Desarrollo Campaña al Perú

Las Campañas Militares de Bolívar en la Independencia de América

LA INDEPENDENCIA DE VENEZUELA DEL DOMINIO ESPAÑOL

Simón Bolívar (1783-1830), militar y político sudamericano de origen venezolano, presidente de Venezuela (1819), presidente y creador de la República de la Gran Colombia (1819-1830) y dictador de Perú (1824-1826), se convirtió desde 1813 en el máximo conductor de la revolución que culminó con la emancipación de Sudamérica frente al poder colonial español, por lo que es conocido como el Libertador.

simon bolivar retrato

Simón Bolívar. Retrato ANÓNIMO DE HACIA 1816. – Este Bolívar joven y atildado a lo “dandy”, a lo —más español— “lechuguino”, nada nos deja adivinar ni al futuro militar notable, ni al excelente futuro estadista; ni, mucho menos, al hábil forjador de Estados independientes en la siempre, por siempre, Hispanoamérica. Nos deja la impresión de un poeta, malherido o maltratado de amores, cuyos versos patéticos ya barruntan el próximo hervor romántico. Cierto: este juvenil Bolívar nos parece estar ensoñando; pero no en campos de batalla, sino “en campos de plumas” gongorinos.

Desde 1810, Simón Bolívar consagró toda su voluntad, todo su talento, toda su ilusión, toda su acción a la independencia de los países sudamericanos. A esta empresa inclusive sacrificó su fortuna. Sin ser un gran general, superó a cuantos jefes combatieron en aquellas tierras. Como político cometió fatales equivocaciones. Sólo encontró auténticos rivales de su talla en los españoles Bobes y Morillo. Poseyó un temerario valor personal, y supo hacerse estimar de sus amigos, subordinados y aliados.

Muy autoritario, cuando necesitó mostrarse cruel, no rehuyó la crueldad, pero todos sus defectos los compensó con sus extraordinarias virtudes de patriota. Lógicamente es admirado por Hispanoamérica como su mayor héroe. Su pensamiento político comprendía los siguientes postulados de independencia radical y absoluta para toda América; restablecimiento, dentro de ella, de una fuerte unidad hispanoamericana; republicanismo en la forma y monarquismo en el fondo; equiparación, en toda América, de las exigencias sociales y económicas.

SUS CAMPAÑAS: LOGROS Y DERROTAS

Estaba ausente Bolívar cuando estalló la revolución del Jueves Santo — 19 de abril— de 1810 en Caracas. Quedó destituido el capitán general don Vicente Emparán. Los sublevados tuvieron la seguridad de que España -no podría enviar tropas con suficiente armamento. Y, además, proclamaron la sublevación en nombre del rey de España y contra los elementos afrancesados de la «Madre Patria». Los insurrectos constituyeron una Junta Suprema. Simón Bolívar marchó a Inglaterra para pedir ayuda contra España. ¡Tremenda paradoja!

El ministro inglés, marqués de Wellesley, hermano de Wellington, la prometió inmediatamente. Y así, mientras los ingleses defendían a España contra los franceses, defendían en América a los americanos contra los españoles. Un botón de muestra de la astuta política inglesa de siempre. Hubo, eso sí, cierta lógica en que Inglaterra aceptase muy gustosa «devolver» a España la ayuda que ésta prestó a los colonos norteamericanos contra Inglaterra. Con el satisfecho Bolívar regresó a Venezuela el radical y violento revolucionario Francisco Miranda. Bajo las órdenes de éste, como coronel, Bolívar procuró atenuar sus radicalismos. Por fin vencieron los revolucionarios radicales y… sinceros, y fue proclamada la Independencia el 5 de julio de 1811.

Mientras se discutía cómo había de quedar redactada la Constitución, los realistas y españolistas pusieron al frente de su ejército al general Domingo de Monteverde, quien recobró Caracas y obligó a capitular a Miranda en San Mateo —24 de julio de 1812—. Así terminó la primera república venezolana. Refugiado en Curacao, con la ayuda inestimable de José Félix Ribas, Bolívar, un año después, ya como director único de la revolución, inició su gran empresa, la que lograría darle el glorioso nombre de Libertador.

En su primer Manifiesto se disculpó del fracaso y presentó normas para las futuras acciones. La campaña bélica durante los últimos meses de 1812 y los primeros de 1813 fue muy favorable a sus armas. Recuperó Caracas el 6 de agosto de 1813, donde fue proclamado Libertador de la República, y poco más tarde, Dictador. Pero estas alegrías «se las amargaron bastante» las victorias obtenidas por dos cabecillas realistas y españoles: José Tomás Bobes y Francisco Tomás Morales; aquél, al frente de sus terribles y admirables llaneros.

Otros realistas españoles, Vicente Campo Elias, José Yáñez y José Ceballos también ganaron varias batallas a nuestro héroe. Cierto que Bolívar derrotó en Carabobo — 28 de mayo de 1814— a los guerrilleros realistas. Pero éstos se tomaron un magnífico desquite en la batalla de La Puerta — 15 de junio —, donde Bobes con sus llaneros aplastó a Bolívar y Marino, ocupó Valencia, llegando «a sangre y fuego» hasta Caracas, donde entraron el 8 de julio. Nuevamente vencido Bolívar — 18 de agosto — en Aragua, hubo de retirarse a Cumaná, y por último a Cartagena de Indias. El segundo asalto también lo había perdido.

Ya en Cartagena siguió reagrupando sus fuerzas y nutriéndolas con otras llegadas de todos los territorios de Nueva Granada. Con todas ellas intentó la reconquista de Santa Marta; la llegada de España del general Morillo al frente del único ejército regular que pudo enviar España para la defensa de sus virreinatos, hizo fracasar el propósito de Bolívar, quien en marzo de 1815 marchó a Jamaica, donde redactó su célebre Carta — 6 de septiembre — en la que justificaba la Revolución, auguraba la independencia de Hispanoamérica, abjuraba de la monarquía, del federalismo y de la democracia, y declaraba su deseo en la unión republicana de Venezuela y Nueva Granada. Pero en Jamaica nadie le hizo gran caso. Desalentado se trasladó a Haití, cuyo presidente,’ Alejandro Petion, le prometió eficaz y pronta ayuda.

El 3 de mayo de 1816 desembarcó en la isla Margarita la expedición de Bolívar; éste, antes de iniciar los combates, prometió convocar un Congreso ante el que renunciaría a su dictadura. La expedición constituyó un nuevo fracaso y Bolívar hubo de regresar a Haití. Así perdió el cuarto asalto (el tercero lo había perdido al marchar a Jamaica). Con el nuevo auxilio que le prestó el presidente negro haitiano, unido a Arismendi, Bolívar invadió la provincia de Caracas, pero fue derrotado en Clarines (9 de enero de 1817).

El quinto asalto le fue también adverso. Pero su carácter indomable no cedió. Encontró aliento y colaboración en los Estados Unidos; quienes pagaron con tan negra ingratitud los auxilios que de España recibieron para independizarse. Consiguió atraerse a los terribles llaneros mandados por José Antonio Páez desde la muerte de Bobes. Reunido el Congreso en Angostura — 15 de febrero de 1819—, Bolívar dirigió un mensaje en el que proclamaba sus ideas constitucionales inspiradas en el régimen inglés: república, libertad, igualdad, abolición de la esclavitud, dos cámaras, presidente vitalicio y un «cuarto poder»… moral. Inmediatamente inició una de sus más famosas y felices campañas: la de Nueva Granada, que culminó con la concluyente victoria de Boyacá — 7 de agosto de 1819—, determinando la emancipación total de Nueva Granada. Los colombianos le nombraron su jefe militar y político. Regresó a Angostura y obtuvo del Congreso la unión en una sola República de Nueva Granada, Venezuela y Quito. Aislado el general Morillo de España, con motivo del levantamiento de Riego en Cabezas de San Juan, careciendo de soldados y de armamentos, pidió un armisticio — 25 de noviembre de 1820—. Terminado el plazo, Bolívar derrotó a La Torre sucesor de Morillo en la segunda batalla de Carabobo —24 de junio de 1821 —. Venezuela logró definitivamente su independencia. No hay en tierra americana quien pueda atacarla con probabilidades de éxito.

Los realistas de Guayaquil se sublevaron con violencia; Bolívar envió contra ellos al general Antonio José de Sucre, quien, luego de derrotar a los realistas, apoyó la independencia de su país regida por el gobierno de José Joaquín de Olmedo. Los días 26 y 27 de julio de 1822 se entrevistaron en Guayaquil Bolívar y José de San Martín, Protector o jefe del Perú. Este intentó unir al Perú el Ecuador; pero su pretensión resultó inútil, ya que Ecuador estaba unido con Venezuela y Colombia. Pero la verdadera causa de que fracasaran los planes de tan memorable entrevista, fue que mientras San Martín era partidario de las monarquías, que ocuparían príncipes europeos, Bolívar creía que podía evitarse la anarquía por medio de fuertes gobiernos republicanos.

Retirado San Martín del Perú, intransigente en sus ideales monárquicos, Bolívar fue proclamado general en jefe de las tropas peruanas —1823— y Dictador a principios de 1824. Pero todavía necesitó ganar dos famosas batallas, la de Junín y la de Ayacucho, para asegurar la independencia peruana. En la de Junín —7 de agosto de 1824— derrotó al general español don José de Canterac. En la de Ayacucho —9 de diciembre de 1824— derrotó al virrey La Serna, aliado a los generales Jerónimo Valdés y José de Canterac. Esta última batalla señaló el fin de la dominación española en América del Sur.

Desde entonces pudo dedicarse Simón Bolívar a la estructuración definitiva de su gran república. Pero esta empresa resultó mucho más difícil y dolorosa que la conquista de la independencia. Porque el héroe encontró incontables adversarios y traidores entre quienes le habían ayudado a echar a los españoles de aquellos inmensos territorios.

Fuente Consultada:Enciclopedia Temática Familiar Ediciones Cadyc

Que es la guerra de Zapa? San Martin en los Andes Táctica Militares

La guerra de “zapa”: Para conocer la situación interna de Chile y propagar falsos rumores que mantuviesen en constante inquietud a los realistas, San Martín se valió de emisarios y de una correspondencia hábilmente dirigida. Su objeto era también que los realistas mantuvieran sus fuerzas divididas a lo largo de la Cordillera y no pudiesen intentar una invasión por Cuyo. Era gobernador de Chile el mariscal Francisco Marcó del Pont, desde enero de 1815. Había reemplazado al general Mariano Osorio, que fue llamado por el Virrey del Perú para reforzar a Pezuela, quien más tarde venció en Sipe-Sipe.

Gral. San Martìn

Se llama así a las técnicas militares que se utilizan para desorientar al enemigo con informaciones falsas y estrategias de espionaje. San Martín utilizó métodos de espionaje y engaño del enemigo -llamados “guerra de zapa”- durante sus campañas.

En la tarea que se impuso San Martín colaboraron eficazmente los emigrados chilenos, en especial el joven Manuel Rodríguez y Pedro Vargas. vecino de Mendoza, a quien hizo aparecer como un realista militante encarceló y le hizo firmar cartas que él mismo redactaba, destinadas a los realistas. En esta forma conoció los detalles que necesitaba para su campaña y propagó las noticias que más le convenían. Vargas mantuvo a tal punto el secreto que no lo confió ni a su esposa.

En otras oportunidades San Martín también mantuvo correspondencia con las autoridades de Chile, firmando las cartas con el nombre de realistas o emigrados que, deseando ayudar a la causa del Rey, enviaban datos que lógicamente eran falsos. Así se adquirió en ese país la convicción de que los patriotas atacarían por el Planchón y que una poderosa escuadra había salido de Buenos Aires para atacar Talcahuano (en esta forma consiguió hacer salir de Valparaíso a la escuadra realista).

Marcó del Pont, desconcertado y no sabiendo exactamente donde dess cargar el golpe para suprimir la propaganda revolucionaria, extremx5 las persecuciones iniciadas por Osorio, lo que encendió aún más el espíritu de reheii<Ç,i

Cuando el Congreso de Tucumán declaró la independencia, a San Martín se le presentó una magnífica oportunidad: con consentimiento del gobierno, envió a Chile al sargento mayor ingeniero José Antonio Alvarez Condarco (que era su ayudante y padrino de Merceditas) con la misión aparente de entregar a Marcó del Pont el acta de nuestra independencia. El motivo real era conocer los pasos de la Cordillera que conducían a Chile y si estaban defendidos.

El emisario fue por el Paso de los Patos, que era el más largo; llevaba una carta de recomendación obtenida de un realista confinado en Cuyo, y merced a ella salvó la vida, pero el acta fue quemada públicamente. Condarco fue obligado a regresar de inmediato por Uspallata (fines de 1816). Como era un hombre de extraordinaria memoria, cuando llegó a Mendoza pudo hacer un plano de los dos caminos.

Para desconcertar al enemigo, San Martín también se valió de los indios pehuelches, a quienes conocía como muy falsos. En el fuerte San Carlos conferenció con los caciques, pidiéndoles que dejasen pasar por sus tierras al ejército

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Independencia de Chile Y Peru El General Jose de San Martin Resumen

La expedición al Perú:

San Martín decidió no intervenir con su ejército en las guerras civiles rioplatenses y se dedicó a armar una flota para legar hasta Perú. La expedición naval partió en agosto de 1820 y, luego de desembarcar en Pisco, avanzó hacia Lima sin arriesgarse a una batalla definitiva. El cambio en la situación política española, donde un general liberal, Rafael de Riego, había sublevado a sus tropas contra Fernando Vil y le había impuesto fuertes controles dando por tierra con su poder absoluto, abría muchas posibilidades para una negociación.

Y así fue: un golpe desplazó al ultrarrealista virrey peruano Joaquín de la Pezuela para poner en su lugar al liberal José de a Serna, un virrey dispuesto a negociar con el también liberal San Martín. Poco después, De la Serna entregaba Lima a San Martín, quien declaró la Independencia del Perú el 28 de julio de 1821 y poco después asumió corno Protector. Pero, en adelante, la administración del Estado peruano no le traería a San Martín sino problemas, sin contar con que las tropas realistas seguían en operaciones que los desorganizados revolucionarios no podían derrotar.

Una solución llegó desde el otro gran núcleo revolucionario de América del Sur Venezuela. Tropas veteranas al mando de Simón Bolívar, perfectamente pertrechadas y con grandes recursos, se aproximaban al Perú a comienzos de 1822. Los días 26 y 27 de julio, Bolívar y San Martín se reunieron en Guayaquil: los resultados fueron los previstos.

El jefe más fuerte y poderoso, Bolívar, tomó el control total de la situación, mientras que San Martín abandonó su mando para iniciar un argo exilio europeo que sólo culminaría con su muerte en Boulogne sur Mer (Francia), el 17 de agosto de 1850.

Por su parte, Bolívar prosiguió las acciones militares: las victorias de Junín, el 6 de agosto de 1824, y Ayacucho, el 9 de diciembre del mismo año, terminaron con todo vestigio del dominio español en América del Sur.

PROCLAMA DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

Soldados del Ejército Libertador:

Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consume la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad, y si contra todas mis esperanzas, alguno de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1° Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2° Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena de Talión.

3° Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4° Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país, será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! acordaos que toda la América os contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio contra los opresores. El mundo envidiará vuestro destino si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible; y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, septiembre 8 de 1820.

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
JOSÉ DE SAN MARTÍN

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile San Martin General

El Cruce de los Andes y La Independencia de Chile

En el Río de la Plata la liberación no fue un proyecto de inspiración meramente local sino que pretendió, desde sus orígenes, la independencia de toda la América hispana. Ese proyecto continental tuvo al general José de San Martín como figura decisiva que no sólo concibió el plan de la guerra de emancipación sino que junto con el venezolano Simón Bolívar  lo llevó a cabo.

En 1814. tras haber obtenido su relevo del comando del Ejército del Norte, San Martín pasó una temporada en Córdoba para restablecer su maltrecha salud. Durante ese descanso serrano trazó el camino hacia la victoria.

Cruce de los andes Plan Continental Mientras que Martín de Güemes y sus gauchos defendían con eficacia la frontera norte, Cuyo, San Martín comenzó la preparación de su ambicioso plan. El cruce de los Andes y expedición a Chile constituyeron la operación militar más compleja organizada por el núcleo revolucionario rioplatense.

Instalado como jefe indiscutible de Cuyo, San Martín comenzó la formación de un ejército para llevar adelante su plan de invasión a Chile por la cordillera. Durante 1816, los preparativos se aceleraron. A las fuerzas locales se unieron los revolucionarios chilenos, liderados por Bernardo de OHiggins, que se encontraban refugiados en Mendoza, luego de haber sido derrotados por los españoles en Rancagua, en 1814.

El cruce de los Andes se inició en enero de 1817; las columnas principales Utilizaron los paso de Los Patos —al mando de San Martín— y de Uspallata —al mando de Gregorio Las Heras—, pero la operación comprendía varios cruces y ataques sincronizados desde La Rioja hasta el sur de Mendoza. Una activa guerrilla comandada por Manuel Rodriguez se anticipó a la llega de los ejércitos regulares.

El hábil manejo de la información sobre los movimientos del enemigo y la falsedad de los datos que llegaron a los españoles antes de atravesar la cordillera posibilitaron a San Martín y al Ejército de los Andes combatir exitosamente a los realistas, quienes sufrieron una grave derrota en Chacabuco, en febrero de 1817. Esto permitió al ejército revolucionario entrar en Santiago, donde  O´Higgins fue nombrado Director. Un año más tarde, el 12 de febrero de 1818, fue declarada la Independencia de Chile.

La resistencia realista se organizó en el sur de Chile, por lo cual se envió una expedición que, luego de varias victorias, fue sorprendida y derrotada el 19 de marzo de 1818 en el campamento de Cancha Rayada. Ante el avance de las tropas realistas, San Martín y O´Higgins se abocaron a reorganizar las fuerzas patriotas y decidieron dar batalla para defender Santiago. San Martín desplegó sus fuerzas cerca del río Maipú: el 5 de abril la victoria patriota fue rotunda, y puso fin al dominio español en Chile.

CARTA DE PUEYRREDÓN A SAN MARTÍN

“A más de las 400 frazadas remitidas de Córdoba, van ahora 500 ponchos, únicos que se han podido encontrar; están con repetición libradas órdenes a Córdoba para que se compren los que faltan al completo, librando su costo contra estas cajas.

[…] Está dada la orden más terminante al gobernador intendente para que haga regresar todos los arreos de muías de esa ciudad y de la de San Juan.

Está dada la orden para que se remitan a Ud. mil arrobas de charqui, que me pide para diciembre: se hará. […]
Van todos los vestuarios pedidos y muchas más camisas.

Si por casualidad faltaren de Córdoba en remitir las frazadas, toque Usted el arbitrio de un donativo de frazadas, ponchos o mantas viejas a ese vecindario y el de San Juan: no hay casa que no pueda desprenderse sin perjuicio de una manta vieja; es menester pordiosear cuando no hay otro remedio. Van cuatrocientos recados.
Van hoy por el correo en un cajoncito los dos únicos clarines que se han encontrado.

[…] Van los 200 sables de repuesto que me pide.
Van 200 tiendas de campaña o pabellones, y no hay más.
Va el mundo. Va el demonio. Va la carne. […] no me vuelva Ud. a pedir más, si no quiere recibir la noticia de que he amanecido ahorcado de un tirante de la fortaleza.”

JUAN M. DE PUEYRREDÓN,
Carta a San Martín, 2 de noviembre de 1816.

