Biografía Isabel de Castilla

Biografía de Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra Resumen Gobierno

VIDA Y GOBIERNO DE JACOBO I ESTUARDO REY DE INGLATERRA

ANTECEDENTES: A su muerte, en 1603, Isabel dejaba a Inglaterra próspera y en paz. El país había escapado milagrosamente a la guerra civil, a la guerra religiosa que devastaba tantos países del continente, y, en particular, Francia. Entre los católicos romanos y los protestantes puritanos, la reina había sabido imponer una solución intermedia: el anglicanismo. Este se parecía al protestantismo en la doctrina, y se mantenía católico conservando la jerarquía y el fasto de sus ceremonias.

Y sobre todo, el soberano, como jefe de la Iglesia, había podido colocar el ideal patriótico por encima del religioso. Ciertamente, todo esto no se había producido sin desgarrones, sin conspiraciones procedentes de diversas facciones. Pero esto afectaba solamente a pequeñas minorías; la gran masa del pueblo encohtraba en la religión anglicana lo suficiente para su sed religiosa y estimaba que el «statu quo» le traería la paz.

Una paz feliz, por lo demás; después de las incursiones de Drake y de Raleigh, después de la victoria de 1588 contra la Armada Invencible, los navios ingleses podían surcar los mares: el poderío comercial inglés se halla en lo sucesivo bien establecido, proporcionando a Inglaterra la prosperidad comercial e industrial.

Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra joven

Jacobo I Estuardo Rey de Inglaterra (1566-1625) Reinó desde 1603-1625

La dinastía de los Estuardo, restablecida a la muerte de Isabel en el trono de Inglaterra, no va a durar más que
de 1603 a 1688. Su voluntad absolutista y la limitación del poder ejercida sobre el Parlamento suscitarán en este  período  dos  acontecimientos dramáticos.

Inglaterra y el surgimiento de la monarquía constitucional
Uno de los más prominentes ejemplos de resistencia a la monarquía absoluta se dio en la Inglaterra del siglo xvn, donde el rey y el Parlamento pelearon para determinar el papel que cada uno debería desempeñar en la conducción de Inglaterra. Pero la lucha en torno a este asunto político se complicó por una profunda y sustancial controversia religiosa. A finales del siglo XVII, con la victoria del Parlamento, sobrevino la fundación de la monarquía constitucional.

JACOBO I ESTUARDO, REY DE INGLATERRA

Jacobo I Estuardo (1566-1625), rey de Inglaterra (1603-1625) y, con el nombre de Jacobo VI, rey de Escocia (1567-1625). Nacido el 19 de junio de 1566 en el castillo de Edimburgo (Escocia), Jacobo fue el único hijo de María I Estuardo y de su segundo esposo, lord Darnley. Cuando María fue obligada a abdicar en 1567, él fue proclamado rey de Escocia.

La muerte de la Reina Virgen sumió, sin embargo, a su pueblo en la aflicción y el temor. Isabel había sabido hacerse amar por su pueblo: se había establecido una especie de acuerdo tácito, sobre la base del respeto de los derechos mutuos.

Su heredero, Jacobo I, era ya rey de Escocia. Cuando se anunció la llegada del nuevo rey, toda Inglaterra se aprestó a recibirlo. Era el hijo de María Estuardo y de Darnley. Pero, si bien su madre era católica, él era calvinista, y, lo que es más, tenía ya la reputación  de un príncipe enamorado de la teología.

Esto tranquilizó a Inglaterra, porque pensó que no tendría que volver a cambiar de religión oficial. Pero el entusiasmo inicial de los ingleses se enfrió bastante rápidamente: el nuevo rey les decepcionó. Admitiendo, incluso, que fuera feo, el hecho de que babease, chocó a los que recordaban el espléndido porte de Enrique VIII o la magnífica prestancia de Isabel. Además, era aficionado a hacer discursos teológicos sin fin, perdiéndose en los meandros de sus propios razonamientos y aburriendo a los que le escuchaban.

En el fondo lo único que pretendía era ocultar una coquetería exagerada: el rey iba cubierto de joyas; Isabel era, efectivamente, un poco viril, pero Jacobo I era un monarca afeminado. Empezando a desconfiar ya sobre la persona del rey, los ingleses no vieron con buenos ojos su primer acto de autoridad.

