Brujas en la Edad Media

Pócimas Secretas de la Brujas Hierbas Usadas Para Los Hechizos

Bebidas Secretas y Mágicas de las Brujas
Hierbas Usadas en los Hechizos

bruja haciendo una bebida magicaSabemos que que desde el origen de los tiempos han existido quienes -mediante una aparente capacidad sobrenatural- manejaron, para mal o para bien, lo que hoy podemos llamar “magia”.

La magia surgió cuando los primeros humanos descubrieron la existencia de fuerzas invisibles a su alrededor. Los hombres fueron conscientes de los efectos de la gravedad, la electricidad y el magnetismo mucho antes de que estas palabras se usaran. Pero también, estos primeros hombres descubrieron más cosas de las que han pasado a formar parte de la ciencia.

Intuían la existencia de ciertas fuerzas que residían dentro de las plantas, los animales y las piedras. Se daban cuenta de que había ciertas “energías” en el interior de sus propios cuerpos, capaces de moverse según sus deseos y necesidades. La magia fue surgiendo a lo largo de siglos de experimentación, errores e inspiración. Evolucionó hasta convertirse en un instrumento de poder pesonal, una herramienta con un potencial fantástico, tanto para producir daño como para brindar ayuda.

Durante siglos, los “profesionales de lo oculto” han usado la magia con distintos objetivos, uno de los cuales fue -y sigue siendo- la curación de enfermedades, tanto físicas como mentales.

Brujería: magia y algo de química
“El poder de la magia brota de la propia tierra, las estrellas, el fuego, el agua y nuestro propio cuerpo”, sostiene un mago contemporáneo. “La puesta en práctica de la magia consiste en despertar y dirigir tales fuerzas”.

La magia de las hierbas es una especialidad que se sirve del “poder” de las plantas. Es el dominio de los inciensos, los ungüentos, las pócimas, los baños y las tinturas.

Hoy sabemos que, además de la magia, la utilización de ciertos vegetales en un aceite o en una pócima, tiene un efecto justificado sobre ciertas dolencias. En otros casos, no existe explicación alguna para resultados fehacientemente comprobados.

Tal es el caso de los ungüentos, usados por brujos y hechiceros para “aniquilar la enfermedad donde quiera que se apliquen”. Básicamente, el vehículo utilizado para sus componentes activos es la grasa animal, aunque lo importante sean las sustancias disueltas en ella, activas por vía cutánea (por ello se prefiere untar en zonas de la piel donde ésta es má fina, con rica irrigación sanguínea).

Así, el llamado “ungüento de las brujas”, usado para provocar un estado de analgesia y sopor, tenía la siguiente receta: grasa humana, hachís, cáñamo, amapola, eléboro y girasol. Al margen de su carga energética, el ungüento era un verdadero cóctel de narcóticos.

Una mezcla muy difundida en el siglo XVII para curar enfermedades “profundas” (no servía sobre heridas abiertas) consistía en agregar a una base de cera de abejas derretida “4 gotas de cedro, 2 de sándalo, 1 de eucalipto y 1 de cinamomo”. Con este ungüento -“cargado” durante su preparación con el deseo de sanar al enfermo- se recobraba, dicen, la salud en no más de una semana.

Para recuperar la capacidad sexual perdida se untaba la”zona afectada” con una mezcla vegetal que, en una base de grasa incorporaba jengibre, eneldo, hierbabuena y vainilla.

La “medicina oculta” hace uso también de aceites que se extienden sobre el cuerpo con el fin de provocar diversas alteraciones mágicas. Así, hechiceras francesas del siglo XVII eliminaban el cansancio extremo con un aceite a base de naranja, lima y cardamomo.

Quemaduras, úlceras y llagas eran curadas mediante la unción con un aceite que contenía partes iguales de escaramujo y agrimonia, dos vegetales que hoy se sabe contienen un principio activo cicatrizante. Para inducir “sueños psíquicos” y acelerar curaciones, aún hoy se usa el “aceite de la luna”, preparado con partes iguales de sándalo y jazmín; efectivo -al parecer- únicamente si se utiliza en plenilunio.

Como se puede ver, la mayoría de los métodos curativos usados en brujería, se basaban en elementos naturales, mayoritariamente vegetales. Esto no es casual, ya que actualmente no se discute el poder curativo de muchas hierbas, a punto tal que ya no es ningún secreto el hecho de que la mayoría de los principios activos de los medicamentos provenga de los vegetales.

brujas hechizeras trabajando

En la Europa de los siglos XV al XVII la brujería era algo real
y muy cercano a la gente del pueblo entre quienes estaba muy extendido el
uso de plantas con propiedades alucinógenas y todo tipo de pócimas.

Pócimas: entre la vida y la muerte
Aún más difundidas que ungüentos y aceites, se hallan las pócimas. También llamadas pociones o infusiones, pueden ser algo tan simple como un té de hierbas, o tan místico como “la pócima del arco iris”: usado como curativo universal, no es otra cosa que agua de lluvia recogida mientras se ve un arco iris. Mágicas o no, muchas de las bebidas que debían causar el “bien” no han hecho otra cosa que acabar de matar al “paciente”.

Así, en la literatura medieval se habla de complejas fórmulas que incluyen desde trozos de seres vivos -como el hombre- hasta hierbas de efecto letal comprobado, como la cicuta.

Las brujas italianas combatían el cáncer dándole al enfermo un té de raíz de jacinto, tres veces por día durante tres meses. Asimismo, una mezcla de tomillo, menta, pepermint, romero y perejil, era la bebida con que los brujos calmaban una crisis nerviosa. La “pócima curativa de Isis” es un brebaje de origen egipcio con romero, tomillo, salvia y cinamomo (todas hierbas) que acababa en el acto con todo problema digestivo.

El tema de la fertilidad también fue abordado por el ocultismo. Desde hace siglos son conocidas las pociones en base a pétalos de rosas rojas, para lograr vencer el problema de la esterilidad. Actualmente la ciencia aún no encuentra explicación a recientes casos de embarazos inducidos por la ingestión de mezclas vegetales (ver recuadro).

La hechicería casi contemporanea ofrece una solución a los problemas cardíacos dándole al enfermo el “vino del corazón”, en donde dos tazas de vino rojo se mezclan con cinamomo, jengibre y vainilla.

Al margen de las cuestiones mágicas, no son pocos los conceptos de farmacología actual que han surgido de este no pocas veces cruel método de “prueba y error”, en el que -la mayoría de las veces por intuición- se usaron sustancias que luego han demostrado poseer bases químicas para actuar sobre determinadas afecciones.

Así, una planta como la belladona, que abunda en bosques de hayas y robles, es un ingrediente casi obligado de cientos de pócimas y ungüentos. Hoy se sabe que esta planta contiene en su raíz, tallo, hojas y frutos varios alcaloides, como la L-hiosciamina, atropina y escopolamina. Estas sustancias poseen, según la dosis usada, un marcado efecto sobre el sistema nervioso, que puede pasar de una profunda relajación hasta una fatal parálisis.

En la India existen muchas plantas que son utilizadas hace milenios en curaciones mágicas. Durante siglos se usó una poción mágica que tanto servía de purga como antídoto contra el veneno de víboras. Hoy sabemos que esa milenaria poción hindú se hacía con una planta llamada Rauwolfia, una especie venenosa que empezó a usarse hace pocos años en Europa como tranquilizante.

Una bebida ritual de Nueva Guinea, es ofrecida por sus brujos como un “ahuyenta-tristezas”. Se hace en base a una planta, el kava-kava, con un componente activo que excita el sistema nervioso central y es usado en medicina como un eficaz antidepresivo.

La lista de curaciones realizadas a través de la historia por magos, brujos y hechiceros no tiene fin, y rastrear su efectividad es una tarea compleja. Pero una cosa es cierta: muchos de los hechos que hoy nos sorprenden por su magia podrán ser explicados por la ciencia del futuro; así como hoy sabemos que una planta del medioevo podía calmar el dolor no por el poder del brujo que la usara, sino porque ese vegetal contenía una sustancia que hoy la “brujería moderna” ha puesto en los estantes de una farmacia.

  • Durante milenios, magos, brujos y hechiceros realizaron curas mágicas utllzando pociones, ungüentos, aceites, etc. Muchas de estas curas pueden ser hoy explicadas por la ciencia.
  • La mayoría de los componentes de las sustancias usadas en los actos de curación eran de origen vegetal.
  • Muchas de las mezclas usadas tenían un efecto fuertemente narcótico; y era común el uso del hachís y la amapola.
  • Según los magos, el verdadero efecto de una pócima se debe a la energía transmitida al combinar los ingredientes, gueasí son “activados”.
  • El uso frecuente de plantas de elevada toxicidad como la belladona y la cicuta, fue causa frecuente de muerte en los rituales curativos del siglo XIV.
  • Hoy se sabe que la efectividad de muchos de los tratamientos mágicos de ciertas afecciones se deben a principios químicos activos, presentes en las hierbas utiIzadas por los hechiceros.

Ver: Brujas en la Edad Media

Fuente Consulatada:
Nota de la Revista Enciclopedia Popular  N°12 Año 1 Las Pócimas Secretas de las Brujas

Enrique IV de Inglaterra Monarquia Lancaster Resumen

Gobernaba entonces Inglaterra, Ricardo II, el sucesor de Eduardo III, que pretendía imponer su poder absoluto con eran despliegue. Se había rodeado de una guardia personal de diez mil galeses, y trataba de reducir la influencia del Parlamento. Su reinado acabó violentamente. Enrique de Lancaster, nieto de Eduardo III, lo obligó a abdicar. El rey usurpador necesitó afirmarse en el trono; como la nobleza se le oponía, buscó apoyo en la clase burguesa, la cual exigió que la Cámara de los Comunes interviniera en forma más decisiva en el gobierno. Ya que Francia apoyaba a sus enemigos tuvo que reanudar la guerra.

ENRIQUE LANCASTER DE INGLATERRA: ENRIQUE IV

Enrique   de   Lancaster,   compañero   de juegos de Ricardo, era en todo un hombre distinto. Político frío y cínico, será el adversario de todas las causas defendidas por su primo, como la paz de Francia y la disminución del poder parlamentario. Ricardo, que regresó precipitadamente de Irlanda, se encontró terriblemente aislado. Previendo su pérdida, quiso negociar. Con la promesa de indultar a los rebeldes y convocar el Parlamento, él creyó que recobraba la suerte; pero, una vez en Londres, fue encerrado en la Torre y retenido como prisionero.

Ante el Parlamento, Enrique esbozó un negro cuadro del mal gobierno del rey. Reivindicó para él la corona, siéndole reconocida por la asamblea en octubre de 1399. Después de esto, apoyándose en una vieja tradición, pretendió ser el heredero legítimo de Enrique III Plantagenet, haciendo correr la especie de que su hijo mayor había sido apartado del trono porque era jorobado. Por el mismo motivo, se adornó con el título de rey de Francia, al cual le daba derecho un parentesco lejano y dudoso.

Coronacion de Enrique Lancaster

Ricardo II vacila en reanudar la guerra contra Francia; además, se niega a lanzar una represión feroz contra los lollardos. Esta ausencia permanente de decisiones rebaja el prestigio de la dinastía, ha nobleza se rebela y permite al primo del rey, Enrique de Lancaster, usurpar el trono para derribar «la tiranta de Ricardo I». Este momento es el comienzo de largas querellas dinásticas que van a debilitar a Inglaterra durante varios decenios. Ricardo II entrega su corona y su reino al duque de LancasterMiniatura—París, Biblioteca Nacional.

Esperando poder reivindicar la corona francesa por las armas, necesitaba asentar su situación interior, y para eso eran necesarias grandes precauciones; las asambleas parlamentarías y los consejos de barones eran convocados sin cesar, por lo que el gobierno carecía de libertad de acción.

Para satisfacer al clero, introdujo en Inglaterra la persecución religiosa, dirigida contra los herederos de Wiclef. Sin embargo, hasta el fin de su reinado, Enrique IV tendrá que combatir la rebelión de sus subditos; el rey, privado del poder, contaba aún con numerosos partidarios, y su muerte, por inanición, no impediría la rebelión de la familia de los Percy, en el norte, y después la de Essex. Más grave todavía fue, en el año 1400, la sublevación del país de Gales, que no se apagaría hasta nueve años después. Seguidamente, las fuerzas reales iban a agotarse luchando contra Escocia.

Después, cuando el rey, a partrr del año 1408, se siente debilitado por la enfermedad, su heredero, el futuro Enrique V, es quien se impone, aliándose con sus tíos en contra de su padre. Sin embargo, cuando a la muerte de Enrique IV, sube al trono su hijo, se revela como un capitán notable y un hábil administrador, que, gracias a una Inglaterra pacificada, se propone cumplir los designios del primero de los soberanos Lancaster: la conquista de Francia.

