Ciudades Sagradas Mayas

Historia de Mexico Precolombino Antes de la llegada de Colón

Historia de México Precolombino
Los Aztecas

Antes de la llegada de los españoles a México, el país estaba ocupado por diversos pueblos que alcanzaron alto grado de civilización. Eran los precursores de la civilización azteca. Los toltecas representaron un papel particularmente importante antes de que los aztecas les expulsaran. Todos estos pueblos eran notables agricultores y, especialmente, hábiles  arquitectos  y  escultores.

Los aztecas eran un pueblo belicoso que hacía continuamente la guerra para asegurarse los víveres y disponer de víctimas para los sacrificios humanos que ofrecían a sus dioses sanguinarios. Los aztecas eran también hábiles arquitectos y escultores. Sin embargo, su poderoso imperio cayó con facilidad en manos de los españoles cuando éstos llegaron en el siglo XVI.

Los que quieren penetrar los secretos del México precolombino (es decir, antes de la llegada de Cristóbal Colón) se hallan enfrentados a una difícil tarea. Se dice que dos grandes civilizaciones se habían desarrollado en México antes de la llegada de los europeos: la de los aztecas y la de los mayas. Esta opinión, que está muy extendida, es incompleta e imprecisa.

De hecho, México estaba habitado por varios pueblos, cada uno de los cuales tenía su propia cultura. Alguno de estos pueblos, los mayas, por ejemplo, vivían en las tierras bajas del sur. Otros habitaban el norte del país. Los aztecas ocupaban una región en cuyo centro se alza actualmente la ciudad de México, capital del país.

Para comprender la civilización azteca es indispensable estudiarla a la luz de otras civilizaciones importantes que la precedieron.

Los aztecas asentaron su hegemonía entre los siglos XIII y XV, pero, ya mucho antes, otros pueblos habían representado en México un papel importante.

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Guerrero Azteca

El valle situado en medio de la meseta mexicana y en el que se halla ubicada la ciudad de México es uno de los lugares del Nuevo Mundo más rápidamente ocupados por el hombre. Se han encontrado allí restos humanos que datan de hace once mil años.

De las civilizaciones que precedieron a la azteca forma parte la de la ciudad de Teotihuacán. Esta ciudad, situada en las proximidades de México, fue atacada e invadida por los toltecas, pueblo guerrero que emigró hacia el sur allá por los alrededores del año 1000. Impusieron su dominación a algunas ciudades mayas.

Estos toltecas es indudable que ejercieron gran influencia sobre los otros pueblos de México. Propagaron el culto al dios Quetzalcóatl. Esta divinidad, presentada bajo la forma de una serpiente emplumada, era considerada la creadora de la civilización.

Otra cultura que influyó sobre la civilización azteca es la de los zapotecas, cuyo principal centro se hallaba en Oaxaca. Este pueblo había edificado en los alrededores de Oaxaca una verdadera ciudad de los muertos. Los zapotecas concedían gran importancia al más allá y consagraban gran parte de sus actividades artísticas al culto de los muertos.

Los olmecas llegaron también al apogeo de su poderío antes de la fundación del imperio azteca y parecen incluso haber alcanzado el más alto grado de civilización de todos los pueblos mexicanos, principalmente después que se hubieron instalado más al sur, en las tierras bajas de los alrededores de Veracruz y Tabasco. Se conocen de ellos principalmente las grandes cabezas esculpidas en basalto y otras piedras duras. Algunas de ellas tienen más de dos mil quinientos años.

Todas aquellas comunidades se apoyaban en el cultivo del maíz. Contaban con buenos agricultores y con hábiles arquitectos y excelentes canteros. Algunos de estos pueblos tenían un calendario que podríamos considerar como notable.

Desde este punto de vista esos pueblos recuerdan a los mayas. Tenían, sin embargo, sus propios usos y costumbres, y su concepción de la belleza difiere de la de los mayas. La cultura de los olmecas, de los zapotecas y otros pueblos, son, por otra parte, más antiguas que la de los mayas.

Los aztecas, con los cuales entraron en contacto los conquistadores españoles, no eran, por otra parte, más que los herederos de estas viejas culturas, desaparecidas ya en aquella época, pero que habían dejado profundas señales. Los toltecas fueron quienes más influyeron sobre los aztecas. Su capital, Tula, se hallaba a unos doscientos kilómetros al norte de México. Su hegemonía se extendía sobre un vasto territorio que englobaba Teotihuacán, más cercano a México.

Todavía hoy se encuentran vestigios de la floreciente civilización que allí se desarrollara. Bien conocida es la pirámide del sol, de unos sesenta metros, y en cuya construcción hubieron  de intervenir con toda probabilidad varios millares de personas durante una veintena de años.

Comparados con los toltecas, los aztecas fueron probablemente un pueblo bárbaro al principio de su civilización. Eran muy belicosos y, sea lo que fuere, los toltecas llevaron las de perder en determinado momento y se retiraron más hacia el sur.

Los aztecas adoptaron una gran parte de la cultura tolteca y, en ciertos dominios, la completaron. Organizaron notablemente su territorio y administraron el país desde su capital, Tenochtitlán. Esta ciudad estaba construida en medio de un lago recubierto de verdor y de flores. Por ello se habla a veces de una Venecia mexicana. Tenochtitlán se hallaba en el lugar en el que se edificó la ciudad de México.

Después de haber conquistado el imperio azteca, los españoles hicieron desaparecer su capital. El lago fue desecado, y los canales, rellenados. Cuando se emprenden en México trabajos de desmonte se halla ya a dos metros de profundidad un espeso barro negro que es lo único que subsiste del antiguo lago de Tenochtitlán. Las casas estaban construidas sobre zampas y la ciudad se hallaba unida al dique por un malecón. La población de la capital azteca en la época de la conquista española se estima en unas setenta y cinco mil personas.

La vista de la ciudad debía de ser magnífica. Las calles eran anchas y rectas y numerosas embarcaciones surcaban los canales. También había puentes, plazas públicas, templos, pirámides y palacios.

La residencia del emperador se componía de varios edificios construidos alrededor de patios interiores y cercados por un magnífico jardín en el que se podían hallar las plantas más raras y a menudo también algunos animales. El aprovisionamiento de agua estaba asegurado por medio de acueductos.

Tenochtitlán era asimismo el teatro de espeluznantes atrocidades. Los aztecas estaban convencidos de que sus dioses exigían continuamente sacrificios humanos para conceder sus favores. Ésta era la razón de que los aztecas sacrificaran continuamente a los prisioneros conseguidos con ocasión de expediciones punitivas. Los cráneos de los pobres seres sacrificados se amontonaban en diferentes lugares de la ciudad.

Los historiadores admiten que durante las ceremonias religiosas que precedieron a la llegada de los españoles fueron sacrificadas unas veinte mil personas. Puede asegurarse, pues, que el poderío de los aztecas descansaba en el terror y era por ello muy vulnerable. Para los conquistadores españoles fue tarea fácil levantar a otros pueblos, especialmente el de los tlaxcaltecas, contra los aztecas y convertirlos en aliados suyos.

Los aztecas eran un pueblo belicoso que hacía continuamente la guerra para asegurarse los víveres y disponer de víctimas para los sacrificios humanos que ofrecían a sus dioses sanguinarios. Los aztecas eran también hábiles arquitectos y escultores. Sin embargo, su poderoso imperio cayó con facilidad en manos de los españoles cuando éstos llegaron en el siglo XVI

LOS AZTECAS:

Los aztecas o tenochas de Te-nochtitlán empezaron a representar en México un papel importante a partir del siglo xn. En el siglo xiv su capital se había desarrollado. Desde esta capital administraban su imperio, formado por cierto número de ciudades confederadas y de un extenso territorio conquistado a tribus vecinas.

El valle mexicano no bastaba, en la época de la hegemonía azteca, para proporcionar la alimentación necesaria a los numerosos habitantes. Esto explica, en parte, el belicismo de los aztecas. Ese pueblo guerrero consiguió someter a  sus vecinos con  bastante facilidad. Y éstos venían obligados a proporcionarles, en calidad de deudas de guerra, géneros alimenticios y otros productos de primera necesidad.

Al igual que sucedía con los asirios en la Antigüedad, la guerra era para los aztecas una rama de la economía. Pero su ejército estaba lejos de alcanzar el grado de organización del de los asirios. Se componía de multitud de pequeñas unidades organizadas a modo de clanes. Cada una con su mando propio, combatían en un conjunto de unidades.

El uso de las armas formaba parte de la instrucción elemental dada a cada uno de los jóvenes dentro del seno del clan. Las armas no eran nada notable, aunque los aztecas hubiesen podido penetrar el secreto del trabajo de ciertos metales. Pero las lanzas que empleaban en sus expediciones guerreras tenían la punta de piedra, aunque esto no fuera un obstáculo en sus conquistas.

En tiempos del emperador Moteczuma, en el siglo XV, los aztecas llegaron probablemente hasta Guatemala con estas armas. Se admite generalmente que devastaron parte de la ciudad de Cinchen Itzá, la capital de los mayas.

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Las expediciones guerreras de los aztecas no sólo tenían la misión de asegurarse un botín y alimentos, sino también a los miles de personas necesarias para los sacrificios humanos. Los aztecas eran, en efecto, un pueblo muy religioso; pero adoraban a sus dioses de una forma que no podía ser más cruel. Gran número de sacerdotes y sacerdotisas era responsable del culto rendido a las divinidades masculinas o femeninas.

Los sacrificios humanos constituían la parte esencial del ritual… Después de haber ejecutado una danza en honor de la divinidad, los prisioneros de guerra eran conducidos hacia la plataforma del templo. Los sacerdotes les ataban entonces al ara de los sacrificios y les mataban arrancándoles el corazón.

La sociedad azteca se componía de varias clases sociales. Las más altas eran las de los sacerdotes y de los nobles. El resto de la población estaba dividida en clanes, cada uno de los cuales se hallaba bajo el mando de un funcionario que en tiempo de guerra era asimismo su comandante.

Los aztecas desarrollaban también actividades comerciales. La clase de los comerciantes tenía una religión separada y habitaba un barrio apartado de la ciudad. Finalmente estaban los agricultores, que trabajan el suelo que les correspondía por derecho según el clan. El principal cultivo era el maíz.

En el plano cultural los aztecas son menos interesantes que algunos otros pueblos mexicanos, pues se limitaron a adoptar las realizaciones de otros. Por ello las suyas propias carecen de originalidad.

Los aztecas conocían gran número de signos y un calendario que, aun siendo testimonio de un gran conocimiento de la astronomía, no podía rivalizar con el de los mayas. Eran también hábiles escultores y arquitectos. Sus templos en forma de pirámide estaban hechos de tierra recubierta de piedras. Los mayores de esos templos se edificaron en Tenochtitlán durante  la  segunda  mitad  del  siglo XV; poco antes, pues, de la llegada de los españoles.

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Ataque de Hernán Cortés a los Aztecas

Sobresalían en las artes figurativas. Los relieves que decoraban los muros de los templos, así como las pinturas, dan testimonio de gran habilidad. Fabricaban también hermosas joyas en oro y jade, mosaicos hechos de piedras, conchas y plumas. Las telas que fabricaban eran muy hermosas. Puede, pues, parecer sorprendente que un pueblo que había alcanzado tal grado de evolución sucumbiera tan rápidamente a la conquista española.

Varias circunstancias explican el hecho. En primer lugar, allá por la época de la llegada de los españoles los aztecas esperaban la venida de una de sus mayores divinidades, Quetzalcóatl y su séquito. Según la leyenda, este dios se había alejado por mar y había de regresar del mismo modo bajo la apariencia de un hombre blanco y con barba.

Cuando Cortés y sus soldados desembarcaron, los aztecas se creyeron en presencia de su dios. Cortés desembarcó en 1519 en la costa de México, en la región de Tabasco. Le acompañaban unos quinientos hombres y disponía de una quincena de caballos y de diez pequeños cañones que componían lo esencial de su armamento.

Cuando se aventuró más lejos, Cortés se dio cuenta rápidamente de que los indios le temían y trataban de evitar las dificultades. Recibió rápidamente la ayuda de ciertas tribus como la de los tlaxcaltecas y la de los totonacos, que no deseaban otra cosa que sacudirse el yugo azteca.

Cortés y sus hombres se dirigieron muy decididos hacia Tenochtitlán a despecho de que emisarios de Moteczuma intentaban hacerles cambiar de parecer cubriéndoles materialmente de toda clase de regalos. Fue, pues, sin mucha dificultad como los conquistadores hicieron su entrada en Tenochtitlán, escoltados por un millar de indios.

El emperador Moteczuma II, que seguía creyendo que se encontraba en presencia de la divinidad tan esperada, acudió personalmente a su encuentro. Pronto se puso en claro que los españoles no eran dioses.

En los combates que siguieron, Moteczuma fue probablemente asesinado por su propia gente. Los españoles, que no eran tan numerosos para resistir un ataque azteca en masa, sufrieron fuertes pérdidas y se vieron obligados a batirse en retirada. El poderoso ejército azteca inició la persecución; pero Cortés consiguió retirarse en buen orden gracias a su ciencia táctica y a la superioridad de su equipo. Esta retirada, que aconteció la noche del 1° de julio de 1520, recibió el nombre de «noche triste».

Algunos meses más tarde Cortés volvía a pasar al ataque a la cabeza de un poderoso ejército en el que combatían numerosos indios, y en esta ocasión consiguió vencer a los aztecas de manera decisiva y apoderarse de la persona del nuevo emperador Cuauhtémoc, sobrino de Moteczuma II. No le hizo matar, sino que lo guardó como rehén a fin de evitar una nueva revuelta de los aztecas. Una vez descartada la amenaza, Cortés hizo colgar al emperador.

Todavía en nuestros días, Cuauhtémoc es considerado un héroe por los indios de México.

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Moctezuma Historia de su Muerte La Caída del Imperio Azteca

Moctezuma Historia de su Muerte
La Caída del Imperio Azteca

Grandeza y caída de un imperio. Los aztecas escribieron una de las más apasionantes páginas del libro de la  Historia.   Las  ruinas  de  esa   civilización   nos  llenan  aún  de   asombro.   ¿Qué  motivó  su  fin?

Hacia finales del siglo XV los dominios aztecas abarcaban prácticamente todas las naciones civilizadas de México, a excepción de las tribus de las montañas occidentales, los mixtecas y zapotecas. Su capital se llamaba Tenochtitlán y estaba construida en una isla pantanosa junto al lago de la Luna. Su emperador era entonces Tizoc.

Su reinado presenció el fin de una era mágica de cincuenta y dos años y se hizo necesario agrandar el gran templo del dios de la guerra Huitzilopochtli que, según se creía, había expulsado de México al dios-sacerdote Quetzalcoatl algunos siglos antes y establecido una nueva era de dominio militar. Esta enortne pirámide, que se elevaba hacia el cielo casi sesenta metros, estaba coronada por un pequeño templo. Ante él se alzaba el altar, sobre el que se tendía a los guerreros cautivos para arrancarles el corazón.