En el curso del viaje que lo llevaba desde Escocia a Londres, la escolta real descubrió a un ladrón: Jacobo I le hizo ahorcar al instante, sin juicio. Creía poder prevalerse en el derecho de justicia supremo: pero Inglaterra, en el curso de los últimos siglos de su historia, había aprendido a temer la arbitrariedad; un hombre no podía ser condenado sin juicio.

Este acto, aislado, no hubiera sido grave, pero se vio en seguida que Jacobo I no tenía del papel de monarca las mismas ideas que los Tudor, sus predecesores. Omitiendo las lecciones de la historia inglesa, queriendo ignorar la gran carta de 1215, pretendió ser un monarca absoluto. «El rey es la ley», afirmaba.

Estimando que, bendecido por Dios, él era su representate sobre la tierra, y que los ingleses, en consecuencia, no podían considerarse más que como subditos sometidos a su buena voluntad. El conflicto político era, a la larga, inevitable entre el rey y el Parlamento. Al principio, sin embargo, era la situación religiosa la que parecía levantar el mayor número de dificultades.

Sintesís: Con la muerte de la reina Isabel, en 1603, la dinastía Tudor se extinguió y se inauguró la línea gobernante de los Estuardo con la ascensión al trono del primo de Isabel: el rey Jacobo VI de Escocia (hijo de María, reina de los escoceses), quien se convirtió en Jacobo I de Inglaterra (1603-1625). Aunque acostumbrado al poder real como rey de Escocia, Jacobo no entendía nada de las leyes, instituciones y costumbres de los ingleses. Abrazó la doctrina del derecho divino de los reyes, la creencia de que los reyes recibían su potestad directamente de Dios y que, por tanto, eran responsables sólo ante Él. Este punto de vista enajenó al Parlamento, el cual se había desarrollado acostumbrándose, bajo los Tudor, a actuar bajo la premisa de que el Parlamento y la monarquía gobernaban en conjunto a Inglaterra como una “forma de gobierno equilibrada”.  El Parlamento expresó su desacuerdo con los reclamos de Jacobo rechazando sus demandas de dinero extra que el rey necesitaba para satisfacer los crecientes cortos gubernamentales. El poder del Parlamento sobre el tesoro resulté ser su carta de triunfo en sus relaciones con el rey.

EL COMPLOT DE LA PÓLVORA:

«Antes de que hubiera un Estado, había reyes de donde se deduce que son los reyes los que han hecho las leyes y no las leyes las que han hecho a los reyes… El rey obtiene su derecho de Dios y a nadie más que a Dios tiene que rendir cuentas…» Esta teoría absolutista provoca descontentos. En 1605 es descubierta la «Conjuración de la Pólvora».

Sin duda alguna, Inglaterra era anglicana en su inmensa mayoría, pero los católicos representaban todavía una fuerte minoría; las guerras que, en el continente, enfrentaban a reyes católicos y príncipes protestantes, permitían mantener esperanzas. Desde el comienzo del reinado de Jacobo, un cierto número de conjurados, dirigidos por Guido Fawkes, se propuso eliminar de un solo golpe al rey y a todas las personalidades protestantes del país.

En 1605, los conjurados lograron alquilar una cueva situada exactamente bajo el palacio donde debía celebrarse la sesión inaugural del Parlamento, y la llenaron de explosivos. Pero fue preciso poner al corriente a todos los que debían intervenir en el atentado para dar un golpe de Estado, aprovechando el vacío político y la perturbación que no dejaría de producirse. Las denuncias permitieron detener, «in extremis», a Guido Fawkes.

El fracaso de la «conjuración de la pólvora», arruinó la causa católica: en lo sucesivo no se consideró a los «papistas» más que como peligrosos terroristas que serían vivamente perseguidos. Jacobo I estaba, pues, salvado de la amenaza católica. Pero, entre los protestantes, eran numerosos los que no se hallaban conformes con la autoridad del rey sobre la Iglesia. También reprochaban a la iglesia anglicana su fasto y el carácter ostentoso de su culto.