Enrique IV de Inglaterra

Enrique IV (de Inglaterra) (1367-1413), rey de Inglaterra (1399-1413), de la Casa deLancaster.Enrique nació en el castillo de Bolingbroke en abril de 1367; hijo de Juan de Gante, duque de Lancaster. Desde 1387 hasta 1390 fue el jefe de la facción que se oponía a su primo el rey Ricardo

De sus subditos ingleses, el rey espera el apoyo necesario para el cumplimiento de sus ambiciones territoriales. Una rebelión fomentada por los últimos partidarios de Ricardo fue sofocada con el advenimiento de Enrique. Después de lo cual, habiendo sublevado a la opinión pública contra los franceses desleales, el rey obtiene amplios subsidios del Parlamento y consigue reunir ejército y flota.

La muerte de Enrique V, en 1422, después de haber llevado a cabo la mayor parte de su programa, iba a volver a hundir al país en los azares de una minoría de edad, comprometiendo para siempre los sueños de hegemonía francesa alimentados por los Plantagenet.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Ricardo II de Inglaterra Biografia Gobierno Resumen

Después de la muerte de Eduardo III Inglaterra comenzó a experimentar la inestabilidad interna de las facciones aristocráticas, semejantes a las que estaban haciendo naufragar a otros países europeos. Los primeros años del reinado del nieto de Eduardo, Ricardo II (1377-1399), comenzaron de manera poco propicia con la revuelta campesina que sólo terminó cuando el rey hizo concesiones.

Eduardo III de Inglaterra

Eduardo III (1312-1377), rey de Inglaterra (1327-1377), iniciador de la larga contienda con Francia denominada guerra de los Cien Años. Nació en Windsor el 13 de noviembre de 1312 y era el hijo mayor del rey Eduardo II, de la Casa de Plantagenet.

El reinado de Ricardo se vio turbado por grupos de nobles que sólo perseguían sus propios intereses. Una facción, encabezada por Enrique de Lancaster, derrotó a las fuerzas del rey y, luego, lo depuso y lo mató. Enrique de Lancaster se convirtió en el rey Enrique IV (1399-1413). En el siglo XV, este conflicto entre facciones condujo a una devastadora guerra civil, conocida como la Guerra de las Rosas.

RICARDO II DE  INGLATERRA

En 1386, el rey Ricardo II era un joven voluntarioso, pero no aparecía todavía en él una idea política muy clara. Mientras que en Francia, en la misma época, los príncipes de sangre real disputaban al rey, demasiado débil, la supremacía del país, en Inglaterra los barones se levantaban frente a un soberano todavía indeciso. La primera fase de la lucha marcará la victoria de los señores sobre Ricardo II, inhábil y mal secundado.

Ricardo II de Inglaterra

Ricardo II (1367-1400), rey de Inglaterra (1377-1399), cuyo reinado estuvo marcado por la desunión del país y la guerra civil. Era el hijo menor de Eduardo, príncipe de Gales (conocido como el Príncipe Negro) y de Juana, llamada la ‘Hermosa Dama de Kent’. Nació el 6 de enero de 1367 en Burdeos (Francia). Fue nombrado príncipe de Gales en el año 1376, a la muerte de su padre, y puesto bajo la custodia de su tío Juan de Gante, duque de Lancaster.

La nobleza, compuesta de prelados, del tío del rey, Tomás de Gloucester y de su primo Enrique de Lancaster, se enfrentará con algunos jóvenes aristócratas, compañeros de juegos del soberano. El Parlamento, favorable al partido de la nobleza, impondrá al rey la tutela de un comité de señores; habiendo intentado Ricardo resistirse, Gloucester habló de deponerlo. Un simulacro de guerra civil terminó con el exilio de todos los favoritos, quedando los puestos importantes en manos de los barones.

Ricardo decidió inclinar la cabeza bajo la tormenta, esperando que las discusiones interiores enfrentasen a los aliados. Con ocasión de las negociaciones de la tregua de Leulinghen, el rey consiguió sacudirse el dominio de los varones; las ambiciones demasiado grandes de éstos amenazaban con hacer fracasar toda reconciliación, y Ricardo II quería la paz a cualquier precio. Como su esposa, Ana de Bohemia, a la que amaba tiernamente, acababa de fallecer, el rey pedía la mano de la hija de Carlos VI, la pequeña princesa Isabel, que tenía apenas cinco años.

Ricardo dirigió una expedición militar a Irlanda con el fin de restaurar la soberanía inglesa sobre esa isla, en 1394. La reina Ana murió en ese mismo año. En 1396 se firmó la alianza matrimonial entre Ricardo e Isabel, princesa de Francia. Ricardo arrestó al Duque de Gloucester en 1397 y lo mantuvo prisionero en Calais, donde murió, probablemente asesinado.

En el año 1396, al ser prorrogadas las treguas por veintisiete años, tuvo lugar  la entrevista de Carlos y de Ricardo. Espléndidas fiestas realzaron esta reconciliación, y el rey de Inglaterra se hizo, en toda Europa, el campeón de Francia. Desgraciadamente, en su país nadie aprobaba la política del soberano. No obstante, la dote de Isabel había llenado los cofres reales y Ricardo podía vislumbrar un espléndido desquite sobre los que le habían humillado tanto algunos años antes.

En julio de 1397, los principales jefes de la nobleza hostil fueron detenidos, exiliados o muertos: entre ellos, Gloucester, que fue asesinado en Calais. El rey exigió de todos sus subditos un juramento solemne e impuso pesadas multas a los condes que habían sostenido a sus rivales. Sin embargo, cometió el error de castigar duramente a su primo Enrique de Lancaster, exiliándole y apoderándose, al mismo tiempo, de su enorme herencia.

En 1399, partió para castigar a los amotinados irlandeses. Lancaster aprovechó esta ausencia para desembarcar con un puñado de partidarios, proclamando que deseaba únicamente entrar en posesión de su herencia. Todo el mundo se unió a su causa. La de Ricardo II estaba perdida. Ricardo fue confinado, en secreto, en el castillo de Pontefract, lugar en que murió, en febrero de 1400 de inanición o asesinado.

Durante su gobierno los movimientos sociales perturban también a Inglaterra. La guerra se iba haciendo demasiado larga y costosa. Las clases económicamente débiles no encontraban apoyo en el Parlamento. Sus miembros representaban a los privilegiados, y sólo sabían aumentar los impuestos. Un violento estallido se produce al fin: cien mil campesinos avanzan sobre Londres entregados al saqueo. El ejército termina con esta rebelión. Todo fracasa.

movimiento campesino Tyler en Inglaterra

Inglaterra tampoco se libra de las luchas internas. El hijo del Príncipe Negro, Ricardo II, choca desde el comienzo de su reinado con una terrible revuelta, «la rebelión de los Braceros», dirigida en Londres por Wat Tyler. Varios miles de campesinos sublevados ponen sitio a Londres y consiguen, incluso, penetrar por sorpresa en la ciudad. El rey, que había podido huir por el Támesis, tuvo que aceptar verbalmente numerosas concesiones para disolver aquel ejército de rebeldes. La represión fue muy dura. Tyler murió a manos del alcalde de Londres, William Walwath.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Batalla de las Espuelas de Oro Causas y Consecuencias

La Batalla de las Espuelas de Oro tuvo lugar el 11 de julio de 1302 cerca de Kortrijk, y enfrentó a las ciudades rebeldes de Flandes y al ejército de Felipe IV de Francia. Los franceses fueron derrotados y las espuelas de los caídos fueron el trofeo que dio nombre a esta batalla. Esta batalla fue la expresión militar de la rebelión contra la voluntad de Francia de anexionarse Flandes. En 1300, Felipe IV nombró gobernador a Jacques de Chatillon y el conde de Flandes Van Dampierre fue hecho prisionero junto con sus hijos.

Imagen de la Batalla Espuelas de Oro

Los ingleses tenían aún la Guyena; en 1293, estalló la guerra con Eduardo I. Como éste se había aliado con el conde de Flandes, peligroso obstáculo para las intenciones del rey de Francia, los franceses  ocuparon  aquella  región.  Flandes  era, con Italia, el país más rico de la Edad Media.
Dueño del territorio, Felipe se dispuso a conservar el país. Pero Flandes obtenía su riqueza de la industria textil y utilizaba las lanas importadas de Inglaterra. Un violento patriotismo levantó al país, amenazado en sus intereses.
En 1302, los residentes franceses fueron ahorcados en Brujas. Para castigar a aquellos «mendigos», el rey reunió a su ejército. Presuntuosos, seguros de su fuerza, los caballeros franceses cargaron contra la infantería burguesa. Ante sus espléndidos galopes, los flamencos aparentaron huir. Los franceses sólo vieron la trampa cuando el suelo desapareció bajo las patas de los caballos, que fueron tragados por un enorme foso. Los que querían frenar a sus caballos resultaban impelidos por quienes, inconscientes del peligro, llegaban detrás.
Los infantes flamencos pudieron regresar entonces y rematar a los caballeros, trabados e impotentes. Varios millares de espuelas de oro fueron recogidas sobre el campo de batalla de Courtrai (1302). Dos años después, Felipe IV consiguió recobrar la ventaja en Mons-en-Pevéle, pero esta ventaja no era decisiva. Prefirió firmar la paz, conservando sólo Lille y Douai. Los problemas de Flandes y de Guyena no estaban, por lo tanto, arreglados, y fueron el origen de la Guerra de los Cien Años.
A la muerte de Felipe IV, en 1314, la monarquía francesa estaba sólidamente establecida. El poder del rey era incontestable en el interior del reino. Quince años iban a arruinar los esfuerzos de un siglo. Ya, viviendo Felipe, el escándalo había estallado en la Corte de Francia. Las tres nueras del rey fueron acusadas de adulterio.
El rey fue implacable: tras haber sido peladas, Margarita y Juana de Borgoña fueron arrojadas a un calabozo para el resto de sus días. Pero, de los tres hijos y sucesores de Felipe, es decir, Luis X, Felipe V y Carlos IV, ninguno dejó hijo varón. Por primera vez, desde Hugo Capeto, el cielo negaba su ayuda a esta monarquía, a esta dinastía triunfante: no había heredero. Los candidatos al trono se presentaron en tropel. Esta situación daría origen a la Guerra de los Cien Años.
Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Los Instrumentos y métodos de torturas de la Inquisicion Española

INSTRUMENTOS DE TORTURAS:
Instrumentos de tortura y muerte
INTRODUCCIÓN

Se dice que la Edad Media fue la edad de oro de los torturadores y de la imaginación puesta al servicio de los mismos, desbordándose y agudizándose al máximo, inventando los mejores y más prácticos medios de tortura. Si bien existe un atisbo de realidad en esta idea sobre la tortura, podemos desmitificar a los inquisidores como los mayores torturadores de todos los tiempos, puesto que otros, en etapas posteriores, han sido mucho más eficaces y han aplicado la tecnología punta de su época para crear instrumentos de terror y de aniquilación masiva. No nos llevemos a engaño, ya que la tortura, desde que el mundo es mundo, existe y desafortunadamente sigue existiendo, solo que hay que quitarse la venda, abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor.

El uso de los medios de tortura se ha ido aboliendo poco a poco en todos los países durante los siglos XVIII y XIX, siendo condenado por la Declaración de los Derechos Humanos de 1948. Desgraciadamente, aún persisten en muchos países, aunque en sus Constituciones se prohíban expresamente.

Los métodos más recientes de tortura y muerte, como son la electricidad; los productos químicos, drogas, y fármacos; la presión psicológica… evitan las marcas en el cuerpo, pero no la destrucción del ser humano torturado. Existen diversas organizaciones, tales como Amnistía Internacional o la A.C.A.T. (Acción de los Cristianos para la Abolición de la Tortura), que luchan contra la tortura denunciando a los países que la practican. En España, la Constitución de 1978 declara expresamente en su artículo 15 “que nadie puede ser sometido a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes”. También el Código Penal español, en virtud de la reforma de 1988, establece un aumento en las penas por delitos de esta índole y amplía los supuestos de tortura incluyendo los insultos, amenazas y coacciones, que forman parte de lo que se ha denominado tortura psicológica. Desgraciadamente, aún queda mucho camino por andar en nuestro país y en el resto de países occidentales, ya que los malos tratos domésticos, por ejemplo, siguen siendo un continuo en nuestras sociedades.

