Vida de Demóstenes

El Estudio Científico de la Naturaleza Platón y Su Aporte al Pensamiento

Influencia de Platón en el Estudio Científico de la Naturaleza

Ver: El Conocimiento Científico en la Física

Uno de los grandes ámbitos del esfuerzo humano es el estudio de la naturaleza. En este campo, la Europa de la Edad Media estaba en general bastante estancada. No cabe duda de que siempre hubo hombres que observaron el mundo y aportaron nuevos descubrimientos sobre el mismo.

Sin embargo, la tendencia más generalizada era apoyarse en la autoridad de Aristóteles. Sus textos se perdieron en Europa durante la época medieval, pero fueron preservados y platon y la cienciatraducidos por los árabes y transmitidos en esta forma a los pueblos cristianos.

La Iglesia aceptó los descubrimientos de Aristóteles como la fuente de la antigua sabiduría y de este modo sus incompletas doctrinas sobre la física y la astronomía se hicieron acreedoras del respeto general.

Sin embargo, había otra tendencia científica derivada de la antigüedad que se remontaba a Platón y los matemáticos de la Academia. Se basaba en la discusión de los aspectos matemáticos del mundo.

En el Renacimiento, cuando los textos originales adquirieron una amplia difusión, el retorno al platonismo tuvo un papel primordial en el enfoque de la astronomía.

El centro del universo: El antiguo sistema astronómico de Aristóteles situaba la Tierra en el centro del universo, rodeada de una serie de esferas concéntricas sobre las que se movían los planetas y estrellas. Esta teoría «geocéntrica» fue posteriormente adoptada por la Iglesia; coincidía perfectamente con la concepción teológica, que consideraba el ámbito terrenal de la vida de Jesús como el centro del universo.

Frente a la visión geocéntrica existía una concepción «heliocéntrica», que situaba el Sol en el centro del sistema planetario. Puede encontrarse algún indicio de la misma en el pensamiento pitagórico tardío y en la Academia de Platón. La primera formulación explícita de esta teoría se debe a Aristarco de Samos.

Sus hipótesis astronómicas fueron recogidas en los escritos de Arquímedes, el gran matemático e inventor griego. La teoría cayó en el olvido, reviviendo en la época del Renacimiento. Copérnico (1473-1543), el astrónomo polaco, la conocía y se refiere a ella en una nota marginal de uno de sus manuscritos.

Copérnico, un clérigo y astrónomo, estaba en la vanguardia de la revolución científica. Se dio cuenta de que, al considerar el Sol como centro del universo, los movimientos de los planetas (las «estrellas errantes», llamadas así por los griegos debido a su recorrido aparentemente irregular) se simplificaban considerablemente: todos se movían en círculos alrededor del sol, como lo hacen de hecho en términos generales. (Ver: Obra Científica de Copérnico)

En Atenas, en el siglo IV a.C., la filosofía natural jónica y la ciencia matemática pitagórica llegaron a una síntesis en la lógica de Platón y Aristóteles. En la Academia de Platón se subrayaba el razonamiento deductivo y la representación matemática; en el Liceo de Aristóteles primaban el razonamiento inductivo y la descripción cualitativa. La interacción entre estos dos enfoques de la ciencia ha llevado a la mayoría de los avances posteriores.

La ciencia y el método
Según la opinión de algunos, es indispensable para la ciencia poder medir los fenómenos. De otro modo, no se consideraría una investigación como científica. También en esta actitud observamos un cambio paulatino de Copérnico a Newton, respecto al cual fue Galileo quien dio el paso decisivo de la formulación numérica de las leyes físicas. No obstante, conviene observar que el método de hipótesis y deducción que se utiliza para explicar los hechos observados no requiere en sí mismo que las leyes sean matemáticas.

Una famosa pieza de investigación del siglo XVII y un ejemplo clásico de la aplicación del método científico, es el descubrimiento de la circulación de la sangre por Harvey (1578-1657). En él no intervienen las matemáticas, no porque la disciplina no estuviese lo suficientemente desarrollada, sino porque las nociones numéricas no eran relevantes en este caso. En efecto, éste es un ejemplo altamente instructivo porque muestra cómo pueden traerse a la luz hechos nuevos por medio del uso sistemático del método.

Desde los tiempos de Galeno se creía que la sangre experimentaba una especie de movimiento de mareas. Esta teoría tiene cierto mérito si se tieríe en cuenta que no se había observado ningún circuito al aplicar ligaduras a los miembros, además de otras observaciones.

Harvey mostró que Galeno debía estar equivocado, mientras que su hipótesis, la teoría de la circulación, explicaba estos hechos. De ello dedujo que debían existir unos vasos de unión tan pequeños que habían pasado desapercibidos.

Harvey no vivió para ver su teoría corroborada, pues los microscopios de su tiempo no eran lo suficientemente potentes, pero en 1661 el fisiólogo italiano Malpighi, con un instrumento más moderno, confirmó la hipótesis de Harvey. De este modo hipótesis y deducción, ayudadas por dispositivos cada vez más refinados que amplían el ámbito de lo observable, se combinan en un desarrollo constante del conocimiento científico.

El español Miguel Servet, nacido en 1511, había observado, con anterioridad a Harvey, la circulación pulmonar de la sangre.

En su época ninguno de estos avances se consideraba en principio como opuesto a la religión. Galileo trató de salvar sus descubrimientos alegando apoyo bíblico para los mismos. Newton había formulado concepciones teológicas que consideraba de gran importancia. No obstante, tanto la Iglesia católica como la protestante se mostraban en general suspicaces ante la autonomía de la ciencia. Esta actitud creó una atmósfera hostil que abrió una brecha entre el movimiento científico y el religioso.

Hasta nuestros días no se ha empezado a comprender la falta de sentido de esta división. La especulación teológica no puede abolir los hechos descubiertos por la investigación científica, aunque, por supuesto, puede haber opiniones diversas en cuanto a la veracidad de una formulación. Hoy en día ningún eclesiástico en su sano juicio trataría de aconsejar a un astrónomo sobre los movimientos planetarios.

La gran revolución científica fue un retorno consciente al método de Platón. Este no se limita a las ciencias naturales: es el fundamento de la investigación crítica en general y como tal se ha adoptado en todos los campos de estudio. Al ser autónomo, choca con cualquier autoridad externa que trate de dirigirlo. Por otra parte, en sí mismo no nos ilumina en cuanto al bien y el mal.

La ciencia no posee la respuesta a todos los problemas; es neutral respecto a los fines y sólo nos guía en cuanto a los medios. De hecho, Platón había afirmado que el conocimiento en sí mismo es bueno y la ignorancia es mala, por lo que la persecución del conocimiento debe conducir al bien.

Las grandes figuras científicas de los siglos XVI y XVII compartían esta opinión. Hoy podríamos añadir una condición más, que también es de origen griego. El bien no reside en el mero conocimiento, sino en un equilibrio armónico del mismo; de no ser así, los hombres se convierten en esclavos de sus descubrimientos, en lugar de ser   sus   amos.

Aunque la revolución científica empezó hace tantos siglos, todavía se sienten sus cambios en el siglo XX. La adaptación de las disciplinas científicas a las necesidades del mundo moderno a menudo resulta penosa tanto para los científicos como para los profanos. Pero el movimiento en pro de la redefinición de los fines de la ciencia y su lugar en la trama de la civilización, que empezó en los años cincuenta, es un indicio de que esta zona del esfuerzo intelectual encontrará al menos su lugar en el esquema general del conocimiento universal.

Fuente Consultada: La LLave del Saber Tomo II La Evolución Social – Ediciones Cisplatina-

El Rey Filósofo de Platón Formación de un Gobernante

EDUCACIÓN Y CAPACITACIÓN DE LOS LÍDERES POLÍTICOS

ANTECEDENTES: Entre los años 500 y 300 a. C, Grecia, y en concreto Atenas, vivió una época de prosperidad económica, política y cultural. Con la defenestración de la dinastía de Pisístrato en el 510 a. C., los atenienses se adentraron en un periodo de democracia que duró 200 años.

Para los atenienses, la democracia se regía por los ideales de la libertad y la igualdad; en sí, la palabra significa «gobierno del pueblo» y «demos» aludía a la ciudadanía. Esa ciudadanía no solo incluía a los residentes en Atenas, sino también a los habitantes de la inmensa llanura litoral que rodea la ciudad, Ática, si bien no se extendía a las mujeres ni a los esclavos.

A partir del siglo V a.C. época en que la civilización helénica alcanzó su más alto desarrollo, surgió en Grecia la inquietud por obtener una cultura más elevada, superior a la que podían ofrecer las escuelas existentes.

Los atenienses escogían al azar juristas y hasta magistrados. Todos los ciudadanos, clase restringida a los hombres atenienses libres (nada de mujeres, ni de extranjeros, ni de esclavos), eran elegibles a la asamblea popular, principal órgano legislativo de la ciudad-estado, así que importante para los jóvenes aprender a expresarse utilizando la persuasión.

En consecuencia, se necesitaban maestros. Había instructores itinerantes llamados sofistas, hábiles en el manejo de la retórica y la argumentación jurídica. Mayormente dedicados a enseñar a los jóvenes privilegiados la forma de defender sus causas, los sofistas eran criticados por su solo interés en ganar una discusión, antes que llegar a la verdad.

Los sofistas llevaban una vida ambulante y recorrían las ciudades —especialmente Atenas— enseñando a la juventud. Se llamaban a sí mismo sofistas, es decir, “maestros de sabiduría“; al igual que los artistas y médicos, recibían honorarios por sus conferencias, actitud que fue muy censurada por los griegos.

Enseñaban el arte de la elocuencia y la forma de razonar y discutir con propiedad, explicaciones que resultaban muy útiles para todos aquéllos que deseaban dedicarse a la vida pública. El sofismo llegó a conocerse como el arte de construir una argumentación que pa rezca impecable, a pesar de sus defectos.

Con todo, entre los sofistas se destacaron algunos filósofos genuinos que prepararon el camino a Sócrates mediante el empleo de diálogos esmerados y persuasivos. Muchos atenienses consideraban a Sócrates un sofista. En Las Nubes, comedia de Aristófanes, el cómico se burla de los sofistas en general, y de Sócrates en particular, al mostrar al filósofo caminando con la cabeza literalmente entre las nubes.

Filósofo Griego Platón

Platón, discípulo de Sócrates, se inspiró en él y trató de llegar aún más lejos. Pensaba que la razón nos proporciona la certeza de la existencia de conceptos tales como la justicia, la belleza y la bondad en un mundo compuesto de ideas. No quería decir con esto que existieran en la mente de una persona (como cuando decimos «Tengo una idea»), sino que en alguna parte hay un mundo de realidad inmutable más allá del mundo material mudable.

Esta realidad, a la que puede acceder el alma humana (que Platón, al igual que Sócrates, distinguía del cuerpo) mediante el uso de la razón, está formada por tales ideas. Platón no tenía en muy alta estima la conducta humana (sobre todo la de los demócratas que habían condenado a muerte a Sócrates).

la academia de platon

La Academia de Platón o Escuela de Atenas. Pintura de Rafael. Palacio Vaticano. Roma. — Platón fue el más importante de los discípulos de Sócrates, y el que conservó intactas, y aun perfeccionadas, las doctrinas de su maestro, siempre habladas y jamás escritas por éste. El surco maravilloso abierto a la cultura universal por Sócrates, lo ensanchó y alargó Platón. Después de algunos largos viajes por toda Grecia y el Oriente, regresó a Atenas y abrió Academia en el año 387; cuya dirección junto a la redacción de su copiosa obrafilosófica, llenaron cuarenta años de su gloriosa existencia. Platón murió en Atenas cuando acababa de cumplir los ochenta años. De su A cademia llegaron a salir más de mil discípulos, que se diseminaron por todo el mundo como fecundos sembradores de la cultura.

EL REY FILÓSOFO: La República, la mayor obra política de Platón, trata de la cuestión de la justicia y por lo tanto de las preguntas ¿qué es un Estado justo? y ¿quién es un individuo justo?

Las formas de la virtud y de la justicia recuerdan que a Platón le preocupaban mucho más los problemas morales y políticos que las matemáticas. Resulta evidente que deseaba que ambos estuviesen íntimamente conectados. En La República, describió una ciudad-estado regida por filósofos con conocimientos abstractos de filosofía política y matemáticas. Como resultado, estos benevolentes dictadores eran capaces de tomar las mejores decisiones y de producir las mejores condiciones de vida para todos los subditos.

De hecho, la totalidad del estado y la mente de cada uno de sus habitantes constituiría una imagen aproximada de la forma abstracta de la justicia. Actualmente, esto parece tan polícamente simplista como metafísicamente extravagante, pero hay un aspecto importante del que esta idea no debería distraer: el pensamiento moral tiene muchas similitudes con las matemáticas.

Para Platón una persona justa es aquella cuyo elemento racional, ayudado por la voluntad, controla los apetitos. Existe una evidente analogía con la estructura del Estado anterior, en la que los reyes-filósofos, ayudados por los soldados, gobiernan al resto de la sociedad.

el anillo de giges

El Anillo de Giges: En La república, el diálogo de Platón sobre la naturaleza de la justicia, se cuenta la historia de un pastor llamado Giges, que encuentra un anillo mágico con el que es capaz de hacerse invisible a voluntad. Giges usa sus poderes para dedicarse a la seducción, el pillaje y el asesinato, y busca su propio placer sin importarle el coste que pueda tener para los demás. Se pide a Sócrates que explique por qué Giges no debería actuar así y por qué cualquiera que estuviera en esa situación, y que pudiera tomar una decisión distinta a la de Giges, no debería comportarse como él. También se pide a Sócrates que opine sobre si todo ser humano tiende a comportarse como Giges. Su respuesta es que la moralidad o la justicia encajan armoniosamente con la naturaleza humana, y no le no son algo artificial ni impuesto desde fuera, mientras que la depravación o la maldad moral son algo ajeno y discordante, una enfermedad del alma, análoga a las enfermedades del cuerpo.

La imagen que tenía Platón de la manera en que debía ser una sociedad ideal comienza con el reconocimiento de una cruda realidad política, y su análisis se anticipa a los problemas urbanos contemporáneos. Platón argumentaba que la ciudad era en realidad dos ciudades: una rica y otra pobre que estaban en guerra entre ellas. Para resolver los problemas de la ciudad, creía, es esencial que haya un gobernante competente y sabio que entienda lo que está mal y que posea el conici miento y el poder para hacer lo correcto.

Platón expresó que no había problema alguno en reconocer la necesidad de contar con un experto en muchas otras áreas de nuestra vida, pero cuando se trata de política, al parecer creemos que cualquiera que pueda obtener los votos suficientes es capaz de gobernar. Él pensaba que este es un error grave y tal vez trágico.

Platón sostenía de manera contundente la opinión de que actuamos así bajo nuestro propio riesgo. Las cualidades necesarias para ser electo a un cargo político tienen muy poca o ninguna relación con las cualidades necesarias para gobernar. Tal vez sea electo un individuo que se expresa con claridad, que es perspicaz y un conversador fascinante, pero ¿son estas cualidades las que consideras más valiosas en un gobernante?, ¿no estarías de acuerdo en que la capacidad de pensar con claridad, de analizar con sagacidad, de dirigir un ejército (en caso de ser necesario) y de negociar acuerdos son las habilidades que en verdad resultan imprescindibles en un líder político? Si así es, entonces las obras de Platón constituyen un reto para explicar por qué el proceso utilizado para elegir un líder en una democracia no pone a prueba ninguna de estas cualidades y, en cambio, atiende a un conjunto de rasgos completamente ajeno.

Platón estaba a favor de una cuidadosa educación y capacitación de un líder desde la juventud. La gente no intervendría en la selección de este líder porque puede ser engañada y manipulada con facilidad; las personas rara vez saben lo que es bueno para ellas y no cuentan con la objetividad para elegir a un líder que tenga las cualidades necesarias para gobernar con sabiduría.

En el Estado utópico descrito en La República de Platón, se elegiría a los niños más prominentes y prometedores, y el Estado los separaría de sus padres para educarlos. En los primeros 10 años, su educación sería principalmente física y se concentraría en la gimnasia (recuerda que el ideal griego era mente sana en cuerpo sano y que se consideraba que ambos elementos estaban estrechamente relacionados).

Durante los siguientes 10 años, se añadirían a su curriculum la música y las matemáticas-. Al final de estos 20 años se llevaría a cabo un proceso llamado La Gran Eliminación en la que se utilizarían exámenes, lo mismo que trabajos pesados, fatigas y conflictos para eliminar aquellos que no estuviesen capacitados para continuar. Los que siguieran tendrían otros 10 años de entrenamiento en los aspectos físicos, intelectuales y de carácter. Los que sobrevivieran a una segunda prueba, que sería más severa que la primera, estarían entonces listos para estudiar filosofía.

Después de cinco años de enseñanza filosófica, los candidatos serían enviados de nuevo a la “caverna” para seguir “madurando”. Para Platón, el mundo percibido era un mundo de ilusión; cualquier futuro gobernante debe aprender a sobrevivir en ese mundo, lo mismo que en el mundo de la academia.

En terminos actuales, podríamos estar tentados a decir que cualquier educación íntegra debe incluir las “enseñanzas de la calle”, que es la habilidad para sobrevivir e incluíso prosperar en el violento mundo cotidiano. Un futuro gobernante no debería estár enclaustrado en una torre de marfil intelectual, sin tener la más mínima idea de la forma en que las teorías pueden ponerse en práctica y sin el sentido común necesario para sobrevivir.

En este nivel de preparación, el candidato (o candidatos) restante tendría cerca de 50 años. Al haber pasado todas estas pruebas, dicho individuo estaría calificado para servir como rey-filósofo, el gobernante ideal de Platón. Una vez elegido, el rey filósofo gobernaría con absoluta autoridad como un dictador benévolo. Después de todo, ¿quién de la población en general podría imaginarse mejor capacitado para guiar al Estado que este experto en el arte de gobernar?

Fuentes Consultadas:
Raíces de la Sabiduría Edit. Cengage Learnning  Helen Buss Mitchell
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Editorial Cadyc
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
HISTORIA José Cosmelli Ibañez Edit. Troquel

 

El Mito de la Caverna de Platón Explicación y Análisis

SIGNIFICADO DE LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA DE PLATÓN

ANTECEDENTES: Entre los años 500 y 300 a. C, Grecia, y en concreto Atenas, vivió una época de prosperidad económica, política y cultural. Con la defenestración de la dinastía de Pisístrato en el 510 a. C., los atenienses se adentraron en un periodo de democracia que duró 200 años. Para los atenienses, la democracia se regía por los ideales de la libertad y la igualdad; en sí, la palabra significa «gobierno del pueblo» y «demos» aludía a la ciudadanía. Esa ciudadanía no solo incluía a los residentes en Atenas, sino también a los habitantes de la inmensa llanura litoral que rodea la ciudad, Ática, si bien no se extendía a las mujeres ni a los esclavos.

Existían tres órganos principales de gobierno: el Areópago; el Consejo de los Quinientos, un grupo electo, y la Asamblea, que actuaba como foro de debate y daba al pueblo voz política. Tal vez todo ello propiciara el florecimiento de la teoría política; no en vano, algunos de los mayores filósofos de la historia, entre ellos Sócrates, Platón y Aristóteles, vivieron en esta época.

Hasta el siglo VII (a. C.) los griegds habían explicados los fenómenos de la naturaleza como consecuencia de la acción de dioses poderosos; basándose en ideas religioso-mitológicas creían que seres sobrehumanos producían las tempestades, los huracanes, las fases y los eclipses de la luna, etcétera. Pero desde el siglo VI (a. C.) diversos pensadores—apartándose de las concepciones religiosas—comenzaron a indagar el por qué y el cómo de las cosas que rodean al hombre y, por propia reflexión, trataron de solucionar los más grandes problemas que. sobre el mundo y la vida surgen en la mente humana.

Guiados por un poderoso anhelo de verdad aparecieron los filósofos, es decir, los “amantes de la sabiduría“. No eran investigadores o profesores sostenidos por ej. Estado, sino hombres que vivían para la filosofía y no de la filosofía.”

Los grandes filósofos: En la Atenas de Pericles vivió Sócrates, considerado por el oráculo deifico como el hombre más sabio de Grecia. Junto con Platón y Aristóteles, este hombre notable influyó de un modo decisivo en la trayectoria del pensamiento humano. Sócrates no escribió nada, pero podemos conocer sus enseñanzas a través de las bellas palabras de Platón, que escribió La República, uno de los mejores esquemas para una sociedad ideal elaborados por el hombre.

Sócrates (470-399 a. C). nacido en Atenas, es una de las figuras más destacadas de la filosofía griega. Aunque no escribió nada, la posteridad, conoce su persona, su carácter y “sus doctrinas por el cariño y la estima que le profesaron su ilustre discípulo Platón y su gran admirador Jenofonte.

Su máxima preferida fue: “Conócete a ti mismo“. La filosofía de Sócrates era aplicable a todas las personas, pues para él la verdad se hallaba en el fondo de los espíritus y cualquiera podía llegar a descubrirla.

Empleaba el “método socrático” que consistía en dirigirle a un individuo continuas preguntas hasta que éste se convencía de que ignoraba lo que pretendía saber; luego, por medio de ejemplos prácticos tomados de la vida corriente, lo guiaba para que por sí solo llegase al conocimiento de la verdad.