Para ellos, la pobreza, la sencillez de costumbres y de vida constituían la piedra angular de la religión cristiana. Estos «puritanos» tenían horror a la sensualidad, a la alegría, a todo lo que pudiera haber de cálido en la religión. Tristes y austeros, estos hombres reivindicaban para sus fieles el derecho de ser liberados de toda tutela que no fuera la de su Dios, su Fe y su Biblia. Pero Jacobo I conocía a esos «demócratas» de la religión; su madre había tenido que sufrir durante mucho tiempo los sermones y después las amenazas de Juan Knox; él mismo había soportado muy mal, en Escocia, la presión de los grupos presbiterianos.

No admitía despojarse de la extraordinaria fuerza que le daba la dirección de la Iglesia oficial. La lucha, pues, era inevitable entre Jacobo, representante de la autoridad, y los puritanos, apóstoles de las libertades. Numerosos puritanos prefirieron buscar un país que conviniera mejor a su fe. En 1620, un centenar de ellos se embarcaron a bordo del navio llamado «Mayflower», y desembarcaron en América del Norte, donde esperaban fundar un país de hombres libres, decididos a seguir el camino de Dios. Este puñado de hombres, junto con los colonos de Virginia, fueron la primera semilla de lo que sería el pueblo de los Estados Unidos.

JACOBO I Y EL PARLAMENTO
Las dificultades de Jacobo I serían provocadas por un debate político. Bajo Enrique VIII e Isabel, el Parlamento de Londres había recibido las mayores muestras de respeto de parte de los soberanos, que se esforzaban en gobernar con el apoyo de los representantes del pueblo inglés. En Londres el Parlamento, en su gran mayoría, estaba compuesto de burgueses comerciantes y pequeños propietarios rurales. Celosos de sus prerrogativas, estimaban que el rey no podía manifestar ninguna pretensión al absolutismo.

Le reconocían el derecho de criticar abiertamente todos los actos de la administración real, y desaprobaban cada vez mi, al rey Jacobo I había querido rodearse de una corte suntuosa. «Todos los reyes tiran el dinero por la ventana el día de su coro nación; éste es el primero que lo tira todos los días», escribió un contemporáneo.

En efecto, sus. gastos particulares costaban dos veces más que los de Isabel. Para comprar joyas empleaba tanto como para su marina de guerra. Gastaba en total 600.000 libras por año, mientras que sus rentas no sobrepasaban las 400.000 libras. Ante la falta de dinero, los monarcas pueden siempre utilizar el medio supremo: el impuesto. Pero sus relaciones con el Parlamento eran lo bastante malas como para que éste no aceptara votar esos impuestos. Entonces, ¿había que obligarlo?

El ejército del rey era débil para enfrentarse con las milicias burguesas y un levantamiento de la pequeña nobleza. No le quedaba más solución que dar bienes del Estado, praderas o bosques y atribuirse monopolios. El Parlamento reclamó, pero no fue convocado. El rey era cada vez más sensible a los consejos de los ministros aduladores. Uno de ellos hizo una carrera sorprendente: Jorge Villiers.

EL DUQUE DE BUCKINGHAM
Jorge Villiers se convirtió, a los veintidós años, en primer ministro. Era pobre, pero de buena figura. El rey le hizo duque de Buckingham y su íntimo favorito. Sin ser inteligente, el duque de Buckingham era de una vanidad tal que cometió muchas imprudencias y colocó a Jacobo en las peores situaciones.

La Hacienda real era muy pobre para que el rey pudiera pensar en una guerra. Pero el pueblo inglés se apasionaba por la valerosa lucha que mantenían los protestantes alemanes contra los católicos. Uno de ellos, el Elector Palatino, que era yerno del rey de Inglaterra, solicitó la ayuda inglesa. Pero la flota británica, descuidada, no era la de los tiempos de Isabel y Drake. No se podía concebir una intervención en favor de los alemanes si el Parlamento no concedía créditos. En 1621, Jacobo se vio, pues, obligado a convocarlo de nuevo. Sabiéndose indispensables, los parlamentarios exigieron, a cambio de su ayuda, que el rey aceptara reformas y consejos.

El rey rehusó toda idea de reforma y se encontró sin dinero. Pero parecía ofrecérsele otra solución más brillante: su hijo, el príncipe Carlos, era joven y bien parecido. ¿Por qué no casarlo con una hija del muy rico rey de España? Así se podrían matar dos pájaros de un tiro: enriquecerse y obtener una paz ventajosa para el Elector Palatino y los príncipes alemanes. Carlos y Buckingham partieron paea España en 1623. Pero en seguida, los ingleses consiguieron hacerse detestables, ultrajando a los españoles con sus malos modos.