En muchas ocasiones, los torturadores utilizaban animales para ayudarles en sus torturas, este el casó del método de la cabra, que no faltaba en ninguna de las mazmorras de los castillos medievales europeos. Se ponían las piernas de la víctima en un cepo, para que le fuera imposible el movimiento, y a continuación se le untaba los pies con grasa o sal. La cabra comenzaba a lamer con fuerza y con la aspereza de su lengua levantaba la piel de los pies de la víctima, provocando un terrible dolor.

En la antigua China ya se tenía constancia del tormento de la rata, aunque fue en el occidente medieval donde se consagró. En esta tortura, se colocaba sobre el abdomen de la víctima una jaula abierta por su base. En el interior se encontraba la rata que venía a ser molestada por los torturadores, con fuego principalmente. El animal despavorido buscaba la manera que fuera para escapar y terminaba por excavar un túnel en las entrañas de la víctima.

Los elementos naturales, también se han utilizado para torturar en distintos tiempos de la humanidad. El gota a gota, era un método de tortura basado en el agua, fue muy utilizado durante la Edad Media, y se usaba fundamentalmente para arrancar la confesión o información a la víctima. Era una tortura larga, en la que el torturador no tenía prisa ninguna y lo único que tenía que hacer, era esperar a que la víctima se viniera abajo. Consistía en amarrar al reo a un poste o a la pared, atarlo fuertemente de pies, manos, cuello y frente; colocándose la cabeza debajo de un caño o grifo que dejaba derramar una gota a un ritmo continuado. Esto provocaba un estado de locura además de terminar erosionando el hueso del cráneo hasta producir la muerte.

La Doncella de Hierro La Cuna de Judas Aplasta Cráneos La Pera La Guillotina

El método del agua, en el que a la víctima se le obligaba a ingerir la mayor cantidad de agua posible, ayudándose el torturador, de un embudo que se le coloca en la boca. En estas sesiones se les hacía tragar aproximadamente unos diez litros, provocando un terrible sensación de ahogo, produciéndose en la mayoría de las ocasiones la explosión del estómago. Instrumentos de tortura y muerte:
Agua, Inquisición española, Toalla, El toro de Fálaris y La cuna de Judas 

El método de la toca fue muy utilizado por la Inquisición española de los siglos XV y XVI. Su nombre procede de uno de los elemento necesario para esta tortura, la toca, que era una tela blanca de lino o seda con la que se hacían en aquella época las tocas o pañuelos que cubrían la cabeza de las mujeres. Esta toca, se introducía en la boca de la víctima, intentado que incluso llegara hasta la tráquea, y posteriormente se vertía agua sobre la toca, que al empaparse, provocaba en el reo una sensación de ahogo e innumerables arcadas.

La toalla mojada es un método moderno de tortura, basado en otros más antiguos como el método de la toca, y consiste en colocar una toalla sobre la boca y la nariz de la víctima, después se vierte agua sobre la toalla provocándole la asfixia momentánea. La sensación de ahogo es terrible; pero si se hacía bien, era un método que no dejaba marcas, por lo que el reo, no podía en ningún momento demostrar que había sido torturado. A partir del siglo XX, este método ha sido usado por los ejércitos y por ciertos cuerpos de policía secreta y paramilitar, que se han dedicado a reprimir tendencias políticas contrarias al régimen establecido en aquellos países. Como ejemplo, podemos decir que ha sido un método muy extendido entre las dictaduras sudamericanas, aparentando de este modo normalidad en sus actuaciones.

Fálaris (siglo VI a. de C.) fue Tirano de Agrigento durante el 570 a. de C. y 555 a. de C. Ascendió al poder con el apoyo popular, gobernando sanguinariamente. Extendió los dominios de Agrigento y combatió en Himera a los cartaginenses. Tan macabro personaje ideó un método de eliminación de opositores a su tiranía, que más tarde fue adoptado por la Inquisición durante los siglos XVI al XVIII.

Este método, era conocido como el toro de Fálaris; y consistía en meter a los herejes dentro de una esfinge de bronce o hierro con forma de toro, quemándolos vivos. Esto divertía especialmente a los espectadores, ya que los alaridos de las víctimas se podían escuchar a través de la boca del toro, asemejándose a los mugidos de dicho animal. Dentro de los métodos de tortura más eficaces para sacar una confesión verdadera o falsa, se encontraba la Cuna de Judas. Este método, consistía en atar a la víctima de las muñecas y elevarla, para luego dejarla caer sobre una pirámide muy puntiaguda para que con su propio peso se le clavara en el ano, escroto o vagina. Ni que decir tiene, que la confesión se conseguía en las primeras veces, ya que esta operación se repetía sucesivamente hasta que el condenado hablara o muriera, caso este último, que confirmaba su culpabilidad.

Mucho antes de que Galileo enunciara las leyes del péndulo simple, el Péndulo, era utilizado como método de tortura. Era el aperitivo con el que se abría una buena sesión de tortura. Las manos de la víctima eran atados a su espalda y por ellas, era elevado. Al balancearse se producía la luxación de los hombros, codos y muñecas. Era habitual añadir peso adicional atando pesas a los pies del reo. La fustigación, que consistía en azotar a la víctima con una fusta o vara, era un castigo extendido en la mayoría de los ejércitos, desde la Antigüedad hasta la Revolución francesa. Se aplicaba en caso de las penas consideradas graves, como podía ser la deserción o el robo; aunque si tenemos en cuenta que la deserción se podía pagar con la vida, este castigo, era muy bien recibido.

Instrumentos de tortura y muerte:
La garrucha, El potro, La rueda, El borceguí, El casco y La Doncella de Hierro 

La garrucha era el nombre con el que se conoció en la España del siglo XV, al método de tortura conocido como el estrapado, propio de la época medieval. Consistía en atar al reo con las manos atrás e izarlo con una cuerda por medio de una polea, de ahí el nombre de garrucha. A la víctima se le colocaban pesos en los pies, para después cuando se encontraba elevado, dejarlo caer de golpe contra el suelo. Esto se repetía varias veces. Al izado, que podía provocar las luxaciones de las articulaciones de hombros, codos y muñecas, hay que sumar las posibles fracturas y magulladuras, en todo el cuerpo y piernas fundamentalmente, que producían las múltiples caídas.

El potro, es un instrumento de tortura en el que la víctima, atada de pies y manos con unas cuerdas o cintas de cuero, a los dos extremos de este aparato, era estirada lentamente produciéndole la luxación de todas las articulaciones -muñecas, tobillos, codos, rodillas, hombros y caderas-. Este método, se tiene constancia que se aplicó durante todo el período que duró la Inquisición en los países de Francia y Alemania; si bien ya se conocía desde mucho antes y por supuesto se utilizaba frecuentemente en las lúgubres mazmorras de castillos, prisiones y palacios de justicia.

La rueda, era un instrumento que fue introducido en Francia en el siglo XVI, y que era muy utilizado en la zona germánica de Europa. Sin duda alguna, fue el aparato más versátil de la Edad Media, ya que la víctima se encontraba a merced total del torturador. El reo era ataba desnudo a la rueda, de pies manos y cuello; mientras que el torturador le rompía poco a poco los huesos de sus miembros, que era el objetivo de esta tortura, pudiendo aderezarla con hierros candentes, cortes, mutilaciones y algunas cosas más, que se le pasara por la imaginación. También era habitual, colocar un miembro de la víctima o todo el cuerpo, entre los radios de la rueda y hacerla girar, quebrantándole los huesos. Como remate se podía dejar al reo atado en la rueda a la intemperie, para que los animales carroñeros se lo fueran comiendo poco a poco. Ha sido uno de los instrumentos de tortura más crueles inventados por el hombre.

El borceguí era el tipo de calzado más popular del siglo XV, cubría el tobillo y era abierto por su parte delantera y se ataba con correas o cordones. Pues bien, en este período se popularizó un método de tortura que se denominó con el nombre del calzado, puesto que consistía en apretar el tobillo de la víctima por medio de varias maderas enlazadas por unas correas o gatos de hierro, para administrar presión, hasta quebrantar los huesos.

Existían métodos para dar tormento de manera general y para tan solo ciertas partes del cuerpo. Este era el caso del aplasta cabezas ó cráneos. Este instrumento estaba compuesto por un casco finalizado en un torno con una manivela. El casco, a su vez estaba colocado en una estructura metálica que permitía que al girar la manivela, fuera bajando. Pues bien, la víctima se tumbaba boca abajo con la mandíbula apoyada en el suelo, colocándosele entonces el casco y se comenzaba a girar la manivela, provocándole la ruptura de los dientes, el quebranto de la mandíbula y de los huesos del cráneo, antes de estrujar su cerebro. El mecanismo por tanto, actuaba como una prensa.

La Doncella de Hierro era una especie de sarcófago provista de estacas metálicas muy afiladas en su interior, de este modo, a medida que se iba cerrando se clavaban en la carne del cuerpo de la víctima que se encontraba dentro, provocándole una muerte lenta y agónica. Las más sofisticadas disponían de estacas móviles, siendo regulables en altura y número, para acomodar la tortura a las medidas del “delito” del torturado. Además, podemos encontrar desde el modelo más básico, que es un sarcófago de hierro puro y duro; hasta las más refinadas obras de arte, ricamente decoradas con relieves.

Instrumentos de tortura y muerte:

La horca, Garrote vil, La cuerda y La sierra  Condenas a Muerte: El Garrote Vil

La horca, instrumento de muerte que todos conocemos, formado por una barra horizontal, sostenida sobre dos barras verticales, de la que pende una soga con un lazo en la que eran colgados los condenados a esta pena. En la Edad Media era la pena que los señores feudales reservaban a sus vasallos plebeyos, de ahí, que el ser ahorcado fuera la manera más vil de morir. En España, las Cortes de Cádiz de 1812 la abolieron, siendo ratificada en 1828 por Fernando VII; aunque no nos engañemos, puesto que este método de muerte fue sustituido por el de garrote vil desde1832. Entre los instrumentos sencillos utilizados en pos de la “justicia y la verdad”, la Inquisición aplicó el método de la cuerda a muchas de sus reos. Este método era sencillo pero muy doloroso, consistía en colocar a la víctima sobre una mesa o en el suelo, con unas cuerdas atadas a sus miembros o cualquier miembro sobresaliente del cuerpo humano y girar dichas cuerdas hasta tensarlas.

La tensión de la cordada que provocaba el estiramiento de los miembros, daba lugar a la luxación de las articulaciones.

El garrote consiste en un aro de hierro, con el que se sujeta contra un poste fijo, la garganta de la persona que se va a ejecutar; oprimiéndola por medio de un tornillo de paso muy largo hasta conseguir la estrangulación. También el tornillo penetraba en la parte trasera del cuello rompiendo las vértebras y por tanto, la espina dorsal. La muerte podía sobrevenir por dos medios, asfixia o por el quebranto de la columna vertebral de la víctima. En cualquier caso, el sufrimiento estaba garantizado.

El garrote vil, es el nombre con el que se conoce en España al garrote. Se introdujo en nuestro país a raíz del código penal de 1822. En 1832, se suprimió la horca y fue sustituida por el garrote vil, estando vigente desde entonces hasta 1978, como uno de los procedimientos utilizados para administrar la pena capital. Por fortuna, en 1978, se abolió la pena máxima en este país, en virtud de lo que se expresa en nuestra Constitución.

El garrote, además de ser el nombre con el que se conocía un método de muerte, era la denominación que tomó un aparato de tortura, propio de la Inquisición. Este instrumento consistía en una mesa, a la que se le adosaban unos “garrotes” o prensas, que oprimían las piernas de la víctima, por un lado; y los brazos y pecho, por otro. Aplicando presión lentamente en aquellas zonas del cuerpo, se producía un intenso y agudo dolor al provocar el quebranto de los huesos.

La sierra, fue un método de muerte utilizado ya en tiempos del bíblico Rey David. Esta pena, consistía en colgar boca abajo a la víctima para que el cerebro estuviera bien regado y no muriera el condenado desangrando antes de lo previsto; y se le comenzaba a serrar desde el ano y los genitales hacia el pecho.

El acero de dientes agudos de la sierra cortaba fácilmente el cuerpo de la víctima provocándole un gran dolor, si bien el reo no comenzaba a perder el sentido hasta que se había llegado por lo menos al ombligo. Era sanguinolento y muy cruel y fue aplicado fundamentalmente contra homosexuales, de ahí que la tortura comenzara por el ano y los genitales, objetos fruto del pecado.

Instrumentos de tortura y muerte:
La sierra, Las jaulas colgantes, Los grilletes, El Cepo y La Cigüeña 

El método de la sierra ha sido muy utilizado, pero parece ser, que muerte tan macabra ha sido eludida por la memoria selectiva de la Historia. En España, este método fue usado en el ejercito hasta el siglo XVIII como medio de ejecución. Goya captó de manera magnífica, mejor que cualquier reportero de guerra actual, los “Horrores de la guerra” -Guerra de la Independencia española-, que enfrentó entre 1808 y 1914, a franceses y españoles fundamentalmente, por el domino de nuestro país. Durante la contienda los guerrilleros españoles cometieron crímenes contra las soldados de las tropas napoleónicas terribles, empleando el método de la sierra con los prisioneros entre otras muchas crueldades.