El cruce de los Andes: A principios de setiembre de 1814, el general San Martín se hizo cargo de la Gobernación-Intendencia de Cuyo, cuya capital era Mendoza. Allí, frente a las cimas gigantescas de la Cordillera de los Andes, el caudillo comenzó la organización del ejército, destinado a liberar a Chile y Perú.

A lo largo de más de dos años San Martín trabajó incansablemente para alistar la fuerza que le permitiría concretar el grandioso plan. Convirtió así a Cuyo en una verdadera “nación en armas”, movilizando todos sus recursos humanos y materiales para integrar el ejército libertador. Al mismo tiempo, desarrolló una permanente campaña de espionaje en Chile y recurrió a múltiples maniobras y engaños para desorientar a los realistas acerca del momento y el lugar en que llevaría a cabo el ataque.

De esta manera, su genio organizador y su férrea voluntad lograron lo que parecía imposible. A principios de enero de 1817 el ejército de San Martín, integrado por 4.000 soldados y 1.200 milicianos auxiliares, 10.600 muías de silla y carga y 1.600 caballos, estaba listo para acometer una de las operaciones más gigantescas y audaces de la historia militar: el cruce, por pasos estrechos, de la Cordillera de los Andes.

Energía inagotable
San Martín, por su parte, desplegaba una actividad prodigiosa; no dejaba librado al azar ni el más insignificante de los detalles. Ascendido a coronel en enero de 1815, su popularidad aumentó. Estaba en contacto permanente con vecinos de la más diversa condición. Supervisaba incluso la preparación de la comida y, al compartir la mesa con oficiales y soldados, aprovechaba para enseñarles normas de urbanidad. Participaba en los ejercicios matinales y explicaba a veces como instructor, otras como partenaire- el manejo de la espada. El ejército crecía bajo su metódica dirección.

oficial de la campaña de los andes

Oficial del la Campaña de los Andes (1817)

Para desalentar a espías y traidores, San Martín se valía de métodos tan duros como ingeniosos. Dictó numerosas ordenanzas que penaban faltas y delitos cometidos por sus subordinados. Disfrazado de paisano se presentaba de noche ante los centinelas y les proponía que le vendiesen las armas y desertasen; más de una vez la lealtad de sus hombres lo puso en un aprieto y sólo dándose a conocer se salvó del degüello. Los que pasaban información a Chile eran condenados a servir en las obras públicas «con un rótulo en la frente que diga: infieles a la patria».

Cuando el Congreso nacional se instaló en Tucumán, en marzo de 1816, San Martín presionó para que se declarara la independencia. También presentó enérgicos reclamos ante la burocracia porteña, que no atendía con la necesaria prontitud sus pedidos de dinero y equipamiento.

Para completar la cantidad prevista de cuatro mil efectivos en incorporar a los esclavos negros que los religiosos de San Agustín y las familias pudientes tenían a su servicio. Como encontró resistencia a la iniciativa, hizo difundir la noticia (inexacta) de que había acordado con el Director Supremo la abolición de la esclavitud, y sugirió que era preferible un rasgo de generosidad por parte de los amos antes de que una ley los obligara a ceder. Con esta estratagema logró que quedaran en libertad las dos terceras partes de los aptos para las armas.

La operación se realizó sobre un frente de 2.000 kilómetros, dividiendo al ejército en dos columnas principales y cuatro secundarias, destinadas estas últimas a desorientar al enemigo. A pesar de los tremendos obstáculos naturales, la histórica marcha se cumplió con todo éxito. San Martín, tras derrotar a los realistas en Chacabuco el 12 de febrero de 1817, pudo entonces comunicar a su gobierno: “En 24 días hemos hecho la campaña; pasamos las Cordilleras más elevadas del Globo, concluimos con los tiranos y dimos libertad a Chile”.

soldado uniformado del los andes

Uniforme de un soldado del Batallón 1° de los Andes

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San Martin Testamento Maximas y Pensamientos Para Merceditas Hija

Máximas Para Merceditas y Pensamientos de José de San Martín

Ver: Historia del Sable Corvo de San Martín

Estoy firmemente convencido que los males que afligen a los nuevos Estados de América no dependen tanto de sus habitantes como de las constituciones que los rigen. Si los que se llaman legisladores en América hubieran tenido presente que a los pueblos no se les debe dar las mejores leyes, pero sí las mejores que sean apropiadas a su carácter, la situación de nuestro país sería diferente.

No quiero manchar mi espada con sangre de mis hermanos.

Más ruido hacen diez hombres que gritan que cien mil que están callados.

Serás lo que debas ser, si no, eres nada.

Si somos libres, todo nos sobra.

La unión y la confraternidad, tales serán los sentimientos que hayan de nivelar mi conducta pública cuando se trate de la dicha y de los intereses de los otros pueblos.

La biblioteca es destinada a la ilustración universal, más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia.

La reputación del generoso puede comprarse muy barata; porque no consiste en gastar sin ton ni son, sino en gastar con propiedad.

Antes sacrificaría mi existencia que echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición.

La ilustración y fomento de las letras es la llave maestra que abre la puerta de la abundancia y hace felices a los pueblos.

La moderación y la buena fe, tales los fundamentos sobre los que apoyo mis esperanzas de ver estrechados los vínculos sagrados que nos unen, y de no aventurar un solo paso que pueda romperlos o debilitarlos.

Por inclinación y principios amo el gobierno republicano y nadie, nadie lo es más que yo.

En mis providencias malas o buenas, jamás ha tenido parte la personalidad y sí sólo el objeto del bien e independencia de nuestro suelo.

Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero, paralización del comercio y agricultura, arrostrar trabajos y ser superiores a todo género de fatigas y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir el yugo pesado e ignominioso de la esclavitud.

Deseo que todos se ilustren en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres.

Mis necesidades están más que suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo.

La seguridad individual del ciudadano y la de su propiedad deben constituir una de las bases de todo buen gobierno.

Dios conserve la armonía, que es el modo de que salvemos la nave.

No se debe hacer promesa que no se pueda o no se deba cumplir.

El empleo de la fuerza, siendo incompatible con nuestras instituciones, es, por otra parte, el peor enemigo que ellas tienen.

Mi barómetro para Conocer las garantías de tranquilidad que ofrece un país las busco en el estado de su hacienda pública y, al mismo tiempo, en las bases de su gobierno.

La marcha de todo Estado es muy lenta; si se precipita, sus Consecuencias son funestas.

No nos ensoberbezcamos con las glorias y aprovechemos la ocasión de fijar la suerte del país de un modo sólido y tranquilo.

La religiosidad de mi palabra como caballero y como general ha sido el caudal sobre el que han girado mis especulaciones.

Todo buen ciudadano tiene una obligación de sacrificarse por la libertad de su país.

Mi objeto desde la revolución no ha sido otro que el bien y felicidad de nuestra patria y al mismo tiempo el decoro de su administración.

Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón.

En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a sacrificar mi existencia por la libertad.

Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos.

Tiempo ha que no me pertenezco a mí mismo, sino a la causa del continente americano.

Divididos seremos esclavos, unidos estoy seguro que los batiremos: hagamos un esfuerzo de patriotismo, depongamos resentimientos particulares, y concluyamos nuestra obra con honor.

Nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud.

La armonía, que creo tan necesaria para la felicidad de América, me ha hecho guardar la mayor moderación.

Voy a hacer el último esfuerzo en beneficio de la América. Si éste no puede realizarse por la continuación de los desórdenes y anarquía, abandonaré el país, pues mi alma no tiene un temple suficiente para presenciar su ruina.

Para defender la libertad se necesitan ciudadanos, no de café, sino de instrucción y elevación moral.

Estoy convencido que la pasión del mando es, en general, lo que con más imperio domina al hombre.

Hombres que se abandonan a los excesos son indignos de ser libres.

Los hombres distamos de opinión como de fisonomías, y mi conducta, en el tiempo en que fui hombre público, no pudo haber sido satisfactoria a todos.

No es en los hombres donde debe esperarse el término de nuestros males: el mal está en las instituciones y sólo en las instituciones.

Ser feliz es imposible, presenciando los males que afligen a la graciada América.

Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos.

Mi nombre es ya bastante célebre para que yo lo manche cor infracción de mis promesas.

Las consecuencias más frecuentes de la anarquía son las de producir un tirano.

Ya veo el término a mi vida pública y voy a tratar de entregar esta p da carga a manos seguras, y retirarme a un rincón a vivir como hombre.

Es necesario tener toda la filosofía de un Séneca, o la impudicia un malvado para ser indiferente a la calumnia.

Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas.

Tan injusto es prodigar premios como negarlos a quien los merece.

Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente al sertimiento de la justicia.

Nada suministra una idea para conocer a los hombres como una revolución.

(Fuente Consultada: Es legado de San Martín. Comisión Nacional de Homenaje al bicentenario Nacimiento del Gral. D. José de San Martín. InstitutoNacional Sanmartiniano)

Máximas Para Mi Hija:

Cuando San Martín partió de Mendoza para cruzar los Andes, su hija Mercedes (arriba) tenía cuatro meses. Se volvieron a ver en 1818, después del triunfo de Chacabuco, y en 1824, cuando se embarcaron juntos rumbo a Europa. En 1825, San Martín redactó para ella estas “Máximas”:

01Humanizar el carácter y hacerlo sensible, aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: —Anda, pobre animal: el mundo es demasiado grande para nosotros dos.

02• Inspirar el amor a la verdad y odio a la mentira.

03• Inspirarla gran confianza y amistad, pero uniendo el respeto.

04• Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.

05• Respeto sobre la propiedad ajena.

06• Acostumbrarla a guardar un secreto.

07 Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.

08• Dulzura con los criados, pobres y viejos.

09• Que hable poco y lo preciso.

10• Acostumbrarla a estar formal en la mesa.

11• Amor al aseo y desprecio al lujo. (Redactadas en 1825)

Testamento del General San Martín:

En el nombre de Dios Todo Poderoso a quien reconozco como hacedor del Universo: Digo yo, José de San Martín, Generalísimo de la República del Perú y Fundador de su libertad, Capitán General de la de Chile, y Brigadier General de la Confederación Argentina, que visto el mal estado de mi salud, declaro por el presente Testamento lo siguiente:

Primero: dejo por mi absoluta Heredera de mis bienes, habidos y por haber a mi única hija Mercedes de San Martín actualmente casada con Mariano Balcarce.

Segundo: Es mi expresa voluntad que mi hija suministre a mi hermana María Helena, una pensión de mil francos anuales, y a su fallecimiento, se continúe pagando a su hija Petronila, una de 250 hasta muerte, sin que para asegurar este don que hago a mi hermana y sobrina, sea necesaria otra hipoteca que la confianza que me asiste de mi hija y sus herederos cumplirán religiosamente esta mi volunta.

Tercero: El sable que me ha acompañado en toda la Guerra de Independencia de la América del Sud, le será entregado al General la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción, que como Argentino he tenido al ver la firmeza que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los Extranjeros que tratan de humillarla.

Cuarto: Prohíbo el que se me haga ningún género de funeral desde el lugar en que falleciere, se me conducirá directamente cementerio sin ningún acompañamiento, pero sí desearía, el que corazón fuese depositado en el de Buenos Aires.

Quinto: Declaro no deber ni haber jamás debido nada a nadie.

Sexto: Aunque es verdad que todos mi anhelos no han tenido otro objeto que el bien de mi hija amada, debo confesar que la honrada conducta de ésta, y el constante cariño y esmero que siempre me ha manifestado, han recompensado con usura, todos mis esmeros haciendo mi vejez feliz. Yo le ruego continúe con el mismo cuidado y contracciòn la la educación de sus hijas (a las que abrazo con todo mi corazón) si que a su vez quiere tener la misma feliz suerte que yo he tenido; igual encargo hago a su esposo, cuya honradez y hombría de bien no ha desmentido la opinión que había formado de él, lo que me garantiza cotinuarà haciendo la felicidad de mi hija y nietas.

Séptimo: Todo otro Testamento o Disposición anterior al presente queda nulo y sin ningún valor.

Hecho en París a veintitrés de enero del año mil ochocientos cuarenta y cuatro, y escrito todo él de mi puño y letra. JOSE DE SAN MARTIN

Artículo adicional. Es mi voluntad que el Estandarte que el bravo Español Don Francisco Pizarro tremoló en la Conquista del Perú sea devuelto a esa republica (a pesar de ser una propiedad mía) siempre que sus gobiernos hayan realizado las recompensas y honores con que me honró su primer Congreso

Entrada del Libertador San Martin a Lima Su Obra de Gobierno

Entrada del Libertador San Martín a Lima

Luego de intensas negociaciones con el general José de la Serna, que había reemplazado al virrey Pezuela, fracasaron las distintas posiciones para que se reconociera la independencia de Perú, por lo que el 12 de julio de 1821 se produjo la gloriosa entrada del libertador san Martín a Lima.

Al ingresar a la ciudad rechazando todo tipo de homenajes y solemnidades, dio a conocer sus propósitos: “Mi intención es dar al pueblo los medios de proclamar su independencia y establecer el gobierno que le convenga, hecho esto consideraría terminada mi misión y me retiraré”.

Una vez más el Libertador de América dejaba en claro cuáles eran sus banderas. La última etapa de su Plan Continental estaba cerca, y San Martín sabía que su destino dependía en gran parte de la actitud que tomara el vencedor de Carabobo y libertador de los pueblos del Norte, general Simón Bolívar.

San Martin

El 12 de julio de 1821. Este día es memorable en los anales del Perú, a causa de la entrada del general San Martín en esta capital. Cualesquiera sean los cambios que ocurran en los destinos de aquel país, su libertad ha de establecerse; y jamás se olvidará que el primer impulso se debió enteramente al genio de San Martín, quien proyectó y realizó la empresa que estimuló a los peruanos para pensar y actuar por sí mismos.

En vez de venir con pompa oficial, como tenía derecho a hacerlo, esperó obscureciese para entrar a caballo y sin escolta, acompañado por un simple ayudante. En realidad, fue contrario a su intención primitiva entrar en la ciudad este día, pues estaba fatigado y deseaba ir tranquilamente a descansar en una quinta situada a legua y media de distancia, para entrar a la mañana siguiente al venir el día. (…)

En vez de ir directamente a palacio, San Martín fue a casa del marqués de Montemira, que se hallaba en su camino y, conociéndose al momento su venida, se llenaron pronto casa, patio y calle. (…)

El Cabildo, reunido apresuradamente, entró en seguida, y como muchos de ellos eran nativos del lugar y liberales, apenas podían ocultar su emoción y mantener la majestad apropiada para tan grave corporación, cuando llegaban por primera vez a presencia de su libertador.

Viejos, viejas y mujeres jóvenes, pronto se agruparon en torno de él; para cada uno tuvo una palabra bondadosa y apropiada, siempre yendo más allá de lo que esperaba cada persona que a él se dirigía. Durante esta escena estuve bastante cerca para observarlo atentamente; pero no pude distinguir, ya sea en sus maneras o expresiones, la mínima afectación; nada había de arrogante o preparado, nada que pareciera referirse a sí mismo; no pude siquiera descubrir el menor signo de una sonrisa de satisfacción.

Pero su modo, al mismo tiempo, era lo contrario de frío, pues estaba suficientemente animado, aunque su satisfacción parecía ser causada solamente por el placer reflejo de los otros. Mientras estaba observándole así, me reconoció, y atrayéndome hacia él, me abrazó a estilo español.

Di lugar a una bella joven, que, con grandes esfuerzos, había atravesado la multitud. Se arrojó en los brazos del general y allí se mantuvo durante un buen medio minuto, sin poder proferir otra cosa que: -“¡Oh, mi general, mi general!”.

Luego intentó separarse; pero San Martín, que había sido sorprendido por su entusiasmo y belleza, la apartó atrás, gentil y respetuosamente, e inclinando su cabeza un poco a su lado, dijo, sonriendo, que debía permitírsele demostrar su grato sentimiento de tan buena voluntad con un beso cariñoso. Esto desconcertó completamente a la sonrojada beldad, que, dando vuelta, buscó apoyo en el brazo de un oficial que estaba cerca del general, quien le preguntó si ahora estaba contenta: —”¡Contenta, exclamó: oh, señor!”.

BASILIO HALL,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

LA OBRA DEL PROTECTOR EN PERÚ: Sobre la acción gubernativa que desarrolló San Martín en el Perú, trahscribimos algunos párrafos de A. J. Pérez Amuchástegui, tomados de su obra Ideología y Acción de San Martín, (EUDEBA, 1966):

… “San Martín había asumido la misión de sustantivar la idea de Provincias Unidas en Sudaméríca emergente del acta de Tucumén. Y estaba dispuesto a lograr su objeto malgrado las escisiones, los localismos y los intereses partidistas. Para él no había más partido que el «americano», ni más objetivo político que la unificación nacional de Sudaméríca independiente.

Todo lo demás era accesorio y secundario, incluso la forma de gobierno, que habría de resolverse sobre la marcha, aprovechando las facilidades y coyunturas que se presentaren. Como ha demostrado Somoza, San Martín entendía que la solución era monárquico-constitucional, pero aceptaría y apoyaría con las armas la república si ésa era la auténtica voluntad multitudinaria.

Lo que urgía era organizar a Hispanoamérica libre como una entidad unívoca, capaz de ejercitar con dignidad y posibilidades económicas positivas la soberanía que los ejércitos libertadores habían reconquistado para el pueblo, esa multitud heterogénea que comparte necesidades y esperanzas, coadyuvando con su esfuerzo y su trabajo al logro de la común felicidad.

Esa idea rige la acción libertadora de San Martín, y subyace en toda su obra gubernativa como Protector del Perú, cargo que asumió el 3 de agosto de 1821, con el objeto esencial de obtener «fraternidad y unión a los demás pueblos libres de la América, para que prevalezca en ellos la libertad y el orden». Tan cuidadoso, tan preciso, tan correcto fue San Martín en su acción gubernativa que, pese a detentar el poder absoluto, promulgó y juró de inmediato un estatuto provisional que autolimitó sus atribuciones.

Se propuso y logró  «poner  a   los   pueblos en el ejercicio moderado de sus derechos», exigiendo de todos los esfuerzos tendientes a salvar la patria de la tiranía: ya tendrían tiempo, a su hora, de consagrarse a «las bellas teorías» en asambleas populares y colegios electorales. La obra protectoral fue intensa y admirable.

Como administrador, San Martín fue ejemplo de probidad y corrección, apuntalando un país a cuyas arcas fiscales, según ha señalado Macera, ingresaban semestralmente (1822) poco más de un millón y medio de pesos, que tenía gastos de guerra por un 75 por ciento de esa suma y que sin embargo dejaba un superávit de 35.383 pesos, gracias a la reducción radical de la burocracia, la depuración de la moneda y otros arbitrios financieros, la explotación racional de los bienes mostrencos, la eliminación del contrabando y la supresión del infame tributo indígena.

La educación pública preocupó hondamente a San Martín, y prueba de ello es su entusiasmo por la aplicación del sistema lancasteriano. La biblioteca de Lima es testigo de sus inquietudes por la extensión cultural, como también su decreto sobre libertad de imprenta y su protección a los monumentos arqueológicos.

El problema del nativo indígena y del esclavo, como ocurrió en toda la América hispana, fue resuelto por San Martin declarando la ciudadanía natural de los indios y la libertad de vientres; además, dispuso que, como homenaje a la toma de Lima, todos los años el Estado se haría cargo de liberar 25 esclavos.