Un noble del séquito llegó a abofetear a un sacerdote español. La infanta se negó a casarse con Carlos si éste no se convertía al catolicismo. Por su parte, Jacobo I se sentía «como una viuda» lejos de Buckingham. Se creyó entonces que era Buckingham quien había provocado la ruptura. Con gran asombro del propio duque, los ingleses, que habían temido una alianza española favorable al partido católico, lo acogieron como a un héroe. Esto bastó para hacer de este vanidoso un antiespañol ardiente.

Resumiendo podemos deicr que Jacobo trató en vano de lograr la paz religiosa en Europa, acordando el matrimonio de su hija Isabel con el elector del Palatinado, Federico V, líder de los protestantes alemanes. También trató de poner fin al conflicto con España, principal potencia católica, concertando el matrimonio de su hijo Carlos con la hija del rey Felipe IV de España. Tras ser rechazado, firmó una alianza con Francia y declaró la guerra a España, atizando así el fuego que había tratado de apagar.

Jacobo I murió el 27 de marzo de 1625 y heredó el trono su hijo, Carlos I.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII  La Gran Aventura del Hombre

Historia de Mujeres Famosas y Desgraciadas Vida de Miserias y Penurias

MUJERES FAMOSAS POR SUS DURAS VIDAS

mujeres sacrificadas y famosas

1-Sharbat Gula es una mujer afgana de la etnia pashtún quien se vio obligada a huir de Afganistán rumbo a Pakistán hacia un campo de refugiados donde fue fotografiada por un fotógrafo de la National Geographic llamado Steve McCurry. La imagen se hizo famosa cuando fue publicada en la portada de la edición de junio de 1985 de la revista.Leer Mas…

2- Phan Thi Kim Phuc nació en 1963 en vietnam. un bombardeo con napalm de la aldea de Kim el cual fue llevado a cabo por sudvietnamitas.  Kim, de nueve años de edad, escapó de la pagoda en la que se había ocultado junto con su familia.  Kim fue fotografiada mientras corría por la carretera gritando a causa de las quemaduras en su piel. Nick Ut, el fotógrafo de la agencia Associated Press, que estaba allí cubriendo el ataque, tomó la fotografía de la joven Kim. Conmovido por su dolor, la llevó a toda prisa a un hospital.Leer Mas…

3- Se llama Qian Hogyan, tiene ocho años y su imagen en 2005 arrastrándose sobre un balón, su único medio de desplazamiento desde que un accidente de coche segara sus dos piernas, estremeció al mundo y le valió el sobrenombre de Basketball girl (La chica del balón de baloncesto, en español). Leer Mas…

4-Amina Lawal Kurami (nacida en 1973) es una mujer nigeriana. En marzo de 2002, un tribunal de la Sharia islámica en Funtua (estado de Katsina, norte de Nigeria) la sentenció a muerte por lapidación por adulterio, por concebir un hijo fuera del matrimonio. El padre del niño no fue procesado por falta de pruebas. Su condena fue anulada y volvió a casarse. Leer Mas…

5-La Chica de Qatif: fue en el año 2006 cuando se encontró con un ex novio de los  16 años para que le devolviera unas fotos, ya que acababa de contraer matrimonio y no quería tener problemas con su flamante pareja. Mientras estaba en el auto, fue atacada por unos desconocidos, que le robaron y la violaron en un descampado. ella fue condenada a 200 latigazos. Leer Mas…

MUJERES:
CORTAS Y DURAS HISTORIAS

1983, Lima: Támara vuela dos veces
Támara Arze, que desapareció al año y medio de edad, no fue a parar a manos militares. Está en un pueblo suburbano, en casa de la buena gente que la recogió cuando quedó tirada por ahí. A pedido de la madre, las Abuelas de Plaza de Mayo emprendieron la búsqueda. Contaban con unas pocas pistas. Al cabo de un largo y complicado rastreo, la han encontrado.