De todos modos, el método de la sierra, era ya conocido por los franceses que lo empleaban contra las brujas embarazadas, supuestamente por el mismo demonio. En Alemania, en tiempos de Lutero también se empleó esté método contra los cabecillas de las sublevaciones campesinas.

Las aulas colgantes eran armazones metálicos que quedaban suspendidos en el aire por un cable. Formaban parte del mobiliario urbano de los ayuntamientos, palacios y cortes de justicia de las ciudades europeas, hasta que poco a poco a finales del siglo XVIII decayó su uso. Era el lugar de honor de aquellos que hubieran cometido alguna acción, que tuviera que servir de escarmiento y ejemplo para el resto del pueblo; o a veces, cuando el pueblo requería justicia sobre algún hecho que hubiera conmovido a toda la comunidad, la manera de manifestar que la autoridad se encargaba de impartirla. El caso es que la víctima, semidesnuda, que quedaba condenada a morir de inanición, tenía que soportar las inclemencias del tiempo. En ocasiones, tenía también que compartir su jaula con gatos salvajes y otros animales que eran azuzados por los torturadores; otras veces, eran las gentes del pueblo los que, entre otras cosas, lo apedreaban.

Los grilletes han sido utilizados desde época antigua. Según diversas fuentes, ya los egipcios conocían las cadenas y las utilizaban para engrilletar a los esclavos y a los reos de delitos de cualquier índole. En las mazmorras medievales era muy habitual tener colgados de brazos o muñecas a los presos, por medio de unas cadenas adosadas al muro, finalizadas en argollas. Las víctimas podían permanecer de esta manera durante tiempo indefinido, provocando a corto plazo, inmensos dolores, calambres y luxaciones; y a largo plazo, la invalidez total de las extremidades superiores e inferiores.

El Cepo, era un método más que de muerte, de castigo por delitos de robo, disturbios o pendencias; aunque en un momento dado se podía tener expuesta a la víctima hasta la muerte, si así se decidía por la corte de justicia. También fue utilizado como método de tortura para conseguir una confesión en las mazmorras de castillos, palacios de justicia o cárceles inquisitoriales. El Cepo era un instrumento que servía para sujetar al reo por la garganta y las muñecas; y según el modelo también por los tobillos, consistente en dos maderos ajustables. La víctima quedaba expuesta al público en la plaza de la ciudad, encontrándose a merced del populacho que lo vejaba y goleaba, a veces incluso hasta la muerte, con el beneplácito de la autoridad.

Los métodos de tortura han sido siempre expeditivos y han conseguido la confesión de la víctima. La Cigüeña era un método infaliblemente cruel, que consistía en someter al reo a este aparato. La Cigüeña, en sí, es un aparato hecho de hierro que sujetaba al condenado por cuello, manos y tobillo, y lo sometía a una posición incomodísima que provocaba calambres en los músculos rectales y abdominales; y a las pocas horas de todo el cuerpo. Pero esto no terminaba aquí, ya que se acompañaba de golpes de todo tipo, mutilaciones, quemaduras…

Instrumentos de tortura y muerte.:
La Pera, Garras de Gato, La Crucifixión, La Flagelación y La Fustigación 

Aparatos dedicados a fines médicos, como era el caso de la pera, que servía para los estreñimientos, se modificaron y adaptaron a las mil y una necesidades de los torturadores del siglo XV.

La Pera, era un instrumento con forma de pera que una vez introducido en boca, vagina o ano, comenzaba a abrirse gracias a un mecanismo giratorio. Además en sus puntas gozaba de unos pinchos o púas que desgarraban la traquea, útero o el recto, dependiendo por la zona en la que fuera introducido.

La modalidad oral de este invento, era aplicada a las personas que habían obrado mal de palabra, es decir, herejes, ortodoxos…; la anal, como no, a los homosexuales; y por supuesto la vaginal a las brujas que habían mantenido relaciones sexuales con el diablo, prostitutas, adulteras o mujeres que habían mantenido relaciones incestuosas.

Utensilios que hoy en día nos parecen la mar de inocentes, fueron utilizados como elementos de tortura física ciertamente inhumanos, dejando secuelas corporales y psicológicas terribles en los reos que lograban sobrevivir. De este modo, lo que hoy conocemos como rastrillo de jardinero, eran conocidos en otros tiempos como las Garras de Gato. Esta especie de rastrillo de puntas afiladas arrancaban la carne a tiras de las víctimas desnudas, que colgaban por sus muñecas suspendidas en el aire. En ocasiones, dependiendo de la destreza del torturador se llegaba incluso a separar la carne de los huesos. Cualquier instrumento sencillo, ha servido a los torturados, como han sido unas simples tenazas, que servían para arrancar de cuajo, dientes y cualquier otro miembro sobresaliente del cuerpo humano. El fuego y los hierros incandescentes servían también, al igual que las tenazas, de un complemento perfecto. El famoso escritor francés, Julio Verne (Nantes, 1828-Amiens, 1905), inmortalizó en su famoso obra Miguel Strogoff (1876), su uso, describiendo como el personaje de su obra era cegado utilizado un hierro al rojo vivo.

La crucifixión consiste en fijar o clavar al reo en una cruz. Generalmente la víctima moría por inanición, aunque sufría las inclemencias del tiempo al encontrarse a la intemperie, además de estar expuesto a los escarnios del pueblo, que ocasionalmente podía apedrearlo. Este método de muerte fue muy utilizado en época romana y en principio era la pena para sancionar a ladrones reincidentes, violadores… Desde la crucifixión de Cristo comenzó a ser la pena para castigar a los cristianos, pero cayó en desuso al igual que caía el Imperio Romano. Esto se debió sin duda alguna, al triunfo del Cristianismo, comenzando a considerarse una herejía el uso de la crucifixión como método de muerte.

La flagelación es un castigo consistente en azotar a una persona. Los concilios cristianos de Agde en el 506 y Mâcon en el 582 adoptaron la flagelación como castigo y posteriormente la aplicaron diversas reglas monásticas como penitencia. Este método se adaptó también como medio de tortura, utilizado para conseguir cualquier tipo de confesión. A veces, las heridas provocadas por los látigos y flagelos, eran tratadas con sal o vinagre, que por un lado servían para desinfectar y evitar que el reo muriera; y a la par, le proporcionaban un dolor tremendo que servía de doble castigo.

La fustigación, que consistía en azotar a la víctima con una fusta o vara, era un castigo extendido en la mayoría de los ejércitos, desde la Antigüedad hasta la Revolución francesa. Se aplicaba en caso de las penas consideradas graves, como podía ser la deserción o el robo; aunque si tenemos en cuenta que la deserción se podía pagar con la vida, este castigo, era muy bien recibido.
Fuente Consultada: Los Instrumentos de Tortura de Roland Villeneuve

Supersticiones Populares Origen Cabalas Para La Suerte y La Mala Suerte

“Superstición” proviene del latín “super” (sobre) y “statuens” (establecer), locución que remite a lo sobreentendido, lo que todo el mundo sabe que es así, sin necesidad de buscarle una explicación lógica. Etimológicamente, podríamos referirnos además a la palabra “superstitio”, también de origen latino, que figura en el diccionario como una creencia “extraña a la fe religiosa y contraria a la razón”. Según el doctor en medicina y escritor Charles Panati, las primeras supersticiones datan de, al menos, 50 mil años, cuando la vida del hombre estaba tan llena de peligros y penalidades que acabó desarrollando creencias y costumbres supersticiosas de todo tipo para tranquilizar su ánimo.

Incluso hay quienes la dan como un hecho humano per se, pues “la superstición no se puede ajustar a una definición cualquiera, ya que es más que una creencia, es un modo de vida que rige al hombre desde que éste existe”, y la remontan a los primeros balbuceos del “homo sapiens”. Lo prueban los vestigios de hace más de 500.000 años, cuando ya se daban comportamientos de tipo supersticioso en las Colinas del Hueso del Dragón, cerca de Beijing, y hace 200.000 años en Europa central. Lo cierto es que desde sus comienzos el hombre trató de explicar su mundo y los misterios que le rodeaban de una manera “sobrenatural” o supersticiosa.

El hombre primitivo, al buscar explicaciones para fenómenos tales como el rayo, el trueno, los eclipses, el nacimiento y la muerte, y desconocedor de las leyes de la naturaleza, creó un andamiaje de rituales y tabúes que le permitieron no sólo comprender los fenómenos naturales, sino también protegerse de un entorno hostil habitado por innumerables espíritus invisibles. Por otra parte, el milagro de que un árbol creciera a partir de una semilla, o la aparición de una rana a partir de un renacuajo, confirmaba una intervención ultraterrena: los dioses. Con una existencia cotidiana llena de peligros, llegó a la conclusión de que “su” mundo estaba poblado por unos espíritus vengativos que superaban en número a los benéficos.

Esta es una de las razones por las que entre todas las creencias supersticiosas que hemos heredado tienen preponderancia los medios destinados a protegernos contra el mal, tales como amuletos, talismanes y acciones predeterminadas. De la misma manera, asignó a determinados eventos y objetos la propiedad de influir positiva o negativamente en su vida diaria y futura. Precisamente, la manifestación supersticiosa más común es su aplicación en forma de “buena” o “mala” suerte según los acontecimientos diarios.

Explicación del Origen de Algunas Supersticiones o Creencias Populares:

Cruzar los dedos

Cuando se formula un deseo, se dice una mentira o se encuentra uno ante un peligro, es costumbre cruzarlos dedos, concretamente el mayor sobre el índice. El gesto, que evoca una cruz, conjura la mala suerte y aleja las influencias maléficas, según los supersticiosos. Desde los primeros tiempos del cristianismo se creía que, replegando el pulgar bajo los otros dedos, se alejaba a los fantasmas y malos espíritus, o bien haciendo esa operación con las dos manos y dejando que el pulgar asome entre el índice, dedo consagrado a Júpiter, y el mayor, dedo del pecado dedicado a Saturno. No obstante, algunos autores piensan que, aunque el simbolismo de la santa cruz en este gesto resulta obvio, el origen primero es mucho más primitivo que la cruz cristiana y se remonta a los más antiguos tiempos paganos.

La suerte de la pata de conejo

La extraña tradición de llevar una pata de conejo en el bolsillo para atraer la suerte no nace de este animal, sino de la liebre. En las regiones medievales de Europa existía la creencia de que las brujas se transformaban en liebres para sorber la leche de las mujeres que habían dado a luz. ¿Pero cómo nace esta creencia? Antiguamente, las cabras, vacas, cerdos, liebres y otros animales de granja entraban libremente en la casa de sus amos, ya que la familia aprovechaba su calor corporal para protegerse del frío invernal. Los campesinos criaban liebres para comérselas y las cuidaban con esmero y cariño. De hecho, por ejemplo, los antiguos britanos pensaban que estos animales eran criaturas mágicas que incluso había que evitar ingerir.

Algunos tratados de la época mencionan que las mujeres embarazadas y durante la época de lactancia acostumbraban a sentarse en un rincón del hogar y ponerse en el regazo uno de estos nobles animales para que las calentara. A cambio, dejaban que la liebre tomara de su pecho. La tradición popular; como ya se ha mencionado, aseveraba que durante la caza de brujas, éstas se transformaban en liebres y se colaban en las casas de los campesinos para salvarse del peligro. Incluso había una manera de reconocer el engaño: si la liebre, una vez atrapada, resultaba difícil de despellejar o cocinar, entonces la bruja se había transformado en animal antes de morir. La idea de que la pata de liebre trae buena suerte nació de la primitiva creencia de que los huesos de sus patas curan la gota y otros reumatismos, así como los calambres. Pero, para ser eficaz, el hueso debía tener una articulación intacta. Por ser tan parecidos, la liebre y e] conejo se unieron como frute de las supersticiones relativas a sus virtudes mágicas.

Poner la mano delante de la boca al bostezar

El gesto actual de taparse la boca cuando bostezamos no obedece sencillamente a la intención de guardar las formas, esconder la dentadura o el deseo de no difundir los gérmenes, sino que tiene un significado más profundo.

En el libro Superstitions oÍ Ireland, de Sperenza Wilde se puede leer que hacer la señal de la cruz delante de la boca al bostezar impedía que el diablo se introdujese en el cuerpo y estableciera en él su morada. Es por esta razón por lo que las madres cerraban la boca del bebé o hacían la señal de la cruz delante de ella cuando lo veían bostezar. De esta costumbre ancestral deriva el gesto actual de taparse la boca.