La ciudadanía fue preocupación constante del Protector, como que de allí saldría el plasma humano que forjaría la nacionalidad; además de una reglamentación general, expidió San Martín el 26 de marzo de 1822 un decreto específico que habla a las claras de sus propósitos hispanoamericanos, pues concedía lisa y llanamente la ciudadanía peruana a todo americano residente en cualquier país de la América Meridional”…

Infancia de San Martin Estudios y Batallas en Europa Lugar Nacimiento

Nació el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Yapeyú, situado a orillas del caudaloso río Uruguay, que dependía del Virreinato del Río de la Plata. Su padre, don Juan de San Marín, había nacido en España y se desempeñaba como teniente gobernador del departamento.

Su madre, doña Gregoria Matorras, era sobrina de un conquistador del Chaco. Se trasladó a España junto con sus padres en el año 1786 donde ingresó al Seminario de Nobles de Madrid. En 1789 comienza su carrera militar en el regimiento de Murcia.

En la población de Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú, el 25 de febrero de 1778, Gregoria Matorras, española de Castilla la Vieja, tuvo su quinto hijo, José Francisco, un varón de tez morena y cabellos lacios y negros. Antes que él, ya habían nacido sus hermanos María Elena, Manuel Tadeo, Juán Fermín Rafael y Justo Rufino.

Todos eran hijos de Gregoria y del capitán Juan de San Martín. Entonces, a dos años de la creación del Virreinato del Río de la Plata, Yapeyú era una reducción de indios, fundada en 1626 por la Compañía de Jesús, por lo que no sorprende que la nodriza del futuro Libertador haya sido una indígena guaraní, de nombre Rosa Guarú.

El padre de San Martín, también castellano, había sido designado teniente gobernador de Yapeyú en 1774. En 1781, los San Martín se trasladaron a Buenos Aires, a una casa situada en la actual calle Piedras, entre Moreno y Belgrano. En 1783, la familia regresó a la metrópoli, a bordo de la fragata Santa Balbina. Al llegar a España, José Francisco tenía seis años.

San Martín viviendo en Europa, estudió en la Escuela de las Temporalidades de Málaga, donde se había instalado su familia. Pero su destino, al igual que el de sus hermanos, sería la carrera militar.

San Martín tomó parte en la guerra de la Península, y fue edecán del general Solano, marqués del Socorro, gobernador de Cádiz. Cuando aquel general pereció al furor del populacho, San Martín se escapó difícilmente de ser asesinado, respecto que al primer momento lo equivocaron con el marqués, a quien efectivamente se parecía mucho. San Martín se distinguió en la batalla de Bailen, de tal modo, que se atrajo la atención del general Castaños y su nombre fue honrosamente citado en los partes de aquella batalla memorable.

Ascendido al grado de teniente coronel, siguió haciendo la guerra a las órdenes del marqués de la Romana y del general Coupigny; pero, habiéndose levantado el grito de libertad en su país nativo, no pudo ser indiferente a tan sagrada invocación. Sin tener más que una vaga idea del verdadero estado de la lucha en América, resolvió marchar a serla tan útil como pudiera; y por la bondadosa interposición de sir Carlos Stuart, en el día Lord Stuart de Rothesay, obtuvo un pasaporte y se embarcó para Inglaterra, donde permaneció poco tiempo.

San Martín recibió de la bondadosa amistad de lord Macduff, actualmente conde de Fife, cartas de introducción y de crédito; y aunque San Martín no hizo uso de las últimas, habla de esta muestra de generosidad de su amigo respetable en términos de la mayor gratitud.

San Martín se embarcó en el buque Jorge Canning en el Támesis, y dio la vela para el Río de la Plata. Poco después de su llegada a Buenos Aires, se casó con doña Remedios Escalada, hija de una de las familias más distinguidas de aquella ciudad. Habiendo San Martín establecido su crédito de un modo honroso en las orillas del río Paraná, y adquirido la confianza de los argentinos, ascendió a mandos importantes.

GUILLERMO MILLER,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

SAN MARTÍN OBTIENE EL GRADO DE TENIENTE CORONEL: Como cadete del Segundo Batallón de Murcia, San Martín actuó en Marruecos contra los moros. Luego, pidió ser agregado a la compañía de Granaderos y, por primera vez, entró en combate. En 1793 se incorporó al ejército de Aragón, con el que fue destinado al Rosellón, sur de Francia.

Participó en la guerra contra Inglaterra, actuó en Portugal y Gibraltar. Estando en Cádiz ya había alcanzado el grado de segundo capitán del batallón Voluntarios de Campo Mayor. Durante la lucha contra Napoleón, su regimiento se incorporó al ejército de Andalucía, al mando del general Francisco J. Castaños.

Se distinguió en Arjonilla, frente a las avanzadas francesas del conde de Dupont y en Bailen, donde las tropas napoleónicas fueron derrotadas. San Martín fue ascendido a teniente coronel. En 1810, fue nombrado ayudante del marqués, de Coupigny y, luego, comandante agregado del Regimiento de Dragones Sagunto. Después se pondría al servicio de la emancipación de América.

SAN MARTÍN REGRESA A ARGENTINA: En 1811 San Martín alcanzó la jerarquía de teniente coronel graduado y, a mediados de ese año, solicitó su retiro con fuero militar con el pretexto de pasar a Lima para atender sus propiedades (que no tenía) en Perú. El 14 de septiembre de ese año se embarcó en Cádiz rumbo a Londres, con pasaporte para Lima.

Probablemente la logia londinense prefirió que el brillante jefe se trasladara al Río de la Plata, donde la revolución era dirigida por una élite comercial e intelectual decidida a afirmar la hegemonía de Buenos Aires sobre el resto del antiguo virreinato, y muy opuesta, por lo mismo, a toda posibilidad de unidad con las provincias hermanas del subcontinente meridional americano.

El 9 de marzo de 1812 llegó a balizas del puerto de Buenos Aires el navío comercial de bandera inglesa GeorgeCanning. En él retornaban al suelo natal personajes criollos de relevancia, entre ellos San Martín, e] sargento mayor Carlos de Alvear y el alférez José Matías Zapiola.

Apenas llegados, éstos organizaron el triángulo regente de la Logia Lautaro rioplatense. Las importantes cartas de presentación que poseían posibilitaron que de inmediato las autoridades los aceptaran al servicio de la revolución. A San Martín le fue encomendada la organización de un cuerpo modelo de caballería, que el jefe materializó con el primer escuadrón de Granaderos a Caballo.

Poco más tarde, contrajo matrimonio con María de los Remedios Escalada y de la Quintana, jovencita quinceañera que pertenecía a lo más granado de la clase alta porteña (12 de septiembre de 1812).

Entrada de San Martin a Santiago de Chile Triunfo de Chacabuco

Luego del triunfo de Chacabuco, el Ejército de los Andes hizo su entrada triunfal en la ciudad de Santiago. El Cabildo convocado, al que concurrieron los vecinos notables, proclamó como gobernador a San Martín, pero éste se negó. Los planes contemplaban seguir hostigando a las fuerzas españolas reunidas en el sur de Chile y continuar su campaña libertadora hasta el Perú. San Martín renunció a la gobernación y la asamblea designó a O’Higgins como gobernador de Santiago.

“En veinticuatro días hemos hecho la campaña, pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile”, así resumía San Martín la campaña de los Andes.

General San Martin

Aquella noche el general San Martín daba una gran fiesta y baile en honor del comodoro Bovvles (comandante británico en el Pacífico), cuya fragata Amphion, estaba anclada en la bahía de Valparaíso. Todos los ingleses iban a asistir a la fiesta y nos ofrecieron cortésmente invitaciones a mister Robinson y a mí; en consecuencia, por la noche, nos rasuramos por primera vez desde nuestra partida de Mendoza, y vistiéndonos para la ocasión, nos dirigimos al Cabildo, grande edificio público donde tenía lugar la reunión.

Se había arreglado para la fiesta el espacioso patio cuadrado del Cabildo y sido techado con un toldo adornado con banderas enlazadas de Argentina, Chile y otras naciones amigas; todo se hallaba bellamente iluminado con farolillos pintados y algunas ricas arañas de cristal colgaban en diferentes partes del techo.

El gran salón y las habitaciones que cuadraban el patio se habían destinado para cena y refrescos, y otros cuartos se habían dispuesto para las autoridades superiores, civiles y militares.

Esa noche fui presentado al general San Martín, por mister Ricardo Price y me impresionó mucho el aspecto de este Aníbal de los Andes. Es de elevada estatura y bien formado, y todo su aspecto sumamente militar: su semblante es muy expresivo, color aceitunado oscuro, cabello negro, y grandes patillas sin bigote; sus ojos grandes y negros tienen un fuego y animación que se harían notables en cualesquiera circunstancias.

Es muy caballeresco en su porte, y cuando le vi conversaba con la mayor soltura y afabilidad con los que le rodeaban; me recibió con mucha cordialidad, pues es muy partidario de la nación inglesa.

La reunión era brillantísima, compuesta por todos los habitantes de primer rango en Santiago, así como por todos los oficiales superiores del ejército; cientos se entregaban al laberinto del vals y el contento general era visible en todos los rostros. (…)

Muchos de mis compatriotas estaban en el ejército patriota y entre los presentes a la reunión se contaban el capitán O’Brien y los tenientes Bownes y Lebas; éstos habían estado en la batalla de Chacabuco. Algunos oficiales de la Amphion participaban también de la diversión. Durante la cena, que se sirvió de manera muy suntuosa y espléndida, muchos brindis patrióticos y cumplimientos se cambiaron entre los funcionarios principales, civiles y militares, y nuestro comandante naval.

Después del refrigerio los concurrentes reanudaron la danza, y según entiendo continuaron hasta mucho después de venir el día, pero sintiéndome fatigado, me retiré poco después de media noche para disfrutar la primera noche de descanso en la capital de Chile.

SAMUEL HAIGH,
EN SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

Entrevista de Guayaquil Acuerdos entre San Martin Bolivar

LA ENTREVISTA EN GUAYAQUIL ENTRE SAN MARTÍN Y BOLÍVAR

UNIÓN PERPETUA EN PAZ Y EN GUERRA
El 1° de mayo llegó a Lima, en cumplimiento de lo prometido, Joaquín Mosquera, plenipotenciario de Colombia, con la misión de negociar un tratado con el Perú. San Martín encomendó a Monteagudo su representación, y el 9 ambos comisionados iniciaron las conferencias pertinentes. Resultado de ellas fueron los Tratados del 6 de julio, por los que ambos Estados sellaban un pacto de “unión perpetua” en paz y en guerra mediante una especie de confederación, y declaraban solemnemente su compromiso de ejercitar todas sus influencias para que el resto de las otrora colonias españolas adhirieran al mismo.

En las negociaciones quedó claro que Colombia repudiaba el régimen monárquico; pero en los Tratados, los fines últimos perseguidos por los libertadores se cumplían satisfactoriamente. Había independencia y unidad, aunque esta última no podría consolidarse en un imperio sino a través de Estados independientes.

Con buenas razones diría el monárquico Monteagudo nueve días más tarde: “El nombre del rey se ha hecho odioso a los que aman la libertad; el sistema republicano inspira confianza a los que temen la esclavitud; este gran problema será resuelto en el próximo Congreso —convocado por decreto del 27 de diciembre de 1821—: la voluntad general dará la ley y ella será respetada y sostenida”.

El día anterior, 14 de julio, San Martín había delegado nuevamente el mando en Torre Tagle y partido hacia Guayaquil: todo indica que ahora está dispuesto San Martín a aceptar el régimen republicano propiciado por Bolívar.

CONFERENCIAS EN GUAYAQUIL
Antes de embarcarse, San Martín había sospechado la trampa que se preparaba al doctrinario del hispano-americanismo; tanto, que le ofreció una misión diplomática, que Monte-agudo rechazó porque Torre Tagle aducía la necesidad de tenerlo imperiosamente a su lado. Iba ahora nuevamente San Martín en busca de Bolívar, pero sabiendo que carecía de fuerza militar y respaldo político.

Sin embargo, existían unos Tratados que aseguraban y testimoniaban la identidad de sentimientos y convicciones compartidos con Bolívar en cuanto al objetivo primordial de la revolución hispanoamericana: independencia y unidad. Lo mismo sabía Bolívar. Y los dos libertadores del subcontinente meridional conferenciaron largamente, en Guayaquil, a puertas cerradas, los días 26 y 27 de julio, conscientes de que, como apuntó Monteagudo, “ambos podrían extender su influjo a una gran distancia de la equinoccial, uniformar la opinión del Norte y del Mediodía y no dejar a los españoles más asilo que la tumba o el océano”.

Las fuentes históricas disponibles —dejando de lado controversias— y nunca impugnadas, permiten asegurar que los libertadores discutieron y acordaron por lo menos lo siguiente:

1. San Martín pidió a Bolívar apoyo militar y éste accedió, aunque los refuerzos enviados fueron menores que los esperados por aquél.

2. Aunque San Martín ofreció a Bolívar ser su lugarteniente en el Perú, se estimó que la presencia de ambos crearía serios problemas en ese país.

3. En 36 horas de conversaciones, trazaron planes para asegurar la libertad y la independencia de Sudamérica. San Martín aplaudió los proyectos de Bolívar —iniciados con los Tratados— de federación continental “bien entendida”.

4. San Martín comunicó a Bolívar que había decidido retirarse del Perú,actitud que, para el último, era “un sublime ejemplo de desprendimiento”.

5. Ambos convinieron en que el voto de los pueblos debía ser respetado y apoyado. El problema de la dependencia de Guayaquil (Perú o Colombia) sólo fue tratado superficialmente, pues ya Bolívar, de hecho, había logrado el apoyo multitudinario favorable de los quiteños.

Quizá nada sea más elocuente que la opinión de Monteagudo —confidente primero de San Martín y luego de Bolívar— sobre los resultados de estas conferencias. A su juicio, fueron satisfactorios, porque en ellas se convino “asegurar la independencia sudamericana, abrir el camino para la pacificación interior de los pueblos y uniformar la opinión política continental”.

RENUNCIA ANTE EL CONGRESO Y ALEJAMIENTO DE LA PATRIA
Fiel a su propósito, San Martín renunció con carácter indeclinable el Protectorado del Perú ante el Congreso Soberano reunido en Lima el 20 de setiembre de 1822. De inmediato se embarcó rumbo a Valparaíso. Su alejamiento fue al parecer trágico para el Perú, pues la puja por la posesión del poder produjo un verdadero caos político. La situación se tornó insostenible cuando, a raíz de la derrota de Moquegua (21 de enero de 1823), el Perú quedó inerme. Entonces abundaron los pedidos de arrepentidos —como José de la Riva Agüero— para que retornara San Martín.

Pero el Generalísimo de los Ejércitos del Perú se negó sistemáticamente a regresar, aunque jamás se desinteresó por la suerte peruana. Desde Mendoza —su “ínsula cuyana”— seguía minuciosamente las alternativas de la política, convencido de que llegaría el momento en que los peruanos clamarían por la presencia de Bolívar, necesitados de un brazo fuerte que pudiera imponerse tanto a los españoles como a los “díscolos”.

Por algo había confesado a Guido que prefería irse del Perú, porque no estaba dispuesto a fusilar a muchos compañeros que lo habían seguido a lo largo de sus campañas. A juicio de San Martín, la única solución para el Perú consistía en tomar “medidas ejemplares”. El no podía hacerlo, pero Bolívar sí.

La permanencia de San Martín en su “ínsula” resultaba intrigante. No abandonó ese lugar de observación a pesar de las continuas noticias que le llegaban sobre la gravedad de su esposa, ni tampoco se trasladó a Buenos Aires al conocer la muerte de Remedios. San Martín no era escéptico ni desamorado: era el Fundador de la Libertad del Perú y sobre él pesaba la responsabilidad de la suerte peruana. Por ello, debía vigilar atentamente las alternativas que se producían en aquel país. Sin embargo, había pedido su pasaporte al gobierno de Lima para pasar a Europa: pero no se movería de Mendoza hasta conocer la decisión de Bolívar.

Y cuando éste, llamado angustiosamente por el Congreso, asumió la dictadura del atribulado Perú, San Martín entendió que había terminado la obra emprendida y podía alejarse de América. El 3 de agosto de 1823 —casualmente el día en que Remedios falleció— escribió a Bolívar: “Amigo mío: Deseo concluya usted felizmente la campaña del Perú, y que esos pueblos conozcan el beneficio que usted les hace. Adiós, mi amigo: que el acierto y la felicidad no se separen jamás de usted, son los votos de su invariable JOSÉ DE SAN MARTÍN”.

Sólo entonces partió para Buenos Aires, visitó la tumba de Remedios, alzó a su pequeña Mercedes y se embarcó con rumbo a Inglaterra (10 de febrero de 1824), desdeñando la petulancia de Rivadavia —que pretendió fijarle normas para su futuro comportamiento— y la insolencia de los pasquines oficialistas. Se iba en paz con su conciencia: la acción concurrente suya y de Bolívar había sentado definitivamente las bases para la total independencia del Perú —último foco de la resistencia realista—, y los Tratados del 6 de julio abrían fértiles perspectivas para la unidad de Hispanoamérica independiente.

CARTA DE SAN MARTÍN A BOLÍVAR:

En una carta fechada en Bruselas el 18 de mayo de 1827, San Martín le aconsejaba a Simón Bolívar:”Al llegar ahora hasta mí las más alarmantes noticias, siendo la más grave la que se refiere a federar a Solivia, el Perú y Colombia con el vínculo de la Constitución vitalicia, cuyo jefe supremo vitalicio sería V.E. y con la facultad de nombrar sucesor, me apresuro y me permito darle el mismo consejo que el año 22 pusiera en práctica al sacrificar mi posición personal de aquella hora, para que pudiera triunfar la causa de la Libertad americana. Vuestra obra está terminada, como lo estuvo la mía; deje que los pueblos libres de América se den el gobierno que más les convenga a su estructura política y retorne V.E. a la vida privada con la inmensa satisfacción de haber sido el Libertador de todo un continente”.

San Martin regresa a Buenos Aires Regreso al Rio de la Plata

FRUSTRADO REGRESO AL RÍO DE LA PLATA

En 1825 las provincias rioplatenses entraron en guerra con Brasil. La presencia de Rivadavia al frente del gobierno impedía a San Martín ofrecer sus servicios, ante la seguridad de que serían rechazados; además, consideraba “impolítica” toda guerra entre Estados americanos.

Pero como, al mismo tiempo, observaba la política europea y sabía que, entre los planes españoles, seguía vigente la reconquista, se puso al tanto de que Fernando VII preparaba, sin prisa y sin pausa, con el beneplácito de Francia y Rusia, otra expedición hacia América, como la fallida de 1820.

Cuando se enteró de que había terminado la guerra con Brasil y que las condiciones internas del Río de la Plata no eran satisfactorias (la Constitución de 1826 había sido rechazada por todas las provincias y el escandaloso tratado de paz propuesto por Manuel José García había provocado la estrepitosa caída de Rivadavia y el Congreso), quiso conocer personalmente el estado en que se hallaba su país natal.

En Falmouth se embarcó rumbo al Plata, y cuando llegó a Río de Janeiro tuvo conocimiento de la revolución unitaria del 1° de diciembre de 1828 y el asesinato del gobernador Manuel Borrego. Quizá más dolorido que asombrado, al llegar a Buenos Aires permaneció en balizas, pidió su pasaporte y fue a residir en Montevideo.

El desesperado general Juan Lavalle envió agentes ante San Martín para ofrecerle el gobierno, pero el recio militar rechazó con energía el ofrecimiento, y recordó a su antiguo oficial que una gota de sangre americana ahorrada valía más que cualquier solución política. El sable de San Martín no habría de mezclarse en luchas intestinas.