Tizoc murió en 1486 antes de que el templo estuviera totalmente terminado, sucediéndole Ahuitzolt, su hermano menor. En su reinado comenzó la caída de los aztecas. Ahuitzotl era un hombre culto, amante de la música y la poesía, famoso por su harén de bellas princesas. Obligado a la dedicación del Gran Templo, comenzó dos años de guerra contra los mixtecas de Oaxaca. En lugar de tomar la aceptable oferta de veinte guerreros para el sacrificio, tomó veinte mil cautivos, todas las fuerzas disponibles de las tribus conquistadas, y los hizo matar a todos.

Un hombre sabio y devoto: Ahuitzotl murió en 1502. Al trono azteca ascendió un hombre que era a la vez un bravo guerrero y un sabio filósofo. Se llamaba Moctezuma, El Fuerte Brazo del Noble Señor y Príncipe. En 1507 celebró la ceremonia mágica de hacer un Fuego Nuevo que daba comienzo a otro período de tiempo para su pueblo mejicano. Todo fue bien en la ceremonia, y la continuación del universo durante otros cincuenta y dos años quedó asegurada.

Moctezuma II emperador azteca

Moctezuma era sumo sacerdote cuando el consejo lo eligió para suceder a Ahuizotl (1486-1502) y convertirse en el supremo gobernante azteca. Distintas fuentes revelan su personalidad, en la que, junto al valor guerrero, destacan su constante estado melancólico y un fuerte componente supersticioso. Durante los primeros años de su reinado consiguió que el Imperio azteca conociera su momento de mayor esplendor.

Sin embargo, Moctezuma no siempre tuvo buena suerte. Perdió un ejército en una extraña ventisca y otro en una terrible inundación. Pero, a excepción de estas pérdidas, sus ejércitos prosperaron y llegó a hacer de México un dominio azteca, desde los desiertos del norte a los bosques tropicales y desde el Atlántico hasta el Pacífico. La profecía de Huitzilopochtli se había cumplido: México estaba unido y en la corte de Moctezuma los traductores hablaban las lenguas de veinte pueblos tributarios diferentes.

Moctezuma no sólo era un guerrero valiente y conquistador; era sacerdote, astrónomo y un hombre verdaderamente sabio y devoto. Pero con frecuencia se sentía obsesionado por la preocupación, pues sabía que durante su reinado se llegaría al día Viento-Nueve del año Caña-Uno, o  1518 por nuestro calendario.

En esta fecha, que ocurría cada cincuenta y dos años, los sabios sabían que el dios Quetzalcoatl (Culebra con plumas, o Soplo de Vida) podía volver y deponer a su antiguo enemigo, el dios Huitzilopochtli. Tal acontecimiento significaría el fin del poder azteca.

Moctezuma temía que ocurriera durante su reinado En 1511 dos barcos pertenecientes a los navegantes españoles Solís y Pinzón pasaron ante la costa de México, desembarcando de vez en cuando para comerciar con los nativos.

Posteriormente contaron su historia a Pedro Mártir, el historiador y geógrafo italiano y por su libro sabemos que fueron los primeros españoles que visitaron México.

Sin embargo, pasaron de largo, y durante ocho años Moctezuma no volvió a tener noticias de ellos.

Ce Malinalli: Al otro lado del mar, en España, un joven llamado Hernán Cortés fue enviado por sus padres a las Indias Occidentales para unirse a los colonizadores en Cuba. Casó con una joven dama de buena familia y todos creían que había sentado la cabeza. Pero oyó hablar de aventuras de viajes a tierras misteriosas del oeste y quiso dirigirse hacia aquellos lugares.

Hacia el oeste, no muy lejos, una princesa mejicana tuvo una niña que nació en un día desafortunado. Los adivinos dijeron que estaba destinada a destruir al gran dios de la guerra Huitzilopochtli y a causar la caída de los aztecas. Su madre, no queriendo matarla, la escondió hasta que, cuando ya era una muchachita, la envió a vivir como sierva entre los mayas, al norte de Yucatán. Cuando tenía dieciséis años, el jefe a quien servía trajo a dos cautivos españoles que habían naufragado. Dos años después llegó un barco español.

Los españoles fueron devueltos a su gente y la muchacha, que ahora tenía diecinueve años, fue una de las veinte bellas esclavas entregadas al apuesto capitán español Hernán Cortés. De este modo, Ce Malinalli (hija del Dolor) se fue con los españoles; como no podían pronunciar su nombre, la llamaron Doña Marina o Malinche.

sacrificios de moctezuma en mexico

Por su brutal sacrificio de más de veinte mil guerreros cautivos, sobre la gran pirámide de Tenochtitlán, el emperador Tízoc perdió toda lealtad por parte de las tribus sometidas.

El año Caña-Uno
Cortés había oído hablar de los tesoros de los indios mayas del Yucatán y de una tierra aún más extraña llamada México. Tras una agria disputa con el gobernador de Cuba, había embarcado en busca de gloria y fortuna para España y la Iglesia.

En abril de 1518, la víspera de Pascua, embarcó rumbo al puerto mexicano de Cempoalla. Quizás Doña Marina, que actuaba como intérprete para los españoles, conocía su destino, pues retrasó a Cortés un día. Cuando desembarcó en México con Marina junto a él como intérprete, iba vestido de terciopelo negro, con medias y guantes también negros. Sobre su pecho brillaba un camafeo de oro y concha blanca.

Se tocaba la cabeza con un sombrero de copa plano, según la moda de la época, y su pálido rostro estaba circundado por una fina barba negra. Para los nativos era exactamente igual a la imagen del dios Quetzalcoatl que volvía, generalmente representado en forma similar (aunque el terciopelo negro había sustituido a la pintura negra sobre el cuerpo).

El retraso hizo que desembarcara el día Viento-Nueve del año Caña-Uno. Era el día que Moctezuma había temido. Los mensajeros corrieron seiscientos kilómetros hasta Tenochtitlán con las malas noticias. Quetzalcoatl había vuelto.

El gran emperador de los aztecas no sabía qué hacer. Consultó a los sacerdotes y presentó incienso y flores, que eran las ofrendas aceptables para Quetzalcoatl. A continuación, envió a sus mensajeros con un noble presente.

Comprendía gran cantidad de oro, las imágenes de varios dioses y dos libros mágicos, uno de los cuales tenía ya tres siglos de antigüedad y narraba la historia de la anterior encarnación de Quetzalcoatl como rey de los totecas casi mil años antes.

Con los tesoros, Moctezuma envió un mensaje de fraternal bienvenida y la promesa de entregar ricos presentes. Pero rogaba a los extranjeros que aceptaran los regalos y dejaran México pacíficamente. Por otra parte, Hernán sabía que, si no se llevaba algún botín notablemente rico, el gobernador de Cuba lo encarcelaría y probablemente obtendría permiso de España para ejecutarle.

No tenía otra alternativa que responder con un mensaje amistoso e insistir en que debía visitar al gran rey Moctezuma en la capital. Ce Mallinalli sabía que su destino le empujaría a luchar contra el terrible dios Huitzilopochtli, que había determinado que se la matara al nacer. Por ello, continuó con los españoles, aconsejándoles y ayudándoles; fue la amante de Cortés y le dio un hijo.

A Cortés le habían hablado del pequeño país independiente de Tlaxcala y hacia allí se dirigió en primer lugar. El consejo tribal de Tlaxcala decidió que sería aconsejable ayudar a los extranjeros a marchar sobre la tierra de sus antiguos enemigos, los aztecas, y, cuando la marcha prosiguió, los doscientos españoles iban acompañados de varios miles de guerreros de Tlaxcala. Tras muchas aventuras, llegaron al borde del valle de México.

Al subir el ejército español a las colinas sobre México vieron un bello lago y una ciudad de cuento de hadas con casas de tejado plano y grandes templos piramidales, pintados con vivos colores sobre superficies blancas plateadas. La ciudad era mayor que cualquiera de las de Europa y se llenaron de aprensión.

Al descender encontraron la entrada de un estrecho paso que cruzaba el lago y conducía a la ciudad. Allí vieron un enorme ejército de guerreros y nobles, vestidos de plumas y adornados con oro. A la cabeza venía el propio Moctzzuma, que llevaba un gran tocado de plumas, en la actualidad en el Museo Etnológico de Viena. Dio la bienvenida a los españoles y lesscondujo a uno de sus palacios. Todo parecía ir bien y durante algún tiempo existió una verdadera amistad entre los dos jefes. Junto a ellos estaba siempre Doña Marina, traduciendo fielmente.

Las primeras escaramuzas
De repente llegaron noticias de otra expedición española procedente de Cuba. El gobernador había enviado a Narváez, uno de sus mejores oficiales, para arrestar a Cortés y encargarse de la conquista de México. Cortés dejó a su ejército bajo el mando de Alvarado, su lugarteniente en México, y tomó una pequeña fuerza de sus compañeros más escogidos y valientes para enfrentarse a Narváez.

En un solo día se logró la victoria. Narváez fue enviado de vuelta a Cuba cargado de cadenas mientras la mayor parte de su ejército, con nuevos caballos y cañones, volvía con Cortés al dorado México.

Al llegar no fueron bien recibidos. La gente se escondía en sus casas y en ellas no se oía sonido alguno. Se avecinaban dificultades. Parece  que Alvarado se temió un ataque cuando en un gran festival los jefes guerreros aztecas bailaban ante sus sanguinarios dioses de la guerra. Alvarado atacó; con espadas de acero contra palos de madera, los aztecas no tenían ninguna posibilidad.

Cuando llegó Cortés, Moctezuma trató de establecer la paz, pero estalló una sublevación. Moctezuma salió al almenaje para calmar a su pueblo, pero un guerrero le arrojó una piedra. El emperador no estaba herido de gravedad, pero cayó y murió a los dos días.

Entonces se produjo un ataque. Cortés había decidido evacuar a su ejército de México durante la noche. Sus seguidores estaban cruzando el paso cuando un vigilante azteca dio la alarma. Atacados por ambos lados por guerreros en canoas, el pequeño ejército de los españoles se abrió camino, pero más de la mitad murieron. Cortés acampó aquella noche con escasas esperanzas.

De haber sido atacado al día siguiente, todo su ejército habría perecido. Sin embargo, tenía un aliado desconocido luchando por él. Entre el ejército de Narváez había un africano occidental educado en España que se llamaba Esteban. Este hombre había enfermado de viruelas y murió en México. La enfermedad se extendió rápidamente.

Los aztecas no tenían ninguna experiencia de ella y su acostumbrado tratamiento de baños de sudor contra la fiebre no servía para nada. La muerte en una forma desconocida era ahora el peor enemigo. Aunque en pocos días consiguieron reunir un gran ejército para atacar a Cortés y a sus aliados de Tlaxcala, fueron vencidos. Tras su derrota, la última de sus tribus sometidas se sublevó y los aztecas quedaron solos. El nuevo emperador fue Cuitalhuac, sobrino de Moctezuma, pero murió a consecuencia de la epidemia.

Entonces fue elegido el último jefe guerrero azteca, un valiente joven de diecinueve años llamado Cuauhtemoc, o Águila Descendente. Reforzó la defensa, pero los españoles colocaron barcos de vela con cañones en el lago e impidieron el paso de comida a la ciudad. Atacaron después de algunas semanas.

A pesar del hambre y la enfermedad, Cuauhtemoc mantuvo la lucha. Cortés prosiguió su ataque y, muy a su pesar, tuvo que destruir la ciudad casa por casa para poder avanzar. Al fin, entre montones de muertos, los españoles se abrieron camino hasta la gran plaza y el templo de Huitzilopochtli. Un capitán español de uno de los pequeños cañoneros vio una canoa que cruzaba el lago remando velozmente hacia la otra orilla. Pronto la atrapó y capturó a los hambrientos guerreros que la ocupaban.

Uno de ellos era el valiente emperador azteca Cuauhtemoc. Al mismo tiempo, empezó a arder el templo de madera situado sobre la gran pirámide y algunos dicen haber visto al dios de la guerra Huitzilopochtli volar a través de las llamas gritando su furor.

Después de la caída
México cayó el año 1521. Doña Marina, una vez cumplido su destino, dejó a Cortés y se casó con el joven español que había mandado la pequeña flota de cañoneros. Volvieron junto a la madre de la muchacha y la joven pareja vivió feliz y en paz. Los indios tomaron a su esposo por un «Taule» o ser divino y aceptaron su presencia como un honor. Se dice que ella fue enterrada en un túmulo de tierra, cerca de su hogar en Cempoalla.

ultimo emperador azteca

Un relieve del monumento a Cuauhtemoc, el último emperador azteca. Aparece a la izquierda, enfrentándose con gesto de desafio a Hernán Cortés y la muchacha india Ce  Malinalli.

Cuauhtemoc fue hecho prisionero y se le trató bien, pero era demasiado orgulloso para soportar el sometimiento. Finalmente, tomó parte en una conspiración para recuperar la libertad y matar a Cortés. Fue muerto en garrote y quemado. No obstante, es el brillante héroe nacional del actual México.

El imperio azteca cayó, pero no desapareció su cultura. Su grado de civilización era notable. Poseía una escritura ideográfica y su calendario se basaba en observaciones astronómicas. Su arquitectura, agricultura, arte textil y cerámica estaba a la altura de los países del Asia oriental.

La familia era monógama, el matrimonio era obligatorio y estaba prohibido el adulterio. Su lengua, el náhuatl, se habla aún en la mayoría de las regiones de México. Dejó el país lleno de monumentos y obras de arte, de los que se conservan importantes vestigios que son muy admirados.

Fuente Consultada: La Llave del Saber Tomo I Presente y Pasado del Hombre Ediciones Cisplatinas

Leyenda de la Fundación de Cuzco Historia del Inca Viracocha

Leyenda Inca de la Fundación de Cuzco
Historia de Viracocha

LA CIUDAD DE CUZCO: Cuzco o Cusco (ciudad), ciudad del sur de Perú, capital del departamento homónimo, ubicada a 3.360 metros de altura en los  Andes surorientales. Fue la capital del imperio inca en la etapa prehispánica, y hoy aún conserva muchos de los restos de aquella brillante civilización, como el templo del Sol o Corichancha, la fortaleza de Sacsahuamán y diversos muros, dinteles y calles.

También posee catedrales, palacios y otras obras civilesque fueron construídas por lo españoles en la época colonia.Sufrió varios terremotos y el de 1950 destruyó gran parte de la ciudad, aunque los monumentos históricos fueron restaurados cuidadosamente. En 1983 fue declarada Patrimonio cultural de la Humanidad. Población (2005), 103.836 habitantes.

mapa de cuzco en peru

El nombre dado a toda una civilización tuvo su origen en una pequeña familia. Los incas alcanzaron una   rápida   expansión;   su  imperio,   uno  de  los   más  fabulosos,   aún   sorprende   a  los  historiadores.