Levantarse con el pie derecho

La tradición dice que, para que el día no se tuerza, hay que apoyar en primer lugar el pie derecho. La respuesta a esta costumbre podría hallarse en el mundo de los pescadores. Durante el siglo XIX, ningún pescador en su sano juicio subía a bordo por babor, es decir, el costado izquierdo del barco, aunque resultara incómodo

hacerlo por estribor. Parece ser que la superstición nace de la noción de que cualquier cosa zurda era antinatural una idea que se basa en que la mayoría de los seres humanos son diestros.

Por regla general, todo k que se refiere a la derecha es calificado de favorable por los supersticiosos, quizás alentados por la tradición bíblica, que dice que la derecha conesponde al camine del Paraíso y es la posición en la que están sentados los elegidos por Dios.

La izquierda representa el reverso de la moneda. Los romanos, por ejemplo, hacían presagios observando el vuelo de los pájaros: los que lo hacían hacia este lado eran de mal agüero. De hecho, en latín, izquierda se dice sinester, que dio origen al adjetivo siniestro.

Miedo a las sombras

Antiguamente, la gente crédula buscaba en las sombras que proyectaban los troncos que ardían en la chimenea la imagen de una silueta humana sin cabeza. Esto significaba que la persona que la proyectara moriría antes de la próxima víspera de Navidad. Éste era el plazo para los cristianos, pero en épocas anteriores se utilizaron otras fechas celestiales o estacionales.

No cabe duda de que las sombras ocupan una parte importante de los miedos relacionados con el cuerpo, ya que su presencia o ausencia, como le sucedía al personaje de ficción Peter Pan, estaba relacionada originariamente con creencias religiosas y paganas.

Las interpretaciones más antiguas del cuerpo y el alma afirmaban que la segunda podía, bajo determinadas circunstancias, abandonar la envoltura carnal y alejarse de camino a la otra vida. Para las culturas más primitivas, el alma estaba conectada a las sombras, cuando no eran la misma cosa. Una de las circunstancias en las que la persona podía perder el alma sucedía cuando un vampiro se acercaba por detrás y clavaba la sombra de la víctima en la pared. De este modo, el ente maligno tomaba posesión del cuerpo.

La sombra de los difuntos también había que protegerla de posibles infortunios. En la Europa medieval existía la creencia de que, si una persona moría por la noche y su espíritu —o lo que es lo mismo, su sombra— se alejaba, podía correr peligro de que cruzara por una extensión de agua -un río, un lago- y no pudiera llegar a la otra vida. En este caso, la sombra volvía al cuerpo de su dueño y se convertía en un muerto ambulante, una variedad de vampiro. De ahí nació la costumbre de algunos de tapar los barriles que contienen agua de lluvia y afán de ciertos pueblos por construir puentes.

Tocar madera

Durante muchos siglo antes del cristianismo, lo pueblos célticos de Europa rendían culto a los árboles por considerarlos los templo de la santidad y la principal  presentación de los dioses era la Tierra. El árbol servía com medio para enviar la dolencia, o el mal a la tierra. También se recurría a este vegetal s la mala suerte visitaba a m hombre bajo la forma de demonios o si iba a librarse una batalla. En estos y otros casos el sacerdote druida celebraba una serie de ritos y ensalmos en las llamadas enramadas sagradas, lugares que equivalía a las modernas iglesias.

Hay, además, quien dice que las supersticiones referentes a la madera también nacen del material con el que está hecha la cruz de Jesús Resultado de estas creencias es nuestra costumbre de tocar madera como signo di la buena suerte, ya que ésta atrapa al espíritu maligno  lo hace caer a tierra.

Abrir el paraguas dentro de casa

Ningún supersticioso tendría jamás la osadía de abrir un paraguas dentro de una casa. El origen de este temor se remonta a la época en que los reyes orientales y africanos lo usaban sólo a modo de sombrilla para protegerse de los rayos solares. Debido a su conexión con el astro rey y porque también su forma simboliza el disco solar, abrirlo en un lugar sombreado, fuera de los dominios del Sol, era considerado un sacrilegio.

Es probable que la superstición se reforzara cuando los paraguas llegaron a Europa y empezaron a ser empleados casi exclusivamente por los sacerdotes en los oficios de los difuntos, sin otro fin que protegerse de las inclemencias del tiempo.

Las siete vidas del gato

La excepcional resistencia y fortaleza del gato, capaz di salir indemne de situaciones en las que otros animales perecerían con toda seguridad, llevó ala idea de que este felino tenía más de una vida.

No hay duda de que sus hábitos nocturnos, sus ojos refulgentes en la oscuridad, su sobresaliente agilidad y su pose majestuosa contribuyeron a que nuestros antepasados sintieran una especial admiración, e incluso veneración, por este animal. Se cuenta que, por ejemplo, Mahoma se cortó la manga de su vestimenta para no perturbar el sueño de su gato que dormía sobre ella. El profeta veía en él “una criatura digna del mayor respeto y de un tratamiento afectuoso”.

La razón de que a los gatos se les otorgue popularmente hasta siete vidas tiene posiblemente un origen esotérico. Existen muchas culturas para las que los números poseen una significación concreta. En nuestro caso, el siete fue considerado en la Antigüedad un número de la buena suerte, ya que era una trinidad de trinidades” y, por lo tanto, adecuado para el felino.

Vestir de negro en los funerales

La antiquísima costumbre de vestir de negro en los funerales, muy extendida en toda la cultura occidental, pretende significar una manifestación de respeto hacia el difunto. Sin embargo, la procedencia de esta tradición no está tan clara. Distintos estudios antropológicos coinciden en señalar como su posible origen el miedo ancestral de los vivos a ser poseídos por los espíritus de los muertos. Así, en los ritos funerarios los hombres primitivos pintarían sus cuerpos de negro para impedir, al quedar camuflados, que el alma del fallecido encontrara un nuevo cuerpo donde asentarse.

Esta hipótesis es corroborada por el hecho de que los habitantes de ciertas tribus africanas cubran su piel con cenizas blancas en los funerales, escondiendo así el color negro de su epidermis a la vista de los espíritus. Algo parecido sucede también en la India, donde tradicionalmente el color del luto es blanco, en contraposición a la tez morena de sus habitantes.

Romper un espejo

Las supersticiones relativas al espejo se cuentan entre las más citadas en todo el Occidente cristiano, quizás por su uso adivinatorio. La catoptromancia, es decir, el arte de adivinar por el espejo, procede de Persia y, aunque tuvo un relativo éxito durante la antigua Grecia y la Edad Media, fue duramente perseguida por la Iglesia.

Es probable, sin embargo, que estas supersticiones obedezcan a la idea de que nuestro reflejo es otra versión del original y, si causamos desperfectos en el espejo, nos hacemos daño a nosotros mismos. Así, dañar el espejo es hacer lo mismo con el alma, y aquí es donde entra la superstición de que la rotura de un espejo trae mala suerte durante siete años. Este período se debe a la creencia de que el cuerpo experimenta un cambio en la constitución fisiológica cada siete años.

La herradura colgada en la puerta

Procedente de Italia, la creencia de que las herraduras atraen la buena suerte era muy tenida en cuenta por la gente de los pueblos. Clavada o colgada en una puerta, este objeto atraería las energías del cielo. La herradura simboliza la fuerza del caballo y su enorme utilidad, al menos en tiempos pasados, en las labores del campo yen las guerras. Vuelta al lado derecho y en posición horizontal representa la C, inicial de Cristo.

Otra  leyenda atribuye a San Dunstan el haber otorgado a la herradura, colgada sobre la puerta de una casa, un poder especial contra el mal. Herrero de profesión pero que llegaría a ser arzobispo de Canterbury en el año 959, Dunstan recibió un día la visita de un hombre que le pidió unas herraduras para sus pies, unos pies de forma sospechosamente parecida a pezuñas. Dunstan se dio cuenta de que se trataba de Satanás y explicó que, para realizar su tarea, era necesario encadenarlo a la pared. Así, el santo procuró que su trabajo resultara tan doloroso que el propio Diablo encadenado le pidió misericordia.

Dunstan se negó hasta que el diablo juró no entrar nunca en una casa donde hubiera una herradura colgada sobre la puerta. Pero no podía colgarse de cualquier forma; sus extremos debía estar hacia arriba, pues de lo contrario su reserva de suerte se vaciaba.

Derramar la sal

Mala suerte, si esto le ocurre al manipular el salero, a menos que se apresure a tomar una pizca y arrojarla por encima del hombro izquierdo “directamente a la cara del diablo”. Porque éste es el sitio desde el que Pedro Botero, es decir, el diablo, espera paciente a que nuestra naturaleza pecadora renuncie al alma para siempre. La sal arrojada no tiene otro fin que cegarlo temporalmente, para que el espíritu tenga tiempo de volver a quedar afianzado por la buena suerte. Desde la Grecia antigua, la sal ha tenido un gran poder simbólico: procede de la Madre Tierra, del mar; las lágrimas y la saliva son saladas, y conserva, condimenta y enriquece los alimentos.

Tirar de las orejas como felicitación

La oreja es objeto de numerosos simbolismos entre las civilizaciones orientales y africanas: representa desde la inteligencia cósmica del mito hindú de Vaishvánara, hasta la sexualidad para las tribus dogón y bambara, de Malí. Curiosamente, entre los chinos, las orejas largas son signo de sabiduría e inmortalidad. Se dice que las orejas de Lao-tse medían unos 17 centímetros. Se apodaba, además, orejas largas.

Muy probablemente, nosotros hemos heredado de alguna forma esta costumbre supersticiosa. Tirando de las orejas, manifestamos el deseo de que la persona felicitada tenga larga vida y adquiera cada vez mayor sabiduría.

Decir Salud al estornudar

Los egipcios y griegos veían en el estornudo un augurio. Así, era bueno estornudar por la tarde, mientras que hacerlo al levantarse de la cama o de la mesa podía ser nefasto. Aquel que había estornudado al nacer era te nido por dichoso. El estornudo hacia la izquierda era un signo de mal agüero, pero di bueno, hacia la derecha. Er todos los casos, los griegos exclamaban ¡Vivid! y ¡Que Zeus te conserve! Por su parte, los romanos empleaban la expresión, ¡Salve!, ante tal circunstancia; y serían los primeros cristianos quienes sustituyeron la invocación a dioses paganos por el suyo.

Se dice que durante la epidemia de peste que hubo en Roma en el año 591, bajo el pontificado de Gregorio 1, lo afectados morían estornudan do, y que de tal circunstancia proviene el ¡Dios te bendigas que más tarde se simplificar diciendo ¡Salud!, ¡Jesús! o ex presiones semejantes.

Aversión al amarillo

Es superstición entre los actores, sobre todo de teatro, no salir a escena con ropa amarilla, ya que puede conducir al fracaso o a cosas aún peores La razón de este miedo escénico reside en el dramaturgo y actor francés Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673), llamado Moliére.

En febrero de 1673, Moliére estrenó el ballet-comedia El enfermo imaginario, que toma por blanco de su sátira a los médicos. Pocos días después del estreno, en plena representación, el dramaturgo se sintió indispuesto, y murió unas horas más tarde en su domicilio. En la representación, Moliére vestía ropas de color amarillo.

El gato negro

En el mundo del misticismo, los gatos son portadores de un poder mágico infinitamente superior al del hombre. Con toda probabilidad, esta antigua creencia deriva de la adoración a la diosa egipcia Bubastis, que tenía forma de gato. Los egipcios estaban convencidos de que los gatos poseían alma, y prueba de ello son los restos momificados de estos felinos, que se cuentan por miles, hallados en las excavaciones arqueológicas.

En la Edad Media, las brujas convirtieron al gato negro en un elemento imprescindible para efectuar sus rituales y hechizos. Hoy en día, los supersticiosos temen al gato negro que se cruza en su camino. Este hecho representa con claridad el conflicto que existía entre la Iglesia, la cruz y las prácticas paganas de la brujería.

Pasar por debajo de una escalera

Esta y otras supersticiones asociadas a las escaleras están relacionadas con el miedo al patíbulo. Antiguamente, debido a la gran altura que éste solía tener, había que usar una escalera de mano para colocar la soga en la posición correcta, así como para retirar después el cadáver del condenado. Cualquiera que pasara por debajo de la escalera corría el peligro de encontrarse con el muerto. De ahí viene la superstición.