En el año 399 (a. C.) fue acusado ante los tribunales de Atenas de corromper a la juventud e introducir nuevos dioses. Encerrado en la cárcel, sus amigos le ofrecieron liberarlo, pero se negó. Fue condenado a muerte y no quiso apelar la sentencia. Con gran entereza bebió el veneno oficial —la cicuta— y murió lentamente, rodeado de sus desconsolados discípulos, mientras afirmaba que, a pesar de la destrucción del cuerpo, el alma del hombre vivirá eternamente.

Platon filosofo griego

Platón

Platón, discípulo de Sócrates, es uno de los personajes claves de la historia de las ideas. Las estructuras y concepciones mentales de Occidente quedaron marcadas por las obras, escritas en forma de diálogos, de este filósofo griego. Sus tesis filosóficas estaban vertebradas en torno a su teoría de las ideas, que expuso, por medio del famoso mito de la caverna, en La República.

En sus bellos “Diálogos” dejó escrita la doctrina de su maestro y expuso los fundamentos de su propia filosofía. Fue el creador del idealismo al afirmar que el hombre alcanza la realidad por rpedio de las Ideas, pues son ellas, y no los elementos materiales, las que dominan el universo.

Aristóteles (384-322 a. C.) nació en Macedonia y vivió en Atenas, donde fue durante dos decenios discípulo del anciano Platón. Fue un verdadero sabio y utilizó la ciencia para llegar al conocimiento de la verdad. Estudió la Anatomía y ia Fisiología, y llegó a descubrir el proceso de la respiración; en Zoología estableció una clasificación de los seres vivientes y también fue el creador de la Lógica o ciengia que se ocupa del razonamiento. Este ilustre pensador ejerció poderosa influencia en la cultura occidental y sus obras fueron base de numerosísimos trabajos filosóficos posteriores.

EXPLICACIÓN PRÁCTICA DEL MITO DE LA CAVERNA:

Para el pensador griego, VIVIR significa ir en busca de aquello en lo que uno cree y enfrentarse a preguntas fundamentales. Para él, no es vida la que se vive en “piloto automático”, una vida sin opinión propia, repitiendo las ideas y opiniones sostenidas por los padres, los maestros y los amigos. Ciertamente, puede tratarse de una forma de existencia, pero no es una vida.

Platón aborda este tema en su largo diálogo La República, en el cual, además de muchas de las ideas platónicas esenciales, explora cómo debería ser una sociedad ideal. A semejanza de Sócrates, Platón creía que la mayoría de las personas viven en la ignorancia la mayor parte del tiempo; lo peor de tal situación es que no saben siquiera que son ignorantes.

De entre las muchas imágenes y analogías que utilizó el filósofo griego Platón, posiblemente el mito de la caverna sea la más célebre: aparece en el libro VIl de La República, una obra monumental en la que investiga la forma del Estado ideal y su gobernante ideal, el filósofo rey.

La justificación de Platón para dar las riendas del gobierno a los filósofos se encuentra en un pormenorizado estudio en torno de la verdad y el conocimiento, y en este contexto es donde interviene la alegoría de la caverna.

Mito de la Caverna de Platon

Imagina que toda tu vida has sido prisionero en una caverna. Tienes las manos y los pies encadenados, y la cabeza sujeta de modo que sólo puedes ver la pared que queda enfrente. Detrás de ti hay una llama, y entre tú y el fuego una pasarela por la que tus captores desplazan estatuas y todo tipo de objetos. Las sombras que proyectan en la pared estos objetos son lo único que tú y tus compañeros de cautiverio habéis visto siempre, lo único de lo que habéis hablado y en lo que habéis pensado. Esas sombras son la única realidad que han conocido.

Sus habitantes no saben que han tomado las sombras por objetos reales; creen conocer la realidad, aunque de hecho están viviendo en la oscuridad, tanto en sentido figurado como en el literal.

A medida que desarrolla la alegoría, Platón nos pide que imaginemos que alguien entra en la caverna, quita los grilletes a un prisionero y lo conduce al exterior, a la luz del Sol. ¿Cuál crees que será la reacción del prisionero liberado? Enceguecido por el brillo del Sol, probablemente lo primero que hará será correr hacia la seguridad de la caverna. Necesitará tiempo y paciencia antes de que sus ojos se acostumbren a la luz y a ver las cosas tal como realmente son. Sin embargo, una vez que lo haya conseguido, el prisionero comprenderá con claridad que lo que había tomado por conocimiento no era más que puras sombras.

De regreso a la caverna, el prisionero explica a los demás la “realidad”, pero seguramente encontrará oposición. Sus antiguos compañeros continúan creyendo que las sombras son la realidad. Ahora que escuchan una versión nueva y extraña estarán convencidos de que quien la expone se ha vuelto loco. “¿No dirán”, se pregunta Platón, “que el otrora prisionero, después de haber ascendido al exterior, regresó con los ojos tan arruinados que ni siquiera valdría la pena intentar subir y salir de la caverna? Y si pudieran, ¿no apresarían y matarían a cualquiera que tratara de liberarlos y sacarlos de las profundidades de la caverna?”.

La vida ordinaria, sostiene Platón, es como la vida dentro de la caverna. De ella había escapado Sócrates y a ella nunca quiso volver. Los humanos somos prisioneros que vivimos en un mundo de supuestos no comprobados, que confiamos en los sentidos como fuentes de información acerca de la realidad y que creemos que sólo es real lo que podemos ver, oír, tocar, gustar y oler.

Quizá Platón también deseaba hacer notar cuan fuerte es el poder del grupo sobre el pensamiento del individuo. Si a todos nuestros amigos les gusta o disgusta algo, si nuestros compatriotas suponen las mismas cosas o si nuestras pautas familiares nos han convencido de que sólo hay una forma de hacer las cosas, entonces tal vez vivamos muy a gusto con esas preferencias, supuestos pautas. Lo anterior puede parecer inofensivo cuando se trata de comer un pollo la noche de Navidad o de no poner los codos sobre la mesa, pero resulta verdaderamente peligroso cuando se trata de confiar en los sentidos y no en la razón, si se acepta como real y verdadero lo que nosotros vemos y lo que ”todos saben”. en vez de buscar la verdad por uno mismo. Por eso Platón advierte: si las sombras se toman por realidad, las certezas obtenidas se habrán basado en información incorrecta e inadecuada.

EL MITO APLICADO AL SABER: Si quieren una alegoría de la condición humana, que se refiera especialmente al saber y a la ignorancia, entonces imaginen a algunas personas viviendo en una caverna. Ellos han vivido ahí desde que nacieron, han sido encadenados, obligados a sentarse en una sola posición y a ver un punto fijo. Al final de la cueva hay una salida al mundo exterior que, por supuesto, los prisioneros desconocen.

Arriba y detrás de ellos, arde un fuego, y entre el fuego y los prisioneros, detrás de un muro que lo oculta de su vista, hay un camino que cruza la caverna. La gente pasa por detrás del muro cargando estatuas humanas y figuras de animales y plantas esculpidas en piedra o madera, y a veces conversan entre sí.

El fuego proyecta sombras de esas imágenes sobre la pared que ven los prisioneros y estas sombras, acompañadas por el sonido intermitente de las voces, son la única realidad que los prisioneros conocen. Ninguno de ellos puede recordar otra, ésa ha sido siempre toda la verdad sobre el mundo…

Esta alegoría describe la condición humana. La caverna es el mundo que se nos revela por medio de los sentidos, apenas iluminado por la luz del fuego y lleno de sombras que confundimos con la realidad. La salida de la cueva, a la luz solar, representa el ascenso del alma a la vida intelectual: la vida de la mente y el camino de la razón. Utilizando las herramientas del intelecto, llegaremos finalmente a la idea del Bien, que es la fuente de todo lo bello y lo correcto y que, en verdad, también es el único terreno confiable para la conducta moral.

Será fácil comprender por qué aquellos que han visto las cosas como realmente son, usando plenamente los poderes intelectuales, no estarán dispuestos a volver al mundo profano de los intercambios humanos. Alguien así podría parecer tonto entre las sombras de las cortes legales y la hipocresía de la vida cotidiana. Pero haríamos bien en recordar que aquellos que creemos desorientados podrían en realidad estar moviéndose de las tinieblas a la luz y no de la luz a las tinieblas .

Y deberíamos tener mucho cuidado de quien nos reímos, no sea que nos convirtamos en los felices prisioneros que se afierran fieramente a su ignorancia y se burlan de lo que no comprenden.

Fuentes Consultadas:
Raíces de la Sabiduría Edit. Cengage Learnning  Helen Buss Mitchell
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Editorial Cadyc
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
HISTORIA José Cosmelli Ibañez Edit. Troquel

Reparto Imperio de Alejandro Magno Los Diádocos Sucesores

Desmembramiento del imperio de Alejandro

INTRODUCCIÓN: La prematura muerte de Alejandro y la circunstancia de no haber dejado sucesor plantearon el grave problema de  la sucesión  legítima. El vasto imperio comprendía: en Europa, Grecia, Macedonia y Tracia; en África, el Egipto y en Oriente, Asia Menor, Siria, Caldea, Irán y parte de la India.

Luego de la desaparición del conquistador, los únicos que podían sucederlo eran su hermano imbécil Arrideo y un hijo que dio a luz su viuda. Como ambos no estaban en condiciones de gobernar, los generales —que se disputaban el trono— eligieron regente a Pérdicas.
La unidad del gran imperio no tardó en romperse y durante veinte años los generales lucharon entre sí para adueñarse del poder.

Muerto Alejandro, dividieron él territorio y, con el título de diádocos (es decir, sucesores), gobernaron en la forma siguiente: Antígono, que era el más poderoso, quedó al frente del Asia; Antipater, de Grecia y Macedonia; Lisímaco, de Tracia, y Ptolomeo, de Egipto.

Como Antígono pensaba erigirse en amo absoluto de todo el imperio, los otros diádocos se coaligaron contra él y lo vencieron en la batalla de Ipso (año 301 a. C). Al término de las diversas luchas el imperto quedó desmembrado en los siguientes reinos:

a) el de Siria, que correspondió a los Seléucidas o descendientes del general Seleuco;
b) el de Egipto, que fue gobernado por los Lágidas o sucesores de los Ptolomeos, y
c) el de Macedonia, que correspondió a los Antigónidas o descendientes de Antígono.

Aprovechando las guerras, algunas ciudades griegas pretendieron recobrar su independencia, pero no tuvieron éxito en sus intentos, porque otras luchas civiles se originaron en la Hélade y destruyeron el esfuerzo común. Esta debilidad política y militar favoreció los designios de una nueva potencia: Roma, que primero sometió a Macedonia y finalmente a Grecia, la cual pasó a ser una provincia romana con el nombre de Acaya  (año  146  a. C).

Batalla de Ipso, combate bélico que tuvo lugar en Ipso (zona central de Asia Menor), en el 301 a.C., durante la lucha por el poder que siguió a la muerte del rey macedonio Alejandro III el Magno y que enfrentó a los principales ex generales de éste. Las tropas macedonias de Antígono Monoftalmos lucharon contra las fuerzas conjuntas de Tolomeo I, Seleuco I y Lisímaco.

LA HISTORIA DEL REPARTO DEL IMPERIO
Alejandro había muerto sin designar sucesor; según refiere la tradición, lo más que hizo fue legar su Imperio al «más digno».

De su familia, sólo había junto a él un hermanastro tarado y un hijo póstumo, que debía nacer de Roxana. Pero sus generales —los diadocos—, reunidos en Babilonia, aunque no querían dislocar el Imperio y repartirse sus despojos, no aceptaban la superioridad de ninguno de ellos sobre los otros, y acabaron por recurrir a la lucha armada.

Desde el principio, Occidente y Oriente estuvieron, prácticamente, separados; Pérdicas tenía la «regencia», el ejército y Asia; Antípater recibió Europa y las finanzas; los otros se repartieron simples «misiones» locales: Tolomeo, Egipto; Antígono, Asia Menor; Lisímaco, Tracia.

Pérdicas, que quiso asumir concienzudamente su papel de regente, fue en seguida asesinado por Seleuco, y poco después, en el año 321 a. de J. C, se llegó a la primera escisión oficial. La muerte de Alejandro Egos, el hijo del héroe, enterró para siempre toda esperanza de restauración del poder.

Fue un período trágico, en el curso del cual el antiguo Imperio macedónico fue agitado por sobresaltos sangrientos. La batalla de Ipso, en el año 301 a. de J. C.—una de las más importantes de la antigüedad—, mostró definitivamente la imposibilidad de unir Europa y Asia.

Cuando, en el año 275 antes de J. C, las nubes se desgarraron por fin, el aspecto del mundo se había modificado completamente. Tres grandes monarquías subsistían: el reino de Macedonia en Europa, con la dinastía de los Antigonidas; el de los Seléucidas, en Asia; y el de los Tolomeos, o Lágidas, en Egipto. Un cuarto reino, el de los Atálidas, debía formarse más tarde en Pérgamo, en Asia Menor. Sin embargo, la paz no se impuso por ello; aunque nadie soñaba ya con el Imperio universal, muchos territorios seguían en litigio.

En estas luchas confusas, Egipto sería frecuentemente causa de problemas, pues su riqueza le permitía sostener rebeliones. El fue el principal responsable de los constantes conflictos que agotaron los reinos helenísticos y precipitaron su ruina. El fue, también, el único que volvió a su antigua tradición: los reyes de la dinastía de los Tolomeos se hacían coronar faraones.

También Grecia había recuperado sus costumbres seculares: sus ciudades cambiaban muchas veces de señores; intentaban, en vano, recobrar su independencia; veían sucederse los regímenes democráticos, aristocráticos, oligárquicos, tiránicos… Atenas, aunque había perdido su superioridad económica, continuaba siendo la capital intelectual, mientras que las antiguas ciudades, obstinadas en sus querellas políticas, se deslizaban hacia una irremediable decadencia.

Otras, en cambio, se afirmaban, como Bizancio, Rodas y Quíos. Grecia, sin embargo, no se integraría nunca en Macedonia. Esta, a causa de su acceso al mar Adriático, por una parte, y al Helesponto, por otra, hubiera podido desempeñar un papel económico de importancia, si la oposición de las ciudades helenas no lo hubiera impedido. Poco a poco, se vio reducida a la situación de Estado secundario, pero sus soberanos podían enorgullecerse de haber sido, a pesar de sus débiles recursos, el escudo del mundo griego contra los bárbaros del Norte.

La monarquía Seléucida, orientada primero hacia Asia Central, se aproximó luego al Mediterráneo: sus dos capitales fueron Seleucia, junto al Tigris, y, con creciente importancia, Antioquía, unidas ambas por la gran vía del Eúfrates.

Era un mosaico de pueblos, de ciudades, de razas, de religiones: pueblos  indoeuropeos y semíticos; lenguas persa, aramea y griega; religiones de Zoroastro, de los judíos, de los Baales sirios; Estados teocráticos de los Sumos Sacerdotes de Judea y de Capadocia, monarcas locales, y ciudades griegas de Asia Menor. La monarquía constituía el único elemento aglutinador; era absoluta, y, a causa de las influencias orientales, se apoyaban sobre un verdadero culto regio. La tarea de los soberanos resultaba ruda, y es admirable que consiguieran mantenerse durante tanto tiempo y helenizar parte de Asia.

A expensas de los Seléucidas, se formó, en el año 240 a. de J. C, el reino de Pérgamo: Átalo I había tomado el título de rey, y este Estado —que duraría cien años, hasta que Átalo III lo legó a los romanos—fue administrado con ciencia y sabiduría. Muy poderoso, comprendía, en su período de apogeo, Misia, Lidia, Caria y Pisidia. El nombre helenístico iba a desaparecer bajo los golpes de Boma: ésta iba a volver sus miradas, a partir del año 212 antes de J. C, hacia el Mediterráneo oriental, englobando en su órbita, una tras otra, a todas las monarquías surgidas de las conquistas de Alejandro.

LOS SUCESORES DE ALEJANDRO MAGNO
La personalidad de Alejandro Magno era tan abrumadora que sus compañeros se sentían eclipsados. Después de su desaparición, surgieron brillantes individualidades, tan fuertes, que se enfrentaron, como ya hemos visto, en luchas implacables. Entre ellas destacaron las siluetas de Antígono y de su hijo Demetrio, llamado Poliorcetes, es decir, «sitiador de ciudades». Antígono, que ya era anciano cuando murió su rey, quiso dominar Asia; su ambición, a pesar de que no tenía la misma amplitud que la de Alejandro, hace pensar, a veces, en los vastos proyectos de este último.

Ciertamente, su imaginación era menos generosa, y su concepción de las cosas, menos atrevida: sólo buscaba ejercer su poder sobre las regiones ya anexionadas por el helenismo, y mientras que Alejandro había hecho surgir en él un hombre nuevo para reinar sobre subditos nuevos, Antígono continuaría siendo siempre un macedonío.

Durante el poco tiempo que pudo consagrarse a su efímero Imperio, se mostró lleno de firmeza y de sabiduría, pero, desgraciadamente, su ambición sin límites suscitó sucesivas coaliciones contra él. Fue vencido, en el año 301 a. de J. C, por las fuerzas coaligadas de Seleuco y de Lisímaco, en Ipso, (Frigia); su derrota destruyó para siempre el sueño de un Imperio único, y el viejo «diadoco»—tenía entonces ochenta años— puso fin a sus días.

Su hijo Demetrio, infatigable y errante, hizo temblar durante diez años al mundo y a sus adversarios. De inteligencia aún más notable que la de su padre, su inestabilidad y su fogosidad irreflexiva fueron causa, a veces, de desastres: este gran «condottiero» fue responsable, en parte, de la derrota de Ipso.

Quería recrear el imperio de Antígono, pero se dejó arrastrar por los acontecimientos, aprovechando hábilmente todas las circunstancias favorables, pero descuidando luego el aprovechamiento del fruto de sus victorias. Seducía a todos con la nobleza de sus maneras y la generosidad de su corazón, pero cansaba a sus amigos con su orgullo indomable. Amado por las mujeres a causa de su belleza, las abandonaba tan pronto como se le sometían, provocando escándalos por sus célebres relaciones con cortesanas. Tras conquistar Atenas, Grecia y el mar Egeo, sucumbió bajo los golpes de Seleuco, en el año 289 a. de J. C, y su vida, heroica y novelesca a la vez, terminó miserablemente en una prisión.

Mucho después se afirmó la personalidad de un gran soberano, Antíoco Epifanes, que imperó sobre el reino seléucida desde 175 a 164 a. de J. C. A los doce años fue entregado como rehén a Roma por su padre Antíoco III, y continuó siendo romano por su aire democrático y por la toga, que vestía siempre. Pero resultaba muy oriental por el fasto y el despotismo, a veces cruel, que ejerció sobre sus subditos; por otra parte, él se consideraba griego: era un apasionado de la filosofía, la cultura y el arte helenos.

Este extravagante fue considerado por muchos como un medio loco: no comprendía las tendencias híbridas que hacían tan complejo a este personaje, por lo demás, lleno de egudeza y de voluntad. Cuando estaba a punto de conquistar Egipto, se lo impidió la insolente intervención del cónsul romano Popilio Laenas, que lo encerró en el círculo trazado sobre el suelo con una varilla, diciéndole: «No saldrás de este círculo hasta que hayas obedecido»; de este día data el fin de la independencia moral de los seléucidas. Antíoco, queriendo luchar contra esta influencia, intentó reducir a los judíos—en esta época se sitúa el episodio del martirio de los siete hermanos Macabeos y de su madre—, pero esta lucha implacable acentuó la decadencia de la dinastía, que no debía contar en adelante con ningún monarca digno de este nombre.

Fuentes Consulatadas.
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX
HISTORIA 1 de José Cosmelli Ibáñez Edit. Troquel

La Cultura Helenística Ciencia Arte Arquitectura Su Legado

Características De La Cultura Helenística

Recibe el nombre de helenismo el período de tres siglos comprendido entre la muerte de Alejandro y la conquista del mundo antiguo por los romanos, lapso en el cual la cultura griega se propagó hacia el Oriente, ganando en extensión y perdiendo en pureza. Esta nueva y última fase del desarrollo cultural griego, también llamada civilización helenística, contó con sus focos más brillantes en el Egipto y Asia Menor. La fusión de los elementos materiales y espirituales griegos con los asiáticos dio origen a un mundo nuevo en el que se produjeron hondas transformaciones políticas, sociales, económicas y culturales. En especial, se desarrollaron con nuevo vigor las ciencias, las artes, la literatura y la filosofía.

La civilización helenística procedía directamente de la Grecia clásica, de la que conservaba la lengua, los géneros literarios,el estilo artístico. Se extendió, sin embargo, sobre un área mucho más vasta, y, por ello, escapó al particularismo de la Hélade y se hizo muy cosmopolita. Las grandes ciudades acogían comerciantes, intelectuales y artistas de todas partes, y los monarcas, cuyo origen era común, pues todos procedían de la conquista macedónica, se sentían emparentados, a pesar de sus discordias; mantenían relaciones familiares, y, como consecuencia de ello, filósofos, poetas y artistas iban de una corte a otra.

FILOSOFÍA Y CIENCIA: Los griegos se encontraban, sin embargo, en contacto con las viejas culturas orientales. En el dominio espiritual, sobre todo, el Oriente influyó sobre el helenismo: los macedonios fueron sensibles al misticismo de los pueblos vencidos, pues la decadencia de la religión cívica y el olvido de los grandes dioses del panteón clásico los habían dejado sin asistencia espiritual.