Cada mañana, Támara vende querosén en un carro tirado por un caballo, pero no se queja de su suerte; y al principio no quiere ni oír hablar de su madre verdadera. Muy de a poco las abuelas le van explicando que ella es hija de Rosa, una obrera boliviana que jamás la abandonó. Que una noche su madre fue capturada a la salida de la fábrica, en Buenos Aires…

Rosa fue torturada, bajo control de un médico que mandaba parar, y violada, y fusilada con balas de fogueo. Pasó ocho años presa, sin proceso ni explicaciones, hasta que el año pasado la expulsaron de la Argentina. Ahora, en el aeropuerto de Lima, espera. Por encima de los Andes, su hija Támara viene volando hacia ella.

Támara viaja acompañada por dos de las abuelas que la encontraron. Devora todo lo que le sirven en el avión, sin dejar una miga de pan ni un grano de azúcar.
En Lima, Rosa y Támara se descubren. Se miran al espejo, juntas, y son idénticas: los mismos ojos, la misma boca, los mismos lunares en los mismos lugares.

Cuando llega la noche, Rosa baña a su hija. Al acostarla, le siente un olor lechoso, dulzón; y vuelve a bañarla. Y otra vez. Y por más jabón que le mete, no hay manera de quitarle ese olor. Es un olor raro… Y de pronto, Rosa recuerda. Éste es el olor de los bebitos cuando acaban de mamar: Támara tiene diez años y esta noche huele a recién nacida.

1976, en una cárcel del Uruguay: Pájaros prohibidos
Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.

Didaskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.

Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos, y el dibujo pasa. Didaskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

—¿Son naranjas? ¿Qué frutas son? La niña lo hace callar:
—Ssshhhh.

Y en secreto le explica:
—Bobo. ¿No ves que son ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.

1978, La Paz: Cinco mujeres
El enemigo principal, ¿cuál es? ¿La dictadura militar? ¿La burguesía boliviana? ¿El imperialismo? No, compañeros. Yo quiero decirles estito: nuestro enemigo principal es el miedo. Lo tenemos adentro.

Estito dijo Domitila en la mina de estaño de Cata-vi y entonces se vino a la capital con otras cuatro mujeres y una veintena de hijos. En Navidad empezaron la huelga de hambre. Nadie creyó en ellas. A más de uno le pareció un buen chiste:

—Así que cinco mujeres van a voltear la dictadura.
El sacerdote Luis Espinal es el primero en sumarse. Al rato ya son mil quinientos los que hambrean en toda Bolivia. Las cinco mujeres, acostumbradas al hambre desde que nacieron, llaman al agua pollo o pavo y chuleta a la sal, y la risa las alimenta.

Se multiplican mientras tanto los huelguistas de hambre, tres mil, diez mil, hasta que son incontables los bolivianos que dejan de comer y dejan de trabajar y veintitrés días después del comienzo de la huelga de hambre el pueblo invade las calles y ya no hay manera de parar esto.
Las cinco mujeres han volteado la dictadura militar.

1979, Granada: Las comandantes
A la espalda, un abismo. Por delante y a los costados, el pueblo armado acometiendo. El cuartel La Pólvora, en la ciudad de Granada, último reducto de la dictadura, está al caer.

Cuando el coronel se entera de la fuga de Somoza, manda callar las ametralladoras. Los sandinistas también dejan de disparar.
Al rato se abre el portón de hierro del cuartel y aparece el coronel agitando un trapo blanco.
—¡No disparen!
‘El coronel atraviesa la calle.
—Quiero hablar con el comandante. Cae el pañuelo que cubre la cara:
—La comandante soy yo —dice Mónica Baltodano, una de las mujeres sandinistas con mando de tropa.
—¿Que qué?
Por boca del coronel, macho altivo, habla la institución militar, vencida pero digna, hombría del pantalón, honor del uniforme.
—¡Yo no me mido ante una mujer! —ruge el coronel. Y se rinde.

1980, Uspantán: Rigoberta
Ella es una india maya-quiché, nacida en la aldea de Chimel, que recoge café y corta algodón en las plantaciones de la costa desde que aprendió a caminar. En los algodonales vio caer a dos de sus hermanos, Nicolás y Felipe, los más chiquitos, y a su mejor amiga, todavía a medio crecer, todos sucesivamente fulminados por los pesticidas.