Viernes 13

Desde tiempos remotos, el número 13 ha sido fatídico, debido principalmente a la muerte violenta que sufrieron varios dioses decimoterceros de la Antigüedad y, ¡cómo no!, a la suerte del decimotercer invitado en la Última Cena de Jesús. Por otro lado, el viernes adquirió en el mundo sajón su reputación de día nefasto, debido a la muerte de Jesús. Obviamente, la coincidencia del número 13 y del día viernes no puede ser de peor agüero.

Colocar flores en las tumbas

En la actualidad, se adornan las sepulturas con flores como muestra de afecto, pero la intención original no era otra que la de proporcionar algo vivo con el fin de dar felicidad. La corona circular, colocada sobre la tumba o la puerta principal del cementerio, encerraba simbólicamente el espíritu y le impedía volver.

LISTA DE ALGUNAS SUPERSTICIONES

• Las mariposas azules son símbolo de buen augurio.
• Conservar un dólar en la cartera traerá mucho dinero.
• Colocar elefantes de espalda a la puerta en números impares, atraerá buenas cosas para los habitantes de la casa.
• Cuando se siente picazón en la palma derecha de la mano, significa que pronto se recibirá dinero.
• Al colocarse mal una o ambas medias debe dejárselas así hasta las 12 pm, pues esto traerá suerte.
• Tocar madera cada vez que se expresa un deseo, hará que éste se cumpla.
• A quien se corte las uñas los lunes, nunca le dolerán las muelas.
• Cuando alguien se jacta de algo, por ejemplo “nunca me he roto un hueso”, tiene que tocar madera inmediatamente para que continúe la buena suerte que hasta ese momento le ha acompañado.
• Si se rompe un espejo existe un remedio para contrarrestar su maleficio: recoger los trozos del espejo y meterlos en un cubo con agua durante siete días y siete noches.
• Trae buena suerte encontrar por la mañana a alguien con una pata de palo. No hay que mirar hacia atrás y seguirlo con la vista porque entonces se tendrá un disgusto.
• Poseer objetos de madera perfumada es augurio de buena suerte.
• Si se derrama sal, el re medio es coger un poquito de l¿ sal derramada y tirarla hacia atrás por sobre el hombro izquierdo.
• El mal agüero que provoca escuchar o decir la palabra “culebra”, se contrarresta exclamando “¡Lagarto! ¡Lagarto!”. Sobre la cama, nunca…
• Si se coge un lagarto con la mano y se lo lame de la cabeza a la cola, se adquirirá el poder de curar quemaduras con la lengua.
• Pasar un huevo por los párpados mejora la vista.
• Se alarga la vida si se come el primer huevo puesto por una gallina negra.
• Si un huevo tiene dos yemas traerá buena suerte a la persona que lo rompa y lo descubra.
• Los niños que juegan con fuego se orinarán en la cama.
• Un plato con sal debajo de la cama de un enfermo absorbe el mal y lo protege contra otras enfermedades.
• Si se ve una araña por la mañana augura una mala semana, al mediodía pronostica una alegría y por la noche vaticina que se cumplirá un deseo.
• Cuando una araña teje, alguien prepara un engaño.
• Las arañas pequeñas son portadoras de buena suerte y si se encuentra una hay que tirarla por encima del hombro izquierdo.
• Si se mata una araña o se destruye una tela se atraerá la mala suerte.
• Si se ve una araña bajar por el hilo, lloverá; en cambio, si sube, hará buen tiempo.
• Si se echa sal en los rincones de las cuadras el día primero de abril se evitan las enfermedades del ganado.
• Es un augurio de muerte que los palillos chinos queden de pie en un cuenco de arroz
• Trae mala suerte ver un búho de día.
• Si una vela se apaga durante una ceremonia, los espíritus malignos andan cerca.
• Si se deja caer un paraguas al suelo, habrá un asesinato en la casa.
• Para contener hemorragia nasa hay que hacer una cruz con dos pajitas de enea arrancadas del asiento de una silla y ponerlas en la coronilla del paciente, aunque también sirve colocarlas en el hombro del paciente.
• Las hemorragias nasales se contienen poniendo en la espalda del paciente dos cuchillos cruzados, o levantando el brazo contrario al orificio nasal por donde se sangra, y poniendo una llave de hierro en la nuca.
• Para contener la hemorragia en un parto hay que reunir todos los hierros y cosas que lagan ruido para tirarlos por sorpresa bajo la cama de la parturienta. La hemorragia se corta por el susto recibido.
• Da buena suerte tocar la chepa de un jorobado.
• Encontrarse con un cojo es signo de una desgracia o de un disgusto.
• Cuando se arranca una verruga, la sangre que cae del lugar donde estaba hace que crezcan nuevas verrugas.
• La comida se perderá si se la revuelve en sentido contrario al del movimiento del sol.
• Las tijeras que apuntan a una persona indican que si ésta es soltera, nunca va a casarse, y si es casada, que será objeto de infidelidad.
• Cuando unas tijeras caen al suelo, la persona a la que dirigen su punta será víctima de un mal o desgracia inmediata.
• Nunca se deben regalar tijeras, salvo que se dé a cambio una moneda o se pinche previamente a la persona que es destinataria del regalo.
• Dos personas al mismo tiempo no deben retirar la mesa (utensilios y manteles), pues una de ella morirá ese año.
• Dejar restos de la cena en la mesa durante toda la noche trae mala suerte.
• Trae mala suerte si se cae la comida del tenedor en el camino del plato a la boca.
• Si durante la noche la mesa queda cubierta por un mantel blanco, pronto habrá una muerte en la vivienda.
• Da mala suerte regalar cuchillos, porque quiebran la amistad.
• Si una mujer desea quedar embarazada debe plantar perejil, aunque si lo come lo evitará.
• El pelo crece si se unta con perejil machacado en un almirez de madera.
• Una paloma cortada por la mitad y colocada a los pies del paciente baja la fiebre. Si se la pone en la cabecera cura los dolores de cabeza, el delirio, la melancolía y la locura.
• Si se ven palomas bañándose es señal de que pronto habrá un cambio del tiempo.
• Nunca se debe dejar que un novio vea el vestido de su novia antes de la entrada a la iglesia o al juzgado.
• Si el novio lleva la corbata torcida el día de la boda significa que será infiel.
• Los invitados a una boda deben tirar arroz a los novios para asegurar su descendencia.
• El día de la boda la novia no debe ponerse perlas, pues éstas simbolizan lágrimas y traerán así
muchas a lo largo del matrimonio.
• No hay que casarse en enero para no tener problemas económicos a lo largo de todo el matrimonio.
• Se debe quemar el cordón umbilical de los niños porque si es comido por un perro o un gato, el niño será un delincuente.
• Si dos personas bostezan a la vez tendrán alguna coincidencia en sus vidas.
• Si dos personas bostezan, una después de la otra, la última que ha bostezado tiene buenas intenciones respecto de la primera.
• Es de mal agüero derramar de forma involuntaria la sal o que se caiga un salero: el responsable de ese fatal descuido verterá tantas lágrimas como granos de sal se hayan desperdigado.
• Quien pisa la sal derramada tendrá disgustos y si se trata de alguien que va a casarse pronto, no cumplirá este propósito.
• Aquel que persiga quebrantar la felicidad de unos recién casados le basta con echar sal en el lecho nupcial.
• Los niños que nacen con dientes traen mala suerte y su porvenir es acabar siendo delincuentes.
• Si a un niño le salen pronto los dientes su madre quedará embarazada de nuevo enseguida, pero el niño recién nacido no tendrá una vida muy larga.
• Si a un niño le salen primero los dientes superiores tendrá una larga vida. Por el contrario, si le salen primero los inferiores, su vida será corta.
• Quien tiene los dientes incisivos superiores separados tendrá riqueza, prosperidad y viajará con asiduidad.
• Si se sueña que un diente sobresale de los demás o se cae augura una desgracia familiar. Si el diente es arrancado es mal presagio y si se ve un diente perfecto significa un incremento patrimonial.
• Cuando salen granos en la lengua es señal de que se ha dicho una mentira.
• Se deben cortar las uñas en lunes o viernes para que no duelan las muelas.
• No deben cortarse las uñas en viernes por ser éste un día nefasto.
• Para que no salgan padrastros, no se deben cortar las uñas en días de la semana que tengan erre.
• El que se corte el pelo en viernes criará sarna o piojos.

Proceso a Savonarola Condenado a Muerte Por La Iglesia Justicia

Proceso a Savonarola Condenado a Muerte Por La Iglesia

SAVONAROLA EL REFORMADOR Los enemigos de Jerónimo Savonarola, sacerdote dominico de 46 años,“consiguieron hacerlo encarcelar y se le instruyó un proceso en el que se pisotearon todas las normas de la justicia y la equidad”, dice la “Historia de la Iglesia”, de Ludwig Hertling, publicada con autorización eclesiástica.

Savonarola se había ganado la enemistad de un vasto sector de los habitantes de Florencia por su oratoria encendida contra la corrupción de la Iglesia y del clero bajo el reinado del Papa Alejandro VI.

Sus prédicas dividieron a los florentinos en dos bandos, triunfando durante un tiempo los partidarios de Savonarola cuando, con la ayuda del rey Carlos VIII de Francia expulsaron a los Medicis y establecieron en la ciudad una especie de república democrática, elevando el nivel moral de las costumbres.

El sacerdote prosiguió su campaña contra e! Papa y su política, recibiendo como primera advertencia una citación ante el Vaticano, pero Savonarola no acudió, y el Papa le prohibió predicar, lanzando a la campaña a otros sacerdotes que lo apoyaban. En 1497 el Papa lo excomulgó por “desobediencia contumaz” y Savonarola declaró inválida esta medida y comenzó a pedir la celebración de un concilio para deponer a Alejandro VI.

Las discrepancias llegaron a tal extremo que Savonarola, que se consideraba un enviado de Dios, pidió someterse a la prueba del fuego y un franciscano que hasta el momento se había mantenido alejado de la disputa decidió representar al bando contrario, ofreciéndose a participar en la prueba.

El pueblo se apasionó con el desafío y el día de la prueba advirtió con ira que otro sacerdote representaba a Savonarola, produciéndose un estallido en su contra que terminó por decidir a sus adversarios para someterlo a juicio y ahorcado finalmente junto a otros dos dominicos.

El cuerpo de Savonarola fue quemado públicamente. Otro proceso por herejía seguido en esta misma época fue el que afectó a William Tyndale (Tindal), un reformador inglés muerto en 1536 en Bruselas, Uno de sus principales pecados fue el de haber traducido al inglés los libros del Nuevo Testamento, que para los obispos británicos representó tal gravedad que pidieron su excomunión. Tyndale buscó refugio en Europa continental, donde conoció a Lutero, sumándose a los numerosos reformistas que combatían los excesos del clero.

La persecución se hizo entonces más encarnizada, hasta que fue apresado, y luego de un proceso muy sumario, condenado a morir por ser culpable de herejía.

OTROS CASOS: El  caso inusitado de Sir Walter Raleigh, estadista y escritor inglés nacido alrededor de 1552 y decapitado en 1618, reviste todos los caracteres de un drama moderno. Protegido de la Reina Isabel, por apoyarla se vio envuelto en una rivalidad con el poderoso conde de Essex, por lo que buscó en los viajes a América una actividad menos peligrosa. De esos viajes. Inglaterra y luego Europa conocieron la papa y el tabaco, ambos originarios de América y cuyo consumo fue impulsado por Sir Walter.

Al asumir el trono de Inglaterra Jacobo I, Sir Walter fue sometido a proceso por traición y sin que hubiera pruebas en su contra, se le condenó a ser encerrado en una torre, pero puesto en libertad en 1616 hizo otro viaje al Orinoco y seguro de que todo había pasado, regresó a Inglaterra. Al desembarcar en Londres fue apresado y decapitado, teniendo como base la anterior acusación y condena por traición.

Galileo Galilei (ampliar) fue sometido a proceso por la Inquisición bajo el reinado del Papa Urbano VIII, cuando en 1632, en su “Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo”, confirmó los principios de Copérnico, estableciendo que la Tierra gira alrededor del Sol. Galileo, célebre astrónomo, matemático y físico, constructor del primer telescopio astronómico, en 1609 fue procesado sólo cuando en sus planteamientos lesionó la autoridad de las Sagradas Escrituras.

Ahí la autoridad eclesiástica intervino y lo obligó a retractarse, aun cuando él mantuvo inalterablemente lo que había señalado. Hasta entonces, los teólogos no habían hecho mayores objeciones a las teorías de Copérnico. De este proceso se arrepintió la Iglesia y sirvió para que, posteriormente, se hicieran a la Inquisición críticas severas y muchos se burlaran de la actitud asumida por ella en el caso de Galileo Galilei.