El cronista español Fernando Montesinos (hacia 1600-1655) escribió en su historia del Perú que los incas descendían de una dinastía de amautas (hombres sabios) que habían gobernado el país desde la ciudad de Tiahuanaco. Pero en el Perú de la época la historia seguía entremezclada con el mito, y otras crónicas peruanas cuentan que los incas y sus subditos creían que Inca Manco (fundador de la dinastía) y su hermana habían venido de la jungla del Amazonas con otros tres hermanos más o menos por la época de las grandes conquistas del Cid, hacia el 1066.

Los tres hermanos se convirtieron en rocas, pero Inca Manco y su hermana Mama Huaca continuaron el viaje. Su padre, el Sol, les había enviado a fundar su reino sobre la Tierra. Con ellos llevaban una cuña de oro que clavaban cada noche en el suelo junto a su campamento, hasta que por fin llegaron a un valle entre montañas donde había una pequeña ciudad. Aquello era Cuzco, el centro mismo del Perú, y allí se hundió profundamente la cuña de oro hasta desaparecer en la tierra.

Ya con más visos de realidad, el relato continúa diciendo que el pueblo de Cuzco recibió a los visitantes como seres divinos y los instaló en un pequeño palacio de piedra, permitiéndoles gobernar una parte de la ciudad. Dada la naturaleza semidivina de la joven pareja, no podían contraer matrimonio con mortales ordinarios, así es que se casaron entre sí y tuvieron hijos, considerados también como descendientes directos de Inti, el dios del Sol.

En la tercera generación los incas seguían gobernando únicamente la ciudad de Cuzco. Pero la cuarta capturó el valle de Urabamba, expansión que alarmó seriamente a las tribus vecinas. Al tropezar con una confederación de poderosas tribus chauca, el séptimo inca fue presa del pánico y su pueblo retrocedió. La familia condenó a muerte al débil y proclamó a su hermano Inca Viracocha como verdadero octavo inca. Tribal en sus orígenes, el término «Inca» se había convertido ya en una denominación jerárquica.

Dueños de la meseta Viracocha organizó una audaz campaña de ataques súbitos e inesperados contra el enemigo que le permitió destruir en muy poco tiempo toda oposición. Sus victorias hicieron a los incas dueños de toda la región de la meseta andina: era un imperio de dimensiones reducidas, pero hacía falta mucha habilidad política para gobernarlo. El terreno era abrupto, con pocos puentes y carreteras aceptables, y los pueblos hablaban varios dialectos del aimará y del quechua, dos lenguas muy distintas.

Si la familia Inca supo adaptarse a las nuevas circunstancias, fue en gran parte gracias a la influencia de Sapa Inca Viracocha, quien afirmaba que el mandato del dios Sol no era solamente gobernar y despojar a otras tribus, sino también organizarías y procurar beneficio a todos los que viviesen bajo el dominio inca. No obstante, había bastante diferencia entre ser el rey divino de mi pequeño valle montañoso y ser la cabeza sagrada de un estado unificado que abarcaba muchas tribus y ciudades.

ciudad de cuzco en peru

En las estrechas y sinuosas calles del Cuzco actual pueden verse aún restos de las murallas incas, hechas con gigantescos bloques de piedra, sirviendo de base a edificios más modernos.

El primer paso, y el más fundamental, era establecer la posibilidad de una mutua comprensión. El quechua, lengua de Cuzco, fue declarado lingua franca para todos los asuntos oficiales, aunque las tribus siguieron empleando sus propios dialectos para la conversación familiar. Se mejoraron las comunicaciones, se enlazaron los sistemas de carreteras ya existentes y se construyeron nuevos puentes sobre los profundos barrancos. Ya se conocían los almacenes, pero Viracocha estableció la ayuda mutua por todo el imperio enviando suministros, a medida de las necesidades, desde las zonas más prósperas a las regiones azotadas por algún desastre local.

La sorprendente victoria inca había llevado sus fronteras meridionales hasta el lago Titicaca, pero la costa seguía en poder de tribus enemigas. Así pues, Inca Viracocha animó a su hijo Pachacutec para que declarase la guerra al poderoso y rico señorío de chimú, cuya frontera sur estaba defendida por la gran fortaleza escalonada de Paramonga. La propuesta inca de una fusión pacífica de los dos imperios, en la que, como es natural, el chimú ocuparía un segundo lugar, había sido ya rechazada.

Pachacutec empezó por flanquear Paramonga, y después la tomó por asalto. A partir de ese momento, el país cayó rápidamente ante las tropas de ocupación incas, siendo un hijo de Pachacutec, Tupac, quien completó brillantemente la obra de pacificación.

Paradójicamente, la rápida caída del señorío chimú se debió en gran medida al alto grado de civilización de sus habitantes. Disfrutaban de muchas más comodidades que los pueblos de las tierras altas que mandaba el inca: sus ciudades eran prósperas, poseían finos vestidos, campos irrigados, industrias del metal y una vida fácil. Y no tenían ningún deseo de perder todo eso en una guerra inútil, así es que, tras la caída de su fortaleza principal, todos se rindieron tácitamente y, en compensación, fueron bien tratados.

El príncipe heredero fue trasladado a Cuzco, donde se casó con una princesa inca, para que los futuros gobernantes llevasen sangre inca en sus venas. Les despojaron de todos sus ornamentos de oro para llevarlos al templo del Sol, en Cuzco, pero se les permitió seguir usando plata y turquesas.

Fuente Consultada: La Llave del Saber Tomo I Presente y Pasado del Hombre Ediciones Cisplatinas

Religiones de los Pueblos Precolombinos Dioses y Creencias

DIOSES Y CREENCIAS RELIGIOSAS DE LOS PUEBLOS PRECOLOMBINOS DE AMÉRICA

Cuando los españoles llegaron a América, encontraron tres culturas florecientes: al norte, la de los aztecas; al centro, la de los mayas y, al sur, la de los incas. Esto hizo pensar, después, a los historiadores, que tales culturas fueron las únicas o las más relevantes. Con el tiempo, se demostró que no era así y que, antes, vivieron allí otros pueblos cuyo origen fue muy discutido.

Un sabio investigador checoslovaco  sostuvo que los americanos pertenecen a una sola raza y que llegaron al continente desde Asia por el estrecho de Bering. El antropólogo francés Paul Rivet formuló, en “Los orígenes del hombre americano”, otra teoría según la cual no existe unidad racial en América, ya que el hombre primitivo de este continente tendría varias procedencias: australiana, malaya, melanesia, polinesia, mogólica y esquimal. Mucho antes, el sabio argentino Florentino Ameghino sostuvo que los americanos eran autóctonos del Nuevo Continente y que el hombre apareció en el plioceno, último período de la era terciaria y no en la época cuaternaria.

dioses precolombinos

De todas maneras, aquellos remotos antepasados nómades, poca relación tuvieron con los pueblos agrícolas que se dedicaron especialmente al cultivo del maíz-planta gramínea de origen americano- en los valles fértiles donde actuaron. Se dice que esta afición la heredaron de los indios “pueblo”, descendientes, a su vez, de los “basket-makers” o “cesteros”, que habitaron al SO de los EE.UU.

Los aztecas, que Hernán Cortés encontró al llegar al valle de México, se habían establecido en ese lugar poco antes: en el siglo XIV. Previamente, habitaron allí los teotihuacanos cuya vasta cultura de tipo religioso tuvo su centro en Teotihuacán, ciudad sagrada cuyas ruinas siguen provocando el asombro de quienes las visitan.

El conjunto de innumerables edificios, pirámides escalonadas y terrazas, ocupa un amplio predio a cuyo frente se halla -entre restos de tumbas monumentales- la Avenida de los Muertos. Hay allí dos gigantescas pirámides o “teocalis”, dedicadas al culto del SoL y de, la Luna. En la cúspide de este último templo fue encontrada la imagen de una divinidad acuática, ya que el ciclo lunar está relacionado con las mareas y con la lluvia.

Todo esto, por igual que los motivos que aparecen en diversas esculturas, pinturas murales y cerámicas, revelan una vida religiosa trascendente. Después de los teotihuacanos, prevalecieron los toltecas, a quienes, durante un tiempo, se consideró maestros de los aztecas, hecho que no logró comprobarse. Su dios más importante fue Quetzalcoatl, palabra compuesta de “quetzal” (ave de hermoso plumaje) y “coatí” (serpiente), que significa “serpiente emplumada”. Bajo este nombre, parece haber actuado el primer jefe de los toltecas, hombre justo y civilizador, el que les enseñó los secretos de la escritura jeroglífica y la forma de aprovechar mejor la agricultura.

Los toltecas y otro pueblo (los olmecas), emigraron luego hacia Yucatán y  Guatemala, la belicosa llegada delos chichimecas. El dios principal de éstos fue Tlabloc, dioa de la lluvia y de las tormentas, cuya monumental estatu puede verse, en México, cerca del Museo de Antropología.

Tlaloc no sólo simbolizó la divinidad máxima de los chichimecas, sino también la de todos los nahuas, estirpe a la que pertenecieron las diversas tribus invasoras, entre ellas la de los aztecas. Según cuenta la leyenda, Tlaloc disponía de cuatro recipientes con agua, valiéndose de los cuales las nubes regaban la tierra; cuando el dios se enojaba, cundía el sordo ruido del trueno, iluminado por los relámpagos de su ira. Otros pueblos, como los tarascos, totonacas, mixtecas y zapotecas, habitaban en México cuando llegaron los españoles.

Sus costumbres y su religión perduraron, junto a la hispánica, durante varios  siglos.  Entre ellos sobresalieron los aztecas, que fueron los últimos en llegar desde norte y que, por igual que otras seis tribus  nahuas, emigraron hacia el sur en un prolongado éxodo que terminó cuando los aztecas fundaron la ciudad de Tenochtitlán.

Los mayas pertenecian a una raza distinta a la de los nahuas , pero como ellos vinieron del norte y se establecieron en Yucatán , Guatemala y Honduras. Se dice que ninguna civilización americana los superó. Sobre su religión, informan algunos libros sagrados, donde puede leerse: “Al principio sólo existían el mar y el cielo, por encima y por debajo de los cuales se extendían las tinieblas . .. Luego fue creada la Tierra, donde vivieron el hombre y los animales .. . Siguió una lluvia espesa y vinieron cuantiosas inundaciones. Pero antes que terminara el diluvio se reunieron los dioses e hicieron salir el sol, la luna y las estrellas, por encima de todo”.

En Honduras, donde los mayas adoraron también al Sol y a la Luna, vincularon a esta última con la “leyenda de la Mujer blanca” que tuvo tres hijos, entre los cuales dividió su reino, antes de desaparecer, como si fuera un pájaro.

Los incas gobernaban el Perú, Bolivia, parte de Ecuador y el norte de Argentina y de Chile, cuando llegaron los españoles. Antes que Cuzco fuese la capital de ese vasto imperio, destacóse la cultura de Tiahuanaco –importante centro religioso, a orillas del lago Titicaca– y, también, las de lca y Nazca, la cultura chimú y, más al sur, la de los collas y aymaráes.

En Tiahuanaco puede verse el dolmen conocido como Puerta del Sol, divinidad que presidía el culto incaico y su vasto imperio: el Tahuantinsuyo.

Superadas algunas creencia totémicas, y especial zoomorfas (de animales) , destinadas a adorar el águila y la serpiente (perpetuados en la actual enseña nacional) y otros animales como el puma, el jaguar, los incas tuvieron algo así como una trilogía de dioses creadores: Manco Capac, el primer emperador que se dedía hijo del Sol, Viracocha señor de todo los creado , quien realizar una serie de milagros desapareció sopresivamente y Pachacama dignidad absoluta reinaba por encima del Inti (el Sol), Quila (la Luna), Pachamama (la Tierra).

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°35 Edit. Cuántica Dioses de Pueblos Precolombinos

La Piedra del Sol del Calendario Azteca Características

PIEDRA DEL SOL: MONOLITO AZTECA CALENDARIO

Al contemplar en el modernísimo Museo de Antropología de la ciudad de México la Piedra del Sol, esta reliquia maravillosa, compendio de la astronomía indígena vinculada con temas premonitorios de la suerte corrida, luego, por los aztecas y los mayas, una especie de rara emoción embarga al observador.

Se trata de un enorme bloque basáltico completamente tallado, escultura sobre roca volcánica, color verdinegro, que pesa 24.000 kilogramos. El disco, de tamaño descomunal, cuyo diámetro supera los tres metros y medio, estuvo “policromado con colores afines a su simbolismo”.

piedra sol calendario azteca

En este gran monumento de piedra está tallado los conocimientos astronómicos de la civilización azteca. Para tener idea de su magnitud, en 1964 se empleó casi un mes de tiempo para transportar este monolito hasta el Museo Nacional  de Antropología.

Así lo aseguran los técnicos, basándose en restos de pintura, que se hallaron en los bordes de algunos relieves. El antropólogo mexicano Carlos Navarrete hizo un detallado análisis sobre “la Piedra del Sol”, publicado en 1968. Señaló en él que todos los elementos que aparecen en el disco, giran en bandas alrededor del centro, donde se encuentra la cara del Sol, llamado Tonatiuh. Este presenta la boca abierta y entresaca la lengua para irradiar su fuego, que es la luz. A ambos lados de esa cara pueden verse unas extrañas deidades que aprisionan entre sus garras corazones humanos, ya que el dios solar es un águila que se alimenta con esa sangre.

La valiosísima escultura fue descubierta,  en la Plaza Mayor de México, el 17 de diciembre de 1790. Y, tras quedar depositada en la Catedral, fue trasladada en 1885 al Museo Nacional. De allí, en 1964, pasó al Museo Antropológico, donde se encuentra actualmente.

Según los aztecas, nuestra era fue precedida por otras, imperfectas, que diversos cataclismos destruyeron. Esas edades están representadas por cuatro soles complementarios: el Sol Tigre (que devoró a los primeros pobladores, de talla gigantesca), el Sol del Aire (cuyos grandes huracanes barrieron los campos y destruyeron las cosechas), el Sol de la Lluvia de Fuego (de origen volcánico) y el Sol del Agua (tiempo en el cual, tras derrumbarse el cielo, sobrevinieron grandes inundaciones).

Después comenzó la época del quinto Sol, que es la del mundo en que vivimos. Y este mundo se divide en años y esos años en dieciocho meses de veinte días que, sumados a otros cinco complementarios, hacen un total de 365.

Otras franjas, en jade y en turquesa, diferentes por su color verde al del basalto, completan el calendario. Y todo simboliza un viaje que el rey de los astros efectúa a través del cielo donde, cada mañana, debe entablar un combate con la Luna y las estrellas para poder elevarse, como un águila, y dar luz y calor a la humanidad.

