleamos la causa de Dios.”

Origen del Conflicto

Católicos contra protestantes: El problema se gestó durante 30 años, desde que la reina Isabel I sucedió en 1558 a su hermanastra María en el trono de Inglaterra. El padre de ambas, Enrique VIII, rompió con el catolicismo y fundó la Iglesia Anglicana al divorciarse de Catalina de Aragón, madre de María, para casarse con la madre de Isabel, Ana Bolena.

En su breve reinado, María intentó con furia y encarnizada fe reimplantar el catolicismo y se casó con el heredero de España, quien luego fue el rey Felipe II. Al morir María sin dejar hijos, Isabel fue coronada. Pero Isabel era ferviente protestante, lo que el católico Felipe consideró una herejía.

Isabel formó una alianza con Holanda y envió tropas para apoyar en ese país la rebelión de los súbditos protestantes de Felipe, quien consideró esto como un agravio político y religioso de los ingleses. Pero titubeó, pues había una esperanza: que la anciana y soltera reina de Inglaterra fuera sucedida por su prima católica María Estuardo, la depuesta reina de Escocia. Pero el 18 de febrero de 1587 ésta fue ejecutada por órdenes de Isabel, y Felipe se vio obligado a tomar medidas más drásticas.

El Plan de España: El plan de Felipe era enviar una flota muy pertrechada al canal de la Mancha para unirse a una fuerza de invasión al mando de armada invenciblesu comandante en Holanda, el duque de Parma. Protegidos por la flota, los 30 000 soldados de Parma cruzarían el canal en barcazas hasta Margate y marcharían por el Támesis para tomar Londres.

La expedición naval que el indeciso e improvisado Medina Sidonia comandó estaba integrada por 130 barcos, equipados con 2400 cañones y 124.000 balas.

El tamaño de las naves iba desde formidables fortalezas flotantes llamadas galeones, hasta galeras maniobradas con remos, y veloces fragatas que escoltaban a las enormes urcas que transportaban los pertrechos. La flota estaba tripulada por 8.000 marineros y transportaba a 19.000 soldados.

Oficialmente la expedición fue llamada La felicísima armada; por su fuerza apabullante los españoles la llamaron La Invencible. El 9 de mayo de 1588 los primeros buques levaron anclas y surcaron las aguas del ancho río Tajo rumbo al choque con el ejército inglés en las aguas del océano Atlántico. Pero cayeron tormentas fuera de temporada y por esto la flota tuvo que esperar hasta fin de mes para reunirse en su totalidad y partir hacia el norte.

El mar no fue favorable a la Invencible y ya una tormenta cerca del cabo Finisterre perjudicó a sus buques. A los pocos días volvió a salir desde la Coruña pues el viento le era favorable, pero Medina declaró a sus capitanes que el rey Felipe no quería atacar hasta que se reuniera en Farnesio y se perdió una formidable ocasión para vencer a los británicos.

Los británicos contaban con los marinos más famosos y mas cualificados de la época, que ya habían prestado servicios numerosos y memorables de la reina Isabel. Fue él: Sir Francis Drake, el primer circunnavegante del mundo, el terror de todas las costas españolas del Antiguo y del Nuevo Mundo, Sir John Hawkins, el veterano crujiente de muchos viajes en los mares de África y América, y el señor Howard, el Gran Almirante Inglaterra.

Además tenían alimentos bien conservados y la moral alta de sus soldados, en cambio en los barcos españoles se detectó putrefacción en las provisiones: carne, pescado y galletas que habían sido embaladas para la fecha original de partida en octubre de 1587. Más aún, el agua, que había estado almacenada durante por lo menos un mes, ya no podía beberse.

Hubo pequeños enfrentamientos en que los pequeños y ligeros buques ingleses fueron los que dominaron la situación. No hubo realmente un combate decisivo entre ingleses y españoles en el estrecho sino un desgaste continuo de la “Invencible”, batida por la superioridad de los ingleses y dispersada por las furias del mar, que aquellas pesadas fortalezas flotantes eran inhábiles para eludir.

En la madrugada del 27 de julio, los 105 barcos de la flota inglesa estaban listos para el combate. Lo que avistaron los defensores antes de que una tormenta y el anochecer les limitara la visión fue la flota más grande de la Historia: 125 de los 130 barcos de Sidonia Medina sobrevivieron al viaje desde España.

En un verdadero golpe de genio  Sir Francis Drake se lanzó en contra de los grandes barcos españoles que se alinearon en el puerto de Calais, ocho “Bulot” o brulotes. Estos pequeños barcos cargados con explosivos, sustancias inflamables que son impulsados por el viento, se topan con las naves enemigas. Con el choque, una sobreviene la tragedia. Tomado por sorpresa, asustados por el estruendo de las explosiones, que se producen constantemente, los españoles cortan las amarras y parten en un gran desorden.

Mientras Medina Sidonia navegaba por el canal de la Mancha, formó a su vasta flota en un semicírculo apretado, con las puntas dirigidas hacia el enemigo. Los españoles planeaban forzar a los barcos ingleses hacia el centro, más cargado, donde serían abordados y sometidos. Por su parte, los ingleses, con naves más veloces, esperaban evitar un combate de cerca y destruir al adversario con maniobras ingeniosas y constante fuego de cañones.