El individuo desarraigado buscaba, igualmente, una regla de moral individual; de aquí el éxito de las dos grandes filosofías nacidas sobre el suelo de Grecia por aquella época: el epicureismo y el estoicismo. El Ática, empobrecida política y económicamente, recogía, así, la herencia de Sócrates: los epicúreos afirmaban que ¡os dioses no eran temibles, aconsejaban al hombre que se consagrara a la sabiduría, a la amistad, a los placeres sencillos; los estoicos, más ambir ciosos, preconizaban la impasibilidad y el dominio de sí.

Por otra parte, el ensanchamiento de los horizontes y el deseo de renovar los progresos del espíritu humano explican el desarrollo de las ciencias. Contrariamente a la filosofía, éstas no florecieron en Atenas, sino, con mayor frecuencia, junto a los reyes. Fue, así, en Siracusa (Sicilia) donde nació y murió, a manos de un soldado romano, Arquímedes, el más célebre geómetra de la antigüedad. Había asentado los principios de la hidrostática, establecido la teoría de la palanca, y escrito numerosas obras geniales. Pero es necesario citar igualmente el nombre del geómetra Euclides, el de Hiparco, que inventó la trigonometría, el de Erastótenes, que midió con una sorprendente exactitud la circunferencia terrestre. El médico Herófilo de Calcedonia descubrió la circulación de la sangre, intrépidas exploraciones permitieron el desarrollo de la geografía.

El patronazgo de los reyes vino en ayuda de todos estos sabios; Pero más aún que la ciencia, los soberanos protegieron la literatura: les gustaba dar realce a sus cortes con poetas y escritores, o bien los mantenían en instituciones estatales, como las bibliotecas de Antioquía, Pérgamo, Alejandría, y, sobre todo, el célebre Museo ele esta última ciudad.

La Botánica y la Zoología progresaron en el período helenístico; entre los cultores de las ciencias naturales sobresalió Teofrasto, que escribió diversos trabajos sobre la fisiología de las plantas.

En Medicina, Alejandría contó con un instituto anatómico, en el cual se realizaron por vez primera trabajos de disección sobre cuerpos humanos. Herófilo descubrió los nervios y la Importancia del pulso para el diagnóstico de las enfermedades; Galeno trató todas las ramas de la medicina, efectuó trabajos anatómicos y en sus obras compendió todo el saber de la antigüedad.

alejandro magno

La cultura griega adquirió rápida primacía debido a que la lengua hablada en Atenas (llamada Koiné) fue el idioma corriente utilizado por todo el mundo helenístico, tanto en las esferas oficiales y mercantiles como en la literatura científica y filosófica.
Las grandes ciudades de esta época fueron Alejandría, Pérgamo y Antioquia.

Las letras: Luego de las conquistas de Alejandro el Oriente ejerció marcado predominio en el aspecto político y religioso, pues en ambos casos las costumbres asiáticas tuvieron gran influencia sobre los griegos. Pero en las letras, las ciencias y las artes el espíritu helénico se impuso en forma absoluta en toda la extensión del mundo civilizado.

La producción literaria del período helenístico fue muy grande, aunque carece de originalidad y faltan las grandes figuras que se distinguieron en las letras atenienses. Las obras son en su gran mayoría de carácter erudito y dedicadas a la crítica de los trabajos anteriores. La poesía se apartó de la inspiración popular y se tornó artificiosa. Calimaco se destacó como poeta brillante, verdadero maestro por sus himnos y epigramas. Menandro compuso unas cien comedias, en las que describe con ingenio y humor las costumbres atenienses. En filosofía mencionaremos a Zenón, fundador de la escuela estoica, basada en el comportamiento austero del individuo, y a Epicuro, quien enseñó el goce de los sentidos sin intervención de las pasiones.

El arte: Las creaciones helenísticas se basan en las formas y tendencias griegas, pero pueden distinguirse influencias orientales. En realidad, falta la fuerza creadora del genio, pues las obras, aunque de buena técnica, imitan todo lo pasado. Los principales centros artísticos fueron Alejan dría, Pérgamo y Antioquía.

En arquitectura, los estilos dominantes fueron el jónico y el corintio, asociados a la influencia babilónica. Entre los grandes monumentos podemos citar el templo de Efeso, consagrado a la diosa Artemisa; el templo de Apolo, cerca de Mileto, y el Mausoleo de Halicarnaso, levantado para servir de tumba a Mausolo, príncipe de Caria.

En escultura ios trabajos aparecen con expresiones exageradas, de fuerte realismo y gran movimiento. Se han encontrado gran variedad de retratos y estatuas de mármol pertenecientes a este período helenístico. Entre los grandes artistas figuran Escopas, Plaxiteles y Lisipo.

Las estatuas más célebres son: la muerte del sacerdote Laoconte con sus hijos; e! grupo llamado del Toro Farnesio; el Apolo del Belvedere; la Victoria de Samotracia y la Venus de Milo. La pintura y el arte del mosaico tomaron gran incremento. Las producciones se conocen por las pinturas murales halladas en Pompeya, época romana que corresponde al final del período helenístico. Los artistas prefirieron las representaciones mitológicas y las escenas trágicas.

El arte helenístico fue universalmente admirado en el siglo XVIII, tras su descubrimiento; cien años después, la exhumación de los tesoros del clasicismo y del arcaísmo griego harían rechazar las producciones helenísticas por exageradas y demasiado violentas y brillante. Es necesario convenir, sin embargo, que este arte fue original y nada vulgar. No era cívico, sino monárquico: eran los reyes quienes sostenían con sus encargos a los escultores, los pintores y los arquitectos. Desconocemos casi por completo los palacios reales; en cambio, se conservan numerosos templos, altares y construcciones utilitarias. El estilo corintio dominaba, y la gran innovación fue el urbanismo: calles en ángulo recto, y búsqueda de lo funcional.

La estructura se alejaba de la soberbia impasibilidad clásica, se expresaban violentamente las pasiones y el drama, o bien se complacían en representar a Afrodita con las expresiones voluptuosas de la belleza femenina. Se encuentran también Eros rollizos, que indican un gusto nuevo por la infancia. Lo feo, lo grotesco: anciana ebria, sátiros repletos de vino, boxeador en reposo, eran esculpidos con un sorprendente virtuosismo técnico. Se ha podido hablar de una escuela de Pérgamo, representada tanto por estatuas aisladas, como el ex-voto de un rey vencedor de los gálatas, de un realismo feroz, como por los grandes relieves del altar de Zeus, los cuales se exasperan en una búsqueda del efecto que alcanza casi lo barroco. La pintura sería, quizá, el más fiel reflejo del alma helenística, si la conociéramos mejor, pero no la encontraremos más que en los frescos romanos de las copias pompeyanas; parece que prevalecía en ella el gusto por el movimiento y la espontaneidad.

Así, las ciudades griegas, sembradas por Alejandro, debían crecer, prosperar, difundir su cultura y resistir los asaltos. Algunas sobrevivieron a las dinastías helenas y permanecieron vivas después del paso de Roma, de Bizancio, de las invasiones mogola y tártara, y del embargo del Islam. Y todavía se encuentran hoy, en los altos valles del Amu-Daria y de Cabul, pequeños islotes que han conservado palabras de la lengua de Sófocles y Aristóteles. Así, el paso de Alejandro permanecerá marcado para siempre por un reguero de luz: las ciudades jalonan el itinerario de sus falanges.

Fuentes Consulatadas.
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX
HISTORIA 1 de José Cosmelli Ibáñez Edit. Troquel

La Supremacía de Tebas en Grecia Antigua Pelópidas y Epaminondas

DECADENCIA DE ESPARTA Y HEGEMONÍA DE TEBAS

Despúes de la gran victoria de Esparta en la Guerra del Peloponeso, creyéndose segura por su alianza con los persas, abusó del dominio ejercido sobre las ciudades griegas, actitud que despertó nuevos  odios y  recelos. Un general espartano atacó a Tebas (capital de Beoda) y estableció un gobierno despótico; numerosos ciudadanos que se opusieron al nuevo régimen buscaron refugio en Atenas. Entre estos desterrados estaba Pelópidas, joven de noble origen, valiente y generoso que se propuso libertar a su patria, apoyado por los atenienses.

Llego a Tebas con once compañeros y, ayudado por numerosos adeptos, preparó un golpe sorpresivo. Cierto día en que los espartanos asistían a un banquete, Pelópidas y los otros conjurados, disfrazados de mujeres y con el rostro cubierto por coronas de pino y olmo, penetraron en la reunión. Acto seguido, sacaron de entre sus ropas filosos puñales y degollaron a los jefes aristocráticos. Al día siguiente, ios espartanos abandonaron la ciudad.

Libertada Tebas, un amigo de Pelópidas, llamado Epaminondas, encabezó la resistencia contra Esparta.

De noble familia, pero muy pobre, era culto, sincero y elocuente; llevaba una vida austera, pues había sido educado por un filósofo pitagórico. En el manejo de las armas se destacaba por su destreza y agilidad.

Esparta, deseosa de vengarse, no tardó en provocar la guerra contra los tebanos, pero éstos —aliados con los atenienses— defendieron heroicamente su independencia. En el año 376 (a.C.) la flota ateniense derrotó a las fuerzas navales espartanas cerca de Naxos: a pesar del contraste, los lacedemonios invadieron la Beocia, pero los tebanos, a las órdenes de Epaminondas, los destrozaron en la batalla de Leuctra. Esta victoria tuvo gran repercusión en Grecia, pues demostró la’debilidad de Esparta y dio a Tebas la preponderancia militar.

Alentados por el triunfo, los tebanos invadieron el Peloponeso y vencieron nuevamente a los lacedemonios en la batalla de Mantinea (362 a.C). En el transcurso del combate Epaminondas —herido en el pecho con una jabalina— fue llevado agonizante a su tienda. Próximo el fin, uno de sus amigos murmuró acongojado: “¿Es necesario que mueras de esta suerte, sin dejar hijos?” “No —respondió el héroe—; dejo dos hijas: Leuctra y Mantinea”.

Con la muerte de Epaminondas terminó la supremacía de Tebas. El valor moral y militar de Grecia había decaído. Debilitada por las luchas internas y corrompida políticamente, el, predominio de la Hélade se desplazaba hacia el norte, a la corte macedónica.

Mapa de Grecia Antigua

LA HISTORIA: DECADENCIA DE ESPARTA Y HEGEMONÍA DE TEBAS:

La mayoría de las ciudades se sometió y entró a formar parte de la Liga del Peloponeso. Los ejércitos espartanos dominaban desde Tracia a Beocia, y Tebas tuvo que aceptar una guarnición. Imitando a la Liga de Délos, los espartanos exigieron tributos y soldados a sus subditos, que estaban repartidos en diez distritos.

Esta falsa grandeza estaba amenazada por tres peligros: los persas, a quienes inquietaba tener un vecino demasiado fuerte; las ciudades griegas, impacientes por sacudirse el yugo; y, sobre todo, la constitución misma de Esparta, pues la aristocracia de los Iguales disminuía de número, y se aislaba cada vez más de la masa de periecos e ilotas, siempre dispuestos a suEsparta no tenía ya más que tres mil guerreros, celosos de sus prerrogativas, que acumulaban las tierras en su provecho. El oro, prohibido antaño, afluía, y la venalidad se extendía por el Estado. La austera ciudad de Licurgo se corrompió; los platos refinados reemplazaron a las sobrias gachas negras.

Atenas no se atrevía a actuar abiertamente, pero favorecía todos los movimientos susceptibles de debilitar a Esparta; por esta causa, había acogido refugiados políticos de Tebas. En el año 379 a.C. , algunos conjurados tebanos, bajo la dirección del rico Pelópidas y de su amigo Epaminondas, decidieron liberar su ciudad. Uno de sus amigos, que había conseguido hacerse estimar por el tirano de Tebas, establecido por los espartanos, organizó un banquete que sería, según dijo, realzado por la presencia de las más bellas mujeres de la ciudad. Los invitados fueron tratados del mejor modo. Ya ebrios, el tirano y sus amigos no prestaron atención a la llegada de siete mujeres a la sala del banquete.

De pronto, estas mujeres se quitaron sus velos, y con sus puñales degollaron a los tiranos. Pelópidas y sus amigos se precipitaron, entonces, hacia la prisión, para liberar a los presos políticos, convocaron al pueblo, y arrebatados por el entusiasmo, se lanzaron al ataque de la ciudadela de Cadmea. Sorprendidos, los espartanos aceptaron rendirse, a condición de que se les dejara re-tirarase. Así, la amistad de siete hombres liberó a Tebas.

La nueva de la derrota espartana despertó el entusiasmo de Grecia. El valor de todos se reanimó. De pronto, los atenienses se enardecieron. En el año 378 a. C., crearon la Segunda Confederación ateniense: Quíos, Lesbos, Rodas y Bizancio, entre otras, aceptaron entrar en la alianza. Al contrario de lo que ocurría en la Liga de Delos, cada ciudad conservaría su independencia.

Atenas hizo un esfuerzo excepcional: los ciudadanos aceptaron impuestos nuevos, que permitirían la construcción de una flota. Los almirantes Timoteo y Cabrias fueron encargados de mostrar esta nueva fuerza, para incitar a otras ciudades a entrar en la alianza. Por dos veces (años 374 y 371 a.C.), Atenas y Esparta firmaron la paz, sobre bases conocidas: para Esparta, el Peloponeso; para Atenas, el imperio marítimo.

EL BATALLÓN SAGRADO
Pelópidas y Epaminondas habían constituído un Batallón Sagrado, compuesto por 300 jóvenes pertenecientes a las mejores familias de Tebas, que ya habían dado pruebas de su valor. Sistematizando el viejo tema de la amistad militar, que Homero había descrito entre Aquiles y Patroclo; que el ejército espartano había querido desarrollar entre los Iguales; que Atenas misma había admitido, puesto que los jóvenes reclutados eran protegidos por un hombre maduro, en el que podían encontrar experiencia y mesura, los tebanos formaron, en el seno del Batallón Sagrado, parejas de amigos o amantes que nunca se abandonaron, amigos en la vida y en la muerte, que juraban vencer o morir juntos. Este batallón tenía, por ello, una formidable cohesión.

Además,  Epaminondas  supo inspirar  alos tebanos una extraordiaria pasión por su propia persona. Su bondad, su honestidad, su modestia le ganaron la confianza de todos: nunca había buscado la riqueza para él. Bajo su impulso, Tebas consiguió reagrupar a la mayoría de las ciudades de Beocia. Los espartanos quisieron interrumpir esta ascensión, y los tebanos, asustados, se dispusieron a pedir la paz y a someterse. Pero Epaminondas y Pelópidas consiguieron, aunque con dificultad, movilizar a Tebas. En el año 371 a. de T. C, en Leuctras, se enfrentaron los ejércitos: dos ejércitos, pero también dos tácticas.

Para aprovechar su homogeneidad y el valor individual de todos sus soldados, los espartanos buscaban el combate individual, sin astucias ni estratagemas. Epaminondas, por el contrario, que había agrupado a sus mejores soldados en el Batallón Sagrado, tenía que utilizar a éste como cuerpo de choque de su ejército. Inventó, entonces, la táctica llamada «oblicua». Sustituyó la tradicional formación en línea por una formación en cuña, parecida a la proa de un trirreme.

Su Batallón Sagrado, que comprendía cincuenta filas en profundidad, situadas en primera línea, aplastó a su oponente lacedemonio, dispuesto en doce filas solamente; el resto del ejército espartano no tuvo tiempo de socorrer el ala atacada. A pesar de su insuficiencia numérica, Epaminondas había probado que algunos golpes convenientemente asestados podían vencer al más poderoso de los ejércitos.

En Leuctras, 4.000 espartanos fueron víctima de esta revolución en el arte de la guerra. Los tebanos aprovecharon su nuevo poder, para favorecer y sostener la emancipación de los habitantes del Peloponeso. Los ilotas se sublevaron en Mesenia, produciendo graves perjuicios a la economía espartana. Los pueblos de la montañosa Arcadia se agruparon formando una Liga, y se construyó una capital: Mantinea.

En adelante, Esparta estaría rodeada de pueblos hostiles. Con el éxito, los tebanos se mostraron carentes de piedad, matando a todos los habitantes de Orcomenos, en Beocia, que se habían opuesto a su dominio (364 a.C.). Pelópidas murió mientras intentaba someter la Tesalia. Atenas y Esparta se reconciliaron, arrastrando a otros pueblos contra Tebas. Fue una guerra general, horrorosa, absurda, sin fin. En la llanura de Mantinea, en Tesalia, Epaminondas iba a triunfar, cuando fue moríalmente herido de un lanzazo (362 a.C.). Su muerte señaló el final de la breve hegemonía tebana.

GRECIA EN RUINAS
Después de Atenas y de Esparta, Tebas acababa de fracasar en su tentativa de dar a Grecia una apariencia de unidad. Las pequeñas disensiones, los celos, le habían impedido reagruparse. Grecia parecía haber dejado pasar su oportunidad. Se había agotado en guerras incesantes, que siempre traían el mismo cortejo le miserias: campos asolados, árboles cortados, navios destruidos, factorías arruinadas.

Las desgracias provocaron el cansancio y el desaliento; los ciudadanos se dieron cuenta del carácter precario de sus esfuerzos; el resorte, poco a poco, se fue rompiendo. Los ciudadanos, entonces, prefirieron dejar a los profesionales la tarea de hacer la guerra en su lugar, y reclutaron aventureros como mercenarios.

La natalidad disminuyó:¿quién iba a sacrificarse por sus hijos? Se hizo ostentación de libertinaje; la vida familiar fue decayendo.

Una degradación semejante se produjo en la vida pública. Las dificultades económicas de Atenas aumentaron el número de parados, y éstos, que dominaban la Asamblea, eran cada vez más exigentes. Se esparaba todo de la ciudad, y se consideraba normal que ella resolviera las necesidades de los ciudadanos. Los gastos del Estado aumentaron considerablemente, y las tasas conseguidas de un comercio reducido no bastaban para compensar el déficit del presupuesto.

Era necesario, pues, exigir nue-vos impuestos a los ricos. Se llegó todavía más lejos: ciertos especialistas, los sicofantes, acusaban de los peores delitos a los ciudadanos honorables; los tribunales del pueblo, entonces menos ecrupulosos, tenían la mano dura y condenaban gustosamente a los ciudadanos ricos, para confiscarles su fortuna. A los sicofantes, por su parte, les correspondía un porcentaje como compensación por su celo en denunciar o los «enemigos de la patria». El Demos era rey: el patriotismo cedía el lugar a una implacable lucha de clases. Desgarradas interiormente, las ciudades no prestaban atención a los peligros exteriores, que esta vez procedían de Macedonia.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos – La Aventura del Hombre – Edit. CODEX

La Alimentación de los Griegos Comidas y Alimentos

LA COMIDA EN GRECIA ANTIGUA: LEGUMBRES, CEREALES Y FRUTAS

En el acostumbrado tren de su vida, ¿que comían los griegos? La mayoría, en especial los atenienses, era conocida por su sobriedad, que explican en gran parte el clima y la escasa fertilidad del suelo. No obstante, los habitantes de la feraz Beocia tenían fama de comilones, y la gente se burlaba de su gula, como también de su índole estúpida y grosera. Pero el gusto exclusivo por la buena vida y la bebida que se les prestaba no era tal vez sino el efecto de los prejuicios de vecinos malévolos.

El régimen de los espartanos, al contrario, tenía fama de ser aún más frugal que el de los atenienses, pero quizá esta opinión se debiera a un “espejismo” opuesto. Homero  ya llamaba a los hombres “comedores de harina”. Los cereales, esencialmente el trigo y la cebada, de los que hemos dicho que los atenienses debían importar grandes cantidades, constituían la base de su alimentación. Cuando Platón, en su República, quiere trazar el cuadro de una vida sana y primitiva, escribe:

“Los hombres, para alimentarse, fabricarán sin duda, sea con cebada, sea con trigo candeal, harina, que harán tostar o que amasarán; hacen con ella bellas galletas o panes que se han de servir sobre bálago u hojas muy limpias.”

La harina de cebada amasada en forma de galleta, es la maza, alimento esencial en la vida de cada día. Según una prescripción de Solón, el pan de trigo candeal propiamente dicho (artos), en hogazas redondas, no se podía comer sino en los días de fiesta. Pero ciertamente, en la Atenas del siglo de Pericles, se encontraba todos los días pan de trigo candeal como también maza en la tienda del panadero (mientras que antes cada familia cocinaba su pan), pero la maza costaba menos cara, y casi siempre los pobres debían contentarse con ella.

comidas griega

Los griegos ya tenían estandarizado para el 400 A.C. los banquetes, comían sentados al principio pero posteriormente pasaron a reclinarse.

Todo alimento sólido que acompaña el pan en el correr de una comida se llama opson: legumbres, cebollas, aceitunas, carne, pescado, fruta y golosinas. Las legumbres eran escasas, y en la ciudad, relativamente caras, salvo las habas y las lentejas que se comían sobre todo en puré (etnos): tal era el alimento espeso y sustancial del cual Heracles, buen comilón si jamás hubo alguno, gustaba tanto, según Aristófanes. Consumíanse los ajos en gran cantidad y también el queso y las cebollas, en especial en el ejército, en el que los delicados hallaban estos alimentos monótonos y groseros. Las aceitunas abundaban en el Ática, por lo menos antes de la guerra del Peloponeso, y si se empleaban en especial para fabricar aceites, también se comían en abundancia.

La carne era cara, salvo la carne de cerdo (un lechón valía tres dracmas), y la gente menesterosa de la Ciudad no lo comía sino muy raras veces, cuando se celebraba un sacrificio, porque todas las fiestas religiosas incluían escenas de carnicería y de matadero y terminaban en comilonas. Pero, en la campana, lo terratenientes acomodados podiun comer con frecuencia aves de corral, cerdo, cabrito, carnero, sin hablar de la caza menor que se óbtenía en los campos.