Los pueblos precolombinos de México  determinaron la duración de año con tal grado de exactitud como pudo hacerlo el papa Gregorio XIII cuando muchos siglos después, reformó el calendario cristiano.

AMPLIACIÓN:
1978: UN IMPORTANTE DESCUBRIMIENTO:
EL HALLAZGO DE UNA MISTERIOSA DIOSA AZTECA

Una mañana de febrero de 1978, varios obreros de la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza hallábanse excavando en una esquina céntrica de la ciudad de México. De pronto, uno de ellos sintió que su piqueta golpeaba contra algo duro. Siguió excavando, porque aquello era más grande de lo que suponía.

Poco a poco, y ahora ayudado por sus compañeros, descubrió, a dos metros de profundidad, la parte superior de una gran piedra circular tallada. Lo que no imaginaba el obrero era que aquella mañana había descubierto la representación de una fascinante diosa de la mitología azteca.

diosa azteca

Informado el Instituto Nacional de Antropología e Historia, concurrieron los arqueólogos y al contemplar la piedra circular descubierta comprendieron su extraordinaria importancia.

De inmediato se iniciaron los trabajos arqueológicos necesarios y a los pocos días, como un mensaje del pasado, emergió la figura de Coyolxauhqui.

Ahora bien, ¿Quién era Coyolxauhqui?

El hallazgo dio origen a controversias entre los entendidos. La mayoría de los investigadores se inclinó por afirmar que se trataba de la diosa de la Luna, cuyo nombre quiere decir: la que se adorna la cara con cascabeles, porque dichos cascabeles aparecen en el rostro de la talla encontrada.

En la mitología azteca, Coyolxauhqui era la diosa lunar, hija de Coatlicue, divinidad de la Tierra y de la Muerte.

Los arqueólogos han destacado la belleza de la gran piedra descubierta. Los artistas indígenas que la trabajaron destacaron en relieve los brazaletes, las serpientes de dos cabezas, las sandalias y los mascarones que porta la diosa.
Indudablemente, esta obra de arte azteca es un mudo mensaje del pasado que intriga al hombre de hoy, porque para nosotros esa piedra colosal que nos asombra revela el elevado sentido artístico de aquel mundo mágico que todavía debemos interpretar.

Fuente Consultada:
Dimension 2007 Edit. Kapelusz 7°Grado
Ciencia Joven Tomo V Diccionario Enciclopédico Edit. Cuántica

Los Cocomes Mayas Colapso de la Civilización

COCOMES
Los jefes mayas pertenecientes a la familia de los cocomes se establecieron en el distrito de Zotuta y eran llamados los chels. Ocuparon la región de Tihoo, cerca de Mérida. La zona maya comprendía políticamente cierto número de ciudades estados, situación semejante a la de la antigua Grecia en la época de Atenas y Esparta.

Cada estado estaba gobernado por un Halac Uinic (palabra que significa hombre verdadero). La sociedad maya estaba al igual que en la India, dividida en cuatro clases según los cuatro signos cardinales astrológicos: las castas militares hacia el Este = Aries, los nobles hacia los barrios del Oeste = Libra, los sacerdotes hacia el Sur=Capricornio, el común del pueblo (Cáncer), los esclavos (Luna) y los prisioneros de guerra hacia el Norte. Los centros más importantes del antiguo imperio fueron los de Copan, Guiricuá, Piedras Negras, Tikal, Uaxctún, Palenque y Yaxchilán.

Cocomes Mayas

En Copan, en Honduras, la belleza de los templos es impresióname y las piedras desenterradas han tomado un color rosado pálidoque les confieren los hongos locales. En uno de los templos su escalera tiene 27 metros de largo por 10 de ancho y en lo alto un enorme bloque apunta hacia el cielo, para registrar un eclipse solar.

Fue una de las primeras ciudades mayas abandonadas y por ello una de las últimas fechas inscriptas es del año 805 d.C, 64 años antes de la última fechu tallada en Tikal.

Copan era un punto especial para la observación de los astros por la limpidez del cielo. Según expresó S. Morley, un estudioso especialista en cultura maya, el templo de Copan fue erigido en el 764 en recuerdo de un importante eclipse.

En Tulum, a 131 km.de la moderna ciudad de Cancum, se halla una importante zona arqueológica con templos donde aparecen deidades como el Sol, la Luna, Venus y otras estrellas, en franjas ribeteadas de serpientes entrelazadas: la figura de Escorpio,  la serpiente emplumada, que aparecerá una y otra vez como sabio límbolode la vida, la muerte y la resurrección plutónica.

Palenque. Es un Templo de 23,40 metros de longitud por 16 metros de altura, ron 9 terrazas superpuestas, con 620 glifos esculpidos, lo que le ha valido su nombre de Templo de las Inscripciones. Debajo se hallael famoso «astronauta» en jade, del que tanto han hablado. Dániken, Benavidez y otros escritores ovniólogos.

Al observar la pirámide de Palenque asombran sus inscripciones. Mientras las de Chichen Itzá y Uxmal, parecen que esperaran al turista al borde de rutas macadamizadas, las de Palenque están como ancladas en la selva. Aparecen como palacios dorados por la luz, en medio de los árboles, templos casi intactos mientras pájaros de plumas multicolores vuelan por la plaza de la ciudad abandonada hace 50 generaciones y donde de noche a veces vienen a refugiarse los jaguares.

Fuente Consultada:
Huellas del Cielo de Norma Palma

Ubicacion Geografica de Mayas Incas Aztecas Lugar que Habitaron?

MAPA DE UBICACIÓN GEOGRAFICA CIVILIZACIONES AMERICANAS

MAYAS Los Mayas se situaron en los estados mexicanos de Yucatán, Campeche, Tabasco y Chiapas. En la mayor parte de Honduras, Belice, y Honduras.
AZTECAS Los aztecas se ubicaron en la zona del centro y sur del actual México, en Mesoamérica, entre las costas del Pacífico y el Atlántico.
INCAS Su dominio se expandió por mas de 4000 kilómetros, incluyendo el altiplano y la costa Peruana, gran parte del altiplano de Ecuador, el norte chileno, parte del Este de Bolivia y parte del norte de Argentina.
CHIBCHAS Los Chibchas se habitaron en la rama oriental de los Andes y el río Magdalena, siendo asiento principal la meseta de Bogotá (Colombia)
Cuadro Comparativo Entre las 4 Culturas

 El Arte Maya

Las Ruinas de Copan en Honduras Arquitectura Maya en Mesoamerica

Las Ruinas de Copan en Honduras
Arquitectura Maya en Mesoamérica
Las Ruinas de Copan en Honduras Arquitectura Maya en Mesoamerica

COPAN:  Los mayas realizaron en esta ciudad más estelas escritas que en ningún otro sitio, en su afán por perpetuar el conocimiento de su éxito. La Atenas del mundo maya fue descubierta en 1750 por don Diego García de Palacio. Se supone que tomó ese nombre tomó su nombre de la antigua capital del Reino Hueytiato, o Payaquí. Copantl, término Quanhpantli: “Puente de Madera, lo que llamamos Copante”.

Tras ser abandonada en el siglo X, Copan permaneció en el olvido durante 500 años, reclamada sólo por la selva. Esta magnífica ciudad es reconocida como la mayor creación maya y posee algunas de las muestras más notables de la arquitectura y escultura de esta civilización.

En el lluvioso verano de 1839, el explorador estadounidense John Lloyd Stephens y el artista inglésFrederick Catherwood llegaron a un claro en el denso bosque tropical y contemplaron la antigua ciudad maya de Copan. La selva ocultaba muchos de los edificios y velaba el perfil de los que aún se hallaban en pie.

El lugar entero se había deteriorado a causa del clima riguroso, los sismos y el lento crecimiento de enredaderas y raíces. También había tenido que soportar 1.000 años de erosión del río Copan. Las ruinas de esta ciudad real descansan en el centro del valle del río Copan, en Honduras, a pocos kilómetros de la frontera con Guatemala.

Stephens y Catherwood no fueron los primeros visitantes de Copan. En el siglo XVI, s de cinco siglos después del abandono de la ciudad, los españoles (Diego García de Palacio) la mencionaron en sus textos, y en 1834 el gobierno de Guatemala financió un estudio de las ruinas. Pero fue el trabajo de ellos dos el que atrajo la atención del mundo occidental sobre Copan.

Hasta la fecha se carece de una información fidedigna acerca de los primeros habitantes del Valle de Copán. Sin embargo, con base en diversos rastros encontrados en el área, puede conjeturarse que dicho valle fue objeto de ocupación humana en una época que se remonta a los mil años antes de Cristo, es decir, 1500 años atrás.

En la frontera entre Honduras y Guatemala, las ruinas de Copán albergan uno de los mayores tesoros del arte precolombino americano. Sus orígenes se remontan al siglo IX a. C., cuando se levantaron en la zona las primeras construcciones en piedra, y hacia el año 150 se estableció allí una colonia maya cuyo nombre original era Xucpi, que quiere decir «atado de maíz».

Tres siglos más tarde, las estatuas y monumentos de Xucpi eran famosos en todo el universo maya, y sus reyes parecían haber conquistado el favor de los dioses para siempre. La modesta colonia se había convertido en una de las ciudades—estado más poderosas de Mesoamerica.

Han habido pobladores en el Valle de Copán desde aproximadamente el año 1200 y muy probablemente desde antes de dicha fecha. Gobernados por reyes, los escultores reales demostraban sus talentos innovadores en muchas formas. La Escalinata de los Jeroglíficos incluye el más largo que se haya descubierto en los sitios Mayas. Este texto conmemora eventos importantes durante el reinado de los 12 primeros reyes de Copan.

Fuentes Consultadas:
Lugares Sagrados de America
Maravillas de América Central

Ciudades Sagradas de los Mayas Culturas de Mesoamérica Los Mayas

Ciudades Sagradas de los Mayas
Culturas de Mesoamérica

Ciudades Sagradas de los Mayas Culturas de Mesoamérica

LOS MAYAS: La cultura que se asocia con el punto culminante de la Edad Clásica de Mesoamérica es la maya. Este pueblo estuvo enormemente influido por las demás culturas mesoamericanas, junto a las cuales evolucionó poco a poco.

La cultura de los mayas se extendió por la península de Yucatán hasta llegar a la actual Guatemala, el norte de Belice y Honduras. Los mayas crearon un imperio integrado por ciudades-estado centradas en una agricultura intensiva y el comercio; algunas de las ciudades mayas más conocidas son Chichén Itzá, Uxmal, Palenque y Calakmul.

Entre los años 300 y 900 d. C., los mayas comenzaron a producir arte de un nivel tal que esta época ha sido denominada el Periodo Clásico. Crearon estatuas sofisticadas y relieves tallados en piedra, muchos de los cuales aparecían firmados por el artista.

Desarrollaron los jeroglíficos olmecas y emplearon la escritura para dejar constancia de acontecimientos y victorias en batallas en grandes bloques de piedra decorativos. También la arquitectura maya era sofisticada.

Los mayas extraían caliza de las canteras y cocían ladrillos. Además, los edificios civiles importantes estaban revestidos de yeso para contar con una superficie lisa ideal para decorar. Como sus antepasados, los mayas erigieron sus templos en la cima de inmensas pirámides escalonadas para aproximarse a los dioses.

Eran además sabios astrónomos, por lo que tal vez usaran estas estructuras como observatorios. Aunque la civilización maya entró en decadencia en el siglo IX, pervivieron culturas pos mayas, cuyo estatus únicamente se vio socavado por la llegada de los españoles en el siglo XV.

Al visitar los emplezamientos arqueológicos mayas, llaman la atención los edificios y los complejos arquitectónicos, que avivan la curiosidad e imaginacion de expertos y visitantes. Para los habituados al hecho urbano los edificios que construyeron los mayas plantean una serie de preguntas y estimulan el interés por aquella cultura precolombina. Las construcciones mayas parecen compartir a primera vista una serie de similitudes, aunque consideradas las distintas áreas en las que se sitúan y pertenecen, las diferencias se multiplican. Asi, la distribución de los edificios de las plazas, de los patios y una construcción a diferentes niveles

arco kabah maya

Del Gran Arco de Kabah, situado al final de la ciudad y como puerta de un sacbe que unía este centro con Uxmal, destaca la bóveda de aproximación de hiladas propia de muchos edificios ceremoniales y usada en el tejado a dos aguas muy inclinado de las viviendas mayas.

dando lugar a complejos similares a acrópolis difieren notablemente en función de las áreas, si bien existen una serie de elementos que permiten una identificación de similitudes como, por ejemplo, el uso de techados con bóveda de aproximación de hiladas, la utilización de techos de vigas cubiertas de hormigón con cal, el uso o no de cresterías caladas, el tipo de inclinación que se da al edificio, la presencia de estructuras piramidales, la presencia de estucos…

Los principales estilos -correspondientes a El Peten, Usumacinta, Motagua, Río Bec, Chenes, Puuc y el de la Costa Oriental- permiten agrupar regionalmente no sólo en el espacio sino también en el tiempo las construcciones mayas.

mentos públicos. La arquitectura pública surgió en la medida en que la progresiva complejidad cultural condujo a la necesidad de disponer de unos lugares específicos en torno a los cuales la sociedad pudiera realizar actividades comunes relacionadas con lo divino y lo humano.

Al igual que en el caso de las estructuras domésticas, la arquitectura monumental tuvo una serie de condicionamientos que dependían de la materia prima más abundante en el lugar, pero las técnicas de construcción básicas no variaron en gran medida: pisos, rellenos, muros y coberturas. Así, la caliza, para el estuco de enlucir el relleno o los sillares, fue el material más usado en todas las tierras bajas y ofrecía la mejor preservación, mientras que en el altiplano y la periferia existió mayor diversidad de materiales en función de una mayor variedad geológica.

Un rasgo característico del área a partir del período Formativo Tardío fue el uso de la bóveda de aproximación o de hiladas, que sustituyó de forma progresiva a las originarias cubiertas de materiales perecederos (entre ellos la palma), que iban a continuar siendo usados en la arquitectura doméstica hasta la actualidad.

La arquitectura maya tuvo rasgos y elementos afines a otras culturas mesoamericanas, y variaciones puramente regionales. Entre los rasgos comunes cabría destacar la disposición de los edificios alrededor de una plaza, la mayor elevación de los templos-pirámide, que sobresalían del entorno doméstico, los palacios, las acrópolis o los conjuntos de templos y palacios, los juegos de pelota y las calzadas o sacbeob; mientras que otras edificaciones como los complejos de conmemoración astronómica, las escalinatas jeroglíficas, las cresterías, los arcos, las torres o los cuadrángulos, se dieron de forma más limitada según las zonas.