Por ese tiempo se encontraba en Montevideo el general San Martín. Fui a visitarlo y me hizo un recibimiento lleno de halagos, presentándome a todos los que estaban en la mesa del hotel, diciendo: “Presento a ustedes a uno de mis muchachos”. En seguida, empezó a hacerme preguntas sobre mis heridas, como para hacer saber que las había recibido en la guerra de la Independencia.

El general San Martín desaprobaba la revolución del 1° de diciembre. Luego que se presentó en la rada de Buenos Aires, Lavalle, le mandó una comisión llamándole y ofreciéndole ponerse a sus órdenes; el general se negó, y ni aun quiso desembarcar, regresando a Montevideo. “Yo no podía aceptar sus ofertas, me decía un día, porque José de San Martín, poco importa, pero el general San Martín, da mucho peso a la balanza y tú sabes que he sido enemigo de revoluciones, y que no podía ir a ponerme al servicio de una de ellas. Cuando Bolívar fue al Perú, yo tenía ocho mil hombres, podía sostenerme, arrojarle; pero era preciso dar el escándalo de una guerra civil entre dos hombre que trabajaban por la misma causa, y preferí resignar el mando. Al cabo, Bolívar quería lo mismo que yo.”

MANUEL A. PUEYRREDÓN,  SAN MARTÍN VISTO
POR SUS CONTEMPORÁNEOS.

Actividades de San Martin en Europa Por Reconocimiento de Argentina

HASTA QUE ESTA NAVE LLEGUE A PUERTO…
Muchos años antes, en 1816, había manifestado San Martín al diputado mendocino ante el Congreso, Tomás Godoy Cruz, que no abandonaría la lucha “hasta que esta nave llegue a puerto”. Pero a comienzos de 1824 la “nave”, lejos de haber “llegado a puerto”, se hallaba a la deriva.

La situación política en Europa permitía inferir la posibilidad de que la Santa Alianza, y muy particularmente Francia, ayudaran a Fernando VII en sus aspiraciones de reconquistar el perdido imperio indiano.

San Martin Procer Argentino

En carta a Molina del 17 de mayo manifestó claramente San Martín la intención de iniciar un viaje, que no sería inútil a los intereses hispanoamericanos, por cuanto se proponía averiguar, en Gran Bretaña, “la opinión del pueblo y gobierno con respecto a la América”.

Pensaba San Martín que, si el gobierno británico reconocía a los nuevos Estados, otras potencias europeas seguirían su ejemplo, con el consiguiente rozamiento entre ellas y la Alianza. La crisis política así desatada permitiría a sus paisanos fortalecerse y consolidarse, sin el peligro de invasiones ni amenazas foráneas.

Tan exactas eran esas apreciaciones que también George Canning, el 17 de mayo, puntualizaba que el ministerio español “haría bien en cerciorarse —respecto de una eventual ayuda— de su existencia y alcances, antes de confiar demasiado en los consejos de la Alianza”. A juicio de San Martín, pues, la “nave” nunca llegaría “a puerto” sin el reconocimiento formal de la mayor potencia marítima, y era preciso ahora luchar, en otro campo, para que ello ocurriera.

En la carta a Molina del 17 de mayo, San Martín propiciaba, también, la urgente constitución de “un gobierno central” en cada uno de los Estados, pues, de otra manera, difícilmente Gran Bretaña podría dar el paso decisivo del reconocimiento. Meses después, el 23 de agosto, Canning comunicaba a su plenipotenciario en Buenos Aires,Woodbine Parish, con carácter “reservadísimo”, que no diera la menor esperanza en cuanto al problema del reconocimiento mientras no se produjera la “centralización del gobierno”.

Las esperanzas de San Martín y sus oficiosas gestiones en Europa culminaron exitosamente cuando, mejor último, Gran Bretaña procedió a reconocer oficialmente la independencia hispanoamericana el 4 de enero de 1825.

Para esa fecha, San Martín residía en Bruselas luego de varios cruces del canal de la Mancha para enterarse, a través de Manuel Hurtado, representante de Bolívar, del estado de las negociaciones con Canning.

Por eso, tres días antes del anuncio del gobierno inglés, el 1° de enero, pudo decir en carta a Vicente Chilavert: “Ya tiene usted reconocida nuestra independencia por la Inglaterra. La obra es concluida y los americanos comenzarán ahora a saborear el fruto de sus trabajos y sacrificios”.

Bloqueo Anglo Frances al Puerto de Buenos Aires San Martin y Rosas

CONFLICTOS CON FRANCIA E INGLATERRA
En 1838 la escuadra francesa bloqueó el puerto de Buenos Aires, sin otro argumento que la negativa del gobernador y encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, Juan Manuel de Rosas, a considerar carácter de plenipotenciario al vicecónsul Aimé Roger.

Los enemigos de Rosas se aliaron con los franceses, y San Martín sintió profunda indignación. Como militar, ofreció su sable a Rosas para actuar en la jerarquía que se le ordenara. El gobernador declinó el ofrecimiento, manifestando que la gravedad no era tanta como para molestar al ilustre guerrero, al tiempo que designó a éste su ministro plenipotenciario ante el Perú.

Tampoco aceptó San Martín ese cargo por razones de delicadeza, pero desde entonces San Martín y Rosas intercambiaron correspondencia. Por encima de todo, lo que asqueaba al campeón de la independencia era que existieran “americanos que, por un indigno espíritu de partido, se aliaran al enemigo extranjero para humillar a su patria”, razón por la cual declaraba que “una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.

Idéntica actitud asumió San Martín ciando se produjo el bloqueo anglo-francés a Buenos Aires en 1845. A pedido del cónsul argentino en Londres, Federico Dickson, hizo San Martín —que se hallaba en Nápoles— una minuciosa crítica a este abuso de los fuertes, al tiempo que demostraba las óptimas posibilidades que tenía Rosas para vencer (28 de diciembre). La nota fue publicada en el Morning Chonicle y causó hondo impacto en el gabinete británico, que muy pronto dispuso iniciar tratativas de paz.

Los sucesos de París en julio de 1848 aconsejaron a San Martín abandonar la capital y refugiarse en Boulogne-sur-Mer; su reuma lo agobiaba, una afección a la vista lo conducía irremediablemente a la ceguera total. El gabinete francés había refrenado ras pretensiones colonizadoras, sobre iodo porque en el Plata el bloqueo era cada vez más inoperante.

La prensa de París, por conducto de Emile Girardín, fustigaba a diario al ministerio por lo que constituía un abuso sobre Mises en apariencia indefensos, que ponían en jaque a la poderosa escuadra francesa. Sólo el partido que dirigía el ardiente colonialistaAlphonse Thiers mantenía la exigencia del bloqueo y el envío de una poderosa flota que demoliera toda resistencia. Ni siquiera cedió Thiers en su posición cuando Gran Bretaña decidió abandonar el bloqueo y hacer la paz con la Confederación (noviembre de 1849).

En la emergencia, el ministro Bineau resolvió consultar al famoso libertador sudamericano. San Martín, casi ciego y próximo a morir, escribió, por mano de su hija, un alegato en el que ampliaba los argumentos asentados en su carta a Dickson, y puntualizaba la injusticia y la inutilidad del bloqueo (23 de diciembre de 1849). Esa nota fue leída en la Legislatura por el ministro Bouther, y con ella logró derrotar a Thiers. De inmediato el gobierno francés —que había preparado una fuerte escuadra para atacar Buenos Aires— dio instrucciones al barón de Mackau para que marchara al Plata y, en carácter de ministro plenipotenciario, acordara la paz en los términos exigidos por la Confederación.

El coronel mayor de la Argentina, brigadier general de Chile, generalísimo y Fundador de la Libertad del Perú, José de San Martín, murió en Boulogne-sur-Mer el 17 de agosto de 1850, a las 3 de la tarde. Sobre su lecho mortuorio, un retrato de Bolívar ostentaba el lema: “Unión, unión y seremos invencibles”.

Antes de que la triste noticia atravesara el Atlántico, el 2 de setiembre, el almirante Le Prédour y el ministro Felipe Arana, en nombre de los gobiernos francés y argentino, firmaron la convención de paz. La bandera argentina fue desagraviada en la forma de estilo, y la Confederación obtuvo uno de los más significativos triunfos de su historia militar y diplomática.

Buena parte de esa victoria se debió al anciano patriota, que hasta el último instante de su vida luchó con toda vehemencia por su mística hispanoamericana. Por eso mismo, el artículo 39 del testamento de San Martín declara al general Rosas heredero de su glorioso sable, en virtud de “la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

Campaña al Peru de San Martin Antecedentes y Desarrollo Batallas

“Lo importante es ser libres; lo demás no importa nada” José de San Martín

LA INDEPENDENCIA DE PERÚ
DESARROLLO – BATALLAS

En Europa, luego de la caída de Napoleón, gobernaban los monarcas absolutos que formaban la Santa Alianza y se oponían a el control de los parlamentos. Sólo Holanda e Inglaterra tenían gobiernos parlamentarios. En Francia reinaba Luis XVIII y en España Ferrando VII era un déspota absoluto. Chile y el Río de la Plata estaban emancipados de hecho luego de Chacabuco y Maipú. En el norte, Bolívar expulsaba a los realistas de Nueva Granada y los acorralaba en Venezuela. La flota de Chile dominaba el Pacífico y los realistas sólo ocupaba Quito y Perú. Los Gobiernos de Estados Unidos y el de Inglaterra comenzaban a demostrar interés en reconocer la independencia de las repúblicas de Sudamérica, y llegaban a Buenos Aires noticias de las opiniones progresistas británicas al respecto.

General San Martín

En España se produce la revolución de Rafael de Riego, que obligó al rey a aceptar la constitución liberal de 1812. El ejército combinado estaba constituido por alrededor de 4500 hombres, pertenecientes al ejército de los Andes y al ejército chileno. El jefe del estado mayor era el general Juan Gregorio Las Heras y formaban parte el general Arenales, el anterior gobernador de Cuyo, Luzuriaga, Tomás Guido, Álvarez Jonte, Bernardo Monteagudo y Juan García del Río. La flota se componía de ocho buques de guerra y diez y seis transportes tripulados por 1600 marinos. El 20 de Agosto de 1820 partía de Valparaíso la expedición bajo el pabellón chileno, en medio de las salvas de la artillería y las aclamaciones del pueblo y las damas de Santiago.

El almirante Cochrane encabezaba la expedición en la O´Higgins mientras que el Libertador y su estado mayor navegaba en el San Martín. La expedición toca tierra en Pisco, al sur del Perú. Las fuerzas que defendían la ciudad, ante la superioridad del enemigo se retiran a la sierra.

I II III IV V VI
Bregó por la unidad continental americana Fue un genial estratega de la guerra Subordinó la fuerza de las armas a la política Antepuso la ética a los intereses de la política No aspiró al poder ni a los honores personales Rindió culto” a la mesura y a la austeridad

San martín repone las montas de los granaderos requisando los caballos y libera a los esclavos que quieran incorporarse al ejército. El virrey Pezuela tenía sus tropas, unos veinte mil hombres, repartidos por todo el territorio a lo largo de la costa, desde Guayaquil hasta Arica y en el alto Perú, pero el grueso defendía la capital, Lima. Al tener noticias del desembarco inicia tratativas diplomáticas.

San Martín envía como representantes a sus amigos, Guido y García del Río, que, además de la misión diplomática, debían informar acerca de la preparación de las fuerzas realistas y establecer contactos con los patriotas peruanos. Fracasadas éstas tratativas, San Martín destaca una división al mando de Arenales para que marche hacia Lima por el camino de la sierra y promueva la insurrección en las poblaciones. Antes de partir de Pisco crea la bandera y el escudo peruano y reembarca al resto del ejército a fines de octubre.

Cuando la flota llega a la altura del Callao, hacen una pasada frente a las fortalezas pero lejos del alcance de los cañones para mostrar su fuerza: desfilan, ante una muchedumbre que las contemplaba desde las torres de la fortaleza, ocho naves de combate y diecisiete transportes. A comienzo de noviembre desembarca el ejército en la localidad de Huacho, al norte del Callao.

Mientras tanto, se había producido la revolución en Guayaquil el 9 de octubre y se formó una junta presidida por José Joaquín Olmedo y se puso bajo la protección de los libertadores San Martín y Bolívar. Días más tarde, Cochrane, en una acción muy audaz, arrebata la nave insignia española, Esmeralda, fondeada en el puerto del Callao y bloquea la bahía. Desde ese momento los realistas no pueden ser abastecidos por mar. San Martín fortifica su posición en Huacho y comienza su intento de sitiar Lima. Sigue con sus trabajos de inteligencia: arma a los rebeldes que se organizan en montoneras que asolan los alrededores de la Capital. El batallón realista Numancia, formado por levas colombianas, deserta de sus filas y se pliega a los patriotas con seiscientos hombres y todos sus bagajes.

Las poblaciones al norte de Lima se sublevan y, en la ciudad de Trujillo, el marqués de Torre-Tagle enarbola la nueva bandera del Perú y jura la independencia. Luego de obtener estas ventajas sin comprometerse a un combate formal, el Libertador pone sitio a Lima. El 29 de enero se sublevan los oficiales realistas contra el virrey Pezuela, éste es derrocado y en su lugar es nombrado virrey el general La Serna. La Serna invita a San Martín a celebrar negociaciones de paz. Por los patriotas concurrieron Guido y Alvarado.

Los independientes sostuvieron que la única base de un acuerdo era la independencia del Perú, a la cuál los realistas no podían acceder y entonces las negociaciones fracasaron. El sitio de Lima continuaba y la vida en la ciudad se hacía insoportable, el descontento cundía. En esas circunstancias, marzo de 1821, arribó al Perú el capitán Manuel Abreu, encargado del nuevo gobierno constitucional de España para llegar a una solución pacífica con los independientes. El rey de España había mandado emisarios a las colonias en son de paz, lo que dio lugar en México a la proclama de Iturbide en el pueblo de Iguala donde proclamó la independencia, y en Colombia Bolívar firma un armisticio con Morillo.

San Martín inicia dos campañas: una a cargo de Miller con sus tropas de desembarco sobre las costas del sur y otra nueva campaña de Arenales a la sierra. Al mismo tiempo embarca a su ejército en Huacho y lo desembarca en Ancón, próximo a Lima, estrechando el cerco de la ciudad. Simultáneamente inicia negociaciones de paz. Nombró como delegados a Guido, García del Río y José Ignacio de la Rosa; el virrey La Serna al emisario Abreu, Manuel de Llano y Mariano Galdiano. Se reunieron en la hacienda de Punchauca, cerca de Lima, a fines de abril de 1821.

Los españoles proponían la aceptación de la constitución de Cádiz de 1812 por los americanos y el envío de delegados a las Cortes de Madrid. Los americanos proponían la independencia de Las Provincias Unidas, Chile y el Perú. El 2 de junio se reúnen San Martín y La Serna. San Martín hizo la propuesta de establecer una regencia en el Perú en nombre de un futuro príncipe europeo que ejercería una monarquía constitucional. El Virrey propuso consultar a las corporaciones del virreinato y dijo que en dos días habría una respuesta. La Serna, en lugar de consultar a las corporaciones, como se había convenido, consultó primero con los oficiales de su ejército. Éstos rechazaron la propuesta pues no estaban autorizados a conceder la independencia a las colonias, aunque se tratara de una monarquía.

El Virrey respondió que no estaba autorizado a reconocer la independencia del Perú pero que era posible firmar un armisticio hasta que la corte aceptara las propuestas de San Martín. Los independientes no aceptaron, pero prolongaron el armisticio por doce días más y permitieron el abastecimiento de la plaza sitiada por motivos humanitarios. Los Españoles comenzaron los preparativos para abandonar la ciudad y el 5 de julio y partieron hacia la sierra. El diez de julio por la tarde, entró San Martín a Lima con traje de paisano, para no ser reconocido, mientras los realistas salvaban el resto de su ejército internándose en los valles de la cordillera. Todavía una guarnición de 2000 hombres resistía el sitio en la fortaleza del Callao. Mientras esto sucedía en Lima, bolívar vencía a los realistas en la Batalla de Carabobo, 24 de junio, y el 29 entraba triunfante en Caracas.

El cerco estrechaba a los realistas tanto por los ejércitos del norte como por los del sur. Protector del Perú Desde Lima, San Martín le escribe a O´Higgins sus pensamientos: “Al fin, con paciencia y movimientos, hemos reducido á los enemigos á que abandonen la capital de los Pizarros : —al fin nuestros desvelos han sido recompensados con los santos fines de ver asegurada la independencia de la América del Sud. —El Perú es libre. —En conclusión, ya yo preveo el término de mi vida pública, y voy á tratar de entregar esta pesada carga a manos seguras, y retirarme á un rincón á vivir como hombre.”

El libertador anticipa a su amigo las decisiones que tomará un año después. El 28 de julio se proclama la independencia del Perú. San Martín, desde un tablado levantado en la plaza mayor declaro: ” El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad de los pueblos y de la justicia de su causa que Dios defiende.” Levantó la bandera roja y blanca y fue aclamado por la multitud.

El 4 de agosto de 1821, a pedido de una diputación del Cabildo de Lima y por sugerencias de los miembros de la logia Lautaro, San Martín acepta ser nombrado Protector del Perú, y cabeza del gobierno. Designa ministro de hacienda al peruano Unanue, García del Río es ministro de relaciones exteriores y Monteagudo de guerra y marina. Las Heras comandaba el ejército al que se agregan regimientos con la nueva bandera peruana. Al frente de la infantería estaba Miller y la caballería al mando de Brandzen.

Las reformas políticas fueron muy importantes: se abolió el servicio personal de los indígenas, las encomiendas, los repartimientos y las mitas, se declaró la libertad de vientres y se emancipó a los esclavos que tomaran las armas por la independencia, se abolieron los azotes en las escuelas, se fundó la biblioteca nacional, se estableció la libertad de imprenta y se abolió la censura previa. Se eliminaron los tormentos y se suprimió el tribunal de la Inquisición.

Todavía los realistas, al mando del general La Mar, resistían sitiados en la fortaleza del Callao. El 14 de agosto, Las Heras efectúa un intento de asalto pero es rechazado. Mientras en Lima los patriotas organizaban el nuevo gobierno, los realistas se reagrupaban en la sierra, en la ciudad de Jauja. Los primeros días de setiembre se creyeron listos para realizar una ofensiva. Un ejército de 3500 hombres al mando del general Canterac avanzó hacia Lima. San Martín dispuso sus tropas en defensa de la ciudad cortando la marcha de los realistas, pero el objetivo de Canterac era reunirse con los defensores del Callao y aprovisionarse de armamento del que carecían.

San Martín permaneció a la expectativa de los movimientos enemigos y cuando en ejército español entró al Callao, supo que la batalla estaba ganada sin arriesgar sus soldados. En la fortaleza no había víveres para más de tres días. Canterac tuvo que abandonar el Callao el 16 de setiembre y, perseguido por las tropas de Las Heras, regresó a Jauja con su ejército diezmado. El 21 de setiembre se rendía el general La Mar y las banderas peruanas flamearon en las torres del Callao.