Durante la primera semana de enfrentamientos en la costa sur de Inglaterra, los españoles pudieron mantener su formación. Pero el 6 de agosto Howard ganó superioridad numérica cuando llegaron las naves que estaban en Dover para evitar que el duque de Parma cruzara el estrecho. Pero ésa no fue la peor noticia para Medina Sidonia: le llegó un informe del puerto francés de Calais notificándole que la fuerza de invasión aún no estaba lista para combate.

Algunos historiadores creen que Felipe no tenía verdaderas intenciones de invadir Inglaterra, sino más bien de asustar a Isabel y someterla. De ser así, fue un costoso error que significó un severo golpe al poder y orgullo de España.

Medina Sidonia resistió los ataques ingleses unos cuantos días más, pero sus perseguidores lo empujaron hacia el norte, más allá del punto donde podía dar protección a la peculiar invasión. El 12 de agosto Howard se replegó, necesitado de provisiones y convencido de que lo peor ya había pasado. Los ingleses no perdieron un solo barco en las dos semanas de combates.

El viaje de regreso por el mar del Norte fue desastroso, pues tormentas fuera de temporada desviaron a muchos de los barcos o los arrojaron contra acantilados, donde los sobrevivientes eran capturados y muchos de ellos ejecutados sumariamente. El 21 de septiembre, el barco de Medina Sidonia atracó derrotado en el puerto de Santander.

Sólo otras 67 naves, poco más de la mitad de la Armada Invencible, lograron llegar a puertos españoles. Desde hacía algún tiempo era evidente que España estaba perdiendo su batalla contra las fuerzas del protestantismo internacional. El primer aviso, y el más abrumador, lo dio la derrota, en 1588, de la Armada Invencible.

Felipe II siempre afrontó las adversidades con  dignidad , firmeza y con su exasperante imperturbabilidad, pero estas malas nuevas,  le afectaron profundamente. En otoño de 1588 estuvo muy enfermo. En opinión de los observadores diplomáticos venecianos, los más sagaces, la enfermedad fue agravada por la ansiedad y los disgustos. El nuevo nuncio de Su Santidad opinó que el rey tenía los ojos enrojecidos, no sólo a causa del estudio, sino del llanto, aunque si el rey lloró nadie había sido testigo de ello. Su tez adquirió una extraña palidez en su rostro comenzaron a formarse bolsas, a la vez que su barba encaneció absolutamente.

Para España, esta derrota significó el final de un mito, el dominio de Inglaterra, y  el comienzo de un poder naval con un brillo único en los siglos futuros.

ALGO MAS…
La Armada invencible

Felipe II, rey de España, decidió que los ingleses fueran castigados y preparó una enorme flota de 130 barcos, llamada la Armada Invencible, para atacar a Inglaterra. La guerra marítima estaba a cargo de soldados, no de marineros.

Los barcos de flotillas opuestas se acercaban uno al otro y arrojaban largos cables con ganchos de hierro a la cubierta del enemigo. Los ganchos sujetaban los barcos mientras se colocaban planchas de madera para que los soldados pudieran correr por ellas y cruzarse hasta la cubierta enemiga, donde se libraba la batalla.

Los veinte galeones que constituían la fuerza principal de la Armada habían sido construidos para esta clase de guerra marítima. Tenían popas y amuras muy altas y lados que sobrepasaban el metro y medio de espesor. Su tripulación era el triple en soldados y marineros que las de otros barcos.

Cuando la Armada llegó al Canal de la Mancha, los españoles comprobaron que superaban en número a los pequeños barcos ingleses y estaban seguros de ganar la batalla sin la menor preocupación. Se equivocaron. En las décadas de 1570 y 1580, los grandes marinos ingleses como John Hawkins habían construido nuevos modelos de barcos para luchar en el mar. Tenían una amura mucho más baja y una popa que les permitía marchar a mayor velocidad, aparte de ser más livianos y fáciles de maniobrar.

En lugar de llevar gran cantidad de soldados, los nuevos galeones de Hawkins estaban armados con dos filas de pequeños pero poderosos cañones.

Estos cañones causaron un daño terrible a los pesados galeones de la Armada. Cada barco español tenía unos 52 cañones y podía arrojar una bala de 23 kilos a unos 400 metros. Pero no eran muy precisos y a menudo erraban el blanco. Los cañones ingleses, por otra parte, podían tirar balas de 4 kilos hasta más de 800 metros, a una tremenda velocidad, y eran mucho más precisos. Lo cual significó que los ingleses pudieron llegar con sus balas a los barcos españoles estando fuera del alcance de los cañones españoles. Más aún, podían desplazarse rápidamente y poner en funcionamiento sus cañones desde distintas posiciones.

Tales fueron los barcos y los métodos con los que Hawkins, Drake y la flota inglesa derrotaron a la Armada Invencible. Sólo 67 barcos españoles pudieron regresar a su patria, y la mitad quedaron en tan malas condiciones que jamás volvieron a navegar. Pero los españoles aprendieron una importante lección con este desastre: que el poder marítimo no significaba contar con los barcos más grandes sino con los más veloces, los más fácilmente manejables y los que estaban mejor armados.

Batalla Trafalgar

Batalla Waterloo