Lo mismo que en las estructuras arquitectónicas, las decoraciones externas presentaron unos patrones básicos a partir de los cuales  surgieron  multitud  de  variaciones sobre un mismo tema y así, desde el Formativo, las fachadas de templos y palacios se adornaron con grandes mascarones de estuco o de piedra tallada, en los que se representaban las figuras de dioses y anímales que con el tiempo evolucionaron hacia formas muy estilizadas.

En el momento de mayor auge cultural se distinguieron varias regiones con rasgos estiilísticos propios: la de El Peten, con la ciudad de Tikal como centro, destacó del resto por la grandiosidad formal de sus basamentos, con una construcción muy vertical y sólida, y con templos rematados con inmensas cresterías macizas. Fue muy común el uso del estuco y la pintura para embellecer las paredes en edificios y tumbas.

Las ruinas deTikal cubren cerca de 60 km2, en las que se han descubierto literalmente miles de construcciones. Al cabo de décadas de trabajo, se ha excavado apenas una fracción de la ciudad, y los cálculos sobre su población oscilan entre los 100.000 y los 200.000 habitantes en su época de apogeo, que tuvo lugar en el siglo VII

Templo maya en tikal

Tikal es la más grande de las antiguas ciudades de los mayas.
Está situada en la región de El Petén, en Guatemala.
Templo de la Serpiente Bicéfala

En la región del río Usumacinta, cuyo centro fue Palenque -hasta tal punto que cabría hablar de un estilo propio en este centro-, las edificaciones son de menor tamaño que las de El Peten, los basamentos son bajos y, en general, tienen un aspecto más ligero, a lo que contribuyeron las cresterías caladas, que coronaban las edificaciones, y las diversas tipologías de arcos.

El uso del estuco en Palenque, la piedra labrada en Yaxchilán y la pintura mural policroma en rrnampak, centros menores pero adscritos también al área de este estilo arquitectónico, ¿¿quirieron características magistrales al ornamentar las cresterías, las portadas y los interiores.

El área del sudeste, que incluye centros como Copan y Quiriguá, por su natural situación periférica presentó peculariedades rropias, con una decoración escultórica en tiedra -prácticamente exenta- que se aplicó en construcciones como templos, palacios y escalinatas.

El Arte Maya

Fuentes Consultadas:
El Mundo Precolombino (Ed. Oceano)
Lugares Sagrados de América Juan Tafur (Ed. Oceano-Ambar)
Maravillas de América Central
Lugares Misteriosos de Paula Ruggeri
Atlas de la Historia del Mundo

Los Sacrificios Humanos de los Aztecas Historia pestes y tragedias

Los Sacrificios Humanos de los Aztecas

tragedias del mundo

LISTA DE OTROS TEMAS TRATADOS
1330 Los Sacrificios Humanos de los Aztecas
1347 La Peste Negra
1572 La Noche De San Bartolomé
1845 Hambruna de Irlanda
1912 La Tragedia del Titanic
1914 Genocidio Armenio
1918 La Gripe Española
1933 Hambruna de Ucrania
1935 Purgas de Stalin
1937 Explota el Hindemburg
1940 El Holocausto Judío
1943 Hambruna de Bengala
1945 Ataque Atómico en Japón
1947 Masacre Hindúes-Pakistanies
1952 Epidemia de Poliomielitis
1976 Desastre Químico en Seveso
1977 Accidente Aéreo en Tenerife
1978 Purgas en Camboya
1982 Accidente en el Río Potomac
1986 Explosión Radioactiva en Chernobyl
1986 Tragedia Espacial Challenger
1980 El SIDA
1994 Matanzas en Ruanda

LOS SACRIFICIOS HUMANOS DE LOS AZTECAS:

Los aztecas creían que habían existido cuatro edades, o “soles”, previas a aquella en la que ellos vivían. Cada una de estas edades había sido destruida por un cataclismo, posibilitando que la siguiente desarrollara formas de vida más evolucionadas. Así, en la primera edad, o “sol de agua”, los hombres habían sido creados de ceniza y, destruidos por el agua, se convirtieron en peces; en el cuarto sol, los hombres se transformaron en monos.

Los aztecas vivían en el quinto sol, o “sol de movimiento”, en el que habían sido creados el hombre y el maíz. Pensaban que de ellos dependía que el universo siguiera existiendo, porque, si el Sol no se alimentaba, no tendría fuerza para mantenerse vivo. Para evitar la muerte del Sol, realizaban constantes sacrificios humanos, ofreciendo la sangre a los dioses, porque creían que ella les proporcionaba la energía vital.

En su forma de interpretar el mundo se reflejaban también dos preocupaciones fundamentales: el cambio de “las cosas” y la muerte. Pensaban que todo lo que rodea al hombre, lo que es hermoso y bueno, como las plumas del Quetzal, las doradas mazorcas del maíz, los rostros y corazones de los amigos, estaban destinados a cambiar y terminar; por eso valoraban la creación artística como medio para superar la angustia que ocasionaba el fin de las cosas.

En realidad, lo que llamamos Imperio azteca era una federación de tres ciudades, Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopán, aunque los aztecas de Tenochtitlán tenían la hegemonía en el estado, que iba evolucionando también hacia un verdadero imperio centralizado. Pero era evidente que la falta de vías de comunicación y de animales útiles para el transporte impedía las campañas militares a regiones algo alejadas.

Sus dioses en parte eran transformaciones de concepciones totemistas primitivas y evolucionadas al contacto con los pueblos encontrados y sometidos. El carácter mágico de la mayoría de ritos es evidente y con frecuencia han conducido a lo que se llama nagualismo, creencia en espíritus protectores individuales. Entre los mitos que se nos han conservado destaca el de la creación, que supone la existencia de cuatro soles sucesivos, o sea cuatro creaciones que fracasaron, terminando en tremendas catástrofes que convirtieron a los hombres en peces, diversos animales y monos. Por fin, la quinta creación, gracias al sacrificio de varias divinidades, tuvo éxito y se logró el hombre.

Fiestas y celebraciones religiosas eran constantes. Pero el rasgo dominante de la religión centroamericana y concretamente la azteca es el sacrificio humano, en el que ningún otro pueblo de la Tierra logró tan alto grado de especialización y refinamiento. Los dioses mexicanos nos aparecen como sedientos de sangre, lo que obligaba a toda clase de sacrificios para tenerlos satisfechos. No es extraño, pues, que los propios sacerdotes tuvieran que mutilarse o herirse y dar también su sangre para aplacar a sus divinidades. Además habían de practicar oraciones, ayunos, purificaciones, danzas, etc., canto de himnos, danzas fálicas entre otras, etc.

El sacrificio corriente era el que se realizaba en lo alto del teocali! y en él el sacerdote abría el pecho a la víctima con un cuchillo de sílex para sacarle el corazón, que se dejaba en un recipiente, el cuauxicali, y el cuerpo se arrojaba desde lo alto del templo. No era infrecuente el canibalismo con los cuerpos de las víctimas. Pero el sacrificio podía adoptar muchas otras formas. Así, se podía despellejar a la víctima y colocarse el sacerdote la piel obtenida, como ocurría en el culto a Xipe-Topec. O bien la víctima había de luchar con uno o varios guerreros atada a una gran piedra. O se le mataba a flechazos, lo que constituía un rito de fecundidad.

Tlaloc requería el sacrificio de niños, mientras otros dioses pedían jóvenes o vírgenes. Tetzcatlipoca era más complicado, pues había que ofrecerle a un joven que durante un año había sido venerado como si fuese el dios mismo y al que se sacrificaba el día de la fiesta de mayo, en que el sol pasaba por el cénit de la capital. En algunas ocasiones se sacrificaban animales. Se nos ha conservado el dato de que la consagración del gran templo a Huitzilopochtli por Ahuitzol exigió setenta mil víctimas. No es extraño, pues, que los sacrificadores formasen la capa superior del sacerdocio, aunque no faltaban los chamanes, médicos y brujos, los músicos y los adivinos. Se cree que pasaban de cinco mil los sacerdotes que vivían en Tenochtitlán.

El mayor número de sacrificios tuvo lugar en Tenochtitlán, una ciudad construida en las islas de un lago, en el Gran Templo dedica do a Huitzilopochtli, dios del sol y de la guerra. Docenas o incluso centenares de prisioneros drogados subían hasta la cima de la pirámide. Una vez allí, a la vista de los dioses y de la ciudad, un equipo de sacerdotes cogía cada uno una extremidad o cabeza y arrojaba la víctima hacia abajo. El sacerdote que ejecutaba el sacrificio serraba el pecho del prisionero con un cuchillo de obsidiana y extraía el corazón del prisionero todavía palpitante para, a continuación, quemarlo.

Después, el sacerdote empujaba el cuerpo gradas abajo, donde era descuartizado, troceado, asado y trinchado. El propietario del prisionero sacrificado recibía los mejores cortes de carne para que pudiera servirlos en un banquete familiar, mientras que las masas se alimentaban del guiso que se hacía con las sobras. Los pumas, lobos y jaguares del zoo roían los huesos.

Otro ritual conocido con el nombre de «desollamiento de hombres» se celebraba en honor del dios Xipe Totee. Empezaba con la habitual extracción de corazones en lo alto de la pirámide, tras lo cual se descuartizaban los cuerpos para el festín familiar. Al día siguiente, a un prisionero se le concedía el honor de ser amarrado a una piedra y, con armas romas, tenía que defenderse de cuatro caballeros águila y jaguar, que tenían armas afiladas, por lo que el resultado del combate nunca planteaba dudas. Después de matar al prisionero, los sacerdotes lo abrían en canal y los oficiantes se lo comían.

Su patrocinador llevaba un cuenco de sangre a todos los templos para pintar las bocas de los ídolos. Después solía llevar puesta la piel del muerto durante veinte días mientras se pudría. Por último, se desechaba ritualmente la piel en una cueva del templo y el oficiante quedaba purificado.

En Tlaloc los niños eran sacrificados al dios de la lluvia. Los niños que nacían con ciertos rasgos físicos en días astrológicamente importantes eran muy apreciados, no obstante, cualquier niño valía. Los degollaban después de que el sacerdote les hubiera hecho llorar y recogido sus lágrimas. A diferencia de otros sacrificios, que se consideraban ocasiones festivas, los aztecas acompañaban la matanza de niños con fuertes lamentos, y los sacerdotes lo juzgaban un asunto sucio y lúgubre. Los aztecas evitaban los lugares en los que se celebraban los sacrificios de niños siempre que podían.

Las mujeres eran sacrificadas a la diosa madre, Xilonen. La mujer destinada al ritual se convertía en aquella diosa y era decapitada mientras bailaba. A continuación era desollada. Se le extraía el corazón y lo quemaban. Un guerrero recibía el honor de llevar la piel de la mujer durante un año y así se convertía en la diosa.

Las víctimas dedicadas al dios del fuego, Xuihtecuhutli, eran sedadas y arrojadas al fuego. A continuación los sacerdotes los pescaban con un gancho, chamuscados pero vivos, y los arrastraban fuera de la hoguera para poderles extirpar los corazones palpitantes.

Si buscamos a alguien a quien culpar de los sacrificios a gran escala de los aztecas, un candidato podría ser Tlacaclel, consejero jefe de tres sucesivos gobernantes. Un cronista español escribió que dicho individuo «inventaba sacrificios diabólicos, crueles y aterradores».

Tlacaelel supervisó la nueva dedicación del Gran Templo por parte del rey Ahuitzotl en 1487 durante la cual las víctimas del sacrificio formaban cuatro filas que se extendían a lo largo de las calzadas que unían las islas de Tenochtitlán. Fueron necesarios cuatro equipos y cuatro días para matar a todos los prisioneros porque la sangre se encharcaba y coagulaba en la base de la pirámide.

Historiadores posteriores han intentado convertir estos datos en números reales, proponiendo primero la cifra de unas 80.000 víctimas, pero hoy en día se calcula que el número podría oscilar entre 14.000 y 20.000.

 

Uno de los libros de viaje mas conocidos de la Edad Alta Media fue el Libro de las Maravillas del Mundo de Juan de Mandeville (escrito entre 1357 y 1371), que influyó tanto a Cristóbal Colón como a Américo Vespucio. En su libro, Mandeville describía una serie de monstruos que vivían más allá del mundo conocido, incluidos los gigantes de un solo ojo llamados cíclopes, las criaturas con una sola pierna llamadas esciápodos y los temibles anthropophagi, que tenían la boca en el centro del pecho.

Motivos no faltaban: Uno de los primeros puntos planteados por los estudiosos de estas culturas fue que semejante número de sacrificios requería permanentes víctimas: ¿cómo se conseguían?.

Los aztecas iniciaron con estos fines las “guerras floridas”. En tiempos de Tlacaélel -cortesano consejero de los reyes Itzcóatl y Motecuhzoma Ilhuicamina- se organizaron luchas periódicas contra otros señoríos. Como los pueblos sometidos al imperio azteca ofrecían productos para evitar el sacrificio, los mexicas debieron ensanchar sus dominios a las lejanas tierras de Guatemala, Oaxaca y Chiapas.

Fray Bartolomé de las Casas señala que los aztecas, pueblo muy religioso, sacrificaban a sus dioses lo más preciado: la vida humana. Los mayas, en cambio, lo mantuvieron como un tributo humano por algo que se esperaba de esos dioses. Interpretaciones más terrenas sostienen que la práctica fue una norma, por ejemplo, de regular el crecimiento demográfico y de poder político.

Las poblaciones del valle de México habían aumentado tanto que los alimentos eran insuficientes. Con las “guerras floridas” y los sacrificios, la tasa de mortalidad aumentó casi un 25 por ciento. Los mayas no fueron presionados por excesos demográficos y no debieron, como los aztecas, alentar los sacrificios humanos y el canibalismo.

La validez de estas teorías sólo depende de las numerosas muertes, y las crónicas no las niegan: alrededor de 15.000 anuales. Esta cantidad también explica a los sacrificios como un medio de control político.

Para comprender la situación política hay que señalar que mayas y aztecas tenían élites sacerdotales y guerreras que gobernaban sobre la población campesina Con una religión esotérica y compleja, los sacerdotes se convirtieron en los únicos conocedores de la palabra de los dioses, que invariablemente debía cumplirse. Sabían -decían saber- cómo hacer para que el Sol continuara su camino y las fechas propicias para que las cosechas fueran exitosas. El campesino -respeto y miedo- asistía a los ritos y creía que el orden del universo no se alteraba.

Todo el campesinado aceptaba el dominio de las clases dirigentes. Para que no quedaran dudas, muchos asistían en Tenochtitlán a los sacrificios. Era una advertencia de lo que podía ocurrir si no pagaban los tributos o se oponían al ejército azteca.

Ampliación del tema: Los reyes y sus sacerdotes lo arriesgaban todos en sus esfuerzos por complacer a los dioses y garantizar la suficiente lluvia para sus cosechas. Los extremos terroríficos a los que llegaban han salido a la luz en una serie de excavaciones que empezaron en 1895.