La mayoría de los atenienses de la ciudad debía alimentarse con mu cha mayor frecuencia con pescado que con carne. Ya es significativo que la palabra opson, que de designaba, como hemos dicho, todo le que se come con pan, tomara poce a poco un sentido especial para aplicarse particularmente al pescado, de tal manera que la palabra que significa pescado en griego mo derno deriva de ella. Con el pan, el pescado era probablemente el alimento principal de la población urbana. Todo aumento en el precio de las sardinas y de las anchoas en el Falero inquietaba al pueblo menudo, que temía verse obligado a privarse de uno de sus platos acostumbrados y que más apreciaba. El mercado del pescado era uno de los más abastecidos y más pintorescos del Agora.

Algunas especies de pescados particularmente sabrosos y rebuscados costaban demasiado caro para poder figurar en la mesa de los pobres, por ejemplo las renombradas anguilas del lago Copáis, por cuanto los atenienses tenían predilección por el pescado de agua dulce, como también por el pescado de mar como el atún. Gustaban asimismo de los frutos del mar: mariscos y moluscos, como la sepia y los calamares, que abundaban en las costas de Eubea y que constituían tan importante recurso para los pescadores de Eretria que esta ciudad había adoptado el calamar como signo distintivo en sus monedas. Mercaderes de salazones (tarichos) vendían pescados y carnes conservados en salmuera o ahumados. La comida podía terminar con un postre (tragema): fruta fresca o seca, en especial higos, nueces y uvas, o pasteles de miel.

Las mujeres de la casa, sobre todo las mujeres esclavas, eran las que  por  lo  común  cocinaban.  Sin embargo desde el siglo V a.C. se ven aparecer cocineros y pasteleros de profesión, algunos de los cuales redactaron “Artes Culinarias”. Platón cita a “Thearion el pastelero, Mithaecos, el autor de un tratado sobre la cocina siciliana, y Sarambos, el mercader de vinos, tres eminentes conocedores de pasteles, cocina y vinos”.

La mayoría de las viandas se comían con los dedos, por cuanto se ignoraba el uso de los tenedores. Las galletas chatas de maza o de trigo candeal solían ocupar el lugar de los platos, pero se utilizaban también platos o escudillas de madera, de barro cocido o de metal, y, para comer los purés y las papillas, se empleaban cucharas bastantes parecidas a las nuestras, cuyo mango era a veces ricamente adornado. Para la carne, era necesario el empleo del cuchillo.

El plato que más gustaba a los espartanos, en sus comidas tomadas en común (sysities), es el famoso bodrio negro, suerte de guiso muy picante en el que entraban como ingredientes:   carne de cerdo,  sanare, vinagre y sal. Plutarco nos re fier’e que, para probar este celebre-plato, “un rey del Ponto compró un cocinero laconio y le dijo le sirviera el bodrio de los espartanos; lo encontró malo, lo que le atrajo esta observación del cocinero: ‘Rey, este bodrio no ha de comerse sino después de haberse bañado en el Eurotas’ “. Esta anécdota nos confirma incidentalmente que, aun en Esparta, donde la hidroterapia, como he mos dicho, no era tan bien vista, tenían la costumbre de bañarse antes de cenar.

Flaceliere, Robert:
La vida cotidiana
en el siglo de pericles.
Buenos Aires, 1967.

Gobierno De Los Treinta Tiranos en Atenas Reacción de Trasíbulo

ATENAS LUEGO DE LAS GUERRAS DEL PELOPONESO

Luego de su victoria espartana en la batalla de Egospótamos fin de la Guerra del Peloponeso entre Atenas y Asparta, ésta pasa a ser el Estado más poderoso de Grecia, predominio que trató de mantener por el terror. En Atenas estableció un gobierno oligárquico de varios ciudadanos, quienes procedieron en forma tan despótica que fueron llamados los Treinta Tiranos.

Los procedimientos impuestos por Esparta para sostener su hegemonía produjeron un descontento general en toda Grecia. Para congraciarse con  el  mundo  helénico  Esparta  decidió  atacar a  los  persas y recuperar las colonias giioyai; que Lisandro había entregdao al imperio asiático. Un ejército espartano a las órdenes de Agesilao desembarcó en el Asia Menor y. aunque triunfó sobre los persas, debió regresar con sus tropas porque así lo requería la delicada situación imperante en Grecia.

Viendo vacilar su hegemonía. Esparta concertó con Persia la “Paz del Rey”, también llamada Tratado de Antálcidas (387 a. C.) por el general que la firmó. En esta humillante capitulación, a cambio de garantizar la paz en Grecia los persas quedaban dueños de todas las ciudades helénicas situadas en el As¡a Menor.

gobierno treinta tiranos atenas

LA HISTORIA: LA HEGEMONÍA DE ESPARTA
Esparta había vencido a Atenas en nombre de la libertad. Al comienzo, se pudo creer que, una vez vencedores, los espartanos permanecerían en su territorio, y que la ciudad doria cuidaría todo riesgo de contaminación exterior. Pero hubo que cambiar de parecer en seguida. Gobernadores y guarniciones espartanas fueron instalados en Atenas y en las ciudades liberadas. Diversos gobiernos aristocráticos establecieron su dictadura, con el apoyo de las tropas espartanas. Se consideró muy pronto que el «terrible» yugo ateniense había sido muy liberal.

En Atenas, los espartanos favorecieron el gobierno de los Treinta Tiranos. Atenas había firmado la paz, precisando que guardaría la antigua constitución, mas, para Lisandro, el general espartano vencedor, ésta sólo podía ser la constitución arcaica. Los Treinta Tiranos quisieron reducir al pueblo «a la virtud y la justicia». Para ello, impusieron un régimen de terror, y más de mil quinientos ciudadanos fueron ejecutados. Sólo tres mil atenienses eran considerados lo suficientemente virtuosos para tener el derecho de participar en la vida política de la ciudad. El gobierno del pueblo, juzgado incompetente, fue sustituido por el gobierno de un pequeño número de ciudadanos corrompidos.

Los atenienses no se resignaban a esta tiranía, y numerosos exiliados, que se habían refugiado en Beocia, formaron un pequeño ejército que, bajo la dirección de Trasíbulo, consiguió apoderarse del Pireo. Lisandro bloqueó el puerto, pero el rey de Esparta, Pausanias II, prefiriendo, sin duda, una Atenas apacible a una serie de conflictos incesantes, impuso a Lisandro una  solución pacífica:   la constitución democrática sería restablecida en Atenas, de donde se retiraría la guarnición espartana. Una amnistía puso fin a las luchas civiles. La democracia restablecida iba, desgraciadamente, a comenzar con un acto deplorable: el proceso y la condena a muerte del gran filósofo Sócrates    399 a. de J. C).

Los filósofos y los autores dramáticos desempeñaban un papel importante en la vida ateniense. Pericles se había rodeado de intelectuales. Por medio de sus comedias, Aristófanes, favorable a la oligarquía, había intervenido, en varias ocasiones, en los asuntos políticos. En Los Caballeros atacaba al Demos, el pueblo, y a su mayordomo, el curtidor. Los atenienses se reían con esta sátira dirigida contra Cleón, el demagogo desaliñado. De la misma forma, Aristófanes, con La paz. quería apoyar las intenciones pacíficas de Nicias.

Durante la guerra del Peloponeso, la juventud ateniense seguía las enseñanzas de los sofistas, especialistas en «Sabiduría», que enseñaban a razonar y argumentar con precisión. Uno de los más célebres fue Protágoras. Para él, el razonamiento era la principal fuerza del mundo.

Había leído un día en presencia de amigos, entre los que se encontraba el dramaturgo Eurípides, un tratado que comenzaba con estas audaces líneas: «En lo que concierne a los dioses, ignoro si existen; no sé a qué se parecen… el tema es oscuro, y nuestra vida de mortales breve». La obra causó escándalo, y Protágoras huyó al exilio.

Otros  sofistas habían rebajado su arte hasta convenirlo en una pura enseñanza de argucias, de principios hábiles y falsos. Poco importaba la verdad, si se conseguía embarullar al adversario con disimulos y astucias sutiles, los «sofismas». Un hombre había querido utilizar el pensamiento y la razón para buscar la verdad y el bien: Sócrates. Era feo, pero su bondad y su inteligencia notables le ganaron sólidas amistades. Su divisa era: «conócete a ti mismo».

Estimaba que quien conoce la verdad no puede hacer mal, y se dedicó durante toda su vida a hacer que los otros descubrieran la luz. Con preguntas de apariencia anodina, forzaba a su interlocutor, empleando sólo el razonamiento, a precisar su pensamiento, a hacerlo lógico, a descubrir una realidad profunda que ningún argumento pudiera quebrantar luego. Este arte de «dar a luz» a los espíritus se llama «mayéutica». Sus numerosos amigos, entre los que se contaban Alcibíades y Platón, hicieron olvidar a Sócrates los disgustos que le causaba su mujer, Jantipa.

Desgraciadamente, Sócrates vivió las horas más sombrías de la historia de Atenas. Una vez vencidos, los atenienses achacaron su derrota a que los dioses, enfurecidos, los habían abandonado. ¿Acaso la mutilación de los Hermes no había precedido al desastre de Sicilia? Los atenienses, que buscaban una víctima propiciatoria, se decidieron por Sócrates, que había sido maestro y amigo de Alcibíades. A causa de su filosofía, que era mal comprendida, fue acusado de impiedad.

Así, Sócrates compareció ante un tribunal popular, para responder de la doble acusación de impío y de corruptor de la juventud. Gomo encontraba la acusación absurda, Sócrates apenas se defendió. Sus adversarios solicitaron la pena de muerte. Según la costumbre, Sócrates tenía que proponer, a su vez, otra pena, y el pueblo escogería entre ambas. Pero como no se reconocía ninguna culpabilidad, Sócrates propuso que el Estado lo mantuviera hasta el fin de sus días.

El pueblo ni comprendió ni valoró esta insolencia. La mayoría, que sin duda habría preferido condenarlo a una pena leve, no tenía posibilidad de elección, y votó por h muerte. Sócrates fue encarcelado. Sus amigos quisieron facilitarle la huida, pero ñ rechazó esta solución y prefirió una muerte honrosa a una vergonzosa huida. El día de la ejecución, él mismo tuvo que reconfortar a sus desolados amigos; después, sin temblar, bebió la cicuta, se paseó un poco, y luego, al sentir los primeros síntomas mortales, se acostó: así murió el mejor y más justo de los hombres.

Sócrates había muerto, pero el socratis-mo nacía. El lo había comprendido bien: la nobleza de su muerte liberó la filosofía y la ciencia. Todos los conocimientos experimentaron entonces un gran desarrollo. Hipócrates se negó a considerar al enfermo como una simple víctima de la venganza de los dioses. Después de Herodoto, agradable narrador que amasaba informaciones, verdaderas o falsas, sobre el mundo entero, la historia encontró en Tucídides el autor de un método.

La anécdota desaparecía, sustituida por noticias seguras. Se abandonó la mitología. Tucídides era imparcial, y esperaba que las lecciones del pasado permitirían a los hombres evitar los peligros del presente. Gracias a este testigo de su tiempo, conocemos muy bien las tragedias de la guerra del Peloponeso.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos – La Aventura del Hombre – Edit. CODEX

Lisandro Jefe Espartano Guerra de Decelia Contra Atenas

LISANDRO EN LA GUERRA DEL PELOPONESO

La ocasión inmediata de la Guerra del Peloponeso fue la ayuda que prestó Atenas a la ciudad de Corcira sublevada contra su metrópoli, Corinto. Esta presentó su protesta ante la Liga del Peloponeso, la cual exigió a los atenienses que retiraran su protección a Corcira y permitieran el libre comercio a la ciudad de Megara. Atenas se negó.
Esta lucha —narrada magistralmente por el historiador Tucidides— comprende tres períodos:

1)   Guerra de los diez años (431-421 a. C.) que se inicia con la invasión del Ática por los espartanos y se prolonga hasta la paz de Nicias.

2)    Un periodo de siete años (421-414 a. C.)  de aparente calma,  en  el cual se destaca la expedición a Sicilia.

3)   La Guerra de Decelia,  que termina con la victoria de Esparta y el agotamiento general de toda Grecia.

Tercer período: guerra de Decelia
En el año 413 (a. C.) los espartanos desembarcaron nuevamente en el Ática y se establecieron en Decelia, a 24 kilómetros de Atenas. Allí construyeron una fortaleza y dejaron una fuerte guarnición encargada de obstaculizar el comercio de su enemigo y devastar los alrededores.

Los espartanos se aliaron con los persas y confiaron sus fuerzas a un hábil guerrero y buen diplomático llamado Lisandro.

Los atenienses triunfaron en la batalla naval de las islas Arginusas, pero Lisandro —con ayuda de los persas— venció totalmente en Egospó-tamos (cerca de Helesponto). Esta victoria decidió la guerra; los espartanos sitiaron a Atenas que, sin flota, no pudo resistir: finalmente, aceptaron las duras condiciones de paz propuestas por Lisandro (404 a. C).

guerra de decelia

Lisandro fue almirante y político espartano. En los últimos años de la guerra del Peloponeso entre las ciudades griegas de Atenas y Esparta mandó la flota espartana. Su suerte se recuperó como resultado de la amistad que entabló con el príncipe persa Ciro el Joven, quien le apoyó económicamente, lo que le permitió derrotar a la flota ateniense cerca de la costa de Asia Menor en el 407 a.C. Falleció en -395.

LISANDRO Y LA DERROTA DE ATENAS (404 a. de J. C.)
En estos momentos decisivos, los espartanos tuvierpn la suerte de encontrar un jefe excepcional, astuto y brutal a la vez, Lisandro. Este se apoyó resueltamente en Persia, pues era amigo de Ciro el Joven, uno de los hijos de Darío II, sátrapa de Jonia. El oro persa le permitió formar una buena flota, que venció a la marina ateniense (407 a. de J. C). Alcibíades se exilió de nuevo. Su carrera terminaba con un fracaso.

Finalmente, el año 405 antes de J. C, Lisandro destruyó por completo la flota de Atenas, cerca de las costas tracías, en Egospótamos. Después, marchó a bloquear El Pireo; Atenas, entre tanto, había sido asediada por tierra. Lo único que quedaba era capitular. Corínto y Tebas querían arrasar la ciudad. Pero Esparta, previendo futuros conflictos con sus aliados, y queriendo establecer un equilibrio en el que ella dominara, se opuso. Atenas perdía su Imperio, y la Liga de Délos era disuelta. Las Murallas Largas debían ser demolidas; la flota era reducida a nueve unidades. Se suprimían las cleruquias, y los colonos eran repatriados al Ática.

Alcibíades, que se había refugiado de nuevo en Persia, era aún considerado peligroso por los espartanos; por ello, se envió una tropa para asesinarlo. Su prestigio era todavía tan grande, que atemorizaba a los soldados; éstos no se atrevieron a atacarlo   de   frente,   y   Alcibíades   pereció atravesado  por  flechas   y  venablos:   tenía   47 años.

Había nacido con la democracia  ateniense.   Su   muerte,   como   su   nombre, son sinónimos de la decadencia de Atenas. Sin embargo, no hay que hacer responsable a Alcibíades de todas las derrotas de Atenas, pues sí, a pesar de sus faltas tan visibles,  pudo   imponerse   en   Atenas,   fue porque los ciudadanos,  perdiendo  el  sentido de la moderación, lo eligieron como jefe. Los atenienses, por lo tanto, fueron también   culpables.   Encontramos   aquí   el canto de la tragedia griega: el destino quiere que los que se entregan a la desmesura paguen el precio de su error.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX

Alcibiades General Griego La Expedición a Sicilia

ALCIBIADES: GUERRA CONTRA SIRACUSA Y SU RELACIÓN CON LOS PERSAS

La ocasión inmediata de la Guerra del Peloponeso fue la ayuda que prestó Atenas a la ciudad de Corcira sublevada contra su metrópoli, Corinto. Esta presentó su protesta ante la Liga del Peloponeso, la cual exigió a los atenienses que retiraran su protección a Corcira y permitieran el libre comercio a la ciudad de Megara. Atenas se negó.
Esta lucha —narrada magistralmente por el historiador Tucidides— comprende tres períodos:

1)   Guerra de los diez años (431-421 a. C.) que se inicia con la invasión del Ática por los espartanos y se prolonga hasta la paz de Nicias.

2)    Un periodo de siete años (421-414 a. C.)  de aparente calma,  en  el cual se destaca la expedición a Sicilia.

3)   La guerra de Decelia,  que termina con la victoria de Esparta y el agotamiento general de toda Grecia.

Segundo período: la expedición a Sicilia
Al poco tiempo llegó al  poder en Atenas un joven  audaz y caprichoso  llamado Alcibíades.   Partidario  de  la  guerra,   inició  una violenta prédica  que  terminó   con   el   envío   de   una   expedición   para   atacar   a Siracusa, la gran colonia espartana de Sicilia.

La armada zarpó en el año 415 (a. C); la dirigían tres militares, uno de ellos Alcibíades. Al llegar a destino los jefes atacantes no se pusieron de acuerdo y perdieron un tiempo valioso que fue aprovechado por los espartanos para enviar una flota al mando de Gilipo.

Finalmente los atenienses fueron derrotados. El desastre provocó gran conmoción en el mundo griego. Desde ese momento, Atenas abandonó sus deseos de conquista y sólo trató de salvar su existencia como estado  independiente.

barco griego

Los espartanos vencen en la batalla naval de Egospótamos. En primer término la nave insignia ateniense emprende la fuga mientras otras embarcaiones son destruidas por los vencedores.

ALCIBIADES
Entre los atenienses que atacaban a Nicias (había firmado un pacto de paz) por considerarlo demasiado conciliador con Esparta, se encontraba un joven ambicioso, bien dotado y de bello aspecto: Alcibíades, que pertenecía a la misma familia aristocrática que Clístenes, Milcíades y Pericles. Habiendo perdido muy joven a su padre, había sido recogido por Pericles, y fue también discípulo de Sócrates. Todo el mundo quería a este joven bello y apasionado, arrogante y encantador cuando lo deseaba. Era muy admirado y sus modales encontraban fácil imitación.

alcibiades

General Ateniense: Alcibiades (450-404 a.C.)

Las mujeres lo adoraban. Aun sus excesos y sus aventuras seducían a los atenienses. Alcibíades, sin embargo, a pesar de ser inteligente, era superficial. Sócrates hizo todo lo que pudo para formar su carácter; un tierno afecto los unía. Sócrates había conseguido   salvarle   la   vida,   y,   algunos años  después,  su  discípulo le  pagó  con  la misma   moneda.

A Alcibíades le importaban poco los medios; sólo le interesaba el éxito. Se cuenta de él esta enécdota reveladora: en el curso de un combate con un camarada, Alcibíades, dándose cuenta de que lo vencían, quiso morder una pierna de su adversario, cosa que estaba completamente prohibida. El otro, entonces, indignado, le reprochó: «Alcibíades, muerdes como una mujer». «No—respondió éste—, muerdo como un león». El virus de la política invadió en seguida a Alcibíades; quería ser el más grande hombre de Grecia, y comprendía que la paz ponía obstáculos a su gloria naciente.

EL DESASTRE DE SICILIA
No tardó en encontrar un pretexto: algunas ciudades de Sicilia pidieron ayuda a Atenas contra la poderosa Siracusa, aliada de Esparta. Sicilia interesaba a los comerciantes atenienses, pues había en ella mucho trigo, y podía servir de cabeza de puente para dominar el comercio del Mediterráneo occidental. Alcibíades, que había sido elegido estratega, propuso un plan para invadir, a pesar de la oposición de Nicias. Cien navíos y cinco mil hoplitas fueron equipados. Nunca, quizás, habían puesto los atenienses tantas esperanzas en una flota, en una expedición que debía reportar un enorme botín.

La víspera de la partida, sin embargo, se produjo un escándalo: se encontraron mutiladas todas las columnas de Hermes. Estas estatuas se encontraban en Atenas por todas partes, en las calles, en las plazas, ante los templos. ¿Quién había podido cometer tal sacrilegio? La amplitud de las depedraciones parecía probar que existía un plan preparado y puesto en práctica metódicamente. No se quiso impedir la partida de la expedición, y todos los habitantes de Atenas se dirigieron al Pireo para despedir a la flota.

Sin embargo, apenas llegó ésta a Sicilia, Alcibíades, del que se sospechaba, fue llamado a Atenas. El fingió aceptar, y dejó a Nicias de comandante en jefe, pero, tras partir en su propio barco, hizo que lo desembarcaran en la costa de Italia meridional, y el barco volvió a Atenas sin él. Fue condenado a muerte en rebeldía, y se le confiscaron sus bienes. Al enterarse del veredicto, Alcibíades se contentó con decir   cínicamente:   «En  seguida  probaré  a los atenienses que sigo vivo». Aconsejó a los espartanos que ocuparan un punto al norte del Ática, para impedir que Atenas explotara sus minas de plata, lo cual provocó rápidamente una crisis económica y financiera en aquella ciudad.

Mientras tanto, la flota ateniense era bloqueada en Siracusa (Sicilia), y no pudo romper el cerco. Su ejército, entonces, se replegó hacia el Sur, esperando encontrar aliados. Pero todas las ciudades se cerraban ante la llegada del ejército ateniense. Perseguido por el enemigo, a quien Esparta había enviado su mejor general, Gylippos; padeciendo de hambre y sed, el ejército ateniense se rindió.