El año pasado, en la aldea de Chajul, Rigoberta Menchú vio cómo el ejército quemaba vivo a su hermano Patrocinio. Poco después, en la embajada de España, también su padre fue quemado vivo junto con otros representantes de las comunidades indias. Ahora, en Uspantán, los soldados han liquidado a su madre muy de a poco, cortándola en pedacitos, después de haberla vestido con ropas de guerrillero.

De la comunidad de Chimel, donde Rigoberta nació, no queda nadie vivo.

A Rigoberta, que es cristiana, le habían enseñado que el verdadero cristiano perdona a sus perseguidores y reza por el alma de sus verdugos. Cuando le golpean una mejilla, le habían enseñado, el verdadero cristiano ofrece la otra.
—Yo y a no tengo mejilla que ofrecer —comprueba Rigoberta.

Fuente Consultada: Mujeres Eduardo Galeano

LA MUJER EN LA HISTORIA

Ver: Vidas Sufridas

Cambios Sociales de las Mujeres Siglo XX Poderosas Mujeres del Mundo

Cambios Sociales de las Mujeres Siglo XX

Éstas mujeres no solo tienen poder político sino presencia en los medios de comunicación, influencia en los negocios  y participación en organismos civiles, además de fortunas personales. Aquí los 10 primeros lugares.

EL NUEVO ROL DE LA MUJER EN EL SIGLO XX:

Se estima que las madres necesitan tener un promedio de 2.1 hijos para asegurar el reemplazo natural de la población de un país. En muchos países europeos, el crecimiento de la población se detuvo en la década de 1960, y la tendencia se mantiene desde esa época. En los años 1990, las tasas de fertilidad disminuyeron drásticamente. Entre las naciones de la Comunidad Europea, el número promedio de niños por madre llegó a 1.4; la tasa de Italia, de 1.2, fue la más baja del mundo en 1997.

Al mismo tiempo, el creciente número de mujeres trabajadoras continuó en aumento. En Gran Bretaña, por ejemplo, las mujeres constituyeron 44 por ciento de la fuerza laboral en 1990, superando el 32 por ciento de 1970. Más aún, las mujeres fueron conquistando mejores fuentes de empleo. Un mayor acceso a las universidades y escuelas profesionales les permitió desempeñarse en áreas como la jurisprudencia, medicina, gobierno, negocios y educación.

En la Unión Soviética, 70 por ciento de la fuerza laboral en las áreas de medicina y docencia eran mujeres. Sin embargo, la inequidad económica seguía prevaleciendo: percibían salarios menores que los hombres por trabajos similares y hallaban menos oportunidades para avanzar a posiciones gerenciales.

Como consecuencia de los cambios producidos por la Revolución Industrial a lo largo del siglo XIX, las mujeres irrumpieron como trabajadoras asalariadas en la industria y en los servicios. La ruptura de la vieja familia agraria, en la que cada uno tenía su ocupación en la unidad económica familiar, dio origen a una nueva escena familiar de la clase trabajadora en la que el salario de la mujer -y el de los niños- era indispensable para el sustento familiar. Pero a partir de mediados del siglo XX esta situación se generalizó, ya no sólo entre los trabajadores, sino entre las clases medias y altas, y especialmente entre las mujeres casadas de estos grupos, que con anterioridad se limitaban al trabajo doméstico y al cuidado de los hijos.

El masivo acceso de las mujeres a la enseñanza superior que se produjo tras la Segunda Guerra Mundial permitió, poco a poco, la ocupación de cargos de responsabilidad que esta formación posibilitaba. En la actualidad, chicos y chicas acceden por igual a los estudios en el mundo desarrollado.

La combinación de independencia económica y acceso a la formación superior dio extraordinaria relevancia y auge a los movimientos feministas en tomo a los años 60. Desde la Revolución Francesa, y a lo largo del siglo XIX, sobre todo con el sufragismo, las mujeres habían reivindicado su derecho a gozar en pie de igualdad con los hombres de todos los derechos políticos, sociales y económicos. La gran diferencia fue la amplitud que alcanzó en esta época una nueva conciencia del feminismo y del papel de la mujer. Se produjo un cambio revolucionario respecto a lo que esperan las mujeres de sí mismas y lo que el mundo espera de ellas en cuanto a su lugar en la sociedad.