Aquel año, el arqueólogo y diplomático americio: Edward Thompson compró, por 75 dólares, una plantación mexicana sabiendo que incluía las ruinas de la ciudad sagrada maya de Chichen Itzá. Al igual que Arthur Evans, famoso por Cnosos, Thompson se pasó gran parte del resto su vida desvelando los secretos de este antiguo emplazamiento perdido para el mundo en plena selva  mexicana. Llevado por su pasión arqueológica, fue cazado por los indígenas y estuvo a punto de morí: a causa de un cepo envenenado, y perdió la sensibilidad en una de sus piernas.

El centro de su atención era el Sagrado Cenote una depresión de agua para sacrificios de noventa metros de largo que, según los mayas, era la puerta ce acceso al mundo de los espíritus, posiblemente porque la península del Yucatán es de caliza porosa, lo cual hace que los lagos o cuencas naturales sean extremadamente raros.

Thompson encontró un plato de oro fechado 900 d.C. donde muestra un guerrero tolteca que porta un tocado con un águila y que está sacrificando a un cautivo maya. Su atuendo representa un ave de presa descendiendo. En su mano izquierda sostiene el cuchillo de sacrificios, mientras que con la derecha sujeta el recién arrancado corazón de su víctima. Pueden verse cuatro ayudantes que tienden a la víctima sobre la losa de piedra para sacrificios. Uno mira directamente hacia fuera, hacia ti, testigo.

Thompson encontró los huesos de más de 42 víctimas en aquel pequeño lago. Se calcula que la mitad no llegaban a los veinte años cuando fueron sacrificados, y catorce tenían menos de doce. Los mayas creían que, cuanto más joven fuese la víctima, más complacidos se sentirían los dioses, porque consideraban que las almas jóvenes eran más puras.

En tiempos del dominio azteca (c. 1248-1521 d. C.), los sacrificios de niños eran especialmente corrientes en épocas de sequía. Si no se ofrecían sacrificios a Tlaloc, el dios azteca del agua, las lluvias no vendrían y las cosechas no crecerían. Tlaloc necesitaba las lágrimas de los jóvenes para mojar la tierra y contribuir a la aparición de la lluvia. Por consiguiente, se dice que los sacerdotes hacían llorar a los niños antes de someterlos al sacrificio ritual, a veces arrancándoles las uñas.

La desesperación de los mayas por la llegada de la lluvia constituye el motivo principal por el que, en torno a 900 d. C., su civilización entró en decadencia. Las sequías cada vez más extremas, exacerbadas por los efectos de la deforestación, la erosión del suelo y el cultivo intensivo, provocaron hambrunas, invasiones y violentas contiendas con los pueblos vecinos por los escasos recursos naturales. (Fuente Consultada: Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher Lloyd)

PARA SABER MAS…

TENOCHTITLÁN era la capital del  imperio azteca. En el momento de máximo esplendor abarcaba un territorio de 25 km2 y tenía unos 350.000 habitantes. La población se dedicaba a la agricultura, pesca, comercio, artesanía y milicia, entre otras actividades.

GOBERNANTES: El líder azteca recibía el nombre de tlatoani (jefe portavoz). El tlatoanise elegía por su sabiduría, valor y linaje. Se le consideraba casi un dios y desempeñaba un importante papel en los rituales religiosos.

RELIGIÓN: En el centro de Tenochtitlán se levantaba el Gran Templo. En la cúspide de la majestuosa pirámide estaban los templos gemelos de Huitzilopochlli, dios del sol, y Tláloc, dios de la lluvia. En los templos aztecas había cientos de sacerdotes, que recibían una educación especial en una escuela conocida como cabnécac. Allí aprendían astronomía, escritura y a realizar sacrificios.

EDUCACIÓN: Los muchachos aztecas recibían preparación militar en una escuela llamada telpochcali. Todos los jóvenes entre 17 y 22 años servían en el ejército. Las niñas también recibían escolarización, pero su educación se centraba en asuntos domésticos, no militares. En las escuelas aztecas reinaba una estricta disciplina, y los alumnos perezosos o poco dispuestos recibían severos castigos.

AGRICULTURA: Tenochtitlán estaba rodeada por cientos de jardines colgantes llamados chinampas. En las aguas poco profundas del lago Texcoco anclaban unas enormes cestas rojas llenas de tierra, que proporcionaban verduras, fruta y flores a la ciudad. (Las flores servían para disimular el olor a sangre debido a los frecuentes sacrificios humanos.) Las aguas residuales de los retretes públicos se utilizaban para fertilizar los chinampas.

CEREMONIA DEL FUEGO NUEVO: Una de las celebraciones aztecas más importantes era la Ceremonia del Fuego Nuevo. El calendario azteca se componía de un ciclo de 52 años. En realidad creían que el mundo se acabaría cada 52 años a menos que ellos celebraran la Ceremonia del Fuego Nuevo. Todas las familias participaban en la celebración sacando a la calle el fuego del hogar y rompiendo los utensilios domésticos.

Luego, mientras la gente observaba desde los tejados de las casas, los sacerdotes salían de la ciudad y se dirigían a una colina distante. Cuando la estrella sagrada alcanzaba un punto determinado del firmamento, el sumo sacerdote encendía un fuego nuevo y quemaba el corazón de una víctima de un sacrificio humano. Los sacerdotes volvían al templo transportando antorchas y los hogares de todas las casas de Tenochtitlán volvían a encenderse con este fuego. Los aztecas celebraban el hecho de que el mundo no se terminara con grandes festejos.

LOS INCAS: entre los incas los Sacrificios humanos eran raros y representaban ofrendas especiales para los dioses. Los niños eran considerados más puros que los adultos; ser sacrificados era un honor tal que se les deificaba convirtiéndolos en representantes directos del pueblo, para vivir eternamente al lado de los dioses. Serían adorados después de muertos.

Es probable que en Llullaillaco los sacrificios se realizaran en diciembre, durante el verano suramericano, cuando las temperaturas son más altas y hay menos nieve. El centro administrativo inca más cercano de cierta importancia se encontraba en Catarpe, cerca de lo que hoy es San Pedro de Atacama, al norte de Chile, a unos 190 kilómetros. Pero los estilos de las telas, las estatuas y la cerámica indican que se produjeron en Cuzco, Perú, a unos 1,300 kilómetros al norte.

Los pueblos que vivían cerca de Llullaillaco debieron haber creído que las montañas controlaban el clima, así como la fertilidad de los animales y la abundancia de las cosechas en la región, razón por la que los habitantes actuales siguen rindiendo culto a las montañas. Las autoridades incas en Cuzco, sede del imperio, sabían que hacer ofrendas a las montañas sagradas era la forma de incorporar a esas deidades a la religión del Estado, lo que les daba mayor control sobre los pueblos distantes que subyugaban.

Los relatos escritos tras la Conquista Española describen peregrinaciones que duraban meses y mencionan los nombres de los niños sacrificados. En algunos casos, un niño era ofrecido por sus padres, que podrían haberlo acompañado en el viaje. Los residentes de la localidad también ayudarían a los sacerdotes en las ceremonias, quizás con bailes y pócimas religiosas, hasta que la procesión llegara a su destino.

Más ceremonias se celebrarían durante el largo ascenso a la cumbre, que podía tomar hasta tres días. Según los relatos, los incas sacrificados morían al ser enterrados vivos, por estrangulamiento o por un golpe en la cabeza -que es como murió la Dama de Hielo-. Sin embargo, los niños de Llullaillaco tienen expresiones afables y no muestran cicatrices, lo que sugiere que murieron estando inconscientes o semiconscientes, quizá bajo la influencia de la combinación de bebidas alcohólicas rituales y la altitud.

El olor a carne quemada aún persiste como consecuencia del rayo que le calcinara la oreja, el hombro y el pecho, pero el resto del cuerpo de la niña está en condiciones excelentes. Aún en la cima, la tela que la envolvía se zafó y quedó a la vista su rostro. Aunque los órganos están intactos, el rayo expuso tejidos profundos, lo que facilitó la toma de muestras. La extracción de dos docenas de artefactos encontrados cerca del cuerpo fue tarea difícil en la estrecha tumba; la posición de cada pieza tuvo que ser registrada meticulosamente. “La excavación implica un esfuerzo titánico, aun tomar notas es difícil a 22 mil pies de altura (6,700 metros), Pero es importante porque para los incas había mucho simbolismo en la forma en que disponían las ofrendas.” Entre los artefactos se encontraron estatuas, cerámica, bolsas de comida y esta bolsa de coca echa con plumas, quizá de aves de la región amazónica. La coca era sagrada para los incas, y los pueblos andinos la siguen usando en sus ofrendas.

La pacífica muerte de los mayas:

El desciframiento de los jeroglíficos mayas (pueblo dirigido por reyes-sacerdotes) indica que esta pacífica civilización tampoco evitaba los sacrificios humanos. Los mayas se desarrollaron en los estados mexicanos de Chiapas y Campeche, Honduras, la península del Yucatán y las tierras bajas del Petón guatemalteco. En la época clásica de esta cultura (entre el 300 y 900) no hubo sacrificios, que sí se produjeron desde el siglo X hasta la llegada de los españoles.

La ceremonia habitual era similar a la de los aztecas, sólo que el corazón se colocaba en un plato y se lo acercaba al sacerdote (el chilan), que embadurnaba con sangre el rostro de la imagen del dios. Otros sacerdotes desollaban el cuerpo de la víctima, se vestían con la piel y bailaban. Si era un guerrero o una figura importante, el cuerpo se repartía entre las élites guerreras o sacerdotales.

Otro de los modos de muerte consistía en flechar el corazón, según testimonian las paredes del templo II de Tikal en un graffito anónimo. Se señalaba el corazón con una marca blanca y se pasaba danzando hasta que, por orden, comenzaban a flechar el corazón.

Por la escasez de lluvias, los mayas arrojaban a la víctimas a los cenotes, pozos naturales a través de los extensos ríos subterráneos que afloran a la superficie. Así, imploraban a los dioses que habitaban en las corrientes de agua.

El Cenote de los Sacrificios de Chichen Itzá es un pozo natural ovalado, de 60 metros de ancho y unos 20 de altura entre el nivel del agua y la superficie. Se arrojaban allí pequeños niños o esclavas por sus padres o amos, con un doble carácter: 1) para ayudar a los dioses de la lluvia; 2) para adivinar el futuro.

Las víctimas que no morían en la prueba eran sacadas para que “transmitieran” lo que habían escuchado en el “inframundo”. Esta ceremonia tenía lugar al amanecer.

Fuente Consultada:
Historia Universal Tomo 14 Civilizaciones precolombinas
Pensar La Historia 3° Ciclo EGB Moglia – Sislián  – Alabart
El Libro Negro de la Humanidad Matthew White
Enciclopedia Popular Magazine N°22 Año 2 Los Sacrificios de los Aztecas

 

Los Incas y Los Aztecas: Su origen,desarrollo,costumbres y tradiciones

Los Incas y Los Aztecas

El imperio español en el Nuevo Mundo Los conquistadores españoles fueron individuos audaces motivados por una mezcla, característica del siglo xvi, de afán de gloria y codicia y celo de cruzado religioso. Si bien la corona de Castilla los autorizó, estos grupos fueron financiados y equipados con remisos privados, no por el gobierno. La superioridad de sus armas, capacidades de organización y su determinación, les trajo éxito increíble. Asimismo, se aprovecharon de las rivalidades entre los pueblos nativos.

incas y aztecas

LOS AZTECAS                                                            LOS INCAS

PRIMERAS CIVILIZACIONES EN MESOAMÉRICA

totes de que los españoles llegaran al Nuevo Mundo, Mesoamérica (hoy México y América Central) ya había alojado a varias civilizaciones florecientes. A principios del 300 d.C., un pueblo conocido como maya desarrolló en la península de Yucatán una de las civilizaciones más complejas de América. Los mayas construyeron templos y pirámides espléndidas, fueron artistas consumados y elaboraron un calendario complejo, tan preciso como ninguno en el mundo de esa época.

Constituían un pueblo agrario que limpió las densas selvas tropicales, trabajó la agricultura y edificó un mosaico de ciudades Estado. La civilización maya abarcó una gran parte de América Central y el sur de México. Por razones aún no claras esta civilización empezó a declinar alrededor del 800 hasta su colapso cien años después.

En algún momento del siglo XII d.C., un pueblo conocido como los aztecas empezó una larga migración que lo llevó hasta el valle de México. Estableció su capital en Tenochtitlan, en una isla del lago de Texcoco (donde se ubica en la actualidad la ciudad de México).

Durante varios siglos los aztecas erigieron su ciudad, construyeron templos, edificios públicos, casas y calzadas de piedra que se dirigían hacia el norte, sur y poniente del lago de Texcoco. De esta manera se comunicaban las pequeñas islas con la principal.

A principios del siglo XV construyeron un acueducto que les abastecería de agua desde un manantial que se encontraba a 6.5 kilómetros.

Los aztecas eran guerreros sobresalientes, y mientras construían su ciudad se propusieron controlar toda la región que les rodeaba. A principios del siglo XV se habían convertido en la ciudad-Estado dominante de la región del lago. El resto del siglo, este pueblo consolidó su poder sobre la mayoría de lo que ahora es el México moderno, desde el Océano Atlántico hasta el Pacífico, y casi hasta la frontera con Guatemala.

El nuevo reino no era un estado centralizado, sino varios territorios semiindependientes, gobernados por señores locales, quienes eran ratificados por el rey azteca a cambio del pago de un tributo. Su organización política laxa sería la causa de la caída del Imperio Azteca años más tarde.

 
 LA CONQUISTA ESPAÑOLA:

La conquista de México tuvo como promotor inicial la voluntad empeñosa del gobernador de Cuba, Diego de Velázquez, quien decidido a incrementar su fortuna y su prestigio envió tres expediciones en busca de nuevas tierras. La primera, con escasos medios, al frente de Francisco Hernández de Córdoba, exploró la península de Yucatán; la segunda, comandada por Juan de Grijalva, llegó a la isla de Cozumel, cercana al continente, por cuya costa bajó después, desde la bahía de la Ascensión hasta el río Pánucp. La tercera, confiada al mando de Hernán Cortés (1485-1547), partió de La Habana en 1519, y en una de las empresas más notables desarrolladas en el Nuevo Mundo, conquistó para el dominio español las tierras y los pueblos de México.

Mientras tanto, noticias sobre la existencia de un rico reino situado hacia el Sur comenzaron a difundirse entre los colonizadores de Panamá. Dos hombres que vivían en dicha ciudad, Diego de Almagro (1475-1538) y Francisco Pizarro (1475-1541) se asociaron para descubrirlo y conquistarlo. Dos expediciones de tentativa y una tercera empeñada a fondo (1530-1532) bastaron para la conquista de las ricas tierras del Birú, las mismas que muy pronto debían ser escenario de las trágicas guerras civiles que la codicia y el poder encendieron entre los conquistadores.