Sus jefes fueron ajusticiados, y los supervivientes, encerrados en los latomios, canteras de Siracusa, donde murieron de hambre y sed. Esparta había vengado la deshonra de Esfacteria (413 a. de J. C). La que habría debido ser gloriosa expedición a Sicilia, terminaría con una catástrofe. Se había perdido el honor, y con él la parte principal del ejército y de la flota. Así terminó el sueno de dominar el Mediterráneo.

Sólo quedaba en Atenas combatir por mi propia supervivencia. Los atenienses habían dominado demasiado tiempo a sus aliados, para que éstos, apoyados por los persas y los espartanos, no buscaran libelarse. Al mismo tiempo, aconsejados también por Alcibíades, los habitantes del Peloponeso construyeron una flota de guerra, cuya tripulación sería sostenida con el oro persa; a cambio, Persia restablecería su protectorado sobre las ciudades griegas de Asia Menor, a las que había renunciado por la Paz de Callias. Esto constituía una verdadera traición a la causa griega.

LAS TRAICIONES DE ALCIBÍADES
El rey de Persia, Darío II, veía posibilidades de convertirse en el arbitro de la situación. Además, pronto se le unió un aliado importante, Alcibíades, que no cometía, con ésta, su primera traición. Alcibíades, en efecto, había seducido a la mujer de un rey espartano, y éste había querido matarlo. Alcibíades, entonces, buscó refugio junto a un sátrapa persa de Asia Menor: Tisafernes.

El estilo oriental, por otra parte, agradaba sobremanera al arrogante ateniense, que sabía apreciar el lujo. El desastre de Sicilia había provocado en Atenas la caída del régimen democrátrico, al que se hacía responsable de todas las desgracias. Los partidarios de la aristocracia habían suprimido las dietas por la  asistencia   a  la   «Ecclesia»,   reservando los derechos políticos a cinco mil ciudadanos ricos. Los nuevos señores estaban divididos sobre el problema de la paz con Esparta.

Entre tanto, el versátil Alcibíades aconsejaba a los persas que trataran con miramiento a Atenas, pues Esparta podía hacerse demasiado poderosa. Intentaba reconciliarse con su patria, y lo consiguió; fue perdonado y participó en las batallas victoriosas que Atenas libró por tierra y por mar (410 a. de J. C), llegando a tomar Bizancio, en el Helesponto.

Los demócratas habían restablecido su poder en Atenas, donde Alcibíades, nombrado de nuevo estratega, ¡fue recibido triunfalmente como salvador de la patria! (408 a.C.). Pero estos éxitos no iban a proyectarse en el porvenir. Con la ayuda de Persia. Esparta iba a conseguir la victoria final.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX

Paz de Nicias entre Atenas y Esparta Cleón El Curtidor

FIRMA DE LA PAZ EN PRIMERA GUERRA DEL PELOPONESO

La ocasión inmediata de la Guerra del Peloponeso fue la ayuda que prestó Atenas a la ciudad de Corcira sublevada contra su metrópoli, Corinto. Esta presentó su protesta ante la Liga del Peloponeso, la cual exigió a los atenienses que retiraran su protección a Corcira y permitieran el libre comercio a la ciudad de Megara. Atenas se negó.

Esta lucha —narrada magistralmente por el historiador Tucidides— comprende tres períodos:

1)   Guerra de los diez años (431-421 a. C.) que se inicia con la invasión del Ática por los espartanos y se prolonga hasta la paz de Nicias.

2)    Un periodo de siete años (421-414 a. C.)  de aparente calma,  en  el cual se destaca la expedición a Sicilia.

3)   La guerra de Decelia,  que termina con la victoria de Esparta y el agotamiento general de toda Grecia.

Primer período: La lucha fue iniciada por los espartanos y sus aliados, quienes in vadieron el Ática y arrasaron las viviendas y los sembrados. Los habi tantes debieron refugiarse en Atenas, ciudad que fue azotada por una epidemia que causó numerosos muertos, entre ellos el estadista Pericles.

El ateniense Cleón fue elegido estratego y debió marchar hacia ei norte para recuperar Anfípolis, tomada por el general espartano Brasidas. Derrotado por el enemigo, Cleón pereció en la lucha.Luego de este episodio, ambos adversarios decidieron firmar la paz, conocida como Paz de Nicias.

Nicias (c. 470-413 a.C.), fue un político y general ateniense. Miembro de una rica familia, encabezó el partido aristocrático y, desde el 429 a.C., logró ser elegido en repetidas ocasiones estratega de las fuerzas de Atenas, lo que le llevó a ser una de las figuras principales de la fase inicial de la guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) que enfrentó a Esparta con su ciudad. Tras alcanzar una serie de victorias desde el 424 a.C., logró imponer su tesis apaciguadora, especialmente tras la muerte de su rival Cleón (422 a.C.).

HISTORIA:

Durante la Guerra del Peloponeso, Pericles murió por una peste que asoló a la ciudad de Atenas mientra estaba cercada por los espartanos. Murió después de haber visto perecer a sus dos hijos, a su hermana y a numerosos parientes (429 a. de Jesucristo). De esta manera  desapareció el hombre que durante cuarenta años había gobernado la democracia ateniense, y que había sabido dirigir al pueblo de forma que creyera que se gobernaba a sí mismo. Desgraciadamente, sus sucesores no lo igualaron. Les faltaba firmeza; querían seducir al pueblo, y no sabían dirigirlo. La democracia fue sustituida muy pronto por la demagogia.

CLEON EL CURTIDOR. LA PAZ DE NICIAS (421 a. de J. C.)
El hombre que consiguió ganarse el favor del pueblo fue Cleón, un curtidor. Su gobierno comenzó con un triunfo. La flota ateniense consiguió bloquear a varios centenares de soldados espartanos en el islote de Esfacteria. Los atenienses tenían, así, a su merced, casi como rehenes, a un tercio de los mejores hoplitas espartanos. Además, podían desembarcar en Mesenia, y sublevar allí a los ilotas.

Esparta se atemorizó y pidió la paz. Pero Cleón y Atenas no supieron aprovechar la situación. Desorbitando  su éxito,  quisieron  imponer a Esparta unas condiciones exageradas y deshonrosas.   Esparta  las  rechazó.

Mientras tanto, los espartanos cercados en Esfacteria, seguían resistiendo. El gobierno de Esparta prometió la libertad a todos los ilotas que consiguieran avituallar a los hoplitas. Numerosos ilotas arriesgaron entonces sus vidas para alcanzar a nado el islote asediado y llevarles alimentos. Como los atenienses no conseguían apoderarse del fuerte, Cleón decidió dirigir personalmente el ejército.

El curtidor se convirtió, así, en almirante; y tuvo suerte: se apoderó de Esfacteria y capturó a los espartanos supervivientes. ¡Qué sensación! ¡Espartanos descendientes de Leónidas, héroes de las Termopilas, se habían dejado capturar vivos y rendido sus armas! De nuevo pidió Esparta la paz, y de nuevo la rechazó Atenas. Los espartanos tuvieron que apelar otra vez a su valor, y su jefe, Brasidas, ocupó las costas de Tracia. Desde allí, hizo un llamamiento a la rebelión, y la mayoría de las ciudades de Tracia abandonaron la Liga de Delos.

El pueblo de Atenas se inquietó, y Cleón tuvo que ponerse en camino para ocupar Tracia. A causa de su inexperiencia, no supo dirigir a los valerosos soldados atenienses; vencido, se dio a la fuga, pero fue atrapado y muerto.

En el año 421 a. de J. C, los dos adversarios firmaron la paz de Nicias (nombre de su negociador ateniense), que debía durar cincuenta años y que dejaba a Atenas la herencia de Pericles.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo II Los Griegos Edit. CODEX

La Vida del Campesino en Grecia Antigua Cultivo y Técnicas

LA VIDA EN EL CAMPO: CULTIVOS Y TÉCNICAS
Por temor a la escasez, para conseguir la autosuficiencia económica, por todas partes se cultivaban cereales: cebada y trigo entraban en la fabricación de las galletas y del pan, que constituían la base de la alimentación. El huerto procuraba, por otra parte, habas, lentejas, garbanzos y cebollas. Algunos frutos, peras e higos completaban la alimentación. Los rebaños de ovejas y de cabras pastaban en la montaña.

Así, el campesino estaba seguro de no carecer de lo esencial. La apertura de vías comerciales y la vocación marítima de Atenas, permitieron introducir a bajo precio el trigo del Ponto, de Egipto y de Sicilia, desanimando así al campesino de producirlo en su localidad. Pero, aprovechando los circuitos comerciales que el poder ateniense había establecido en el Egeo, el campesino pudo desarrollar cultivos de valor, esencialmente la vid y el olivo.

Esclavos Trabajando en Grecia Antigua

Esclavos en Trabajos Rurales en Grecia Antigua

El pequeño propietario, tenaz en su la bor, no teniendo otra fortuna que sus brazos, y quizás un par de bueyes y de esclavos,   fue   cantado   por   todos   los   poetas, trágicos o cómicos. Su entusiasmo, su humildad, han simbolizado siempre el destino de la Humanidad. Desde el amanecer, se le veía arrancar las piedras de un campo ingrato,  desbrozar,  plantar viñas u olivares.  Naturalmente, las técnicas eran muy rudimentarias. Un arado mediocre no hacía más que rascar el suelo: era necesario acabar el trabajo con un azadón.

Después de la recolección,  el  trigo,  extendido  en una era, era pisoteado por el ganado grano se molía, después, en un mortero, con la ayuda de la mano del mismo,’ de piedra. Las aceitunas se recogían con una caña larga. El trabajo más importante tenía lugar en la época de la vendimia:   el campesino y sus vecinos  recolectaban las uvas al son de un oboe; después, se metía la cosecha en una enorme cuba de madera y los hombres, la pisaban para exprimirla. Por la mañana temprano, los aldeanos  se dirigían a la ciudad, donde podrían vender sus productos.

En los días sombríos, eran los- primeros afectados. En tiempo de guerra, por ejemplo, se refugiaban detrás de los  muros  de  Atenas,  hacinándose  en  la ciudad, sin recursos, mientras  sus  árboles eran cortados y sus campos arrasados por el enemigo. Años de trabajo perdidos:  no les quedaba otro recurso que volver a empezar, tan pronto como la precaria paz llegara.

Sin embargo,, en el siglo V a. de J. C, los pequeños campesinos vivían con cierto desahogo. Su vino, su aceite se vendían bien; a cambio, aportaban a la democracia e! peso de su buen sentido y de su equilibrio. Sabían que la democracia, como la tierra, no puede devolver más que lo que se le ha dado.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos con Pericles Edit. CODEX

La Moneda en Grecia Antigua Lechuza de Plata

MONEDA EN GRECIA: LA LECHUZA DE PLATA
Atenas fue, con Corinto, la única ciudad de Grecia que no despreciaba el trabajo manual. En Esparta, por ejemplo, ninguno de los Iguales podía ejercer una profesión lucrativa: todos debían consagrarse a la vida militar; no podía comprenderse más que el interés por la ciudad, y la consecuencia fue el desprecio del ciudadano por el trabajo. Para ellos, trabajar era cosa de los bueyes y los esclavos. Los atenientes, por el contrario, honraron el trabajo. Sin embargo, esto no vino por sí solo, puesto que fue necesaria una ley castigando a todo el que reprochara su profesión a un ciudadano.

En realidad, los aristócratas de Atenas despreciaban el trabajo, y a todos aquellos que ejercían una profesión, tanto como cualquier espartano. Pero la democracia ligó su destino al respeto por el trabajo. Por otra parte, la ciudad se interesaba por la producción. Por supuesto, no se trataba de planificar, de dirigir, sino solamente de favorecer la producción en cantidad.

moneda griega lechuza de plata

«La grandeza de nuestra ciudad, declara  Perícles,   atrae   los   productos del mundo entero». El Píreo era un rico puerto de importación y distribución, en donde se compraba trigo y se ofrecía vino, aceite y productos manufacturados. La lechuza, símbolo de Atenas, ornaba las piezas de la moneda fuerte que aseguraba la estabilidad de los intercambios.

Gracias a Solón, se fijan los pesos y medidas, las unidades de moneda La moneda ateniense, en plata, acuñada con una lechuza, tenía curso en todas las plazas comerciales del mundo: ya no era necesario pesar el metal; el sello de Atenas daba fe, y este crédito favorecía los intercambios y, por lo mismo, la producción. La prueba de esta eficacia, es que jamás, ni siquiera en las horas más sombrías, aceptaron los atenienses alterar su moneda.

Como la libra esterlina en el siglo XIX o el dólar de nuestros días, la lechuza ateniense era la base del comercio mundial. Pero que no se piense que se alcanzaban producciones enormes. Cada ciudad no disponía más que de un territorio exiguo: las llanuras eran raras y para los cultivos había que utilizar las pendientes de las colinas y de las montañas. En el Ática, el campo era explotado, sobre todo, por pequeños campesinos libres.

Estos fueron protegidos por las leyes de Solón y de Pisístrato, que veían en las clases medias un elemento esencial para la estabilidad política. Sin embargo, existían también importantes propiedades, en las que se utilizaba la mano de obra servil.

Metecos y Esclavos en Grecia Antigua Vida y Derechos

METECOS Y ESCLAVOS EN ATENAS DE PERICLES
En la antigua Grecia, se llamaba meteco al extranjero que se establecía en Atenas y que no gozaba de los derechos de ciudadanía. El número que vivía en Atenas ha sido evaluado en 70.000. Los metecos eran hombres libres, extranjeros de nacimiento, pero domiciliados en el Ática.

Esta tolerancia es uno de los fenómenos más extraordinarios del mundo antiguo. Generalmente, en efecto, nada protegía al extranjero: era, en el sentido propio, un fuera de la ley; el asesinarlo no hubiera desencadenado entonces ninguna persecución. Pero, quizá porque Atenasestimaba el trabajo, acogió a los trabajadores llegados del mundo entero y les concedió la protección de la ley. Bastaba tener un padrino, para ser inscrito en un registro. Pero el extranjero estaba sometido a una doble incapacidad; primero, no podía adquirir ninguna tierra, pues ésta escaseaba demasiado para que se pudiera pensar en compartirla.

cuadro clases sociales en atenas

Por otra parte, el meteco no podía casarse con una ciudadana y, en consecuencia, sus hijos no podían llegar a ser ciudadanos. Aparte esto, se les trataba en las mismas condiciones de igualdad. Podían, incluso, recibir concesiones de minas, encargos del Estado, participar en la vida religiosa de Atenas. Sin embargo, en el Pireo sobre todo, los metecos del mismo origen preferían agruparse en cofradías, para celebrar su culto original.

A cambio de estas ventajas, únicas en el mundo, el meteco tenía deberes importantes: pagaba los mismos impuestos, debía cumplir el servicio militar. Esta actitud liberal de Atenas con respecto a los extranjeros, estaba ligada a los intereses de la gran ciudad. Se encontraban metecos en todas las industrias y no se mostraban descontentos con su tarea.

Se les hallaba, sobre todo, en. el trabajo de los metales. Así, un meteco, el armador Kefalos, poseía un taller que reunía 120 obreros. Los metecos ocupaban también el primer lugar en el comercio. Atenas atraía a los grandes artistas y a los grandes pensadores: así, Hipodamos de Mileto, que construyó el Pireo, el pintor Polignoto de Tasos, el médico Hipócrates de Cos fueron huéspedes de Atenas. El éxito de la ciudad se debía, en parte, a la actividad de los metecos.

Atenas había demostrado que el cosmopolitismo, al poner en contacto técnicas y opiniones diversas, favorece el progreso y realiza una promoción del hombre.

Sin embargo, es preciso limitar nuestro entusiasmo. La mayoría de la población de Atenas estaba compuesta de esclavos. Todos los griegos pensaban que una sociedad, si quería sobrevivir, no podía prescindir de los esclavos. Aristóteles, además, consideraba que éstos no tenían alma. Pero recordemos que otras civilizaciones han utilizado proletarios, nacionales o extranjeros, para efectuar las faenas ingratas.

Los esclavos permitían a los otros ciudadanos desarrollar su inteligencia y ocuparse de la política. Egoísmo que no es exclusivo de Grecia. También debemos precisar que la suerte de los esclavos no siempre era deplorable. La mayoría de ellos provenían de la guerra (¡ay de los bárbaros vencidos!); otros, habían nacido en las casas, hijos de esclavas. Los piratas no cesaban además, de abastecer el mercado.

Estos esclavos no tenían ningún derecho: eran cosas; el dueño podía venderlos, frecuentemente por menos dinero que un buey. Sin embargo, los atenienses no fueron, realmente, demasiado duros con sus esclavos. Los amos no tenían sobre ellos derecho de vida y muerte, y, refugiándose en el templo de Teseo, el esclavo podía siempre exigir ser vendido a otro dueño. Además, los sentimientos se encargaban de limitar la dureza de su condición: los esclavos eran frecuentemente tratados como miembros de la familia. El banquero Pasión llegó hasta conceder la libertad a uno de sus esclavos y le confió la gerencia de sus negocios; en su testamento lo nombró, incluso, tutor de su hijo.

El Estado era el principal propietario de esclavos; éstos ocupaban los puestos secundarios de la administración: bedeles de las asambleas, agentes de policía, etc. Los más desgraciados de todos eran los que trabajaban en las minas y en los molinos; a estos lugares, además, se enviaba a los esclavos de los que se tenían quejas.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo II Los Griegos con Pericles Edit. CODEX

Los Eupátridas en Grecia Características Genos y Clanes

ORGANIZACIÓN SOCIAL EN GRECIA ARCAICA

Desde la época homérica (-800) existe la vida política en Grecia. Sus habitantes vivían en pequeñas aldeas, unidas entre sí por lazos políticos. Era frecuente que una aldea más importante, emplazada en un lugar más favorable para la defensa (cosa indispensable en una época de gran inseguridad), consiguiera imponerse. La ciudad es, pues, el elemento básico de la vida política.

Estas ciudades, no eran capitales grandiosas: Homero nos dice que Agamenón ofreció siete de ellas a su hija, y Menelao, para acoger a Ulises y a su séquito hizo que todos los habitantes de una de sus ciudades la desalojaran. Sin embargo, la mayor parte de ellas estaban protegidas por enormes murallas, llamadas ciclópeas, porque era difícil admitir que hubieran sido edificadas por los mortales.

Dentro de las ciudades vivía una sociedad claramente dividida en clases. En la cumbre de la escala estaban los nobles, llamados eupátridas (los bien nacidos). Eran propietarios de tierras y sólo ellos podían adquirir los atalajes, los caballos y las armas necesarias para la guerra. Se trataba, pues, de una aristocracia militar que tenía a gala enumerar sus riquezas: tierras, viñedos, pastos, tejidos, recipientes con provisiones.

Reunían el poder económico, el poder militar y el poder político, pues esos nobles formaban los clanes o genos (plural: gene). Todos los miembros de cada genos estaban unidos por lazos de sangre o lazos religiosos. Bajo la autoridad   absoluta  del  jefe  del clan  eran  solidarios unos de otros, tanto para lo bueno como para lo malo.

Cuando uno de ellos era víctima de una exacción, el clan entero se consideraba afectado, y, en bloque, exigía una reparación al genos al que pertenecía quien había cometido la falta. Por ello, todos los troyanos fueron considerados responsables de la fechoría de Paris. Todo crimen de sangre se pagaba con la sangre, toda muerte se pagaba con la muerte. Los clanes se lanzaban a interminables venganzas, aunque, sin embargo, podían unirse en el interior de la ciudad.

Al frente de la misma, se imponía como “rey de reyes” el eupátrida que poseía más riquezas y más poder. Sin duda alguna, invocaba su origen divino, pero, en definitiva, la fuerza era la única garantía de su autoridad.

El representaba a la ciudad ante los dioses y las demás ciudades; dirigía las guerras, y, en compensación, tenía derecho a una doble parte del botín. Ocupaba el lugar de honor en las ceremonias. En su casa, mayor que las otras, había una cámara donde se deliberaba sobre las decisiones que debían adoptarse en común.

El rey, en efecto, no podía decretar nada sin oir la opinión del consejo: él presidía ese consejo, interrogando a unos y a otros. Algunas veces, cuando la decisión había sido tomada, el rey la anunciaba al pueblo reunido; éste, por sus aclamaciones o por su silencio, también manifestaba su opinión. Pero al pueblo, realmente, no le quedaba más que someterse a las iniciativas de los que poseían la riqueza y la fuerza.

Un día, delante de Ulises, un hombre del pueblo, Tersites, osó oponerse a las decisiones del consejo, por lo que fue apaleado. El pueblo, pues, sólo podía dar su consentimiento.

El pueblo se componía de hombres libres, bastardos, miembros de los clanes rechazados por sus familias, extranjeros. Algunas veces, podían roturar una parcela de terreno, pero lo más corriente era que intentaran dedicarse a algunos servicios públicos, tales como el canto o la medicina, o cualquier otro cuya técnica exigiese una especíalización. Pero las posibilidades eran reducidas, puesto que el clan se bastaba a sí mismo.

cuadro de clases sociales en atenas

LA EDAD DE ORO: MUJERES Y ESCLAVOS
Según Homero, el genos vivió días apacibles. Aparte las guerras, que producían beneficios y ofrecían la oportunidad de demostrar el valor, la vida parecía paradisíaca. Alrededor del jefe se agrupaba una familia numerosa, unida por lazos afectivos. Alcinoo, rey de los feacios, amaba tiernamente a Arete, su mujer.