Desde comienzos del siglo XVI, la administración de justicia comienza a pasar de la Iglesia y de los reyes a tribunales civiles, los que se regirán en adelante por códigos que irán perfeccionándose en la medida en que la humanidad avance hacia metas de ecuanimidad cada vez más altas.

Ver: Historia de Florencia del Renacimiento

Los Juicios de la Inquisición Guía de Preguntas a los Sospechosos

El último episodio de la lucha del Papado y del reino de Francia contra los albigenses comienza con un hecho terrible diferente. Como en la mayor parte de los casos, los archivos de los inquisidores nos permiten reconstruir el caso. Se trata del asesinato, en el mes de mayo de 1242, de Guillermo Arnaud, de la orden de los Hermanos Predicadores y de Etienne de Narbonne, de la orden de Hermanos Menores, agentes de la Inquisición en las tierras de los condes de Toulouse.

Colocados directamente bajo la autoridad del Papa, escapando al control de los obispos locales, estos inquisidores gozaban de una terrible reputación. El mismo papa Gregorio IX había tenido que moderar su ardor, como lo atestigua una carta enviada por él al arzobispo de Vienne en febrero de 1237.

A la cabeza de un verdadero «comando» inquisitorial, el hermano Guillermo Arnaud recorría el territorio de Toulouse en busca de herejes. En compañía de sus colaboradores, que ascendían a una docena, realizaba rápidas encuestas de ciudad en ciudad, después juzgaba y condenaba con el máximo rigor.

Su método era simple. Con sus asesores, su escribano y su carcelero se instalaba en el obispado o en un convento de dominicos o, a falta de ambos, en un castillo requisado para el caso. Después hacía anunciar el día y hora de su primer sermón. No acudir a escucharlo era para cada habitante como dejar flotar una duda sobre sus convicciones católicas.

En este sermón anunciaba su voluntad de extirpar la herejía de la ciudad. Era un ultimátum a los herejes del lugar. Sin embargo les era concedido un período de gracia. Si se presentaban ellos mismos a los inquisidores, estos últimos les perdonaban todos sus pecados mediante simples penitencias canónicas. Estas penitencias eran por cierto un medio cómodo de alejar a los más molestos: era suficiente pedirle al antiguo hereje que emprendiera la peregrinación a Santiago de Compostela y desde allí que subiera a Canterbury para exiliarlo durante muchos meses. Pero durante ese período de gracia el tribunal no condenaba a los culpables.

No corrían, pues, el riesgo de incurrir en la pena de muerte, ni en la confiscación de sus bienes ni en la pena de prisión. La cosa ya era diferente después del período de gracia. Entonces los sospechosos eran convocados sin miramientos y tratados como malhechores.

Los más débiles, los que no tenían gran cosa que reprocharse, aquellos que podían temer a algún enemigo, aquellos, en fin, que no habían tenido más que relaciones de negocios o de circunstancias con los herejes, por haber sido sus proveedores o clientes, o por haber intercambiado con ellos alguna palabra en la calle, o por haber sido recibido por ellos, o incluso por haber asistido casual o voluntariamente a cualquier ceremonia sin participar en ella, todos ellos acudían voluntariamente a acusarse. Venían igualmente al hermano Guillermo Arnaud los culpables de delitos más graves deseando gozar de la impunidad, denunciándose por delitos menores.

Estas confesiones eran escuchadas por los inquisidores a puerta cerrada. El secreto era absoluto. No se trataba de indulgencia: era simplemente el mejor medio de obtener rápidamente información. El temor inspirado por la Inquisición y la pobreza de espíritu de gran número de habitantes facilitaba mucho el trabajo del tribunal. No era suficiente acusarse para ser absuelto sino que era necesario citar nombres y dar direcciones para no ser considerado posteriormente como cómplice.

De este modo se alargaba la lista con los enemigos personales de unos y otros, y, como ocurre de ordinario con ese procedimiento, con todos aquellos que destacaban por su talento, su originalidad, su carácter o sus… manías.

Llegaba entonces el final del período de gracia. El tribunal comenzaba por convocar a todos los que habían sido citados.

El método cambiaba brutalmente. El sospechoso era interpelado, arrojado en prisión e interrogado después. Existía una guía de la Inquisición y los jueces se contentaban con seguirla. Todos los interrogatorios, y existen millares en los archivos de la Inquisición, son del mismo tenor:

«—¿Os habéis visto con un hereje?»
«—¿Dónde lo habéis visto?»
«—¿En qué fecha?»
«—¿Sabíais que era un hereje u os lo hizo saber?»
«—¿Quién os lo dijo?»
«—¿Teníais con él relaciones regulares?»
«—¿Por quién lo conocisteis?»
«—¿Le habéis recibido en vuestra casa?»
«—¿Fue sólo o acompañado?»
«—¿Le habéis visitado?»
«—¿Ibais sólo o acompañado?»
«—¿Os habéis visto en un lugar diferente de vuestra casa o la suya?»
«—¿Solo o en grupo?»
«—¿Habéis oído una predicación?»
«—¿Qué decía?»
«—¿Conocéis el saludo de los herejes?»
«—¿Lo habéis vos mismo utilizado?»
«—¿Habéis asistido a la iniciación de un hereje?»
«—¿Habéis renegado de la religión cristiana?»

Como puede verse, el interrogatorio de los sospechosos era llevado como si los jueces pudieran tener ya respuestas. Conociendo el sistema de delación establecido por la Inquisición, las personas interrogadas tenían pocas posibilidades de ser absueltas, ya que, o se veían obligadas a confesar sus relaciones con los herejes o a negar toda culpabilidad, viéndose entonces confundidas por testimonios de valor muy desiguales.

LOS AUTO DE FE:

Replicaban las campanas y se hacían misas por las almas de los infortunados que estaban por morir en un auto de fe. El término  de origen portugués, se refería a un acto público y solemne en el que eran leídas las penas impuestas por el tribunal del Santo Oficio, creado para la represión de la herejía y demás delitos contra la fe cristiana (superstición, brujería, iluminismo. apostasía, etcétera). Hombres y mujeres condenados salían de sus celdas y eran llevados en una extraña procesión que encabezaba el portaestandarte de la Inquisición, seguido por tambores, trompetas, portadores de cruces, banderas y hachones encendidos, así como frailes de distintas órdenes.

A continuación desfilaba la lúgubre procesión de los condenados. Los acusados vestían una túnica penitencial. Algunos llevaban la cabeza rapada, en tanto que otros, con un toque de comedia negra, tenían puesta una coroza, un capirote puntiagudo que simbolizaba a los penitentes. Al final de la procesión marchaban los jueces y funcionarios, seguidos por el inquisidor local y el obispo de la diócesis.

Alineada en la calle, asomada por las ventanas o espiando por entre las rendijas, la multitud presenciaba el espectáculo con reverente temor. Algunos se arrodillaban, otros proferían insultos a los condenados y muchos acudían al lugar donde se desarrollaría el acto final del drama: una enorme plataforma con bancos para los condenados, un altar y estrados para los funcionarios.

Tras la oración pública, seguida de un sermón, se procedía a la lectura de los nombres de los condenados y de los cargos que se les imputaban. Finalmente se dictaba sentencia. Algunos sólo sufrían la humillación de llevar el sambenito —capotillo o escapulario que se ponía a los penitentes reconciliados— durante algún tiempo; otros recibían azotes y, algunos más, eran condenados a prisión. Muchos eran remitidos a la justicia civil, pues la Iglesia no podía quitar la vida a nadie.

Eran los jueces estatales quienes conducían a las víctimas a la hoguera, en las afueras de la ciudad. Los que se arrepentían de sus pecados en el último instante eran muertos a garrote. Los demás eran quemados vivos.

La inquisicion española Luchas contra los herejes Historia Resumen

La Inquisición Española:Los Herejes

INTRODUCCIÓN:
Inquisición
: Es un
tribunal eclesiástico establecido para perseguir la herejía y demás delitos contra la fe. Históricamente tuvo dos manifestaciones distintas: la Inquisición medieval, directamente vinculada al pontificado, y la Inquisición española, establecida por los Reyes Católicos.

El primitivo tribunal de la Inquisición fue creado por Gregorio IX en 1231 con el objeto de frenar el avance de la herejía de los albigenses en el S de Francia. En 1235 se constituyó en diferentes países de Europa con el consentimiento de Federico II. Encomendada a los dominicos, era una instancia extraordinaria cuyo poder procedía directamente del Papa. La tortura fue admitida por Inocencio IV (bula Ad Extirpártela, 1252) como procedimiento procesal para obtener la confesión. Posteriormente su utilización fue confirmada por Alejandro IV (1259) y Clemente IV (1265).

En España se introdujo en la Corona de Aragón, con Jaime I, a instancias de su confesor san Raimundo de Peñafort. Su constitución definitiva tuvo lugar en el concilio de Tarragona (1242). El establecimiento de la Inquisición en los diferentes reinos hispánicos y luego en América se debió a la iniciativa de los Reyes Católicos, tras una serie de negociaciones con Sixto IV, entre 1478 y 1483.

El primer gran inquisidor fue Tomás de Torquemada, confesor de la reina Isabel. A diferencia de la institución medieval, el nuevo tribunal o Santo Oficio se organizó con plena independencia de la Santa Sede, bajo la jurisdicción directa de la corona. Su actuación se centró, principalmente, en la represión del judaísmo, y, después de la expulsión de los judíos (1492), en la persecución de los falsos conversos, la bigamia, la blasfemia, la brujería, los libros prohibidos, etc.

El órgano rector era llamado Consejo Supremo de la Inquisición. De él dependían los tribunales provinciales, dirigidos por un inquisidor auxiliado por calificadores y familiares. Las sentencias eran hechas públicas en los llamados autos de fe y las condenas a muerte, ejecutadas por la justicia secular. Los reinados de Carlos V y Felipe II fueron los de mayor desarrollo del Santo Oficio, utilizado incluso como instrumento político, para decaer en los siglos siguientes.

La Inquisición fue suprimida por las Cortes de Cádiz en 1813. Fernando VII la reimplantó en 1814 y fue definitivamente abolida por María Cristina en 1834. (Fuente Consultada: Gran Enciclopedia Universal Espasa Calpe Tomo 21)

Tribunal de la Inquisición Española

La Iglesia católica romana

Uno de los apóstoles, san Pedro (llamado originalmente Simón o Simeón), organizó a los cristianos en la Iglesia primitiva. Es decir, parece haberlo hecho. Los relatos históricos hablan poco de la vida y las obras de Pedro. San Pablo, judío converso a quien se considera también apóstol, predicó extensamente entre los gentiles (es decir, no judíos), incluyendo a los romanos.

La Iglesia católica considera a Pedro el primer obispo de Roma, y allí, según la leyenda, fue crucificado por los romanos hacia el año 64 d.C. La Iglesia estableció su sede en Roma, donde los sucesivos papas (de la palabra latina papa que significa padre) han sido ungidos como los sucesores de Pedro y representantes de Dios en la tierra.

Convertirse en “la Iglesia”

Hasta la Reforma protestante la Iglesia católica romana era simplemente la Iglesia, al menos en Europa. La palabra católico significa universal o de gran alcance. La Iglesia católica romana era la iglesia de todo el mundo.

La doctrina católica romana se centra en una Santa Trinidad, en la que un dios toma la forma de tres personas distintas:

Dios Padre, Dios Hijo (Jesús) y Dios Espíritu Santo. Los católicos veneran también a la madre de Jesús, María, a quien consideran virgen después de haber dado milagrosamente a luz. (Los santos son seres humanos cuyas vidas ejemplares causan milagros divinos y cuya virtud, confirmada por la Iglesia, los hace acreedores a la condición de santidad.)

Aunque varios emperadores romanos persiguieron a los cristianos, Constantino el Grande dio media vuelta en el siglo cuarto d.C., y no solamente ordenó tolerar el cristianismo sino que convirtió a la Iglesia en una institución rica y poderosa.

Una fuerza unificadora

A la caída del Imperio Romano de Occidente, en el siglo quinto d.C. la Iglesia permaneció siendo la principal fuerza unificadora y civilizadora en Europa, llamada también la cristiandad.  Los reyes consideraban que su autoridad era un derecho concedido por el dios de los cristianos. El papa era no sólo un líder espiritual sino también político. León III (el futuro san León) coronó al rey franco Carlomagno como emperador de Occidente (o emperador del Sacro Imperio Romano) en el año 800 d.C.

Cuando el pontífice Urbano II hizo un llamado para la liberación de los Santos Lugares (el Israel actual) del dominio turco, su poder y prestigio impulsaron las Cruzadas en 1095.