Al cabo de pocos años, España logró formar un vasto imperio en torno del golfo de México. Desde el Atlántico comenzó luego la ocupación de las costas de Venezuela y Nueva Granada. En un primer momento (1528-1536), la empresa estuvo al cuidado de los banqueros alemanes Welser (1528-1546), pero después del rotundo fracaso en la explotación de minas, volvió a manos de la corona.

Historia de los Aztecas Organizacion Social y Económica Resumen

Resumen Historia de los Aztecas
Organización Social , Económica y Administrativa

Introducción: Los pueblos que habitaban América antes de la conquista europea tenían diversas formas de organización económica, social y política. Algunos habían desarrollado sociedades urbanas y otros sólo practicaron una agricultura simple o eran cazadores y recolectores. Los aztecas y mayas, en la región mesoamericana, y los incas, en la andina, desarrollaron sociedades urbanas.

En estas sociedades, la construcción de complejas obras de riego y la aplicación de técnicas agrícolas habían favorecido el crecimiento constante de la producción agrícola y de la población. Se habían desarrollado las ciudades y la organización social estaba fuertemente jerarquizado.

Entre los aztecas ,como entre los mayas, los guerreros y los sacerdotes conformaban el grupo privilegiado y ejercían el gobierno. La mayoría de la población, compuesta por campesinos y trabajadores urbanos, debía entregar fuertes tributos en productos y trabajo.

Estas sociedades estaban organizadas y gobernadas por fuertes Estados teocráticos, llamados así porque toda la autoridad residía en los sacerdotes y porque el jefe del Estado era considerado como un dios. Por esto, las primeras ciudades se organizaron alrededor del centro ceremonial o templo. Los templos eran edificios que tenían funciones religiosas y también económicas, dado que almacenaban y distribuían los productos tributados por los campesinos.

A la llegada de los españoles, las únicas sociedades urbanas que existían en América eran la azteca y la inca; la cultura maya había desaparecido en el siglo XI d.C.

La mayoría de los pobladores de América vivían de una agricultura simple, de la caza y de la pesca de animales y de la recolección de frutos. Muchos de estos pueblos eran nómadas y prácticamente no existía la división del trabajo. Estaban distribuidos a lo largo de todo el continente americano, desde Alaska hasta Tierra del Fuego.

La organización jerárquica de la sociedad. Las sociedades aztecas fueron sociedades urbanas que tuvieron una organización económica, políticas social del mismo tipo que las sociedades urbanas que existieron en el Cercano Oriente desde el 3000 a. C. Los americanos también desarrollaron sistemas de escritura y de numeración; la religión fue la manifestación espiritual más importante y regía la mayor parte de los actos de la vida cotidiana de la población; y el arte alcanzó una elaborada complejidad.

La civilización azteca puede ser considerada como estrictamente original; en efecto, debemos tener presente que los aztecas, si bien tuvieron contacto con los toltecas y los mayas y, adoptaron muchas de sus costumbres, transformaron profundamente estos aportes, integrándolos en una civilización bien diferenciada.

Los Aztecas, sus orígenes, su evolución y la conquista española

mapa de imperio aztecas

Luego de recorrer diversos lugares finalmente se asentaron en el siglo XIV en el valle de México. Allí fundaron una ciudad llamada Tecnochtitlán ubicada en el lado Texcoco. Como se encontraron con otros pueblos lucharon por la obtención de las mejores tierras de la región. A partir de su asentamiento fueron dominado toda la región, sometiendo a muchas ciudades, las cuales debían brindar tributos.

El imperio azteca. 

Los aztecas, luego de haber recorrido diversos lugares, se establecieron definitivamente, a principios del siglo XIV d. C., en el valle de México. Allí fundaron su ciudad capital llamada Tenochtitlan, ubicada en la zona del lago Texcoco. En ese lugar se encontraron con otros pueblos y con ellos lucharon por la obtención de las mejores tierras y por el control político de la región. A los pocos años dominaron a todos sus vecinos y establecieron un imperio que impuso su predominio en toda la zona.

La expansión azteca se basaba principalmente en el poderío de su ejército. Muchas de las ciudades conquistadas, a pesar de tener que entregarles tributo a los aztecas, conservaban sus propias autoridades. Las rebeliones de los pueblos sometidos fueron frecuentes y muchos de ellos al producirse la llegada de los españoles, se aliaron con éstos para derrotar a los aztecas.

La ciudad de Tenochtitlán. Estaba construida sobre las aguas del lago Texcoco. La comunicación dentro de la ciudad se realizaba mediante calzadas canales. Su población era muy numerosa. Se calcula en 300.000 personas aproximadamente. En el centro de la ciudad se encontraban 78 edificios, entre los que se hallaban el templo, una cancha de pelota, los palacios de los señores y abundantes jardines y huertas.

 

En la época de su mayor esplendor, esto es, durante el gobierno de los once reyes, las ciudades que constituían el Imperio azteca estaban unidas no sólo por una lengua común y por usos y costumbres similares, sino que, aun en el aspecto político y en el religioso, dependían de un poder central cuya sede se encontraba Tenóchtitlán.

Allí vivía el Jefe Supremo, jefe militar, político y sumo sacerdote; quiene a su ves éstos tuvieron a su lado, un consejo formado por nobles sacerdotes, cuya opinión parece haber sido decisiva en ciertos momentos de la vida azteca. Aún más, pues si el cetro real pasa de padre a hijo o, en su defecto, al pariente más próximo del difunto, el nombramiento estaba sujeto al acuerdo de esta asamblea. Junto al soberano, con atribuciones análogas a las de un rey, pero con responsabilidades meramente civiles, encontramos a un personaje misterioso, que nosotros llamaríamos virrey y que los aztecas designaron con el nombre de serpiente hembra.

En la época de la fundación de Tenóchtitlán, los habitantes de la ciudad fueron distribuidos en calpullis, grupos familiares a cada uno de los cuales se asignaba un barrio determinado. En la época de mayor desarrollo del Imperio, su territorio comprendía veinte calpullis, establecidos no ya teniendo en cuenta los grupos familiares, sino más bien fundándose en factores y conceptos geográficos.

El calpulli puede ser comparado a una provincia; lo rige un consejo de ancianos. Posee un edificio en el que sesiona el gobierno provincial, y numerosos templos. La sede gubernamental sirve igualmente de lugar de reunión para los hombres, y se prohibe la entrada a las mujeres. Lo que hemos designado con el nombre de gobierno provincial está constituido por los hombres de más edad, elegidos por sufragio popular. Estos funcionarios, reunidos en asamblea, administran justicia y discuten acerca de problemas de su competencia.

Los que desempeñan cargos de más alta dignidad son: el jefe militar, quien, en caso de conflicto, debe llevar al combate sus milicias, y el jefe civil, que es al mismo tiempo jefe religioso y administrador del erario público; se encarga de recaudar las contribuciones en frutos, que la comunidad ofrece periódicamente al soberano, y las entrega al consejo de ancianos a fin de que estas cosechas sean conservadas en silos colectivos.

sacerdote aztecas

Los sacerdotes instruían a los niños; los hijos de los noblec recibían  enseñanza más completa, que comprendía: escritura, matemáticas, religión, política y el arte de la guerra.

Organización Económica y Social:

Alimentación:
La agricultura azteca
: La agricultura fue la base de la economía azteca, y el maíz, la calabaza y el poroto, los cultivos más importantes. El comercio también era una actividad muy extendida. Intercambiaban productos con pueblos de diferentes regiones. Los comerciantes llegaban hasta lugares lejanos con artículos de mucho valor y de poco peso, como el cacao, gemas, algodón o preciosas plumas.

agricultura aztecas

Los bienes de la comunidad estaban a disposición del pueblo: éste no poseía bienes personales. El jefe civil del calpulli asignaba a una familia, o a un grupo de familias, un trozo de tierra que debían cultivar. Cuando este grupo se extinguía o  emigraba,  el  gobierno provincial volvía a tomar posesión de la tierra para otorgársela a otra familia.

En la sociedad azteca se distinguían claramente dos grupos sociales. Los pilli o nobles formaban el grupo privilegiado. Eran los sacerdotes, los guerreros y los funcionarios de gobierno. Poseían la propiedad de la mayoría de las tierras, no pagaban ningún tipo de tributo y controlaban el Estado. A este grupo pertenecía el emperador o Tlatoani.

Los macehuales o trabajadores comunes constituían la mayor parte de la población y formaban el grupo de los no privilegiados. Eran los campesinos, los comerciantes y los artesanos de las ciudades. Debían entregar tributos al Estado en alimentos y trabajo.

La entrega de una parte de lo que producían aseguraba la alimentación de los sacerdotes, funcionarios y el emperador. Tenían la obligación de trabajar en la construcción de edificios y templos pertenecientes a la nobleza. En esta sociedad también había esclavos que en su mayoría eran prisioneros de guerra.

La geografía determinó las técnicas agrícolas que debían utilizar. El regadío y las terrazas estaban muy extendidos. Pero la técnica de las chinampas era las más utilizada. Éstas eran balsas de tierra que flotaban en los lagos y sobre las cuales se cultivaba.

cultivo de los aztecas en chinampas

La actividad de los comerciantes no sólo tenía valor económico sino también importancia estratégica, ya que actuaban como espías del estado. El colorido y la variedad de producto eran característicos de los mercados

Aunque los aztecas cultivaron el maíz, principal alimento de la tribu, el tabaco, el cacao, el agave (del que extraían una bebida, papel y una fibra textil), el tomate, la patata, la yuca, el pimiento, la cebolla, la vainilla, el limón, los frijoles y otras variedades de frutas y legumbres, su técnica era bastante primitiva y sus procedimientos se asemejaban a los de los mayas. Como éstos, se alimentaban de la pesca y de la caza (ciervos, jabalíes, saínos, tortugas, cocodrilos, iguanas, ostras, etc.). Entre los animales domésticos conocían tan sólo el perro y el pavo.

Los aztecas realizaban trabajos de orfebrería, repujado sobre cuero y decoraciones con mosaicos de piedra dura. La indumentaria reflejaba una inclinación marcada por los adornos de lujo llamativo.

La economía azteca fundábase principalmente sobre la agricultura y el comercio; el artesanado, floreciente, estaba destinado casi en forma exclusiva al mercado interior. Los comerciantes se hallaban agrupados en una poderosa corporación que tenía sus propios tribunales y sus divinidades protectoras particulares. Recorrían en todos sentidos las rutas del Imperio, y se internaban más allá de las fronteras, procediendo a menudo a las expediciones militares.

Viajaban generalmente a pie, y se dirigían con preferencia hacia Guatemala y el Sur de México. Llevaban siempre un bastón al que hacían objeto de especial veneración. Concluidas las operaciones del mercado, lo regaban con su propia sangre, practicándose para ello una incisión en la lengua o el lóbulo de la oreja.

Con los pueblos extranjeros trocaron, además de los productos alimenticios, puntas de flechas, de piedra dura, tierra arcillosa de color rojo vivo, abrigos hechos con pieles de conejo; cambiaban esta mercadería por ámbar, plumas de quetzal, pieles de jaguar y de otros animales.

En la inmensidad de estas tierras sólo los comerciantes podían indicar a los guerreros la ruta que deben seguir para llegar a las apartadas regiones de las que describen las fabulosas riquezas. Ellos trazaron las primeras sendas y construyen las primeras postas. A veces, adoptando la indumentaria de los pueblos extranjeros, cumplen funciones de espías por cuenta de su soberano. Aunque no pertenecen a la aristocracia, ocupan en la comunidad una situación privilegiada.

El pueblo se consagraba generalmente a la agricultura. En la ciudad, donde se congregan las familias nobles, suelen encontrarse algunos artesanos, principalmente carpinteros, y también la mano de obra necesaria para la erección de edificios públicos. Sin embargo, en esta clase de actividad se utiliza por lo general a los esclavos. En cuanto a las demás profesiones, no puede decirse que entre los aztecas hayan existido corporaciones en sentido estricto.

Los mercados, que funcionan cada cinco días en las proximidades de los templos, tienen abundante surtido, sobre todo en las festividades, cuando se lleva a cabo alguna ceremonia religiosa importante. El funcionamiento del mercado es tan complejo que los encargados de ejercer el control tienen allí mismo su despacho.

A pesar de ser un pueblo eminentemente guerrero, los aztecas utilizaban armas muy primitivas. Como partes cortantes de hachas, hechas de piedra dura; puntas, igualmente de piedra, para las flechas y para las lanzas; escudo multicolor y coraza; éstas eran poco resistentes y su uso parecía ser común sólo entre jefes.

mercado azteca

 El mercado de Tlatelolco según imaginó en un mural el pinto Diego Rivera

El Estado azteca: El Estado azteca fue teocrático porque el emperador era considerado de origen divino, y los sacerdotes tenían a su cargo numerosas funciones de gobierno.  Eran los responsables de la preparación de las ceremonias religiosas y de los juegos rituales.

Aunque en muchos ritos como en el juego de la pelota sólo podían participar los nobles, los nacimientos, los matrimonios y los entierros eran ceremonias obligatorias para toda la población.  Los sacerdotes eran también los encargados de controlar el cumplimiento de las normas y de hacer justicia.  Las leyes del Estado azteca eran muy severas y los castigos variaban según el delito y el infractor.

cuadro clases sociales de los aztecas

ADMINISTRACIÓN: Funcionarios que dependían directamente del emperador controlaban y centralizaban el almacenamiento de los productos recaudados en concepto de tributos y, en épocas de malas cosechas o de guerras, distribuían entre la población una parte de los bienes almacenados. Los tributos que entregaban la población y los pueblos vencidos en las guerras de conquista, proporcionaban al emperador y a los miembros del grupo privilegiado los alimentos y los artículos necesarios para la vida.

El Estado azteca tuvo una importante fuerza militar con la que logró una gran expansión territorial. La máxima extensión de los dominios se produjo en tiempos de Moctezuma, el emperador azteca hasta la llegada de los españoles.

Durante los primeros años del Imperio, sólo los soberanos eran dueños de las tierras conquistadas y del botín arrebatado al enemigo. Solían disponer de ello con ecuanimidad; parte de los bienes les correspondía como propiedad definitiva; otra parte era asignada a los guerreros que se habían distinguido por su valor, con la reserva estipulada de que, al morir ellos, todo lo que poseían volvería a manos  del rey.

Empero, la parte más importante  era  distribuida entre  el pueble  por intermedio de los jefes de los calpullis. Mas tarde, los nobles van acumulando riquezas: este hecho es simultáneo con la adquisición del derecho de poseer bienes personales y legarlos a sus herederos. El pueblo, en cambio, durante toda la época del Imperio, no poseerá bienes personales y deberá hacer uso de los bienes de la comunidad. En caso de calamidades públicas (epidemias, sequías ), se le releva de la obligatoriedad del tributo anual que debe a los nobles y al soberano, y puede también obtener ayuda.