Las mujeres, en realidad, apenas tenían derechos; estaban sometidas a su marido o, si faltaba éste, a sus hijos. Sus faltas eran castigadas severamente: la mujer adúltera era arrojada al mar, con el hijo adulterino, para ser juzgada por Poseidón.

Sin embargo, el papel de la madre fue creciendo, poco a poco, y las concubinas fueron siendo cada vez menos toleradas:  así, Laertes, padre de Ulises, hubo de renunciar a una concubina que había cambiado por veinte bueyes. No obstante su sumisión, la mujer no dejaba de ser coqueta; le gustaban los vestidos vapotosos, que dejaban libres los tobillos y descubiertos los brazos; se preocupaba de tener un talle fino y dedicaba bastante tiempo a sus cabellos, a menudo peinados en largas trenzas.

Como dejaba a su esposo el cuidado de dirigir a los criados, era el señor quien se ocupaba de la hacienda. Este no desdeñaba participar en las tareas domésticas, y a veces se organizaban concursos: así, Ulises estaba orgulloso de su hijo Telémaco, y Nausicaa era celebrada por sus padres. También los hijos se ocupaban de estos trabajos: Nausicaa, la princesa, quería lavar personalmente la ropa blanca de su padre.

Los domésticos, los esclavos, están, en principio, sometidos a la autoridad absoluta del amo; pero, en la práctica, son tratados con blandura y entran a formar parte de la familia. Telémaco trataba a Eumeo, el porquero, de “viejo hermano”, y éste se hallaba tan orgulloso de las riquezas de Ulises como si se tratase de las suyas propias. Nausicaa jugaba a la pelota con sus doncellas. Todos trabajaban para la hacienda.

Unos hilaban y tejían, otros se ocupaban de los duros trabajos del campo, otros fabricaban los recipientes que servían para almacenar las provisiones. La familia, el clan podía, pues, vivir autárquicamente. Los comerciantes, fenicios en su mayoría, ofrecían los tejidos y los productos exóticos, pero el comercio era reducido y estaba en manos de los extranjeros.

Un trabajo para cada uno, que evitaba los peligros y los inconvenientes de la ociosidad, la guerra, las danzas, los cantos de los aedos: he aquí los elementos que constituían la vida en la época de Homero.

La monarquía hereditaria fue abolida en el 683 a.C. por y en favor de los eupátridas, clase aristocrática originada de la poderosa oligarquía terrateniente que conservaría el poder hasta mediado el siglo VI a.C. Los eupátridas eran la única fuente de derecho y podían llegar a ser arcontes, magistrados responsables de la dirección de los asuntos bélicos, religiosos y legislativos, elegidos anualmente por el Areópago, el consejo de notables cuyos miembros, además de esta capacidad electiva de los arcontes, representaban la máxima instancia judicial.

LOS TIEMPOS ARCAICOS:
La victoria de los eupátridas
Los historiadores llaman “tiempos arcaicos” a la época que se extiende desde los comienzos del siglo VIII a. de J. C. hasta los preliminares de las guerras médicas (490 a. de Jesucristo).

Este período, cuyos vestigios e inscripciones son más precisos, está marcado por importantes transformaciones: la monarquía desaparece, se desintegran los clanes, y se constituye la ciudad griega. Por último, una nueva expansión colonial siembra de focos de helenismo al Mediterráneo, de este a oeste. Partiendo de la Grecia del Asia Menor, la civilización se extendió a la Hélade continental, que la invasión doria había arruinado. No debe olvidarse que Mileto, Efeso, Halicarnaso, Cumas, Focea, habían elaborado la cultura griega en las costas asiáticas.

Poco a poco, la realeza homérica fue desapareciendo, en beneficio de la aristocracia terrateniente. Los nobles o eupátridas rechazaron, en lo sucesivo, la autoridad de los reyes, por limitada que fuese, arrogándose todos los privilegios.

Sólo ellos conocían el derecho consuetudinario, en virtud de lo cual forman parte de los tribunales, y establecen una justicia de cíase, que les es favorable. Sólo ellos podían consultar a los dioses, de los cuales se creían descendientes. Cuando la moneda hizo su aparición, cambiaban parte de sus abundantes provisiones por metales preciosos, y prestaban este dinero, a interés elevado; si el deudor no podía pagar, se le quitaba la tierra o se le reducía a la esclavitud.

El rey ha desaparecido: los humildes tienen cien amos en vez de uno. Se establecen gobiernos oligárquicos, es decir, gobiernos cuya autoridad es ejercida por un pequeño grupo de personas. Aumenta la diferencia entre ricos y pobres (o entre gavilanes y ruiseñores, según expresión de Hesíodo). Todo era regulado por un resttingido consejo de nobles, que detentaban el poder ejecutivo y el legislativo.

Al mismo tiempo, la familia se disgrega: todos quieren vivir por su cuenta, en su propiedad privada. Algunos lo consiguen, pero otros pagan con la inseguridad el precio de su libertad relativa.

Los aristócratas poseían, pues, la tierra, las armas, el dinero y el poder político. Frente a ellos, algunos sólo tenían sus brazos y un pedazo de tierra: una mala cosecha los dejaba a merced de los poderosos. No es, pues, de extrañar que soñasen con otras costas en las que podrían encontrar la perdida edad de oro.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Avntura del Hombre Tomo I Los Griegos – Grecia Arcaica-

Historia de Micenas Características Civilización Micénica

 ORIGEN Y DESARROLLO DE LA CIVILIZACIÓN MICÉNICA

La cultura cretense ha sido considerada madre de la cultura griega. Estos pueblos de habla griega llegaron a Creta y vivieron en Cnosos, procedían del continente, probablemente de la península que en la actualidad conocemos con el nombre de Grecia. En el 1400 a.C. fue invadida por los aqueos, que constituyeron la civilización micénica. Estos a su vez fueron desplazados en el 1200 a.C. tras la invasión de jonios y dorios.

Puerta de los Leones en Micenas

En el año 1400 a.C. el área cretense fue invadida por los aqueos, un pueblo que provenía de la zona continental de Grecia y que hablaba ya una forma de griego arcaico. Estos construyeron ciudades amuralladas, como Micenas, y fundaron la denominada civilización micénica.

INVASIONES DE LOS BÁRBAROS O INDOEUROPEOS: Los aqueos, antepasados de los griegos, pertenecían a la vasta familia de pueblos denominados indoeuropeos o arios. El primer término no significa que procediesen de una mezcla de indios y de europeos, sino que una parte de ellos, después de haber asolado las mesetas del Irán, lanzaron sus hordas hasta la India del Norte. Fue a partir del año 2000 a. C. cuando se presentaron violentamente en el Oriente mediterráneo. Parece que su superioridad provenía del uso del caballo y de las armas de hierro.

Hacia 1900 a.C., invadieron la meseta de Anatolia y fundaron el Imperio Hitita. Los kasitas, los mitannianos, que en varias ocasiones amenazaron Babilonia, estaban, igualmente, dominados por una aristocracia militar de origen indoeuropeo.

mapa de grecia antigua

Alrededor del año 1650 a. C., sus hordas ocuparon el Irán y fueron el origen de los medos y de los persas. La segunda gran oleada, la más terrible, tuvo lugar hacia el 1200 a.C. fueron los Pueblos de la Mar, cuyo empuje no se detendría hasta llegar a las fronteras de Egipto, y los dorios, que suplantaron a su vez a los aqueos, sus hermanos mayores, debilitados por el contacto con Creta.

Los indoeuropeos no se dirigieron sólo hacia Oriente. Otros grupos se instalaron en Europa occidental: en Italia, los umbros; en la Galia, los celtas. Los germanos, fueron casi los últimos en llegar.

HISTORIA DE MICENAS: Como decíamos antes, los primeros invasores que penetraron en Grecia, alrededor del 1700 a.C, eran bárbaros en comparación con los cretenses, pero, al igual que otros pueblos bárbaros que llegaron en épocas posteriores, montaban a caballo y tenían carros.

Construyeron fortalezas  —al parecer, siempre estaban a la defensiva, circunstancia que nos revela cómo trataban a los nativos—, algunas de ellas en emplazamientos que más adelante se convertirían en famosas ciudades griegas, como Atenas, por ejemplo. El centro más importante se encontraba en Micenas, nombre del que deriva el adjetivo micénico con que se conoce a este pueblo y su cultura.

Los micénicos construyeron edificios de grandes dimensiones, y eran buenos guerreros. Se cree que vivían en una especie de liga o federación de poblados, cada uno de ellos gobernado por un rey; el de Micenas presidía a los demás. Los nativos de Grecia pasaron a ser arrendatarios, siervos o esclavos de los nobles micénicos, que eran los propietarios de las tierras.

MICENAS SUPLANTA A CRETA: Mientras se desarrollaba la civilización cretense, la Grecia continental se había transformado , poco a poco, desde el principio del segundo milenio, debido a la llegada, por el norte o desde el mar, de ios invasores indoeuropeos.

Esta invasión de los pueblos aqueos, no representó un cataclismo: una tribu tras otras, se fueron deslizando a través de la península, y se impusieron, gracias a la superioridad de sus armas. Se instalaron, preferentemente, en el Peloponeso, en Micenas, en Tirinto, en Pilos. Comprendiendo todos los beneficios que podían obtener de ia influencia cretense, supieron, durante tres siglos (desde 1700 hasta 1400 a. C.), mantener relaciones pacíficas. Pero, una vez terminado su aprendizaje, destruyeron Creta.

Entretanto, habían consolidado su poder y edificado su civilización, cuyo esplendor prueban los tesoros descubiertos en las tumbas. Los aqueos vivían en ciudadelas poderosamente fortificadas, de las cuales Micenas ofrece un ejemplo   particularmente   palpable.

Bloques calcáreos, toscamente labrados, y después superpuestos, formaban murallas tan imponentes que ios antiguos atribuían su construcción a gigantes: los cíclopes. Estas murallas tenían un espesor medio de seis metros y alcanzaban hasta diez metros de altura.

La monumental puerta de los Leones (el dintel pesa más de 20 toneladas) conducía, por un plano inclinado, a la acrópolis, en cuya cumbre se levantaba eí palacio real. Este palacio se componía, esencialmente, de una gran pieza rectangular, el megaron (13 metros de largo por 11,5 m. de ancho), en cuyo centro había un hogar en forma de círculo; cuatro columnas soportaban ei techado. El acceso tenía lugar por un porche que se abría a un peristilo. Un sótano y un piso para habitación completaban eí conjunto. Aunque no se trataba de una morada inmensa, mostraba. sin embargo, el relativo poder de sus habitantes.

La ciudadela comprendía también viviendas secundarias, destinadas a los amigos, a los parientes, y, sin duda, a los principales lugartenientes del rey. En caso de peligro, podía servir de refugio a los campesinos de los alrededores. Gracias a los graneros, situados en el interior del recinto, y a una gran cisterna alimentada por el agua de una fuente exterior a través de una conducción subterránea, se podía resistir un largo asedio.

Cerca de la Puerta de los Leones había un cementerio, en forma de explanada circular, rodeada de muros, que contenía seis tumbas excavadas en la tierra: eran las sepulturas de los reyes y su familia. Máscaras de oro, armaduras, espléndidos puñales cincelados, jarrones, dan testimonio de la riqueza de ios reyes. Después, los grandes personajes fueron inhumados en tumbas llamadas de cúpula, fuera de la ciudadela: la más célebre es la conocida con el nombre de Tesoro de Atreo.

Fortaleza de Micenas

Fortaleza de Micenas

Una sala circular de 14,50 metros de diámetro y 13,20 metros de altura precede a la cámara sepulcral. Esta solidez arquitectónica no impedía el refinamiento del detalle: ¡os muros  estaban decorados  con frescos  que, por su técnica y sus motivos (procesiones, homenajes al soberano, escenas de combates y de caza), manifiestan la influencia cretense.

Se ven hombres con túnica hasta medio muslo, y de mangas cortas; los magnates aparecen con sus armas y sus monturas. Las artes menores, la cerámica especialmente, se distinguen por sus formas nuevas: vasos con asas, acampanados, copas de largo pie, ánforas con tres asas…

La decoración es discreta; al principio, constituida por dibujos geométricos: después, cada vez con más frecuencia, por animales domésticos y por figuras humanas. Así, pues, las piedras y los objetos indican lo que fue la civilización que llamamos micénica: un conjunto de ciudades fortificadas que, no obstante, fueron capaces de atraer a los artistas y a los mercaderes extranjeros.

Esta sociedad, que no se debe limitar a las bien situadas plazas fuertes de Argólida, pues se encuentran vestigios de ella fuera del Peloponeso, en Tesalia, en Beocia, en Ática, se nos presenta como un régimen feudal de reyezuelos y guerreros, preocupados, sobre todo, por la caza y las expediciones militares. Después de la destrucción de Cnosos, parece que relevó a los cretenses en el dominio del mar.

¿No se han encontrado en Rodas y en Chipre centros de influencia micénicos? También Itaca. el reino de Ulises, era micénica.

Alrededor del 1400 a.C, cuando los micénicos ya habían ocupado Cnosos, su civilización y potencia militar llegaron al punto culminante. También eran activos comerciantes, y los reyes hititas los trataban con respeto. Sus colonias del Asia Menor prosperaron extraordinariamente.

Las tabletas fechadas en el 1200 a.C. que se han hallado en Pilos demuestran que aprendieron técnicas de gobierno más avanzadas que las de sus vecinos. Y de repente se abre un período de oscuridad. No sabemos cómo se produjo el final de la supremacía micénica, pero se cree que se debió en gran parte a una serie de conflictos dinásticos acaecidos en la Grecia continental.

CARACTERÍSTICAS:

•   La sociedad aquea, según la describió Homero, era una sociedad de guerreros gobernada por una monarquía.

•   La economía se basaba iniciaimente en ia agricultura, pero paulatinamente el comercio se fue desarrollando y los micénicos se convirtieron en los sucesores comerciales de los cretenses. En este contexto parece explicarse la Guerra de Troya cantada por Homero: Troya pudo ser atacada por ser competidora de los aqueos.

•   El arte micénico destacó en la construcción de ciudades amuralladas y de tumbas de tipo familiar, con cámara de falsa bóveda y corredor. Los aqueos destacaron también por los trabajos hechos con oro y otros metales.

Esta civilización fue modificada profundamente tras la invasión de los dorios y los jonios que penetraron en el espacio griego y desplazaron a los aqueos hasta Asia Menor hacia el año 1200 a.C.

SU DESCUBRIMIENTO: Schliemann, fue el descubridor de la ciudad Troya, arqueólogo de origen alemán, que después de haber ejercido diversos oficios y realizado numerosos viajes se había enriquecido. Desde niño, se sintió fascinado por la leyenda homérica y deseó probar su veracidad histórica mediante una excavación arqueológica.

Los escritores de aquella época tenían a Homero por un poeta legendario, y ponían en duda el valor histórico de su obra. Schliemann fue el primero que creyó en él, y se dejó conducir por los indicios transmitidos por Homero, tomándolos al pie de la letra.

Los griegos—leemos en la llíada—recorrían, varias veces al día, el camino que separaba su campo, situado al pie de las murallas, del mar donde se encontraban sus navios. Schliemann divisó una colina en forma de meseta, de más de 200 metros de lado, lo bastante próxima al mar para hacer posibles tales viajes.

Además, Homero había dicho que Aquiles y Héctor, en el curso de su combate, habían dado tres veces la vuelta a las murallas: Schliemann hizo el trayecto por la falda de la colina y llegó a la conclusión de que, para dos combatientes encarnizados, el hecho no era imposible. Mientras todos los sabios estaban persuadidos de que la Troya homérica se encontraba mucho más lejos, adentrada en tierra; Schliemann decidió que su colina (cerca de la actual Hisarlik) correspondía al verdadero emplazamiento, y emprendió las excavaciones. Los trabajos comenzaron en 1870; Schliemann invirtió su fortuna personal y fue ayudado por su mujer, griega. Pronto encontró ruinas y utensilios; pero, con gran sorpresa, halló nuevas ruinas bajo las primeras, otras después, y, en total, nueve ciudades fueron exhumadas. Pero, ¿cuál de ellas era la Troya homérica?

En la segunda capa, de abajo arriba, descubrió huellas de incendio y de murallas, una inmensa portada y un tesoro. Estaba convencido de haber encontrado la ciudad de la que hablaba Homero y de haber descubierto su tesoro. ¡Schliemann murió, sin saber que se había equivocado! Los sabios han descubierto, posteriormente, que la verdadera Troya se encontraba en la sexta capa, contada desde abajo.

Mucho se le ha reprochado a Schliemann que, en su precipitación y en su ignorancia de aficionado, destruyera documentos de valor, cuya importancia había desestimado; lo cual no impide que este aficionado, valiéndose de su fe, haya descubierto un mundo olvidado y haya hecho recordar a los hombres que las civilizaciones son mortales. Además, puesto que Homero había dicho la verdad en cuanto a Micenas y Troya, era necesario conceder un valor histórico al resto de su obra.

mascara mortuoria de agamenón

La máscara mortuoria de Agamenón. Esta máscara mortuoria, hecha de una lámina de oro, fue uno de los primeros objetos que encontró Heinrich Schliemann en sus excavaciones de una serie de tumbas de pozo en Micenas. Schliemann afirmó haber encontrado la máscara de Agamenón, el rey de Micenas mencionado en la lliada de Homero.

El micénico fue, sobre todo, un pueblo guerrero, orgulloso de sus actos heroicos efectuados en combate. La evidencia arqueológica también señala que las monarquías micénicas desarrollaron una extensa red comercial. Se ha encontrado alfarería micénica a través de la cuenca del Mediterráneo, en Siria y en Egipto, hacia el este y Sicilia, y en la región sur de Italia, hacia el occidente. Pero ciertos académicos creen que los micénicos, guiados por la propia Micenas, también se expandieron militarmente, conquistando Creta y convirtiéndola en parte del mundo micénico. Algunas de las islas del Egeo también cayeron bajo el control micénico.

La más famosa de todas las supuestas aventuras militares micénicas ha llegado a nosotros a través del poema épico de Homero, cuando los micénicos, guiados por Agamenón, rey de Micenas,  saquearon la ciudad de Troya.

ORIGEN DE LA GUERRA DE TROYA: La guerra de Troya, por tanto, había tenido lugar. Fue hacia 1270 a.C. cuando comenzó esta guerra, que duraría diez años. Según la leyenda, el pretexto había sido fútil: la belleza de Helena.

Helena, hija de Zeus, rey de los dioses, era tan famosa por su belleza que todos los príncipes griegos tuvieron la esperanza de conseguir su mano. El tutor de Helena, temiendo que esta rivalidad provocara un conflicto, hizo prometer previamente a todos los candidatos que ayudarían al afortunado elegido, en el caso de que alguien raptase a Helena. Todos lo prometieron y Helena se casó con el rey de Esparta, Menelao, hermano del poderoso Agamenón, rey de Argos y de Micenas. Pero aparece Paris… Era hijo de Príamo, rey de Troya; su padre lo había hecho pastor: ¿no le habían advertido que un día su hijo causaría la ruina de su país?

En una visita a Esparta, Paris aprovechó la ausencia de Menelao para raptar a Helena. Entonces Menelao convocó a los demás jefes aqueos, los cuales se agruparon bajo el mando de Agamenón. Los más de ellos acudieron gozosos, entusiasmados por poder destruir una ciudad rival. Troya, en efecto, era la dueña de los estrechos; por este título cobraría, sin duda, derechos   de  peaje;   además,  estaba  consideraba como una ciudad rica en oro y en bronce, y por lo tanto de sumo interés para los saqueadores profesionales. El entusiamos de los griegos por Troya se explica por su placer por el pillaje y por el deseo de conquistar nuevas y seguras rutas comerciales.

Ver: La Guerra de Troya

Fuente Consultada:
Civilizaciones de Occidente Tomo B Los Griegos  – Jackson Spilevogel
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo I Grecia Antigua – Edit. CODEX
HISTORIA UNIVERSAL ILUSTRADA Tomo I Micenas  – John Roberts Edit. Debate

Libertades Individuales en un Estado de Derecho o Democracia

LA LIBERTADES EN LA VIDA EN DEMOCRACIA

voto popular

RESPETO A LA PERSONA HUMANA:
La vida en la democracia se caracteriza por el respeto de la persona humana.

Ese respeto se pone de manifiesto por el reconocimiento de la dignidad personal y de los derechos íntimos de la conciencia.

En la democracia, el hombre es “alguien” en la antidemocracia, es “algo”.

Por más humilde que sea la condición de un hombre, en la democracia se lo reconoce como persona, con derechos inviolables que no pueden ser desconocidos y mucho menos atropellados.

Como ocurre en cualquier sociedad humana puede suceder que en algunas circunstancias personas que viven en países democráticos, vean atropellados sus derechos. Téngase en cuenta que esa violación de los derechos humanos no proviene de la democracia, sino que es una consecuencia del incumplimiento de los principios democráticos.

El ciudadano atropellado en sus derechos puede reclamar y exigir justicia; puede recurrir ante los tribunales para que las leyes sean cumplidas.

Cosa muy diversa sucede en la antidemocracia. La negación y violación de los derechos humanos no constituyen una excepción; es lo corriente.

Es la consecuencia del principio totalitario: el hombre es lo relativo, el Estado es lo absoluto.

El hombre no tiene dignidad y derechos esenciales: tiene solo los derechos que el Estado le acuerde y en la forma y medida en que se los acuerde.

El hombre existe para servir a la comunidad (partido, Estado, etc.); debe estar dispuesto a todo lo que sea conveniente o provechoso para la comunidad.