Mientras se rendía la fortaleza, se producía desavenencias entre Cochrane y San Martín, en una disputa acerca del pago y el mantenimiento del ejército. Finalmente, una vez rendido el Callao, ya no era necesario el bloqueo y el Libertador envía a Cochrane a Chile para que diera cuentas a ese gobierno de la continuidad de la escuadra. El Almirante zarpa del Callao en octubre pero en vez de regresar a chile, sale en búsqueda de la dos últimas fragatas de la marina española en esas aguas: Prueba y Venganza. Éstas naves bloquearon el puerto de Guayaquil en diciembre de 1821 sin encontrarse con la escuadra de Cochrane. En ese puerto se encontraba el general La Mar que luego de la rendición del Callao había pasado a las tropas del Perú. La Mar convenció a los capitanes de que era mejor rendirse pues de lo contrario caerían en mano de Cochrane que los buscaba en el Pacífico. Los capitanes se rindieron a comienzos de 1822. Éstas fueron las últimas naves españolas del pacífico sur.

La fragata Prueba, rebautizada Protector, inició la marina peruana y su primer comandante, el almirante Blanco Encalada. Toma de Quito A comienzos de 1822 quedaban dos ejércitos realistas de importancia en América del sur. Los que dominaban Quito, al mando del general Aymerich y los del sur del Perú comandados por el general Canterac. Bolívar había nombrado al general Antonio José de Sucre al mando de las tropas del sur, quien se embarcó para Guayaquil en mayo de 1821. Con este ejército inicia el avance hacia Quito pero es detenido por los realistas en Bomboná.

En el mes de octubre de 1821, Sucre demanda el auxilio de tropas del Perú para poder emprender una nueva campaña sobre Quito. San Martín destaca una división auxiliar a cargo del general Andrés Santa Cruz con 1500 hombres formados por granaderos de los Andes al mando de Félix Olazábal y un cuerpo de caballería al mando de Juan Lavalle. El ejército de Colombia se une al combinado argentino, chileno y peruano. Mientras tanto, San Martín delega la autoridad política en Torre-Tagle y convoca a un congreso (27 de diciembre de 1821). Ordena una campaña comandada por Domingo Tristán en la localidad de Ica, al sur de Lima.

Las fuerzas patriotas son derrotadas por el general Canterac el 7 de abril de 1822. El 21 de abril las tropas combinadas de Colombia y la división auxiliar, al mando de Sucre, ganan la batalla de Río Bamba, que despeja la ruta a la ciudad de Quito. Un mes más tarde, el 24 de marzo los patriotas derrotan a los realistas al mando del general Aymerich en la batalla de Pichincha. Al día siguiente Sucre entra vencedor en Quito. Con esta victoria, el norte de América del Sur quedaba libre de realistas.

Las fuerzas del Río de la Plata y las de Chile, que luchaban desde el Sur, se habían unido a las de Venezuela y Colombia que bajaban desde el Norte. Ambos extremos de la revolución se tocaban después de doce años de lucha. El dominio de los realistas quedaba reducido a la posesión del Alto Perú y los puertos intermedios, en una zona de alturas, difícil, donde los ejércitos del Río de la Plata siempre habían fracasado. Todavía podían reunir un ejército veterano de más de 15.000 hombres y contaban con buenos generales como Canterac y La Sarna.

San Martín sabía que su ejército no bastaba para vencerlos, era necesario la unión de las fuerzas patriotas del Norte y del Sur para expulsar a los realistas del Alto Perú. Guayaquil Bolívar entró en Guayaquil el 11 de julio de 1822 y al día siguiente la ciudad incorporó la provincia a Colombia. San martín se embarcó desde el Callao hacia ese puerto en la goleta Macedonia llegando a la mañana del día 25 de julio.

El libertador del norte le ofrece al Protector del Perú su hospitalidad y lo aloja en una espléndida residencia donde lo espera el día 26. Allí San Martín recibe la visita de las corporaciones de la ciudad que le brindan un cálido recibimiento. Cuando los libertadores quedaron solos conferenciaron durante algo más de una hora. Por la tarde San Martín devolvió a Bolívar la visita protocolar. El día 27 San Martín embarca su equipaje anunciando que partirá esa misma noche. A la una de la tarde se dirigió a la residencia de Bolívar y conferenció sin testigos durante cuatro horas.

Terminada la conversación se reunieron en la sala de banquete donde se sentaron uno al lado del otro. Bolívar brindó “Por los dos hombres más grandes de la América del Sud: el General San Martín y Yo”. San Martín contestó: “Por la pronta conclusión de la guerra; por la organización de las diferentes Repúblicas del continente y por la salud del Libertador de Colombia”. Luego comenzó el baile y la diversión. San Martín dejó la fiesta (como ya había convenido con Bolívar) a la una de la mañana y se embarcó rumbo al Callao.

Por muchos años ninguno de los protagonistas aclaró en forma directa los temas tratados durante la entrevista. Sin embargo, los diferentes testigos y los documentos escritos permiten establecer que ninguno de los libertadores estuvo satisfecho con el otro. San Martín pretendía la unión de los ejércitos del sur y del norte para concluir la guerra. Comprendía que era su persona la que molestaba a Bolívar y que los ejércitos de Colombia no pasarían al Perú mientras él estuviera allí.

El 29 de agosto le escribe: “Los resultados de nuestra entrevista no son los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, ó que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, ó que mi persona le es embarazosa.” Luego agregaba: “No se haga ilusión, general. Las noticias que tiene de las fuerzas realistas son equivocadas.

Ellas montan en el Alto y Bajo Perú más de 19.000 veteranos, que pueden reunirse en el espacio de dos meses.” Más adelante en la misma carta le dice: “En fin general, mi partido está irrevocablemente tomado. He convocado el primer congreso del Perú, y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide venir al Perú con el ejército de su mando.” Abdicación del Protector del Perú Mientras San Martín conferenciaba en Guayaquil con Bolívar, en Perú se produce un movimiento que solicitaba la remoción del ministro Monteagudo.

El ministro renuncia pero luego exigen su deportación. El 20 de setiembre se inaugura el primer congreso constituyente del Perú. Ese día San Martín entrega su título de Protector. Pronuncia un discurso de despedida y se retira. Esa misma noche, el congreso, reunido en sesión extraordinaria le otorga el título de “Fundador de la Libertad del Perú” y le asignan la misma pensión vitalicia que a Washington. Así terminó la vida pública del Libertador. Esa misma noche del 20 de setiembre se embarcó en el bergantín Belgrano con rumbo a Chile.

En Europa Mientras San Martín iniciaba su viaje al otro lado de la cordillera y luego ponía el océano Atlántico entre él y su patria, los ejércitos de Bolívar, al mando del general Sucre derrotaban definitivamente a los realistas en las batallas de Junín (6 de agosto de 1824) y Ayacucho (9 de diciembre de 1824), liberando a todo el continente. En Chile, San Martín se encontró con su amigo O´higgins, que tenía serios problemas políticos en su cargo de Director Supremo.

Se traslada a Mendoza, a su chacra, donde tiene la noticia del derrocamiento de O´higgins. El 3 de agosto de 1823 muere su esposa, Remedios de Escalada. Parte entonces para Buenos Aires donde se encarga de su hijita Mercedes. El 4 de diciembre llega a la ciudad y permanece hasta el 10 de febrero de 1824 cuando se embarca hacia Francia. Allí se ocupa de la educación de Mercedes donde escribe para ella las Máximas para su hija que son un resumen de su filosofía de vida.

En 1829 regresa a Buenos Aires pero encuentra un clima hostil y permanece en Montevideo. Poco tiempo después regresa a Europa para no volver nunca más. Falleció el 17 de agosto de 1850 en la localidad de Boulogne-sur-Mer a la edad de 72 años.

La Independencia de Chile San Martin OHiggins Desarrollo Batallas

“Lo importante es ser libres; lo demás no importa nada” José de San Martín

LA INDEPENDENCIA DE CHILE
PLAN CONTINENTAL
DESARROLLO

El cruce de los Andes Una vez obtenido el apoyo político a su proyecto, San Martín se dispone a realizar los preparativos de la empresa. La maestranza estaba a cargo de fray Luis Beltrán, natural de Mendoza, quien dejó los hábitos y, comandando trescientos trabajadores, fundió cañones, balas, granadas y preparó todos los implementos necesarios para la difícil marcha. La armería estaba a cargo del mayor De la Plaza y la fábrica de pólvora la dirigía el mayor ingeniero José Antonio Álvarez Condarco. Para los uniformes, Beltrán construyó una tejeduría y una tintorería para proveer los paños que las damas de Mendoza luego cosían.

El Director Supremo, ya instalado en Buenos Aires, el día 1° de agosto promueve al entonces coronel mayor San Martín al grado de general en jefe del Ejército de los Andes, acuñando el nombre con que se conocería al ejército libertador de la mitad de América del Sur. Luego aumentó la asignación para dicho ejército a 8.000.- pesos mensuales.

En septiembre de ese año, traslada su ejército, que se componía de 4.000 hombres, al campamento del Plumerillo, al norte de la ciudad de Mendoza, donde Los soldados y los jefes se entrenan para el combate. Desde allí se completaron los últimos pertrechos necesarios.

El día 5 de enero de 1817, el ejército se dirige formado de gran parada hasta Mendoza donde, en presencia de las autoridades y del pueblo, juran la bandera celeste y blanca del ejército y como patrona, a la virgen del Carmen. San Martín ocultaba el punto por donde cruzarían la cordillera y hacía llegar a Marcó del Pont rumores de distintos posibles pasos, insinuaba que cruzaría por el sur y luego hacía correr rumores de que atacaría por el norte con el objetivo de dividir sus fuerzas y lograr una sorpresa.

Todo estaba listo en el Plumerillo para cruzar el ejército de 4000 hombres, con sus caballos cañones municiones y víveres para un mes. Dos divisiones, al mando del general Miguel Estanislao Soler y O´Higgins cruzarían por el Paso de los Patos. Otra, al mando de Las Heras, debía marchar por el camino de Uspallata con la artillería. Una división ligera al mando de Juan Manuel Cabot cruzaría desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada y apoderarse de Coquimbo. Otro destacamento ligero debía cruzar desde La Rioja y ocupar Copaipó cruzando la cordillera por el paso de Vinchina.

Por el sur, el capitán Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas. Durante la segunda mitad de enero partieron las distintas divisiones llevando instrucciones secretas. Las órdenes eran que todos aparecieran simultáneamente sobre el territorio chileno entre el seis y el ocho de febrero. Quiero transcribir aquí el parte enviado por el Libertador al Director Pueyrredón, ya desde el lado chileno de la cordillera: “El tránsito de la Sierra ha sido un triunfo. Dígnese V. E. figurarse la mole de un ejército moviéndose con el embarazoso bagaje de subsistencias para cuasi un mes, armamento, municiones, y demás adherentes por un camino de cien leguas, cruzado de eminencias escarpadas, desfiladeros, travesías, profundas angosturas, cortado por cuatro cordilleras; en fin donde lo fragoso del piso se disputa con la rigidez del temperamento. Tal es el camino de los Patos que hemos traído…”

En efecto, a las dos de la tarde del 8 de febrero, las dos columnas principales ocupaban los pueblos de San Antonio de Putaendo y Santa Rosa de los Andes despejando el camino hacia el Pacífico.

Libertador de Chile Batalla de Chacabuco El día 10 de febrero, todo el Ejército de los Andes se encontraba concentrado en el valle de Aconcagua, listo para subir la cuesta de Chacabuco y lograr una batalla decisiva. El ejército realista se concentraba en el valle acudiendo rápidamente con tropas desde Santiago. San Martín reunió a sus oficiales para explicar el plan de combate que realizarían al día siguiente, sin dar tiempo a que los realistas se agruparan. Dividió al ejército en dos columnas, una al mando del general Soler, y la otra al mando de O´Higgins. El ejército realista estaba al mando del brigadier Maroto.

A la madrugada del día 12 las columnas comenzaron la ascensión de la cuesta de Chacabuco, tomando la división de Soler por la derecha y la de O’Higgins la de la izquierda. El ala izquierda se puso en contacto con los realistas, luego de cargar bajando la cuesta, a media mañana. La resistencia era sostenida y el combate resultaba indefinido hasta que, cerca del mediodía, llegó el ala de Soler, al trote y a la carga, lo que definió la batalla. Los realistas dejaron en el campo 500 muertos, 600 prisioneros y mucho armamento. Los patriotas perdieron 12 hombres y tuvieron 120 heridos. Los realistas huyeron en desorden a Santiago pero no atinaron defensas, Marcó del Pont sólo pensaba en escapar, mandó al puerto de Valparaíso sus pertenencias y alistó sus cosas para la huida. El 14 de febrero, San Martín entró triunfal a Santiago de Chile.

El cabildo se reunió el día 18 aclamando al Libertador como gobernador de Chile. Renunció a ese honor y fue entonces electo O´Higgins Director Supremo del Estado de Chile. El general realista, Maroto, se embarcó en el puerto de Valparaíso con algunas tropas que pudo salvar. Marcó del Pont se retrasó de la columna y cuando llegó ya no quedaban naves en el puerto. Huyó hacia el sur pero fue tomado prisionero por los patriotas.

Esta victoria, la conquista del “Reino de Chile” como se lo conocía en la denominación española, trajo alivio en Buenos Aires. La situación para los patriotas seguía siendo difícil: la ciudad de Montevideo había sido ocupada por un ejército Portugués, el ejército del Norte retrocedía hacia Jujuy, como lo había previsto San Martín, y el Gobernador de Salta, Martín Güemes resistía.

La victoria de Chacabuco cambió la suerte de la América del Sur y a partir de este momento los realistas comenzaron su repliegue. Los que pudieron escapar, al mando del general Ordóñez, perseguidos por el general Las Heras, se retiraron a marcha forzada hasta la fortaleza de Talcahuano, al sur de Chile.

Resistieron allí un sitio de las tropas patriotas que duró todo el año 1817. Se creó entonces el Ejército Unido, formado por el de Chile, y el Ejército de los Andes. O´Higgins comandaba el ala Chilena y San Martín era el General en Jefe de Todo el Ejército. Siguiendo con su plan continental, San Martín sabía que sin el dominio de mar, no era posible dominar Chile y Perú porque la costa tenía bastiones como el Callao o Talcahuano que eran fácilmente abastecidos de víveres, soldados y munición.

Al mes de la batalla de Chacabuco, cruzó nuevamente la Cordillera, llegó de incógnito a Buenos Aires para evitar los festejos y las demostraciones populares a las que no era afecto, y negoció con el Director Supremo el envío de una misión a Londres con el objeto de crear una escuadra para dominar las costas del Pacífico y quebrar el dominio realista en esos mares.

El Ingeniero Álvarez Condarco viajó a Londres para supervisar la compra de las naves mientras Álvarez Jonte buscaba marinos que comandaran dicha escuadra. Cancharrayada y Maipú En los últimos días de 1817, San Martín, como generalísimo del Ejército Unido, mandó una delegación a Lima, en nombre de los aliados, proponiendo al Virrey del Perú la regularización de la guerra y el canje de prisioneros. Pero, como siempre, el motivo oculto de la misión a cargo del mayor Domingo Torres, era ponerse al tanto de los planes del enemigo.

El enviado regresó a Valparaíso trayendo la información de que un ejército realista, al mando del general Osorio, se embarcaba en cuatro fragatas para recuperar Chile. Los primeros días de enero de 1818 la expedición llegaba a la fortaleza de Talcahuano donde desembarca. Las tropas de Osorio se unen con las del general Ordóñez formando un ejército de más de 5000 hombres. Sin perder tiempo comienzan la marcha hacia el norte, para llegar a Santiago. Los patriotas al mando de O´Higgins levantan el sitio y emprenden la retirada hacia la capital para unirse a el resto del ejército.

La noche del 19 de marzo el ejército realista avanzó por la planicie de Cancharrayada sorprendiendo a las fuerzas de O´Higgins en la oscuridad.  Los patriotas se defendieron valientemente hasta que el Director fue herido en el brazo. Entonces las fuerzas del Ejército Unido retrocedieron en desorden perdiendo todo el parque y la artillería.

El mando fue asumido entonces por el coronel Las Heras que organizó una retirada a marchas forzadas hacia la capital. En Santiago, la noticia del revés hizo entrar en pánico a la población, mientras que los generales patriotas trataban de reagrupar sus fuerzas en derredor del campamento de Maipú.

Cuando O´Higgins supo de los acontecimientos de la capital, apuró su regreso cabalgando día y noche para reasumir el gobierno de la nación. La presencia del líder hizo retornar la calma en la ciudad y comenzaron los preparativos para la defensa. A los diez días de la derrota, el Ejército Unido estaba nuevamente en condición de combate con cerca de 4000 hombres de infantería, 22 piezas de artillería y 1000 jinetes, cinco batallones chilenos y cuatro argentinos. El ejército patriota estaba desplegado en una altura llamada Loma Blanca, a diez kilómetros de Santiago.

El 5 de abril las avanzadas comunicaron que los realistas marchaban en masa hacia el camino que une Santiago con Valparaíso. San Martín relata así la disposición para el combate: “Bajo la conducta del benemérito brigadier general Balcarce puse desde luego toda la infantería; la derecha mandada por el coronel Las Heras; la izquierda por el teniente coronel Alvarado; y la reserva por el coronel D. Hilarion de la Quintana; la caballería de la derecha al coronel D. Matías Zapiola con sus escuadrones de granaderos; y Freyre con los escuadrones de la escolta del Exmo. Director de Chile, y los cazadores a caballo de los Andes.”

Al mediodía los ejércitos se hallaban frente a frente. Los patriotas avanzaron hacia las posiciones realistas y entraron en encarnizado combate. Los realistas resistieron a pie firme durante varias horas pero luego comenzaron a replegarse, terminado derrotados.

A última hora llegó O´Higgins convaleciente de su herida, quien fue aclamado por las tropas victoriosas. Las pérdidas realistas fueron alrededor de 1000 hombres, doce cañones, 2200 prisioneros y todo el parque y municiones. Osorio se retiró con solamente 1200 hombres hacia Talcahuano pero casi sin armamento.

Allí esperó órdenes del virrey Pezuela, quien dio por perdido el norte de Chile y le ordenó embarcarse para el Perú, quedando en la fortaleza una fuerza de defensa de 1000 hombres al mando del coronel Juan Francisco Sánchez. Pocos días después de la victoria de Maipú, San Martín emprende el camino a Buenos Aires llegando con sigilo para sustraerse a las manifestaciones de la muchedumbre. No obstante ello, el Director Supremo, Pueyrredón, prepara una recepción pública en el Congreso que se realiza el 17 de mayo, en honor al héroe de Chacabuco y Maipú. El objetivo del viaje era apurar la disposición de los fondos necesarios para crear y mantener la flota del Pacífico, que era la única manera de evitar el abastecimiento de los puertos realistas, desde donde podían enviara refuerzos y reconquistar Chile. Una vez dominado el mar, el camino al Perú estaba despejado.

Las reuniones secretas tuvieron lugar en la quinta que Pueyrredón tenía en el pueblo de San Isidro, y allí concurrieron los miembros de la logia. Una vez logrado el apoyo, San Martín quiso volver nuevamente a Chile pero quedó detenido en Mendoza debido a las grandes nevadas en la cordillera.

Allí recibe notificación de Pueyrredón diciendo que el empréstito de 500.000 pesos, necesario para equipar a la flota era imposible de lograr. Es entonces que desde Mendoza envía su renuncia como general del Ejército Unido a los directores Pueyrredón y O´Higgins (4 de setiembre de 1818). Pocos días después recibe una comunicación del Ministro de Guerra autorizándolo a girar hasta la suma convenida para crear la flota.