El pueblo vivía en chozas rectangulares, bastante pobres, pero todas ellas provistas de una pieza destinada al aseo diario. Cada familia construye su propia casa y fabrica los enseres que requiere el trabajo en los campos (una pala para remover la tierra, una estaca con punta para hundir las semillas), sus armas y su vajilla de barro cocido. Las mujeres de la familia aprenden, desde su infancia, a hilar la hebra que se extrae del agave y del algodón, a tejer, a confeccionar vestidos, calzados y corazas para los hombres.

Esclavos y Prisioneros: En la civilización azteca, los esclavos no parecen haber sido muy numerosos, pero esta circunstancia y el hecho de que no se han encontrado cárceles en las ciudades de este pueblo no deben inducirnos a error. Los únicos a quienes estaba reservada la pena de la esclavitud eran los deudores —que podían recobrar su libertad mediante una suma de dinero—, y los culpables de faltas leves, como podía ser el robar más de cinco mazorcas del campo del vecino.

Para aquellos que de un modo u otro habían violado la ley, y para los prisioneros de guerra, existían penas mucho más graves: eran llevados a la horca, o se los ahogaba; o bien les era arrancado el corazón, o se los descuartizaba.

La infracción a las leyes estaban castigada con penas muy duras. A los traidores , homicidas y violadores se los castigaba con la pena de muerte. Los prisioneros de guerra eran inmolados a las divinidades y, durante el desarrollo de la ceremonia, el sacerdote se cubría con la piel de estas víctimas. Estos usos, de una crueldad y salvajismo increíbles, y que parecen ser característica de la raza azteca y de sus ritos —y que también los toltecas tuvieron—, pueden ser explicados si se estudian sus creencias religiosas. (Ver: Sacrificios Humanos)

Religión: Además de sus divinidades tribuales, su dios nacional Huitzilipochtli, del dios mexicano Quetzalcoatl (serpiente emplumada) y de las divinidades que gobernaban el aire y los vientos y protegían el maíz y las demás culturas, los aztecas adoptaron, igualmente, los dioses de los toltecas.

Creían en el más allá y en una vida que tendría lugar allí, en un Cielo de Sol (Tlalocan), paraíso donde volverían a encontrarse todos los aztecas muertos durante la cautividad; también creían en un limbo, especie de reino infernal, poblado de divinidades que también veneraban; allí los malos sufrían mil tormentos antes de ser reducidos a nada.

Admitían la metempsicosis, es decir, la vuelta de los difuntos a este mundo, pero con distinto cuerpo: por ejemplo, los guerreros volvían bajo la apariencia de un colibrí. A estas divinidades debemos agregar Tezcatlipoca (espejo humeante), que parece haber sido la divinidad suprema: todopoderoso, dueño de la vida y de la muerte. Su imagen no puede ser reproducida.

Una religión tan compleja y con tantos dioses exigía un gran número de sacerdotes. Éstos, verdaderos sacerdotes-verdugos (pues se practicaban actos de crueldad que respondían a ciertos ritos, y se ha hablado incluso de antropofagia), representaban la clase más culta de aquella primitiva sociedad.

serpiente emplumada aztecas

Quetzacoátl, la serpiente emplumada era uno de los dioses principales de los aztecas. La religión formaba parte de cada momento de la vida de este pueblo, las conquistas la hacían en nombre de estos dioses y en su nombre también realizaban sacrificios humanos. Con ellos alimentaban a los dioses con la sangre humana.

Ciencia: Entre los aztecas los sacerdotes eran los dueños del conocimiento conservado en códices. Conocían la astronomía, la medicina y la escritura. La mayoría de la población no tenía acceso a los saberes.

Practicaban seguidamente la guerra de conquista, ya que de esta manera conseguían nuevos territorios y poblaciones que brindaban tributos. A la capital del imperio entraban anualmente dos millones de mantas de algodón, objetos de lujo y alimentos. Una carga con 20 mantas permitía vivir a un hombre durante más de un año.

Los aztecas medían el tiempo según un calendario mucho más simple que el de los mayas; ocupaba un lugar de importancia en la vida de los aztecas. Este calendario tenía 365 días, y un “año sagrado”, llamado Tonalamatl, de 260 días; unos eran considerados muy propicios, mientras otros eran tenidos por nefastos. Este ciclo se dividía en 13 series de 20 días, cada una de las cuales se representaba por un símbolo; el conjunto de estos signos puede verse grabado en la Piedra del Sol.

La terminación de cada período de 52 años era celebrada con ritos especiales; la manifestación más común consistía en destruir todos los utensilios domésticos, que se reemplazaban luego por nuevos.

La escritura azteca, comparada con la maya, parece más primitiva; puede establecerse una cierta analogía con nuestro actual jeroglífico-adivinanza. En los códigos aztecas, escritos por lo general en tiras de papel de agave de varios metros, plegadas a modo de abanico, aparecen, en efecto, figuras y jeroglíficos: lo que sugiere la ilustración, unido a los jeroglíficos, da cuenta del significado.

La arquitectura fue floreciente; expresiones de su vigorosa evolución fueron los palacios, las fortalezas, los templos y hasta un acueducto. Se hicieron tallas en alto y bajo relieve. De este arte poseemos muestras de gran tamaño, y otras no mayores que un dije.

Se conocían los procesos para trabajar el oro, la plata, el cobre; se confeccionaban tejidos, y la cerámica de aquellos siglos nos ha dejado objetos de alto valor artístico. Los aztecas ignoraban, sin embargo, al igual que los mayas, el uso del hierro.

pintura azteca

EL CALENDARIO AZTECA: La piedra del Sol está en el Museo Nacional de Antropología de Ciudad de México, uno de los museos más impresionantes del mundo. Es un calendario en cuyo centro aparece ei quinto sol, el actual de los aztecas. En el círculo siguiente aparecen los cuatro soles anteriores, que cayeron y destruyeron el mundo en cuatro ocasiones anteriores.

calendario azteca

Los aztecas pensaban que el sol se debilitaba y necesitaba de los sacrificios, y en especial de los de sangre humana, para poder seguir su curso y no destruir el mundo. Los cinco soles, como las cinco partes de mundo que se representan en una cruz, marcan el orden del mundo, que los aztecas mantenían por medio de las guerras, donde conseguían prisioneros para sacrificarlos al sol y fortalecerlo.

Para los aztecas el ser humano era el objeto sacrificial máximo. Estos sacrificios en determinadas épocas presentaron caracteres compulsivos (durante la consagración del templo de Tenochtitlán se sacrificó a 20.000 seres humanos). Tras el sacrificio e! cuerpo era lanzado a la multitud. La política azteca era expansionista y de agresión a las poblaciones vecinas, y el sacrificio era una de las formas de hacer la guerra y aniquilar a los enemigos prisioneros.

La expansión azteca partía de Tenochtitlán, imaginada como el centro del mundo, un mundo que se simbolizaba en el sol y que requería sacrificios para infundirle fortaleza y energía. A través de un rito sangriento se rememoraba el momento del surgimiento del mundo actual. De esta manera el sacrificio humano azteca aparece como un pretexto para e! dominio, una técnica psicológica de terror frente a los enemigos A su vez, la erradicación de esta práctica también sirvió de excusa para muchos desmanes de los conquistadores europeos.

arte azteca de barro cocido

Las estatuillas  de barro cocido constituyen verdaderas expresiones del arte popular azteca. Han llegado hasta nosotros numerosas muestras.  Se producían en serie:  perros,  guerreros  con gruesa coraza de algodón, silbatos en forma de pájaros, pipas, moldes para tatuajes, etc. Los aztecas eran también excelentes pintores,  a juzgar por los frescos hallados recientemente en el antiguo poblado de Bonampak, hasta hace podo sepultado en la selva.

CONQUISTA: LOS PRIMEROS ASENTAMIENTOS ESPAÑOLES

Los primeros asentamientos españoles se ubicaron en las islas Antillas. Desde la ciudad de Santo Domingo en la isla que Cristóbal Colón llamó La Española -actual territorio de Santo Domingo y Haití-, se organizaron la primera recolección de oro americano y la conquista de las islas adyacentes y del continente.

Entre 1492 y 1520, los españoles no obtuvieron de los territorios conquistados las riquezas esperadas -especias y grandes cantidades de oro sino sólo perlas, algo de azúcar y una escasa cantidad de oro. Pero el oro que los españoles encontraron en las Antillas era de aluvión: pepitas arrastradas por los cursos de los ríos desde algún yacimiento superficial y poco abundante. Los aborígenes fueron obligados a recolectar el metal precioso.

Los indígenas antillanos no opusieron resistencia armada a los conquistadores, pero en pocos años casi todos ellos desaparecieron. Un gran número de estos indígenas murieron a causa de las enfermedades transmitidas por los europeos. Además, la dominación a que se los sometió, provocó en muchos de ellos el deseo de no tener hijos, con lo que disminuyó drásticamente el índice de natalidad.

A partir de 1510, La Española perdió importancia y Santiago de Cuba se transformó en el centro de las operaciones coloniales españolas. Desde allí, en febrero de 1519, partió Hernán Cortés, al mando de 11 naves y 600 hombres, con destino a la tierra firme del continente, a la búsqueda de las fabulosas riquezas en oro mencionadas por los indígenas.

 

 

BREVE CRONOLOGÍA DE LOS AZTECAS:

Las sangrientas luchas entre adoradores de Quetzalcoatl y Tezcatlipoca culminaron en 1065 con la desintegración de la familia tolteca y la destrucción y el abandono de Tula, su gran metrópoli. En grandes grupos los toltecas emigraron, principalmente, hacia Yucatán. Empero, otros núcleos más pequeños no participaron del éxodo y decidieron continuar en el valle de México, y hasta allí llegaron, sucesivamente, y se establecieron, entre los años 1200 y 1300, las tribus xochimilcas, chalcas, tlahuicas, tlaxcaltecas, tepanecas, méxicas, etc.

Las familias qué partieron de Aztlán en el largo peregrinaje ordenado por Huitzilopochtli fueron conducidas por jefes religiosos, que amparaban su autoridad en el prestigio divino.

Es evidente, entonces, que hasta esa época no puede hablarse de monarcas de un pueblo que no era sino un conglomerado de familias llevadas más bien por un afán religioso que de organización política.

El guerrear con las tribus que antes que ellos ocuparon el valle de México, el hambre, los padecimientos, crearon en los aztecas la necesidad de darse un gobierno guerrero. Como entre ellos no existía realeza, decidieron someter la solución a un cuerpo de notables. La elección coronó a Acamapichtli como primer soberano de Tenochtitlán. Así surgió la Serie de monarcas cuyos hechos la historia ha registrado.

1375-1395 Acamapichtli. Primer soberano azteca. Lo elige un cuerpo de notables. Se construyen las primeras casas de piedra.

1395-1414 Huitzilihuitl. Hijo del anterior.. Su reinado marca el comienzo del engrandecimiento de México. Se emplea el algodón en el vestido.

1414-1428 Chimalpopoca. Hijo de Huitzilihuitl. Infortunado monarca tiene un corto reinado. Edifica sobre terraplenes la ruta a Tecuba, primera de Tenochtitlán. Prisionero de los tepanecas, posiblemente se suicidó.

1428-1440 Izcóatl. Notable guerrero, somete a los tepanecas. Durante su reinado comienza la expansión mexicana y se transforma el orden social, político y económico.

1440-1469 Moctezuma I. Consolida las conquistas anteriores y ensancha el imperio. Construye templos, escuelas y notables obras de riego, como el acueducto de Chapultepec y el templo de Huitzilopochtli. en piedra labrada.

1469-1481 Axayácatl. Es hijo de Moctezuma. Desarrolla una política de expansión. Conquista Tehuantepec y el valle de Toluca y pelea contra los tarascos. Construye el templo Cohuatlán y el monolito llamado Calendario azteca.

1481-1486 Tizoc Hermano de Axayácfetl. Durante su breve gobierno se comienza la reconstrucción del Gran Teocalli.

1486-1502 Ahuizotl. Hermano de Axayácatl y de Tízoc. Inaugura el Templo Mayor, en cuya ceremonia se realizan gran cantidad de sacrificios humanos. Se distingue como el más belicoso y cruel de los soberanos aztecas.

1502-1520 Moctezuma II. Hijo de Axayácatl, asciende al trono en la época de mayor esplendor azteca. Continúa las conquistas y extiende los límites del Imperio hasta Honduras, Nicaragua, las costas del Pacífico y del golfo de México. Durante su reinado tiene lugar la conquista de México por Hernán Cortés.

1520 Cuitláhuac. Sucede a Moctezuma, pero muere a los cuatro meses de su reinado.

1520-1521 Cuauhtémoc. Toma el mando de los aztecas y dirige la defensa de México frente a los conquistadores españoles. Muere ejecutado por Cortés, acusado de intento de rebelión.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX Los Aztecas
Historia Universal de la Civilización  Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Ayuthaya Ciudad capital de Siam en Tailandia Ciudad Sagrada Oriente

Ayuthaya Ciudad capital de Siam en Tailandia Ciudad Sagrada Oriente

La ciudad de Ayutthaya , fundada en 1351, fue incluida en la Lista de Patrimonios Mundiales en 1991. La que fue capital de Siam durante 417 años se caracteriza por sus wat complejos religiosos de enormes dimensiones , y por los abundantes prang o torres que cumplen la función de relicarios

maravillosos lugares

Ayutthaya es una ciudad sobre el río Chao Praya, con una forma oval, rodeada de doce kilómetros de murallas y fuertes de los que hoy sólo se conservan algunas partes. Fue fundada en 1351 por el rey Uthong y destruida en 1768.

La ciudad guarda una serie de edilicios construidos por diferentes monarcas y dedicados a diferentes usos: el Suriyat Amerin, utilizado como residencia real; el San Phet Prasat, empleado para las recepciones; o el Vihan Somdej, donde se celebraban las ceremonias de estado.

Todo este conjunto ocupa aproximadamente un tercio de la que fue la capital del reino de Siam durante más de cuatrocientos años. Además de otros dos complejos palaciegos, situados al norte y oeste de la isla, en Ayutthaya se encuentran diseminados una serie de complejos religiosos denominados wat, formados por templos y monasterios.

De los 400 wat que durante su apogeo se encontraban en Ayutthaya, hoy sólo permanecen en pie 211 monumentos. Entre ellos destacan el Wat Phra Sri Sanphet (1448), que era la capilla privada del rey, y el Wat Raj Burana (1424), que es el mayor de los templos que todavía hoy se conserva en buenas condiciones.

Las torres relicario servían como mausoleo y acogían ceremonias rituales de la que fue, desde su fundación, en 1351, y durante más de cuatrocientos años, capital del gran reino de Siam.