No tiene libertad para elegir, ni mucho menos para protestar y reclamar.

Goce de las libertades individuales en la democracia
En la democracia, el hombre y los diversos grupos sociales gozan de todas las libertades individuales.

Esas libertades son, entre otras, la libertad de palabra, de culto, de reunión, de trabajo, etc.

Libertad de palabra.
Mejor que libertad de palabra debería decirse libertad de expresión.

La libertad de expresión, que comprende la libertad de opinión, de palabra, de prensa, puede definirse: libertad de manifestar el propio pensamiento.

El hombre se halla dotado de palabra para poder exteriorizar con mayor perfección sus estados anímicos: lo que piensa, lo que siente, lo que quiere.

Al manifestar sus estados anímicos exterioriza su pensamiento y sus opiniones. Esa exteriorización puede hacerla por medio de la palabra oral y difundirla también oralmente por radiotelefonía, teléfono, televisión, etc.
Puede exteriorizarlos por medio de la palabra escrita y difundirla por métodos gráficos: prensa (folletos, libros, diarios, revistas), correspondencia epistolar, etc.

Por la libertad de palabra el hombre tiene derecho a manifestar su propio pensamiento en conversaciones privadas y públicas; en reuniones pronunciando discursos, conferencias, etc. Tiene derecho de propagar ideas religiosas y civiles por medio de pláticas, reuniones, conferencias, mesas redondas, etc., utilizando la radio, la televisión y los demás medios de difusión.

No existe esa libertad cuando se espían las conversaciones y se controlan los teléfonos para conocer las opiniones adversas al régimen y así tomar represalias.

Cuando con la misma finalidad se controlan los sermones en las iglesias, las conferencias pronunciadas en salones o en la calle y, menos todavía, cuando se impide pronunciarlas o se niegan los permisos solicitados para realizarlas, o se impido su difusión radiotelefónica.

Esta situación tan penosa existe actualmente en todos los países sometidos por el comunismo. Hasta la predicación evangélica se halla amordazada; de ahí que se haya dado en llamar a la Iglesia subsistente en esos países la “Iglesia del silencio”.

Libertad de prensa.
La libertad de prensa implica el derecho de publicar en diarios, libros, revistas, folletos, hojas volantes, etc., el propio pensamiento.

Este derecho puede ser violado directa o indirectamente.

Se lo viola directamente cuando se impide la publicación, o se cercenan los artículos o se clausuran los diarios. Se viola indirectamente cuándo se obstaculiza su ejercicio: restringiendo o negando la cuota de papel, recargando a la imprenta con impuestos arbitrarios, dificultando la circulación de los impresos, sea negando las franquicias postales o su distribución por el correo.

A veces, las autoridades se incautan de toda la edición o la compran para impedir que llegue al pueblo.

Libertad de información.
Un complemento de la libertad de expresión es la libertad de información.

Para que el hombre pueda juzgar rectamente debe estar bien informado acerca de los asuntos, conocer los hechos como son, en su realidad objetiva. De ahí el derecho o libertad de información.

La libertad de información es el derecho que tiene el hombre de conocer los sucesos tal como han ocurrido y de conocer las noticias y publicaciones difundidas.

Se lesiona este derecho cuando, sin motivo, se ocultan las noticias o se impide el acceso a las fuentes de información. Cuando se desfiguran o tergiversan los sucesos o se propalan noticias tendenciosas o falsas.

Se dice “sin motivo” porque puede haber motivos serios, como se verá más adelante, que legitimen la no propalación de ciertas noticias.

Libertad de no-expresión.
La libertad de no-expresión es consecuencia lógica de la libertad de expresión.

La libertad de no-expresión es el derecho que tiene toda persona a no exteriorizar el propio pensamiento.
Ninguna persona puede ser obligada o coaccionada a manifestar lo que piensa.

Ni el Estado ni autoridad alguna tiene derecho de obligar a una persona a manifestar, por ejemplo, sus creencias religiosas o su ideología política.

Atentan contra este derecho el uso del “narcoanálisis” y el detector de mentiras denominado “lie-detector” o “polígrafo”‘.

El narcoanálisis consiste en una especial forma ele interrogatorio, bajo la acción de una sustancia hipnótica, la cual inyectada por vía intravenosa, en dosis determinadas, favorece la revelación de actitudes o de contenidos mentales que el sujeto, cuando se halla en estado de conciencia clara tiene ocultos intencionada o conscientemente.

El detector de mentiras es un dispositivo que permite el registro simultáneo de manifestaciones somáticas diversas, incontrolables para el sujeto, que acompañan a sus reacciones emotivas.

Esas manifestaciones somáticas vienen a ser como indicaciones indirectas de las mentiras conscientes.

Limitaciones a la libertad de expresión y de información.

Hay quienes opinan que cualquier norma que se establezca o cualquier reglamentación de la libertad que se dicte, es un procedimiento antidemocrático. Temen que desaparezca la libertad. Este temor nace de que, con el pretexto de reglamentar la libertad de expresión, los gobiernos la suprimen para sus fines políticos.

La libertad de expresión puede ejercitarse en diversos planos: en el plano político, informativo, social, cultural, recreativo, etc.

La libertad de expresión, como cualquiera otra libertad, está circunscripta por la verdad, el bien y el derecho de los demás.

libertad de expresión

Con lodo, pura evitar el peligro do la supresión de la libertad, debe admitirse una amplia libertad de expresión en el plano político; pero semejante amplitud no puede admitirse en todos los otros planos.

Si no le es lícito al ciudadano libre, por el hecho de proclamarse libre, inferir ofensa violenta y daño a la libertad, a los bienes o a la vida de su prójimo, así tampoco puede ser lícito a la prensa atentar diaria y sistemáticamente contra la salud religiosa y moral de la humanidad.

La libertad de información debe ser mesurada. Si nunca es lícito desfigurar y tergiversar los hechos, tampoco es lícito lanzar a la fiebre de la curiosidad detalles y descripciones de miserias humanas que solo sirven para excitar la morbosidad y halagar las pasiones humanas menos nobles.

¿Qué ganan la democracia y la salud moral de la ciudadanía, cuando de todo suceso criminal se toma pie para descripciones y reconstrucciones que no son otra cosa que escuela de delitos e incentivo para el vicio?.

Tales detalles deberían estar reservados a la policía científica y a los magistrados judiciales.

Es terriblemente ingenua, por no decir criminalmente infame, la teoría de que es conveniente y necesario conocer y hasta experimentar las más abyectas miserias y depravaciones morales, para hacer sentir por ello tal repugnancia que no se llegará a cometerlas.

Dicha teoría no solo es inmoral, sino anticientífica. Supone desconocer las leyes de la sicología humana y las elocuentes enseñanzas de la experiencia que condensó esas conclusiones en gráficas sentencias: “Ojos que no ven, corazón que no siente”; “Las palabras mueven, el ejemplo arrastra”; “Quien con lobos anda, a aullar aprende”.

Libertad de culto.
Libertad de culto es el derecho que todo hombre tiene de rendir homenaje externo a Dios.
La libertad de culto está estrechamente relacionada con la libertad de las conciencias.

Esta libertad de las conciencias, que protege la dignidad de la persona humana, está por encima de toda violencia y de toda opresión.

libertad de culto

Ninguna ley del Estado puede entremeterse en el fuero privado de la conciencia religiosa de nadie, pues el hombre tiene derecho de seguir su conciencia, la voluntad de Dios, y de cumplir sus mandamientos sin impedimento alguno.
El culto es uno de los deberes de la conciencia.

“El creyente tiene un derecho inalienable a profesar su fe y a practicarla en la forma más conveniente a aquella.”

“Las leyes que suprimen o dificultan la profesión y la práctica de esta fe, están en oposición con el derecho natural.”

Son harto conocidas las intromisiones del Estado en el fuero de la conciencia religiosa ocurridas en el nazifascismo y las dificultades y hasta la negación del ejercicio del culto en los países sometidos al fascismo rojo comunista.

Libertad de reunión.
Libertad de reunión es el derecho de organizar asambleas públicas y privadas, y de participar en ellas activa o pasivamente.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en el artículo 20, 1: “Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas”, y la Constitución Nacional en el artículo 14 reconoce a todos los habitantes el derecho de “asociarse con fines útiles” y el de “peticionar a las autoridades.”

El hombre tiende por naturaleza a unirse a sus semejantes para obtener algún beneficio común.

Si la unión es transitoria se organiza simplemente una conferencia, mitin, mesa redonda, etc.; si la unión es estable, se concreta en una sociedad.

La libertad de reunión se actualiza en todas las actividades humanas, pero de un modo muy especial, en el ámbito religioso, gremial y político.

La libertad de reunión es violada cuando se obstaculiza o se impide la realización de conferencias, asambleas, manifestaciones, procesiones, mítines, peregrinaciones, etc.

En la Argentina, a fines de 1954 y buena parte de 1955 se prohibieron no solo los actos políticos públicos, sino hasta las procesiones religiosas.

Por supuesto que las autoridades pueden intervenir moderadamente en las reuniones para conservar el orden y garantizar a los organizadores el ejercicio pacífico de Sus derechos. Pueden también reglamentar las reuniones, aunque deben estar atentos a que dichas reglamentaciones no se transformen en trabas que obstaculicen o aniquilen dicha libertad.

Respecto a las asociaciones, el hombre tiene el derecho, no solo de ingresar en ellas, sino también el de fundarlas y organizarías.

Un aspecto importante de la libertad de asociación es el que se refiere a los gremios o sindicatos.

Sindicato es la sociedad formada por personas de una misma profesión, o profesiones semejantes, para la defensa de los intereses profesionales.

Los sindicatos pueden ser de solo obreros, de solo patronos o de obreros y patronos.

La asociación de patronos y obreros de la misma profesión se llama “Corporación”.

Las asociaciones gremiales fueron florecientes en la Edad Media.

Los monarcas absolutos y la Revolución Francesa fueron enemigos de las asociaciones profesionales. La ley francesa de 1791 prohibió las asociaciones, tanto de obreros como de patronos.

A pesar de que las coaliciones de los obreros eran reprimidas, estos acudieron a la huelga. El resultado fue que todas las leyes y amenazas fueron inútiles ante la imperiosa necesidad de la defensa de los propios intereses.
Por fin la ley francesa del 25 de mayo de 1864 proclamó la libertad de huelga.

Es antidemocrático y totalitario el sindicato único.

El sindicato único consiste en que los trabajadores deban estar afiliados a una única organización profesional, la cual generalmente, depende del partido que está en el gobierno. En los países verdaderamente democráticos debe existir pluralidad de sindicatos.

La pluralidad de sindicatos está más de acuerdo con las libertades humanas y con el espíritu de democracia. El artículo 23, 4, de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” reconoce esta libertad. “Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses”.

Al par que el hombre tiene derecho de ingresar a las asociaciones, tiene también el derecho de no asociarse. Así lo reconoce la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” en el artículo 20, 2: “Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación”.

Los regímenes totalitarios atrepellan esta libertad cuando obligan a inscribirse en el sindicato único, que responde a la ideología del gobierno; cuando prohiben pacíficas reuniones obreras que se realizan piara la defensa de sus derechos y cuando no permiten la constitución de sindicatos.

La libertad de trabajo.
Trabajo es una actividad humana aplicada generalmente a la producción económica.

También puede definirse como: “el esfuerzo intelectual y manual que el hombre realiza para disponer, según las necesidades de su naturaleza y el desenvolvimiento de su vida, los recursos que Dios le ofrece” (1).

(1) El trabajo puede ser intelectual, material y mixto.
Trabajo intelectual es la aplicación de las facultades intelectivas del espíritu. Hay siempre, por lo menos un mínimo de contribución de la actividad material, pero tienen prevalencia las facultades intelectuales. Es el trabajo del inventor, del científico, del médico, del periodista, etc.

Trabajo material o muscular es aquel en que tienen predominio las fuerzas físicas.

Se dice que “tienen predominio las fuerzas físicas”, porque no se descarta absolutamente la contribución intelectual, de lo contrario no sería ya actividad humana.
Es el trabajo del albañil, pintor, herrero, etc.

Tabajo mixto es aquel en que intervienen en forma proporcionada las energías musculares e intelectuales. Es el más frecuente en nuestros días por el progresivo perfeccionamiento de la técnica. Es el trabajo realizado al torno mecánico, el de] impresor, etc.

libertad de trabajo

Libertad de trabajo es el derecho que tiene todo hombre de elegir y ejercer la profesión, empleo o actividad que desee.

La libertad de trabajo comprende el derecho a:

• Elegir el tipo de trabajo que desee. ” Ejercerlo sin violencia.
• Cambiar de trabajo.
• Establecer las condiciones del contrato de trabajo.
• Ser defendido por la autoridad pública contra quienes pretendan obstaculizar el ejercicio de una actividad lícita.

La “Declaración Universal de los Derechos Humanos” reconoce este derecho en su artículo 23: “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo”.

La Constitución Argentina en el artículo 14 bis, establece: “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes…”

Contra la teoría del liberalismo que sostenía que el trabajo debía ser considerado una mercadería, que se ofrece y se paga como cualquier otro producto, ha prevalecido la doctrina social cristiana acerca de la dignidad del trabajo.

“El trabajo debe ser tratado como algo humano, necesario al hombre para su subsistencia, y no como un artículo de comercio”.

“A través del trabajo el hombre toma dominio de sí y de su destino, irradia su personalidad en el mundo externo, se eleva a la categoría de colaborador de Dios”.

El trabajo cumple, también, una “función social”.

Mediante el trabajo el hombre cumple una actividad que interesa no solo a él individualmente, sino que interesa a toda la sociedad: coopera a satisfacer las necesidades de sus semejantes y contribuye al mejoramiento de la vida humana.

Además, el trabajo se realiza en colaboración que puede ser directa si la ayuda viene dada en forma inmediata, o indirecta si la ayuda viene a través de los productos obtenidos por otro: trabajadores.

El obrero tiene derecho a establecer las condiciones del con trato de trabajo.

Contrato colectivo de trabajo es un convenio suscripto por lo¡ sindicatos y los empleadores en el que se fijan la remune ración y todas las condiciones acerca de la realización del trabajo.

Se ha abandonado por anacrónica e injusta la tesis de que: “Es justo todo contrato de trabajo pactado libremente entre el obrero y el patrón, pues el obrero es libre de aceptarlo’ o no, y si lo acepta, quiere decir que está conforme con él”.

Ese criterio llevó a la explotación de la clase obrera.

La única libertad que tenía el obrero era la miseria.

Ante esa alternativa se vio obligado a aceptar salarios irrisorios
y sueldos de hambre y condiciones de trabajo indignas de la
condición humana.

No están en el mismo pie de igualdad, el obrero y el empresario.

El obrero no tiene más capital que sus brazos, y con el fruto de su trabajo debe sostener a su familia, mientras que el empresario, principalmente las grandes empresas capitalistas, con bienes de fortuna, propiedades, pueden imponer condiciones injustas.

El gran empresario que no consigue obreros para su industria puede, en el peor de los casos, cerrar la fábrica y vivir de rentas; mientras que a los obreros que no consiguen trabajo, por no aceptar condiciones injustas, la única perspectiva que les queda es el hambre y la miseria.

Para salvar esos inconvenientes, los contratos de trabajo son colectivos y no individuales, concertados entre los sindicatos y los empresarios. El Estado debe intervenir para fijar condiciones justas tanto en lo que respecta a la manera de realizar el trabajo como en lo que se refiere a su remuneración. El conjunto de normas por las que el Estado interviene en las relaciones entre el capital y el trabajo se denomina legislación social.

El artículo 14 bis de la Constitución Nacional contempla lo referente a la legislación social.

La democracia rechaza la teoría totalitaria de que el Estado debe intervenir de tal forma que se transforme en patrono.

Cuando toda la economía está dirigida por el Estado, se debilita y muere la iniciativa privada, y todo pasa a manos del Estado: medios de locomoción, teléfonos, radios, energía eléctrica, gas, compañías navieras, etc.

La democracia va abandonando también la tesis que propugnaba la total abstención del Estado en las relaciones entre el capital y el trabajo, y va adoptando la doctrina social cristiana llevada a la práctica con su legislación social.
En los regímenes totalitarios no existe libertad de trabaja.

Fuente Consultada:
Educación Democrática Escuela Secundaria Técnica Mario Alexandre

Garantías Constitucionales Recurso de Amparo y Habeas Corpus

HABEAS CORPUS Y RECURSO DE AMPARO
RESUMEN SOBRE LAS GARANTÍAS CONSTITUCIONALES INDIVIDUALES

La vida en la democracia se caracteriza por el respeto de la persona humana.

Ese respeto se pone de manifiesto por el reconocimiento de la dignidad personal y de los derechos íntimos de la conciencia.

En la democracia, el hombre es “alguien” en la antidemocracia, es “algo”. Por más humilde que sea la condición de un hombre, en la democracia se lo reconoce como persona, con derechos inviolables que no pueden ser desconocidos y mucho menos atropellados.

Como ocurre en cualquier sociedad humana puede suceder que en algunas circunstancias personas que viven en países democráticos, vean atropellados sus derechos. Téngase en cuenta que esa violación de los derechos humanos no proviene de la democracia, sino que es una consecuencia del incumplimiento de los principios democráticos.

El ciudadano atropellado en sus derechos puede reclamar y exigir justicia; puede recurrir ante los tribunales para que las leyes sean cumplidas.

Cosa muy diversa sucede en la antidemocracia. La negación y violación de los derechos humanos no constituyen una excepción; es lo corriente.

Es la consecuencia del principio totalitario: el hombre es lo relativo, el Estado es lo absoluto.

El hombre no tiene dignidad y derechos esenciales: tiene solo los derechos que el Estado le acuerde y en la forma y medida en que se los acuerde.

El hombre existe para servir a la comunidad (partido, Estado, etc.); debe estar dispuesto a todo lo que sea conveniente o provechoso para la comunidad.

No tiene libertad para elegir, ni mucho menos para protestar y reclamar.

Garantías Constitucionales

Garantías para el ejercicio de las libertades individuales
De poco valdría la enumeración de las libertades y derechos individuales si no se asegurase su cumplimiento. Las garantías para su ejercicio están consignadas en la Constitución Nacional y en otras leyes. Los artículos 14, 17, 18 y 19 de la Constitución especifican los derechos individuales e indican las garantías constitucionales para evitar su violación.

El artículo 28 previene cualquier maniobra para desconocer esos derechos con el pretexto de reglamentarlos. Dice así: “Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio”.

También puede suceder que algunos de esos derechos sean violados por la autoridad que se excede en sus atribuciones, o por personas particulares.

Todo aquel que sufre atropello en sus derechos particulares, tiene dos procedimientos rápidos y breves (procedimiento sumario) para defenderse y ser restituido en el ejercicio de sus derechos. Esos derechos son: el “hábeas corpus” y el “recurso de amparo”.

El “hábeas corpus”
Cuando una persona considera que ha sido detenida ilegalmente, dispone de un medio rápido para recobrar su libertad: el “hábeas corpus”.

Son dos palabras latinas cuyo significado literal es “Tened vuestro cuerpo”, o “Sed dueños de vuestra persona”.
El hábeas corpus es un recurso sumario para recobrar la libertad.

Recurso sumario significa procedimiento rápido y simple. La persona detenida, o un pariente de la misma, o amigo, o apoderado, puede presentar ante un juez recurso de “hábeas corpus”; en otras palabras: pide se la ponga en libertad porque está detenida ilegalmente.

El juez que recibe el recurso de “hábeas corpus” no averigua si el detenido es o no es culpable; si merece o no estar preso; lo que examina es si está légalmente o ilegalmente arrestado. Para averiguar la legalidad o ilegalidad de la privación de libertad, el juez procede de la siguiente manera:

Emplaza a quien llevó a cabo la detención que le presente a la persona privada de libertad y que manifieste la causa por la cual se la ha detenido.

Luego el juez examina:
1° – Si existe orden “escrita” de arresto.
2° – De quién procede esa orden. Es decir, si la orden de arresto ha sido dada por una autoridad.
3° – Si la autoridad que ordenó la detención es competente, lo que significa, si tiene atribuciones legales para ordenar la detención.

Si se han cumplido todos estos requisitos, quiere decir que la detención es legal, por consiguiente, el juez no hace lugar al recurso de “hábeas corpus” y el detenido continúa preso. Pero sí el juez comprueba que no se han cumplido todos esos requisitos, quiere decir que la detención no se ha efectuado en conformidad con las leyes, sino abusivamente, y por lo tanto el arresto es ilegal. En este caso, el juez hace lugar al recurso de “hábeas corpus” y ordena que el detenido sea puesto inmediatamente en libertad.

Adviértase que para detener a un individuo sorprendido “in fraganti delicto“, es decir, en el mismo acto de cometer un delito, no se necesita orden escrita: la policía lo detiene sin más.

Pero, inmediatamente debe poner el detenido a disposición del juez competente que esté de tumo, en el plazo que determinan los distintos códigos. Si no se cumple esta formalidad, el individuo pasa a estar “ilegalmente detenido”.

El “hábeas corpus” no figura expresamente en la Constitución Nacional. Se considera que está implícitamente en el artículo 18.

El “Recurso de amparo”
Semejante al “hábeas corpus” es el “recurso de amparo”. La diferencia está en que el “hábeas corpus” protege la libertad física de las personas; en cambio, el “recurso de amparo” protege las otras libertades o derechos. Hasta el año 1957 muchos derechos individuales no tenían una protección apropiada. Ese año se estableció el “recurso de amparo”, que es también un procedimiento breve y rápido para la defensa de derechos que se consideran vulnerados.