El derecho a gozar de su sexualidad, a elegir tener o no tener hijos, a divorciarse, a permanecer soltera, a compartir las tareas domésticas, a rebelarse contra el mal trato, a optar a todos los puestos de trabajo o de decisión política, se convirtieron en demandas cada vez más generalizadas entre las poblaciones femeninas del mundo occidental.

Aunque algunas de estas aspiraciones -lo que esperaban las mujeres de sí mismas- fueron al principio planteamientos de las mujeres de clase media o alta, con el tiempo se generalizaron a todos los sectores sociales y acabaron siendo también asumidas por los medios de opinión y por los poderes públicos. Si en nuestros días no son todavía una realidad, sin duda son ya una fuerte aspiración.

Mientras, en el Tercer Mundo, las cosas eran relativamente diferentes. Para la inmensa mayoría de las mujeres pobres las cosas habían cambiado poco. La sumisión al padre o al marido, la reducción al ámbito de lo doméstico y el trabajo como una necesidad de supervivencia y no como una forma de emancipación, continuaban siendo generales. Ahora bien, también se han producido cambios.

En primer lugar, en todos los países, con escasas excepciones (fuerte integrismo islámico), una minoría de mujeres de la clase alta, educadas y acomodadas, han accedido a la vida pública y ha sido significativamente relevante el número de jefes de Estado femeninos en estos países (India, Pakistán, Sri Lanka, Filipinas, Nicaragua, Argentina…), aunque casi siempre como hijas o viudas de hombres famosos.

Por otro lado, en aquellos países en los que se desarrollaron regímenes de tipo socialista (Argelia, Cuba, Afganistán, Vietnam…), las mujeres conquistaron muchos derechos (acceso a la enseñanza, al mundo laboral, a la actividad política, etc.), aunque en la actualidad parte de estos avances se han eliminado con la caída de estos sistemas. Por último, aquellos países que han tenido procesos de occidentalización presentan situaciones de mayor libertad de las mujeres y mayores conquistas feministas, mientras los más tradicionales o cerrados presentan todavía, incluso en las clases altas, una profunda subordinación de la mujer al hombre.

El movimiento feminista de los años 60: La psicóloga norteamericana Betty Friedan publicó La mística de la feminidad en 1963 una obra en la que se describía «el problema sin nombre», la insatisfacción de millones de mujeres americanas recluidas en su hogar y forzadas al papel de ama de casa, esposa y madre feliz. Sus tesis dieron origen a un amplio movimiento feminista, que reivindicó el derecho de las mujeres a la realización personal mediante un trabajo propio y la prohibición de cualquier discriminación por razón de sexo.

Además, exigió la igualdad de oportunidades, cambios en la legislación sobre matrimonio, divorcio, malos tratos o violación, así como el derecho a expresar su propia sexualidad y a elegir su estilo ce vida, incluyendo cuestiones como el aborto, la homosexualidad o la libertad de relaciones sexuales.

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel
Actual Historia del Mundo Contemporáneo García-Gatell

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Muchos estudiosos coinciden en que la humanidad vivió una etapa inicial de matriarcado, donde se rendía culto a la Diosa Blanca, a la Madre Tierra y otras deidades que reflejaban la relación existente con la naturaleza. Ella traía el rayo, las inundaciones y los animales feroces; pero, si se sabía honrarla, compensaba generosamente con otros dones. Y el más importante era la propia continuidad del ser humano… Todavía no se conocía el papel del hombre en la concepción, que solía atribuirse al viento o a los ríos; y la mujer era respetada como emblema de esa fertilidad misteriosa. Rosa Montero propone en Historias de Mujeres: «Tal vez no fuera una etapa de matriarcado, sino simplemente de igualdad social entre los sexos, con dominios específicos para unas y otros. La mujer paría, y esa asombrosa capacidad debió de hacerla muy poderosa.»

En cualquier caso, esa relación de fuerzas concluyó. Aunque no de forma tajante y uniforme, y no sin que muchísimas mujeres dieran batalla, desde el principio de su sojuzgamiento histórico hasta hoy. La cosmografía judeo-cristiana está llena de hembras molestas y respondonas que fueron convenientemente castigadas. Según las tradiciones judías, Adán tuvo una primera mujer llamada Lilith.