La escuadra del Pacífico La flota que dominaría el Pacífico con el pabellón chileno y llevaría al ejército libertador al Perú se formó por astutas y valientes capturas de buques españoles y la compra de naves inglesas y americanas. El primer buque de guerra fue el bergantín español llamado Águila, de 16 cañones, que entró engañado a Valparaíso luego de la batalla de Chacabuco porque los patriotas dejaron las banderas realistas flameando en la fortaleza. Fue capturado y, bautizado con el nombre de Pueyrredón. En su primera misión fue enviado a la isla Juan Fernández a rescatar los patriotas prisioneros de los realistas. Entre ellos estaba Manuel Blanco Encalada, quien sería luego comandante de la flota. Luego llegó el Windham de 44 cañones, comprado por Álvarez Condarco en Londres. Fue la gloriosa Lautaro. Con estos dos buques, luego de la victoria de Maipú, persiguieron a la flota española compuesta por la Esmeralda, la Venganza y el Pezuela que bloqueaba Valparaíso y entorpecía la navegación y hostigaban a los buques neutrales que llegaban al puerto. En abril de 1818, la Lautaro y el Pueyrredón salieron del puerto y se trabaron en combate con la Esmeralda consiguiendo abordarla. Luego de un fiero combate la nave española pudo escapar por su mayor velocidad y dirigirse a Talcahuano.

Aunque no se pudo tomar la presa, desde ese momento, la marina chilena dominó las costas de Valparaíso. En Julio se compró una corbeta americana que se bautizó como Chacabuco, luego otro bergantín americano que se llamó Araucano, En agosto llegó un navío poderoso, de 60 cañones, contratado por Condarco en Londres, que se denominó San Martín y se pagó con los fondos que había dispuesto Pueyrredón luego de la renuncia del general. El mando de la armada fue confiado a Manuel Blanco Encalada.

Los patriota tenían a fines de 1818 una escuadra que podía combatir contra los realistas en el Pacífico. Mientras tanto, en mayo de 1818, zarpaba de Cádiz con rumbo a Chile, una expedición española de once transportes, que conducían 2000 soldados, escoltadas por dos naves de guerra, una de ellas era la poderosa María Isabel, de 50 cañones. La noticia se conoció en Buenos Aires, por los agentes del gobierno argentino en Cádiz en el mes de julio.

Pueyrredón envió a los bergantines Lucy y el Intrépido para que se incorporen a la flota chilena. En agosto arribó a Buenos Aires el Trinidad, uno de los transportes españoles con la tripulación sublevada. De esta manera los patriotas conocieron el punto de reunión y el código de señales de la escuadra realista. En octubre zarpaba de Valparaíso la escuadra chilena al mando de Blanco Encalada, y comandando la infantería de marina el capitán Guillermo Miller. Debían interceptar el convoy realista. Encontraron a la María Isabel en el puerto de Talcahuano, protegida por los cañones de la fortaleza. En una valiente acción de los marinos y los infantes, capturaron la nave y la llevaron a Valparaíso donde fue bautizada como la O´Higgins.

I II III IV V VI
Bregó por la unidad continental americana Fue un genial estratega de la guerra Subordinó la fuerza de las armas a la política Antepuso la ética a los intereses de la política No aspiró al poder ni a los honores personales Rindió culto” a la mesura y a la austeridad

Cayeron en manos de los patriotas cinco transportes con todos sus bagajes. El resto huyó al Callao. Así, Chile, en poco tiempo dominó el Pacífico. La última expedición española que partió hacia América había sido aniquilada a fines de 1818.

Llegaba entonces a Valparaíso Thomas Alejandro Cochrane, lord escocés, miembro del parlamento y héroe de muchas batallas en las flotas de Inglaterra. Había aceptado los ofrecimientos de los agentes de San Martín y O´Higgins en Londres. Fue nombrado jefe de la escuadra chilena con el grado de Vicealmirante y Blanco Encalada, conociendo la capacidad del nuevo jefe, se puso a sus órdenes. Los independientes, a fines de 1818 podían dominar el Pacífico. Éste era el paso previo para poder llevar el ejército al Perú.

Sucesos del año 1819 En enero, las tropas patriotas al mando del general Balcarce, que sumaban más de 3000 hombres, se dirigen al sur de Chile, para reforzar a las fuerzas de Zapiola, que hostigaban a las del coronel realista Sánchez, acampados sobre las márgenes del Bío-Bío y ocupando la ciudad de Concepción.

Los realistas, que no se habían sentido capaces de defender las posiciones que tenían, habían evacuado la ciudad a fines del año anterior y se habían replegado a la los Ángeles. Ante el avance de Balcarce, luego de algunas escaramuzas, Sánchez se retira nuevamente hacia el sur, a las tierras de los indios araucanos, encerrándose en la plaza de Valdivia. Balcarce da por terminada la campaña, pues por tierra era imposible transportar allí grandes ejércitos, y regresa a Santiago.

Ese mismo mes de enero partía la flota chilena al mando de Cochrane, con el navío San Martín, las fragatas O´Higgins y Lautaro y la corbeta Chacabuco. En febrero bloquean el Callao, puerto de Lima, donde se hallaba la flota española del Pacífico, compuesta por las fragatas Esmeralda y Venganza y varias naves menores, protegidas por los cañones de la fortaleza.

Luego de algunos combates navales, apresan a la goleta Motezuma y la flota permanece bloqueando el puerto con algunos buques y con otros hostiga a los puertos del norte. Vuelve a Valparaíso para abastecer la flota y construir una batería de cohetes, nueva arma ensayada en Europa. Prepara sus naves y en octubre de ese año intenta nuevamente destruir a la flota española en el Callao.

No tiene éxito por la falla de las nuevas armas pero la flota consigue varias presas en el puerto de Guayaquil y Miller desembarca la infantería en Pisco y ocupa por unos días la ciudad. Cochrane envía la flota a Valparaíso y sólo con la O´Higgins se decide ocupar Valdivia, al sur de Chile y en los primeros meses de 1820 conquista la fortaleza y expulsa a los realistas que se refugian en la isla de Chiloe.

Mientras el Ejército Unido y la escuadra chilena obtienen estas victorias, y en el norte, Bolívar combate contra el ejército de Murillo por la libertad de Colombia y Venezuela, obteniendo la victoria de Boyacá (7 de agosto), otros hechos ensombrecen el panorama sudamericano. La opinión de Chile no favorece la expedición al Perú y el mantenimiento del Ejército de los Andes.

Por otro lado, se reciben noticias desde Cádiz anunciando que otra expedición se prepara contra Buenos Aires al mando de José O´Donnell, conde del Abisbal, que transportaría 20.000 hombres. El Director Pueyrredón solicita que las tropas de los Andes se preparen para marchar a la Capital. San Martín cruza la cordillera con una parte de las fuerzas hacia Mendoza, dejando otra parte en Chile, listas para marchar en cualquier momento.

Por otro lado se produce la sublevación de los caudillos provinciales López, de Santa Fe y Ramírez, de Entre Ríos, apoyados por los Portugueses que ocupaban la Banda Oriental, y levantando las banderas del federalismo, amenazaban el gobierno unitario de Buenos Aires.

El Director Supremo ordena a los ejércitos del Perú, al mando de Belgrano, y al ejército de Los Andes para que marchen a defender Buenos Aires. Belgrano marcha hacia Córdoba y, por correspondencia de San Martín que apela al espíritu patriótico de López, consigue un armisticio con que despeja momentáneamente la amenaza. La presencia del Libertador en cuyo impide que la provincia se pliegue a los disidentes.

Mientras tanto, San Martín se comunicaba con los miembros de la logia Lautaro para que empujen a los políticos a autorizar la expedición al Perú y se oponía a usar el Ejército de los Andes para reprimir a las provincias disidentes.

En junio renuncia el director Pueyrredón y es reemplazado por Rondeau, quien manda a llamar al general San Martín para combinar los planes de defensa de la Capital en caso de producirse el arribo de la expedición realista que se preparaba en Cádiz. En el mes de octubre, llegan noticias a Buenos Aires desde Gibraltar, diciendo que el ejército de Cádiz se había amotinado. Las tropas se negaban a embarcar para el Río de la Plata.

Decían que el motín había sido sofocado por Abisbal pero se cría que el ejército español no estaba en condiciones de emprender, por el momento, la expedición. El peligro se había disipado. En ese mismo mes de Octubre, San Martín recibe en Mendoza dos noticias. O´Higgins le comunicaba que tenía todo pronto para la expedición al Perú y que debía cruzar los Andes para ponerse al frente de las tropas. Por otro lado, el armisticio entre López y el gobierno de Buenos Aires se había roto y Rondeau le pedía que marchara hacia la Capital. Contestó entonces a Chile que aceptaba la dirección de la empresa y que cruzaría los Andes cuando los asuntos internos se lo permitieran.

Preparó entonces la caballería, unos 2000 hombres para marchar desde San Luis hacia la Capital. Rondeau se pone al frente del ejército de Buenos Aires y se dirige al límite con la provincia de Santa Fe para batir a los insurgentes, contando que el ejército del Norte avanzaba sobre Córdoba y el de los Andes acudía desde San Luis. En noviembre el Libertador recibe otra carta del Director anunciándole que debe concurrir a conversar con él por un asunto más importante que la insurrección del litoral.

Se trataba de los proyectos monárquicos que una misión diplomática realizaba en Francia para coronar un príncipe Borbón. San Martín presenta su renuncia al mando del ejército alegando motivos de salud, los facultativos le prescriben baños termales en Cauquenes, en Chile. En Buenos Aires rechazan su renuncia diciendo que tiene licencia para mejorar su salud como General de la Provincias Unidas. Mientras tanto se produce una sublevación en Tucumán contra el ejército del Norte poniendo en prisión al general Belgrano.

El general Cruz, que marchaba hacia la Capital para defender al Director Rondeau, es destituido del mando por un motín en la posta de Arequito (9 de enero) y el ejército marcha hacia Córdoba para ponerse a las órdenes del gobernador Bustos. Un batallón del ejército de los Andes, acantonado en San Juan, se subleva contra sus jefes y corta los lazos que vinculaban a ésta ciudad con Mendoza. La anarquía había estallado en las Provincias Unidas. Acta de Rancagua San Martín, que se reponía en Chile de sus dolencias, en conocimiento de éstas revueltas, ordena al coronel Alvarado que cruce la Cordillera con los regimientos de cazadores de los Andes, la artillería y toda la caballería.

 El gobernador de Mendoza, Luzuriaga, renuncia y también cruza los Andes para unirse al ejército. En Buenos Aires, el Director Rondeau era derrotado en la batalla de Cepeda, el día 1° de febrero, y el victorioso Ramírez impone la disolución del congreso y la renuncia del Director. No había más autoridad nacional y cada provincia tenia un gobierno autónomo y sus propias tropas.

El ejército de los Andes se encontraba en Chile y la autoridad que lo había formado y a quién respondía estaba disuelta. Ante este problema, San Martín, que, ya restablecido de su enfermedad se encontraba en Santiago, envía a Rancagua, donde el coronel Las Heras tenía al ejército acantonado, un sobre lacrado que debía abrir en presencia de todos los oficiales.

El 2 de abril, el pliego es abierto. San Martín había escrito su renuncia, y, alegando que el Director Supremo, de quién su autoridad dependía, estaba depuesto, era el deber de los oficiales elegir a su nuevo jefe. Si embargo los oficiales consideraron que el mando de su jefe no había caducado pues: “la autoridad que recibió el general de los Andes para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país no ha caducado ni puede caducar, pues su origen, que es la salud del pueblo, es inmudable.”

Esta fórmula es votada por los oficiales unánimemente, y luego se redacta el documento que se conoce como Acta de Rancagua, que fue firmada por todos, y que por más de 50 años permaneció secreta.

Parte I Parte II Parte III

 Biografía de Inés Mazas

Biografia de José de San Martin Vida y Obra del Libertador de America

Biografia de José de San Martín
Vida y Obra del Libertador de America

“Lo importante es ser libres; lo demás no importa nada” José de San Martín

Biografia de San Martin

Entre España y el regreso a su patria José de San Martín nació en 1778 en Yapeyú, provincia de Corrientes, virreinato del Río de la Plata. Su padre fue el capitán Juan de San Martín y Gómez, gobernador del pueblo, y su madre, Gregoria Matorras y del Ser.

En 1784 se afincaron en Cádiz, España, donde San Martín estudió en el Seminario de nobles de Madrid. Siguió luego la carrera de las armas y en 1789 ingresó en el Regimiento de infantería de Murcia. Combatió al servicio de España en África, en Oran, en la campaña de Portugal, en Ceuta y Gibraltar, en la posta de Arjonilla, donde casi perdió la vida.

En 1802 resultó herido gravemente en el pecho. En 1808 intervino en Andújar. Con el grado de capitán, combatió en Bailen. Allí, San Martín tuvo un gran desempeño; fue ascendido a teniente coronel y condecorado con la medalla de oro. En Cádiz fue contactado por integrantes de la francmasonería 7, origen de la futura Logia Lautaro de Buenos Aires.

San Martín sabía de la intranquilidad que se vivía en las colonias americanas por el avance de Napoleón en la Península. En septiembre de 1811 viajó a Londres donde se reunió con americanos deseosos de luchar por la independencia de su patria. Los sucesos revolucionarios iniciados en mayo de 1810 en Buenos Aires lo decidieron a regresar. A bordo de la fragata George Canning, en enero de 1812, se embarcaron junto con él Carlos María de Alvear, Martiniano Chilavert y otros oficiales.

El Regimiento de Granaderos a Caballo
El 16 de marzo de 1812, el Triunvirato confió a San Martín la formación de un cuerpo de caballería. Así nació el Regimiento de Granaderos a Caballo, del que fue su comandante. Alvear y José Matías Zapiola fueron los segundos jefes de la unidad. San Martín organizó este cuerpo bajo la rigurosa disciplina de la que se había empapado en los ejércitos europeos.

Después de un breve noviazgo se casó con María de los Remedios de Escalada de la Quintana, de apenas 14 años de edad. San Martín participó en el movimiento revolucionario de octubre de 1812, por el que se eligió un nuevo triunvirato que convocó la formación de la Asamblea Nacional, lo que le produjo desavenencias con Bernardino Rivadavia. Mitre señaló: «Esta fue la primera vez que se vio a San Martín tomar parte directa en un movimiento revolucionario…».

El Ejército de los Andes
A San Martín se le encomendó la vigilancia de la costa occidental del Paraná. Así, el 3 de febrero de 1813 libró con éxito el combate de San Lorenzo, en Santa Fe, donde una vez más estuvo a punto de morir, al quedar atrapado bajo su caballo, siendo salvado por el sargento Juan Bautista Cabral y el granadero Juan Bautista Baigorria.

San Martín fue nombrado jefe de la expedición al Alto Perú para ir en auxilio del debilitado Ejército del Norte. El 14 de diciembre de 1813 se reunió con Manuel Belgrano, que había sido el jefe de este ejército, en la posta de Yatasto (provincia de Salta). También se entrevistó con Martín de Güemes, para sostener una guerra de guerrillas en los montes tucumanos.

San Martín no era partidario de atacar a los realistas por el Alto Perú. Según su concepción estratégica, los patriotas debían liberar primero a Chile. Por razones de salud solicitó permiso y se radicó en Córdoba. Gervasio Posadas, director supremo, lo nombró entonces gobernador intendente de Cuyo en agosto de 1814.

Allí organizó la industria y el comercio para pertrechar al ejército. En el campamento del Plumerillo, en Mendoza, instaló una fábrica de pólvora, una fundición de artillería, un laboratorio de explosivos y una fábrica de tejidos y tintas para los uniformes de la tropa. Se aplicó un impuesto sobre los capitales y al consumo de carnes, se redujo el sueldo de los empleados públicos y se admitieron donaciones. El gobierno de Cuyo en su conjunto se organizó para formar el futuro Ejército de los Andes.

Del otro lado de la cordillera
Con el Ejército de los Andes ya formado comenzó el cruce de la cordillera. Una vez en Chile, el 12 de febrero de 1817, San Martín derrotó en Chacabuco a los realistas. Al día siguiente hizo su entrada triunfal en Santiago. Allí no aceptó el cargo de director supremo, cediéndolo a Bernardo O’Higgins, que había tenido una participación crucial en Chacabuco.

Los realistas bloquearon el puerto de Valparaíso y marcharon con su ejército hasta Santiago. O’Higgins, por orden de San Martín, emprendió la retirada de la zona de Talcahuano. Reunidas las tropas en Cancha Rayada, fueron derrotadas por un sorpresivo ataque realista; quince días más tarde, ya reorganizadas, triunfaron en Maipú. San Martín comenzó posteriormente a organizar la campaña contra el Perú.

Viajó a Buenos Aires en busca de recursos. El director supremo Juan Martín de Pueyrredón, que colaboró con entusiasmo durante la campaña de Chile, se mostró más preocupado por las acciones de las montoneras en el Litoral.
Cuando regresaba a Chile, se exigió a San Martín traer a Buenos Aires al Ejército de los Andes, para combatir a los caudillos federales del Litoral y de la Banda Oriental. El general desobedeció la orden y partió a Mendoza. El nuevo director supremo, José Rondeau, insistió en la necesidad de que San Martín interviniera.

Había llegado muy enfermo a Mendoza; discretamente fue transportado en camilla y escoltado por 60 granaderos hasta Santiago de Chile. Allí recibió la noticia de la derrota de Rondeau en Cepeda, que puso fin a las Provincias Unidas de Buenos Aires. Cayó el régimen directorial y cada provincia asumió su propia autonomía. San Martín fue nombrado por el gobierno chileno jefe del Ejército Libertador del Perú. De allí partió con casi 5.000 hombres en la flota del almirante inglés lord Cochrane.

I II III
Bregó por la unidad
continental americana
Fue un genial estratega
de la guerra
Subordinó la fuerza de las
armas a la política
IV V VI
Antepuso la ética a los
intereses de la política
No aspiró al poder ni a los honores personales Rindió culto” a la mesura
y a la austeridad

El 12 de julio de 1821, San Martín hizo su entrada triunfal en Lima. El 28 se proclamó la independencia y luego fue nombrado Protector del Perú. Con este cargo, el general se ocupó de organizar el ejército nacional, dictó la primera constitución, creando además un consejo de Estado y un poder judicial independiente. Pero San Martín tuvo dificultades en su campaña.

Las tropas eran escasas y existía la amenaza de una fuerza realista de 19.000 hombres. Arenales combatió en las sierras con una parte importante de sus tropas, mientras que Las Heras y Necochea se retiraron del ejército, y Cochrane desconoció la autoridad de San Martín.

Acosado por tantos problemas, pidió ayuda sin éxito al gobierno de Buenos Aires. Martín Rodríguez gobernaba entonces la provincia de Buenos Aires, y su minis-:ro de Gobierno era Bernardino Rivadavia, que no congeniaba con San Martín, al que responsabilizó por el derrocamiento del primer Triunvirato y por su desgraciada política personal.

Comienzo del ostracismo
Así, San Martín buscó en Simón Bolívar los medios para continuar con su empresa en el Perú. Decepcionado, regresó a Valparaíso, donde estuvo muy enfermo. Ya restablecido, el general viajó a Santiago, y de ahí a Mendoza, a su chacra Los Barriales. Tempo después regresó a Buenos Aires rara buscar a su hija Merceditas.

Fue recirido fríamente y hasta con cierta hostilidad de parte de las autoridades; por ello, el 10 de febrero de 1824 se embarcó rumbo a Europa junto a su hija. Al arribar a Francia, se le impidió desembarcar pues llevaba periódicos porteños considerados peligrosamente republicanos. Entonces partió con destino a Londres en mayo de 1824. Estuvo en Escocia, donde se lo nombró ciudadano honorífico y se radicó luego en Bruselas, cerca de su hermano Justo.