El “recurso de amparo” es un recurso sumario que se interpone ante la justicia pidiendo a la autoridad pública que defienda y proteja un derecho (o varios) conculcado o amenazado.

El “recurso de amparo” puede presentarlo cualquier persona que se considera privada ilegalmente de algún derecho; p. ej.: de publicar sus ideas por la prensa, de usar y disponer de su propiedad, de trabajar.

Como su mismo nombre lo indica, por el “recurso de amparo” se pide a la justicia amparo, ayuda, protección para el ejercicio de un derecho.

Tampoco el “recurso de amparo” figura expresamente en la Constitución Nacional. Se deduce del artículo 36 que dice así:

“Las declaraciones, derechos y garantías que enumera la Constitución, no serán entendidos como negación de otros derechos y garantías no enumerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno”.

La Constitución no desampara a los ciudadanos ante los peligros de verse ilegalmente restringidos en el uso de sus derechos, ‘ni les impone necesariamente el tener que recurrir a la defensa por medio de los procedimientos judiciales largos y costosos.

El “recurso de amparo” es un procedimiento breve y rápido.

El juez que recibe el “recurso de amparo” examina el asunto. Si aparece de modo claro y manifiesto que alguna autoridad pública, o personas particulares, han impedido o restringido ilegalmente cualquiera de los derechos esenciales de las personas y el perjudicado sufriría daño grave e irreparable si tuviera que recurrir a los procedimientos ordinarios, el juez ordena que se restablezca inmediatamente el derecho restringido.

Cuando una persona es detenida arbitrariamente, privándosela de su libertad física, puede exigir su libertad por medio del “hábeas corpus”; cuando se la priva de alguna otra libertad puede pedir el ejercicio de su derecho por medio del “recurso de amparo.”

Garantías Cunado Somos Detenidos

Fuente Consultada:
Educación Democrática Mario Alexander Secundario – Escuelas Técnicas –

Aqueos y Dorios Costumbres Historia Pueblos Primitivos

AQUEOS Y DORIOS: PRIMITIVOS PUEBLOS DE GRECIA ANTIGUA

Grecia fue el primer país de Europa en donde surgió una gran civilización. La civilización europea tuvo su origen en la griega. Puede decirse, por tanto, que la mayor parte de nuestra cultura y de nuestro pensamiento deriva de aquel pueblo.

La posición geográfica explica en gran parte la evolución de le civilización en aquellas tierras. Grecia es la más oriental de las penínsulas mediterráneas y la más próxima a las costas del norte de África y del cercano Oriente, primeros territorios que fueror habitados por pueblos civilizados (egipcios, fenicios, súmeros).

La península griega se halla rodeada de muchas islas, las que la acercan más a aquellas tierras. En la antigüedad, fueron precisamente esas islas las primeras a las que llegaron razas progresistas que luego se orientaron hacia las costas e interior de la cita de península, atraídas por su clima benigno.

La primera civilización surgió en la isla de Creta, alrededor dt 3.000 años antes de Cristo. Fue la civilización llamada cretense o minoica (de Minos, rey de la isla). Buenos navegantes, los cretenses se expandieron en el Mediterráneo oriental, sobre todo en e mar Egeo, motivo por el cual también su civilización se llame egea. Los griegos muy poco sabían de estos antecesores prehelénicos, a los que les llamaban “pelasgos”. Algunos autores creer, que eran oriundos de Anatolia.

Mapa donde habitaron los primtivos pueblos de grecia

LOS AQUEOS
En los siglos XIV y XIII antes de Cristo, Grecia fue invadida por los aqueos, un pueblo de estirpe aria proveniente de Tesalia, que pasó a establecerse en la península del Peloponeso.

Después de haber llevado a cabo devastaciones y destrucciones, los aqueos fueron asimilando la civilización prehelénica, establecida en varias aldeas y ciudades, la rr.ás importante de las cuales fue Micenas. La civilización de los aqueos tomó de esta ciudad el nombre de civilización micénica.

Cuando los aqueos tuvieron la península griega bajo sn sólida posesión, se dirigieron también a las islas periféricas y hacia las costas de Asia Menor. Poco después, conquistaron la isla de Creta poniendo fin a la civilización minoica  (año 1400 antes de Cristo).

Los aqueos eran valientes guerreros y hábiles navegantes. La última gran empresa realizada por ellos fue la conquista de Troya en el año 1184 antes de Cristo. Troya era una gran ciudad situada en la costa de Asia Menor. Según la tradición, comandó esta célebre expedición el rey de Micenas, Agamenón.

El nivel cultural de los aqueos era inferior al de los pelasgos. Sus principales actividades eran la agricultura y el pastoreo, aunque estaban también muy desarrolladas   algunas   artesanías.

Sus ciudades eran pequeñas, algo más grandes que aldeas y por lo general se levantaban al pie de una colina sobre la que se erguía el templo y el palacio del rey.

Los aqueos vestían una túnica que les llegaba hasta las rodillas. Las mujeres llevaban además un velo y un cinto. Las más pudientes se adornaban con anillos y prendedores de oro. Hombres y mujeres calzaban sandalias de cuero.

Cada familia vivía independientemente, ya que cada cual atendía sus propias necesidades. Los hombres cultivaban la tierra y construían las casas y muebles, mientras las mujeres hilaban la lana y tejían. Ni siquiera los soberanos desdeñaban los trabajos manuales.

Se alimentaban preferentemente de carne asada, de legumbres y de hogazas de trigo. Su bebida preferida era el vino mezclado con agua. Para endulzar sus comidas usaban solamente la miel. No conocían el uso de la moneda, aunque empleaban lingotes de oro y de bronce. Sin embargo, preferían comerciar mediante el trueque. Las comunicaciones con el interior del país eran muy pobres, debido a la escasez de caminos. La navegación (hacia Creta y Egipto)  era, en cambio, muy activa.

LOS DORIOS
En el siglo xi antes de Cristo, Grecia fue invadida por otro pueblo de estirpe similar a la de los aqueos. Los nuevos invasores eran los dorios, procedentes de Macedonia, Tracia y Epiro. Los dorios fueron conquistando gradualmente toda la península, pero su dominio se radicó preferentemente en Laconia, Mesenia y Elide; es decir, en el Peloponeso.

Gracias a la superioridad de las armas de hierro, los dorios lograron someter a los aqueos

Próximos a los dorios se establecieron también en Grecia otros pueblos de análoga procedencia: los jonios y los eolios. Los jonios habitaron preferentemente el Ática, y su centro principal fue la ciudad de Atenas. Los eolios se radicaron en Tesalia y en Beocia, y su centro principal fue la ciudad de Tebas.

Después de la invasión dórica, la civilización griega atravesó un prolongado período de decadencia, que duró hasta el 776 antes de Cristo, año de la institución de los juegos olímpicos. Este período ha sido llamado “Medievo helénico” por algunos historiadores modernos. Al finalizar dicho período, los dorios, jonios y eolios constituían un mismo pueblo que recibió el nombre de helénico.

Los dorios practicaban con preferencia el pastoreo y la caza, lo que les obligó a continuas migraciones. Cuando penetraron en Grecia destruyeron la floreciente agricultura y las grandes reservas de animales. Aunque se establecieron definitivamente en el país, se resistían a ser agricultores. Preferían mantener una posición de privilegio mediante el ejercicio del poder político y la profesión de las armas, y dejaban en manos de los pueblos vencidos las actividades manuales, tales como  la  agricultura y  la artesanía.

Con el correr de los siglos se fue acentuando la división de las clases, especialmente en Laconia, región donde la dominación de los dorios se hallaba más arraigada y donde se levantaba la ciudad de Esparta, en la que todos los privilegios estaban reservados a los guerreros, mientras que los trabajos agrícolas estaban a cargo de esclavos, denominados ilotas.

La civilización dórica era esencialmente ciudadana. Cada ciudad formaba un Estado independiente con leyes y tradiciones propias. La ciudad-estado de los griegos, llamada polis, existía todavía cuando las distintas estirpes se fundieron en la civilización helénica.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Estudiantil Ilustrada Tomo IV Primtivos Pueblos de Grecia

Las Guerras Médicas Grecia contra los Persas Batalla Maraton Causas

Las Guerras Médicas – Grecia Contra los Persas

Este enfrentamiento entre el poderoso imperio persa y las polis griegas encabezadas por Atenas y Esparta señala el comienzo del periodo clásico en Grecia. Los griegos designaron a los persas con el nombre demedos, término que, en pluridad, correspondía a un pueblo emparentado con ellos y que formaba parte de su imperio

Aunque generalmente se habla de las guerras médicas con referencia a los dos intentos de invasión de la Grecia continental por los persas (490-478 a.C.), el conflicto entre ambos pueblos fue más prolongado, y las tensiones continuaron hasta la conquista del imperio persa por Alejandro Magno, en 330 a. C.

Introducción:

Al llegar al siglo V a.C., en el mundo antiguo sobresalían el inmenso imperio persa, gobernado por Darío, y las repúblicas griegas, independientes entre sí, que prosperaban materialmente y habían alcanzado un notable desarrollo cultural. Entre ambos se encontraban las colonias griegas emplazadas en el Asia Menor que se empeñaban en conservar su tradición helena, aunque sometidas a la dominación persa que las ahogaba en sus posibilidades de desarrollo y les impedía el normal abastecimiento de trigo desde el mar Negro.

Fue en estas circunstancias que, en el año 499 a.C., la colonia griega de Mileto, situada en la Jonia, se rebeló contra los persas y con la ayuda de Atenas emprendió la lucha contra Sardes, sede de la satrapía más próxima, que fue saqueada e incendiada.

El rey Darío juró vengar esta afrenta y para no olvidar su juramento ordenó a uno de sus esclavos que todos los días le repitiera tres veces que debía acordarse de los atenienses.

En poco tiempo los persas recuperaron la iniciativa y vencieron a los jonios —que habían quedado solos— en Efeso y luego destruyeron sus naves en las proximidades de la isla de Lade. De esta manera Mileto, que fue arrasada, quedó nuevamente sometida y todas las colonias griegas del Asia Menor prometieron acatamiento a los persas.

Seguidamente, Darío envió emisarios a todas las ciudades de la Helade, para exigirles la sumisión, como represalia por la ayuda prestada por Atenas a la colonia sublevada. Todas, las ciudades griegas, con excepción de Esparta y Atenas, se sometieron ante el rey persa.

Tal actitud asumida por los espartanos y atenienses, significó el comienzo de las guerras médicas, así denominadas, porque los griegos llamaban medos a los persas.

La revuelta de Jonia

En 545 a. C. Ciro el Grande había extendido la soberanía persa sobre Asia Menor, incluyendo las polis griegas de la costa y las islas próximas (Jonia). Éstas soportaban cada vez peor la pérdida de su autonomía, la imposición de gobiernos tiránicos y la competencia comercial de los fenicios, favorecidos por los persas. Por ello, en 499 a. C. estalló una revuelta encabezada por Aristágoras de Mileto contra el dominio de los persas aqueménidas. Los rebeldes lograron tomar y destruir Sardes (498), sede del sátrapa—gobernador provincial— persa, y la rebelión se extendió desde el Bósforo hasta Chipre; se enviaron embajadores a la península Helénica para pedir ayuda, pero sólo las ciudades de Atenas y Eretria enviaron algunos barcos.

Mientras tanto, los persas recuperaron la iniciativa. Aprovechando la desunión entre los sublevados fueron imponiendo de nuevo su autoridad sobre ellos. La vic­toria naval de Lades (495) y la destrucción de Mileto, cuyos habitantes fueron deportados a Mesopotamia, señalaron el restablecimiento del poderío persa.

Los disturbios habían convencido al rey persa Darío de que para asegurar su dominio en Asia Menor debía controlar todo el Egeo, incluyendo las polis de Europa. La expedición dirigida por Mardonio, yerno de Darío, sometió Tracia y Macedonia (492), pero la destrucción de su flota junto al monte Athos le impidió avanzar más allá.

Maratón: En 490 una gran expedición con 50.000 hombres al mando de Datis y Artafernes salió de Cilicia para castigar a Atenas y Eretria por su participación en los sucesos de Jonia. Les acompañaba Hipias, antiguo tirano ateniense, hijo de Pisístrato, que todavía contaba con partidarios en la ciudad, a pesar de la reciente instauración de la democracia por Clístenes (507). Tras someter las Cícladas y tomar Eretria, este ejército desembarcó en la llanura de Maratón, al nordeste de Atenas. Las tropas atenienses, integradas por 10.000 hoplitas (infantería pesada) y algunos aliados de Platea, dirigido por Milcíades, decidió atacar y cargó inesperadamente contra los persas, rechazándolos hasta el mar(490).

El soldado Filípides, que había vuelto de Esparta justo a tiempo para la batalla, corrió los 42 kilómetros que separaban Maratón de Atenas para dar la noticia de la victoria; el esfuerzo le costó la vida. El rápido regreso de las tropas a Atenas impidió un nuevo desembarco del ejército persa, que se retira finalmente a Asia. Los espartanos llegaron demasiado tarde para servir de ayuda, y la gloria de Maratón correspondió por entero a la democracia ateniense. La muerte de Milcíades (488) llevó al poder a Temístocles, que emprendió una importante reforma de la flota, aprovechando los ingresos extraídos de los nuevos filones de plata de las minas del Laurión (483).

 La segunda guerra médica: Las revueltas en el imperio y la muerte de Darlo (486) impidieron a los persas. Gran parte de las polis griegas (con algunas excepciones importantes) se unieron para su defensa en la Liga Helénica, fundada en el congreso panhelénico del Istmo (481), a pesar de las recomendaciones de neutralidad o sumisión del oráculo de Delfos. Esparta, la mayor potencia militar griega y líder de la Liga del Peloponeso, encabezaría sus fuerzas. realizar una nueva expedición de castigo. Pero en 484 el nuevo rey Jerjes, hijo de Darío, comenzó los preparativos de una gran campaña para invadir Grecia. Las cifras proporcionadas por el historiador griego Herodoto son seguramente exageradas, pero es probable que la expedición contase al menos con 300.000 hombres y 600 navíos, además de una espectacular logística.

CRONOLOGÍA
546a.C.  Los persas conquistan el reino de Lidia y las ciudades y colonias griegas de Asia.
500 a.C. Las ciudades jonias se rebelan contra el dominio persa. Incendio de Sardes.
493 a. C. Darío I destruye la flota y el ejército de los rebeldes jonios. Mileto, que inició la revuelta, es saqueada.
492 a. C. El general persa Mardonio toma con su ejército Tracia y Macedonia.
490 a.C.  Primera guerra médica. Los persas conquistan las Cicladas occidentales y arrasan Eretria. Victoria ateniense en Maratón.
480 a. C.  Segunda guerra médica. Jerjes, sucesor de Darío I, invade Grecia. Fracasa el intento de detener a los persas en el paso de las Termpilas. Victoria naval griega en Salamina.
479 a. C.  Victoria de los hoplitas espartanos en Platea y de la flota ateniense en Micala (Jonia). Fin de la segunda guerra médica.
478 a.C.  Atenas funda, junto con muchas polis costeras e insulares del Egeo, la liga de Délos,
477 a.C. Pausanias, rey de Esparta y héroe en Micala, es destronado por su despotismo.
471 a.C. En Atenas, el gran estratega de Salamina, Temístocles, es condenado al destierro. Comienza su gobierno Cimón.
465 a. C. Atenas pasa a la ofensiva contra Persia. Vence en la doble batalla del Eurimedonte
448 a. C. Paz de Calías, ya en el período clásico. El Imperio persa reconoce la hegemonía ateniense en el Egeo.

En junio de 480 el inmenso ejército de Jerjes, con el Gran Rey al frente, cruzó los Dardanelos por un doble puente de barcas. Avanzó fácilmente a través de Macedonia y Tesalia, y no se encontró con la primera línea de defensa griega hasta llegar al desfiladero de las Termópilas en tierra y el cabo Artemisión en el mar.

Los 7.000 hombres mandados por el rey espartano Leónidas rechazaron durante dos días al ejército persa, hasta que una traición permitió a éste cruzar por un paso secreto y rodearlos. Ante la inevitable derrota, Leónidas envió a sus tropas al sur, permaneciendo él con 300 hoplitas espartanos y 700 hombres de Tespis y Tebas. Todos perecieron en defensa de la posición. Esta resistencia desesperada permitió a la flota griega, encabezada por los atenienses, replegarse ordenadamente y conservar sus efectivos.

El ejército de Jerjes avanzó entonces por Grecia central, con el apoyo de algunas polis. La nueva estrategia griega era plantear la defensa del istmo de Corinto, cerrando el paso al Peloponeso. Atenas fue evacuada por sus habitantes y ocupa­da por los persas, que incendiaron la acrópolis como represalia por la destrucción de Sardes dieciocho años antes. Pero Temístocles convenció al estado mayor griego para presentar batalla a la flota persa en la bahía de Salamina, cerca de Atenas. Se sirvió de una estratagema para atraer a la numerosa escuadra enemiga hacia un angosto paso y privarla de capacidad de maniobra; al cabo de unas horas era vencida por las trescientas naves griegas, ante los ojos de Jerjes (septiembre de 480).

El dominio del mar había pasado a los griegos, y Jerjes regresó a Asia para orga­nizar refuerzos, aunque una nueva insurrección en Babilonia le impidió renovar sus campañas en Europa. Dejó en Grecia un importante ejército al mando de Mardonio, reforzado con aliados griegos (tesalios, macedonios, beocios).

Mientras éste invernaba en Beocia surgieron disputas en el seno de la Liga Helénica sobre la estrategia a seguir. Esparta y las ciudades del Peloponeso pretendían mantenerse a la defensiva en el istmo, mientras que Atenas, Megara y Egina querían expulsar al enemigo de sus puertas.

Tras graves tensiones y una nueva invasión persa del Ática, al fin se decidió el envío de un ejército aliado a Beocia, al mando del espartano Pausanias. Sus 40.000 hoplitas y 7.000 auxiliares (el mayor ejército nunca reunido por los griegos) se enfrentaron al superior ejército persa en la llanura de Platea (primavera de 479).

A pesar de su ventaja inicial, Mardonio fue vencido y muerto, y gran parte de su ejército destruido. Su lugarteniente Artabazo condujo a los supervivientes de vuelta a Asia. Al mismo tiempo, una flota griega mandada por el rey espartano Leotiquidas destruía una base naval persa y las naves fondeadas en Mícala, frente a la isla de Samos.

No sólo se había salvado la in­dependencia de las polis de Grecia, sino que éstas controlaban ahora el Egeo. La flota mandada por Pausanias tomó Bizancio, abriendo el paso al mar Negro, y las islas de Quíos, Lesbos y Samos se unieron a la Liga (478).Sin embargo, una vez conjurado el peligro persa la unidad griega resultó efímera, por los intereses contrapuestos de las diferentes ciudades.

La Liga de Delos: Esparta, poco amiga de aventuras fuera del Peloponeso, se desinteresó de los asuntos del Egeo oriental, arrastrando consigo al resto de la Liga del Peloponeso. Fue Atenas, apoyada en su potente flota, la que tomó la iniciativa y formó la Liga de Delos (476) con numerosas polis de las Cícladas, Asia Menor y la zona de los estrechos. La alianza, comprometida en la lucha por la liberación de las ciudades griegas de la dominación persa, fue diseñada por el ateniense Arístides el Justo. Éste compartió el poder en Atenas con Cimón, hijo de Milcíades, partidario de la lucha a ultranza contra los persas. Temístocles, que veía en el poder de Esparta la verdadera amenaza para la grandeza ateniense (como se demostraría poco después en las guerras del Peloponeso), fue des­plazado del poder (471).

En 468 Cimón venció a la escuadra persa en el Eurimedonte. El fracaso de una expedición a Egipto y los sobornos persas lograron expulsarlo del poder, y la facción popular encabezada por Efialtes rompió las relaciones con Esparta, disolviendo la Liga Helénica (460). Sin embargo, Cimón recuperó el poder y dirigió una nueva campaña en Chipre, donde murió (450). Sus victorias permitieron a su cuñado Calias firmar con los persas la paz que lleva su nombre (449), que aseguró la libertad de las ciudades griegas y frenó a los persas en el Egeo.

Atenas, con la ayuda de sus aliados, se había convertido en la potencia hegemónica del mundo griego, desarrollando un poderoso imperio marítimo y comercial. Sus abusos y la oposición de Esparta conducirían posteriormente a la guerra del Peloponeso.

Temístocles
General y político (525-460 a. C.)

Estadista ateniense nacido en el seno de una familia modesta, no obstante lo cual pudo convertirse en una relevante figura en su ciudad y asumir la jefatura del partido democrático cuya divisa era: Guerra contra los persas. Convencido de la necesidad que tenía Atenas de contar con un puerto y una flota, dedicó todos sus esfuerzos a procurarle ambas cosas.

Así, durante su arcontado (493 a. C.) hizo votar la construcción del puerto del Pireo, si bien al año siguiente una expedición persa paralizó las obras que sólo pudieron ser retomadas en tiempos de Pericles. Luego se propuso la construcción de doscientas galeras, para lo cual derivó los recursos obtenidos en la explotación de las minas de Laurión, que antes eran repartidas entre los ciudadanos, a las arcas del Estado.

Temístocles pudo realizar sus planes luego del destierro de Arístides y venció a los persas en la batalla de Salamina (480 a. C.); pero luego fue víctima de intrigas y calumnias y condenado al ostracismo. Se refugió junto a Artajerjes, pero cuando éste quiso convencerlo de traicionar a su patria, se negó terminantemente y se suicidó con veneno.