Enfrentar disidencias y abandonos

Sin embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo sobre si el rey respondía directamente ante Dios o ante el Papa, y esto produjo luchas de poder que duraron siglos. En la Inglaterra del siglo doce este desacuerdo causó el asesinato del arzobispo de Canterbury, a manos de los soldados de Enrique II, lo que fue un desastre de relaciones públicas para el rey. Enrique negó haber ordenado el hecho, pero se había quejado del arzobispo, Thomas Becket, quien había sido antes su canciller, y había manifestado en voz alta su deseo de verse librado de tan “turbulento clérigo”.

A veces surgían disputas acerca de quién era el verdadero papa. Cuando Federico 1, emperador del Sacro Imperio Romano, estuvo en desacuerdo con la elección de Orlando Bandínelli como el papa Alejandro III, ocurrida en 1159, simplemente decidió nombrar por su cuenta, uno tras otro, a sus propios candidatos, que recibieron el nombre de antipapas. Víctor IV, Pascal III, Calixto IV e Inocencio III se llamaron a sí mismos papas, pero Roma replicaba: “Vaya! ¡Ninguno de ustedes es el verdadero papa!”    

Las luchas de poder entre la Iglesia y los gobernantes nacionales causaron la Reforma protestante del siglo dieciséis

La Reforma produjo contiendas militares entre protestantes y católicos, la mayor de las cuales fue la guerra de los treinta años. Esta contienda comenzó en 1618, cuando los protestantes de Bohemia, región que formaba parte del Sacro Imperio Romano, trataron de nombrar un rey protestante. España se lanzó a la guerra, del lado católico, y como demostración de que las guerras religiosas suelen ocurrir por causas ajenas a la religión, la católica Francia se alió con los protestantes. (Los franceses estaban inquietos por el hecho de que los Habsburgo, familia católica que gobernaba España y el Sacro Imperio Romano, se estaba volviendo demasiado poderosa.)

Algunos conflictos entre protestantes y católicos, pero sólo de nombre, habrían de estallar mucho tiempo después. Uno particularmente enconado se centra en la disyuntiva de si Irlanda del Norte, en donde la mayoría de la población es protestante, debe seguir formando parte de la Gran Bretaña o unirse a la democrática y católica República de Irlanda.

Puesta en marcha de la Inquisición

Antes de que el clérigo alemán Martín Lutero desencadenara la Reforma protestante en 1517, ciertos funcionarios eclesiásticos intentaron abordar el problema de la percepción extendida y creciente de muchos europeos acerca de la corrupción, indolencia y arrogancia de sacerdotes y monjes. Algunos cardenales y obispos trataron de expulsar a los clérigos de conducta impropia. Estos ensayos reformistas tuvieron poco éxito, excepto en España, país que, al enfrentar desafíos diferentes de los de gran parte de Europa, produjo una solución extremista.

Los moros, que eran musulmanes, gobernaron España durante siglos. Los cristianos tomaron el último reino musulmán de la península en 1492, el mismo año en que Colón se hizo a la vela. Muchos judíos vivían también en España. Y como los moros eran más tolerantes que los cristianos europeos hacia los judíos, éstos preferían vivir en las regiones dominadas por los musulmanes.

Al perder los moros el poder, judíos y musulmanes quedaron paralizados. Podían salir del país, convertirse al cristianismo o, posiblemente, ser asesinados. Muchos se convirtieron, pero eran cuando mucho cristianos tibios: odiaban a la Iglesia y a todo lo que simbolizaba, y practicaban en secreto sus religiones.

Los cristianos españoles temían que estos cristianos nuevos se rebelaran si los moros de África del norte o los turcos musulmanes del oriente atacaban. Por su parte, la jerarquía eclesiástica temía que el resentimiento de los cristianos nuevos minara la autoridad de los sacerdotes.

Para aliviar estas inquietudes, los monarcas Fernando e Isabel pusieron en marcha la Inquisición española, campaña para detectar, exponer y castigar la herejía.

La Inquisición ganó bien su reputación de minuciosidad, imparcialidad (nobles, religiosos y gente del común eran todos vulnerables) y abominable crueldad. Operaba en secreto, empleando informadores anónimos y efectuando arrestos nocturnos, y recurría al confinamiento solitario y a la tortura para arrancar las confesiones.

La sentencia era pública, sin embargo, y tenía lugar en una llamativa ceremonia llamada auto da fe, en la cual los prisioneros aparecían vestidos con una túnica especial denominada sambenito. Las penas iban desde multas y azotes hasta el trabajo forzado como remero en una galera y la muerte por el fuego.

Tales tácticas y castigos no eran inusitados en ese tiempo, y de hecho la Inquisición era menos cruel que muchas cortes civiles: prohibía la tortura que produjera daño físico permanente y requería la presencia de un médico; los condenados a la hoguera debían morir primero, casi siempre por estrangulación.

Con todo, la institución era temible. Los marineros extranjeros tenían pavor de un arresto en España por piratería o contrabando, pues estaban seguros de que terminarían en manos de la Inquisición, y difundían historias sobre sus horrores.

Simultáneamente, la Iglesia española se volvió más rigurosa. Sacerdotes y monjes indolentes y corruptos fueron expulsados. Así que cuando las ideas de la Reforma protestante llegaron a España, no encontraron tierra fértil. La Inquisición se encargó de aquéllos pocos tentados por el protestantismo. Y sólo para asegurarse, mantuvo alejadas las ideas que consideraba peligrosas mediante la proscripción de libros y la prohibición, para los españoles, de estudiar en universidades extranjeras. El asunto funcionó y las ideas calvinistas y luteranas no encontraron eco en la península ibérica.

Se mantiene la continuidad

La Iglesia permaneció siendo una importante influencia civil en las naciones firmemente católicas y sus territorios, durante el siglo dieciséis, y en la actualidad continúa teniendo poder en muchos países. Los sacerdotes, que figuraron entre los primeros españoles presentes en muchas regiones del Nuevo Mundo , construyeron misiones y convirtieron a los nativos, con lo cual el catolicismo se convirtió en la religión mayoritaria de gran parte de Latinoamérica.

La Iglesia católica sigue ejerciendo influencia política. Sus normas influyen desde hace tiempo sobre las leyes civiles, especialmente en lo referente a problemas de orden moral como el divorcio y el control natal, en países católicos como Italia e Irlanda.

Algunas conductas en los asuntos políticos son contrarias a la política del Vaticano. En el siglo veinte, la Iglesia católica romana censuró a los clérigos latinoamericanos que predicaban la teología de la liberación y participaban en movimientos políticos populares.

Como Actuaban?: Los inquisidores se establecían por un periodo definido de semanas o meses en alguna plaza central, desde donde promulgaban órdenes solicitando que todo culpable de herejía se presentara por propia iniciativa. Los inquisidores podían entablar pleito contra cualquier persona sospechosa. A quienes se presentaban por propia voluntad y confesaban su herejía, se les imponía penas menores que a los que había que juzgar y condenar. Se concedía un periodo de gracia de un mes más o menos para realizar esta confesión espontánea; el verdadero proceso comenzaba después.

Si los inquisidores decidían procesar a una persona sospechosa de herejía, el prelado del sospechoso publicaba el requerimiento judicial. La policía inquisitorial buscaba a aquellos que se negaban a obedecer los requerimientos, y no se les concedía derecho de asilo. Los acusados recibían una declaración de cargos contra ellos. Durante algunos años se ocultó el nombre de los acusadores, pero el papa Bonifacio VIII abrogó esta práctica. Los acusados estaban obligados bajo juramento a responder de todos los cargos que existían contra ellos, convirtiéndose así en sus propios acusadores. El testimonio de dos testigos se consideraba por lo general prueba de culpabilidad.

Los inquisidores contaban con una especie de consejo, formado por clérigos y laicos, para que les ayudaran a dictar un veredicto. Les estaba permitido encarcelar testigos sobre los que recayera la sospecha de que estaban mintiendo. En 1252 el papa Inocencio IV, bajo la influencia del renacimiento del Derecho romano, autorizó la práctica de la tortura para extraer la verdad de los sospechosos. Hasta entonces este procedimiento había sido ajeno a la tradición canónica.

Los castigos y sentencias para los que confesaban o eran declarados culpables se pronunciaban al mismo tiempo en una ceremonia pública al final de todo el proceso. Era el sermo generalis o auto de fe. Los castigos podían consistir en una peregrinación, un suplicio público, una multa o cargar con una cruz. Las dos lengüetas de tela roja cosidas en el exterior de la ropa señalaban a los que habían hecho falsas acusaciones. En los casos más graves las penas eran la confiscación de propiedades o el encarcelamiento. La pena más severa que los inquisidores podían imponer era la de prisión perpetua. De esta forma la entrega por los inquisidores de un reo a las autoridades civiles, equivalía a solicitar la ejecución de esa persona.

Aunque en sus comienzos la Inquisición dedicó más atención a los albigenses y en menor grado a los valdenses, sus actividades se ampliaron a otros grupos heterodoxos, como la Hermandad, y más tarde a los llamados brujas y adivinos. Una vez que los albigenses estuvieron bajo control, la actividad de la Inquisición disminuyó, y a finales del siglo XIV y durante el siglo XV se supo poco de ella. Sin embargo, a finales de la edad media los príncipes seculares utilizaron modelos represivos que respondían a los de la Inquisición.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

La Inquisición se estableció a mediados del siglo XIII por la autoridad pontificia en los diversos países de Europa occidental. A fines del siglo XV, los Reyes Católicos instaron la creación de un nuevo tribunal del Santo Oficio como instrumento eficaz para consolidar la unidad religiosa y nacional de la península Ibérica, en peligro por la amenaza que representaban los judíos conversos, mantenedores en secreto de sus viejas prácticas y frecuentes autores de conspiraciones y desórdenes.

Durante el periodo de máxima grandeza de la Monarquía española, mientras los barcos regresaban del Nuevo Mundo cargados de plata, los inquisidores, en su mayoría frailes dominicos, censuraban libros e investigaban cualquier acusación de desviación de la ortodoxia católica. Tales acusaciones podían formularse en secreto, a veces por vecinos que se cobraban viejas rencillas. La presentación voluntaria de todo hereje o sospechoso que confesaba su culpa acarreaba tan sólo la imposición de leves penitencias. Pero la denuncia o actuación de oficio contra algún acusado originaba un proceso lento y minucioso, durante el cual quedaba incomunicado en prisión preventiva sin conocimiento de quiénes eran sus testigos o acusadores. Sólo cuando el resultado de las pruebas parecía dudoso, se recurría al tormento para obtener la confesión del acusado. No sólo la Inquisición usaba la tortura. En la época estaba autorizada en casi toda Europa: morir en la hoguera era un castigo de uso común en las cortes seculares.

torturas inquisicionLOS AUTO DE FE: Repicaban las campanas y se decían misas por las almas di’ los Infortuna dos que estaban a punto de morir en un auto de fe. El término, de origen portugués, se refería a un acto público y solemne en el que eran leídas las penas impuestas por el tribunal del Santo Oficio, creado para la represión de la herejía y demás delitos contra la fe cristiana (superstición, brujería, iluminismo, apostasía, etcétera).

Hombres y mujeres condenados salían de sus celdas y eran llevados en una extraña procesión que encabezaba el portaestandarte de la Inquisición, seguido por tambores, trompetas, portadores de cruces, banderas y hachones encendidos, así como frailes de distintas órdenes.

A continuación desfilaba la lúgubre procesión de los condenados. Los acusados vestían una túnica penitencial. Algunos llevaban la cabeza rapada, en tanto que otros, con un toque de comedia negra, tenían puesta una coroza, un capirote puntiagudo que simbolizaba a los penitentes. Al final de la procesión marchaban los jueces y funcionarios, seguidos por el inquisidor local y el obispo de la diócesis.

Frente al acto final
Alineada en la calle, asomada por las ventanas o espiando por entre las rendijas, la multitud presenciaba el espectáculo con reverente temor. Algunos se arrodillaban, otros proferían insultos a los condenados y muchos acudían al lugar donde se desarrollaría el acto final del drama: una enorme plataforma con bancos para los condenados, un altar y estrados para los funcionarios.

Tras la oración pública, seguida de un sermón, se procedía a la lectura de los nombres de los condenados y de los cargos que se les imputaban. Finalmente se dictaba sentencia. Algunos sólo sufrían la humillación de llevar el sambenito —capotillo o escapulario que se ponía a los penitentes reconciliados— durante algún tiempo; otros recibían azotes y, algunos más, eran condenados a prisión. Muchos eran remitidos a la justicia civil, pues la Iglesia no podía quitar la vida a nadie.

Eran los jueces estatales quienes conducían a las víctimas a la hoguera, en las afueras de la ciudad. Los que se arrepentían de sus pecados en el último instante eran muertos a garrote. Los demás eran quemados vivos.