Ésta se mostraba desobediente con su amo y señor, y pretendía estar en pie de igualdad con él, lo cual hizo perder la paciencia a Jehová, que la transformó en una demonio devoradora de sus propios hijos. En La Biblia, Eva no se queda atrás: provoca la caída en desgracia de la incipiente humanidad por morder el fruto prohibido de la sabiduría; éste luego se asociaría con el sexo, y esta relación entre sabiduría y capacidad de disfrutar libremente del cuerpo no suena peregrina… Más tarde, las mujeres siguen dando problemas: vean por ejemplo a la esposa de Lot, que desobedece la orden de no mirar hacia atrás al abandonar Sodoma, próxima a ser destruida por los ángeles, y por ese acto es convertida en estatua de sal.

Si vamos a La Riada, vemos que la expedición de los aqueos contra las lejanas murallas de Troya no es motivada por la religión, ni por un afán expansionista, sino por el rapto de una mujer. Diez años de cruentas batallas en nombre de Helena. Otros rostros femeninos fuertes impulsan el relato, como Briseida, favorita de Aquiles; Hécuba, madre de los vencidos; la altiva Casandra, Andrómana despidiendo a su esposo Héctor en uno de los momentos más conmovedores del poema, Penélope tejiendo y destejiendo… Víctimas y excusas de la guerra, ellas toman una postura a veces desafiante, otras resignada, pero siempre digna frente a su destino. Las diosas también intervienen activamente: la decisión de Zeus a favor de los troyanos sucumbe ante la terca desobediencia de su esposa Hera y su hija Atenea, simpatizantes de sus adversarios, que no hacen ningún caso de las tronantes amenazas del dios.

Hasta nosotros han llegado los nombres de tantas que, a lo largo de la historia humana, han brillado y siguen brillando con luz propia. Muchas veces, en lo que conocemos de sus vidas, la leyenda se entremezcla con los hechos verdaderos y es imposible separar una de otros. Pero Jean Cocteau decía preferir el mito a la historia, porque la historia está hecha de verdades que terminan convirtiéndose en mentiras, mientras que el mito está hecho de ficciones que a la larga se revelan verdaderas.

Pasó la Antigüedad, con su contradictoria valoración de la mujer; la Edad Media, donde tantas fueron quemadas y otras convertidas en esclavas, en relación muy superior a los hombres; pasó la Revolución Francesa, con sus ideales igualitarios que aún siguen pendientes; la incorporación masiva al mundo del trabajo en la Revolución Industrial…

También el siglo XX pasó, con todo tipo de acontecimientos movidos, entre ellos, las grandes conquistas femeninas, y el «sexo débil» sigue ganando territorio, a tal punto que ya nadie lo llama así. ¿Qué mejor momento para volver la vista hacia algunas mujeres que escaparon al molde en todas las épocas, mientras las mujeres legendarias del mañana pelean hoy sus vidas? Damas que buscaron influir en su mundo y en su tiempo, y consiguieron más que eso: siguen siendo referencia obligada del presente.

Y el siglo XX termina con mujeres que trabajan cuando sus maridos están desocupados; con chicas de la calle que son explotadas y prostituidas a los once o doce años; con maestras todavía ayunando, junto a sus compañeros, en la carpa que se ha instalado como un monumento más de la Plaza frente al Congreso; con las abuelas de desaparecidos marcando el equilibrio siempre difícil entre la cólera por el hijo o la hija asesinados, que llama a la venganza, y el principio de que allí donde hubo violencia haya solamente justicia.

Las mujeres enfrentaron las prohibiciones y los límites. Aprendieron a moverse solas por las ciudades, lejos de la vigilancia o la protección de los hombres. Aprendieron a ejercer derechos y a conocer su propio cuerpo. Aprendieron el precio y la responsabilidad de la independencia. Las mujeres son malabaristas: mantienen un equilibrio complicado entre el espacio de la familia, que sostienen, y la vocación pública que eligen. Muchas veces padecen el conflicto de esos dos mundos, dudan ante los dilemas inevitables. Pero se mueven con el deseo de estar a ambos lados de la línea.
Casi todos aceptan hoy que esa línea, entre familia y vida pública, puede cruzarse libremente de ida y vuelta.

En cuanto a su propia intimidad, pretendieron nada más y nada menos que gobernarla ellas; en muchos casos obtuvieron lo que querían con creces, y en otros tuvieron que afrontar terribles consecuencias.

Historia del Sufragio Femenino