Cuando se enteró de la guerra de su patria contra el imperio del Brasil decidió regresar. Se hizo pasar por José Matorras. Sin embargo, al llegar a Buenos Aires en 1828 se negó a desembarcar. No quería involucrarse en la guerra civil que se auguraba tras el fusilamiento de Manuel Dorrego. San Martín se trasladó a Montevideo. Recibió, en tanto, a enviados de su antiguo subordinado, el general Lavalle, gobernador de Buenos Aires, que le ofrecía hacerse cargo del ejército. Rechazó el ofrecimiento, negándose a combatir en luchas civiles y fratricidas.

A partir de 1830, San Martín se estableció en Francia, dos años después estuvo muy grave de salud al contraer el cólera. Radicado en Boulogne-sur-Mer, llegaron a visitarlo Juan Bautista Alberdi, Domingo Faustino Sarmiento y Florencio Várela. Tras un largo período de ostracismo, el otrora prócer de Argentina murió en tierra francesa rodeado de su familia, el 17 de agosto de 1850.

HITOS DE SU VIDA
1778: Nace en Yapeyú, pueblo de las antiguas misiones jesuíticas, el 25 de febrero, José Francisco de San Martín, hijo del capitán español Juan de San Martín y de Gregoria Matorras.

1783: Su padre es designado agregado al Estado Mayor en Málaga; parte con su familia hacia España, donde San Martín va a cursar sus estudios elementales.

1789: Este año, en el que se declara la Revolución Francesa, San Martín entra como cadete en el regimiento de Murcia.

1797-1811: Lucha, en el ejército español, en diversos lugares y con distinto grado: en el Mediterráneo, contra los ingleses; en la guerra contra Portugal y contra las tropas napoleónicas, en Bailen. Dominada, sin embargo, España por los invasores, pide, en 1811, su retiro del ejército español y se embarca hacia Londres.

1812: Llega a Buenos Aires para ponerse a las órdenes del Primer Triunvirato. Cuando éste cae, en octubre, el Segundo Triunvirato convoca a una Asamblea (que sería la del año 13). El 12 de noviembre contrae enlace con Remedios de Escalada.

1813: El 3 de febrero obtiene un significativo triunfo en labatalla de San Lorenzo. Reemplaza a Belgrano en el mando del Ejército del Norte.

1814: Es nombrado Intendente de la provincia de Cuyo, donde comienza a organizar el Ejército de los Andes.

1816: El 24 de agosto nace su hija Mercedes.

1817: Por el paso de los Patos, atraviesa la cordillera de los Andes. El 12 de febrero triunfa en Chacabuco. “En veinticuatro días hemos hecho la campaña; pasamos las cordilleras más elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos la libertad a Chile”.

1818: Declarada la Independencia de Chile, es nombrado por O’Higgins General en Jefe del Ejército de ese país. Tras la derrota sufrida en Cancha Rayada (19 de marzo), triunfa en la batalla de Maipú (5 de abril).

1820: Inicia, tras múltiples inconvenientes, la campaña del Perú.

1821: Entra victorioso en Lima y declara la Independencia del Perú.

1822: A puertas cerradas, conferencia, en Guayaquil, con Bolívar, el otro grande de América. Cuando regresa a Lima, reúne al Congreso y delega el mando como Protector del Perú.

1823: Regresa a la chacra de su propiedad, en Mendoza. Ese mismo año fallece, en Buenos Aires, su esposa. 1824: Parte, con su hija Mercedes, hacia Europa.

1829: Regresa al Río de la Plata, con el propósito de intervenir en la guerra contra el Brasil. Pero, frente a la incierta situación política que halla en Buenos Aires, vuelve a Europa, donde había quedado su hija.

1832: En la capital de Francia se encuentra con un antiguo compañero de armas del ejército español -Alejandro Aguado-, quien le facilita el dinero necesario para adquirir una casa en la localidad de Grand Bourg.

1844: Redacta su testamento y expresa en él un deseo: que su corazón sea depositado en Buenos Aires. (La repatriación de sus restos, que se veneran actualmente en la Catedral metropolitana, se llevó a cabo en 1880).

1850: Muere, el 17 de agosto, en su casa de Bouíogne-sur-Mer.

Fuente Consultadas:
HICIERON LA HISTORIA BIOGRAFÍAS Tomo 2 El Gral. San Martín

Cronologia de San Martin Acontecimientos mas Importantes de la Vida

General Don José de San Martín

CRONOLOGÍA VIDA DE JOSÉ SAN MARTÍN

1777 Nace en Yapeyú, Misiones, aunque existen discrepancias en la determinación del año.

1784 Regresa la familia completa a España.

1789 Ingresa de cadete en el regimiento de Murcia, en Málaga, donde había estudiado.

1790-1791 Permanece en las plazas del norte de África y en la defensa de Oran hasta la evacuación.

1793 Con el regimiento de Murcia pasa al Pirineo de Jaca. Comienza la guerra contra la Convención. En junio es promovido a oficial. Pasa a combatir al Rosellón.

1797-1798 Tercera campaña: embarcado en la «Dorotea» llega a Tolón. Es capturada la nave por los ingleses al regresar: pasa a ser prisionero «juramentado» en Cádiz.

1801 Cuarta campaña: guerra con Portugal. Rendición de Campo Mayor. Comisión reclutadora en Valladolid. Herido.

1804 Con los «Voluntarios de Campo Mayor»: primera experiencia organizadora. En el campo de Gibraltar, Ceuta y Cádiz. La epidemia.

1808 Crisis de la invasión napoleónica. Asesinato del general Solano, estando San Martín a sus órdenes. Pasa a Sevilla. Batalla de Arjonilla el 23 de junio. Pasa al regimiento de Borbón. Ayudante de Coupigny: batalla de Bailen.

1810 25 de Mayo. Se establece la Primera Junta de Gobierno en Buenos Aires

1809-1810 En el ejército de Cataluña. Pasa al ejército de Extremadura, con La Romana. Torres Yedras; siempre con Coupigny.

1811 Llega a Cádiz en febrero. Transferido al Regimiento de Sagunto. Retiro en Inglaterra.

1812 En la «Canning» llega a Buenos Aires el 6 de marzo. Se le encarga la organización de los Granaderos a Caballo Creación de la logia Lautaro. Interviene contra el Triunvirato. Es ascendido a coronel.

1813 Combate de San Lorenzo el 3 de febrero. En diciembre es enviado como Mayor General para reorganizar el Ejército del Norte.

1814 Se reúne con Belgrano en la posta de Yatasto, Salta. Desde enero, en Tucumán. En mayo, con licencia por enfermo, va a Córdoba. Pasa a Mendoza el 10 de agosto: intendente. Llegan los refugiados de Chile.

1815 Alvear es declarado Director Supremo. Rebelión de Cuyo para que permanezca. Comienza a organizar tropas.

1816 Congreso de Tucumán: Pueyrredón aprueba el plan sobre Chile. En Córdoba se entrevistan. Es nombrado jefe del ejército de los Andes, que organiza y adiestra en El Plumerillo.

1817 Del 12 al 25 de enero, inicia su marcha el Ejército de los Andes. Paso de los Andes. Chacabuco. Entrada en Santiago. Viaje a Buenos Aires para planear la expedición a Perú.

1818 Desembarco realista de Osorio. Derrota de Cancha Rayada. Maipú.

1819 Forzada renuncia de Pueyrredón: guerra civil en El Plata.

1820 Batalla de Cepeda, se acentúa la anarquía en El Plata. San Martín, revalidado en el mando por los jefes del ejército de los Andes. Sale la expedición. Desembarco en Pisco. Conversaciones de Miraflores con representantes del virrey. Pasa a Ancón. Llegan diputados del Guayaquil independiente. Huaura.

1821 El norte de Perú se le une. Pezuela cede el mando a La Serna. Comienza la conferencia de Punchauca. La Serna evacua Lima. Entrada de San Martín. Jura de la independencia y toma del título de Protector. El Callao se entrega.

1822 Desastre de Tristán en Macacona. Gutiérrez de la Fuente, es enviado al Plata. Conferencia en Guayaquil con Bolívar. Se instala el Congreso de Perú y renuncia. Parte San Martín hacia Chile.

1823 Desastre de Alvarado en Torata y Moquegua. San Martín pasa de Chile a Mendoza y, después, a Buenos Aires.

1824 Parte de Buenos Aires al Havre. Pasa a Inglaterra, hasta fin de año, y luego se instala en Bruselas.

1828 Regresa a Buenos Aires; pero decide no desembarcar ante las graves disensiones surgidas. Estancia en Montevideo y regreso a Europa.

1830 Abandona Bruselas y se instala en París junto a su hija Merceditas. Fallece en Santa Marta el libertador de Bolívar.

1838 Bloqueo francés del río de la Plata. Carta de San Martín a Rosas ofreciendo sus servicios.
1839 Rosas nombra a San Martín ministro plenipotenciario de la Confederación ante la Republica del Perú
1842 Fallece en Gijón Alejandro Aguado, protector del prócer.
1845 Nueva intervención franco-inglesa en el Río de la Plata. En viaje por el Mediterráneo, San Martín va de Marsella a Liorna y de allí a Florencia. Sigue viaje a Nápoles, Genova y Roma.
1846 Carta de San Martín a Rosas: lo felicita por “Vuelta de Obligado” y su defensa de la soberanía..
1848 Al estallar la guerra civil en Francia se traslada a Boulogne-Sur-Mer.

1850 Fallece el día 17 de agosto en Boulogne-sur-Mer.

1880 El presidente Avellaneda ordena traer sus restos, que descansarán en un mausoleo en la Catedral..

 

Campaña a Chile de San Martin Campaña al Peru Resumen Batallas

El Libertador era un hombre de fuertes convicciones morales, dentro de un universo ético que también comprendía una aguda visión de la política y de la guerra. La liberación de la Argentina, Chile y Perú no fue sólo la obra de un voluntarista, sino también el resultado de la aplicación correcta de las técnicas de combate vigentes.

Victorioso en el combate de San Lorenzo -su primera intervención militar en suelo americano, 1813-, San Martín no se envaneció ni se dejó tentar cuando se lo designó como jefe del Ejército del Norte. Esta fuerza, que había dirigido Manuel Belgrano hasta 1814, seguía siendo vista por los patriotas como la herramienta principal para que la Revolución de Mayo (1810) se impusiera en el Alto Perú, principal bastión realista en América del Sur. Pero San Martín, según su visión estratégica, sabía que, para contener a los realistas por el norte, bastaba la “guerra de guerrillas” que sostenían Martín Miguel de Güemes y sus gauchos.

En cambio, para doblegar a Lima pensaba que no se podía avanzar en forma lineal y directa hacia el norte. Había que dar un paso al costado: cruzar la Cordillera de los Andes y, desde Chile, esta vez por mar, llegar hasta Perú. Los hechos demostraron que el Libertador estaba acertado: su plan fue exitoso y permitió la independencia de Chile (1818) y de Perú (1821) y la consolidación de la de nuestra patria.

EL PROYECTO LIBERTADOR
Estando San Martín enfermo, se retiró a descansar su refugio serrano, y allí recibió a muchos visitantes, y pudo así enterarse de diversos problemas sociales, geográficos, económicos y costumbristas que, a la sazón, seguramente desconocía. Mientras desempeñaba la jefatura del ejército en Tucumán, tuvo oportunidad de conversar con el teniente coronel Enrique Paillardelle, autor de un proyecto, difícilmente realizable, para llevar una campaña combinada contra Lima desde Chile (por mar) y desde Tucumán.

Ahora, en ocio útil, pudo discutir ampliamente con el coronel Tomás Guido diversas posibilidades estratégicas, y ambos coincidieron en la necesidad de organizar seriamente, sobre bases económicas y militares efectivas, una campaña libertadora que, partiendo de Valparaíso y con el ejército del norte, asegurara la liberación del Perú.

En razón de ello, y ya repuesto de sus dolencias, pidió y logró San Martín su designación como gobernador intendente de Cuyo. Guido, que era Oficial Mayor de la Secretaría de Guerra y Marina, apoyaría su acción en Buenos Aires. Como ya había quedado asegurado el norte, Posadas designó a su sobrino Alvear para que preparara y realizara la toma de Montevideo.

Se armó una flota, que quedó al mando del coronel Guillermo Brown, y en poco tiempo Alvear entró triunfante en la capital oriental; tras la victoria, tiró por la borda las tratativas de paz, ya avanzadas, originadas por la gestión de Sarratea; tal actitud, quizá temeraria, que asombró y desagradó a Strangford, aseguró la posesión de la plaza y el dominio de los ríos.

EL PLAN MAITLAND: En su libro Maitland y San Martín, Rodolfo Terragno cuenta que en el Archivo General de Escocia encontró un plan redactado en 1800 por Thomas Maitland. Este oficial escocés establecía los pasos que debía seguir Inglaterra para apoderarse de las colonias españolas en Sudamérica. El plan coincidía, en gran parte, con el que luego siguió San Martín: cruzar los Andes, derrotar a los españoles en Chile y, finalmente, liberar el Perú. Terragno sostiene que San Martín

Eliminado el peligro realista en la Banda Oriental, pudo San Martín reforzar sus proyectos. La revolución chilena había fracasado tras el desastre de Rancagua (1° de octubre de 1814), y, con el pretexto de defender la frontera occidental, pudo San Martín organizar en Mendoza un ejército poderoso, disciplinado y bien pertrechado. Guido, cuando llegó el momento oportuno, presentó al Ministerio una Memoria en la que puntualizaba minuciosamente las seguridades del éxito que esperaba a una campaña tendiente a reconquistar Chile, afianzar las fuerzas, e invadir el Perú por mar y tierra.

LAS PROVINCIAS UNIDAS EN SUD AMERICA
En 1816 se reunió en Tucumán el Soberano Congreso Constituyente que, por presión de San Martín, Belgrano y otros jefes militares en combinación con la Logia Lautaro (a la que pertenecía buen número de congresistas), declaró, el 9 de julio, la independencia de las Provincias Unidas en Sud América. Pocos días antes de tal declaración, el nuevo director, Juan Martín de Pueyrredón, habla tenido en Córdoba conferencias con San Martín y, sobre la Memoria de Guido, dio su visto bueno al proyecto libertador.

La fórmula de la declaración de independencia daba pie para abrir la guerra de liberación de todo el subcontinente, y por eso mismo las instrucciones dadas a San Martín establecían la necesidad de que Chile enviara una diputación al Congreso, “a fin de que se constituya una forma de gobierno general, que de toda la América unida en identidad de causas, intereses y objeto, constituya una sola nación”.

Durante su permanencia en Mendoza, donde ejerció un gobierno ejemplar con el amplísimo apoyo de todo el pueblo, pudo San Martín retomar su vida hogareña, interrumpida cuando marchó al norte. A fines de septiembre de 1814 llegó a esa ciudad Remedios (“La Cordita”, según el apodo de Posadas), y bajo el sol mendocino nació la única hija del matrimonio, Mercedes Tomasa. Como los enemigos de San Martín tachaban a éste de déspota y aducían que quería coronarse, cuando nació Mercedes su padre dio la noticia a Guido con un rasgo de buen humor, anunciándole el advenimiento de la “infanta mendocina”…

La organización del famoso Ejército de los Andes con los precarios fondos y pertrechos facilitados por el Directorio, obligó a San Martín a exigir de los mendocinos ingentes sacrificios. Ese pueblo, consciente de la causa libertadora que presidía el gobernador, brindó a la patria más de lo imaginable. Sin quitar nada de los auxilios de las demás provincias (cuyanas, centrales, norteñas y ribereñas), debe señalarse la devoción de los mendocinos en apoyo de la campaña: fueron incorporados todos los varones mayores de 14 años; los decentes financiaron la fabricación de armas y pertrechos hasta agotar sus arcas; las mujeres renunciaron a la coquetería y donaron sus joyas mientras trabajaban en la confección de ropas militares; los paisanos cedieron sus pocos caballos y muías, y los campesinos el fruto de sus cosechas. Es dable, sin duda, asegurar que San Martín —como en su momento Belgrano y José Artigas— hizo tomar conciencia popular de que la campaña libertadora representaba una causa nacional.

CAMPAÑA EN CHILE
El 24 de enero de 1817 inició San Martín la marcha hacia Chile. Su ejército, dividido en cinco divisiones, cruzó la cordillera de apariencia invencible por sendos pasos, a fin de ocupar Chile desde Copiapó hasta Santiago. La suerte estaba echada.

El 7 de febrero, con el grueso del ejército reunido en Coquimbo, anunció San Martín: “O la América es libre a costa de sus propios esfuerzos, o desciende encorvada al cadalso que le preparan los tiranos”. El 12, en la Cuesta de Chacabuco, la victoria dio testimonio de que la América quería ser libre por sus propios esfuerzos. Dos días más tarde Bernardo O’Higgins (imagen), chileno y cofrade de la Logia, asumió el gobierno como Director.

Las Provincias Unidas en Sud América, a través de su personero San Martín, comenzaban a cumplir su cometido liberador y unificador. Si la revolución había sido abatida en Tierra Firme (Venezuela), ahora daba muestras de su rigor a meridión.

Pero las rosas que engalanaban el camino de la libertad tenían, también, espinas insalvables. En el Río de la Plata, el Director y el Congreso, dominados por la presión de la burguesía comercial porteña que procuraba evitar la competencia de Montevideo, habían dispuesto eliminar al caudillo oriental Artigas y a sus seguidores en la Mesopotamia. Para ello —y conforme a una pauta porteña, consistente en asegurar su hegemonía aunque fuera a costa de perder territorios— se habían iniciado tratativas con los portugueses a fin de facilitarles la ocupación de la Banda Oriental.

Las negociaciones, acompañadas de aparente desidia gubernativa, dieron sus frutos, y la Banda Oriental pasó a ser Provincia Cisplatina del Reino de Portugal, Brasil y los Algarves. La respuesta popular expulsó al Director y al Congreso mediante las lanzas de los victoriosos caudillos litoraleños Estanislao López y Francisco Ramírez en los campos de Cepeda (1? de febrero de 1820).

San Martín se mantuvo al margen de esas luchas, y se negó a usar el Ejército de los Andes en una guerra intestina. Fracasadas sus gestiones para lograr una pacificación, prefirió continuar en Chile su misión libertadora.

El 5 de abril de 1818 había obtenido, en Maipú, la victoria decisiva sobre los godos, y a partir de entonces sus esfuerzos apuntaron a armar una escuadra eficiente y un ejército modelo que aseguraran la liberación del Perú. Muy poco había obtenido del Directorio rioplatense, y por fin Chile asumió la responsabilidad directa de financiar y armar la expedición libertadora.

LA PATRIA EXISTE CON O SIN GOBIERNO
Producida la secesión rioplatense tras la batalla de Cepeda, la situación jurídica del Ejército de los Andes resultó confusa. Hasta el momento ese ejército cumplía el mandato emergente del gobierno de las Provincias Unidas en Sud América.

Pero ahora esa entidad aparecía disuelta, y era indispensable arbitrar los medios para definir la situación. Por eso, San Martín reunió al ejército en Rancagua, delegó el mando en el general Juan Gregorio de Las Heras, y dio instrucciones para que, con el voto de los integrantes, el ejército decidiera qué debía hacerse. Por unanimidad, el Ejército de los Andes resolvió, el 2 de abril, “que la autoridad que recibió el señor general para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado, ni puede caducar, porque su origen, que es la salud del pueblo, es inmutable”.

Y sobre el axioma de que “la patria existe con o sin gobierno”, el ejército otorgó a San Martín poderes omnímodos en cuanto a las decisiones referentes a las campañas militares a realizar.

Con este aval, y el apoyo de Chile a través de O’Higgins, San Martín apuró las operaciones. Designó a Güemes general en jefe del Ejército de Observación sobre el Perú, con la misión de presionar desde el sur e impedir la concentración de mayores efectivos en las cercanías de Lima. Entretanto, Simón Bolívar había rei-niciado con sorprendente éxito sus campañas, liberando a Venezuela y Nueva Granada; había fundado la República de Colombia, y se aprestaba a marchar sobre Quito. San Martín, por mar, tomaría Lima, y las fuerzas realistas se verían constreñidas en tres frentes de lucha.

SAN MARTÍN EN PERÚ
En los comienzos de agosto de 1820 el puerto de Valparaíso vio embarcar seis mil hombres con rumbo a las costas peruanas. La escuadra iba al mando del Vicealmirante lord Cochrane, y San Martín era el responsable supremo de esa expedición que, bajo pabellón chileno, continuaría la obra libertadora y unificadora de la América del Sur.

Poco más de un mes tardó la navegación hasta Paracas, puerto de desembarco al que llegaron el 8 de septiembre. El virrey Joaquín de la Pezuela procuró buscar un armisticio, y en Miraflores sus diputados y los de San Martín llegaron a un principio de acuerdo: se negociaría la paz sobre la base de coronar en América a un Infante español, en condiciones a acordar. Pero el 20 de enero de 1821 fue depuesto Pezuela por sus subordinados; el virreinato quedó en manos de José de la Serna y el armisticio fue roto.

Dos meses más tarde llegó a Lima el comisionado regio Manuel Abreu, con instrucciones para buscar la paz conforme a la política de las Cortes de 1820. El 4 de mayo se iniciaron en Punchauca las conferencias con Abreu, pero esas tratativas no prosperaron.

Es oportuna una aclaración. Durante el tiempo de su vida pública, San Martín manifestó claramente su decidido apoyo a la monarquía constitucional. Sus proyectos de unidad continental tuvieron como punto de partida la instalación de una “monarquía temperada”. Y en una oportunidad manifestó que, a pesar de sus convicciones, apoyaría con las armas la república si esa fuera la auténtica e inequívoca voluntad popular, aunque sabía que “esa forma de gobierno nos llevaría al sepulcro”. En definitiva, San Martín se había propuesto, como meta, la independencia y unidad hispanoamericana; y aunque él creía que ello sólo podría lograrse con una solución monárquica, le importaba menos la forma de gobierno que la meta que se había fijado.

LA INDEPENDENCIA Y EL PROTECTORADO
Fracasadas todas las negociaciones, prosiguió la guerra. Lima cayó en poder de los libertadores, y San Martín fijó allí su cuartel general. Pocos días después, el 28 de julio, declaró la independencia del Perú y creó la bandera del nuevo Estado. Al mismo tiempo, una fuerte columna al mando de José Antonio Álvarez de Arenales pacificaba la sierra, y otra, dirigida por Guillermo Miller, aseguraba el dominio de la región meridional.

La presión sobre el Alto Perú no se llevó a cabo por la muerte de Güemes, pero a lo largo de 1821 se sucedieron las victorias militares, y hasta fue posible tomar la virtualmente inexpugnable fortaleza del Callao: San Martín, con adecuados cambios de frente, obligó a una columna realista que marchaba sobre Lima a buscar refugio en esos torreones que, bloqueados, y sin posibilidad de abastecimiento, debieron ser abandonados.

La toma del Callao, feliz e incruenta, no satisfizo a algunos colaboradores íntimos del general y produjo la definitiva ruptura de éste con Cochrane, quien, apoyado por oficiales superiores, suponía necesario el uso de la fuerza para aniquilar la columna y bombardear la fortaleza. Por imposición de las circunstancias asumió San Martín el gobierno del Perú con el título de Protector (2 de agosto).

Aunque sus facultades eran omnímodas, usó de ellas con prudencia y mesura, hasta el extremo de haber promulgado un Estatuto por el cual autolimitaba sus atribuciones. Su propósito declarado fue “poner a los pueblos en el ejercicio moderado de sus derechos”, convencido de que a su hora tendrían oportunidad de poner en obra “las bellas teorías”.

Creía —y su experiencia lo avalaba— que los pueblos hasta entonces sometidos debían aprender a gozar los bienes de la libertad, antes de deliberar sobre lo que no conocían. Fiel a ese criterio, gobernó con una probidad jamás impugnada, y se ocupó cuidadosamente de fortalecer el estado económico-financiero, de defender los derechos sociales, de sacar al indio de la miseria en que se hallaba y eliminar la mita y el yanaconazgo, de establecer la libertad de vientres y, aun, la paulatina manumisión de esclavos (a razón de 25 por año a-cuenta del Estado), al mismo tiempo que propiciaba la educación popular.

El 26 de marzo de 1822 expidió un decreto que concedía ciudadanía peruana a todo americano (incluidos los indios) residente en cualquier país de la América meridional; San Martín siempre había propiciado esta medida, logrando hacer escuela en el Río de la Plata, pues el artículo 19 de la Constitución de Santa Fe, promulgada por Estanislao López en 1819, puntualizaba, también, que todo americano era ciudadano de Santa Fe.

Además, y en razón de su clara intención de establecer un imperio hispanoamericano centrado en Perú —idea propiciada por Miranda y Belgrano—, creó una especie de élite criolla a través de dos instituciones: la Sociedad Patriótica y la Orden del Sol. El sentido aristocratizante de ambas entidades fue objeto de sátiras y burlas sobre el Rey José.

PROCLAMA DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

Soldados del Ejército Libertador:

Ya hemos llegado al lugar de nuestro destino y sólo falta que el valor consume la obra de la constancia; pero acordaos que vuestro gran deber es consolar a la América, y que no venís a hacer conquistas, sino a liberar a los pueblos que han gemido trescientos años bajo este bárbaro derecho. Los peruanos son nuestros hermanos y amigos; abrazadlos como a tales y respetad sus derechos como respetasteis los de los chilenos después de la batalla de Chacabuco.

La ferocidad y violencia son crímenes que no conocen los soldados de la libertad, y si contra todas mis esperanzas, alguno de los nuestros olvidase sus deberes, declaro desde ahora que será inexorablemente castigado conforme a los artículos siguientes:

1° Todo el que robe o tome con violencia de dos reales para arriba, será pasado por las armas, previo el proceso verbal que está mandado observar en el ejército.

2° Todo el que derramare una gota de sangre fuera del campo de batalla, será castigado con la pena de Talión.

3° Todo insulto contra los habitantes del país, sean europeos o americanos, será castigado hasta con pena de la vida, según la gravedad de las circunstancias.

4° Todo exceso que ataque la moral pública o las costumbres del país, será castigado en los mismos términos que previene el artículo anterior.

¡Soldados! acordaos que toda la América os contempla en el momento actual, y que sus grandes esperanzas penden de que acreditéis la humanidad, el coraje y el honor que os han distinguido siempre, dondequiera que los oprimidos han implorado vuestro auxilio contra los opresores. El mundo envidiará vuestro destino si observáis la misma conducta que hasta aquí; pero ¡desgraciado el que quebrante sus deberes y sirva de escándalo a sus compañeros de armas! Yo lo castigaré de un modo terrible; y él desaparecerá de entre nosotros con oprobio e ignominia.

Cuartel General del Ejército Libertador en Pisco, septiembre 8 de 1820.

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
JOSÉ DE SAN MARTÍN

Acta de Rancagua San Martin Se Niega Apoyo al Gobierno de Bs.As.

EL ACTA DE RANCAGUA:

En Buenos Aires, el Director Rondeau era derrotado en la batalla de Cepeda, el día 1° de febrero, y el victorioso Ramírez impone la disolución del congreso y la renuncia del Director. No había más autoridad nacional y cada provincia tenia un gobierno autónomo y sus propias tropas. El ejército de los Andes se encontraba en Chile y la autoridad que lo había formado y a quién respondía estaba disuelta. Ante este problema, San Martín, que, ya restablecido de su enfermedad se encontraba en Santiago, envía a Rancagua, donde el coronel Las Heras tenía al ejército acantonado, un sobre lacrado que debía abrir en presencia de todos los oficiales.

acta de rancagua

En febrero de 1820 San Martín se encontraba en Chile como general del brazo armado de un país que carecía de dirección. Luego de la derrota de Rondeau en la batalla de Cepeda, el gobierno de las Provincias Unidas de Sud América perdió toda autoridad. El gobierno central de Buenos Aires se diluyó y el poder se desplazó a las provincias. La anarquía amenazaba con desintegrar el país y no existía consenso para que asumiera una nueva autoridad nacional.

San Martín presentó la renuncia al Ejército de los Andes considerando que su cargo ya no tenía sustento jurídico. El 26 de marzo, en un sobre cerrado, le entregó al jefe de Estado Mayor, general Las Heras, las razones de su decisión, y pidió que fuera leída ante los oficiales y soldados del ejército acantonados en Rancagua. El 2 de abril se leyeron las líneas de San Martín indicando que el cuerpo de oficiales debía elegir una nueva autoridad.

La respuesta de los oficiales y soldados no se hizo esperar, y se dejó constancia de lo decidido en el Acta de Rancagua: “Queda sentado como base y principio que la autoridad que recibió el General de los Andes para hacer la guerra a los españoles y adelantar la felicidad del país, no ha caducado ni puede caducar, pues que su origen que es la salud del pueblo, es inmudable”. El apoyo incondicional de sus oficiales y soldados le permitía a San Martín aceptar del gobierno chileno el nombramiento como Jefe del Ejército Libertador del Perú.

Pese al apoyo del Ejército de los Andes y la designación avalada por el gobierno chileno, se levantaban voces amenazantes del gobierno de Buenos Aires contra sus soldados y su persona. Se lo acusaba de utilizar el ejército de la Nación para beneficio personal, de que la campaña de los Andes no era más que la obra de un loco ambicioso y aventurero y que, en caso de regresar al país, sería capturado inmediatamente.

A San Martín se le presenta un gran dilema, quizás uno de los más importantes de su vida: volver a Buenos Aires y embarcarse en una lucha fratricida en favor de un gobierno porteño que sólo bregaba por su propios asuntos y no representaba los intereses de las provincias, o continuar la marcha hacia el Perú, completando el Plan Continental. La decisión no era nada fácil y así se lo hacía saber en forma reservada a O’Higgins: “Se va a descargar sobre mí una responsabilidad terrible, pero si no se emprende la expedición al Perú todo se lo lleva el diablo”.

Historia del Sable Corvo de San Martin Obsequio a Rosas Juan Manuel

HISTORIA Y CRONOLOGÍA DEL SABLE CORVO DE SAN MARTÍN

sable corvo de san martin

El sable corvo del General José de San Martín, que durante mas de cuarenta años se encontraba en el Regimiento de Granaderos, fue trasladado en 2015 al Museo Histórico Nacional por un decreto presidencial.

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CRONOLOGÍA

sable corvo

El 5 de diciembre de 1835 desde su casa en Francia, el general San Martín escribió una carta a su yerno Mariano Balcarce que estaba en Buenos Aires junto a su esposa e hija del Libertador, Mercedes San Martín de Balcarce: “Lo que sí les encargo se traigan es mi sable corvo que me ha servido en todas mis campañas de América y servirá para algún nietecito si es que los tengo. En cuanto a lo demás ya les tengo escrito con extensión en la suposición de que deben venir contando no volver a América hasta después de mi muerte”.

sable corvo

En 1844, admirado por la defensa de la soberanía argentina frente a la agresión británica, en la Vuelta de Obligado, San Martín en su testamento estipula:

“El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al general de la República Argentina Dn. Juan Manuel de Rosas, como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”. Su voluntad fue cumplida.

Más tarde Rosas en su testamento de 1862, escribe: en la cláusula decimoctava lega a su amigo y consuegro Juan Nepomuceno Terrero: “la espada que me dejó el Excmo. Sr. Capitán General Dn. José de San Martín (“y que lo acompañó en toda la guerra de la Independencia”) por la firmeza con que sostuve los derechos de mi Patria. Muerto mi dicho amigo, pasará a su esposa, la Sra. Da. Juanita Rábago de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos e hija, por escala de mayor edad”.

sable corvo

En 1896, el director del Museo Histórico Nacional, Adolfo Carranza, le escribió una carta a Manuela Rosas de Terrero pidiéndole la donación del sable para ser exhibido en esa institución. Manuela tarda en contestar, pero le informa que: “…con la entera aprobación mía y de nuestros hijos se ha decidido donar a la Nación Argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del Libertador debiera ser en el seno del país que libertó. Por lo tanto, puede Ud. Sr. Carranza contar con que al recibo del pedido oficial que Ud. ofrece, la contestación será el envío del sable” […] “nos fuera permitido expresar nuestro deseo en cuanto al destino que se le diera al sable, sería el que fuese depositado en el Museo Histórico Nacional, con su vaina y caja tal cual fue recibido el legado del General San Martín”.

sable corvo

Por decreto del 3 de marzo de 1897, firmado por el presidente Uriburu y refrendado por su ministro de Guerra y Marina, Guillermo Villanueva, se dispuso que el sable se depositara en el sitio indicado por los donantes.

Un día después, el 4 de marzo de 1897, la caja conteniendo el sable corvo desembarcó en Buenos Aires después de haber partido desde el puerto de Southampton en el “Danube” de la Royal Mail y luego trasbordado a la corbeta “LaArgentina”. Durante 66 años el sable del general San Martín permaneció expuesto en el Museo Histórico Nacional.

sable corvo

En 1963, la Juventud Peronista, liderada por Calos Caride, Envar El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina, decidió sustraer el sable de San Martín para protestar por las elecciones realizadas ese año con el peronismo proscripto y reclamar por el regreso del general Juan D. Perón, la devolución del cadáver de Evita, la ruptura con el Fondo Monetario Internacional, el castigo a los responsables de los fusilamientos de 1956 y la libertad a los presos del Plan CONINTES de Arturo Frondizi.

El 12 de agosto de 1963, se sustrajo el sable del Museo Histórico Nacional. La J.P. emitió un comunicado en el que declaró que “Desde hoy, el sable de San Lorenzo y Maipú quedará custodiado por la juventud argentina, representada por la Juventud.”.

Fue devuelta el 17 de agosto de 1964.

El 19 de agosto de 1965, cuatro miembros de la Juventud Peronista otra vez sustrajeron el sable, que permaneció escondido en un colchón en una guardería de muebles, hasta que el 4 de junio de 1966 fue devuelto al Ejército.

sable corvo de san martin

El 2 de septiembre de 1971, el presidente de facto Alejandro Lanusse dispuso por el decreto 3.326 que el sable de San Martín retornara al Museo Histórico Nacional y estableció una guardia y custodia de honor permanente del Regimiento de Granaderos en la sala donde estuviera exhibido, pero la medida nunca se cumplió.

Fuente Consultada: Revista El Federal La Argentina Que Queremos Nota De: Aracelli Bellotta

Biografia Remedios de Escalada de San Martin Vida

Biografia Remedios de Escalada de San Martín

Biografia Remedios de Escalada de San Martin María de los Remedios de Escalada nació en Buenos Aires el 20-11-1797, en el hogar virtuoso y cristiano de los Escalada, gran casona de piso bajo que existió en la esquina sudoeste de las actuales San Martín y Cangallo, cuyo lujoso salón perpetuó en admirable acuarela Carlos H. Pellegrini.

Transcurrió su infancia consagrada a una esmerada educación, tal como lo hacían en aquellos años las niñas nacidas en hogares patricios. De salud delicada, menuda, de tez pálida, cabellos y ojos negros, pronto lució su gracia y armonía en el acreditado salón de sus padres, compartiendo las amables tertulias de su época. Al salón de Escalada concurrió asiduamente el teniente coronel de Granaderos y otros compañeros de armas. Allí se gestó el romance entre Remedios y José.

Tuvo lugar el desposorio el 12-11-1812, en ceremonia íntima bendecida por el presbítero Luis José de Chorroarín, certificada por el notario Gervasio Antonio de Posadas, en la que atestiguaron el sargento mayor de Granaderos a Caballo Carlos de Alvear, su esposa María del Carmen Quintanilla, Fermín Navarro y los hermanos de la contrayente.

El novio, el 26-8-1812, había elevado el pedido de autorización para contraer matrimonio, manifestando… que teniendo tratado mi matrimonio con Da. María de los Remedios Escalada…, logrando así la autorización superior para verificarlo.

El 19 de septiembre los esposos recibieron las solemnes bendiciones en la Catedral, en misa de velaciones en que comulgaron. Al año siguiente de casados, Remedios lo vio partir por tres meses y regresar cubierto de gloria por la acción de San Lorenzo. Viajaron juntos a Mendoza, ciudad en la que ella se convirtió en eficaz anfitriona y en la compañera inseparable. El 24-11-1816 vino al mundo Mercedes Tomasa, la infanta mendocina, hija ejemplar e inseparable del noble guerrero a quien daría dos nietas.

Enferma de los bronquios, Remedios regresó a Buenos Aires, con su hija, en enero de 1817. En julio de 1818 viajaron los tres nuevamente a Mendoza, pero al agravarse el mal Remedios debió volver por última vez a Buenos Aires, en marzo de 1819, con la pena de no poder acompañar a San Martín al Perú.

Abatida por su enfermedad fue llevada a una quinta en las afueras de la ciudad, la que posteriormente pasaría a ser propiedad del futuro Arzobispo de Buenos Aires, monseñor Mariano José de Escalada, donde expiró el 3-VIII-1823, aún sin cumplir veintiséis años de edad.

Demorado por su salud, calumniado y acosado por sus enemigos, San Martín llegó a Buenos Aires en noviembre de 1823. En el Cementerio del Norte, hizo colocar una lápida de mármol en la que grabó su frase imperecedera. ‘Aquí descansa Remedios de Escalada, esposa y amiga del general San Martín”.

CARLOS DELLEPIANE CÁLCENA, EL JOSÉ DE SAN MARTÍN.

AMPLIACIÓN DE ESTE TEMA: VIDA DE REMEDIOS DE ESCALADA

A los quince años, edad en que otras jovencitas juegan todavía con sus muñecas, era ya la esposa del guerrero que libertaría a la Argentina, Chile y el Perú. Sin embargo, Remedios de Escalada supo compartir la ardua y sacrificada vida del general José de San Martín en una época de guerras y turbulencias políticas y sociales decisiva para la historia de América.

A fines del siglo XVIII la ciudad de Buenos Aires ofrecía, a quien la contemplara desde el Fuerte (emplazado en lo que es actualmente la céntrica Casa Rosada, sede del gobierno argentino), un panorama no muy atrayente. Con escasos cuarenta mil habitantes, la capital del Virreinato del Río de la Plata no pasaba de ser una vasta aldea de viviendas chatas de adobe, con las paredes blanqueadas a fuerza de cal.

La monotonía del paisaje urbano solo era quebrada por los campanarios de unas cuantas iglesias (San Francisco, Santo Domingo, San Ignacio, La Merced, la Catedral) y la arrogancia de un puñado de casonas de dos plantas. Entre estas, casi todas asomadas a la Plaza Mayor, se destacaba la que don Antonio José de Escalada, próspero comerciante, había hecho edificar en el solar sudeste del cruce de las calles hoy denominadas Defensa e Hipólito Yrigoyen.

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